martes, 4 de agosto de 2026

La visita pastoral del obispo en 1918, publicada en "El Mensajero" de Jerez

 


 El Mensajero, Periódico independiente de Jerez

Edición del cinco de mayo de 1918 

 

 

Por Esperanza Cabello

 

Nuestra admiración por don Francisco García Parra aumenta día a día. A medida que vamos descubriendo sus escritos, sus recortes de prensa, sus fotografías, sus notas, vamos confirmando que se trata del mejor cronista y difusor de nuestra cultura de la primera mitad del siglo XX.

La semana pasada publicamos (en este enlace) su crónica de la visita pastoral del obispo don Manuel González García (canonizado en 2016) a Ubrique en abril de 1918, y hoy amplía esta crónica uno de los periódicos que guardaba y archivaba con esmero. Se trata de un ejemplar de El Mensajero, un periódico independiente publicado en Jerez, del cinco de mayo de 1918.

Este ejemplar tiene una etiqueta "SR. Alcalde. Ubrique", es decir que García Parra lo recibió en la alcaldía y lo guardó celosamente junto a su crónica. En este enlace podemos saber algo más de esta publicación. 

Además, gracias al alucinante archivo fotográfico de García Parra, y también al de la familia Cabello Izquierdo, hemos conseguido algunas fotografías de aquellos días y de algunos de los personajes que se citan en el artículo periodístico.

Lo firma "El corresponsal", al principio creíamos que era el propio García Parra quien lo había escrito, porque él era colaborador de varias publicaciones, pero después de leer varias veces el artículo hemos llegado a la conclusión de que ni es el mismo tipo de escritura ni utiliza las mismas expresiones ni la redacción, a pesar de ser parecida, dado que estamos a principios del siglo pasado, es la misma. Nos encantaría conocer la identidad de este corresponsal, para darle el espacio que merece en la historia de nuestro pueblo. 

 

 

 

Notas de Ubrique

Santa visita pastoral. El obispo de Olimpo.

 

Hay ocasiones solemnes, hechos determinados, que sirven para revelar la característica cualidad de un pueblo. Esto ha sucedido en Ubrique, con motivo de la visita pastoral llevada a cabo en los días 26 y 27 del presente mes por el excelentísimo o ilustrísimo, señor obispo de Olimpo, administrador apostólico de Málaga, don Manuel González García.

 

San Manuel González visita Ubrique

En este enlace 


Bien porque hacía más de 25 años que ningún sucesor de los apóstoles llegaba a estos apartados lugares de la sierra, ya porque los elocuentes ecos de una misión preparatoria, realizada por los reverendos padres de la compañía de Jesús, don Tiburcio Arnaiz y don José Romero Bohórquez, hubiesen caldeado los sentimientos religiosos de la villa, o tal vez porque el alma colectiva de este rincón español es por naturaleza esencialmente cristiana, lo que resulta cierto es que en la presente ocasión, este pueblo ha sabido dar prueba plena de la cultura que honra y de la fe que edifica.

 

 

En el atrio del convento de San Francisco

don Antonio Carrasco, don Fermín Sánchez de Medina, un padre capuchino y el sacerdote don José Cabello Medina

Fotografía gentileza de Elena Lobatón

 

 

Y para que tal juicio no se califique de hiperbólico, vaya la nota de hechos que son la más elocuente demostración de cuanto queda dicho.

Nuestro celoso párroco, don Antonio Carrasco Ruiz había anunciado con la anticipación conveniente que la llegada del sabio y virtuoso pastor tendría efecto el día 23. Así lo tuvo en cuenta nuestro digno alcalde, don Francisco García Parra, quien, cumpliendo acuerdo del ilustre Ayuntamiento, invitó al vecindario para que saliese a recibir a la primera autoridad eclesiástica. Hízose la cita por atento B. L. M.  (actualmente, un saluda) para el elemento oficial, y con hojas impresas, profusamente repartidas, al comercio, a la industria, a los obreros, al pueblo todo. Y el pueblo respondió con entusiasmo al llamamiento.

 

Por la mañana se prepararon las niñas y niños que asisten a las escuelas para recibir los beneficios de la gracia sacramental. Y todo el día, hasta el momento de ir a recibir al prelado, estuvo el clero de la parroquia en el tribunal de la penitencia. En tan piadosa tarea cooperaron los reverendos padres capuchinos, que tienen aquí casa residencia y el por muchos títulos digno padre Romero, de la compañía de Jesús, el cual es hijo de este pueblo y siente por la patria chica, el cariño intenso de las almas grandes.

 

Con anticipación a la hora señalada fue concentrándose el público en las inmediaciones del convento de San Francisco, como si dijéramos la “estación del norte” de este pueblecito pintoresco, ya que su ilustrísima venía de la cercana Villa de Benaocaz, empleada hacia aquel cuadrante.

Serían próximamente las 7:00 de la tarde cuando sonaron cohetes, la música y las campanas confundieron sus notas y por el costeroso camino vecinal, se presentó la comitiva.

 

La impresión que causó en los espectadores la arrogante figura del ex arcipreste de Huelva, con los hábitos morados, el sombrero de borlas, la cara bondadosa y sonriente, repartiendo bendiciones a uno y otro confín, fue inmenso. Estalló un vibrante ¡Viva el señor obispo! Que repercutieron los ecos de la montaña y que satisfizo, sin duda a los recién llegados. Eran estos, además del diocesano, el señor don Francisco Martínez Navas, secretario de cámara y gobierno; don Fernando Díaz de Gelo, capellán de su excelencia; los virtuosos párrocos de Grazalema y Benaocaz, don Carlos Jiménez y don Martín Morales Cañamaque, y los presbíteros, señores Romero Martel y Romero Mateo.

 

Don Sebastián Coveñas Macías

Presbítero ubriqueño en 1936

 

En el atrio del convento echaron pie a tierra, y nuestro párroco hizo las presentaciones de rúbrica.

Allí esperaban: el ya citado don Francisco García Parra, alcalde, presidente de este ilustre Ayuntamiento, con la mayoría de la corporación y su secretario, don Miguel Reguera, Bohórquez, don José Ayala Bohórquez, juez municipal, con su secretario don Francisco Álvarez; don José González Romero, oficial de la guardia civil, jefe de esta línea; don Manuel Herreros, inspector de sanidad; don José Corrales, médico titular; don Sebastián Coveñas Macías, presbítero; todo el clero y personal afecto a la parroquia; la comunidad de padres capuchinos con el superior, reverendo padre Arcángel de Mairena; las maestras nacionales Doña Ángeles Bohórquez y doña Ana Jurado, con sus numerosas discípulas; los maestros, don Diego Infante, don Antonio Sánchez y el prestigioso pedagogo, gloria y honra del magisterio, don Francisco Fatou Lucas, con todo el elemento escolar masculino, y muchas otras personalidades significadas, cuyos nombres harían interminable la lista.

 

Don Francisco Fatou y Lucas 1953

 

Después de besar el simbólico anillo, acompañaron a su ilustrísima hasta el altar de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Ubrique, donde el prelado hizo breve oración, pasando luego a revestirse de pontifical.

 

Inmediatamente se organizó la procesión. Constituían esta las niñas y niños de las escuelas nacionales con banderas, las hermandades con ciriales, la comunidad de religiosos capuchinos, el prelado bajo palio, las autoridades civiles y militares y un numerosísimo grupo de hombres, sin más distintivos que la fe en el alma, la hidalguía en el rostro y el sombrero en la mano.

 

De los balcones engalanados caía lluvia de flores. De este modo se recorrió el trayecto que media desde el convento de San Francisco hasta la iglesia parroquial. La emoción del que llegaba en nombre del señor era intensísima. Así lo expresó visiblemente conmovido y dirigiéndose al pueblo desde el presbiterio de la parroquia.

 

El día 26 principiaron las confirmaciones.

 

Unas 2000 personas recibieron la gracia santifícante que conforta y robustece en la vida de la fe. De todas ellas han sido padrinos la señorita María García Parra y su hermano don Francisco, alcalde de esta noble población.

 

El día 27 hubo una comunión general para adultos, administrada por el mismo señor obispo que, con paternal alegría, repartió el pan espiritual a muchos centenares de hombres y mujeres, a quienes dirigió después sentida y elocuente plática.

Tras la comunión general vino la visita de escuelas.

Y allí, en contacto con los niños, el señor obispo de Olimpo dejó de ser obispo para convertirse en arcipreste de Huelva, es decir, en maestro perito, pedagogo genial que sabe sensibilizar las ideas para hacerlas comprensibles a los entendimientos a quienes habla. Gallarda prueba de este talento especial, peculiar suyo, de esa sencillez admirable que hace surgir luz en la inteligencia más oscura, fue la conferencia que tuvo con las congregaciones, conferencia, sin tono magistral, sin ampulosidades oratorias; conferencia cristiana, esto es, como la daría Cristo Nuestro Señor (salvo las naturales diferencias entre lo divino y lo humano) a cuántos escucharon la divina palabra del hombre dios.

 

¡Buen día para el señor Obispo, este 27!

Sobre el trabajo relatado siguieron: otra conferencia a la recién creada Asociación de señoras y señoritas catequistas; visita de enfermos, nuevas confirmaciones; visita a los obreros, asistencia a una salve memorable en el templo donde se venera la imagen de Nuestra Señora de los Remedios. En este templo dirigió la palabra a los fieles que llenaban por completo el recinto, concedió 50 días de indulgencia a los que frecuentaban el culto y puso el pueblo bajo la protección de aquella madre bendita.

 

Aún no había terminado la jornada. Quedaba despedirse del pueblo en la representación de su Ayuntamiento. Y a la casa capitular se trasladó el santo e incansable varón.

 

A las breves, pero muy sentidas palabras del señor alcalde, contestó el ilustre mitrado, agradeciendo el homenaje de que era objeto, por donde quiera que iba y ofreciéndose incondicionalmente a todos sus hijos espirituales de la villa. Pronunció estas palabras que condensan sus sentimientos: “Mi estancia aquí puede sintetizarse en un Viva que principió al llegar y que terminará cuando me vaya”. No se engañó el dignísimo pastor. El día 28, a las 9:00 de la mañana, partía en el automóvil del excelentísimo señor Conde de los Andes, galante cedido y tras el vehículo quedaban aclamándole millares de personas.

 

Poco antes de la partida el concejal don Francisco Reguera recibió un despacho telegráfico para que felicitara al señor obispo el nombre del excelentísimo señor marqués de Casa Mendaro, diputado a Cortes por el distrito.

La casa alojamiento ha sido la de don Antonio Carrasco, que durante estos días se ha visto frecuentadísima. La mesa, adornada con exquisito gusto, estuvo siempre dispuesta para todos, desfilando por ella numerosos individuos que disfrutaron el placer material de delicados manjares y el espiritual de una conversación amena, sencilla, sin remilgos de etiquetas, sostenida por el ilustre huésped, por el clero y autoridades locales.

 

La circunstancia de que la vivienda de don Antonio radica en la plaza misma del Ayuntamiento ha dado mayor realce al cuadro, pues la iluminación extraordinaria que ella ha tenido, en unión de la que lucía la casa consistorial, el casino de la juventud maurista y la propia morada del señor cura regente daban al lugar esplendores reservados para las grandes fiestas de la villa.

 

Mauristas de Ubrique en 1916

En este enlace

Gentileza de Elena Lobatón

 

Alma colectiva, que así demuestra su amor por la verdad eterna, es alma de un pueblo generoso, digno, hijo de España.

 

¡Viva Ubrique!

El corresponsal

29-4-918

 

viernes, 31 de julio de 2026

Visita pastoral a Ubrique en 1918. Crónica de Francisco García Parra

 

San Manuel González

Obispo don Manuel González García

Canonizado por el papa Francisco en octubre de 2016 

 

 

Por Esperanza Cabello

En los archivos personales de don Francisco García Parra hay una serie de crónicas referidas a la vida diaria de nuestro pueblo, la mayor parte de ellas están dedicadas a temas relacionados con la religión, pero también hay crónicas de bodas (en este enlace está la de nuestros padres), sociales y políticas.

La crónica que compartimos hoy está dedicada a la visita pastoral que el entonces obispo auxiliar de Granada, don Manuel González García, realizó a Ubrique en abril de 1918, siendo alcalde el propio Francisco García Parra.

 

 

 

Visita pastoral del señor obispo de Olimpo, administrador apostólico de la diócesis de Málaga, a la villa de Ubrique, en el mes de abril de 1918, siendo alcalde de la misma don Francisco García Parra.

 

Enero de 1918

Desde que don Manuel González García, ilustrísimo señor obispo de Olimpo, fue nombrado auxiliar de la diócesis de Málaga, se decía que haría una visita pastoral a esta. En los comienzos del año 1918, el cura párroco regente de la villa, don Antonio Carrasco Ruiz, tuvo noticias oficiales de la venida, celebrando varias conferencias con el alcalde, al objeto de prepararle un recibimiento digno. De cómo la visita se llevó a cabo se detalla, aunque con algún laconismo, a continuación.

Contó bastante la iniciativa de la alcaldía en la parte referente a la celebración de festejos que llevasen apareado algún gasto en homenaje al prelado. La heterogénea composición política del ayuntamiento, de cuyos 14 concejales que la formaban tres eran republicanos, enemigos de la religión y de la iglesia y combatieron todo a lo que este asunto se refería. Otros tres que aunque en las últimas elecciones de diputados a cortes votaron a un conservador, no puede precisarse su color político, a pesar de su gran concomitancia con los republicanos, y aunque uno de ellos votó a favor, los otros dos no concurrieron a la sesión, restando, por consiguiente, su apoyo y aunque todo lo acordado por mayoría pudo hacerse, la alcaldía de acuerdo con los concejales que votaron a favor de lo dicho, estimó no ofrecerle al prelado, desde el momento que el acuerdo no fue por unanimidad.

No obstante esto, al anunciar el obispo su visita al ayuntamiento se expuso al secretario de cámara, y a su excelencia si agradaría la invitase a tomar una copa, contestando que no había que tomar nada por estar sujeto a régimen por el estado delicado de su estómago.

 

 Día 15 de abril de 1918

 

En la sesión celebrada por el ayuntamiento en este día, se tomaron los acuerdos que se copian a continuación.

 

Punto primero. Se dio lectura a oficio del señor cura párroco de la villa de fecha 11 del presente mes en el que participa la próxima venida a esta villa del ilustrísimo señor obispo de la diócesis en santa visita pastoral, manifestando espera que el ayuntamiento acuda a recibirlo, ofreciéndole testimonio de consideración y respeto, mostrándole gratitud por la visita, dando con todo ello ejemplo de cultura, discreción y hospitalidad, haciéndose acreedor al aplauso y estimación de todos los que, como dicho párroco ven en el ayuntamiento, su más digna y legítima representación.

 A continuación, se dio lectura del siguiente expuesto de la alcaldía.

 

“Ilustre ayuntamiento: Con motivo del oficio leído en el que el señor cura párroco de esta villa anuncia la venida del ilustrísimo, señor obispo de la diócesis en santa visita pastoral, el alcalde que suscribe, creyendo interpretar los deseos del vecindario y teniendo en cuenta los precedentes establecidos y jerarquía de la autoridad eclesiástica que se espera, entiende que es un deber que la misma sea recibida y atendida en esta villa con las consideraciones y atenciones a que es acreedor la persona que ostenta tan elevado cargo, dando así Ubrique, una prueba más de su cultura extraordinaria: a este efecto, entiende el que suscribe debe autorizarse por la corporación la celebración de los mismos actos que por acuerdo oportuno de la misma, se llevaron a cabo en mayo de 1889, fecha en que últimamente fue honrada esta villa con otra visita pastoral, quedando a juicio de la presidencia, seguir las circunstancias que en la visita próxima concurra se celebren o no todos los actos de entonces, pues muy bien pudiera ocurrir aumentar o disminuir alguno. No obstante, el Ayuntamiento acordará.

Ubrique, 12 de abril de 1918.

 El alcalde Francisco García Parra, rubricado.”

 

Terminada la lectura, la presidencia abre discusión sobre el asunto.

 Hace uso de la palabra el concejal señor Aragón Luque, manifestando ver mal que la corporación oficialmente reciba a dicho señor, al cual pueden particularmente recibirlo los que quieran, expone algunos argumentos a favor de lo dicho y anuncia su voto en contra.

El de igual clase, señor Vallejo Padilla expone que es partidario de que la corporación oficialmente reciba al prelado y después de aducir algunas razones, anuncia su voto a favor de estas ideas.

 

La presidencia hace constar que es de cortesía que el ayuntamiento en corporación reciba al señor obispo como acontece en todos los pueblos de España y considerando bastante discutido el punto, anuncia la votación.

 En este momento, el concejal señor Reguera Romero dice que el expuesto de la alcaldía consta de dos partes, una se refiere al recibimiento y otra a que se celebren los mismos actos que se celebraron en 1889 en que tuvo lugar la última visita pastoral, viendo conveniente que se lea el acuerdo tomado en aquella fecha para poder votar con conocimiento perfecto del asunto, que entiende debe votarse primero la audiencia y después la celebración de los demás actos.

Así se acuerda y puesto a votación nominal si el ayuntamiento acude en corporación a recibir al señor obispo, ofreció el resultado siguiente.

 Votaron a favor de que así se hiciese los concejales señores Reguera Romero, Angulo García, Vallejo Padilla, Peña Blanco, Bohórquez Arenas y la presidencia, total seis votos.

 Votaron en sentido contrario los concejales, señores Aragón Luque, Benítez Reina y Vallejo Cantos, total tres votos.

Resultando aprobado por mayoría de seis votos contra tres que el ayuntamiento y corporación acuda a recibir al señor obispo de la diócesis.

A seguida se da lectura al siguiente acuerdo tomado al punto 13 de la sesión del 11 de mayo de 1889.

 El señor presidente manifestó al ayuntamiento que el señor cura párroco le había  comunicado que el sabio y virtuoso prelado de la diócesis estaba girando en ella una visita pastoral, y que dentro de pocos días se encontraría en esta población; que haciéndose interprete de los sentimientos del vecindario y los de la corporación, creía era un deber el que fuese recibido con aquellas consideraciones que se merece por sus condiciones y elevada jerarquía, dando Ubrique como siempre una prueba de su cultura e hidalguía cuando se trata de recibir a un huésped ilustre; el ayuntamiento, después de manifestar al presidente que, en efecto, había interpretado los sentimientos de todos por unanimidad, acordó que la corporación en pleno reciba al señor obispo en el límite del término jurisdiccional, que se invite a todo el personal del mismo, a los maestros públicos y privados a los círculos, militares, agricultores, artesanos, industriales, comerciantes y a todos los que por sus condiciones y prestigios puedan contribuir con su presencia a la solemnidad del acto de recepción para que se encuentren a la entrada del pueblo, que se ilumine la fachada de estas casas consistoriales poniéndoles colgaduras, que también se ilumine la plaza con farolillos a la veneciana, que se obsequie con un refresco a su excelentísima, acompañamiento y comisiones, y que una del ayuntamiento siempre esté de guardia para acompañar al señor obispo a todas partes que lo desee. También acordó que los gastos que se originen sean satisfechos con cargo al artículo octavo capítulo primero de los presupuestos.

 

Terminada su lectura la presidencia abre discusión sobre el punto. El señor Aragón Luque manifiesta que no solamente votará en contra de la concesión de un solo céntimo con este fin, sino que censura al concejal que lo haga a favor, pues mientras el pueblo se muere de hambre; apoya con algunos argumentos lo manifestado y dice que eso es contrario a sus ideas.

El señor Vallejo Padilla expresa que la celebración de estos actos es un deber de la corporación, que tiene sus atenciones cubiertas, que cuando algún necesitado implora ayuda la encuentra. La presidencia contesta al señor Aragón que las ideas en estos asuntos son aparte pues la corporación tiene el deber de atender a todo en la forma que proceda, y dando por terminado el debate, anuncia la votación nominal que se efectúa haciéndolo a favor de que con motivo de la venida del prelado se celebren iguales actos que los contenidos en el acuerdo del 11 de mayo de 1889, antes leído. Los señores Reguera Romero, Angulo García, Vallejo Padilla, Peña Blanco, Bohórquez Arenas y la presidencia, total seis votos. Votaron en contra de la celebración de dichos actos los señores Aragón Luque, Vallejo Cantos y Benítez Reina total tres votos. Resultando aprobado por una mayoría de seis votos contra tres que, con motivo de la venida del ilustrísimo obispo de la diócesis se celebren iguales, actos que los acordados al punto 13 de la sesión del 11 de mayo de 1889.

 

Día 22 de abril de 1918

Se fijó al público un bando que a continuación se copia y que impreso se le envió un ejemplar a todas aquellas personas que no estaban significadas como enemigos de la Iglesia.

 

Bando que se cita:

 “Ubriquenses, el preclaro señor obispo de Olimpo, que por fortuna rige la diócesis de Málaga, a la cual nos honramos en pertenecer llegará a esta villa en santa visita pastoral el día 25 del presente mes. Tanto por el motivo de la venida como por tratarse de la superior autoridad eclesiástica de nuestra diócesis encarnada en insigne varón de relevantes virtudes, me creo dispensado de hacer excitación alguna al vecindario, esperando de él fundadamente que fiel a sus tradiciones y como amante de la religión católica que siempre profesó, sabrá recibir dignamente al sabio pastor, tributándole el merecido homenaje de admiración y cariño a que es acreedor, acudiendo a recibirlo, engalanando sus casas y realizando todas aquellas demostraciones que pongan de relieve una vez más, la religiosidad, hidalguía y caballerosidad de este pueblo.

Ubrique, 22 de abril de 1918. El alcalde Francisco García Parra. Sello de la alcaldía".

 

Día 24 de abril de 1918

Además del ejemplar del bando remitido a los particulares como invitación, se puso el siguiente B. L. M. (son las siglas de "Beso La Mano", actualmente un Saluda) al elemento oficial y cultural de la población:

 

“El alcalde presidente del ilustre ayuntamiento de Ubrique (Cádiz)

B. L. M.

Al señor (nombre, cargos o profesión)

Y tiene el gusto, cumpliendo acuerdo de dicha corporación de invitarle a recibir al ilustrísimo señor obispo de la diócesis que, en santa pastoral visita, llegará a esta villa el jueves día 25 del presente mes. Punto de reunión, convento de capuchinos y hora de las 17.

Don Francisco García Parra aprovecha honrándose esta ocasión para ofrecerle su más distinguida consideración y aprecio personal.

Ubrique, 24 abril de 1918.”

 

Fueron invitados

Juez municipal propietario y suplente

Fiscal municipal propietario y suplente

Adjuntos del tribunal municipal

Secretario del juzgado municipal

Militares que ya circunstancialmente o con residencia fija se encontraban en la población

Oficial de la guardia civil

Administrador de correos

Notario público

Abogados

Médicos

Farmacéuticos

Veterinarios

Profesores de instrucción pública

Empleados municipales

 

También se puso el siguiente B. L. M. (son las siglas de "Beso La Mano", actualmente un Saluda) a los señores concejales que votaron a favor del acuerdo para recibir al señor obispo, y a los que no asistieron a la sesión donde el mismo se tomó.

No se envió a los concejales que votaron en contra del acuerdo, ni a uno que estaba con licencia.

 

B. L. M. que se cita:

“El alcalde presidente del ilustre ayuntamiento de Ubrique (Cádiz)

B. L. M.

Al señor don (nombres), concejal del mismo y tiene el gusto de participarle que ha sido designado el convento de padres capuchinos y hora de las diez y siete del jueves 25 del actual para esperar en corporación la llegada del ilustrísimo señor obispo de la diócesis en cumplimiento del acuerdo del 15 del actual

Don Francisco García Parra

aprovecha honrándose esta ocasión para ofrecerle su más distinguida consideración y aprecio personal.

 

Ubrique, 24 de abril de 1918.”

 

Concejales a quienes se les envió el B. L. M.

Don Francisco Reguera Romero

Don Teodomiro Coveñas Cotrino

Don José Vallejo Padilla

Don Manuel Peña Blanco

Don Antonio Angulo García

Don Francisco García Pino

Don Eugenio Arenas Bohórquez

Don Diego Reguera

Don José Bohórquez Arenas

No se le mandó por haber votado en contra de acuerdo para recibir al señor obispo:

Don José Aragón Luque

Don José Benítez Reina

Don Francisco Vallejo Cantos

No se le mandó por encontrarse con licencia a don Manuel Romero Bohórquez.

En la fachada del ayuntamiento y plaza Alfonso XIII se puso alumbrado extraordinario. El salón de sesiones se vistió de gala.

 

Día 25 de abril de 1900

Al amanecer y para ir animando al vecindario, hubo disparos de cohetes, repique general de campanas y la banda de música recorrió la población tocando una alegre diana.

 

A las 10 se celebró una conferencia entre el párroco, el padre jesuita José María Romero (que estaba en Ubrique para preparar la visita pastoral en la parte espiritual) el alcalde y secretario del ayuntamiento para ponerse de acuerdo en los detalles del recibimiento. De 14 a 15 subió una comisión a caballo compuesta de los médicos don José Corrales García y don Diego Reguera León, con destino a Benaocaz para acompañar al prelado desde dicha villa a Ubrique. A las 16 se destacó un hombre hasta el sitio denominado “la cabeza del Toro” con la consigna de disparar algunos cohetes cuando divisase la comitiva, al objeto de que nos sirviera de aviso de la llegada.

 

Desde las 17, hora fijada por la autoridad para reunirse concurrieron al convento de capuchinos infinidad de personas de todas las clases sociales, siendo imposible a las 18 transitar por las cercanías de dicho convento.

 

A las 18 y 25 se oyó el primer cohete, aviso de que la comitiva se acercaba y seis minutos después entraba el señor obispo en el patio del convento, seguido de la comisión que fue a esperarle y de su séquito.

Le recibieron el párroco, el alcalde con ayuntamiento, el juez y un considerable personal de significación en la villa.

El entusiasmo se desbordó con vivas al obispo que, en principio, inició el párroco regente, don Antonio Carrasco Ruiz, y que no cesaron hasta después de salir de la parroquia; la música, tocando la marcha real, el disparo de cohetes, repique de campanas, los gritos de la muchedumbre, admirando unos la gallarda figura del prelado, otros su hábito, otros su parecido con fulano o con mengano, el estrujamiento por verlo de cerca y besar el anillo pastoral, todo esto produjo un estado de confusión que imposibilitó la presentación a su ilustrísima por el párroco del personal de la población.

Se penetró en el templo del convento hecho una masa, un montón apretadísimo de criaturas, sin orden ni concierto hasta llegar al altar mayor, ante cuya balaustrada los padres capuchinos, pudieron contener un poco el público y el obispo sacado casi en brazos penetró en el presbiterio resistiéndose.

Con gran trabajo, se medio organizó la procesión saliendo del convento el prelado bajo palio, que era llevado por los concejales, don Francisco García Pino, don José Vallejo Padilla, don Manuel Peña Blanco y don José Bohórquez Arenas.

Detrás la comitiva oficial, compuesta del ayuntamiento en corporación, juzgado municipal, oficial de la guardia civil y elementos culturales y de valía en la población, siguiendo el itinerario de calle San Francisco, Perdón, a la iglesia. Se calcula de cuatro a cinco mil personas las que formaron la procesión. En el trayecto no cesaron los vivas, la música y desde los balcones arrojaban flores en abundancia. El obispo, emocionado, bendecía a todos.

 

 

Visita del obispo en abril de 1918

El sacerdote José Cabello Medina en la puerta

El sacerdote Antonio Carrasco Ruiz delante del obispo, con la mitra. El obispo, bajo palio

La banda de música precediendo la procesión 

Fotografía de Francisco García Parra


 

En la parroquia no cabía el público, mucha parte de él tuvo que quedarse fuera, el prelado desde el altar mayor dio expresivas gracias por el recibimiento ofreciéndose al pueblo. Tributó un recuerdo de gratitud a la memoria del que fue cura párroco de Ubrique, don Francisco García Sarmiento, su protector, a quien debía mucha ayuda en su carrera, él hijo de un modesto y honrado carpintero; concedió 50 días de indulgencia a los que habían asistido al recibimiento de la visita pastoral.

Pasó después a la sacristía, donde el párroco le presentó a las autoridades y personas significadas de la población y terminado, marchó a su domicilio que lo tuvo en la casa del cura párroco, en la plaza de Alfonso XIII, número cinco.

El cura párroco manifestó al alcalde que el señor obispo había renunciado para evitar molestias a que lo acompañase una comisión del ayuntamiento, como estaba acordado, conviniéndose que lo acompañase en el alcalde y el secretario.

A las 21 se celebró la comida en casa del párroco, asistiendo el prelado, un secretario de cámara y paje, el clero de Ubrique, arcipreste de Grazalema, párroco de Benaocaz, el cura Romero Martel, de Villamartín y alcalde y secretario del ayuntamiento.

 

Día 26 de abril de 1918

A las nueve empezaron las confirmaciones, siendo padrinos populares don Francisco García Parra, el alcalde, y su hermana doña María. A las 13 se suspendieron para almorzar.

Después del almuerzo, recibió a las damas catequistas de la escuela dominical, presididas por doña Isabel Pérez de García.

A las 15 se reanudó la confirmación que duró hasta las 17 que el prelado fue a visitar al asilo de Nuestra Señora de los Remedios, convento de capuchinos y al cura párroco propietario de esta villa, don José Cabello Medina, que se encontraba enfermo.

A las 21 tuvo lugar la comida, tanto esta como el almuerzo se celebró en la casa que se hospedaba el obispo, asistiendo al almuerzo a más de las personas del día anterior, el médico don Diego Reguera León y a la comida, a más de las mismas, el médico don José Corrales García y farmacéutico don Fermín Sánchez Medina, el juez municipal y secretario y administrador de Correos.

De sobremesa, que la sostuvo muy animada, el señor obispo expresó al alcalde un deseo de que se le pusiese a una de las calles de la villa el nombre de Deán García Sarmiento en memoria del grato recuerdo que dejó en esta villa cuando fue su párroco tan virtuoso sacerdote; todavía de sobremesa el padre jesuita José María Romero presentó a su ilustrísima a sus hermanos, don Cristóbal y don Manuel.

 

Día 27 de abril de 1918

A las siete celebró misa el señor obispo y, después de breve plática, dio la comunión general, que tomó numeroso público de ambos sexos. En representación del ayuntamiento fueron el alcalde y el secretario. A las nueve visitó las escuelas nacionales de niños y niñas, distribuyéndoles rosarios y escapularios, acompañado del alcalde y secretario.

A las 12 reunión en la iglesia con las congregaciones a quienes dirigió la palabra.

A las 13 se verificó el almuerzo, asistiendo las personas de costumbre más el provincial y guardián de capuchinos, los maestros de las escuelas nacionales, médicos don José Corrales, García y don Diego Reguera León y hermano mayor de la hermandad de la virgen de los Remedios, don Vicente Corrales González.

Después del almuerzo por don José Corrales Jordán, administrador de Correos, que también asistió, se incorporaron varios grupos de los asistentes, después recibió a las familias de los seminaristas.

A las 15 confirmó, visitando después una fábrica de Petacas.

A las 18 se celebró en el convento de capuchinos una salve: predicó y dio la bendición con el Santísimo y terminado, en el trayecto se le hizo una manifestación de simpatía quizás mayor que a su recibimiento.

 

 

Salón de actos del ayuntamiento vestido de gala

Fotografía de Francisco García Parra, de sus negativos en cristal muy deteriorados, localizados por Andrés Angulo Venegas y digitalizados por Luis Eduardo Rubio Bernal

 

A las 19 visitó el ayuntamiento, recibiéndole en el portal la corporación en pleno, pasando al salón de actos donde ocupó la presidencia.

El alcalde, en sentidas y concisas palabras, le saludó en nombre de la villa, y él contestó expresando su agradecimiento por la entusiasta y generosa hospitalidad ofrecida por el pueblo, quedando por ello obligado a hacerle útil en algo, lo cual haría con mucha complacencia; terminó el acto con un viva dado por el presidente, contestado con entusiasmo por todos.

A seguida recorrió las dependencias de la casa, admirando la magnífica vista que, desde el balcón del despacho de secretaría, se ofrece del término de la villa y del de Jerez de la Frontera.

Fue despedido a la salida de la casa consistorial con los mismos honores que se le recibió, acompañándole el ayuntamiento en pleno hasta la puerta, en donde el alcalde presidente dio un viva al obispo que fue contestado con entusiasmo por la corporación y el pueblo que se hallaba congregado en su mayor parte en la plaza Alfonso XIII. No se le obsequió con un lunch por haber hecho presente el secretario que no acostumbraba su ilustrísima a aceptarlos y estar sujeto a régimen.

A la salida del ayuntamiento se dirigió al domicilio de la familia del padre jesuita José María Romero Bohórquez, accediendo a súplicas del mismo, pues dado el luto que la misma guardaba, le habían impedido cumplimentar (a las señoras) a su ilustrísima.

Terminada esta breve visita, hizo otra a don Vicente Corrales González en honor a su señora que se encontraba enferma y como muestra de consideración a su hijo el virtuoso sacerdote don Francisco Corrales García, que presta sus servicios en Málaga, a las inmediatas órdenes de su ilustrísima.

A las 21 se celebró la comida última hecha en Ubrique, asistiendo los siguientes comensales:

Presidencia el obispo

Frente el Párroco

Derecha del obispo, el alcalde, el oficial de la guardia civil

Izquierda, primer teniente alcalde, don Francisco Reguera Romero, secretario del ayuntamiento don Miguel Reguera Bohórquez, concejal don Antonio Angulo García

Derecha del párroco, sacerdote, don Sebastián Coveñas, arcipreste de Grazalema, don Carlos Jiménez, concejales, don José Vallejo y don Diego Reguera León

Izquierda, sacerdote don José Tenorio y concejal don Manuel Peña Blanco.

Cabeceras, concejales don Francisco García Pino y don José Bohórquez Arenas.

Terminada la comida, el señor obispo hizo el mayor gasto de sobremesa, sosteniendo animada conversación con los concurrentes.

 

Día 18 de abril de 1918

A primera hora de la mañana, celebró misa y después confirmó.

A las nueve, después de desayunar con su secretario y paje y acompañado de las autoridades, y de tanto o más público como lo recibió, se dirigió por la plaza Alfonso XIII, calle Aragón Macías, plaza de Colón y calle Cádiz, a la entrada de la carretera de Villamartín, donde le esperaba el auto-móvil.

Con las aclamaciones del público, los acordes de la música y el gran entusiasmo que había en hacerle una cariñosa despedida, ocurrió otro caso análogo al de recibimiento, produciéndose una presión en el público con tanta aglomeración de personas que era imposible dar un paso.

A duras penas pudo acercarse al coche y allí hubo una improvisada recepción popular para besarle el anillo, cuya recepción hubo de quedar a dar por terminada, pues no se acababa nunca, arrancando el coche entre los vítores del pueblo a su obispo y la bendición que este le daba.

 

Notas: durante la estancia del obispo en Ubrique confirmó su ilustrísima 2000 personas. Componían su séquito arcipreste, don Carlos Jiménez Rodríguez; secretario de cámara, don Francisco Martínez Navas y paje don Fernando Díaz de Gelo.

 Durante el almuerzo y comida en los días que permaneció en Ubrique. Tocó la música en la puerta de la casa donde se alojaba.

A la banda se le pagó por el ayuntamiento por todo el trabajo 250 pesetas.