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martes, 12 de mayo de 2026

DESCUBRE UBRIQUE, todo un éxito de esta primera edición

 

 

Algunos componentes del primer grupo de visitas en el mirador del San Antonio

 

Por Esperanza Cabello

Antes de empezar a leer esta entrada, les recomendamos que lean el magnífico reportaje que nuestro amigo Fernando Crespo, locutor de la COPE con el que llevamos más de treinta semanas haciendo el programa "Descubriendo Ubrique", ha publicado en este enlace.

Todo comenzó hace casi un año, cuando David Santos, Director de la COPE en la provincia de Cádiz, buscaba a alguien que pudiera dar a conocer Ubrique de una forma diferente a las noticias, hablando de costumbres, tradiciones, historias, curiosidades, personajes y cualquier dato que pudiera ser de interés para sus oyentes.

Paco Lobatón, el hermano de nuestra querida amiga Elena, le habló de nosotros, por la trayectoria (de casi veinte años dedicados a nuestro pueblo en el blog) y finalmente, con un poco de miedo por la responsabilidad, aceptamos.

Así comenzó "DESCUBRIENDO UBRIQUE", un programa de la COPE que, desde hace más de treinta semanas, nuestro amigo Fernando Crespo se encarga de producir y publicar con un cariño y una dedicación muy de agradecer.  Ya para los dos "Descubriendo Ubrique" se ha convertido en una agradable cita semanal que nos permite hablar no solo de Ubrique, sino de familias, recuerdos, proyectos e ilusiones a veces con un pelín de nostalgia.

Pero muy pronto comenzó a surgir otra idea. David se puso en contacto con Remedios Rubiales, la directora de la Galería de Arte Proyecto 5, y con el alcalde de Ubrique, Mario Casillas, para organizar un tour real, físico, por algunos de los lugares de interés de los que hablábamos cada semana.

 


 Preparando las visitas, justo la víspera de "Descubre Ubrique"

 

El proyecto comenzó a tomar forma, iban a ser visitas de cuatro pequeños grupos de veinticinco personas, hasta un total de cien, todos por invitación que los oyentes de la Cope podían recoger en Jerez, Cádiz, en la Oficina de Turismo de Ubrique o en la galería de arte Proyecto 5.

Se visitarían cuatro grandes emblemas de nuestro pueblo: la ermita de San Pedro, el San Antonio, el CIHU San Juan de Letrán y el convento de capuchinos y su museo de la piel. Finalmente, David, Mario y Remedios proyectaron que hubiera música y baile en vivo además de una degustación de productos de la tierra.

Acompañando a esos grupos estarían Remedios Rubiales, Mario Núñez Vilches, Elia Jiménez Romero, José Antonio Bautista y Esperanza Cabello. Es de destacar la voluntariedad de todos estos acompañantes y de agradecer la disposición de Mario y Elia para participar en el evento.

 


 Y llegó el gran día, todos dispuestos e ilusionados, cruzando los dedos para que este "Descubre Ubrique" no fuera demasiado pasado por agua (afortunadamente el tiempo nos respetó bastante) y para que aquellos que barajan desde Las Cumbres tuvieran a sus pies un pueblo acogedor y diferente.

La mejor sorpresa fue que, al incorporarnos a la visita (nosotros acompañábamos al primer grupo) vimos a nuestro querido Fernando que, conocedor de nuestro pueblo desde su infancia, estaba dispuesto a descubrir rincones de los que habíamos hablado en nuestros podcast.

Pero no fue la única sorpresa, nos alegró infinito ver a nuestro invitado de honor, don Manuel Pérez Trastoy, que había sido invitado expresamente por la cadena al ser uno de los oyentes más fieles de nuestro pueblo

 


 

Poco a poco se fueron incorporando los asistentes, y nuestra alegría era cada vez más grande al ver que en el grupo había tantas caras amigas, tantas personas a las que conocemos y apreciamos, tantas sonrisas, tanta complicidad. Gracias a todas por acudir, Mari, Belén, Mari Carmen, Lupe,  Paca, Gregoria, Natalia... ahora no podríamos recordar a todas, pero el agradecimiento es enorme.

La primera parada fue en el San Pedro, allí pudimos ver la arquitectura de Miguel de Olivares, saber dónde estaba enterrado don Pedro Romero y conocer algunos detalles de la restauración de 2008:

 

 "Al empezar a quitar las capas de cal, en algunos casos más de 23 capas, a golpe de bisturí, fueron descubriendo detalles arquitectónicos que estaban totalmente ocultos.
Escudos, rosetones, más de seiscientas estrellas, flores y adornos de todo tipo en las cúpulas, en las pilastras, en el frontón, una preciosidad". 

 

Después se hizo cargo del grupo Remedios Rubiales, directora de la Galería de Arte Proyecto 5, que hablo de la estructura del edificio y presentó su galería y la exposición "Territorio vivo" que estará durante los meses de mayo y junio. Remedios forma parte activa de cualquier movimiento cultural que haya en Ubrique, a nivel personal, desde su galería, desde la editorial o desde la FADAC, de la que es presidenta. En esta ocasión, la galerista ha trabajado constantemente para que este proyecto sea todo un éxito. 

¡Enhorabuena, Reme, y muchas gracias! 

Pasando por la plaza de Francisco Fatou, conocida muy antiguamente como plazuela del Perdón y plazuela de la Cruz, llegamos a la plaza del ayuntamiento, donde pudimos comentar algunos detalles curiosos de todo el entorno.



Desde ahí, a la plaza de la Verdura, contando que las calles que accedían a ella desde la plaza se llamaban del Pescado y antiguamente Carnicería, la que hoy es el callejón de Janeiro, porque en la misma plaza de la Verdura estaba el matadero y, al fondo, la casa donde se vendía el pescado.


 

Lo mejor de esta visita es que, al ser casi todos los integrantes ubriqueños, cada uno aportaba su granito de arena al conocimiento de los lugares, por ejemplo, al hablar del columpio de la plaza de la Verdura, Gregoria nos habló de las canciones de columpio, diciéndonos algunas estrofas que no conocíamos. O, al hablar del apodo de alguien María Jesús nos habló del libro de los apodos de Ubrique, un magnífico libro escrito por su marido, Antoñín Mateos, y el doctor Pedro Galiana.

 


 Continuamos la ruta por la calle Madera (en la Edad Media los gremios se agrupaban por profesiones), donde el último carpintero vivió en el número cinco, y cogimos la calle Fuentezuela, explicando las razones de su otro nombre popular "la calle Culito", porque allí arriba  las lavanderas hacían su trabajo y era posible que algo se viera, a pesar de las faldas y faldones que utilizaban.

Dejamos a un lado la calle Guindaleta, quizás fuera antaño la calle de los plateros de Ubrique (en este enlace) y continuamos la subida. Nosotros habíamos estado preocupados por la accesibilidad de don Manuel, pero este hombre fuerte y joven tiene la agilidad de un gatito, y, acompañado de su hija, recorría las calles empedradas y los escalones sin ninguna dificultad.

 


 

 Llegamos a la calle Torre, donde los comentarios de los participantes se multiplicaban, desde el amigo que había nacido en el número tres de la calle Caracolillo, o que el padre de una de ellas había asistido al rodaje de "Las aventuras de Juan Lucas" o que en esta casa vivía fulanito, o la de los churros, o la de los chicharrones. Eso tiene el centro histórico de Ubrique, que unos y otros hemos tenido vivencias a todas las edades allí, relacionadas con el trabajo o con nuestros abuelos o con las anécdotas, como aquella de que la calle Nevada no se llama así porque nevara un día, sino porque en el siglo XVI había una señora de piel muy blanca llamada María de las Nieves que tenía varias casas en ese lugar, y que por eso le llamaban "la Nevá" y el nombre de la calle ha pasado a ser Nevada.

 


 Ya por fin aproximándonos al San Antonio, por la calle Torre, después de ver la estructura de una casa que, sin lugar a dudas, recuerda a una antigua torre y que imaginamos que sea la que daba nombre a la calle. Habíamos hablado con Gloria González, la responsable del templo, que nos esperaba atenta y dispuesta a hablarnos de uno de los lugares más emblemáticos del pueblo.

 

 

Todos atentos a sus explicaciones, Gloria nos explicó los orígenes de la iglesia, nos contó una por una la historia de las imágenes, los entresijos de tantas plegarias que han surgido entre las paredes del San Antonio. La historia del reloj (del mismo diseño que el Big Ben y por el que el ayuntamiento tuvo una trampa desde 1886), de las obras de la fachada trasera. Y es una lástima que en nuestro grupo no pudiéramos subir al campanario ni a ver la maquinaria del reloj (el tercer grupo subió y le dieron cuerda para otras veinticuatro horas). Pero sí que pudimos salir al mirador y admirar, nunca mejor dicho, el paisaje sublime que se puede disfrutar desde allí.

 


 Muchísimas gracias, Gloria, por tu visita guiada, por tu cariño y por tus explicaciones, gracias también por los cientos de horas que dedicas a cuidar, junto a tu familia, uno de los más preciados tesoros de nuestro pueblo. Ese esfuerzo es de agradecer y queremos reconocer públicamente tu disposición y tu amabilidad constantes.

 


 

Y, para todos aquellos que nunca hayan subido a ver la maquinaria del reloj o el campanario, que no duden en acercarse, que Gloria estará encantada de enseñarles esta joya ubriqueña.

 


 

 La tercera parada de "Descubre Ubrique" era en el CIHU San Juan de Letrán. Valeria Martín, la técnica municipal encargada del edificio este sábado, había respondido muy amablemente a nuestra petición para la visita guiada y nos explicó perfectamente cómo es el edificio, sus orígenes, sus características y las actividades que se desarrollan en él constantemente.

 


 Como las visitas debían ser relativamente rápidas, Valeria nos invitó a acudir en cualquier otro momento a visitar tanto las exposiciones temporales como la ruta de la historia de Ubrique que puede recorrerse en la primera planta del edificio.

Muchísimas gracias, Valeria, por tu amabilidad y disposición, es un placer contar contigo.

 



Después fue el turno de María Isabel Campos, arqueóloga municipal encargada de la ciudad íbero-romana de Ocurris que, atenta y dispuesta siempre a complacernos, acudió presta a la llamada para hacer de guía de la ciudad romana de Ocurris aún sin poder subir al Salto de la Mora. Y es que nuestro yacimiento romano no podía faltar en Descubre Ubrique, y para hablarnos de él nadie mejor que una persona que lleva décadas dedicada a su protección, a su estudio, a la difusión de la cultura y a la defensa del yacimiento por encima de todo.


 

María se ganó a su público nada más empezar. Por lo pronto, nos sacó a todos a la calle San Francisco para que pudiésemos contemplar la mole rocosa del Salto de la Mora donde está el yacimiento. Ya puestos en antecedentes, y como comenzaba a chispear, nos refugiamos de nuevo en el San Juan dispuestos a vivir, en nuestra imaginación y en nuestra mente, una historia de más de dos mil años.

 

Viajamos al pasado, supimos de emperadores romanos de los que nunca habíamos oído hablar, de lápidas que se pierden en los museos provinciales, de réplicas que, gracias a Alejandro Pedrajas, podemos observar en nuestros San Juan; conocimos a Vegazo, a Manuel Cabello, a todos aquellos que dejaron un cachito de sus vidas, como ahora lo hace María, en aquella montaña "sagrada", donde naturaleza, historia, dioses, druidas y duendes se dan la mano al mismo tiempo que la Ciencia, con mayúsculas, ha comenzado a hacer su trabajo, ahora moderno, con medios tecnológicos, con arqueólogos universitarios, con doctores en geofísica, con catedráticas de arqueología, con especialista en ingeniería hidráulica.

Eso es el Salto de la Mora, eso es Ocurris, y ahí estaba María para defender con pasión su proyecto, su vida, su trabajo.

Mil gracias, amiga, por habernos llevado a viajar en el tiempo, por hacernos ver la importancia de las palabras, de los objetos y de la historia, por "dejarte el pellejo" de verdad con un patrimonio que es de todos los ubriqueños.💜 

 

 

Ya llegamos al museo de la piel, o, mejor dicho, a la exposición manos y magia en la piel, en el convento de capuchinos.

Natalia fue nuestra guía e hizo un gran esfuerzo por convertir una visita que normalmente se hace en una hora u hora y media en un recorrido mucho más breve. Ello no impidió que nos dejara a todos asombrados con el dominio de los tipos de pieles y herramientas, con su simpatía al "jugar" a adivinanzas con nuestros invitados, al desparpajo y las buenas tablas de las que hace gala para explicarnos a todos los detalles más interesantes del mundo de la piel.


 

Afortunadamente, todos los asistentes conocían las patacabras, el súper, la mesa, las pieles de avestruz o de cebra o de otros animales exóticos que se utilizaban antaño. Sin embargo nuestro grupo, el mejor de los posibles, estuvo todo el tiempo atento a las explicaciones de Natalia, a la que agradecemos de corazón el esfuerzo, porque debemos recordar que nos estamos refiriendo solo al primer recorrido, después vinieron tres grupos más.











 Una vez terminada la visita del museo de la piel, tuvimos un maravilloso regalo de la mano de Miriam Córdoba y su academia de baile. En el salón de actos del convento (antiguo refectorio), nos esperaba un nutrido grupo de bailarinas perfectamente organizadas en tres grupos: danza clásica, baile urbano y flamenco.

Las actuaciones no pudieron ser más bonitas ni mejor organizadas, dado que hubo que cambiar en el último momento el escenario a causa de la posible lluvia, en aquel momento todas nos convertimos en "abuelas felices", sincronizándonos con María Jesús, y pudimos disfrutar de verdad al ver a estas jóvenes bailando para nosotros.

 


 Agradecemos de corazón a Miriam que nos haya permitido captar al menos una pequeña muestra del arte de estas jovencitas.





 Y debemos agradecer encarecidamente la gran paciencia que tuvieron todas, esperando desde bien temprano a que los grupos fueran llegando, bailando de una forma excelente y a la vez divertida (el baile urbano nos enterneció a todos). 

 


Por supuesto también la paciencia y la maestría de las profesoras. La academia cuenta con más de un centenar de alumnos y se imparten clases de todo tipo de baile para adultos, jóvenes y niños. Y son tres profesoras, Miriam, Susana y Paulina.

Muchas gracias, Miriam, y enhorabuena por el magnífico trabajo que hacéis.

 


 Ya al final de la experiencia fuimos todos al atrio del convento, donde nos esperaban deliciosos productos de la tierra para su degustación.

Había  el aceite de oliva virgen extra 'HULUM AOVE' y los vinos de Bodegas Díez Mérito, productos de primera calidad.

Pero, para nosotros, resultó espectacular el puesto de nuestro amigo Ángel Solano, que había preparado allí mismo un perol de chicharrones que quitaba el sentido. Generoso como siempre, Ángel fue ofreciendo sus productos a todos los participantes (también a las bailarinas💜) y no hubo ubriqueño o ubriqueña que no se llevara un cartuchito de chicharrones a casa.  

Gracias por tu generosidad y tu entusiasmo, Ángel, espero que podamos participar en muchos proyectos juntos.

 

Aquí se termina el relato de lo acontecido en el primer turno de este "Descubre Ubrique". Ya apenas nos quedan palabras de agradecimiento para todos los participantes, organizadores y colaboradores, porque las hemos dicho casi todas. 

Solo nos queda esperar que todos vuelvan a ponerse de acuerdo y que el próximo año podamos disfrutar de una nueva experiencia, que, al menos para nosotros, ha resultado magnífica.

 

 

viernes, 8 de mayo de 2026

DESCUBRIENDO UBRIQUE con Fernando Crespo y Esperanza Cabello en la COPE, 31. El Rodezno de Ubrique

 


DESCUBRIENDO UBRIQUE, podcast de la COPE

El Rodezno de Ubrique

En este enlace 

 

Por Esperanza Cabello

Continuamos nuestras serie de podcast con la COPE y nuestro amigo Fernando Crespo, con quien cada vez mantenemos unas charlas más amenas y vamos descubriendo nosotros mismos cientos de detalles y curiosidades de los rincones más pintorescos de Ubrique.

Hoy vamos a descubrir la zona del Rodezno (en este enlace del blog hemos publicado el trabajo que hemos realizado previamente), incidiendo principalmente en el Nacimiento, los molinos, las tenerías y la reciente plaza de Las Petaqueras.

 


 

En este enlace de hoy podemos oír algunas curiosidades de este entorno especial, uno de los más singulares de Ubrique 

 Y en esta entrada accederemos a todos los programas emitidos hasta el momento.

El Rodezno de Ubrique. Detalles y curiosidades

 


 

 

El Rodezno de Ubrique: agua, industria, memoria y vida en el corazón histórico del pueblo

Pocos lugares de Ubrique concentran tanta historia, tanta memoria colectiva y tanta identidad cultural como la zona conocida como El Rodezno. Situado junto al nacimiento de la Cornicabra, muy cerca del antiguo convento de Capuchinos y de los tradicionales caminos de entrada al pueblo, este enclave constituyó durante siglos uno de los principales motores económicos y humanos de la localidad.

El Rodezno fue mucho más que un paraje pintoresco o un simple conjunto de molinos y tenerías. Allí se desarrolló una auténtica civilización del agua. El nacimiento alimentó molinos harineros, curtidurías, lavaderos, huertas, canales, fábricas y sistemas de abastecimiento que hicieron posible la vida cotidiana de generaciones enteras de ubriqueños.

La historia de este lugar resume, en gran medida, la propia evolución histórica de Ubrique: desde las antiguas técnicas artesanales heredadas del mundo medieval y andalusí hasta la llegada de la electricidad y la modernización industrial del siglo XX.

Gracias a las investigaciones de Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo, así como a numerosos testimonios orales y documentos históricos, hoy es posible reconstruir la importancia extraordinaria de este espacio donde convivieron trabajo, agua, pobreza, progreso, convivencia y memoria popular.

 


 

El Nacimiento : origen de la vida

La existencia de El Rodezno está inseparablemente ligada al Nacimiento (con mayúsculas), uno de los manantiales más importantes de Ubrique.

Desde tiempos antiguos, las aguas que brotaban de la sierra descendían formando pequeños cauces y saltos naturales que permitieron aprovechar la energía hidráulica de manera continua. En una época en la que la fuerza del agua era uno de los grandes motores económicos del mundo rural, disponer de un nacimiento abundante suponía una auténtica riqueza.

El agua de la Cornicabra permitió durante siglos mover molinos, alimentar tenerías, abastecer fuentes, llenar pilares, regar huertas, accionar batanes, lavar ropa, limpiar y curtir pieles, y posteriormente generar electricidad.  El Rodezno nació precisamente gracias a esa combinación perfecta entre agua abundante y aprovechamiento humano.

Las investigaciones históricas describen el lugar como un espacio lleno de acequias, albercas, compuertas, tajeas elevadas y pequeños canales que organizaban cuidadosamente el recorrido del agua para aprovechar hasta la última gota. Nada se desperdiciaba. El agua circulaba constantemente por el paisaje y daba vida a toda una red de actividades económicas y sociales.

 


 

El significado del nombre “El Rodezno”

El propio nombre del lugar revela su esencia histórica. “Rodezno” es un término tradicional relacionado con los molinos hidráulicos. Se refiere a la rueda horizontal que transformaba la fuerza del agua en movimiento mecánico. El sistema era ingenioso: el agua caía con fuerza sobre el rodezno y hacía girar el mecanismo conectado a las piedras de moler. La importancia de este elemento fue tan grande que terminó dando nombre a toda la zona. El topónimo refleja, por tanto, el carácter profundamente hidráulico e industrial del enclave. Desde siempre, el sonido del agua golpeando los rodeznos forma parte inseparable del paisaje sonoro de Ubrique.

 


 

Los antiguos molinos hidráulicos

Uno de los elementos fundamentales de El Rodezno fueron sus molinos, existieron varios aprovechamientos hidráulicos dedicados principalmente a la molienda de cereales, especialmente trigo.

Los molinos eran esenciales para la economía tradicional, producían harina, abastecían a los panaderos, permitían alimentar animales, de hecho, el lejío estaba a la izquierda del molino, y generaban una importante actividad comercial.

La tecnología hidráulica utilizada era completamente artesanal pero extraordinariamente eficaz. El agua era conducida mediante canales elevados hasta caer sobre el rodezno con suficiente fuerza para mover todo el sistema. Muchos de estos molinos permanecieron activos durante siglos y algunos fueron adaptándose a nuevas funciones industriales con el paso del tiempo.

El molino del Nacimiento o molino de Cotrino

El más importante de todos fue el conocido como molino del Nacimiento, también llamado posteriormente molino del Rodezno o molino de Cotrino. Este edificio simboliza perfectamente la evolución histórica del lugar. Inicialmente funcionó como molino harinero tradicional, pero más tarde acabaría convirtiéndose parcialmente en fábrica de electricidad. Durante el día molía trigo y por la noche utilizaba la fuerza del agua para generar energía eléctrica. Pocas imágenes resumen mejor el paso del mundo tradicional al moderno.

 

El molino del Duque y los aprovechamientos señoriales

La tradición oral ubriqueña también recuerda el llamado molino del Duque, relacionado con antiguos aprovechamientos vinculados a los señores de la villa. Durante siglos, buena parte de las aguas, tierras y molinos estuvieron bajo control de grandes propietarios o instituciones señoriales. Los duques de Arcos, señores históricos de Ubrique, mantuvieron importantes derechos sobre numerosos recursos económicos del territorio. Aunque la documentación concreta sobre este molino es fragmentaria, su recuerdo permanece asociado a la memoria popular del Rodezno y a la antigua organización señorial del agua y la producción.

 


El Rodezno y el crecimiento urbano de Ubrique

La importancia del nacimiento de la Cornicabra no fue únicamente industrial. El agua del Rodezno resultó esencial para el propio crecimiento urbano de Ubrique. Antes de la llegada de las modernas redes de abastecimiento domiciliario, gran parte del pueblo dependía directamente de este sistema hidráulico. Las investigaciones históricas describen antiguas conducciones, alcubillas y canalizaciones que transportaban el agua hasta fuentes públicas, pilares, depósitos, huertas, batanes, curtidurías y determinadas viviendas.

El Rodezno funcionó durante generaciones como uno de los grandes centros abastecedores de la localidad. En una época en la que disponer de agua limpia era un privilegio, este nacimiento constituyó uno de los bienes más valiosos de Ubrique.

 


Las curtidurías: el origen de la industria de la piel

La relación entre Ubrique y la industria de la piel tiene raíces muy profundas, y El Rodezno fue uno de sus escenarios fundamentales. Las tenerías necesitaban enormes cantidades de agua limpia, por ello se instalaron tradicionalmente junto a nacimientos y arroyos. El proceso del curtido era extremadamente complejo y laborioso, lavado de las pieles, eliminación de restos orgánicos, tratamiento con cal, raspado manual, curtido vegetal mediante taninos, extraídos del zumaque o de los alcornoques, aclarado, secado y suavizado final. Muchas de estas operaciones conservaban técnicas heredadas del mundo medieval e incluso andalusí.

Las investigaciones sobre los curtidos árabes y medievales de Manuel Cabello muestran que la tradición marroquinera ubriqueña no apareció de forma repentina, sino como resultado de siglos de transmisión artesanal. La abundancia de agua del Rodezno permitió mantener esa actividad durante generaciones.

 

Las últimas tenerías tradicionales

Todavía en pleno siglo XX permanecían activas algunas tenerías tradicionales en el Rodezno. Los testimonios describen un paisaje industrial hoy desaparecido, pilas de curtido, muros húmedos, herramientas manuales, y trabajadores especializados realizando tareas heredadas de sus antepasados.

Entre las curtidurías más recordadas estuvo la de Ángel Janeiro Rubiales, cuyo utillaje histórico fue posteriormente recuperado para el Museo de la Piel. Aquellas tenerías representan el origen directo de la actual industria marroquinera de Ubrique. Sin comprender el Rodezno resulta imposible entender cómo surgió la fama mundial de la piel ubriqueña.

 

El Rodezno en los años cincuenta

Las reconstrucciones históricas realizadas a partir de fotografías y testimonios, sobre todo de los hermanos Román, los últimos habitantes del molino, permiten imaginar cómo era El Rodezno en los años cincuenta. Todavía conservaba entonces buena parte de su actividad tradicional. El lugar aparecía lleno de vida, lavanderas trabajando junto al agua, curtidores manipulando pieles, niños bañándose y jugando en verano, animales de carga cruzando caminos, molinos todavía en funcionamiento, huertas llenas de frutales. El sonido del agua era, y es, continuo.

Acequias y canales atravesaban el paisaje formando pequeños saltos y corrientes. Era un espacio profundamente humano y popular. Sin embargo, aquellos años representaban también el comienzo de la transformación definitiva. La modernización industrial, la electrificación general y los nuevos sistemas urbanos acabarían alterando radicalmente aquel mundo tradicional.

 


Las lavanderas de El Rodezno: la memoria femenina del agua

Entre todos los recuerdos asociados a El Rodezno, quizá ninguno posee tanta carga humana y emocional como el de las lavanderas. Las investigaciones y testimonios recopilados por Esperanza Izquierdo y Manuel Cabello Janeiro permiten reconstruir con enorme sensibilidad la vida de aquellas mujeres que durante generaciones hicieron del agua su espacio de trabajo, convivencia y supervivencia.

Los textos publicados en torno al documental La mujer y el agua establecen un emocionante paralelismo entre las mujeres de la India contemporánea y las ubriqueñas de hace apenas unas décadas. En El Rodezno, el agua era mucho más que un recurso natural: era el centro de la vida cotidiana femenina. Cada mañana, desde primeras horas del día, numerosas mujeres descendían hacia el nacimiento cargadas con paneras, tablas de lavar, jabón casero, cenizas para la colada, cántaros, y enormes cestos de ropa.

Muchas procedían de familias humildes y trabajaban lavando para otras casas más acomodadas. A cambio recibían cantidades mínimas de dinero, pero suficientes para ayudar al sustento familiar.

Una de las historias más conmovedoras conservadas por la memoria oral es la de María Avelino, lavandera ubriqueña de los años veinte, cuya vida simboliza perfectamente la dureza de aquel trabajo. Cada día recogía ropa por las casas y acudía al Rodezno o al lavadero del Benalfí para realizar la colada. El proceso era agotador y complejo; primero se enjabonaba la ropa, luego se colocaba en grandes canastos cubiertos con paños bastos y se vertían sobre ella cenizas calientes mezcladas con agua. Después se dejaba reposar durante horas antes del lavado definitivo.

El relato más impresionante, una historia contada por Isabelita Álvarez, explica cómo María, embarazada y madre de numerosos hijos, comenzó a sentir los dolores del parto mientras preparaba una colada en el Rodezno. Se apartó unos momentos, dio a luz y, tras acomodar al recién nacido, regresó inmediatamente a terminar el trabajo para no perder el jornal de aquel día.

Historias como esta permiten comprender la extraordinaria dureza de la vida de las mujeres populares ubriqueñas.

Otra figura recordada es Paca Gómez García, que con apenas nueve años tuvo que abandonar la escuela para hacerse cargo del lavado de la ropa familiar. Bajaba diariamente al Algarrobal cargando ropa y jabón, ocupando durante horas su pequeño espacio entre las lavanderas adultas. Aquella niña pasó su infancia entre agua, ropa mojada y largas jornadas de trabajo físico.

Pero el Rodezno no fue solamente un lugar de sufrimiento. También constituyó un importante espacio de convivencia femenina.

Mientras lavaban, las mujeres compartían noticias del pueblo, consejos, canciones, recetas, confidencias, historias familiares, y hasta pequeñas celebraciones cotidianas.

El lavadero funcionaba como una especie de gran plaza pública femenina donde circulaba la memoria oral de Ubrique.

Las fotografías históricas de principios del siglo XX muestran grupos de lavanderas trabajando junto al agua bajo la sombra de enormes álamos y chopos.

Las investigaciones de la familia Cabello recuerdan además que muchas casas de Ubrique no tuvieron agua corriente hasta bien entrado el siglo XX. Antes de ello, mujeres y niñas eran responsables de transportar el agua desde fuentes y pilares hasta las viviendas. Algunas recorrían diariamente largas distancias cargando cántaros de quince o veinte litros.

Por eso el agua marcó profundamente la vida femenina de Ubrique. No resulta exagerado afirmar que gran parte del funcionamiento cotidiano del pueblo descansó durante siglos sobre el trabajo invisible de estas mujeres.

El Rodezno fue así un territorio de agua y de memoria femenina, un espacio donde el esfuerzo, la pobreza y la solidaridad convivieron diariamente.

Hoy, cuando los arroyos han perdido el bullicio de antaño, el recuerdo de las lavanderas continúa siendo una de las imágenes más poderosas y emotivas de la historia de Ubrique.

Lo mejor de todo es que hemos sabido muy recientemente que una de nuestras amigas más queridas, María del Carmen Toro, nació justamente en el Rodezno, hasta ahora pensábamos los miembros de la familia Román habían sido los últimos habitantes del molino. Pero no, la familia Toro Rincón también vivió allí y allí nació Mari Carmen, con ella incidimos aún más en el importantísimo papel de la mujer en la historia de nuestro pueblo, pues forma parte de una dinastía de mujeres fuertes, trabajadoras, honestas y discretas, que siempre, con gran energía y fortaleza, han hecho bandera del trabajo y la familia. 

Su padre, Juan Toro Rosado, era un jovencito de Arcos, bien situado, que se vio obligado a participar en la Guerra Civil, fue de aquellos jóvenes que llamaron "la quinta del biberón", aquella leva de españoles que fueron reclutados incluso antes de cumplir los dieciocho años.

Terminada la guerra, Juan se vino a Ubrique, como panadero, su cargo era "maestro de pala". Ahora se nos hace difícil reconocer esas profesiones tan específicas, pero sobre Juan recaía la gran responsabilidad del último paso esencial en la elaboración del pan, introducir, hornear y sacar cada pieza del horno (en este enlace podemos saber algo más del oficio de Juan Toro).

Y empezó trabajando, y viviendo, en el molino del Nacimiento, o molino de Cotrino. Pronto se hizo ubriqueño y conoció a la que sería su mujer, la ubriqueña María Rincón Márquez, y aquel fue su hogar en los primeros años del matrimonio. Allí, en aquel molino que hoy nos inspira tanta nostalgia, nació nuestra amiga María del Carmen, y allí pasó su más tierna infancia hasta que su padre comenzó a trabajar, también como maestro de pala, en el molino "del Quemao", alrededor de 1954, entonces la familia se trasladó a vivir a la zona del Trebujena, y Mari Carmen recuerda haber acompañado a su padre, en aquellas horas de laborioso trabajo, a meter o a sacar el pan del horno, cuidando que la cocción fuera la justa.

Una preciosa historia de aquella niñita que nació en el Rodezno y vivió entre el sonido del agua, los cantares de las lavanderas y el olor a pan recién hecho. 

 


 

La mirada romántica de Frasquita Larrea

Uno de los testimonios más valiosos para comprender la importancia histórica y paisajística del Rodezno es el de la viajera gaditana Frasquita Larrea, que visitó Ubrique en 1824.

Aunque en aquel momento el espacio no recibía aún la denominación actual de “Rodezno”, su descripción transmite la fascinación que le produjo aquel paisaje lleno de agua, vegetación y actividad humana coincide en el entorno del nacimiento de la Cornicabra, el convento de Capuchinos y los primeros aprovechamientos hidráulicos del lugar.

Su testimonio constituye una de las primeras miradas cultas sobre este paisaje, y ofrece una imagen extraordinariamente viva del entorno en época preindustrial, demostrando además que este rincón ya era considerado uno de los lugares más bellos y pintorescos de la Sierra de Cádiz mucho antes de que existiera una conciencia moderna de patrimonio.

 

“Al pie de este peñasco (que llaman también el salto de la Mora, por motivo de una tradición que supone a una mora arrojándose de esa altura huyendo de los cristianos) sale el manantial que surte al pueblo y que, pasado el Convento, fluye por un acueducto a través de cuyos arcos se ven las huertas. Entre este acueducto y un guardalado, debajo del cual se ven las mujeres lavando con el agua del otro nacimiento que sale por el molino, corre una calzada hasta entrar en las calles del pueblo. Un grandísimo y frondoso álamo negro sombrea a las lavanderas, y más arriba del molino se ven grupos de olmos y chopos en derredor del manantial y a sus espaldas suben peñascos hasta las nubes.”

 

Esta descripción resulta de enorme valor porque confirma varios elementos esenciales del paisaje histórico del Rodezno, la existencia del nacimiento como origen del abastecimiento urbano, la presencia del convento como referencia espacial, el sistema de acequias y acueductos que distribuían el agua, la actividad de las lavanderas como parte cotidiana del paisaje humano, la presencia de vegetación de ribera (álamos, olmos y chopos), y la espectacular topografía del entorno, con peñascos cerrando visualmente el valle.

El texto de Larrea permite así reconstruir con gran fidelidad cómo era este espacio antes de la industrialización del siglo XIX y XX, mostrando un paisaje donde naturaleza y actividad humana ya estaban profundamente entrelazadas.

Su mirada romántica no solo describe un lugar bello, sino también un sistema de vida completo basado en el agua, que con el tiempo daría origen a molinos, tenerías, lavaderos y, finalmente, a la compleja estructura industrial del Rodezno.

Frente a la imagen árida que muchos viajeros románticos tenían de Andalucía, el entorno ubriqueño le pareció un espacio excepcionalmente fresco, verde y abundante en agua.

El convento de Capuchinos, rodeado por nacimientos y vegetación, contribuía además a crear una imagen casi idílica. El sonido continuo del agua descendiendo por canales y tajeas formaba parte esencial de aquella atmósfera que tanto impresionó a la viajera.

Las palabras de Frasquita Larrea poseen hoy un enorme valor histórico porque permiten reconstruir cómo era el paisaje del Rodezno a comienzos del siglo XIX, antes de las transformaciones urbanas e industriales posteriores.

 

La fábrica de electricidad: la llegada de la modernidad

Uno de los capítulos más fascinantes de la historia del Rodezno es su papel en la llegada de la electricidad. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el antiguo molino del Nacimiento comenzó a utilizarse parcialmente como central hidroeléctrica. La fuerza del agua movía generadores eléctricos capaces de abastecer los primeros puntos de luz pública del pueblo.

El ingeniero francés Jean Pierre Prouvat de Guéry participó en algunos de los contratos relacionados con este suministro eléctrico.

Gracias a esta pequeña central se iluminó parte del Ayuntamiento, algunas calles y determinados espacios públicos. La transformación fue enorme.

El Rodezno se convirtió así en símbolo del paso entre dos épocas, el mundo artesanal tradicional y la modernidad industrial.

La misma agua que durante siglos había movido piedras de molino empezó a producir electricidad.

 


Un pequeño polígono industrial tradicional

En conjunto, El Rodezno funcionó durante mucho tiempo como una especie de polígono industrial tradicional, puesto que en un espacio relativamente reducido coexistían molinos, tenerías, lavaderos, almacenes, talleres, batanes, huertas, y sistemas hidráulicos. Todo dependía directamente del agua. La actividad debía de ser constante.

Los testimonios históricos hablan de un lugar lleno de movimiento, sonidos, olores y trabajo.

 


El patrimonio hidráulico

Uno de los grandes valores históricos del Rodezno es su patrimonio hidráulico.

Todavía hoy pueden identificarse restos de acequias, albercas, tajeas, compuertas, canales, molinos, muros y conducciones. Todo ello constituye un extraordinario ejemplo de ingeniería hidráulica tradicional.

Estas estructuras muestran cómo generaciones enteras aprendieron a organizar y aprovechar el agua con enorme inteligencia técnica.

 

La decadencia del Rodezno

A partir de mediados del siglo XX comenzó la decadencia progresiva del lugar.

Las causas fueron múltiples, en primer lugar, durante la Guerra Civil fueron militarizadas las tenerías que aún se mantenían, también los lavaderos públicos fueron dejando de utilizarse, pues había agua corriente en casi todas las casas. A esto hay que añadir la industrialización moderna, el abandono de molinos, la mecanización, el nacimiento de nuevas fábricas de marroquinería que ya no necesitaban agua y podían construirse alejadas del río, la urbanización creciente, los cambios sanitarios y sociales.

Las antiguas tenerías fueron cerrando poco a poco y muchas estructuras quedaron abandonadas y acabaron deteriorándose. El silencio sustituyó al bullicio de otros tiempos.

 


 

El Rodezno como paisaje emocional

Pese a ello, el Rodezno nunca desaparecerá de la memoria colectiva ubriqueña. Para muchas personas sigue siendo uno de los lugares más emocionales del pueblo.

Allí permanecen recuerdos de infancia y allí se crean nuevos recuerdos entre el crujido de los gamones en mayo, los concursos de pintura y la admiración por el agua pura manando constantemente. El Rodezno pertenece tanto a la historia material como a la memoria sentimental de Ubrique.

 

 

El Rodezno pintado por Julia Janeiro Rubiales en 1919

 

El Rodezno en la fotografía y el arte

Numerosos artistas y fotógrafos se sintieron atraídos por este paisaje.

Las fotografías históricas muestran lavanderas trabajando bajo enormes álamos y chopos.

El pintor y fotógrafo Romero de Torres inmortalizó algunas escenas en 1906.

Más tarde también lo haría Francisco García Parra.

Las imágenes conservan un mundo desaparecido, ropa tendida al sol, mujeres arrodilladas junto al agua, niños jugando, reflejos sobre las acequias, y viejas estructuras hidráulicas integradas en la naturaleza.

Actualmente podemos recordar decenas de cuadros pintados por artistas locales y foráneos, el primer óleo que recordamos lo pintó Julia Janeiro en 1919. Y, por supuesto, miles de fotografías y videos que tanto los ubriqueños como los visitantes turistas a lo largo del año.

 

Un símbolo de la identidad ubriqueña

Hoy El Rodezno representa mucho más que un conjunto de ruinas industriales. Es uno de los grandes símbolos de la identidad histórica de Ubrique porque confluyen la cultura del agua, la memoria femenina, la tradición molinera, el origen de la marroquinería, la ingeniería hidráulica, la llegada de la electricidad, y la vida cotidiana de generaciones enteras. Pocos espacios resumen de forma tan completa la evolución histórica de Ubrique.

El Rodezno constituye uno de los paisajes históricos más importantes y evocadores de Ubrique, allí el agua modeló durante siglos la economía, la tecnología, el trabajo y las relaciones humanas. Molinos, tenerías, lavanderas, huertas y fábricas convivieron formando un universo popular profundamente ligado a la naturaleza y al esfuerzo colectivo. Hoy permanecen las ruinas, las acequias y el sonido constante del nacimiento.

Pero también permanece algo más importante: la memoria.

La memoria de las mujeres que lavaron ropa durante décadas.

La memoria de los curtidores que dieron origen a la industria de la piel.

La memoria de los molineros que aprovecharon la fuerza del agua.

La memoria de un pueblo que encontró en aquel rincón uno de los motores fundamentales de su historia.

Por eso El Rodezno no es únicamente un lugar del pasado.

Es una parte esencial del alma histórica de Ubrique.

En Ubrique en Verde (en este enlace) nuestro hermano Manolo siempre  hablaba de esta zona, él fue quien nos enseñó a reconocer el arroyo del Búho, y quien hizo del agua de Ubrique toda una serie de publicaciones.