El Rodezno de Ubrique. Fotografía de Romero de Torres coloreada por Leandro Cabello
Breve visita guiada: El Rodezno y el entorno de Capuchinos
Duración aproximada: 20–30 minutos
Tipo de visita: patrimonial, paisajística y etnográfica
Público: general
1. Bienvenida: la puerta histórica del agua y de la piel
Bienvenidos a uno de los rincones más importantes y evocadores de Ubrique. Nos encontramos en un espacio donde se unen algunos de los elementos fundamentales de la historia del pueblo:
- el agua,
- la industria de la piel,
- la memoria de las mujeres trabajadoras,
- la vida religiosa,
- y uno de los paisajes más hermosos del casco urbano.
Todo este entorno gira alrededor del antiguo nacimiento de la Cornicabra y de la zona histórica de El Rodezno, auténtico corazón hidráulico e industrial de Ubrique durante siglos.
A nuestro alrededor convivieron molinos, tenerías, lavaderos, conventos, huertas y sistemas tradicionales de abastecimiento de agua. Aquí comenzó buena parte de la historia moderna de la marroquinería ubriqueña.
2. El depósito de la Cornicabra y la cultura del agua
Justo encima del Nacimiento se encuentra el antiguo depósito de agua de la Cornicabra, una infraestructura fundamental para el abastecimiento urbano de Ubrique.
El agua ha sido siempre uno de los grandes tesoros del pueblo. Durante siglos, las fuentes y nacimientos de esta zona surtieron a vecinos, talleres y huertas.
Este lugar simboliza perfectamente la relación histórica de Ubrique con el agua: sin estos manantiales no habrían existido ni los molinos, ni las tenerías, ni buena parte del crecimiento urbano del municipio.
De algún modo, toda la vida del entorno dependía de este sistema hidráulico.
3. La Plaza de las Petaqueras
Sobre el depósito se construyó hace pocos años la actual Plaza de las Petaqueras, un pequeño espacio contemporáneo dedicado a la memoria de las mujeres trabajadoras de la piel.
La plaza posee un carácter muy simbólico porque une el agua y la marroquinería, dos pilares esenciales de la historia de Ubrique.
En el centro podemos observar el monolito con una gran fotografía histórica de una fábrica de artículos de piel. La imagen recuerda aquellas antiguas fábricas donde trabajaron generaciones enteras de mujeres realizando labores minuciosas:
- cosido,
- pegado,
- repasado,
- terminación de piezas,
- y preparación artesanal de bolsos y carteras.
Muchas veces su trabajo fue silencioso e invisible, pero resultó esencial para el prestigio internacional de la piel ubriqueña.
Uno de los rincones más curiosos de la plaza es la reproducción decorativa de la ermita de San Antonio, concebida como pequeño espacio escenográfico y punto fotográfico para visitantes y vecinos.
La plaza representa muy bien el Ubrique actual: un pueblo que intenta conservar la memoria de sus trabajadores y trabajadoras mientras renueva sus espacios urbanos.
4. El convento de Capuchinos
Justo junto a nosotros se levanta el histórico Convento de Capuchinos, uno de los edificios religiosos más importantes de la localidad. El convento comenzó a construirse en el siglo XVII por iniciativa del duque de Arcos y hoy alberga la imagen de la Patrona de Ubrique, Nuestra Señora de los Remedios.
Además de su importancia religiosa, el convento mantiene una estrechísima relación con la historia de la piel. Actualmente parte de sus dependencias acogen el Museo de la Piel “Manos y Magia”, dedicado a la tradición marroquinera ubriqueña.
Este lugar estaba antiguamente rodeado de huertas, nacimientos y tenerías. El sonido del agua formaba parte de la vida cotidiana de los frailes y de los trabajadores de la zona.
Desde aquí puede entenderse perfectamente cómo convivieron en Ubrique la espiritualidad, el trabajo artesanal y la cultura del agua.
5. La Pila de la Parra y la antigua fuente de Cotrino
Muy cerca encontramos la conocida Pila de la Parra, situada en un lugar cercano a donde antiguamente estuvo la fuente de Cotrino.
Este punto era uno de los lugares tradicionales de abastecimiento de agua para los vecinos.
Hasta bien entrado el siglo XX, muchas mujeres acudían diariamente con cántaros y recipientes para recoger agua destinada al consumo doméstico.
La fuente formaba parte de toda una red de pilares y conducciones que aprovechaban las aguas del nacimiento de la Cornicabra.
En este entorno el agua no era solamente un recurso: era el centro de la vida cotidiana.
6. El Rodezno: molinos, tenerías y lavanderas
Ahora miramos hacia la zona histórica de El Rodezno, uno de los espacios más emblemáticos de Ubrique.
Aquí se concentraron durante siglos:
- molinos hidráulicos,
- tenerías,
- lavaderos,
- canales,
- huertas,
- y pequeñas industrias movidas por la fuerza del agua.
El propio nombre de “Rodezno” procede de la rueda hidráulica que utilizaban los molinos tradicionales.
Durante generaciones, este lugar fue un auténtico motor económico del pueblo.
Las tenerías necesitaban agua abundante para curtir las pieles, y por eso se instalaron junto al nacimiento. Aquí comenzaron muchas de las técnicas artesanales que dieron fama mundial a la marroquinería ubriqueña.
Pero El Rodezno fue también el territorio de las lavanderas.
Durante décadas, numerosas mujeres acudían diariamente a lavar ropa junto a las acequias y pilas del nacimiento. Era un trabajo muy duro, pero también un espacio de convivencia femenina donde circulaban noticias, canciones y recuerdos del pueblo.
Todavía hoy, muchos ubriqueños mayores recuerdan el sonido constante del agua y la intensa actividad humana que llenaba este lugar.
7. El gran mirador sobre Ubrique
Y finalmente, antes de terminar, merece la pena detenerse unos momentos para contemplar la espectacular vista panorámica de Ubrique.
Desde este entorno se obtiene una de las imágenes más bellas del pueblo:
- las casas blancas escalonadas,
- la iglesia sobresaliendo entre los tejados,
- la sierra rodeando el casco urbano,
- y el entramado histórico que fue creciendo desde la parte alta hacia las zonas bajas.
Este paisaje ayuda a comprender perfectamente la relación entre Ubrique y la montaña, entre el agua y la vida urbana.
Es también un lugar ideal para explicar cómo el pueblo fue expandiéndose alrededor de sus nacimientos, caminos históricos y zonas industriales tradicionales.
8. Frasquita Larrea y la belleza del Rodezno en 1824
Antes de continuar nuestro recorrido, es muy interesante saber que este mismo lugar ya fue descrito a comienzos del siglo XIX por la viajera y escritora gaditana Frasquita Larrea, que visitó Ubrique en 1824.
Su testimonio es especialmente valioso porque nos permite imaginar cómo era este entorno cuando aún no había cambiado el paisaje urbano moderno. Al referirse a este espacio, lo describe con estas palabras:
“Al pie de este peñasco… sale el manantial que surte al pueblo y que, pasado el Convento, fluye por un arqueducto a través de cuyos arcos se ven las huertas. Entre este arqueducto y un guardalado, debajo del cual se ven las mujeres lavando con el agua del otro nacimiento que sale por el molino, corre una calzada hasta entrar en las calles del pueblo. Un grandísimo y frondoso álamo negro sobrea a las lavanderas, y más arriba del molino se ven grupos de olmos y chopos en derredor del manantial y a sus espaldas suben peñascos hasta las nubes.”
Lo que está describiendo es exactamente este paisaje: el nacimiento de la Cornicabra, el convento de Capuchinos, los lavaderos y el entorno del futuro Rodezno.
Es decir, ya a comienzos del siglo XIX este lugar era percibido como un espacio donde el agua, la vegetación, las huertas y el trabajo humano convivían en perfecta armonía.
Despedida
Este pequeño entorno reúne una parte esencial de la memoria histórica de Ubrique:
- el agua del Nacimiento
- la memoria de las petaqueras,
- el convento barroco de Capuchinos,
- las antiguas fuentes,
- el trabajo artesanal de la piel,
- las lavanderas,
- y el paisaje urbano serrano.
Pocos lugares concentran tantos símbolos de la identidad ubriqueña en un espacio tan reducido.
Aquí el agua, el trabajo y la memoria siguen dialogando todavía con el paisaje.













































