Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo. Blog dedicado a la historia de Ubrique y a Ocurris.
Este blog, "El blog de Ocurris", que comencé en 2007, es un homenaje a mis padres, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández, a su vida y a su trabajo. Quiero recuperar sus escritos, sus investigaciones y muchos de sus recuerdos.
Al mismo tiempo es un amable homenaje a todos los miembros de nuestra familia y a nuestro pueblo, Ubrique, para que no se pierda la historia de los que nos precedieron y podamos recuperarla entre todos. Gracias. Esperanza Cabello Izquierdo.
Hoy, miércoles, 10 de junio, comienzan los cultos en honor a San Antonio de Padua, organizados por la Agrupación Parroquial de San Antonio de Padua, en Ubrique
Los días 10, 11 y 12 de junio tendrá lugar el solemne Triduo en honor a San Antonio, celebrándose en la propia ermita a las 20:30 horas, respectivamente.
El día 13, festividad de San Antonio, tendrá lugar, también a las 20:30 horas, la Solemne Eucaristía, presidida por nuestro párroco, don Daniel Cárdenas Prieto, y a continuación, como es tradicional, tendrá lugar la Procesión de Alabanzas, acompañados por la Agrupación Musical Ubriqueña.
En la convocatoria de los cultos se invita expresamente a todos los hermanos de la Agrupación y a los fieles en general a participar en estos cultos, y nosotros nos hemos sentidos muy honrados porque además nos han invitado personalmente y estamos seguros de que, si nuestras circunstancias personales nos lo permiten, participaremos.
San Antonio es uno de los santos más populares en la devoción ubriqueña. Nosotros hemos tenido, y tenemos, familiares y amigos llamados Antonio y Antonia con todas las variantes posibles, desde nuestra bisabuela Antonia, que se llamaba así por su propia abuela, hasta nuestros tíos Antonio, nuestro padrino Antonio Sanz Zamorano, nuestros primos Antonio, los hijos de nuestras primas, nuestra amiga Toñi, la bisabuela Antoñita, la tía Toti, nuestro amigo Toni, nuestros compañeros Antonio, nuestra prima Antonia Mari, nuestro amigo José Antonio y tantas otras personas queridas con ese nombre, que el San Antonio es como nuestra familia, como nuestra casa.
Así que, si es posible, esperamos poder estar con tanta gente querida en estos actos tan entrañables, tan solemnes y cercanos a la vez, estamos seguros de que la ermita lucirá sus mejores galas y los responsables, esos a los que agradecemos constantemente su labor de salvaguarda de nuestro patrimonio, podrán disfrutar de su "día grande" con alegría y orgullo.
Hace ya muchos años que tenemos el privilegio de pertenecer al jurado del Concurso Escolar de Medio Ambiente, convocado por el ayuntamiento y que ya lleva 23 ediciones. Desde que éramos docentes hemos esperado con ilusión este día, a ver con qué nueva maravilla nos sorprendían los pequeñines ubriqueños.
El concurso está muy bien organizado, Tere Chaves, desde la concejalía de Medio Ambiente, convoca, explica, dirige y hace de secretaria sin voto.
De los miembros del jurado, apenas diez personas, ninguno tiene ninguna pista de quiénes han presentado los trabajos, ni los colegios, ni los alumnos ni los maestros. Están divididos en tres categorías, según las edades, y vamos eligiendo, con tres votos cada uno, los trabajos que nos parecen más acertados o más creativos o más estéticos... cada uno según su criterio.
En la primera categoría (3,4 y 5 años) el elegido fue uno a propósito del agua, de las fuentes, del río, que llevaba un montón de trabajo detrás (como todos, claro), que podíamos ver en un QR.
En la segunda categoría (1º,2º y 3º) el más votado, que además resultó ser el premio especial del jurado, era un trabajo precioso, muy estético, a propósito de las plantas y los olores de nuestro entorno, con un semillero, pliegos de hojas y botecitos de perfume.
En la tercera categoría (4º, 5º y 6º) destacaba un trabajo dedicado a la naturaleza y la literatura, ya se notaba que el alumnado era mayor, y los trabajos presentados en esta categoría añadían tecnología, luces, textos superpuestos...
Nosotros hicimos muchas fotografías de todos los trabajos antes de que el jurado tomara sus decisiones, y queremos compartirlas para que aquellos que no pudieran ver los trabajos terminados, tengan ahora la ocasión.
Aquí están los trabajos de los escolares ubriqueños, y como última foto hemos querido seleccionar a estos pequeños del colegio Benafelix con su maestra Quiteria García Gómez. A pesar de las tempestades, del cambio de colegio, de la incertidumbre del próximo curso y de todos los avatares que han debido pasar, este grupito de personas encantadoras es un ejemplo de resiliencia, de alegría, de trabajo bien hecho y de cómo los docentes son fundamentales para el crecimiento humano e intelectual del alumnado.
El motor de la Parra y el depósito de la Cornicabra
Fotografía de Francisco García Parra 1939
Por Esperanza Cabello
Antes de empezar a leer esta entrada, es imprescindible ir a "Ubrique en verde" y disfrutar con las imágenes y las palabras de una de las personas que mejor conocía este edificio: Manolo Cabello Izquierdo. ¡Enhorabuena una vez más, hermano!💚
El depósito de agua de La Cornicabra constituye una de las obras
hidráulicas más importantes del Ubrique contemporáneo. Más allá de su función
técnica, forma parte del paisaje sentimental del pueblo y de la memoria
colectiva de varias generaciones de ubriqueños. Su silueta, dominando el casco
antiguo desde la ladera de la sierra, ha sido durante décadas un símbolo
silencioso del abastecimiento de agua y de la modernización urbana del
municipio.
Contexto histórico
Hasta bien entrado el siglo XX, el abastecimiento de agua en
Ubrique dependía fundamentalmente de nacimientos naturales, fuentes públicas y
pequeños sistemas de conducción tradicionales. El crecimiento demográfico y
urbano hizo insuficiente aquel modelo, especialmente en los años treinta,
cuando el municipio comenzó a necesitar una infraestructura capaz de almacenar
y regular el suministro.(En este enlace).
Según la documentación y testimonios recogidos en distintos
estudios locales, el depósito fue construido hacia 1937, en plena época de
transformación del sistema hidráulico local.
Su ubicación no fue casual: se levantó sobre los tajos de La
Cornicabra, en una posición elevada que permitía distribuir el agua por
gravedad hacia buena parte del casco urbano. El lugar domina el nacimiento de
la Cornicabra, uno de los manantiales históricos más importantes de Ubrique.
El sistema se completó con estaciones de bombeo capaces de
elevar el agua desde el nacimiento hasta el depósito. Aquella ingeniería supuso
un enorme avance técnico para el pueblo, permitiendo por primera vez una
regulación relativamente estable del suministro doméstico.
El paisaje y el valor simbólico
El depósito quedó integrado en un entorno muy característico:
los tajos calizos de la sierra, las escalinatas de la calle Cornicabra y los
caminos tradicionales del casco alto.
El blog Ubrique en Verde describe cómo antiguamente su
silueta podía contemplarse desde numerosos puntos del pueblo, antes de que los
pinares terminaran ocultándolo parcialmente. También recuerda la figura de José
Valle “el Largo”, encargado durante años del mantenimiento del recinto y de sus
jardines.
Manolo Cabello hizo muchos videos de la zona💚
El depósito aparece además muy ligado a la memoria visual del
Ubrique de mediados del siglo XX: fotografías antiguas muestran claramente su
presencia dominante sobre la villa blanca, casi como una fortaleza industrial
integrada en la montaña.
Construcción del depósito en 1938
Fotografía de Francisco García Parra
Estructura y características técnicas
El actual sistema hidráulico municipal sigue considerando el
depósito de Cornicabra una pieza esencial del abastecimiento urbano.
se
encuentra a unos 371 metros sobre el nivel del mar,
es
un depósito superficial y semienterrado,
tiene
planta rectangular,
está
construido en hormigón,
dispone
de un único vaso,
y
posee una capacidad aproximada de 500 m³ (medio millón de litros).
La cifra de “medio millón de litros” coincide además con la
descripción tradicional recogida por los cronistas locales.
Arquitectura
Aunque su finalidad es puramente funcional, el depósito posee
un notable interés constructivo puesto que combina hormigón con revestimientos
de piedra caliza local, incorpora elementos de cantería tradicionales, tiene
muros muy sobrios y compactos, y presenta una integración paisajística bastante
cuidada para su época.
El acceso se realiza mediante un camino en zigzag que
asciende desde la calle Cornicabra. La cubierta superior funciona prácticamente
como una explanada o plaza-mirador.
Los antiguos conductos fueron parcialmente revestidos en
piedra, integrándose visualmente en el paisaje serrano. Ese detalle es muy
característico de las obras hidráulicas ubriqueñas de la primera mitad del
siglo XX, donde todavía convivían ingeniería moderna y tradición constructiva
local.
El depósito recibe agua principalmente desde la estación de
bombeo de La Parra y, en épocas de sequía, de los sondeos de Rano I y Rano II.
Desde allí abastece especialmente el casco antiguo, las zonas
medias del municipio, y varios pequeños depósitos auxiliares situados en cotas
superiores.
Entre esos depósitos secundarios destacan la Calera, los
Pinitos, y el Carril.
La elección de la cota elevada permitía aprovechar la
gravedad para mantener presión suficiente en gran parte de la red urbana,
reduciendo costes energéticos y asegurando cierta estabilidad del suministro.
Un elemento patrimonial poco reconocido
Aunque raramente aparece en inventarios monumentales, el
depósito de La Cornicabra puede considerarse hoy patrimonio industrial e
hidráulico de Ubrique.
Representa la modernización sanitaria del municipio, la
evolución técnica del abastecimiento urbano, y la adaptación de la ingeniería
al relieve extremo del casco histórico.
Además, forma parte inseparable de la imagen tradicional del
barrio alto y del sistema de nacimientos, minas, conducciones y depósitos que
han marcado históricamente la vida cotidiana de Ubrique.
Su valor no reside únicamente en la obra de ingeniería, sino
también en su relación con el paisaje, la memoria popular y la cultura del agua
de la Sierra de Cádiz.
Cuando repasamos los antiguos anuarios comerciales de Ubrique
desde 1864 sentimos muchas veces que estamos abriendo una puerta al pueblo
desaparecido de nuestros bisabuelos. No son solamente listas de nombres y
oficios. Detrás de cada comerciante, de cada fábrica y de cada tienda hay
familias enteras, calles llenas de vida, olores, voces y recuerdos que todavía
sobreviven en nuestras conversaciones familiares. Gracias a aquellos documentos
podemos reconstruir cómo era el tejido económico y humano de aquel Ubrique que
empezaba ya a convertirse en un pequeño centro industrial serrano.
Los anuarios nos permiten comprobar que, ya en 1864, Ubrique
era un pueblo extraordinariamente activo. Había fabricantes de curtidos,
jabones, aguardientes, petacas, sombreros, tejidos y calzado. Existían fondas,
cafés, farmacias, herrerías y pequeñas industrias familiares que eran el
auténtico motor económico de la localidad. Y lo más emocionante para nosotros
es descubrir que muchos de aquellos apellidos continúan hoy ligados a Ubrique y
a su memoria colectiva.
Uno de los nombres que más emoción nos produce encontrar es
el de nuestro tatarabuelo Manuel Janeiro López. Aparece ya en los registros del
siglo XIX relacionado con la almona de jabón que regentaba junto a su esposa,
Ana Córdoba Leytón. Aquellas almonas eran establecimientos fundamentales en una
época en la que el jabón se elaboraba artesanalmente utilizando grasas, cenizas
y aceites reciclados. El olor del jabón cocido formaba parte del paisaje
cotidiano de muchas calles. En nuestra familia siempre se habló de aquellos
negocios modestos pero muy trabajadores, donde cada miembro ayudaba en lo que
podía.
También nos emociona encontrar los primeros cafés y fondas de
Ubrique. En el Anuario Riera de 1904 aparece Manuel Janeiro como propietario de
uno de los cafés del pueblo. Aquellos cafés eran mucho más que simples negocios
de hostelería: eran centros sociales donde se hablaba de política, se cerraban
tratos comerciales y se compartían noticias llegadas de Cádiz, Gibraltar o
América. En casa siempre hemos escuchado historias sobre el famoso “Café de
Janeiro”, relacionado con los cafés que enviaban nuestros tíos desde Camagüey,
en Cuba, y cuyo aroma se tostaba en la plaza de la Verdura para deleite de
medio pueblo.
Los anuarios también muestran con claridad la enorme
importancia de la industria del curtido. A finales del siglo XIX y comienzos
del XX aparecen constantemente los Corrales, Mancilla, Reguera, Rubiales o
Parra como fabricantes de curtidos y suelas. Aquellas familias fueron
construyendo poco a poco el prestigio peletero de Ubrique. Sus talleres eran
todavía pequeños, muchas veces instalados junto a patios, huertas o nacimientos
de agua, porque el curtido dependía absolutamente de los manantiales y lavaderos
del pueblo.
Cuando vemos esos apellidos sentimos que estamos leyendo el
origen mismo de la Ubrique marroquinera actual. Muchos descendientes de
aquellos curtidores continúan hoy vinculados al sector de la piel. Otros
emigraron, cambiaron de oficio o desaparecieron, pero todos ayudaron a levantar
una tradición artesanal que terminaría haciendo famoso al pueblo en todo el
mundo.
Los zapateros y fabricantes de calzado ocupan también un
lugar importantísimo. En aquellos años aparecen nombres como Gaspar Cabezas,
Francisco Parra, Diego Viruez o Juan Núñez. Algunos de ellos estaban
emparentados con antiguos curtidores, porque en Ubrique el cuero generaba toda
una cadena económica: curtidores, zapateros, petateros, talabarteros y
comerciantes dependían unos de otros.
Especial emoción nos produce leer el nombre de Antonio
Villalobos, uno de los primeros fabricantes de petacas y padre de Juan
Villalobos, creador posteriormente de la marca Hispania. Aquellos pioneros de
las petacas y pequeños artículos de piel fueron fundamentales para la evolución
posterior de la marroquinería ubriqueña. Lo que comenzó como modestos talleres
familiares terminaría convirtiéndose en una industria de prestigio
internacional.
Otro aspecto fascinante de los anuarios es comprobar la
cantidad de pequeños negocios que existían. Había fabricantes de mantas, de
sombreros, de paños, de tapones de corcho y hasta hilados de lana. En 1904
encontramos comercios textiles, librerías y ferreterías que hoy casi nadie
recuerda. Nombres como Rafael Cobeñas, Bartolomé Vegazo o Manuel Romero
aparecen continuamente relacionados con distintos negocios y actividades
económicas, reflejando cómo muchas familias diversificaban sus ingresos para
sobrevivir.
Nos llaman mucho la atención también las fondas y posadas. La
fonda de José Benítez o la Posada Rosario nos hablan de un Ubrique lleno de
viajeros, arrieros y comerciantes que atravesaban la sierra transportando
mercancías. Antes del ferrocarril y de las carreteras modernas, el pueblo vivía
conectado a través de caminos de mulas y diligencias. Los animales descansaban
en las pilas y abrevaderos mientras los viajeros comían o dormían en aquellas
fondas humildes.
Y junto a comerciantes e industriales aparecen los médicos,
farmacéuticos, maestros y abogados que daban forma a la vida cotidiana del
pueblo. Nos emociona especialmente encontrar al maestro Francisco Fatou, figura
muy querida todavía en la memoria de muchas familias ubriqueñas. O al boticario
Fermín Sánchez, antepasado de personas que aún hoy forman parte de nuestra vida
cotidiana.
Lo más hermoso de estos anuarios es precisamente eso:
descubrir que la historia no está formada únicamente por grandes
acontecimientos, sino por personas corrientes que trabajaron, levantaron
negocios y sacaron adelante a sus familias en tiempos muy difíciles. Muchos
eran analfabetos o apenas sabían firmar, pero poseían un conocimiento inmenso
de los oficios tradicionales.
Cuando publicamos estas listas en el blog solemos recibir
mensajes emocionados de vecinos que reconocen a sus abuelos, bisabuelos o tíos
lejanos. A veces alguien descubre por primera vez que su familia tuvo una
fábrica de sombreros, una tienda de tejidos o una pequeña tenería junto al río.
Y entonces comprendemos que estos documentos no son simples registros
comerciales: son fragmentos de memoria colectiva.
Quizás por eso sentimos tanta responsabilidad al
compartirlos. Porque cada nombre representa una vida entera. Detrás de cada
anuncio antiguo hubo ilusiones, esfuerzos y sacrificios. Muchos de aquellos
comerciantes jamás imaginaron que, más de ciento cincuenta años después,
alguien volvería a pronunciar sus nombres con cariño y gratitud.
Y sin embargo aquí siguen, sobreviviendo en las páginas
amarillentas de los anuarios y en la memoria de un pueblo que todavía conserva,
entre sus calles y sus apellidos, la huella profunda de aquellos primeros
comerciantes e industriales que ayudaron a construir la historia de Ubrique.