lunes, 20 de mayo de 2019

El Calvario de Ubrique, por García Parra

El Calvario de Ubrique, por Francisco García Parra
Gentileza de Fernando Oliva




Por Esperanza Cabello

Nuestro amigo Fernando Oliva ha tenido una idea estupenda. Ha publicado en el grupo de Facebook "Ubrique en el recuerdo" la magnífica fotografía que hiciera don Francisco García Parra del Calvario en 1925, que ya publicamos en esta entrada, pero acompañada del texto que García Parra escribiera en el reverso.
Tenemos muchas fotografías de don Francisco García Parra, unas originales y otras copias que había conseguido nuestro padre. Hay que tener en cuenta que muchas de estas fotografías fueron las tomadas para el libro de la Historia de Ubrique de Fray Sebastián, por lo que  se trata de un trabajo muy cuidado y bien documentado.
Fernando nos ha ofrecido gentilmente esta  imagen, y esperamos que nos permita seguir publicando las que tiene. Porque nos gustaría hacer una serie con estas fotografías, seguro que aún hay muchas en casas de muchos ubriqueños.
Transcribimos a continuación el texto manuscrito de Francisco García Parra.
Muchas gracias.
 


"La capilla del Calvario de esta villa, construida en el siglo XVIII, como losdemás Calvarios de todos los pueblos de la Serranía de Cádiz, por el V.P. Buenaventura de Ubrique, fundador también del Via Crucisa dicha capilla, en cuya estación XII había un Cristo de mármol que se conserva hoy en poder de don José Rodríguez Sánchez.-
Del Venerable Padre Buenaventura, apóstol de la Serranía, nos cuenta la tradición interesantes datos y hechos milagrosos de su vida. Enla construcción del Calvario le ayudó todo el pueblo con su prestación personal y aportación de materiales y recursos, menos "aquella punta mala del Toledo", según su propia frase, cuyo nombre conserva todavía la terminación de la calle Toledo que sigue llamándose vulgarmente "La Punta Mala".
También conocemos tradicionalmente el hecho de su bilocación, habiéndosele  visto a la vez en sus actos de Comunidad en el Convento y en lasatenciones de su obra en el Calvario.
Igualmente se cuenta que levantó las cruces "del Benalfí", "del Tajo" y "de l aViñuela", en acción de gracias por haber detenido un terremoto que amenazó sepultar al pueblo bajo la sierra que lo rodea.
El Beato Diego de Cádiz fue heredero del Padre Buenaventura en la devoción a la Pasión y en la creación de Calvarios y Cruces. Eran emocionantes los Vía Crucis dirigidos por el Padre Buenaventura, en los que hacía fervorosas exhortaciones al pueblo, cargado con una pesada cruz.
En el año 1801fue ampliada esta capilla por don Pedro Romero con un atrio abierto.
Ubrique, año 1925."

viernes, 17 de mayo de 2019

Ubrique por Pérez Reverte, un hallazgo de Ramón Trujillo

Portada de "La piel del tambor" de Arturo Pérez Reverte
Página oficial del escritor (en este enlace)




Por Esperanza Cabello

Hace ya mucho tiempo que buscamos referencias a Ubrique en las obras de autores conocidos. Y ya las hemos encontrado en al menos doce ocasiones.
Ayer, hablando con nuestro amigo Ramón Trujillo, nos dijo que también se encontraba el nombre de nuestro pueblo enla obra de Pérez Reverte, concretamente en "La piel del tambor".
Nos llamó la atención, pues fue uno de los primero libros de Pérez Reverte que leímos, a mediados de los noventa, y entonces no habíamos reparado en ello. 
O quizás sí, y no era para nosotros algo tan buscado.
El caso es que noshemos puesto manos a la obra y aquí está el fragmento del que nos  hablaba Ramón.



"La piel del tambor" es la historia de un pirata informático en el Vaticano, pero una gran parte de la historia pasa en Sevilla, donde hay una aristócrata muy elegante cuya descripción es la siguiente:

"... una mujer morena, de pelo negro y largo hasta más abajo de los hombros: gafas oscuras, tejanos, zapatos mocasín y amaricana marrón sobre una camisa azul claro. Parecía muy hermosa, y a medida que Quart se fue  acercando y ella se puso en pie pudo confirmarlo mientras apreciaba el contraste del collar marfil sobre la piel bronceada, la pulsera de oro en la muñeca, el bolso de piel de Ubrique en el sofá, a su lado. La mano delgada, elegante, deuñas perfectas, que extendía ante sí, presta al saludo:"


Y ahí está de nuevo la marroquinería de Ubrique. Un bolso de Ubrique como accesorio perfecto para la elegancia y la clase.
¡Muchas gracias, Ramón!


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domingo, 12 de mayo de 2019

El monumento al Petaquero y a la Petaquera de Ubrique: un misterio por resolver

Monumento al Petaquero
Plaza de la Estrella de Ubrique


Por Esperanza Cabello


Desde que hace unos años este grupo escultórico salió de la plazoleta del Petaquero para colocarse en el centro de la rotonda de la plaza de la Estrella, los dos petaqueros, bautizados como "Remedios" y "Sebastián", los nombres de los patronos de Ubrique, han ido adquiriendo protagonismo,hasta el punto de llegar a convertirse en uno de los símbolos del pueblo.
Ya en la feria pasada, durante el pregón de Modesto Barragán, Remedios y Sebastián se vistieron de faralaes para inaugurar la feria, y también han sido protagonistas en la segunda Feria del Libro del colectivo de autores ubriqueños, pues el artista Zarva Barroso los ha convertido, a los dos, en lectores empedernidos.





























El caso es que sabemos muy poco de este monumento, no solo no sabemos quién fue el artista encargado de realizarlo, sino que tampoco sabemos exactamente en qué año lo esculpieron.
Hablando con Zarva sobre él, nos dijo que le gustaría conocer más datos de él, así que nos hemos puesto manos a la obra con los medios de que disponemos.
En primer lugar, hemos encontrado uno de los libros de feria, concretamente del de 1975, en cuya portada está la figura de los dos petaqueros, pero muy diferente.





Se trata del cartel de feria ganador de 1974, cuyo autor fue el ubriqueñodon Francisco García Cordón. Y ¿dónde se había inspirado don Francisco García? Pues en el boceto que un escultor de El Puerto, Francisco Javier Tejada Prieto, primo de José Luis Tejada el escritor, había presentado a la alcaldía para el proyecto del monumento.

Hasta ahí nuestros datos ¿Sería Javier Tejada el autor del grupo escultórico? ¿Cuándo lo esculpió?
Dudas y más dudas, en nuestros libros no encontrábamos nada. Pero para algo tenemos un padre reportero, nos hemos ido a las Crónicas de Radio y hemos encontrado la siguiente noticia.




"Después de casi dos años de la fecha de su encargo, ha finalizado la obra de construcción del monumento al Petaquero, que irá levantado en la zona de máximo desarrollo urbanístico de Ubrique, y que representará el agradecimiento del pueblo ubriqueño a esos hombres y mujeres que en tiempos lejanos trabajaron las famosas petacas de piel para convertirse,en fechas presentes, en los auténticos forjadores del Ubrique moderno, gracias a la tenaz, laboriosa y artesanal tarea en las artes de la marroquinería."

 MANUEL CABELLO JANEIRO

Así que ya sabemos que el monumento había sido encargado en 1974; en 1975 Javier Tejada presentó el boceto, y en febrero de 1977 ya estaba terminado el grupo escultórico. 
¿Y cuándo lo colocaron en la plaza del Petaquero?

Pues hemos recurrido a otro de nuestros "informantes habituales", la hemeroteca de ABC, y nos hemos llevado, después de mucho buscar, una bonita sorpresa:

 ABC Hemeroteca 31 de marzo de 1979

Aquí encontramos la noticia, en marzo de 1979 fue inaugurado el monumento al petaquero. Podemos leer en el periódico:


"Hay una artesanía específicamente ubriqueña que es la del cuero, la que ha hecho famoso al pueblo por la calidad de sus bolsos, carteras y petacas y otros artículos de piel con venta en el mundo entero. Como homenaje a los que hicieron posible el renombre de esta artesanía se ha levantado el monumento al Petaquero, con esculturas del portuense Javier Tejada."


Así pues la conclusión es esta: el monumento al petaquero de Ubrique se encargó en  1974 al escultor Francisco Javier Tejada Prieto. Éste presentó un boceto que, pintado en un cartel de feria por Francisco García Cordón fue ganador del concurso y ocupó la portada del libro de feria de 1975.
El boceto fue aprobado y en febrero de 1977 ya estaba terminado el grupo escultórico, pero hubo que esperar hasta el 31 de marzo de 1979 para su inauguración. Precisamente fue inaugurado al mismo tiempo que el nuevo Centro de Salud de Ubrique, justo tres días antes de que se convocaran las primeras elecciones municipales democráticas en nuestro país, hace cuarenta años.


Aún nos quedan dos datos más. El escultor Francisco Javier Tejada Prieto falleció, lamentablemente, en 2009, nos hubiera gustado poder hablar con él sobre su obra, pero podemos saber algo sobre su vida en este enlace.
Y en Ubrique hay otra escultura muy significativa, el busto de Emilio Santamaría, al final de Los Callejones, en Vista Alegre. ¿Imaginan quien fue el escultor? Pues sí, efectivamente, Javier Tejada. Seguiremos investigando.


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sábado, 11 de mayo de 2019

Los escritos de Agüera

Programa de Fiestas de Ubrique 1975


Por Esperanza Cabello

Cuando tuvimos la ocasión de hablar con Antonio Rodríguez Agüera sobre su vida y la magnífica exposición que estará hasta final de mes en el Convento de Capuchinos, nos explicó que en una ocasión le habían pedido que escribiera sobre Ubrique, y que incluso llegó a ver este escrito publicado en uno de los libros de feria que se hicieron  al final de los sesenta y en los setenta.
Y nos pusimos manos a la obra, mirando página a página, hasta que llegamos a 1975, y eneste programa encontramos no uno,sino dos escritos de Agüera.
El primero es un pequeño poema dedicado a Ubrique:





Y el segundo es un texto en prosa en el que explica cómo él mismo ve a Ubrique, que transcribimos a continuación:


CÓMO MIS OJOS VEN A UBRIQUE


Roca y cal donde sus hijos, como por arte de magia, elaboran la piel y hacen de ella maravillas de encanto, desde la simple cerillera hasta los grandes bolsos de señora, pasando por toda la gama de modelos inventados por ellos.
Ubrique es, como un sol escondido entre montañas, celoso de no repartir su tesoro, por eso los ubriqueños hacen con todo amor y delicadeza cuanto haya que hacer. Parece como si cayera desde las montañas la lava de un volcán,  pero ésta de esencia de sabiduría, gusto y sensibilidad por el trabajo
Si observamos las manos de un oficial de primera, encelado en la pieza que está haciendo, nos daremos cuenta deque esas manos no pertenecen a ese cuerpo, sino a ese espíritu o gusanillo que lo dirige en su obra.
Muchos de los padres de familia de otros pueblos vecinos, cuando vienen a Ubrique y lo paladean, no dudan en traerse a su familia, para que sus hijos se instruyan y aprendan el oficio de petaquero, y nosotros, con gusto y esmero, les enseñamos todo lo necesario para que, poco a poco, se vayan impregnando de esa sensibilidad, de ese gusto, de ese amor que todo ubriqueño lleva en su ser.
Si el célebre y fantástico dibujante Walt Disney aún existiera, y llegara a conocer a Ubrique, se diría:
De todo lo que he visto y conozco, jamás han visto mis ojos maravilla semejante. Porque de la manera en que está hecho Ubrique y donde sus primeros hombres decidieron establecerse para fundar su hogar, diríamos que eran cerebros escogidos por Dios para que se posaran allí.
Hoy miro sus calles, y veo el trazo caliente y vivo de Walt Disney, sus casas, sus paredes, sus paisajes, todo en sí es fantástico, increíble que exista esta maravilla en el mundo y que a nosotros, sin apreciarlo, se nos escapa sin darnos cuenta.


ANTONIO RODRÍGUEZ AGÜERA, 1975








viernes, 10 de mayo de 2019

Antonio Rodríguez Agüera, un hito en la pintura ubriqueña

Antonio Rodríguez Agüera en su estudio
Fotografía gentileza de David Bulpe


Por Esperanza Cabello


Antonio Rodríguez Agüera, conocido cariñosamente en el pueblo como "Agüera", es uno de los decanos entre los artistas de Ubrique; siempre es una verdadera suerte poder hablar con él, hombre sencillo y humilde, apasionado de la pintura y con un enorme carácter. Te emboba mientras cuenta cómo ha pintado un cuadro o cómo conseguía fundir el zinc.
Ha comenzado una nueva exposición en el Convento de Capuchinos, "Conversaciones", inaugurada por la alcaldesa de Ubrique, Isabel Gómez García, la pasada semana y que estará abierta al público hasta el treinta de junio.


Cartel de la nueva exposición de Agüera en el Claustro del Convento


Una exposición que no puede dejar indiferente a nadie, y a la que hemos tenido la ocasión de asistir con el también artista ubriqueño Zarva Barroso, admirador de Agüera, con el que comparte la pasión por el dibujo y la pintura.
Hace poco más de un año, mientras preparábamos con David Bulpe el nombramiento de don Manuel Pérez Trastoy como Hijo Adoptivo  de Ubrique, tuvimos la gran fortuna de ir a su estudio en la calle Higueral para recabar su ayuda.
Aquella visita nos impresionó, no solo porque es un lugar increíble, una casa diminuta que fue el primer hogar de la familia de Antonio, que sus padres alquilaban entonces a Cristóbal "el de la Cal", sino porque Antonio, con esa personalidad fuerte y ese carácter afable, es un conversador cercano y divertido, tan ubriqueño en sus raíces que tienes la impresión de estar conversando y aprendiendo a la vez no solo historias de nuestro pueblo, sino también palabras y giros que incluso nosotros mismos desconocíamos. En aquella ocasión David, que es capaz de captar con su cámara el alma de las personas, hizo un magnífico trabajo.


Impresionante fotografía de David Bulpe del impresionante estudio de Agüera


El artista es, en cierto modo, como su estudio, un tesoro respetuoso y bien ordenado en el que se acumulan cuidadosamente miles de obras en distintas capas, retratando épocas, momentos y recuerdos de toda una vida.
Y es que Antonio Rodríguez Agüera, aunque parece un chaval, es un hombre que en su próximo cumpleaños tendrá ochenta años.
¡Ochenta! ¡Quién lo diría viéndolo con esa vitalidad,con esa pasión, con esas ansias de trabajar y de comenzar un nuevo proyecto!

Su padre era el ubriqueño Antonio Rodríguez Gómez, petaquero ahormador, él lo recuerda llevándose la tarea a casa y viéndolo pasar una y otra vez la patacabra sobre la pieza para que fuera tomando forma. Se había casado con Manuela Agüera Ordóñez, una muchacha que se había criado cerca de Prado del Rey, en el campo,  y que vino a Ubrique con su madre, que siempre vivió con ellos.
Antonio solo recuerda a esta abuela, a su abuela materna, que compartía casa con la familia. Mujer muy religiosa, se levantaba al alba y bajaba todos los días a la parroquia, sentada en la puerta hasta que la abrían.
Sus padres se habían casado poco antes de que comenzara la Guerra Civil, y pronto llegaron los niños; fueron seis hermanos, José, el mayor, que ha muerto a sus 84 años hace muy poco; Paco, que murió siendo un niño, con nueve años; Isabel, Antonio, Paca y Manolo.
Antonio, como todos sus hermanos, nació en esta casa que ahora es su estudio, el quince de febrero de 1940. Seguramente asistiera a su madre Isabel la Matrona.
Muy pequeño comenzó a ir a la escuela con don Manuel Janeiro, exactamente en el mismo lugar en el que hoy expone su obra. 
Es muy curioso que el antiguo Convento de Capuchinos haya sido y sea hoy día una referencia genuina de nuestro pueblo. Actualmente se encuadra en él una magnífica exposición permanente que conforma el "Museo de la piel", gestionado y cuidado por Maribel Lobato y Paco Solano con mimo y esmero. Hace cuarenta años era una ruina, y comenzaron allí los talleres escuela "Ocurris", para su restauración. En los cincuenta había sido escuela para niños, ya que los capuchinos se habían visto obligados a abandonar el lugar veinte años antes. Y desde mediados del siglo XVII fue uno de los ejes de formación del pueblo y una de las cunas de grandes hombres de la iglesia, los más conocidos fray Buenaventura, el beato Diego de Cádiz o Leopoldo María de Ubrique, el obispo Panal.

Pues precisamente en el mismo lugar en el que Agüera aprendió sus primeras letras e hizo sus primeros dibujos, en el convento, ahora, siete décadas más tarde, expone sus últimos trabajos.


 En el claustro del convento, con Zarva Barroso y Antonio Rodríguez Agüera
Fotografía gentileza de Paco Solano


Como decíamos, como  primer maestro tuvo a  don Manuel Janeiro Carrasco, sus recuerdos de la época, a pesar de su corta edad, son muy vivos. Antonio recuerda que había dos "patios", el "patio de los chinos", todo el exterior del convento; y el "patio de invierno", que era precisamente el claustro. Se refugiaban allí del mal tiempo invernal bajo las arcadas durante el recreo.
Recuerda a don Manuel como a un hombre recio y firme. Hubo un detalle que aún no se ha explicado, setenta años más tarde. Un día los hizo pintar sobre sus pizarritas una golondrina, el maestro había dibujado en la pizarra de la clase, con una tiza, una golondrina en vuelo, y les pidió que reprodujeran el modelo.
Poco a poco todos los compañeros iban acercando su trabajo al maestro, y Antonio no veía el momento de acercarse él. Cuando lo hizo, don Manuel le dijo que repitiera el dibujo; y así lo hizo, no una, sino tres veces. Aún no tiene claro nuestro artista porqué él lo repitió y los demás no. 
Queremos pensar que vio en él algo diferente ya con seis o siete años y que decidió ver hasta dónde llegaría.


Golondrina al vuelo. Antonio Rodríguez Agüera, 8 de mayo de 2019


Nos encanta ver cómo Antonio se expresa mucho mejor con un lápiz que de ninguna otra forma, hablándonos de la golondrina nos la mostró gráficamente.
Después de tres años de escuela, su madre decidió que ya era hora de comenzar a buscar trabajo, y con nueve años le encontró ocupación en la petaquería de "Pataíta" en la calle de Las Tenerías.
Al entrar en la fábrica le dieron una "espabilaera". Dar una espabilaera es gastar una broma a un novato o a un aprendiz. En su caso lo mandaron a la carpintería de Gonzalo a por una "horma de los siete picos", y al llegar, el carpintero (confabulado con su jefe) le dio un "pedazo de tarugo grandísimo", en palabras del propio Agüera.
Un niño de nueve años no podía mover aquel tarugo tan  pesado. Le dio un montón de vueltas hasta que, enfadado, lo dejó allí y se volvió al trabajo, donde todos se rieron muchísimo con la espabilaera.
Unos meses más tarde le gastaron otra. Diego "el Mosca" era su jefe, estaba "a parcerías" con "Pataíta", Antonio solo hacía pequeños trabajos como aprendiz de nueve años que era. Un día le dijo el jefe que le iba a dar una tarea de verdad, y le dio una tarea de correíllas.
El niño puso sus correíllas sobre el mármol, su almidón, todas sus herramientas. Se sentó en el banquillo y empezó a hacer la tarea... como es lógico le salió fatal, cada correílla de su padre y de su madre, y sus compañeros riendo la broma.

Pero mientras vivía aquel mundo de aprendiz de petaquero en el Ubrique de finales de los cuarenta, Antonio no había dejado de aprender. Por las tardes iba a clases particulares con Candelaria Chacón Quero,  la zapatera del San Juan, y con ella aprendió bien de cuentas y mejor de letras.

Un año más tarde comenzó a trabajar en el taller de Juan Carrasco León, el repujador. Tenía apenas diez años y pintaba con cuidado los repujados del taller, ahí comenzó de verdad su aficción por la pintura, todo un mundo de posibilidades se abrió a sus ojos, y comenzó al mismo tiempo a pintar piezas para otros fabricantes. Para la viuda de Castro pintaba botitas de cuero. Maribel Lobato nos recuerda que en el museo hay una de esas botitas.
Pensando que debía prepararse bien si quería avanzar en su pintura, Antonio comenzó cursos de dibujo artístico a distancia de la academia CEAC, en Barcelona. Cada mes le pedían un trabajo diferente, lo enviaba y se lo corregían. 
En una ocasión tenía que pintar una cabeza humana, y le pidió a su padre, que estaba malo, que posara para él. Su padre se puso de frente, con las manos apoyadas en el bastón y la barbilla sobre las manos, él le hizo un dibujo con tinta china y resultó tan especial que le preguntaron desde la academia: ¿lo ha hecho usted del natural? Así era la percepción de Antonio tan joven.


Antonio y Zarva Barroso, la experiencia aconsejando al nuevo artista


Antonio nos cuenta que mientras trabajaba en el taller de repujado de Juan Carrasco León hizo amistad con su amigo Francisco Peña Corrales,  carpintero. Agüera, muy joven, iba haciendo dibujos que iba enseñando a Francisco Peña.
A su vez, éste era amigo de Pierre Matheu, uno de los iconos de la pintura en Ubrique. Matheu se fijó en el pequeño Antonio y en su trabajo, y le recomendó a Francisco Peña que atendiera al joven pintor.
El salvadoreño venía a Ubrique cada año, en primavera y verano, para captar la luz de nuestro pueblo, venía a pintar del natural, y Agüera se lo encontraba muchas veces por la calle captando momentos y luces. Recuerda expresamente un día que pintaba en la callejuela de la Cárcel, hacia arriba, dibujando en primer plano unas margaritas que  impactaron a Antonio.
Poco a poco fue creciendo la amistad y el trato entre Agüera, un chaval, y el pintor Matheu, éste apreciaba su trabajo, mientras que otros chavales venían a mostrarle sus pinturas y Matheu les decía: "A lo mejor después de cien cuadros..."

Una noche, de madrugada, que iban subiendo por la calle Torre, Matheu preguntó al joven ¿De qué color ves el cielo? Agüera respondió claramente ¡Azul! (eran casi las dos de la madrugada), y su respuesta gustó mucho al pintor, el cielo, de noche, también es azul, no es negro. ¡Buena respuesta!



 Impresionante retrato de Agüera por David Bulpe


A veces, oyendo hablar a nuestro  pintor, recordamos (salvando las distancias) al escritor americano Hemingway, quizás por su tenacidad, por su seguridad, por la vida que da a su trabajo, por la pasión que pone en todo lo que hace, porque ha aprendido a que lo importante es lo importante, y lo demás siempre puede esperar. Para Antonio la pintura es lo importante, y no le interesan los datos ni las fechas, sí los conceptos y las personas.

Muy pronto decidió convertirse en su propio jefe y dejar de trabajar para Juan. Pensó en hacerse sus propios troqueles y sin amedrentarse por nada, con los medios de los que disponía, comenzó a tallar la madera, a trabajar la piel, a fundir el plomo. Era todo un espectáculo ver el cacharro con el plomo fundiéndose ¡en  la hornilla de su madre! 
Hacía falta mucha temperatura para fundir el plomo, y después había que echarlo sobre la piel que se estropeaba una y otra vez. Era muy difícil, pero más tesón tenía él. Lo intentó hasta que lo consiguió, se hizo un experto en fundir el plomo, e incluso hizo trabajos fundiendo zinc en el anafe de su madre, se veía el cacharro al rojo vivo.

Pero Antonio no había nacido para ser repujador ni petaquero. Siendo aún muy joven decidió que iba a dedicarse por completo a la pintura. Por aquel entonces ya había conocido a la que es la mujer de su vida, su esposa y la madre de sus hijos Enma y Antonio David.
Nuestro pintor nos cuenta que ha tenido muchísima suerte con su mujer, que lo ha apoyado y comprendido siempre, sin ponerle ningún pero a su dedicación al trabajo.
Y también con su familia, ya que ahora son los felices abuelos de Julián y Ana.

Volviendo a sus primeros pasos como pintor, sabemos que a finales de los sesenta y principios de los setenta hizo sus primeras exposiciones. Antonio recuerda a nuestro padre, Manuel Cabello, que le organizó la primera exposición en los salones de la AISS. También hizo una exposición con Pedro Lobato en la calle Cruz.
Antonio quería mucho a Pedro, lo admiraba y lo apreciaba, aún lamenta profundamente su muerte y habla con cariño del pintor y de su obra.
De los cientos de exposiciones y los miles de cuadros que ha pintado, siempre el trabajo más importante, el mejor,  será el que haga ahora.
Pudo apreciar  la obra de Rodríguez Cabas cuando el pintor sevillano expuso en el Casino de la Plaza, pero no lo conoció personalmente. Pocos años más tarde también expuso él mismo en el Casino. También en la Peña San Sebastián, en la Piscina de Ubrique y en tantos lugares que ni recuerda.
 Fue becado por la Diputación de Sevilla en Roma, donde estuvo pintando durante un mes. También viajó a Nueva York, era una de sus ilusiones y así lo expresó en una exposición aquí en Ubrique "si sale bien y vendo los cuadros, me iré a Nueva York a pintar". Los  vendió y se fue  a América, allí vendió un autorretrato.
Más tarde se puso en contacto con una galería americana y les envió unos veinte cuadros de pequeño formato... y ahí se quedó, de los cuadros nunca más se supo. 


 Ubrique como yo lo siento, por David Bulpe


Hablando con el pintor nos da la impresión de que  su determinación y su seguridad han hecho que se preocupe solamente de lo esencial, sin atenerse a modas ni a críticas. Su pintura está en constante evolución, y él hace lo que quiere. Siempre lleva encima lápiz y papel, y hace croquis del natural.
Nuestro amigo Zarva estaba interesado en conocer su opinión sobre el trabajo del artista, y su respuesta fue increíble:
"Si te gusta pintar, pinta. Dibuja, pinta, haz croquis. Trabaja y aprende. Cuanto más aprendas, más claro verás que te falta muchísimo por aprender, pero no pares, siempre que tengas ansias de aprender  todo irá bien."





 Llegado el momento de abandonar la exposición, nos ofrecimos a acompañar a Antonio hasta el Hogar, donde suele ir por las tardes a echar un ratito. No como profesor de pintura, porque él, humilde, dice que no puede ser profesor alguien que tiene muy claro que sabe tan poco, y que además para él es muy importante dedicarse por entero al trabajo, totalmente concentrado, y no iba a poder llevar bien los retrasos inevitables en las clases.




Al despedirnos, cuando Zarva le regaló uno de sus magníficos libros de Mitología  ibérica, Antonio nos confesó que una vez, hace muchos años, escribió unos versos que fueron incluso publicados.
Y aquí hay una novedad de nuestro pintor, después de un par de días buscando entre los libros de nuestro  padre, hemos encontrado, en una edición de 1975, dos escritos de Agüera:


El primero es un pequeño poema dedicado a Ubrique, muy en la línea de aquellos Juegos Florales de principios de los setenta.



Y el segundo un texto en prosa, explicando cómo sus ojos ven a Ubrique, nos parece magnífico el símil que hace con el petaquero y el pintor "encelado en su obra", y las alusiones a Walt Disney.
En la siguiente entrada transcribimos estos dos textos.

Hasta aquí un esbozo de biografía  de uno de nuestros ubriqueños más ilustres, uno de los pocos ubriqueños vivos que tienen nominada una calle, junto a otros pintores y escultores célebres.
Miles de cuadros  ("más de tres", nos ha dicho), cientos de exposiciones, una vida plena dedicada a la pintura y una vida entera en su pueblo natal, con su familia, con los suyos, con su pintura. Admirado por muchos y apreciado por todos, Antonio Rodríguez Agüera es, sin dudas, un ubriqueño que nunca desaparecerá.


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jueves, 9 de mayo de 2019

Presentación de "El mordisco de Tyson"




Por Esperanza Cabello


Esta tarde ha tenido lugar, en la ermita de San Pedro, la presentación del último libro del escritor y abogado isleño Enrique Montiel de Arnáiz.
El acto ha estado presentado por el concejal de cultura del ayuntamiento de Ubrique, José Manuel Fernández Rivera, y el vocalista de Saurom, un grupo de rock, Narci Lara, amigo de Enrique, de San Fernando como el escritor y también docente.
En primer lugar José Manuel Fernández Rivera ha dado a todos la bienvenida y ha agradecido a Enrique y a Narci su asistencia.



Se trata de un libro de relatos muy original, en el que mezcla fantasía y realidad en un mundo  difícil.
Nos ha llamado la atención el relato sobre el acoso escolar, Enrique no tiene ningún problema en denunciar situaciones que no deberían existir. El título hace referencia al mordisco de Mike Tyson a Evander Holyfield en 1997



  
Al terminar la presentación el autor se ha puesto a la disposición del público por si había algún tipo de duda y para saber si nos había llamado la atención la temática del libro.

 Y finalmente, la firma de ejemplares.Nuestro ayuntamiento siempre se encarga de adquirir los libros presentados en la localidad para la Biblioteca Municipal y para los centros escolares. No dudamos de que "El mordisco de Tyson" hará las delicias de algunos denuestros alumnos mayores.



 Enrique Montiel de Arnáiz es, además de escritor y abogado, colaborador de Radio Ubrique en el programa "Pasión por el ruido", por lo que es un viejo conocido de los rockeros ubriqueños, y amigo de muchos de ellos, a los que ha dedicado este artículo en el Diario de Cádiz.




sábado, 4 de mayo de 2019

Presentación de "Llina, un camino de identidad".

Isabel Gómez, Ana Eugenia Venegas y Esperanza Cabello
Durante la presentación del libro de la escritora


Por Esperanza Cabello


Hoy ha sido un día muy especial en Ubrique, siempre que se trata de libros y de arte los días son especiales, y hoy ha habido libros, muchos libros. En primer lugar ha sido la Segunda feria del Libro de autores ubriqueños, un buen grupo de escritores se han reunido en el parque Rafael Alberti para acercar la cultura a todos nosotros.
Y además hemos tenido la oportunidad de asistir a la presentación de un magnífico nuevo libro de Ana Eugenia Venegas Moreno.
Ha actuado como maestra de ceremonias, como no podría ser de otra manera tratándose de un acto cultural de este tipo, nuestra alcaldesa, Isabel Gómez García, que ha presentado a Ana Eugenia como una mujer comprometida, solidaria, tenaz, trabajadora y siempre dispuesta a impulsar la cultura.




A continuación hemos tenido la oportunidad de presentar a esta ubriqueña y su libro. La primera cuestión es ¿qué hace esta chica dentro de una jaula?
Porque así es ella, Ana utiliza la performance para atraer la atención del público, pero, en este caso además, quería llamar la atención sobre la difícil vida de los transexuales, que nacen "enjaulados" por una sociedad que no comprende nada a veces y por un cuerpo  que no reconocen.


Realmente la vitalidad y la alegría de Ana Eugenia se transmite por doquier, la hemos visto emocionada, nerviosa, feliz a veces, profesional, didáctica y muy concienciada.



Nuestras primeras palabras han sido para su madre, Ana Moreno, ejemplo de mujer tenaz y luchadora, petaquera de las de siempre, de las que manufacturan billeteras y carteras impecables, con una maestría increíble.
Trabajadora infatigable cuyo lema es "Lo que hace una persona lo puede hacer otra", a la que las dificultades de la vida no la han amilanado.






La personalidad de Ana es contagiosa, e incluso desde su jaula es capaz de hacer sonreír a los demás. En sus palabras no han faltado el agradecimiento a Isabel, no solo por su asistencia a esta presentación, sino por estar siempre preocupada por impulsar la cultura e implicarse de gran manera en esta tarea.
Hoy, que es un gran día para el pueblo, porque esta noche será la Fiesta de los Gamones, Isabel ha comenzado con la Feria del Libro,seguida de la presentación de Llina, y esta tarde, para preservar las tradiciones agradables y distintivas de nuestro pueblo, ya sabemos que irá, al igual que todos nosotros, de candela en candela.
 

 

Y comienza la presentación del libro por parte de su autora. Llina es una magnífica novela en la que  se mezclan el texto expositivo, la narración y una especie de "confesiones" de Llina.
Además está muy bien ambientada en diversas localizaciones y en los cincuenta, sesenta y setenta: Amalfi, Milán, París, Barcelona, Marbella y Casablanca, terminando en New York en 2014.





 Ana nos ha explicado cómo comenzó a surgir la idea, a partir de una experiencia real, y cómo se ha inspirado en April Ashley, la primera transexual inglesa, hoy medalla del imperio británico por su lucha en favor de los derechos de los transexuales.



Finalizada la presentación, ha llegado el momento de las felicitaciones, de la firma de ejemplares, del reencuentro con amigos, con sus antiguos profesores, de la charla distendida y de la satisfacción del trabajo bien hecho.

 



Y también, por supuesto, de las entrevistas para la prensa. Ana Eugenia está muy acostumbrada a los medios, es tertuliana de radio desde hace mucho tiempo y no le asusta, ni muchísimo menos, una cámara, estamos deseando ver esa entrevista, debe de ser muy interesante.

 



Solo nos queda volver a darle la enhorabuena por esa novela y por todo su trabajo, desearle un futuro magnífico como escritora y augurarle grandes éxitos, pues con esfuerzo, tenacidad y decisión podemos alcanzar todas nuestras metas.

 



¡Enhorabuena, amiga!



Ana Eugenia Venegas Moreno. Una ubriqueña sorprendente

Ana junto a su madre durante la firma de sus libros en Málaga


Por Esperanza Cabello


ANA EUGENIA VENEGAS MORENO



Nacida en Ubrique en febrero de 1967, esta ubriqueña cosmopolita y emprendedora vive en Marbella desde hace más de veinte años.

                Su padre era Eugenio Venegas Gutiérrez, viajante y petaquero con Juan Dueñas, murió muy joven, con cincuenta y ocho años, de un paro cardíaco. Hace ya más de veinticinco años.

                Su madre, Ana Moreno Guerrero, es una mujer fuerte y luchadora, capaz de sobreponerse tan joven a la muerte de su  marido y hacer un titánico esfuerzo para sacar a su familia adelante.  Ubriqueña, había asistido a la escuela con doña Consuelo Vega y doña María de los Ángeles Janeiro,  pero con doce años tuvo que ponerse a trabajar, abandonando su escuela. Trabajó como aprendiz en lo de Gavira, y más tarde, como petaquera de las buenas con Pulido. Le encantaba hacer billeteros.


 Homenaje a Ana Moreno Guerrero, petaquera




Al casarse, como era la costumbre, dejó de trabajar en la fábrica, pero siguió trabajando en la casa, y, como muchas de nuestras madres, era capaz de llevar por delante sus tres trabajos: el cuidado de la casa, de la familia, y los trabajos por cuenta hasta altas horas de la noche.


 Toda la familia Venegas Moreno



Al morir Eugenio, Ana redobló sus esfuerzos y con sus cincuenta y tres años hacía billeteras y carteras con tal maestría que siempre tenía trabajo, y trabajó con empeño y con esmero hasta su jubilación con 65 años. Hoy es la flamante abuela de tres nietos que son su alegría.

Eugenio y Ana habían tenido dos hijos, Ana Eugenia (con sus dos nombres por su madre, su abuela paterna y su padre), nacida en 1967 y Juan de Dios, un año y medio más tarde.

Ana Eugenia era una niña muy trabajadora en la escuela, no consentía tener notas bajas de ninguna de las maneras, y además ahí estaba su madre, diciéndole siempre: “Lo que hace una persona lo puede hacer otra”, quizás en esos consejos maternos está la clave de su afán de superación. Divertida, inquieta, constante y brillante, quizás pudieran ser esos sus calificativos de pequeña, y no ha perdido ni un ápice de su frescura con el paso del tiempo.





En su escuela, la “escuela redonda”, tuvo como primera maestra a Lali, que la hizo pasar de primero a segundo porque era una niña muy lista. Para ella uno de sus maestros favoritos fue don Bartolo, quizás su afición por la lengua francesa vino de él.

Terminado su bachillerato se fue a Cádiz a estudiar filología, y allí conoció al amor de su vida, un jovencito de San Fernando, que se convirtió muy pronto en su marido. Efectivamente, José Antonio Correo era en la época militar, y cuando lo destinaron a El Ferrol, Ana no lo dudó un momento, se casarían y se iría a El Ferrol con él. Su madre sabía que sería inútil hacerla desistir de su idea, pues el carácter de ambas (tenaces, decididas y valientes) es muy parecido.

 Boda de Ana Eugenia y José Antonio en Ubrique


Con veinte añitos, y sin haber terminado aún sus estudios, Ana Eugenia se trasladó a El Ferrol, y más tarde a Cartagena y a San Fernando… Durante todos esos años no paró ni un momento de estudiar, de prepararse, de hacer cursos, de trabajar en las profesiones más insospechadas, como comercial en la Seat o empleada de Corporación Dermoestética.

Cuando vivían en Ferrol tuvieron a su hijo, José Antonio, hace veintiséis años. Y también Ana sufrió uno de los episodios más complicados de su vida, un desprendimiento de retina que, al no ser tratado convenientemente, le hizo perder casi totalmente la visión de un ojo, problema agravado por la gran miopía que sufre.

Pero de ninguna manera esto ha amilanado a Ana. Comenzó a trabajar para la ONCE en Marbella hace más de veinte años y desde entonces la familia se afincó en Marbella, donde aún residen.

Ana es una mujer imparable, si buscamos su perfil en internet encontramos miles de entradas siempre culturales, solidarias o relacionadas con la performance.

Escribe, lee, participa en programas de radio, (podemos oírla en las tertulias de Onda Cero), lleva un blog desde 2010, gana concursos (el último, el premio Tiflos de literatura en la ONCE), colabora con eventos solidarios y culturales, hace performances buscando valores positivos e intentando concienciar a la sociedad de las desigualdades existentes.

Viajera incansable, apasionada por todo lo que hace, entusiasta, jovial… Esa es Ana.