jueves, 30 de julio de 2015

Los bolindres de Miguel Jiménez Angulo y su maestro Manuel Cabello

Bolindres de barro cocidos
Fotografía de Julia Ruiz Cabello




Por Miguel Jiménez Angulo


 Yo hacía los bolindres como muchos otros niños, con barro, unas pequeñas bolas, después las metía en la sarteneja de cisco y picón (en la copa). Mis bolindres solían romperse cuando les daban con otros bolindres. Un día hice una candela con tablas de las cajas de pollo pensando que si ponía el barro junto a las llamas se cocerían mejor y serían más resistentes.
 A esto aparece don Manuel Cabello y me preguntó: ¿qué estás haciendo? Entonces le conté mi historia. Él se sonrió. 
Por esa época, los niños llevábamos pantalones cortos en verano e invierno, no sé por qué siempre me asomaban los bolsillos por debajo del pernil de mi pantalón corto, llenos de bolindres, porque llevaba un buen montón, esa era señal para que los demás niños quisieran jugar con uno, ya que si veían que teníamos muchos pensaban que nos podían ganar.
 Un día don Manuel me dijo: "Angulo, el miércoles cuando esté tu padre en el matadero, te vas con él  y me esperas en la puerta". Yo no sabía bien qué ocurría, o si había hecho algo mal y quería hablar con mi padre para darle quejas, eso me tuvo unos días siendo un niño ejemplar, ni siquiera me llevaba el tirachinas a la escuela. Yo no sé si quería que llegara el miércoles o no, pero llegó el día y le dije a mi padre: "Papá, me ha dicho don Manuel que lo espere aquí." A mi padre también le extrañó y me preguntó  si yo había hecho algo que él debiera saber, le contesté que yo creía que no había hecho nada malo, solo quemar unas cajas de pollos. 
Al llegar don Manuel, me dió un tortacito en la cabeza como de alegría, y mi padre le pregunto: ¿Don Manuel, ha hecho algo el niño? Y este contestó: Sí, este niño tiene mucha imaginación y se preocupa por mejorar las cosas, ahora cosas pequeñas como él pero cuando sea mayor, se preocupará de mejorar cosas grandes como él será. Mi padre le dijo que no entendía lo que le quería decir y don Manuel metió su mano en el bolsillo de su chaqueta, sacó un cucurucho de papel de estraza y lo abrió mostrando el contenido a mi padre. 
Eran bolindres. 
Don Manuel había ido a Arcos, se había pasado por una fábrica de cantaros y había pedido que le cocieran un puñado de bolindres, después me los entregó delante de mi padre a la vez que le explicaba lo que yo intentaba hacer con la candela y el barro. 
Ya no se me rompería ninguno, y a todos los que yo les diera los partiría por la mitad. 
Ni mi padre ni yo dábamos crédito a lo que veíamos, ya que don Manuel había perdido su tiempo y había pedido favores para potenciar el esfuerzo e inventiva de un niño que solo sabía trabajar y escribía burro con V. 
Esta es mi gran historia, ésta no la superan ni las del servicio militar. Pido disculpas por haberme extendido tanto, pero espero que comprendáis que esa actitud de don Manuel hizo que yo trabajara y estudiara.
 Hoy gracias a esa actitud, soy Agente de Medio Ambiente, Naturalista, y experto paisajista en temas medioambientales.

Miguel Jiménez Angulo



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La farmacia de don Manuel García Parra

Botes de la farmacia de Manuel García Parra
Ubrique, años 30



Por Esperanza Cabello

Hace unos meses nuestro amigo José Manuel Amarillo (del blog Naturaleza, sitios y gente) nos envió esta fotografía. Había encontrado en el mercadillo de Jerez una preciosidad de botes de farmacia, y estaba interesado en saber algo más del origen de estos botes: Farmacia García Parra. Ubrique.
Nosotros no sabíamos nada de Manuel García Parra, sí conocíamos la existencia de Francisco García Parra, su hermano, pues había sido el cronista de Ubrique durante muchos años, amigo de fray Sebastián de Ubrique, fue quien aportó la documentación y las fotografías para la "Historia de la Villa de Ubrique" que escribiera el fraile.
Para nosotros Manuel era un gran desconocido, así que recurrimos a tres de nuestros grandes informadores: nuestra tía Isabelita Álvarez, nuestro tío Pepe Cabello y nuestro amigo Miguel Coronel. Y además, como siempre, Manuel Zaldívar nos ha ayudado con los libros del censo del archivo. Gracias, Manuel.


 La familia García Parra en 1906
Calle del Perdón, número 30
AHMU Gentileza de Manuel Zaldívar

 Los padres de Manuel eran Miguel García Bohórquez (que fuera alcalde de Ubrique) y Rosario Parra Rodríguez. Él consta como labrador, con 50 años, en 1906, ella, como casi todas las mujeres de la época, consta de profesión "su sexo", y tenía 49 años.
Tuvieron siete hijos, María, nacida en  1882; Teresa, nacida en 1885; Francisca, nacida en 1886; Francisco, nacido en 1889; Rosario, nacida en 1890; Manuel, nacido en 1894 y Miguel, nacido en 1893.
Los hijos varones eran estudiantes en 1906.
Manuel hizo sus estudios de farmacia en Madrid, entre 1918 y 1923, hace unos años nuestra amiga Marta Canto nos envió las fotografías de su orla (en este enlace).
Manuel se casó con  Belén Bohórquez Vegazo, y tuvieron tres hijos, Miguel, Manolo y Pepe.
Tanto Isabel como Miguel nos han hablado del farmacéutico, Isabel decía que al mismo tiempo existían tres farmacias en Ubrique, la de don Fermín Sánchez de Medina en la calle Botica, la de don Rafael Sánchez de Medina, en la calle del Agua y la de don manuel García Parra, en la plaza de Francisco Fatou (que era conocida como plaza de la Cruz).



Ubrique, procesión de El Corpus, 1920
La farmacia de García Parra junto a la iglesia


En esta fotografía de 1920 podemos ver la casa de la farmacia, es justo el primer edificio que se ve junto a la iglesia, el de los balcones abarrotados, encima de la puerta podemos ver el rótulo del establecimiento.
La farmacia estuvo funcionando hasta 1936. Encontramos su farmacia en un anuario de 1928 (en este enlace)
Después de la Guerra Civil Manuel y los suyos se trasladaron a Jerez, donde abrieron otra farmacia. Miguel nos ha contado que cuando don Manuel se fue a Jerez con toda su familia esa casa estuvo ocupada por el notario, don Enrique Farfán.
Más tarde compró la casa don Salvador García, y actualmente sigue siendo de la familia García Ruiz, y curiosamente donde antes hubo una farmacia ahora está la consulta de la podóloga Alicia García.


Sabemos  que al menos Miguel estuvo estudiando en El Escorial, y uno de sus trabajos "El mar en los poetas contemporáneos", escrito en 1952, se encuentra en el índice de los trabajos de alumnos (en este enlace).


El 3 de octubre de 1964 encontramos a don Manuel García Parra y a su hijo Miguel en una reseña de sociedad de ABC, durante la boda de Miguel Pomar Bohórquez




Hemos estado buscando el rastro de los tres hermanos en Jerez y lamentablemente solo hemos encontrado la esquela de Miguel, que murió en Jerez en 2013



Miguel era miembro de la Hermandad de la Sagrada cena, de Jerez, y falleció a los 82 años, el 24 de febrero de 2013. 

Suponemos que toda la familia se encuentra en Jerez, pero aunque una de las farmacias más céntricas está regentada por una señora apellidada Bohórquez, no se trata de la misma familia, según le ha hecho saber a nuestro amigo José Manuel.

En cualquier caso, gracias a personas como él, interesadas por cualquier detalle antiguo, aunque sea tan insignificante como unos botecitos de farmacia, podemos recuperar un trocito de nuestra historia, y recordar que la farmacia de Manuel García Parra existió en Ubrique.



 Bote de productos farmacéuticos
Farmacia García Parra Ubriuqe (Cádiz)
Fotografía de José Manuel Amarillo Vargas




 Cajita de aluminio con anilina verde
Farmacia García Parras (con una "s" de más)
Fotografía de José Manuel Amarillo Vargas


 Botecito de mercurio, con una gota de mercurio
Farmacia García Parra. Ubrique (Cádiz)
Fotografía de José Manuel Amarillo Vargas




 Bote con pan de oro
Farmacia García Parra. Ubrique (Cádiz)
Fotografía de José Manuel Amarillo Vargas


Agradecemos a José Manuel Amarillo que nos haya hecho partícipes de su descubrimiento y que nos haya enviado las fotografías. Ha sido la excusa perfecta para aprender un poquito más de la historia de nuestro pueblo y conocer a una familia para nosotros desconocida hasta el momento.


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miércoles, 29 de julio de 2015

Manuel Cabello Janeiro y el Salto de la Mora: una verdadera historia de amor

 El Salto de la Mora, 1 de abril de 1951
Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo


Por Esperanza Cabello

Nuestro amigo José María nos ha pedido  una manita para completar su cronología de Ocurris (en este enlace), en lo que respecta a nuestro padre y a don Salvador de Sancha, el arqueólogo sevillano director de las excavaciones que tuvieron lugar en el Salto de la Mora en los años setenta.
Lo primero que hemos pensado es que es una pena que nuestra historia reciente no esté escrita, y también que quien se ha ocupado en los últimos años del yacimiento haya hecho una tarea tan parca en este sentido.
Pero rápidamente ese sentimiento de tristeza ha sido sustituído por una gran sonrisa, porque hemos recordado que teníamos en mente hablar de una gran historia de amor, la de Manuel y Esperanza, y esta petición de nuestro amigo nos viene como anillo al dedo.

Corría el año de 1951. Esperanza Izquierdo acababa de regresar definitivamente del internado de Ronda, después de nueve años estudiando y de haber terminado los siete cursos de bachillerato y la reválida (lo que la habilitaba para ser maestra, pero ella no continuó con los estudios).
Esperanza se dedicó a su casa, a ayudar a la familia y a su tarea apostólica. Se encargaba de los grupos de Aspirantes de Acción Católica, y con sus niñas hacía muchas excursiones, entre ellas, por supuesto, al Salto de la Mora, lugar obligado de excursiones para los ubriqueños durante muchos años.
Por otro lado Manuel, un jovencito espigado de veinte años, había empezado sus estudios de medicina, pero no se acostumbraba a estar en Cádiz, él prefería estar en Ubrique, recorrer la sierra, seguir los pasos de su maestro, don Fernando Gavilán, y conocer in situ la naturaleza y el patrimonio.
Un día organizaron las monitoras de aspirantes de Acción Católica y los amigos de Manuel una excursión al Salto de la Mora. Manuel se había ofrecido de guía, conocia de primera mano todos los recovecos del yacimiento, pues lo había visitado en repetidas ocasiones con su maestro, don Fernando Gavilán, seguidor de la Escuela de Libre Enseñanza.


 Los amigos en el Salto de la Mora
Ubrique, 1951


Fue un día de juegos, de risas y de miradas. Nuestra madre nos ha contado muchas veces que notó cómo aquel muchacho la miraba repetidamente, y que a ella le pareció muy divertido y muy guapo, aunque en aquel momento no tenía pensamiento de novio ni de nada similar.
Pero el muchacho fue muy insistente, y tanto insistió que seis años más tarde aquel amor que había empezado en el Salto de la Mora se convirtió en matrimonio y amor para siempre.
Manuel dejó sus estudios de medicina en Cádiz, los cambió por un puesto en la petaquería de su padre y estar a cien metros de la casa de su amada. Y los dos comenzaron una vida en común que siempre, siempre, estaría ligada al Salto de la Mora.
Porque los domingos, los días de los paseos, las fiestas y cada vez que podía volvían al lugar en el que comenzó su idilio. Tenemos cientos de fotografías y películas jugando en el foro, con amigos, con los primos, con la familia. Con burrito, sin burrito, con columpio, con paellas. De todas las formas posibles.
En 1965, que ya era el responsable de la empresa heredada de su padre, tuvo un gran revés de la fortuna, pues una bodega de Jerez suspendió pagos y no le pagó un gran pedido que acababan de servir. Eso significó la ruina absoluta. Ya era padre de familia numerosa, y decidió terminar sus estudios y convertirse en maestro, en menos de un año tenía la carrera terminada y las oposiciones aprobadas.
En el curso 1966-67 fue nombrado profesor de la Escuela-Taller Santa Ana, de Ubrique, y ese mismo año comenzó un programa de televisión que marcaría nuestras vidas y las de muchos ubriqueños: Misión Rescate



Misión Rescate era un programa-concurso radiofónico dedicado a rescatar el patrimonio en el país. Estaba dedicado a maestros y alumnos y les proponían "rescatar" cualquier elemento del patrimonio que mereciera la pena o que estuviera en peligro.
Manuel, siempre activo y siempre curioso, decidió participar en ese programa, y en compañía de su amigo el maestro Francisco Collado Jara, participó, por primera vez, en nombre de los ubriqueños.
Y entonces comienza una nueva "historia de amor",la historia de un hombre que trabajó sin medida para preservar y dar a conocer al mundo entero el patrimonio de los ubriqueños y la ciudad romana de Ocurris.
Esta historia continuará en la siguiente entrada (aquí)


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Cronología de los trabajos de Manuel Cabello y Salvador de Sancha en el Salto de la Mora

Interior del Columbario, 1968
Fotografía de Manuel Cabello Janeiro

 
Por Esperanza Cabello

Decíamos en la entrada anterior que Manuel Cabello fue muy insistente y muy tenaz con su querida esposa. Y con la misma tenacidad y la misma pasión trabajó para llamar la atención sobre el Salto de la Mora, nos consta que durante más de veinte años hizo lo imposible para conseguir que comenzaran las excavaciones, que las autoridades reconocieran que se trata de un tesoro patrimonio de todos los ubriqueños y que, en un momento de nuestra historia reciente, todo el mundo cultural volviera sus ojos hacia Ocurris.
Y en esa ardua tarea estuvo muchos años a su lado Salvador de Sancha Fernández, el arqueólogo que hizo las primeras excavaciones de la época moderna en el Salto de la Mora.

A continuación, imitando un poco la cronología de nuestro amigo José María, vamos a intentar hacer un esbozo de los trabajos que se hicieron en/por el Salto de la Mora en los diez años siguientes:

Mayo de 1967: Primera memoria de Misión Rescate presentada por Manuel Cabello. Denuncia del estado de abandono en que se encuentra la necrópolis y el columbario de Ocurris.
Esta memoria, por carecer de certificados de especialistas, fue deshechada.En 1967 ganó el Trofeo de Oro el grupo de Villena (en este enlace).

Verano de 1967: Manuel Cabello se pone en contacto con el profesor Luis de Mora Figueroa, que visita el yacimiento y muestra su interés, recomendándole ponerse en contacto con don Salvador de Sancha Fernández, que fuera más tarde Director de las Excavaciones.

Septiembre de 1967: don Salvador de Sancha viene a Ubrique, Manuel lo acompaña al yacimiento y ambos están de acuerdo: hay que salvarlo del abandono.

Febrero de 1968: don Juan de Mata Carriazo, antiguo profesor de don Salvador y catedrático de historia en la Universidad de Sevilla,  visita el yacimiento y muestra todo su  interés por el proyecto (en este enlace).


Mayo de 1968: Visita de doña Concepción Blanco, directora del Museo de Cádiz, al yacimiento

Mayo de 1968: Segunda Memoria de Misión Rescate

Junio de 1968: Premio del concurso Misión Rescate; trofeo de Plata por el trabajo de llamada de atención y de divulgación del Columbario.

1969: Manuel Cabello invita, y consigue traer, a muchas personalidades del mundo de la cultura a conocer el yacimiento, consiguiendo siempre interesarlos:

Pedro Valdecantos García, Delegado Provincial de Educación y Ciencias. El gobernador civil, Directores de los periódicos Diario de Cádiz, ABC de Sevilla y Sur de Málaga; Concepción Fernández Chicarro, directora del Museo de Sevilla; D. Antonio Calderón Quijano, Rector de la Universidad de Sevilla; D. Manuel Sotomayor, Catedrático de la Universidad de Granada; D. Gustavo Grumer, Director del Instituto Alemán de Madrid.


20 de noviembre de 1969: Manuel Cabello recibe una carta de don Juan de Mata Carriazo, interesándose por el estado del columbario y pidiento datos concretos para una posible actuación. Este año el trofeo de oro fue para Curbe, en Huesca.

Verano de 1970: Manuel Cabello consigue traer al yacimiento a don Aníbal Arias Ruiz, Director del Programa. Convencido de la necesidad de actuar rápidamente para preservar el Columbario, don Anibal promete a Manuel Cabello que las excavaciones y una posible restauración comenzarán en breve. Este año el trofeo de oro es para el grupo de Castrojeriz.

11 de noviembre de 1970: Bellas Artes concede el permiso de excavaciones a don Salvador de Sancha

Enero de 1971: Comienza la primera excavación arqueológica de Ocurris de los tiempos modernos. El director de las excavaciones es don Salvador de Sancha Fernández. Limpieza y restauración del columbario.

Febrero de 1971: Exposición de arqueología, con algunas de las piezas encontradas en el Salto de la Mora,  y de etnología en los salones de la Escuela de Artes y Oficios (en este enlace).


15 de mayo de 1971 carta de don Salvador:
"... hemos de dejar expresada aquí nuestra gratitud y más viva felicitación a los componentes y Director del Grupo (208) de Ubrique que, con el mejor espíritu y amor a nuestra Historia han sabido realizar una prospección realmente importante y respetar, vigilar y conservar intacto el yacimiento, de acuerdo con la Ley, dejando a la responsabilidad de los técnicos el desarrollo de los trabajos de investigación…”


20 de septiembre de 1971: Comienzan de nuevo las excavaciones en el Salto de la Mora, bajo la dirección de don Salvador de Sancha. Ahora los trabajos son en cuatro zonas diferentes (en este enlace).

1972: Manuel Cabello continúa invitando a personalidades del mundo de la cultura a visitar las excavaciones, con el fin de conseguir los permisos y los fondos necesarios para que continúen:

1972: Visitas de D. Juan Pedro Garrido, Catedrático de Madrid, D. Mariano del Amo, Director del Museo de Huelva, D. Fernando Portillo, Presidente de la Diputación Gaditana (que dio 150.000 pesetas para las excavaciones), D. Jesús de las Cuevas, famoso literato, D. Antonio León y Majón, Procurador en Cortes y de D. Martín Almagro Bach, Comisario General de Excavaciones, que promete la continuidad en los trabajos.

Septiembre 1972: El programa Misión Rescate concede el Trofeo de Oro al grupo 208 de Ubrique por su trabajo de puesta en valor del yacimiento de Ocurris. (En este enlace).


Junio de 1973: se inaugura la Glorieta de Misión Rescate; se exponen en la glorieta, al aire libre, varias piezas arqueológicas rescatadas del Salto de la Mora 

Verano de 1973: el arquitecto Alfonso Jiménez Martín (que ha sido el restaurador de la Catedral de Sevilla) realiza la restauración del Columbario.

Septiembre de 1973: Manuel Cabello elabora un proyecto para iluminar el columbario

Verano de 1976: Se realiza la tercera y última campaña arqueológica en el Salto de la Mora a cargo de don Salvador de Sancha, que durante estos diez años se ha encargado de la puesta en valor del yacimiento.
En esta campaña se hacen diferentes sondeos en la zona de las termas, y se trabaja con varias hipótesis debido a la complicada estructura existente: templo púnico, antigua curtiduría (como la hallada en las obras de la Guardería infantil "La Esperanza") y termas.

A partir de esta campaña comienzan nuevos tiempos para todos. El interés por la ciudad de Ocurris no cesó en ningún momento. Salvador de Sancha y Manuel Cabello comenzaron a tener problemas de salud, sin embargo, el trabajo ante las instituciones no ceja, más viendo el estado de abandono en el que se encuentra el yacimiento.
Por fin, casi veinte años más tarde la Mancomunidad de Municipios inicia una nueva etapa para ocurris, y en

1996: La arqueóloga  Natalia Cabello es contratada por la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Cádiz para la limpieza y puesta en valor del yacimiento. Su estudio está publicado en la revista Papeles de Historia, número 4.

Hasta aquí la historia "de amor" del maestro Manuel Cabello Janeiro y el Salto de la Mora. Años muy intensos, con mucho trabajo, mucho tesón y, sobre todo, con mucha pasión.



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lunes, 27 de julio de 2015

27 de julio: Santa Julia

Julia, María y Esperanza en plena naturaleza
Dignas nietas de su abuelo


Por Esperanza Cabello 

Cada año por estas fechas se nos vienen a la memoria miles de días, miles de momentos y miles de historias. Historias que ya hemos contado en repetidas ocasiones y que no vamos a volver a contar. 
Que si es el nombre familiar desde el siglo XIX;que si nuestra abuela cambió la festividad; que si hay muchas Julia y muchos Julio en la familia; que nosotros estamos muy contentos de seguir la tradición familiar; que hemos reunido a casi todas las que tienen este nombre en una ocasión...
Pero hoy solo va a ser día de felicitaciones, en primer lugar para nuestra prima Juli y nuestro primo Julio, después a todas las sobrinas y sobrinos que también tienen este nombre. Pero muy especialmente a nuestra querida Julia. 
No solo porque es nuestra hija, que ya sería más que suficiente, sino porque a medida que van pasando los años vamos descubriendo en ella a una persona cada vez mejor, más lista, más preparada, más valiente, más cariñosa y más especial.
Y podemos ver en ella miles de detalles de los que nos han precedido en nuestra familia, a veces nos recuerda a su abuela María Jesús, con su valentía y siempre pensando en los demás; a veces a su abuela Esperanza, lista, concienzuda y buena persona. De vez en cuando es su abuelo Serafín, con su capacidad de trabajo y su maestría con sus tareas; o su abuelo Manolo, con su tenacidad  y su capacidad de adaptarse a las circunstancias. Otras veces vemos en ella rasgos de nuestra tía Ana María, y la alegría de las hermanas Cabello, o la capacidad de organización de nuestro abuelo Leandro. De vez en cuando nos recuerda a nosotros mismos, pero siempre superando los moldes.

Eso sí, ha salido familiera, viajera y activa, y lo mismo la encontramos en una garganta en el sur que en un castillo en Bretaña o en un zoco en Turquía.
Es una Julia de la que estar muy orgullosos, y lo estamos.

¡Muchísimas felicidades, preciosa!
 

domingo, 26 de julio de 2015

Antonia García Aguilera: Hasta siempre, abuela Antonia

Antonia García Aguilera en su barriada


Por Esperanza Cabello


Hoy la familia está de luto, ayer recibimos una de las peores noticias que una persona puede recibir en la vida: la noticia de la muerte de un ser querido, algo siempre inesperado, siempre triste, que nos deja, de nuevo, desolados.
Ha muerto Antonia García Aguilera, la madre de Mari Carmen, de Antonio y de Rafael.
Antonia había nacido en Ubrique hace ochenta y ocho años, en noviembre de 1927.
Fue la quinta hija de una familia muy numerosa. Su padre, Antonio García Yuste, y su madre, Francisca Aguilera Morales, ubriqueños, fundaron en nuestro pueblo el hogar en el que Antonia nació.
Era una familia muy humilde, Antonio era carbonero, pero todos fueron arrimando el hombro para que la casa funcionara bien, permanecieron unidos, siempre en un ambiente familiar de armonía, que Antonia aprendió desde pequeña y mantuvo en su propio hogar.
Antonio y Francisca tuvieron siete hijos: 
María, Pepa, Joaquina, Paca, Antonia, Pedro e Isabel. Vivían en la calle Los Morales.
Su hermana Paca nos ha contado que cuando eran muy pequeñas se pusieron a trabajar, y que no pudieron ir a la escuela, solo tenían ocasión de aprender algunas noches, en clases particulares, porque durante el día tenían que trabajar.
Con ocho o nueve años empezaron a trabajar en Alfa. Alfa era la firma de marroquinería de Pedro Viruez, en la calle Nevada.
Siendo ya una jovencita Antonia trabajó en otra fábrica, en la calle San José, en lo de Piña y Carrasco. En aquellos tiempos ya conoció al que después sería su marido, su compañero de toda la vida, Cristóbal Oliva.
Antonia y Cristóbal  se casaron en 1958. Habían comprado una casita en la Barriada Nueva, en la calle Sebastián Pulido Soto, que sería el hogar familiar para siempre.
Al casarse Antonia dejó de ir a la fábrica, pero no dejó de trabajar como marroquinera, era una trabajadora fina y meticulosa, y le traían a casa la tarea para que forrara los estuches de los Longines.
Pronto la familia sería bendecida con su primera hija, María del Carmen, que vendría a llenar de alegría a sus padres, y en los años siguientes nacieron Antonio y Rafael, los dos hijos varones.
A partir de entonces la vida de Antonia se transformó, dedicó todo su tiempo y toda su energía en criar a sus hijos, queriendo, sobre todo, hacer de ellos buenas personas. 
Se dedicó a su familia en cuerpo y alma, sus hijos y su marido han sido para ella lo más importante...
Hasta que llegaron los nietos. La recordamos emocionada y nerviosa con la llegada del primer chiquitín, Francisco José. Fue entonces  cuando descubrimos en ella a la mujer cariñosa, prudente, dispuesta y trabajadora que ha sido siempre.
También la recordamos vistiendo amorosamente a María, su segunda nieta. Era la abuela más feliz del mundo. Cuando coincidían las dos familias ella siempre estaba atareada con los nietos, aunque no perdía la ocasión de mostrar su cariño y su interés por todos.
Al poco tiempo llegó Patricia, y abuela Antonia tuvo que empezar a dividirse para dar cariño a todos sus nietos, era una mujer realmente feliz al verse rodeada de sus nietecitos, a los que se unió muy pronto Antonio, el cuarto. Antonia debía de sentirse muy feliz al saber que su nieto tenía el mismo nombre que su padre.
Pero la vida aún le deparaba dos maravillosas sorpresas más, los hijos de su Rafael: David y Rafael. Quizás ya no se podía pedir más.



 Antonia y sus seis queridos nietos en la puerta de su casa


La vida le jugó una terrible mala pasada en 2001, cuando murió su querido Cristóbal. Superó como pudo su pérdida, rodeada y apoyada por sus hijos y sus nietos. Y desde entonces a ellos ha dedicado su existencia.
A menudo pensamos que el mayor tesoro de unos padres es, por descontado, la familia. Y Antonia ha debido de sentirse, siempre, privilegiada. Porque su familia ha estado siempre unida, sus hijos se entienden de maravilla, se han organizado para cuidarla, para acompañarla, para ocuparse de que nunca le faltara ni gloria.
Y los nietos sienten un grandísimo respeto y un gran amor por su abuela. Han vivido en sus casas ese amor y ese respeto desde siempre. Hoy hemos podido verlos a todos como siempre, unidos, cercanos.

Los últimos momentos de Antonia han sido como toda su vida: felices, discretos, silenciosos y con sus hijos. La muerte le ha sorprendido en casa, y nos ha dejado a todos un poco más solos, un poco más abandonados.
Las personas buenas dejan un hueco difícil de colmar, y Antonia ha sido toda su vida una persona buena y cariñosa.
Hoy será un día triste. El entierro tendrá lugar a las doce y media, y tendremos la ocasión de despedirnos de esta mujer que ha sido un ejemplo y un modelo a seguir toda su vida.
Te echaremos de menos, abuela Antonia, siempre has sido y serás una mujer muy querida. 



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jueves, 23 de julio de 2015

Juegos de niñas, juegos de niños

 Niños y niñas jugando a la pelota en el Salto de al Mora
Ubrique, 1963
¡Vivan los zapatos Gorila!





Por Esperanza Cabello

El tiempo pasa y poco a poco vamos perdiendo la memoria de las enseñanzas, los cuentos, los juegos de los más pequeños. Nuestros padres jugaron con nosotros a mil cosas diferentes, y los niños nos entreteníamos con mil y una cosas inventadas o heredadas de nuestro mayores.
Hoy hemos encontrado un listado simple en un cuaderno de nuestra madre. Es un cuaderno de hace más de treinta años, quizás de sus primeros momentos de abuela, y en él están escritas, además de muchas palabras y expresiones ubriqueñas, un par de listas con los nombres de muchos juegos infantiles.
Nos suenan casi todos, de algunos conocemos el funcionamiento, de otros las canciones... Pero hay algunos que no nos dicen nada, ni siquiera tenemos idea de qué tipo de juego tradicional era.
Copiamos los dos listados tal cual, y en entradas posteriores intentaremos recuperar el funcionamientos de estos juegos o al menos la explicación.


JUEGOS DE NIÑAS
- Al esconder
- Al tú la llevas
- Hilo negro (frío, frío)
-Comba
-Carro
- Estampitas
-Yo tengo un par (un castillo)
- Anivela
- Juego de tres (pelota)
- Juego de matar (pelota)
- Muditos
- Prendas (Antón pirulero)
- Chincho chinchorro
- Moros vienen
- Columpio
- Tocadé (Rayuela)
- Diabolo
- Teja que teje
- Casitas
- Tiendas
- Matanzas (con las tunas)
- De reja en reja (candela)
- Salvar a los compañeros
- Estatuas
- Recotín, recotán
- Paquetes
- Pollito inglés
-Tabas


Niños y niñas jugando a "Policías y Ladrones"
Ubrique, calle Matadero, 1969



JUEGOS DE NIÑOS
- Guardias y ladrones
- Marro
- Burra "paría"
- Piola (Pídola)
- Los Barriles
- Cochecito Lerén
- Maquiné
- Trompo
- Bolindres
- La guerra
- Los Indios
- Carro de madera
- Cajillas
- Orquesta
- Pelotas de trapo y papel
- Cigarrillos de matalauva (malalahúga)
- Juegos con restos de gamones
- Ché
- Platillos (chapas)
- Muditos
- Cadena
- Palique
- Sombras chinescas
-Bares (con palodú)

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miércoles, 22 de julio de 2015

Don Miguel Reguera Bohórquez

Don Miguel Reguera Bohórquez en 1928
Padrino en la boda de su hija Isabel



Por Esperanza Cabello

Comenzar la historia de un gran ubriqueño, honestísimo y ejemplar, puede resultar muy gratificante, en primer lugar porque vas conociendo poco a poco a un personaje cuya memoria se va difuminando para los que no lo conocimos, y en segundo lugar porque son tantos los lugares en los que puedes investigar que esta búsqueda se convierte en un fantástico rompecabezas al que, finalmente, podemos ir dando forma.
Hoy queremos hablar de la figura de don Miguel Reguera Bohórquez, que fuera secretario de nuestro ayuntamiento durante la primera mitad del siglo XX, un hombre que tuvo a gala la honradez, la integridad y el espíritu de servicio y trabajo, pues se mantuvo en activo hasta pasados los setenta años.

Hemos tenido cierta dificultad para conseguir datos y documentos sobre este ubriqueño tan representativo, aunque hemos contado con la inestimable ayuda de su nieto, Miguel Coronel Reguera, que nos ha hablado de su vida y nos ha enviado dos imágenes valiosísimas. También hemos contado, como en tantas ocasiones, con la colaboración de Manuel Zaldívar, que ha rastreado a la familia Reguera en el Censo del  Archivo Municipal casi cien años, desde 1850.

Su abuelo paterno era Miguel Reguera García, casado con Ana Vegazo Flores. Según consta en el Archivo Municipal, la familia Reguera Vegazo vivía en 1850 en la calle San Pedro. 
En ese año el padre tenía 56 años, la madre 42, y la familia estaba compuesta por cinco hijos: Miguel, de 23 años; Francisco, de 19; José, de 10; Josefa, de 8 años y Teresa, de 7



La familia Reguera Vegazo en 1850, calle San Pedro
Archivo Municipal de Ubrique
Gentileza de Manuel Zaldívar.


Miguel Reguera Bohórquez había nacido en Ubrique, en el número 18 de la calle del Agua en 1867, su padre, Miguel Reguera Vegazo, tenía una armona, era fabricante de jabón.
Su madre había muerto muy pronto, y Miguel había vuelto a casarse con otra ubriqueña, María Benítez Gálvez.


AHMU en Family search

Según consta en el padrón de habitantes de 1873, en la calle del Agua número 18 vivía una familia compuesta por Miguel Reguera Vegazo, de cuarenta años, el cabeza de familia, de profesión fabricante de jabón;  María Benítez Gálvez, de veintisiete años, y cuatro hijos: tres del primer matrimonio y una pequeña, hija de Miguel y de María.
Son José Reguera Bohórquez, de doce años, Ana Reguera Bohórquez, de siete años, Miguel Reguera Bohórquez, de cinco y Josefa Reguera Benítez, de un añito.
 

Quince años más tarde Miguel, con veinte años, participó en la Guerra de Filipinas, en la batalla de Manila, donde fue herido.
Según su nieto, Miguel Coronel:

"El 18 de Noviembre de 1899 mi abuelo Miguel recibió de Doña Maria Cristina, Reina Regente de España por la minoría de edad de su hijo Don Alfonso XIII, el nombramiento de Caballero de la Orden del Mérito Militar de Primera Clase por su heroica Conducta y las heridas recibidas en la defensa de Manila...Por causa de las mismas y en 1912 pasa al Cuerpo de Mutilados a los 45 años con el Grado de Teniente Coronel."


 Nombramiento como Caballero de la Orden de Mérito Militar de Primera Clase
Otorgado al ubriqueño don Miguel Reguera Bohórquez


De regreso a Ubrique, reconocido como héroe, se casó en 1898 con el  amor de su vida, Ana Reguera Zarco (nacida en marzo de 1865, dos años antes que su primo Miguel), con quien formó una gran familia.
El primero de los hijos, Miguel, nacería en Octubre de 1899; el segundo, José, en 1901; el tercero, Rogelio, en 1902, y la cuarta, Isabel, en 1904. Según consta en el censo del Archivo Municipal que nos ha enviado Manuel Zaldívar.


La familia Reguera Reguera en 1910
AHMU Gentileza de Manuel Zaldívar


Aunque en el censo de 1910 consta como "militar retirado", sabemos que en Ubrique fue nombrado Secretario del Ayuntamiento y encontramos su firma en cientos de documentos, hemos comprobado al menos desde 1906 y hasta 1941:


Formó parte de la Junta Local de Primera Enseñanza, que se constituyó el uno de abril de 1908 (en este enlace),  de la Junta de la Fiesta del Árbol, en 1914 (en este enlace); en la feria de 1918 también formaba parte de la Corporación Municipal que trajo los fuegos artificiales para la feria, de la empresa José Gassin, (en este enlace). Continuaba siendo secretario del Ayuntamiento a principios de los años veinte, según consta en el anuario (en este enlace).
Conservamos una nota con su esmerada caligrafía que enviaron unos cuantos amigos y compañeros a don Roque de Piña en 1919 deseándole un pronto restablecimiento:


 Miguel Reguera, Antonio Álvarez, Humberto Janeiro, 
Naranjo, Emilio Reguera, F. García Reguera
16 de julio de 1919



 Miguel Reguera ya era viudo en 1910, y no sabemos exactamente en qué año se casó con su segunda mujer, doña Felisa Carrasco Reguera, 23 años más joven que él, aunque sí sabemos que el primer hijo de ambos, Juan Reguera Carrasco, nació en 1914. Después nacerían Rafael, en 1916, y Ana, en 1921.
En 1924 don Miguel Reguera y su familia vivían en la calle Deán García Sarmiento (la calle del Perdón), en el número 40, la que sería a partir de entonces la residencia familiar:


La familia Reguera Reguera/Carrasco en 1924
AHMU Gentileza de Manuel Zaldívar


Don Miguel Reguera continuaba con su labor de Secretario del Ayuntamiento de Ubrique, cargo que mantuvo al menos hasta 1941. Por otra parte se empeñó en dar estudios a sus hijos varones, Miguel estudiaba derecho en Madrid, mientras que José y Rogelio estudiaban en Sevilla en 1924. El sueldo de don Miguel era, en 1924, de 4.500 pesetas anuales.



El 7 de septiembre de 1925 el Presidente del Directorio Militar , Don Miguel Primo de Rivera , en nombre del Rey le concede la Medalla del Homenaje en atención a los Servicios prestados a la Patria y a la corona.


En 1928 se casó su primera hija, Isabel Reguera, con don José Coronel, un joven apuesto y muy bien preparado que había llegado a Ubrique. Tenemos una imagen de esa boda, en la que Miguel fue padrino de su hija.

 Boda de José Coronel e Isabel Reguera
Ubrique, 23 de octubre de 1928

 La boda fue tan sonada que pudieron ver las fotografías  en las publicaciones de la época. Isabel viviría  muy feliz junto a su marido y sus cuatro hijos los años siguientes, pero la familia sufrió de nuevo el zarpazo de la muerte y Miguel se vio obligado a despedirse de su queridísima hija demasiado pronto. Isabel murió en 1933, con 27 años solamente. Aunque José volvió a casarse, Miguel se sintió siempre muy cercano a aquellos niños, sus nietos, y los recuerdos de su nieto Miguel están impregnados de la imagen de su abuelo, hombre íntegro y de gran valía, reconocida por todos. Una auténtica personalidad en el pueblo.


En 1935 volvemos a encontrar a la familia en la calle Deán García Sarmiento. Ya solo vive con ellos uno de los hijos del primer matrimonio, Miguel, que es abogado, y los tres hijos pequeños: Juan, Rafael y Ana.

La familia Reguera Reguera/Carrasco en 1935
AHMU Gentileza de Manuel Zaldívar

Don Miguel continúa trabajando, a pesar de haber cumplido ya los 68 años, sigue siendo el secretario del ayuntamiento de Ubrique, implicado en grandes labores sociales y dedicado al servicio  de los ubriqueños.
Podemos encontrar su firma al menos hasta 1941, por lo que, si había nacido en 1867, estaba trabajando con al menos 74 años.



Firma de Miguel Reguera en los libros de censo de 1940 y 1941
AHMU Gentileza de Manuel Zaldívar


Para nosotros es increíble pensar que alguien con más de 74 años, que ha vivido varias guerras, que ha tenido una vida tan dilatada y tan impresionante, siga en activo, además en un puesto de tanta responsabilidad como es la secretaría de un ayuntamiento. Don Miguel debió de ser un ejemplo de entereza, de voluntad y de carácter.

Murió con ochenta y nueve años, después de haber sobrevivido a su primera esposa y a sus hijos Isabel, Rogelio y Rafael. Hemos encontrado su esquela en el diario ABC.



Muerte de don Miguel Reguera Bohórquez, 
el 14 de septiembre de 1956

También hemos encontrado su tumba 
en el cementerio de San Bartolomé


Su muerte coincidió con la feria de Ubrique, precisamente el día de los fuegos artificiales que él mismo había contratado por primera vez para el pueblo en 1918 (en este enlace), y fue una muerte muy sentida, no solo en el ámbito de su extensísima familia, sino por todo el pueblo para el que había estado trabajando durante casi toda su vida.
El ayuntamiento, en agradecimiento, le dedicó una calle, justo una de las antiguas calles de entrada a Ubrique, la que va desde el Convento a los Nueve Caños, y a finales de los cincuenta colocaron esta placa en el muro de piedra que sustenta la conocida como "huerta de las monjas", precisamente el lugar desde el que en los años sesenta se lanzaban los fuegos artificiales:





Recientemente el ayuntamiento ha rotulado de nuevo las calles, y ahora podemos leer, en una inscripción sobre cerámica en la pared del convento de capuchinos, "Avenida de Miguel Reguera"




Pensamos que en cada una de las calles de Ubrique dedicada a hijos del pueblo debería existir un panel explicativo para que todos conozcamos quiénes han sido estos ubriqueños cuyo trabajo se ha reconocido.
Don Miguel Reguera Bohórquez ha dejado tras de si la estela que dejan las grandes personas: el recuerdo y el agradecimiento del pueblo por su trabajo y el cariño y el aprecio de los que lo conocieron y lo quisieron, sus amigos y su gran familia.


Agradecemos a Miguel Coronel y a Manuel Zaldívar su ayuda para poder esbozar la biografía de este ilustre ubriqueño.


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