viernes, 29 de julio de 2016

La luna llena de la familia

 La nueva luna llena de la familia
Por Leandro Cabello


A veces, cuando comienza a salir al luna llena entre nuestras montañas, tenemos el privilegio de asistir a un espectáculo impresionante: poco a poco comienza a iluminarse toda la sierra y emerge -radiante y luminosa- una luna espectacular, de esas que te quitan el aliento y te dejan embobado...
Nuestro hermano Leandro hoy nos ha hecho un precioso regalo: enseñarnos qué esconde en realidad "nuestra" luna. 
Ha estado capturando imágenes espectaculares de la última luna llena sobre la Merga y a partir de ahora ya sabremos quién estará, por siempre bella y pendiente de todos nosotros, en esa majestuosa luna.




Gracias, hermano. A partir de hoy ya sabemos qué ojos buscar cuando intentemos ponerle cara a nuestro satélite; y cada vez que salga, en cada orto de las noches de luna llena, no solo nos emocionaremos con la belleza que encierran nuestros paisajes serranos, sino que buscaremos llenos de ilusión unos rasgos muy queridos...
Y seguro que los encontramos. 
 



Siempre estarás con nosotros, mamá.


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sábado, 23 de julio de 2016

José Rubiales Olmedo. In memoriam

 Pepe Rubiales con unos amigos
recorriendo nuestros campos


Por Francisco Cabello Izquierdo

Este verano está resultando uno de los más trágicos que conservamos en nuestra memoria; a nivel personal y familiar hemos pasado uno de los peores momentos de la vida, pero también hemos visto cómo personas queridas, familiares de nuestros amigos, nos han ido dejando.
Tras el fallecimiento de nuestra madre, supimos de la pérdida de una ubriqueña muy conocida, Pepita Benítez, la madre de Pepi Cabezas y suegra de Rafael Vilches, a los que enviamos todo nuestro cariño y nuestro afecto.
Y ahora de nuevo la desgracia se ha cernido sobre un hombre joven, un maestro ubriqueño, destinado ahora en Valladolid , Pepe Rubiales Olmedo, murió esta semana pasada, ayer fue su funeral y  lo despidieron familiares y amigos en Valladolid.




Pepe ha muerto en Santander, durante sus vacaciones, en un trágico accidente sucedido mientras practicaba una de sus aficiones preferidas: pasear por el campo, y ayer lo despidieron amigos y familiares sumidos en el más profundo desconcierto y en la más profunda tristeza.
Vienen a nuestra memoria recuerdos no solo de nuestra niñez y juventud o de nuestra común profesión, sino de esos paseos que con Paco y Jesús hemos dado por toda nuestra sierra.
Amante de la naturaleza, de los paseos y de su Ubrique natal, Pepe era un buen amigo de sus amigos, y estamos seguros de que ha dejado un hondo recuerdo en todos los que lo conocimos.
Todo nuestro cariño y nuestro afecto para sus familiares, sobre todo para su mujer y sus hijas; esta gran pérdida ha dejado un gran hueco que solo el tiempo se encangará de mitigar.



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sábado, 16 de julio de 2016

Feliz día del Carmen. Felicidades, tita Carmen

Carmen Sánchez Rubio y Leandro Izquierdo
Ubrique, 10 de septiembre de 1956


Por Esperanza Cabello

Ya sabemos que nada volverá a ser como antes, lo sabemos y lo sentimos; aún así no podemos evitar que los recuerdos lleguen a borbotones y nos aturdan silenciosamente.
El tiempo es nuestro aliado; el tiempo y el transcurso de la vida. Pero mientras, habremos de continuar con el esfuerzo de mirar hacia adelante, aunque también un poquito para atrás.
Hoy es el día de las Carmen, siempre ha sido un nombre muy querido por todos nosotros. Tita Carmen, la primera de la familia llamada así, nos contaba que alguien le dijo un día un lindo poema:

"Carmen, ese bello nombre
Que en latín dice poesía
Y en arábigo vergel."

Seguramente ese alguien estaba prendado no solo de su nombre, sino de su belleza -siempre ha sido una mujer muy bella- de su alegría y de su manera de ser.
  
Y es esa alegría de tita Carmen la que hoy nos impulsa a dedicarle un cariñoso recuerdo: es su santo (el de ella y el de nuestras primas, sobrinas, amigas y ahijada, a las que felicitamos desde aquí) y eso nos ha hecho recordar un montón de lindas cosas, de buenos momentos, de ratos de charlas, de confidencias, de alegrías, de preocupaciones, de anhelos, de ilusiones.

Cuando los recuerdos empiezan a ser felices y agradecidos, cuando una sonrisa se escapa pensando en quienes ya no están con nosotros, cuando los días señalados hacen que los recuerdes con gratitud y cariño, entonces nos damos cuenta de que siempre estarán a nuestro lado, acompañándonos; de que nunca se irán del todo, de que podemos contar con ellos, con lo que aprendimos y con lo que nos contaron.
Entonces es el momento de mandarles besos virtuales y volver a decir...

¡Felicidades, tita!


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viernes, 15 de julio de 2016

Esperanza Izquierdo, una mujer carismática

Esperanza Izquierdo y Manuel Cabello
Años cincuenta





Por José María Cabello
Ronda, 30 de junio de 2016

Acabo de recibir la noticia del fallecimiento de Esperanza Izquierdo. Por dos veces seguidas y en el espacio de algunas horas, dos duros golpes con la desaparición de las dos figuras mas representativas, verdadero archivo oral de nuestra larga familia.

Y mi primer sentimiento ha sido de agradecimiento a Dios que nos ha permitido gozar tantos años de su presencia, de su prudencia, de sus consejos, de sus recuerdos y de su amor inextinguible para la extensa rama familiar nacida del árbol común con mi hermano Manolo y del amor ejemplar que vivieron.

Enseguida daros las gracias a vosotros, sus cinco hijos, con vuestras respectivas familias,  que habéis conllevado modelicamente el larguísimo calvario de su enfermedad, haciendo posible que su tránsito del sueño terrenal - en que estaba sumida- se haya convertido en un suave salto al sueño eterno de los cielos.

Allí, nos dice la Biblia:  "Florece el justo como la palmera y crece como un cedro del Libano...Plantado en la casa de Javeh dará flores en los centros de Dios nuestro"(Salmo 92, v. 10-11); y allí ha recibido el premio que nos dio Jesús: " Quien mora en Mi vivirá eternamente" (Juan 6,3).


Ronda, 4 de julio de 2016
 

Agradezco a Bartolo que se haya dirigido a ella en un mensaje tan pulcramente escrito como sentido en lo más hondo como recuerdo de Esperanza, y ya que destaca el perfil de su cultura, quisiera completarlo con algunos datos.

Todavía en Ronda algunas compañeras suyas en las Esclavas recuerdan su brillante expediente académico coronado con el Examen de Estado, tan difícil de conseguir en aquellos años.

Y ya que se refiere a la Universidad a Distancia, recuerdo que en sus años difíciles le insistí en que accediera a la Universidad, ya que le sobraba capacidad para ello. Pero desistió de ello por su claro deseo de ser una buena madre. Y a fe que lo consiguió, una madre perfecta.

Porque su profunda religiosidad, de la que dio testimonio toda su vida, se basaba en un amor increíble a Cristo y su Palabra, así como en la humildad y la renuncia con que se inician la vía para la ascetica de los santos que tan alegremente ejerció en su largo periplo.
Siempre en nuestros corazones, Esperanza.



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lunes, 11 de julio de 2016

A la madre de Manolo, por José Manuel Muriel

Las manos de toda una vida, las manos de mamá
Fotografía de Manolo Cabello





Con todo el respeto, amor y amistad…


A la madre de Manolo


Rescato entre los rincones del olvido, madre mía
esos instantes mágicos de aprendiz a tu lado
cuando me enseñabas lo que era la vida
Esos momentos… ¡Qué pronto han pasado!

Ahora que no me puedes besar
añoro tus labios posados sobre mi cara.
Ahora que no me puedes acariciar
añoro tus arrugadas manos cansadas.

Se apagaron tus soleados ojos y tu mirada añoro,
tus pestañas, cortinas de la vida cerradas
no te dejan ver, madre, cómo lloro
ante tu tumba de blanco encalada


José Manuel Muriel Jiménez




lunes, 4 de julio de 2016

A Esperanza Izquierdo, por Bartolomé Pérez Sánchez de Medina

"Me acordaba hace un momento del iris de sus ojos..."
Fotografía de Leandro Cabello



Por Bartolomé Pérez Sánchez de Medina



Ha muerto Esperanza Izquierdo. Me he preguntado si lo que ahora me viene a la mente, como golpes del eco que han quedado en mi memoria, un vendaval de cercanas sensaciones tan amargas como el dolor del penoso pasillo que conduce a esa puerta negra que impone, pero que da acceso a la claridad total....; me pregunto si todo ello es necesario para dignificar el recuerdo de la amiga, de la madre, de la esposa. Yo supongo que sí.
Esperanza, al igual que Manuel, su esposo, fueron para mí como hermanos mayores. Siempre admiré el equilibrio amoroso de este matrimonio. Pero pude gozar de su amistad, dejar que el frescor de su serenidad embadurnara mis sentidos y mi espíritu, y era la forma más eficiente de deleitarme en su dulzura. Cuando hablaba con ella, era tan dulce que me proporcionaba una paz interior como si volviera a la existencia ataviado con otras hechuras, sobre todo anímicas o psicológicas y no tanto físicas casi sublimes, y hasta las realidades captadas por los sentidos eran mejores que antes.
Me acordaba hace un momento del iris de sus ojos. Junto a la ermita de El Calvario pueden o se podían contemplar plantas de Lavanda, y creo que en la Primavera con sus florecillas, penetrante su azul como también su aroma, y así eran y en mi memoria siguen siendo sus ojos, con la transparencia y luminosidad de las aguas del Mediterráneo, irradiando paz interior.
Esperanza ha sido una mujer con muchas inquietudes, de hecho estuvimos embarcados en la misma nave de la UNED. Frecuentaba algunos foros culturales donde siempre dejaría su impronta personal, por su respeto hacia los demás y la forma tan serena y pausada en la exposición de sus ideas .
Total, hemos asistido al entierro de su cuerpo, pero su alma, ella y su recuerdo perviven con nosotros.

Bartolomé Pérez Sánchez de Medina 





viernes, 1 de julio de 2016

Gracias, mamá. In memoriam

Esperanza Izquierdo Fernández, 1953
Fotografía gentileza de Salvador Romero


Por Esperanza Cabello

Ayer murió nuestra madre. 
Este es, con diferencia, el trabajo más difícil al que nos hemos enfrentado en estos años. Explicar que nuestra madre ha muerto. Intentar hacer un esbozo de esos ochenta y cuatro años de vida, pretender escribir en varias líneas lo que representa para nosotros, procurar las palabras adecuadas y despedirla como merece.
A pesar de ser ley de vida, de ser una muerte previsible y temida, nos hemos quedado huérfanos, y ese sentimiento es desgarrador.
Esperanza Izquierdo nació en abril de 1932 en un Ubrique de poco más de seis mil habitantes. Sus padres, Leandro Izquierdo,un jovencísimo frabricante de petacas; y Natalia Fernández, una hacendosa ama de casa de buena familia, se habían casado tres años antes, y Esperanza fue su segunda hija, ya había nacido Paco, su hermano mayor.
Su infancia transcurrió en las inmediaciones del San Juan, ella había nacido en la casa familiar en la entonces calle Profesora Ángeles Bohórquez (ahora calle Real), muy cerquita de su querida abuela Pepa y sus tías las Piñeritas. Su universo se extendía desde el Asilo, donde comenzó a asistir a clases desde los tres añitos, hasta la ferretería de Maza; pasando por la tienda de su amiga Mercedines y la de sus tías.
Con cuatro añitos la Guerra Civil  partió su vida familiar, pues su padre estuvo tres años en prisión, y, al volver, ya nada sería lo mismo. En esos años de guerra y dificultades comenzó lo que sería una de sus pasiones, que la haría diferente y muy especial: la lectura.
Antes de cumplir los nueve años ya había leído las obras completas de los hermanos Álvarez Quintero (no había otros libros a su alcance), y esa afición la acompañó toda la vida.
Aún hoy muchas personas nos paran por la calle para hablarnos del Club de Lectura, para expresarnos su admiración por la enorme cultura y sensiblilidad que mostraba.
En esa época pasó su primera grave enfermedad: casi deshauciada por otros médicos por una afección desconocida entonces, don Serafín Bohórquez la curó, y les recomendó un cambio de clima, por lo que Esperanza se fue a estudiar a Ronda en 1942, con nueve añtos.
Allí comenzaría a cultivar su segundo pilar: la religiosidad y la espiritualidad.  En Ronda encontraría a una segunda madre de la que hemos oído hablar toda su vida: madre Santa Fe, y también muchas buenas amigas de buen recuerdo, Concha Arias, Juanita Jiménez...
Pocas personas conocemos tan profundamente religiosas como nuestra madre. Una religiosidad sincera y verdadera, humilde y devota. Lejos de las alharacas y lucimientos que vemos a diario en los supuestamente religiosos. Muy cerca de las enseñanazas de su Cristo y muy humana a la vez. 
También hay muchas personas que nos paran por la calle y nos cuentan que nuestra madre fue su catequista, demostrándonos su admiración.
En los cincuenta, ya vuelta del colegio con un expediente brillantísimo, conoce al que representaría la parte más importante de su vida, a Manuel Cabello Janeiro, su compañero de siempre, su esposo, el padre de sus cinco hijos.
Y aquí comienza el pilar fundamental de la vida de Esperanza: su familia.
Sería imposible resumir en estas líneas la figura de nuestra madre, pero no les quepa duda de que ha sido una mujer excepcional: dedicada en cuerpo y alma a su familia, a la educación de sus hijos, al cuidado de sus mayores y a su esposo.
Sus verdaderos sentimientos religiosos, su extensa cultura y su humanidad han hecho que Esperanza sea tan especial, tan diferente tan querida por todos, derrochando amistad, paz, ternura y felicidad en todas las personas que la han conocido.

Estos versos de su hermano Leandro resumen, aunque sea mínimamente, el sentimiento de todos con nuestra madre:

Santa Esperanza, por Leandro Izquierdo


Aujourd'hui maman est morte...
Así empezaba una novela de Camus que leímos hace muchos años. Y desde entonces nos hemos horrorizado pensando que algún día nosotros tendríamos que decir lo mismo: "Hoy ha muerto mamá".
Y es terriblemente cierto, dar la noticia de la muerte de nuestra madre es lo más triste que hemos hecho nunca.
Porque se nos ha ido con ella una parte de nuestra vida, uno de los pilares de nuestra existencia. Pero, al mismo tiempo, tenemos una gran alegría de pensar que somos muy afortunados de ser sus hijos. Su profunda humanidad y su bondad han hecho de nosotros, sus hijos, unas buenas personas, dispuestas a seguir su camino por encima de cualquier otra consideración.
Tenemos la alegría de haber disfrutado de la vida a su lado, de haber aprendido a leer, de haber sido sus alumnos, de haber reído tanto, de haber llorado a su lado.
Tenemos el orgullo de haber conocido la vida de su mano, una mano limpia y generosa, que siempre se ha dado a todos y siempre ha puesto a los demás por encima de sus propios intereses.
Tenemos la suerte de haber heredado, entre unos y otros, hijos y nietos, muchas de sus cualidades, unos el sentimiento religioso, otros el tesón y la voluntad de hierro, otros el amor a la familia, otros la humanidad y la generosidad, otros el amor por los libros y la cultura, otros la humildad y la sencillez, otros ese don de palabra y esa facilidad de escritura que la caracterizaban.
Y nuestra herencia, la mejor herencia que una persona puede tener, es habernos convertido en una piña alrededor de ella. Pocos hermanos pueden decir a boca llena que han cerrado filas alrededor de su madre como nosotros. Y esa es la mayor prueba de que somos hijos de una mujer excepcional que ha conseguido hacer de su familia una sólida roca en la que todos sus miembros se quieren y se apoyan unos a otros.

Comenzábamos este entrada pensando que sería imposible escribir sobre nuestra madre, y nos hemos dado cuenta de que lo realmente imposible es dejar de escribir sobre ella. Pero no hay más remedio, hay que parar momentáneamente de hablar de esta mujer increíblemente buena y dedicarle el primero de los miles de homenajes que le haremos en nuestra vida. 


¡Gracias, mamá!
Gracias por habernos dedicado toda tu vida
Gracias por habernos querido tanto
Te querremos siempre




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Agradecimiento

Después de la muerte de nuestra madre hemos recibido cientos de mensajes de apoyo y de ánimo, llenos de cariño y de afecto. Unos de personas amigas de nuestra madre, otros de amigos de la familia, otros de vecinos del pueblo...
Hemos recibido mensajes por teléfono, correos, mensajes de texto, notas personales, mensajes privados en las redes sociales.
Solo tenemos palabras de agradecimiento para todos los que han vivido con nosotros estos días tan difíciles, y queremos hacerles saber que con su compañía y sus palabras de ánimos el dolor se sobrelleva un poquito más fácilmente.
También decirles que nos satisface mucho poder leer tantas palabras bonitas sobre nuestra madre, saber que tanta gente la quiere y ver cómo despierta tantos buenos sentimientos en los demás.
Para agradecer todas estas muestras de apoyo y que este pequeño homenaje a nuestra madre sea entre todos, reproducimos algunos mensajes de amigos en  facebook.

¡Muchas gracias a todos!









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miércoles, 29 de junio de 2016

Isabel Álvarez Janeiro. In memoriam

Isabel celebrando su 96 cumpleaños, junio de 2015


Por Esperanza Cabello

Siempre la recordaremos así, en su ventana, con su sonrisa, con su croché, con sus bonitas palabras, con sus miles de historias, con su amor incondicional a sus sobrinos y a sus primas, con su integridad y su amor a la vida.
Ayer falleció en su casa de Ubrique, rodeada de sus sobrinos y sus seres queridos, nuestra tía Isabel Álvarez Janeiro, a los noventa y siete años de edad.
Esta muerte, tan triste, tan desoladora, no ha sido inesperada, Isabelita ha estado muy desmejorada en las últimas semanas, y el alma alegre y cariñosa que ha sido siempre se ha ido debilitando poco a poco.
Ahora, haciendo memoria de las muchas tardes que hemos pasado charlando en los últimos años, pasa por nuestra mente la historia de toda una vida, una vida valiente y divertida, la vida de una mujer que se ha ido bebiendo el mundo a grandes sorbos y que ha estado siempre pendiente de los suyos.
Isabel nació en Ubrique el 20 de junio de 1919 (con los años, de jovencita, convencería a su hermano para que le quitara un año en "los papeles" y así ser más joven), así que acaba de cumplir 97 años.
Era la cuarta hija de una familia numerosa; su abuela Belén había comprado la casa cuando Antonio, su padre, fue destinado a Ubrique. Aquí, en plena calle Botica, Antonio Álvarez conoció a una simpática vecina, a Isabel Janeiro, mujer de bandera, siempre sonriente, como su hija, dispuesta y capaz. Los jóvenes se enamoraron y se casaron, formando una preciosa familia numerosa, con ocho hijos.
La mala fortuna quiso que Antonio muriera demasiado pronto, por lo que todos tuvieron que arrimar el hombro hasta que Isabel (madre) consiguió una administración de loterías.
Pero Isabelita no estuvo parada ni un momento, ya desde pequeña era un tabardillo que lo mismo iba  a por agua a la fuente, que subía a la sierra, que se iba con sus tíos de paseo.
Cuando tuvo edad de trabajar empezó a hacer sombreros, bueno, a coserles la tira de cuero y a ayudar en el taller a plancharlos y acabarlos.
Pronto cambió el trabajo por la petaquería de su prima Julia, donde estuvo trabajando muchos años, hasta que cambió de patrón y estuvo trabajando en la calle Real.
En su casa, siempre ayudando a su madre con los más pequeños o a su prima con sus hijos, pero también ayudando en la administración.
Con el paso del tiempo, y tras la muerte de su madre, Isabel se hizo cargo de las loterías del pueblo, todo el mundo la recuerda en su ventanilla siempre sonriente, vendiendo décimos y dando premios. Al mismo tiempo, siempre destacó por su generosidad y su altruismo. 
Nunca tuvo nada suyo, siempre se ocupó de sus sobrinos, de sus hermanos y de toda su familia.
Esa ha sido su vida, su ilusión, su pasión: los suyos. 
Sus amigos, su familia, siempre han sido lo más importante, y no la han defraudado. Todos se han ocupado de ella siempre; han formado, por encima de cualquier circunstancia, una piña alrededor de su querida tía, y esa ha sido su alegría de vivir.

Para nosotros se va con ella una gran compañera, se va, además de nuestra tía, nuestra memoria viva, nuestra información, el relato de casi cien años de un pueblo. Hemos pasado muchas tardes de croché, de pasteles, de risas, de videos, de fotos, de recuerdos.
Y la vamos a echar de menos, mucho, hoy la despedimos con todo nuestro cariño y con la alegría de haberla conocido y de haber podido disfrutar de ella.


¡Descansa en paz, Isabelita! 
Siempre en nuestros corazones


 Su sepelio tendrá lugar esta tarde (aún no está concretada la hora) en el cementerio de Ubrique.
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