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jueves, 17 de julio de 2025

A Manolo Cabello, por Juan González Cabezas

 


 

Del grupo de Facebook "Ubrique en el recuerdo" 

 

 

CANTO NATURAL

Este verdor del alma
a Manolo Cabello
 
 
 
Ranas verdes en el Rano,
limo alargado en los veinte pilares,
verdor en las cornicabras,
y las vinagreras,
y en los pinitos que se fugan
paralelos a la salida del lugar,
aparece el cine entre las pitas,
jazmines en el revolver
de Gary Cooper
como si la noche fuese de La Metro
y Hollywood verde botella,
hay verdor de higueras
en La Cerca de tus abuelos,
un campo de adelfas en la vega
donde bajan los verdines de los ríos,
matagallos que friegan con jabón
de arenisca
los posos de verdolagas
de los platos de Duralex,
lama en los charcos de Mariana,
en Tavizna y en el hondo Naranjal,
grama tierna en las piedras del Caracol,
al rededor de la fuente de la plaza
y en el alto paraíso en la calle Peral,
pelotitas verdes Gorila
bajando por la calle El Perdón,
gamones aceitunos como el retablo
de la iglesia
y los sauces que bajan por las riberas,
iris azules en la plaza de la verdura
y un corazón de menta como el tuyo,
ahora la hierba lleva tus ojos
y el cielo es esmeralda
como el mar del invierno,
el trigo de marzo,
la música de Verdi
y los verdones que vuelan
libres a tu alrededor.

 


 

domingo, 22 de septiembre de 2024

Despedida a Juan Ramírez, por Juan González Cabezas

 

Mínimos poemas de otoño
 
 
A Juan Ramírez Domínguez, mi querido amigo.
 
 
Y ahora que las granadas
se abren como corazones
enramados,
rojas rezumando sangre
en grietas dulces,
labios que lamen pulpas
transparentes y perlas fucsias,
ahora que se esperan lluvias
en los ríos,
altos arroyos desbordándose,
aguas sobre el agua
salpicando en botas de goma
almas e intemperie,
leve frío en los callejones,
pájaros en los plátanos piando
al caer la tarde,
ahora que los farolillos
se arrastran por el suelo
como un dolor arrugado de colores,
y huele a gomas de borrar
en los pelos de los niños,
que las nubes dan arrope a la memoria,
y el verano huye
como una hiena que roba
zamboas amarillas en la huerta,
ahora que recordar es una vida paralela
que nos hace inmortales,
días después que una Virgen
cruzase tu calle enamorada de azucenas,
ahora que eras palabra caudalosa,
viajero de la noche en bicicleta verde,
preso del sufrir que el mar golpea
con violetas,
ahora llenas el espacio de los pinitos
que salen de tu tierra,
sin ti el recuerdo ya no es confortable,
ni la muerte es la nieve donde nos tendíamos
tan jóvenes, querido amigo,
sin tí duele mirar las altas cumbres
del río donde ahora llueve.

martes, 20 de febrero de 2024

Juan Manuel González Cabezas. La Feria

Feria de Ubrique. Finales de los cincuenta

Fotografía de Azahar
 

 

 

CANTO NATURAL: Catorce de Septiembre
 
 
Puestos de cobre en la calle
y winchester de plástico,
Tizonas y Coladas
y floretes del zorro,
cochecitos de cuerda y lata
y pistolas de John Wayne,
duelo en La Salida del Lugar,
un paseo por la dicha de Septiembre.
Turrones de miel y ajonjolí,
cocos de agua,
algodón dulce pegado
al cielo de la boca
como un arcoíris en blanco y rojo.
Las niñas faldas de tabla,
los niños calcetines de nylon.
Altísimos reyes y pequeños
cabezudos,
música callejera de clarines
y cornetas
y el toro del aguardiente
en el frío albero
donde había pasado un portugués.
Pasodoble en el jardín,
Mirinda y a veces temprana
Cruzcampo,
Kina San Clemente,
caldo de feria y milanesa.
Soledad en las altas calles
como un cuadro de Matheu,
óleo sobre calle encantada
y toros en la siesta.
Vuelo aéreo en voytoma
de cadenas,
tiovivo al caer la tarde,
los caballitos,
la vespa azul
que daba la vuelta
a la tierra ochenta veces,
una ola con sirena,
la playa en la sierra
en suelo de tablas,
curva cerrada de látigo
de hierro,
coches que chocan
en una autopista desordenada
que iba al mismo sitio,
guardabarros de goma
y techo con chispas de fuego,
la escoba del tren fantasma
barriendo a golpes
los vagones.
Noche en la cancha
de baloncesto,
glamour en la caseta,
las piernas de una bailarina
con arte y oficio,
los cisnes azules.
Rebeca y lluvia en los farolillos,
almidón mojado en traje de lunares,
primeras hojas en el suelo
y casi el colegio,
catorce de Septiembre,
bombillas de otoño,
la feria y la vida,
los cuatro días que duraba el mundo.

 

lunes, 19 de febrero de 2024

Juan Manuel González Cabezas. El Instituto

 

 

El instituto en 1970

Fotografía de "Ubrique en el Recuerdo"

 

 

CANTO NATURAL: EL INSTITUTO 
 
a Doña Ana
 
 
En las mañanas de invierno el frío
rompía las manos,
la hierba estaba helada,
bajaba el río con helor y espuma,
cruzábamos el puente de tabla
como Indiana Jones
en busca del arca perdida,
allí vivía el ángel de la guarda,
decían las madres.
Pupitres celestes y un diccionario
gordo de francés,
el Quijote de Espasa y Calpe,
los niños sin las niñas,
y en el recreo un bollo caliente
que sacaba el panadero
de un saco interminable.
La higuera del camino se cargaba de frutos
y comenzaba la guerra de los higos,
una película de Bertolucci
que terminaba cuando un profesor
caía herido de una breva en la cabeza.
La formula quinta de la vida,
cuéntame como te ha ido,
llegaba la adolescencia
como un pavo
que repite sonidos tontos
cuando alguien silva.
Silbábamos todos
y a ver quién alejaba
más con la saliva
y las pedradas,
qué niña saltaba
más al elástico y movía
la piedra del tocadé
de un casillero a otro.
El profesor pronunciaba
le garçon revient
en un francés caído
del cielo parisino
y las aguas del Sena
a los bordes tranquilos del Majaceite.
Algunas tardes había paseo
por las adelfas de la Vega,
pájaros, peces y lagartijas,
la naturaleza guiando a los niños
a ser libres como el aire.
Los bolsillos cargados de huesos
de amasco
para escatar al mundo
sus perlas preciosas,
la chicha y la pámpana
limpiando del suelo
lo que otros habían tirado,
el valor que tenían las cosas.
De Jerez unos tíos con gafas
de espejo nos examinaban,
pánico en los pasillos,
cero absoluto en climatología,
un cuatro en física cuántica,
hundidos como un barquito de uno
y tocados como uno de cuatro.
Y llegaban las notas a los padres
y era Troya Ubrique,
verano caliente,
clases particulares,
libertad en Tavizna
y libros en Valdelagrana y Sabinillas.
Caracoles en la noche,
Ciencias y Letras en la sierra,
Colegio Libre Adoptado,
un milagro,
los profesores.

 

viernes, 16 de febrero de 2024

Juan Manuel González Cabezas. La plaza de abastos y sus alrededores

 

 

La plaza de Abastos

Fotografía de José Luis Ríos Olmedo

 

 

CANTO NATURAL: La plaza de abastos y sus alrededores
 
A Eloísa Pan Esquivel
 
 
Había una ratita debajo de una lata
que corría hacia los naipes,
las niñas del Rebaño de María
subían al asilo con babis de rayas.
Un pequeño túnel conducía
a la plaza de abastos,
los vegetales estaban a la izquierda
como dioses que esperaban venderse,
olía a apio verde y zamboa amarilla,
las vendedoras llevaban
copas de cisco para calentarse
el luto de las piernas,
rodetes en el pelo
y una orza con malta La Braña
para el café de las once.
Al fondo hombres con botas de goma
y lunares de escama
vendían peces blancos y azules ,
sirenas de atún herido se tendían
en la puerta de la otra salida,
sangre leve bajaba por la calle Nueva
en arroyos de hilo enrojecido.
Ardía el aceite en el perol de Petra
como un hogar a la intemperie,
costanilla arriba en papel de estraza
tejeringos calientes en las manos frías.
Las campanas doblaban temprano a misa,
el Ton, el Tin y el Tan
oyéndose en la plaza
como tres señoras que anunciaban
bodas y duelos.
Arias de pregoneros en la calle,
"llevo la ristradeajo"pregonaban,
flacos y angelicales
como solistas de una ópera de Viena.
Olía a melones maduros
calados en el aire del verano,
a la suerte segura de un postre
abierto en canal con pipas.
Dentro se oía el dúo de los pescaderos
anunciando
acedías frescas y boquerones de plata,
Felipe y Montero
en un adagio del mar en la sierra.
Un olor a cera fundida y vino dulce
salía del templo de enfrente,
tiernas beatas pregonaban
amores imposibles en la iglesia,
mientras amas de casa compraban
judías en el mercado,
uno frente a otro el alma y el cuerpo
intercambiándose.
Y en medio el vapor de agua
del bar de Aránegas soplando fuerte,
la granza en un cajón de madera,
el café de la mañana,
un respiro entre las dos partes de la vida.

 

miércoles, 14 de febrero de 2024

Juan Manuel González Cabezas. El Jardín

 


 
 
CANTO NATURAL: El Jardín
 
 
En el jardín hay un seto mojado
de lluvia y saliva,
un abrazo de gasa verde,
noches de blanco satén,
dátiles caídos en el suelo.
Luces fluorescentes en rebecas blancas,
los ojos cerrados de la reina bruja,
golpes de una batería de nácar
latiendo en mejillas pegadas
como hojaldres.
Salía el amor de las palmeras
como un gato azul
que se lavaba las manos,
desaparecía el espacio
entre los vientres
que unían vísceras calladas,
caían cortinas de párpados
en la mirada serena de los fresnos.
La noche guardaba
su terciopelo morado
en una ermita,
flores sobre un tablero de ajedrez.
En el jardín cogíamos Marro
para la vida,
dátiles celestes en el suelo
de las palmeras,
incienso en los farolillos,
la memoria lenta
de un baile agarrado.
 
 

martes, 13 de febrero de 2024

Juan González Cabezas, un escritor ubriqueño

 


 Juan González durante la presentación de su libro

Fotografía de "La cabina de combate" (en este enlace)

 

 

Por Esperanza Cabello

 

Desde hace unos meses venimos leyendo con mucho interés en "Ubrique en el recuerdo" algunas poesías que nuestro amigo Juan Manuel González Cabezas va publicando en la página.

Deseando guardar fielmente estos poemas, le hemos propuesto ir publicándolos en el blog paulatinamente, sobre todo para que estén más al alcance de la mano, y porque es un orgullo poder compartirlos con todos. 

Hace muchos años que Juan, médico de profesión y afincado en la provincia de Málaga, se dedica a la poesía. Tuvimos la suerte de leer su primera publicación hace casi una década, era un compendio de sus escritos hasta el año 2005 desde que empezó a escribir siendo muy joven. Se trataba de "En síntesis (1985-2005)".

Más tarde hemos tenido la suerte de poder seguir sus publicaciones en facebook y ahora, como hemos comentado, lo seguimos en "Ubrique en el recuerdo".

Vecinos desde pequeños (él vivía en el mejor lugar del mundo para los niños de entonces, la confitería familiar que todos recordamos), con entornos familiares parecidos, como todos los niños de pueblo, con inquietudes  similares y amigos comunes. Nos resulta enternecedor leer sus poemas y recordar, gracias a su impresionante memoria,  aquellos maravillosos años.

Gracias, Juan, es todo un lujo contar contigo💜