martes 10 de noviembre de 2009

La carta de Cayo, el Ocurritano

El Salto de la Mora, 1973
Primeras excavaciones
Foto: E. Cabello


NOS HA LLEGADO UNA CARTA

Antes de dar paso a la carta voy a contar una historia:

Sobre el año 1800 un agricultor ubriqueño encontró junto al pueblo las ruinas de una ciudad romana y en ella un par de lapidas en las que ponía supuestamente el nombre de dicha ciudad, Ocuri, pero resulta que algún historiador transcribió la lapida erróneamente como Ocurri y así ha permanecido durante doscientos años.

Después los ubriqueños le añadieron una s y quedó Ocurris . El “problema” es que cuando se quiso usar otra vez el que se supone el nombre verdadero, ya existían en Ubrique el hotel y la escuela taller Ocurris así como muchos libros y escritos.

Y sobre todo lo teníamos metido en la cabeza. Mi padre, como historiador (el que recoge historias) siempre la llamó Ocurris y yo como hijo de mi padre y alumno de la escuela taller Ocurris… pues ya saben.

Leandro Cabello Izquierdo

P.S.:Prueben a pronunciar Marrufo, Berrueco o Barría, lugares de alrededor, con una r ¿A que no les suena normal?

Y ahora, podemos leer esta carta tan explicativa...



La carta de Cayo
Pinchar para ampliar




lunes 9 de noviembre de 2009

Los Amarillos de Ubrique

El precursor de Los Amarillos: El primer autobús de línea
Ubrique-Ronda en Las Cumbres
Fotografía recuperada por Esperanza Cabello
(Nota: la placa de matrícula: MA 4460, corresponde al año 1930)


¡Hay que ver la dependencia que tenemos de los coches! El martes se me averió el mío y lo llevé al mecánico. Al día siguiente resulta que tenía que ir a Sevilla pero me dijeron que era imposible arreglarlo pues tenían que pedir una pieza, total que se me vino el mundo encima.

De broma, incluso le pregunté al mecánico si en Ubrique alquilaban vehículos para que viera lo desesperado que estaba . Se me pasó por la cabeza hacerle el compromiso a alguno de mis hermanos o amigos (con los que no tendría problema) pero en aquel momento tuve una idea, podía ir en Los Amarillos.

La verdad es que hace mucho tiempo que no me monto en Los Amarillos. De modo que al día siguiente estaba en la taquilla comprándole mi billete a Miguel Carvajal (a continuación viene la explicación por lo que estoy escribiendo esto). Miguel, al que conozco desde hace mucho tiempo, me dijo que entrara en la oficina. La verdad que esto me extrañó, pero una vez dentro me enseñó unas fotografías de autobuses antiguos que había encontrado en este blog y otras que él va recopilando por ahí.

Los Amarillos
Ubrique-Ronda
(La placa de matrícula SE 15281 corresponde a 1933)




También me habló de la foto de los Manolos de la familia y la entrada que hizo mi hermana Esperanza, también en este blog, donde aparece su cuñado Manuel Janeiro Carrasco.

Ya montado en el autobús y como en éstos da tiempo para pensar, me vinieron a la cabeza la multitud de viajes que hice en los cinco años que estudie en Cádiz, en la tristeza que me entraba con catorce años al tenerme que ir a las seis de la mañana y la alegría que me daba cuando volvía los viernes.



La Manga de Villaluenga
Foto: Leandro Cabello

Nuestra madre se fue a estudiar a Ronda con diez años, en el año 42, y tuvo que ser muy difícil. Al principio hacía el viaje como podía, hasta que se instauró la línea Ubrique-Ronda.

Ella cuenta que tenía como referencia , tanto a la ida como a la vuelta, la "cunita", una casa en ruinas que está pasado Villaluenga. Ella la veía como una cuna. Empezaba a verla pasada la Manga y tardaba muchísimo tiempo en hacer el kilómetro que tenía que recorrer para ponerse a su altura. Cuando venía a Ubrique, siempre estaba deseando ver la "cunita", que anunciaba que el pueblo estaba cerca.


La cunita

Foto: Leandro Cabello

Cuando mis hermanos empezaron a estudiar en Ronda también iban en Los Amarillos todos los lunes, y volvían los viernes. También veían la "cunita", pero entonces el viaje era mucho más rápido.

Ahora, casi setenta años después de los primeros viajes de nuestra madre, la cunita sigue igual, le falta un "cabecero" y, lo que parece mentira, la carretera sigue siendo la misma.



La Cunita
Foto: Leandro Cabello


La próxima vez que algún guasón me pregunte si hace mucho tiempo que no me monto en Los Amarillos (sinónimo ubriqueño de hacer la caidita de Roma) le diré que la verdad es que no, que no hace mucho.


Leandro cabello Izquierdo, noviembre 2009


sábado 7 de noviembre de 2009

Leandro Izquierdo Rivera: la increíble historia de la doble muerte de nuestro abuelo

Leandro Izquierdo y su socio
Tomás Bueno Ortíz de Azcárate,
Sevilla, 1935




Hoy hace veintiún años que murió nuestro abuelo Leandro, y hoy es también el aniversario de la casualidad más increíble que podría ocurrirle a una persona.

Leandro Izquierdo, don Leandro, murió el siete de noviembre de 1988 en Madrid, a causa de un fallo respiratorio, después de una vida intensa y muy poco "normal". Fue un mazazo para toda la familia, que, a pesar de su edad y de haber superado una operación recientemente, no esperaba esta muerte.


Esquela de Leandro Izquierdo
Recorte del ABC


Ya hemos contado anteriormente que nuestro abuelo había nacido en Ubrique en el "Portichuelo", cerca de la Trinidad, sus padres, Francisco y Antonia, tenían un refino y varios burros para el transporte de mercancías (nos gusta decir que nuestro bisabuelo era arriero). Desde muy joven se hizo cargo de las riendas de la familia y, casado y con cinco hijos en el mundo, era su propio representante de artículos de piel. Había comenzado con Emilio Santamaría y muy pronto se puso a parcerías con su tío Luis Piñero y con el socio Tomás Bueno.

Leandro intentaba vender sus artículos en todos los comecios de calidad que se preciaran: camiserías y tiendas de lujo en toda España.

Cuando empezó la guerra civil, Leandro estaba en Madrid, intentando abrirse paso en la capital. Parece que alguien que no lo quería bien dió su nombre, y terminó rápidamente en la cárcel Modelo.
Como él decía siempre, "... ni sé porqué me metieron, ni sé porqué me sacaron."
Nos contaba que la vida en la cárcel fue horrorosa, había demasiada gente, todos hacinados, mezclados unos con otros, comiendo a veces sí, a veces no, sin orden ni concierto. Pasados unos meses, empezó a haber menos gente en la cárcel. Un día se llevaron a unos cuantos presos, y esa noche, alguien le dijo: "Cuando te llamen, no respondas"
Era uno de los responsables de la prisión. La mañana siguiente comenzó de nuevo la saca, y empezaron de nuevo a llamar a los presos. Cuando le llegó el turno, nuestro abuelo no contestó, lo llamaron de nuevo, y su "amigo" dijo: "A ese ya nos lo llevamos de los primeros".
A partir de ahí siguió su odisea en la cárcel, se puso muy enfermo, de pulmonía, y estuvo a punto de morir por esa enfermedad.
Un día, sin más, salió. Aún duraba la guerra y se refugió en una fonda, concretamente en la Pensión de Doña Lola, en la Plaza de las Cortes, número 3, en la que se han seguido hospedando ubriqueños muchos años después. Consiguió hacer saber a su familia que estaba bien por medio de unos amigos que estaban en Galicia, las noticias iban de una punta a otra del país. En esta pensiónse quedó el resto de la guerra, sin meterse en ningún conflicto.

Cuando las tropas llegaron a Madrid, Román, uno de los panaderos de Ubrique, iba a ir con su camión cargado de pan a abastecer la capital. Nuestro bisabuelo Francisco, padre de Leandro, le dió al panadero sus señas y le encargó que lo buscara y lo trajera de vuelta.
Presa de una gran impaciencia, Francisco no pudo esperar y aprovechó la primera oportunidad que tuvo, dos días más tarde, para ir a Madrid a buscar a su hijo. No tenía noticias de él desde hacía más de seis meses.
En el camino tuvieron que parar en Valladolid a hacer noche , porque el viaje era demasiado largo. Al entrar Francisco en el hotel, mientras estaba esperando que le dieran habitación, oyó que lo llamaban: ¡¡¡Era Leandro!!! La casualidad había hecho que padre e hijo se alojaran en el mismo hotel la misma noche.

Nuestra madre cuenta unas historias escalofriantes del momento en que vio aparecer a su padre por la calle de las Ánimas, ella tenía siete años y hacía tres que no veía a su padre, llegaba muy delgado y consumido, con algo de barba y muy cansado.

Hasta aquí la primera parte de la historia. La segunda empieza el día en que nuestro tío Leandro leyó un libro de Ian Gibson: "Paracuellos, cómo fué"



Portada del libro de Ian Gibson

Este libro es un intento del hispanista de aclarar qué sucedió realmente en las matanzas de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. Ian Gibson defiende que es necesario saber qué pasó durante la guerra con tantos muertos de un bando y de otro para la salud de la nación.
Comienza el libro con un relato de Ricardo Aresté, alcalde (en 1983) de Paracuellos. Él tenía 19 años en 1936, y se acercaba a abrir la tienda muy temprano cuando, a las ocho de la mañana del siete de noviembre, vio que llegaban tres autobuses de dos pisos con presos (eran los autobuses "londinenses", de los que se usaban para el transporte público en Madrid), los presos, atados, iban bajando, y allí, con armas automáticas, los mataban.
El mismo horror se reprodujo al día siguiente, y siguió después.
Esto que cuenta Ricardo Aresté es exactamente de lo que se libró nuestro abuelo cunado no respondió a la llamada de la saca en la cárcel.

Es un libro muy interesante, claro y bien documentado, en el que se incluyen entrevistas muy cuidadas y varios apéndices que nos han llamado poderosamente la atención:


Ian Gibson: "Paracuellos, como fue" Apéndice 1

Este apéndice es la lista nominal de presos sacados de la cárcel Modelo el 7 y 8 de noviembre de 1936, esos que fueron conducidos a Paracuellos y asesinados.
Si seguimos leyendo, y llegamos a la letra I, encontramos a nuestro abuelo:


Ian Gibson: "Paracuellos, cómo fue" En el listado de muertos aparece Leandro Izquierdo Rivera

Y esta es la realmente asombrosa y macabra casualidad: nuestro abuelo fue declarado muerto por primera vez el 7 de noviembre de 1936, y murió realmente el 7 de noviembre de 1988, cincuenta y dos años después de haber sido "fusilado" en Paracuellos del Jarama.
Si aquel "amigo" no le hubiera dicho que se callara, si no se hubiera "difuminado" en la cárcel el tiempo que continuó allí , si no hubiera superado esa pulmonía, nuestra vida nunca habría sido como fue.
Él nunca supo que había estado en esa lista, nunca leyó a Ian Gibson y nunca entendió porqué estuvo en la cárcel. Era un joven trabajador hijo de un arriero que luchaba por sacar adelante a sus cinco hijos.
Después de la guerra Leandro tuvo dos hijos más, José Luis y María Remedios, y muy pronto recuperó su fábrica, sus pieles y su negocio.


Nosotros, además, vivimos una historia muy especial aquel día. La noche en que murió nuestro abuelo, por insuficiencia respiratoria, la más pequeña de la familia, Julia, tenía sólo dos meses, y estaba muy enferma con tosferina. Estuvo muy malita, y aquella mañana mejoró de pronto increíblemente. Siempre hemos pensado que no sólo existen las casualidades... Gracias, abuelo.


Ubrique, 7 de noviembre de 2009

viernes 6 de noviembre de 2009

Cristóbal Rubiales García: nuestro tío-abuelo

Niños de la familia Rubiales disfrazados para el carnaval
Fotografía de principios del siglo pasado
recuperada
por Cristóbal Rubiales García


Hoy hemos tenido una visita muy interesante, nos hemos podido reunir con nuestra "tía" Pepa Rubiales y su hijo, Cristóbal Pérez Rubiales y hemos tenido la suerte de conocer un poco mejor a nuestra familia.

Cristóbal Rubiales García, padre de Pepa, nació en Ubrique en 1907, era hijo de Josefa García Angulo y José Rubiales Coveñas (hermano de Julia Rubiales Coveñas, nuestra bisabuela, la mujer de Manuel Janeiro Córdoba).

Josefa y José tuvieron varios hijos: Paco, Odón, Pedro, Isabel, Ángeles, Josefa, Cristóbal y Celia. Cristóbal tenía ocho años cuando su hermano mayor, Paco, se fue a Cuba, donde aún viven sus descendientes, a los que han recuperado hace muy poco tiempo.
El segundo hermano Odón, quería ser torero, y hacía todo lo posible por seguir con su profesión, pero su padre (José Rubiales Coveñas) era muy estricto, y no estaba de acuerdo con estos gustos de su hijo. Como Odón era muy obstinado, dijo a sus padres que se iba a Cuba con su hermano, aunque en realidad se quedó en España toreando.
Cuando su padre descubrió el engaño, lo obligó a irse a Cuba de verdad, e hizo el viaje con él para que no lo engañara de nuevo.
Al llegar a Cuba, José murió repentinamente, así que allí quedó enterrado. Pepa sigue conservando el estoque de su hermano Odón, que no tuvo hijos.


Los primos de Álora, a principios de siglo
Fotografía recuperada por Cristóbal Rubiales


Mientras tanto, la familia de Cristóbal familia se mantenía con el negocio familiar de los sombreros, tenían el taller de sombrerería y la tienda en la calle San Sebastián.
Cristóbal trabajó en el negocio familiar hasta que se casó, con Juana Maza Gallego (1917).
A partir de entonces Cristóbal trabajó como petaquero y cocinero. Cristóbal y Juana tuvieron tres hijos, José, Juan y Josefa, y vivían en la calle Real.

Nuestra tía Pepa nos ha contado que Cristóbal Rubiales García, nuestro tío-abuelo, era un hombre muy interesado por la familia, por recuperar los recuerdos, las historias y los objetos familiares, aficción que, para nuestra suerte, ha heredado su hija.

Las fotografías de esta entrada fueron recuperadas por Cristóbal en la casa de su padre, son todas de familiares, aunque, desafortunadamente, no podemos saber quiénes son.



Uno de los primos Rubiales
Principio de siglo
Fotografía recuperada por Cristóbal Rubiales


jueves 5 de noviembre de 2009

La Academia San José de Calasanz

Alumnos de la Academia de Enseñanza Primaria
"San José de Calasanz" Ubrique
Curso 1967-68

Manuel Cabello, como ya hemos dicho varias veces, comenzó profesionalmente en el mundo de la marroquinería, pero no estaba hecho para ese mundo, y muy pronto recuperó su auténtica profesión: Maestro.
Sus primeros pasos en el mundo de la enseñanza los hizo en su propia academia: la Academia de Enseñanza Primaria San José de Calasanz", que tuvo su primera sede en el número 60 de la calle San Sebastián. No eran muchos los alumnos que asistían toda la jornada, pero sí bastantes los que acudíamos a la "permanencia", todas las tardes.
Hemos recuperado esa fotografía casi histórica, en la que estamos muchos: Pepe, Paco, Miguel, Juan, Diego, Miguel Ángel, Mari Carmen, Manolo, Grego, rio, Serafín Francisco, Leandro, Juan de Dios, Esperanza, Bartolo, Juan, José Antonio...
También hemos encontrado un listado de los primeros alumnos. Nos parece muy interesante publicar los nombres, porque es la primera vez que conocemos a casi todos los integrantes de un grupo escolar, y son los siguientes:



Estos primeros cursaban 1º,2º y 3º de primaria:

  1. Miguel Ángel Cobos Burguillo
  2. Javier Troncoso Valle
  3. Manuel Pérez Díaz
  4. Miguel Leo Menor
  5. Juan de Dios Gómez Angulo
  6. Pedro Arenas Chávez
  7. Diego Candil Díaz
  8. Fernando Oliva García
  9. Juan Sevilla Ordóñez
  10. José Antonio Becerra Jiménez
  11. Félix Sánchez Coronil
  12. José Luis Piñero Castro
  13. Bartolomé González Esteban
  14. Francisco de Asís Cabello
  15. Manuel María Cabello
  16. Antonio Avelino Mateos
  17. Francisco Vázquez Sánchez
  18. Manuel Montes Reina
  19. Antonio Mena Delgado
  20. Juan Ortiz Orihuela
  21. Manuel Gómez Valle
  22. José Vilchez Padilla

Los siguientes venían a permanencia:

  1. Diego Guerra Cañamaque
  2. Andrés Chaves Melero
  3. Juan Carlos Domínguez García
  4. Serafín Ruiz Pulido
  5. Manuel Mena Márquez
  6. Juan Díaz Pino
  7. Miguel Pino Almagro
  8. Miguel Orellana Avelino
  9. Mª del Rosario Ramírez García
  10. Mateos Pérez Atienza
  11. José Domínguez Gago
  12. José Gómez Rodríguez
  13. José Peña Babero
  14. Juan Zurita Viruez
  15. Gregorio Cobos Burguillo
  16. Bartolomé Gutiérrez
  17. Diego Rubiales Chavez
  18. Juan Aguacil


Estos son nuestros primeros recuerdos escolares, la academia se trasladó muy pronto a la Escuela de Artes y Oficios, y allí había varias aulas. Casi todos los alumnos continuaron con Manuel Cabello y de esta academia salieron los primeros integrantes del Grupo 208 de Misión Rescate.

Esperanza Cabello, Noviembre 2009


martes 3 de noviembre de 2009

¿Tiene usted una cartera de Ubrique?


El trabajo de nuestro padre tuvo muchas repercusiones sobre Ubrique desde todos los puntos de vista. Consiguió llevar el nombre de nuestro pueblo a todos los rincones de la geografía de nuestro país no sólo como pueblo marroquinero, sino como un pueblo de tradiciones, cultura e historia que merecía la pena ser visitado y conocido.
Sus primeros pasos fueron en la marroquinería, primero trabajando en la petaquería de su padre, en la calle del Perdón, y más tarde llevando su propio negocio, en el número 60 de la calle San Sebastián, y, aunque no fue buen negociante y tuvo que cambiar el negocio de las petacas por la tiza, nunca olvidó sus orígenes y siempre estuvo investigando y recopilando información y material con la esperanza de montar algún día el Museo de la Piel y escribir un libro sobre la Historia de la Piel de Ubrique.
Hemos encontrado en su archivo un pequeño recorte de periódico, no sabemos de qué periódico (parece del Diario de Cádiz) ni de qué año (suponemos que de principios de los setenta), en el que se publica un artículo escrito por él mismo alabando el trabajo de los marroquineros y desgranando cuánta laboriosidad hay detrás de cada pieza hecha en Ubrique. Lo transcribimos a continuación:


UBRIQUE

¿TIENE USTED UNA CARTERA DE PIEL DE UBRIQUE?


¿No tiene usted ahí, a la mano, una cartera de Ubrique?

Yo quisiera decirle, lector amigo, con mis palabras, cuánto encierra esa pieza bellamente trabajada, dónde, cómo y quién la hizo.

Ubrique es un bonito pueblo andaluz, gaditano, lazo de unión de las tres provincias hermanas, Málaga, Sevilla y Cádiz. Si lo busca en el mapa es fácil encontrarlo. Está allí donde la provincia de Cádiz se cansó de ser campiña y llana para convertirse en agreste, casi salvaje y pina sierra gaditana. Pero si busca a Ubrique en el suelo bravío de sus montañas, qué difícil será su encuentro. El anfiteatro grandioso de sus montañas lo rodea, lo abraza, casi lo ahoga.

Ubrique es un valle florido, vergel casi divino, tranquilo, reposado, blanco purísimo, inquieto, trabajador, reflejos de sol en sus crestas escarpadas....

Y es ahí donde se hizo esa pieza que tiene usted en sus manos. Quizás otras manos femeninas, quizás las manos de un hombre la fabricaron. Pero no cabe duda de que el fino estilo y el más puro acabado de la misma salió de un ubriqueño. Si no de origen, al menos de adopción. Porque Ubrique es tan hospitalario y noble que siempre hace como dice la coplilla “no entiende ni de raza ni de colores” y todo aquel que pasa por sus puertas es tan hijo de Ubrique como el que más.

Fueron muchos años de preparación para que de esas manos saliera esa pieza bellamente labrada. Observe con qué cuidado se marca el paralelismo, sus centros de simetría, igualdad de sus ángulos. Con qué cuidado la acabaron. Es incomprensible que un trozo de piel, que vino de Valencia o Barcelona, o quizás del extranjero, en Ubrique se troceó, se modeló, rebajó, abrillantó y confeccionó un artículo de tal categoría que dudo que se encuentre igual de otros mercados.

Ubrique es un pueblo en pleno desarrollo. La industria de la piel abarca casi la totalidad de su mano de obra. No obstante, las industrias afines a la piel también están muy desarrolladas. Pueblo de creciente ritmo hace que la inmigración, no sólo de la provincia, sino de toda España, se sienta en ésta. Familias de gallegos, vascos, catalanes... se encuentran aquí. Es todo un pequeño mundo fabril.

Sus fábricas, talleres artesanos, tienen una característica especial, rebosan entusiasmo por conseguir el mejor acabado. Su estímulo para el trabajo es el amor a la pieza bien hecha y de su idiosincrasia un autor consagrado señaló: “Sensato y sobrio, tranquilo y religioso, como fueron sus antepasados; independiente, industrioso, robusto y valiente como pueblo de la Sierra”.


MANUEL CABELLO JANEIRO






viernes 30 de octubre de 2009

La escuela Parroquial

Don Rafael Jiménez Cárdenas y don Manuel Janeiro Carrasco
con los alumnos de la escuela parroquial
Fotografía recuperada por Javier Janeiro


Nuestro tío Javier Janeiro nos ha mandado de nuevo una interesnte fotografía histórica de Ubrique, se trata de los alumnos de la escuela Parroquial de Ubrique a finales de la década de los cuarenta.
En el centro de la fotografía podemos ver a Don Rafael Jiménez Cárdenas, párroco de Ubrique entre 1937 y 1949 y a nuestro tío Manuel Janeiro Carrasco, Maestro Nacional.
Don Rafael había luchado por construir esta escuela parroquial, reconocida más tarde como Escuela Nacional, en la que se trabaja con los niños durante el día, y se daban clases nocturnas para jóvenes y adultos que durante el día estaban trabajando.
Nuestro tío Manuel Janeiro trabajó sus primeros años junto a don Rafael, ocupándose de la enseñanza en el aula hasta que pasó a trabajar en el Colegio Víctor de la Serna.

jueves 29 de octubre de 2009

La Tienda de Campaña Azul

Torre de libros
Manuel Martín Morgado




LA TIENDA DE CAMPAÑA

Hace un tiempo hablaba mi hermana Esperanza en este blog del adelanto tecnológico que supuso para la familia la compra de una radio de válvulas allá por los años 30 del siglo pasado. Pues bien, hoy quiero traer a” colación” otro adelanto, pero en el campo del tiempo libre.

Pero comenzaré por el principio, hace unos días estaba ordenando el cuarto de los trastos de la casa de mi madre, ya que por fin le he hecho caso y después de veinticinco años me he decidido a ordenar mis cosas y tirar algún libro de texto de los que tengo de cuando terminé de estudiar a principios de los 80 y algún que otro recuerdo. Como me da pena tirar recuerdos pregunté en Madre Coraje si les interesaban los libros y me dijeron que por su peso no (después pensé que los de lengua podrían servir, pero los de sociales, matemáticas y ciencias habrán cambiado enormemente en este tiempo y de poco servirían) de modo que acabaron en el contenedor de papel, por lo menos con ellos, reciclados, saldrá algún manual de informática o un libro de historia donde no aparezca el Muro de Berlín.

Los recuerdos simplemente los cambié de sitio.

En la tarea estaba cuando encontré el saco azul de una tienda de campaña antigua y al abrirlo de pronto vino a mi memoria una multitud de recuerdos de acampadas con Paco, José Antonio y algunos más en la Esparragosilla o en el Hondón de Tavizna, con apenas quince años y con las visitas de nuestros padres por la tarde para llevarnos la cena, no fuéramos a pasar hambre (y a ver lo que hacíamos).

Con alguna mancha y algún que otro boquetillo
La tienda de campaña azul se encuentra aún,
después de treinta años, en buen estado.
Foto: Leandro Cabello


Pero la historia de la tienda de campaña había comenzado mucho antes, cuando mis tíos Julia y Prudencio pusieron una armería y tienda de deportes en los Callejones sobre el año 1969, mucho antes de que el Decatlón nos invadiera con la publicidad de las tiendas que se montan solas cuando se tiran al aire.

Mi padre les compró una fantástica tienda, sin suelo, sin doble techo y por supuesto sin "gore-tech", me imagino que para echarse la siesta los domingos en el campo, aunque mi madre cuenta que durante alguna paella dominguera tuvo que refugiarse dentro de la tienda a cocinar por culpa de un repentino chaparrón.

La verdad es que por la falta de” impermeabilidad” la paella quedaba con más caldo que el deseado. Con la tienda azul en las manos recordé que todos, absolutamente todos los domingos del año íbamos al campo, cuando aún no había tantas alambradas y todos sabíamos respetar el sitio en el que estábamos. Tanto íbamos al campo que, al sitio donde pasamos tantos y tantos domingos con la tienda de campaña se le quedó para siempre el nombre de: EL LLANO CABELLO, aunque jamás fuera propiedad de la familia.

Leandro Cabello Izquierdo, octubre 2009



miércoles 28 de octubre de 2009

Adios a Emilio Rubiales


Hoy Ubrique se ha despertado con una triste noticia: Emilio Rubiales Rojas nos ha dejado para siempre.

Emilio Rubiales fue nuestro primer alcalde democrático y supo ganarse el respeto y el cariño de los ubriqueños. Marroquinero de profesión, dedicó muchos años de su vida a servir y representar a nuestro pueblo en el Ayuntamiento y en el Congreso.

Nuestro padre tuvo la ocasión de trabajar con él durante las campañas de Misión Rescate que hubo durante sus años en la alcaldía y siempre lo consideró un hombre cabal.

En el año 79, poco después de las primeras elecciones democráticas, en las que Emilio Rubiales fue elegido alcalde, Manuel Cabello le dedicó unas palabras de agradecimiento por hacer frente al descenso de la actividad marroquinera y conseguir que el pueblo soportara la situación sin paro ni huelgas ni grandes manifestaciones sociales.

Para nosotros Emilio fue un hombre admirado y admirable, y se hace muy difícil pensar que nos vamos quedando un poco más solos cada vez.

Queremos mandar un fuerte abrazo en nombre de toda nuestra familia, de nuestra madre, de nuestras tías y de todos nosotros a toda su familia, a su mujer, a sus hijos, a su hermana, a todos.

Descanse en paz



Esperanza Cabello. Octubre 2009

martes 27 de octubre de 2009

Ángel Janeiro Rubiales: La historia de los curtidos en la familia Janeiro


Nuestro tío-abuelo Ángel Janeiro Rubiales fue el menor de los hijos de Manuel Janeiro Córdoba y Julia Rubiales Coveñas. Nacido el 5 de junio de 1905, fue uno de los más avispados y trabajadores de todos los hermanos. Esta historia nos ha sido relatada por Julia Janeiro Pérez, su hija mayor.

Desde muy pequeño ayudaba en el café a sus padres, lo recuerdan aún tostando los granos de café en la Plaza de la Verdura dando vueltas a la tostadora y haciendo que toda la calle se impregnara del aroma a café recién tostado.

Muy pronto empezó a trabajar en el taller de Emilio Santamaría, curiosamente podemos verlo en esta fotografía junto a nuestro abuelo Leandro.

Taller de preparado de Emilio Santamaría
Ángel Janeiro jovencísimo en la mesa

Poco a poco fué haciéndose un sitio en el mundo de la marroquinería, pero él estaba interesado también por la curtición.

A los 25 años se casó con Dolores Valle Valenzuela, con la que tuvo cuatro hijos (Julia, Manuel, Ángel y Francisco Javier)compraron a la madre de Dolores, Quiteria Valenzula Valle (oriunda de Benaocaz) la finca del Castillo de Fátima, que se convirtió en la finca familiar.


Ángel y Lola con sus hijos
Ubrique, agosto de 1954
Fotografía recuperada por Francisco Javier Janeiro



Él seguía muy interesado por la curtición, así que alquiló una tenería junto al depósito que está al final de la calle San Francisco. Las cosas iban bien, por lo que decidió comprar una tenería que fuera de su propiedad. Como necesitaba dinero, vendió la finca de Fátima al tío de su mujer, José Pérez, y con el dinero pudo hacer su sueño relidad: compró una tenería en el Rodezno, y la dotó de los más avanzados sistemas de curtición.
Ángel quería una fábrica de curtidos moderna y eficaz, y no escatimó medios, consiguió adecuarse a los nuevos tiempos y logró montar un próspero negocio.Al principio todo iba bien, hasta que llegó la guerra.

En 1936 las tenerías se militarizaron y las pieles estaban muy vigiladas por la fiscalía. Constantemente había inspecciones, lo que dió lugar al "contrabando"; de las pocas tenerías que quedaban en Ubrique todas habían sido militarizadas, y, como no podían curtirse pieles para otros usos que no fueran los militares, los fabricantes curtían pieles de becerro a escondidas, teniendo que sacarlas de los noques cuando venían las inspecciones.

Curiosamente, desde la misma fiscalía avisaban a Ubrique del día que se harían las inspecciones, porque no podían permitirse el lujo de quedarse sin pieles.

Al tiempo de teminar la guerra, Ángel tuvo que vender la tenería al Ayuntamiento, porque ya no era en absoluto rentable. Fue una de las últimas tenerías de Ubrique que, a pesar de los intentos de modernización, de la compra de maquinaria y del empeño, desapareció.

Después de tanto trabajo y tanto esfuerzo, Ángel decidió comprar otra vez una finca, en esta ocasión en los Llanos de Mesines, cerca de Prado del Rey. En el Rancho Mesines pudo de nuevo disfrutar de la tranquilidad de sus hijos y nietos.


Ángel Janeiro jugando con sus nietos Mari Loli,
Ángel José y Juan Antonio Mejías Janeiro
Rancho Mesines, 1965
Fotografía recuperada por Francisco Javier Janeiro


Ángel Janeiro, el último tenerario de la familia, murió el uno de mayo de 1966, habiendo dejado su firma en la historia de los curtidos de Ubrique como uno de los últimos curtidores modernos.

De todos los hermanos de nuestra abuela Julia, nosotros sólo recordamos a Humberto, siempre tan cariñoso y muy viejecito, y a Ángel, que se parecía mucho a nuestro abuelo Paco, alto y grande a pesar de la edad y jugando siempre con sus nietos.

Agradecemos a nuestros tíos Julia y a Javier haber contribuído a que conozcamos mejor la historia de nuestra familia.

Esperanza Cabello, octubre de 2009




lunes 26 de octubre de 2009

Leandro Izquierdo Rivera: Los artículos de piel al más alto nivel

Leandro Izquierdo Rivera


Nuestro abuelo Leandro se dedicó durante toda su vida a la fabricación de artículos de piel de primera calidad. Su marca, LIZ, fue conocida en toda España y vendida en los establecimientos más prestigiosos del ramo.
Hoy hemos encontrado, entre los recuerdos de nuestra madre, un recorte de periódico de finales de los setenta en el que se anunciaba junto a otros comerciantes para un concurso infantil organizado por El Corte Inglés.

Nos ha parecido curioso cómo un hombre que llevaba trabajando más de sesenta años en la marroquinería se apuntaba al carro de la publicidad de los tiempos modernos y colaboraba con un concurso infantil para el Día del Padre.


Leandro Izquierdo, entre los colaboradores del
concurso del Día del Padre.


domingo 25 de octubre de 2009

A propósito del Rancho Janeiro: los expoliadores de tesoros

El Rancho Janeiro visto desde la carretera de Benaocaz
Foto: Leandro Cabello


Nuestra tía Julia Janeiro Pérez nos ha contado una interesantísima historia a propósito del Rancho Janeiro. La historia la contaba su padre, Ángel Janeiro, y a ella siempre le llamó la atención. Cuando años más tarde iba a la finca, que había pasado a manos de sus tíos, siempre recordaba la historia de los extranjeros en el rancho.

Por lo visto, nuestro bisabuelo Manuel adquirió la finca y puso a uno de sus hijos mayores, Pedro, a su cuidado. Pedro tenía allí a un encargado, un hombre de campo que se ocupaba del ganado y vivía allí todo el año.

Un día de primavera, no sabemos el año (entre 1915 y 1925, que fue el tiempo que la finca estuvo al cargo de Pedro), estaba el encargado con sus cosas, cerca de la casa, cuando vió venir desde la parte de la carretera de Benaocaz a tres hombres montados a caballo que llevaban tres mulas.
Eran extranjeros, dos no hablaban casi y al tercero apenas se le entendía, venían con mapas y planos y preguntaron al encargado si les podía decir en qué dirección estaba "el Esparragar", más tarde conocido como "la Bovedilla". El buen hombre les indicó la dirección y se quedó preocupado.
A la mañana siguiente, cuando Pedro Janeiro llegó a la finca, el encargado le dijo: "Señor Pedro, ayer estuvieron aquí tres extranjeros que buscaban "el Esparragar".

Pedro no sabía qué podrían querer los hombres, y decidió echar un vistazo: cuando llegaron a la zona encontraron todo revuelto, había varios agujeros en el suelo y uno de ellos dejaba a la vista un enterramiento (que ellos creían cosa de moros), con sus ladrillos, sus piedras y sus trozos de cerámica.
En el exterior había restos de vasijas y tinajas, objetos de cristal rotos y mucho desorden.


Restos romanos diseminados por doquier...
(la fotografía pertenece al Salto de la Mora, 1969)


Los tres individuos eran, con toda seguridad, expoliadores de tesoros, y habían sabido dónde se encontraba la zona arqueológica hoy conocida como "la Bovedilla de José Pérez", que fue objeto de rescate años más tarde (en 1971)por el Grupo de Misión Rescate 208 (se trataba de un monumento funerario romano) y de excavaciones ante la imminencia de la construcción del nuevo trazado de la carretera Ubrique-El Bosque hace unos años.
Pedro Janeiro siempre estuvo seguro de que los expoliadores se habían llevado algún tesoro, las monedas que hubiera en las vasijas y el oro que seguramente habría en la tumba. El caso es que, por mucho que buscaron, no encontraron nada más.

No obstante, cuando preparaban el trabajo de Misión Rescate, nuestra madre recuerda que fueron un día de otoño a la zona, para visitarla después de un gran aguacero, y en uno de los montones, justo encima, habían aparecido en la superficie dos monedas romanas, quizás parte de las que se llevaron.

Muchos años más tarde, cuando nuestro padre visitaba la zona, con nuestra hermana ésta le dijo que se notaba que había sido expoliada, pero muy antiguamente. Seguro que eran los restos de aquellos extranjeros que nunca conoceremos.



A propósito de la lotería

Ana Janeiro Rubiales, 1924
Disfrutaba contando historias de la
familia a los sobrinos


Nuestra tía Julia Janeiro Pérez, hija de Ángel Janeiro, nos ha comentado varias historias muy interesantes a propósito de la familia.

En primer lugar: la lotería. Nuestro bisabuelo era secretario de una logia masónica, y tuvo que ir a Ronda a una de las reuniones, lo acompañaba su hijo Manuel, el mayor. Una vez en Ronda, decidieron padre e hijo acercarse a la administración de loterías a comprar un décimo, y compraron dos.

Cuando nuestro bisabuelo Manuel supo que había ganado a la lotería y que era una cantidad immensa para la época ( 120000 reales). Se vió en un gran dilema, porque su esposa, Julia Janeiro Cobeñas, padecía del corazón, y temía que la noticia le afectara gravemente.
Según nos cuenta, la conversación, contada años más tarde por Ana Janeiro a nuestra tía Julia, fue más o menos de la siguiente manera:

Julia: ¿Qué te pasa, Manuel, que te veo muy raro?
Manuel: Es que tengo una noticia que darte: ¿Te acuerdas de los dos décimos que compré en Ronda? Pues me han tocado.
Julia: ¡Ay qué bien! ¿Mucho dinero?
Manuel: No, un poquillo
Julia: Nos vendrá bien, con tantos niños. ¿Porqué estás serio?
Manuel: Es que es un poquillo más.
Julia: ¿Cuánto más?
Manuel: 120000 reales

... y Julia se quedó helada, hubo que asistirla, pero, afortunadamente, no pasó nada grave.

La familia Janeiro Rubiales,
con 10 de sus hijos.


La familia, que con tantos niños no estaba demasiado bien, enriqueció, hicieron la Plaza de Toros, compraron "el Lejío" para los cerdos (donde hoy está el polideportivo), el Rancho Janeiro, y dos casitas en la Plaza de la Verdura, para que toda la familia pudiera alojarse con comodidad.

jueves 22 de octubre de 2009

Una visita inesperada


Fachada de La Garganta
Otoño, 2009
Foto: Leandro Cabello


He hablado con anterioridad de la fascinación que siento por el Bosque de los Alcornocales y debo reconocer que la noche en este lugar es algo que impone.

Un ruido producido por cualquier animal te hace ponerte en alerta. Siempre hay una ratilla que pasa por el tejado, un gato que entra en el patio o un murciélago que revolotea por la habitación.

Pero voy a contar un ruido un poco más humano que oímos una noche que pasamos en la Garganta Millán.



Laura jugando en un
paraíso en plena naturaleza.

Foto: Leandro Cabello

Esta finca está aislada en el Parque de los Alcornocales y el lugar habitado más cercano puede estar a 5 ó 6 kilómetros.

Ya era de noche y me encontraba junto a la chimenea escuchando la radio. No tenemos luz eléctrica, así que estábamos alumbrados por unas cuantas velas. De pronto oí como desde afuera alguien me decía: ¡¡Eh, señor!! con un claro acento marroquí. Me llevé un gran sobresalto y salí fuera: dos o tres personas me preguntaron cómo podían llegar a Almería, un poco más calmado les dije que estaba muy lejos.

Dentro de la casa oía a Inma hablar con alguien con el móvil . Los visitantes me contaron que llevaban ocho días andando por el monte y que lo hacían por la noche (imagino que andaban escondidos desde que desembarcaron en Tarifa).

Conforme hablaba con ellos fueron apareciendo poco a poco más visitantes, conté hasta dieciséis. Les dije que en Ubrique les podían ayudar y dónde podían ir. Ellos habían visto ya las luces del pueblo desde la Ventalleja. Les ofrecí un poco de comida y unas velas y se fueron.

Cuando cerré la puerta los escuche hablando entre ellos un rato hasta que definitivamente se fueron. Al día siguiente no quedaba ningún rastro de ellos y desconozco lo que les habrá deparado la vida a estas personas.

Por cierto en la casa no teníamos cobertura e Inma estaba simulando hablar con alguien para que creyeran que estábamos conectados, por si acaso.


Leandro Cabello Izquierdo



miércoles 21 de octubre de 2009

Como si fuéramos de la familia...


Natalia, 1914

Esperanza, 1934



María Remedios, 1944


Esperanza, 1962


Julia, 1989



Esperanza, 2000