viernes, 29 de abril de 2016

La escalera del gallinero: la novela de Juan Carlos Núñez Mateo

Cartel de la presentación de la novela de Juan Carlos Núñez


Por Esperanza Cabello

Hoy, a las 21:00, tendrá lugar, en la Ermita de San Pedro, la presentación de la novela del ubriqueño Juan Carlos Núñez Mateo "La escalera del gallinero.
Juan Carlos nos cuenta:

"El próximo viernes día 29 de abril, en el Salón de Plenos del Ilmo. Ayto. de Ubrique -Ermita de San Pedro-, presentaré mi nueva novela y firmaré ejemplares. Se trata de la premier de la que tendrá lugar aquí en Castellón en mayo.
 Estoy encantado de que sea en mi pueblo y rodeado de amigos. Esos mismos con los que he recorrido tantas veces las montañas que lo protegen. En mis novelas podéis notar su influencia, la que marcó mi carácter y el amor por la naturaleza. No estoy nervioso porque se que allí estoy en casa. Gracias".


El editor, Carlos Tosca Marín, de La Pajarita Roja, Editores, explica lo siguiente:

"La primera novela que, como editor, decido publicar sin ir a buscarla yo expresamente. Es decir, Juan Carlos Nuñez Mateo, su autor, vino a nosotros con su proyecto y decidimos publicarle. De momento, de las decenas y decenas de manuscritos recibidos, solo esta y otra novela que aceptamos hace unas semanas terminarán en el catálogo de La Pajarita Roja Editores. De momento, porque tenemos muchas esperanzas de encontrar autores interesantes en ENDEI 2016, que comienza mañana...
También quiero destacar lo contento que estamos todo el equipo de la editorial con el diseño de la portada. Este es el estilo, elegante y llamativo a la vez, que Aaron Gallén Ilustraciones ha decidido que tengan nuestros libros y no podemos estar más satisfechos de su trabajo.
Esperamos que disfrutéis mucho de la novela. Creemos que merece tener mucho éxito, por el cariño y dedicación que su autor ha puesto en estos cinco años de elaboración. Muy recomendable a quien le guste las novelas negras donde los personajes tienen más importancias que la trama policial.
En mayo será una realidad".

 Y esta es la presentación del libro
La escalera en el gallinero



Estamos seguros de que la presentación será todo un éxito, y que Juan Carlos será acogido entre amigos en la que es, también,su casa. 
¡Enhorabuena, amigo!


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El salto de la Mora en 1727

El Salto de la Mora en 1727
Manuscrito de Aragón Macías
AHMU

Por Esperanza Cabello

Como todos nuestros amigos saben, hace un par de años que trabajamos sobre el manuscrito de Rafael Aragón Macías con nuestro compañero el historiador de El Bosque Antonio Domínguez Gil, un verdadero especialista en archivos y documentos.
El manuscrito es, fundamentalmente, un conjunto de genealogías y documentos "notariales" que tiene el interés añadido de que hay copiados documentos muy antiguos, el más antiguo que hemos encontrado hasta el momento es de 1314, efectivamente, del siglo XIV.
Y hoy, mientras hacíamos una transcripción, hemos encontrado una referencia al Salto de la Mora del 26 de noviembre de 1727, casi cien años antes de que Ocurris llegar a la Real Academia de la Historia. Ya habíamos encontrado referencias a la finca de Santa Lucía en las respuestas generales del Catastro de Ensenada, en 1753, pero esta propiedad es de medio cuarto de siglo antes.
Se trata de una propiedad agregada a la Capellanía que habían fundado Antonio Álvarez y su esposa el 15 de noviembre anterior. Y esa propiedad es precisamente la Haza en la que está el Salto de la Mora (ya conocido así hace casi tres siglos). 
Esta es la transcrición del documento en español normalizado:


"En 26 de noviembre del mismo año doña Catalina Muñoz, de estado honesto, hermana de Antonio Álvarez de la Vega, hizo agregación a esta capellanía de una haza de tierra de su propiedad, en el sitio del Salto de la Mora, de doce fanegas, linde tierras de la fábrica, nombrada de Santa Lucía y tierras de Martín Díaz de Gálvez y nombró con los nombrados por su hermano a los descendientes de Juan Domínguez Torrejon, en el mismo lugar y grado de los llamados del dicho su hermano."



jueves, 28 de abril de 2016

Un cumpleaños muy especial

Esperanza y Paco Izquierdo Fernández
Ubrique, abril de 1934


Por Esperanza Cabello

Hoy es un día muy especial para nuestra familia: es el cumpleaños de nuestra madre.
Esperanza Izquierdo, la segunda hija de Natalia y Leandro, nacía un tranquilo jueves de 1932 en su casa familiar de la calle Real. Era la segunda hija de la pareja, la primera de las niñas.
Su primera infancia transcurrió tranquilamente en el entorno de su calle, hasta que la Guerra Civil y el encarcelamiento de su padre dieron al traste con toda la vida familiar para siempre.
Fue una niña muy buena y muy tranquila, que adoraba leer (antes de los nueve años había leído las obras completas de los hermanos Álvarez Quintero) y que pasaba largas horas en su sillita baja cerca de su madre que cosía.
Con nueve años estuvo muy enferma, tanto que ya no contaban con ella, pero  don Serafín, el médico, consiguió curarla, y después la mandaron a Ronda al colegio interna, pensando que el cambio de aires sería beneficioso para su salud.
Terminados sus estudios, Esperanza volvió a su querido Ubrique, donde conoció al amor de su vida, Manuel, y se casaron en el 57.
Tuvieron cinco hijos, a los que Esperanza se ha dedicado toda su vida. Mujer con una profunda religiosidad y muy piadosa, la religión y la dedicación a los demás han constituido otros dos pilares de su vida.
Y hoy cumple 85 años, así que hoy, también jueves, como el día que nació, es un día extraordinario para todos nosotros.
¡Feliz cumpleaños, mamá! Te queremos


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martes, 26 de abril de 2016

Cabeza de estudio, por Manuel Janeiro

Retrato del Beato Diego, años 20
Por Manuel Janeiro Córdoba

Esperanza Cabello

Nuestra tía Isabel Álvarez no deja de sorprendernos, a sus casi noventa y siete años y a por encima de cualquier circunstancia, sigue teniendo una memoria envidiable y conserva, tanto en su recuerdo como físicamente, detalles magníficos.
Este fin de semana, sin ir más lejos, nos pidió que le buscásemos algo en un cajón, y allí estaba esta "cabeza de estudio", pintada en colores y con la firma de nuestro bisabuelo.
Eso lo pintó papá Manuel cuando yo era muy chica, nos explicó, y lo iba a pintar en óleo, pero nunca lo llegó a hacer.
Nos estuvo contando que su abuelo, nuestro bisabuelo, el masón Manuel Janeiro Córdoba, el fundador de la gran saga familiar, echaba muchos ratos pintando, y que lo mismo dibujaba un perro o un caballo del natural con un lápiz, que hacía un paisaje o un retrato al óleo. También nos explicó que muchos de sus hijos, por ejemplo Manuel, o Rogelio o incluso nuestra abuela Julia, también pintaban, como su padre, y que tenían muy buena mano para la pintura.
Son muchos los cuadros que se conservan de nuestro bisabuelo Manuel, pero hasta ahora no habíamos visto un dibujo así, con lápices de colores. Una joya familiar bien conservada (a pesar del doblez y de la huella de chinchetas) que sirve de muestra del arte de nuestro bisabuelo.


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lunes, 25 de abril de 2016

Una cajita de "mistos"

Dos cajas de cerillas forradas en piel repujada
Años setenta

Por Esperanza Cabello

Hemos tenido al suerte de conseguir, en un mercadillo, estas dos cajitas de cerillas forradas con piel repujada. Muy corrientes hace cuarenta años y que ya habíamos casi olvidado.
Y, hablando de olvidos, nos ha venido a la memoria una palabra antigua, no solo ubriqueña, sino andaluza: "Los mistos".
Desde que en 1827 el químico británico John Walker inventara las cerillas, han sido muchos los nombres que hemos dado a este invento que revolucionó el mundo de las cocinas, de los fumadores, de las velas.
Eran unos palitos de papel encerado en uno de cuyos extremos se añadía una mixtura de productos químicos que se inflamaban al rascarlos en un papel de lija.
Y fue precisamente esa mixtura la que dio nombre a nuestra palabra andaluza: mixtos o mistos. Mientras que el palito de papel encerado, por su parte, también le dio su nombre: cerilla/cerillo.
Del mismo modo, ya que en la mixtura de productos químicos existía fósforo, también los conocemos como "fósforos".
Así pues, nuestros "mistos" toman su nombre de los componentes originales de este invento.
Y el hecho de forrar una cajita de cerillas con piel... no sabemos a qué ubriqueño se le ocurriría. En los años sesenta y setenta hubo una verdadera explosión de diseños en piel y fuimos pasando poco a poco de las petacas, rosarieras, monederos, pitilleras y carteras a todo un muestrario de imaginación y fantasía recubierto de piel, la mayor parte de las veces repujada e incluso pintada:
Botellas forradas, porrones, peines, escribanías, libros, cajas, estuches y joyeros de todo tipo, botellitas de perfume, marcos, portalápices, abrecartas, fundas para gafas, para naipes, para cuchillos, para cualquier tipo de objeto.

En cualquier caso, estamos muy contentos de haber "recuperado" esta caja de mistos con sus mistos originales, y de haber recordado, una vez más, el origen de una de esas palabras de nuestra tierra que poco a poco se van perdiendo.


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sábado, 23 de abril de 2016

Maestros de Ubrique según el Catastro de Ensenada

Maestros de primeras letras


Por Esperanza Cabello


Libros y maestros en Ubrique entre 1752 y 1754


En la documentación relativa a Ubrique del Catastro de Ensenada hay varias referencias a las letras y los libros. Son muy escasas en aquel Ubrique eminentemente rural, pero aún así es de destacar que sí había personas dedicadas a la escritura y a las letras.
La palabra "maestro" aparece cincuenta veces, pero solo dos de ellos eran "maestros de escuela", el resto lo eran en sus diferentes oficios.
 Los maestros de primeras letras, que así se llamaban en el siglo XVIII, eran pluriempleados (uno de ellos también era maestro tintorero y el otro se encargaba del papeleo extraordinario), no había más remedio a causa de su escaso salario. 
Los textos que publicamos a continuación son extraídos literalmente del archivo de Simancas, documentos digitalizados en el Portal de Archivos Españoles PARES.
Entre los poco más de mil vecinos encontramos…



1.   Respuestas del 8 de agosto de 1752

Hay dos escribanos, que el uno es don Mateo González, el que ejerce la escribanía del número y cabildo de esta villa, a quien le regulan de utilidad anual, con el salario que goza de ella tres mil y trescientos reales; y el otro que es escribano de Su Majestad llamado don Sebastián Ignacio de Castañeda, al que le regulan de utilidad anual por tal escribano y oficial mayor de dicha escribanía del número y cabildo hasta cien ducados anuales.
Hay un preceptor de gramática, a quien le regulan de utilidad anual cien ducados con el salario que goza de esta villa; hay dos maestros de primeras a quienes les consideran de utilidad anual a cada uno, con el salario que gozan de esta dicha villa, cincuenta ducados anuales.
Hay tres notarios, dos del  estado lego. Se le regulan de utilidad al año a don Gonzalo de Hoyos, que ejerce la notaria mayor, sesenta ducados; a don Juan de Arjona y don Francisco de Aguilar, que ejercen dichas notarías, les consideran a cada uno de utilidad anual hasta veinte ducados.


2.   Respuestas del 4 de julio de 1753 (los salarios)

A don Mateo González, escribano de cabildo, mil ochocientos ochenta reales; a don Vicente Velasco, médico, mil doscientos  diez; al diputado de montes cien reales; al veedor de ellos sesenta; a Miguel Villagrán, cirujano, doscientos reales; a José Gómez Cabeza de Vaca, fiel del peso de la harina, doscientos y cuarenta reales; a don Juan de Morales Fajardo, maestro de primeras letras, cien y otros doscientos y cuarenta por hacer las boletas[1].
 A don Juan Astorga, también maestro de primeras letras, cien reales; a don Mateo Jiménez, presbítero, maestro de gramática trescientos reales; a don Juan Feliz Candil, mayordomo de propios, trescientos reales; y otros trescientos veinte por receptor del papel sellado y proveedor de la tropa; a don Francisco de Aguilar, fiel de la carnicería, ciento veinte reales; a Francisco Núñez, receptor de bulas, ciento y quince reales.



3.   Adiciones (para aclarar las discordancias de las respuestas).

A don Mateo González, escribano de cabildo, mil ochocientos ochenta reales; a don Vicente Velasco, médico, mil doscientos  diez; al diputado de montes cien reales; al veedor de ellos sesenta; a Miguel Villagrán, cirujano, doscientos reales; a José Gómez Cabeza de Vaca, fiel del peso de la harina, doscientos y cuarenta reales; a don Juan de Morales Fajardo, maestro de primeras letras, cien y otros doscientos y cuarenta por hacer las boletas.
 A don Juan Astorga, también maestro de primeras letras, cien reales; a don Mateo Jiménez, presbítero, maestro de gramática trescientos reales; a don Juan Feliz Candil, mayordomo de propios, trescientos reales; y otros trescientos veinte por receptor del papel sellado y proveedor de la tropa; a don Francisco de Aguilar, fiel de la carnicería, ciento veinte reales; a Francisco Núñez, receptor de bulas, ciento y quince reales.


4.   Concreciones  de 8 de abril de 1754.

A don Vicente Velasco, médico, se le pagan anualmente de salario mil doscientos diez reales; a Miguel de Villagrán, maestro de cirujano, se le satisfacen y pagan doscientos veinte; a don Diego de Castro, maestro de gramática, trescientos reales; a don Juan de Morales y don Juan Páez Astorga, maestros de primeras letras, cien reales a cada uno; al fiel del repeso de harina[3] doscientos veinte; a dos maestros ordinarios se le paga a cada uno de salario anual cuatrocientos sesenta y dos reales;


[1] Boleta: Autorización escrita que se daba a los militares para alojarse en el pueblo en el que entraban.

[3] Fiel: la persona que tiene a su cargo el peso público, para evitar engaños en lo que se vende.
 




viernes, 22 de abril de 2016

Los molinos de Ubrique en 1753. Según el catastro de Ensenada.

Las cárcavas del Molino del Nacimiento
Fotografía de Manuel Cabello


Por Esperanza Cabello


Cuando las personas no están, hasta los objetos más insignificantes se vuelven imprescindibles, y sus enseñanzas son, ahora, lo más preciado.
Nuestra tía Carmen ha sido, durante muchos años, una de nuestras mejores informadoras para todos los trabajos de investigación sobre nuestras tradiciones y nuestras costumbres. Siempre ha tenido algún dato para nosotros. Incluso cuando la hemos importunado con nuestras preguntas ha seguido echándonos una buena mano.
El tesoro de hoy es un papelito garabateado de la semana pasada con sus últimas explicaciones para nuestros molinos. Así, más o menos, fue la conversación:

¿Cuáles eran los molinos que había en Ubrique cuando eras chica, tita?
-Pues el del americano (en la avenida Herrera Oria)
-El de Cotrino (a la entrada)
-El de los Peña (en la fuente de San Francisco)
-El de la Pasadilla (que era de Eugenio Arenas)
-El de Joaquín y Beatriz Benítez (por la fuente de San Francisco)
-El del Rodezno

¿Y no te suena el de las Yeseras?
¿Yeseras? Esa eres tú la que lo tiene que saber, y tienes que escribir ya un libro para que estas cosas no se olviden.

¿Y molinos de aceite, tita?
En la calle de los Morales, el de don Adrián, entrando a la derecha.
Y en la calle Cantarrana estaba el molino de Nicolás Moreno, que se casó con Anita...


Con estas conversaciones nos íbamos haciendo una idea de cómo era el Ubrique de los años treinta, que se parece, mucho más de lo que pensamos, al Ubrique del siglo XVIII, tal y como podemos leer en las respuestas generales del Catastro de Ensenada, en 1753, custodiadas en el Archivo de Simancas y digitalizadas en el Portal de Archivos Españoles PARES:



17ª. Si hay algunas minas, salina, molinos harineros u de papel, batanes u otros artefactos en el término, distinguiendo de qué metales y de qué uso, explicando sus dueños y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año.

 A la décima séptima pregunta dijeron que en esta dezmería hay hasta nueve molinos harineros, que el uno está en el sitio que llaman “del Nacimiento” propio de dicho Excelentísimo Señor Duque de Arcos, que es de dos paradas; el dicho le puede producir anualmente de sus maquilas[1] hasta cien fanegas de trigo; otro que está en dicho sitio y llaman “de las dos paradas”, las que tiene y es propio y perteneciente al patronato fundado por Gonzalo Sanz Nieto, vecino que fue de la villa de Villaluenga que hoy percibe sus rentas Pedro Barea Nieto, vecino de ella, quien distribuye sus rentas en doncellas parientas y ganará anualmente otras cien fanegas de trigo.
 Otro que está en el sitio de la Pasadilla, de una parada, propio de doña María Esteban Viruez, viuda, vecina de esta villa, que puede producir de renta al año hasta treinta y cuatro fanegas de trigo.
 Otro que llaman “de la Bovadilla”, de una parada, propio de dicho Excelentísimo Señor Duque, el que puede ganar anualmente de renta hasta cuarenta fanegas de trigo.
Otro que está en el sitio que llaman del Retamoso, y es propio de los herederos de doña Catalina Fernández y Miguel del Pino, vecinos que fueron de esta villa; el que es de una parada y puede ganar de renta anual hasta cincuenta fanegas de trigo.
 Otro que está en dicho sitio del Retamoso, de una parada, propio de la capellanía que hoy posee don José Morales de Reina, eclesiástico de menores, vecino de la ciudad de Málaga y que administra por el referido don José de Reina el beneficiado de esta villa, el que puede ganar de renta anual hasta veinte fanegas de trigo, por no moler más que la mitad del año, por divertirse el agua en un batán contiguo, propio de dicho dueño.
Otro en el expresado sitio del Retamoso, de una parada, propio del patronato de legos que fundara don Diego Mateos, beneficiado que fue de la villa de Benaocaz, que administra don Esteban González, vecino de dicha villa, el que puede ganar de su arrendamiento hasta treinta y seis fanegas de trigo.
 Otro en el  mencionado sitio del Retamoso, de una parada, propio de Blas Mateos Bueno, vecino de esta villa, que puede ganar anualmente hasta veinte fanegas de trigo por subarriendo.
Y otro que está en el sitio que llaman de las Yeseras, de una parada, propio de Manuel Hermenegildo Muñoz, vecino de esta villa, a quien le podrá regular anualmente hasta cuarenta fanegas de trigo.
Y asimismo hay un molino de aceite, y otro de prensa de dicha especie, el primero que está en esta dicha villa y calle de Cantarranas, que muele con unas piedras, propio de doña María Esteban Viruez, viuda vecina de esta villa, el que le puede fructificar por razón de su molienda anualmente hasta diez arrobas de aceite, y el otro que es de prensa está en las casas que llaman de Cuenca, propio del vínculo que fundó el bachiller don Diego de Morales, que hoy perciben su renta don José de Reina, beneficiado de esta villa, y don Miguel de Morales, presbítero, de por mitad, el que podrá ganar anualmente hasta seis arrobas de aceite.


[1] La maquila es la cantidad que corresponde al molinero por la molienda.