domingo, 14 de julio de 2019

Doña María Gracia de los Ángeles Caballero Fernández, “Ángeles la Ratita” cumple 90 años.

La familia de Ángeles Caballero con su puesto de barquillos
Ubrique, años sesenta
Fotografía recompuesta por Salvador Romero Venegas






Por Ramón Trujillo Zurita



Doña María Gracia de los Ángeles Caballero Fernández, “Ángeles la Ratita”, nace en el pueblo sevillano de Lebrija el 29 de abril del año 1929. Era la mayor de tres hermanos. Casada con José Luis Fernández Guzmán, llega a Ubrique con su marido y sus hijos por trabajo, ya que se ganaban la vida como feriantes.
Tenían seis hijos: maría de los Ángeles, José, Antonio, Manuel, Natividad de Regla y Esperanza de la Cruz.
                Con la Guerra Civil y la enfermedad de su madre, Ángeles tuvo que empezar a trabajar desde muy niña para poder comer. Trabajaba limpiando casas y también ayudaba en el matadero, donde le daban un poco de carne para que se la llevara a su casa.


 Junio de 2019


                Ángeles trabajó con su marido por muchas ferias de nuestra Andalucía, llegó a Ubrique y estuvieron viviendo más de cuatro años en un “tirapichón” hasta que se hundió el tejado, en ese tiempo uno de sus hijos nació en el “tirapichón”, con la ayuda de sus vecinas.
                La Junta de San Vicente les dio una casa en la barriada del Sacrificio, en la calle Guadalquivir. Es la “casa” en la que actualmente vive con sus hijos, aunque en realidad eran cuatro muros de no más de un metro de alto y sin techo. La fueron arreglando poco a poco con mucho esfuerzo. Levantaron una planta y le pusieron el agua y la luz. La cama se la regaló el practicante Antonio Ríos Núñez.
                Ángeles se ganaba la vida con sus piruletas, sus bastoncillos de caramelo, paletas de colores, la papita de canela y los barquillos de canela con azúcar tostada.
                Ella ponía sus cosas en la plaza de Francisco Fatou y Lucas, junto  la parroquia, enfrente de la antigua plaza de abastos.
                Pero si por algo es conocida Ángeles es por el juego de “la ratita”, de ahí le viene su apodo.


 Septiembre 2002, Ubrique
El juego de la ratita con fines benéficos

 

El juego consistía en una pequeña plaza de toros con cajones ovalados, y en cada entrada tenía una carta de la baraja española. La gente apostaba por una carta. Después echaba una ratita en medio de la plaza y donde la rata entraba esa era la carta que ganaba. El premio eran paquetes de galletas, piruletas y algún que otro pequeño regalo.
                “¡Ya está la rata debajo la lata!” Esa frase era la que repetíamos todos los niños.
                En los primeros belenes vivientes de la Asociación “Plaza de la Verdura”, ella y su hija María hacían piruletas y bastoncillos para colaborar con su venta recaudando dinero.
                Ya jubilada se dedicó a actuar con un grupo de teatro de Ubrique, con su hija. Haciendo de actriz nos ha hecho pasar muy buenos ratos de risas con su simpatía y desparpajo en el escenario.
                Aunque Ángeles no ha tenido una vida fácil ni en su juventud ni de mayor, por desgracias de la vida, tuvo que sobreponerse a la muerte de un hijo con solo tres años, y a la de su marido, que la dejó con seis hijos, teniendo el mayor solo catorce años. Ahora en su madurez ha perdido a tres de sus seis hijos y a un nieto.

 Paseando por Ubrique el pasado mes de junio

 

                Pero esta mujer es una luchadora incansable de la vida, aunque con su enfermedad no se da cuenta de los palos que le ha dado la vida, aún sigue viviendo con sus paseos por las calles de su querido pueblo de Ubrique.
                Ángeles, muchas felicidades en tu 90 cumpleaños, y que sigas con esa alegría, a pesar de todos tus avatares.



Ramón Trujillo Zurita
Ubrique, 16 de junio de 2019


 Nota de la editora: Nuestro agradecimiento a Salvador Romero Venegas que es capaz de hacer verdaderos "milagros" con las fotografías deterioradas por el paso del tiempo. Gracias, amigo

miércoles, 26 de junio de 2019

La tienda de "la Facana", por Robustiano del Canto

Por Esperanza Cabello


Agradecemos a nuestro amigo Javier Sánchez que nos haya enviado este recorte del Periódico de Ubrique de 1999 con un artículo de opinión de Robustiano del Canto sobre la calle Botica.
El recorte está dedicado y firmado por el propio Robustiano:

A la familia de Dª Remedios Pozo, sus hijos Javier, Tere y Ana, con mi deseo les agrade "Cómo es la Historia"; cómo me acuerdo de ir a la tienda de "la Facana" que mujer más buena, y el que no tenía dinero ella le regalaba comestibles; es que era popular, un amigo de todos. Ubrique, 5 de Septiembre de 1999. Robustiano"



Con este artículo termino la serie de esta calle. Habría que hacerlo más amplio pero lo voy a reducir a lo más necesario. Porque en mi libro de las petacas ya hice muchas referen­cias a tantas fábricas que había en esta calle. Quiero exponer que había tiendas y bares de fama muy popular desde 1890 a 1940. Ya escribí del gran taller de Don Juan Roldán, don­de daba cara a la calle y en una cris­talera había un anuncio que decía: “Petaqueros, petaqueras, si quieres ganar más vente a la petaquería de Roldán porque tiene trabajo bastan­te. Aprendices y costureras, vente para aprender. Hay coladores de las petacas, aunque se cosan "fulleretes" con el tiempo aprenderéis".
La juventud tenía dos bares donde había mesas de billar, el de Andrés Ramírez y el de don Camilo Álvarez donde nunca faltaba gente. Y hablan­do de tiendas, la de “la Facana", donde en aquellos tiempos por quin­ce céntimos daban una copa de anís y una tortita de morón para matar el gusanillo, y no solamente eso: el ma­ñaneo ya empezaba y ya ella tenía preparados en sus sobrecitos los diez céntimos de azúcar y los quince cén­timos de café para empezar el maña­neo el ama de casa. Tienda muy so­corrida y muy antigua, pues por su estratégico sitio de aquí se surtían lo que llamábamos antes los ultramari­nos.
¡Qué tiempos aquellos!, donde sus posadas y fondas siempre estaban llenas, la de Cañaílla la de Arriba y la de los Romero. Yo, de pequeño, a la entrada de cada posada veía en ferias más caballos que nunca, y los atavíos de las bestias servían para echarlos al suelo, y sus dueños alrededor de la lumbre se acostaban sobre ellos. Había otras pensiones más modestas como la de Remedios Arena y María Montesdeoca (la Seisdedos). En tal calle sólo existió una sastrería, de don Cayetano Paradas, que para que hicieran un traje para la feria al individuo que le llevaba el corte de tela, tenía que esperar más de tres meses, porque si no, no tenía el traje para la feria.
La casa de más importancia fue en sus tiempos de don Manuel Arenas “el Americano", y que él hizo nueva (hoy, casa de Bartolomé “el Practi­cante"). Esta casa caía a la parte tra­sera a la calle que hoy llamamos “Sin salida”, pero realmente esto fue pos­terior, porque siempre se le llamó “Callejuela de Manuela Reina". Tal calle tenía salida por la parte de arri­ba por unos patios amplios donde sa­lía y pasaba la arriería hacia lo que llamamos la calle “Los Solanos". En la entrada de la casa a la que hago mención, hubo un molino de aceite, cuyo dueño vendía en un despacho que tuvo en la calle Botica.
El sitio que se autorizaba entonces para poner la feria era la Plaza de La Verdura, y por todas estas calles mencionando la calle Botica, la calle El Agua, Plaza de Colón y Real, se hacía el Real de la Feria, y se adornaba poniendo de pie unas vigas mientras hacían unos arcos con palmeras y con lentiscos. La feria se celebraba en la Plaza del Ayuntamiento también, con el tablado que ponían para los músicos, la gente bailaba alrededor de la Plaza, porque aquí había muchos bares y si­tios donde daban realce a la feria por sus variadas tapas.
Si veis unos cuadros antiguos en el sitio de La Perla, veréis que lo que in­formo es verídico, y más al comienzo de la llegada a Ubrique de la luz eléctri­ca. Yo me pregunto: ¿cómo han cam­biado las cosas?
¡Qué bonito es nues­tro actual Real de la Feria con su arco levantado junto a la estatua del petaquero y petaquera! Hoy se disfruta mucho más que antes, y el dinero co­rre como la pólvora.
 Desde estas líneas, os invito a que os merezcáis estos festejos, porque el ubriqueño en todo el año trabaja mucho. El Ayun­tamiento hace una feria excelente y le felicito. Y ya termino con unas pa­labras que pone en su artículo la es­critora Doña Francisca Larrea en 1824: “Vinimos a casa bastante can­sadas de las cuestas y mal empedra­do de la calles".[1]


[1] Doña Frasquita Larrea se hospedaba, en 1824, en las casas grandes de La Trinidad, por lo que debía pasar por la calle Botica habitualmente.

sábado, 22 de junio de 2019

La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 6


LAS PRIMERAS PETACAS DE UBRIQUE
Los primeros fabricantes de petacas ubriqueños, Vecina, Aragón, Villalobos y Rivero, tuvieron a bien estampar en sus creaciones sus nombres, la fecha y todos los datos posibles.
La primera referencia archivística a petacas de Ubrique está en el Archivo de Jerez, con el número 175, y con fecha de  28 de abril de 1858,  consta que don José Félix Aragón, de Ubrique, entregó: "Seis muestras de petacas de cueros de diferentes tamaños de la fábrica del espositor en Ubrique."

La petaca más antigua que se conoce con la fecha estampada es de 1857, el fabricante, José Aragón, estampó su nombre, el nombre de nuestro pueblo, el de su cliente, la fecha (1857) y el precio (18 reales).

En los anuarios dedicados al comercio y a la industria encontramos curtidores en Ubrique desde el primer momento, pero los primeros fabricantes de petacas aparecen en 1882: Basilio Aragón, José F. Aragón, Doroteo Rivero y Antonio Villalobos.
La primera vez que hay referencias escritas en la prensa a petacas de Ubrique es en El Heraldo de Madrid, del 14 de junio de 1905.
Manuel Cabello situaba las primeras petacas alrededor de 1820, algo que no es de extrañar, pues la calidad de la primera petaca firmada de Aragón nos hace pensar que detrás de ella hay muchos años de trabajo, costura y diseños, además de una buena trayectoria en la fabricación de petacas.

La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 5


EL PAPEL FUNDAMENTAL DE LA MUJER EN LA FABRICACIÓN DE LAS PRIMERAS PETACAS Y PRECISOS



Nuestra marroquinería tiene su origen, indudablemente, en el mundo de la zapatería y guarnicionería. De la fabricación de piezas grandes sobraban retales de cierto tamaño y al objeto de aprovecharlos, se comenzaron a hacer las petacas. Se confeccionaban con artísticas costuras al centro y alrededor y en estas costuras es donde las mujeres ubriqueñas derrochaban primores.

La primera mujer que trabaja en Ubrique el artículo de piel es la esposa de Ángel Becina, oriundo de Malta, la rondeña Ana Poley Ortiz. Llegaron a nuestro pueblo en 1795, procedentes de Ronda con su hijo Serafín y aquí nació su hija María.

 Los miembros de la familia Poley tuvieron fama en toda la comarca como inmejorables artesanos del cuero. El padre de Ana fue el más renombrado guarnicionero serrano del siglo XVIII.

En Ubrique la familia trabaja con mimo la piel y sus creaciones son únicas: zahones, botines, alforjas, cananas y correajes, a los que las mujeres de la familia ponen la nota femenina en forma de diminutos tallados, incrustaciones y bordados.

Llegan a Ubrique no muy sobrados de medios económicos. Doña Ana, aunque forastera, consigue granjearse pronto el afecto de sus convecinos. De exquisita bondad y excelente trato, recatada y de esmerada educación, llega a manejar el negocio con tanta soltura como su marido y se entiende muy bien con las costureras que ya comienzan a coser en las puertas de sus casas con los bojes.

Cuando éste fallece, sigue al frente del taller artesano, manteniendo y acrecentando la ya numerosa clientela, ayudada por su hijo Serafín, que contrae matrimonio con Beatriz Rodríguez el 8 de marzo de 1833.


La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 4


LOS BOTINEROS DE UBRIQUE
En Ubrique la industria marroquinera tuvo un claro precedente: la fabricación de zapatos y la guarnicionería. La piel curtida era idónea para las suelas y las más delicadas para el cuerpo del zapato.
La primera botinería que hubo en nuestro pueblo fue la de don Serafín Vecina Poley, en el número 47 de la calle Real de Ubrique, y eran reconocidos sus productos por su calidad y diseño. Se cree que este taller dio origen a nuestra acreditada industria local de artículos de piel.
"De Ubrique son mis botines
Son de la piel lo mejor
Becina me los hizo
Para que los use yo
De Ubrique la piel y el contrabando
Y de las buenas petacas de cuarterón 
De Becina y Aragón, el galardón.
Ubrique, pueblo mío
Yo a mi serrana dejé
Huyendo del contrabando
Mis petacas olvidé.
La manta de Grazalema
Llevaban los bandoleros
Y de Ubrique, sin dilema,
Los botines y el sombrero."

En Ubrique hubo magníficos zapateros en todas las generaciones: el maestro Pepe Piñero de la Rosa, Candelaria la Zapatera, Juan María Mateos, José Esquivel, Carretero, Rivera... y todos ellos contribuyeron a agrandar el prestigio de Ubrique.