viernes, 8 de mayo de 2026

DESCUBRIENDO UBRIQUE con Fernando Crespo y Esperanza Cabello en la COPE, 31. El Rodezno de Ubrique

 


DESCUBRIENDO UBRIQUE, podcast de la COPE

El Rodezno de Ubrique

En este enlace 

 

Por Esperanza Cabello

Continuamos nuestras serie de podcast con la COPE y nuestro amigo Fernando Crespo, con quien cada vez mantenemos unas charlas más amenas y vamos descubriendo nosotros mismos cientos de detalles y curiosidades de los rincones más pintorescos de Ubrique.

Hoy vamos a descubrir la zona del Rodezno (en este enlace del blog hemos publicado el trabajo que hemos realizado previamente), incidiendo principalmente en el Nacimiento, los molinos, las tenerías y la reciente plaza de Las Petaqueras.

 


 

En este enlace de hoy podemos oír algunas curiosidades de este entorno especial, uno de los más singulares de Ubrique 

 Y en esta entrada accederemos a todos los programas emitidos hasta el momento.

El Rodezno de Ubrique. Detalles y curiosidades

 


 

 

El Rodezno de Ubrique: agua, industria, memoria y vida en el corazón histórico del pueblo

Pocos lugares de Ubrique concentran tanta historia, tanta memoria colectiva y tanta identidad cultural como la zona conocida como El Rodezno. Situado junto al nacimiento de la Cornicabra, muy cerca del antiguo convento de Capuchinos y de los tradicionales caminos de entrada al pueblo, este enclave constituyó durante siglos uno de los principales motores económicos y humanos de la localidad.

El Rodezno fue mucho más que un paraje pintoresco o un simple conjunto de molinos y tenerías. Allí se desarrolló una auténtica civilización del agua. El nacimiento alimentó molinos harineros, curtidurías, lavaderos, huertas, canales, fábricas y sistemas de abastecimiento que hicieron posible la vida cotidiana de generaciones enteras de ubriqueños.

La historia de este lugar resume, en gran medida, la propia evolución histórica de Ubrique: desde las antiguas técnicas artesanales heredadas del mundo medieval y andalusí hasta la llegada de la electricidad y la modernización industrial del siglo XX.

Gracias a las investigaciones de Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo, así como a numerosos testimonios orales y documentos históricos, hoy es posible reconstruir la importancia extraordinaria de este espacio donde convivieron trabajo, agua, pobreza, progreso, convivencia y memoria popular.

 


 

El Nacimiento : origen de la vida

La existencia de El Rodezno está inseparablemente ligada al Nacimiento (con mayúsculas), uno de los manantiales más importantes de Ubrique.

Desde tiempos antiguos, las aguas que brotaban de la sierra descendían formando pequeños cauces y saltos naturales que permitieron aprovechar la energía hidráulica de manera continua. En una época en la que la fuerza del agua era uno de los grandes motores económicos del mundo rural, disponer de un nacimiento abundante suponía una auténtica riqueza.

El agua de la Cornicabra permitió durante siglos mover molinos, alimentar tenerías, abastecer fuentes, llenar pilares, regar huertas, accionar batanes, lavar ropa, limpiar y curtir pieles, y posteriormente generar electricidad.  El Rodezno nació precisamente gracias a esa combinación perfecta entre agua abundante y aprovechamiento humano.

Las investigaciones históricas describen el lugar como un espacio lleno de acequias, albercas, compuertas, tajeas elevadas y pequeños canales que organizaban cuidadosamente el recorrido del agua para aprovechar hasta la última gota. Nada se desperdiciaba. El agua circulaba constantemente por el paisaje y daba vida a toda una red de actividades económicas y sociales.

 


 

El significado del nombre “El Rodezno”

El propio nombre del lugar revela su esencia histórica. “Rodezno” es un término tradicional relacionado con los molinos hidráulicos. Se refiere a la rueda horizontal que transformaba la fuerza del agua en movimiento mecánico. El sistema era ingenioso: el agua caía con fuerza sobre el rodezno y hacía girar el mecanismo conectado a las piedras de moler. La importancia de este elemento fue tan grande que terminó dando nombre a toda la zona. El topónimo refleja, por tanto, el carácter profundamente hidráulico e industrial del enclave. Desde siempre, el sonido del agua golpeando los rodeznos forma parte inseparable del paisaje sonoro de Ubrique.

 


 

Los antiguos molinos hidráulicos

Uno de los elementos fundamentales de El Rodezno fueron sus molinos, existieron varios aprovechamientos hidráulicos dedicados principalmente a la molienda de cereales, especialmente trigo.

Los molinos eran esenciales para la economía tradicional, producían harina, abastecían a los panaderos, permitían alimentar animales, de hecho, el lejío estaba a la izquierda del molino, y generaban una importante actividad comercial.

La tecnología hidráulica utilizada era completamente artesanal pero extraordinariamente eficaz. El agua era conducida mediante canales elevados hasta caer sobre el rodezno con suficiente fuerza para mover todo el sistema. Muchos de estos molinos permanecieron activos durante siglos y algunos fueron adaptándose a nuevas funciones industriales con el paso del tiempo.

El molino del Nacimiento o molino de Cotrino

El más importante de todos fue el conocido como molino del Nacimiento, también llamado posteriormente molino del Rodezno o molino de Cotrino. Este edificio simboliza perfectamente la evolución histórica del lugar. Inicialmente funcionó como molino harinero tradicional, pero más tarde acabaría convirtiéndose parcialmente en fábrica de electricidad. Durante el día molía trigo y por la noche utilizaba la fuerza del agua para generar energía eléctrica. Pocas imágenes resumen mejor el paso del mundo tradicional al moderno.

 

El molino del Duque y los aprovechamientos señoriales

La tradición oral ubriqueña también recuerda el llamado molino del Duque, relacionado con antiguos aprovechamientos vinculados a los señores de la villa. Durante siglos, buena parte de las aguas, tierras y molinos estuvieron bajo control de grandes propietarios o instituciones señoriales. Los duques de Arcos, señores históricos de Ubrique, mantuvieron importantes derechos sobre numerosos recursos económicos del territorio. Aunque la documentación concreta sobre este molino es fragmentaria, su recuerdo permanece asociado a la memoria popular del Rodezno y a la antigua organización señorial del agua y la producción.

 


El Rodezno y el crecimiento urbano de Ubrique

La importancia del nacimiento de la Cornicabra no fue únicamente industrial. El agua del Rodezno resultó esencial para el propio crecimiento urbano de Ubrique. Antes de la llegada de las modernas redes de abastecimiento domiciliario, gran parte del pueblo dependía directamente de este sistema hidráulico. Las investigaciones históricas describen antiguas conducciones, alcubillas y canalizaciones que transportaban el agua hasta fuentes públicas, pilares, depósitos, huertas, batanes, curtidurías y determinadas viviendas.

El Rodezno funcionó durante generaciones como uno de los grandes centros abastecedores de la localidad. En una época en la que disponer de agua limpia era un privilegio, este nacimiento constituyó uno de los bienes más valiosos de Ubrique.

 


Las curtidurías: el origen de la industria de la piel

La relación entre Ubrique y la industria de la piel tiene raíces muy profundas, y El Rodezno fue uno de sus escenarios fundamentales. Las tenerías necesitaban enormes cantidades de agua limpia, por ello se instalaron tradicionalmente junto a nacimientos y arroyos. El proceso del curtido era extremadamente complejo y laborioso, lavado de las pieles, eliminación de restos orgánicos, tratamiento con cal, raspado manual, curtido vegetal mediante taninos, extraídos del zumaque o de los alcornoques, aclarado, secado y suavizado final. Muchas de estas operaciones conservaban técnicas heredadas del mundo medieval e incluso andalusí.

Las investigaciones sobre los curtidos árabes y medievales de Manuel Cabello muestran que la tradición marroquinera ubriqueña no apareció de forma repentina, sino como resultado de siglos de transmisión artesanal. La abundancia de agua del Rodezno permitió mantener esa actividad durante generaciones.

 

Las últimas tenerías tradicionales

Todavía en pleno siglo XX permanecían activas algunas tenerías tradicionales en el Rodezno. Los testimonios describen un paisaje industrial hoy desaparecido, pilas de curtido, muros húmedos, herramientas manuales, y trabajadores especializados realizando tareas heredadas de sus antepasados.

Entre las curtidurías más recordadas estuvo la de Ángel Janeiro Rubiales, cuyo utillaje histórico fue posteriormente recuperado para el Museo de la Piel. Aquellas tenerías representan el origen directo de la actual industria marroquinera de Ubrique. Sin comprender el Rodezno resulta imposible entender cómo surgió la fama mundial de la piel ubriqueña.

 

El Rodezno en los años cincuenta

Las reconstrucciones históricas realizadas a partir de fotografías y testimonios, sobre todo de los hermanos Román, los últimos habitantes del molino, permiten imaginar cómo era El Rodezno en los años cincuenta. Todavía conservaba entonces buena parte de su actividad tradicional. El lugar aparecía lleno de vida, lavanderas trabajando junto al agua, curtidores manipulando pieles, niños bañándose y jugando en verano, animales de carga cruzando caminos, molinos todavía en funcionamiento, huertas llenas de frutales. El sonido del agua era, y es, continuo.

Acequias y canales atravesaban el paisaje formando pequeños saltos y corrientes. Era un espacio profundamente humano y popular. Sin embargo, aquellos años representaban también el comienzo de la transformación definitiva. La modernización industrial, la electrificación general y los nuevos sistemas urbanos acabarían alterando radicalmente aquel mundo tradicional.

 


Las lavanderas de El Rodezno: la memoria femenina del agua

Entre todos los recuerdos asociados a El Rodezno, quizá ninguno posee tanta carga humana y emocional como el de las lavanderas. Las investigaciones y testimonios recopilados por Esperanza Izquierdo y Manuel Cabello Janeiro permiten reconstruir con enorme sensibilidad la vida de aquellas mujeres que durante generaciones hicieron del agua su espacio de trabajo, convivencia y supervivencia.

Los textos publicados en torno al documental La mujer y el agua establecen un emocionante paralelismo entre las mujeres de la India contemporánea y las ubriqueñas de hace apenas unas décadas. En El Rodezno, el agua era mucho más que un recurso natural: era el centro de la vida cotidiana femenina. Cada mañana, desde primeras horas del día, numerosas mujeres descendían hacia el nacimiento cargadas con paneras, tablas de lavar, jabón casero, cenizas para la colada, cántaros, y enormes cestos de ropa.

Muchas procedían de familias humildes y trabajaban lavando para otras casas más acomodadas. A cambio recibían cantidades mínimas de dinero, pero suficientes para ayudar al sustento familiar.

Una de las historias más conmovedoras conservadas por la memoria oral es la de María Avelino, lavandera ubriqueña de los años veinte, cuya vida simboliza perfectamente la dureza de aquel trabajo. Cada día recogía ropa por las casas y acudía al Rodezno o al lavadero del Benalfí para realizar la colada. El proceso era agotador y complejo; primero se enjabonaba la ropa, luego se colocaba en grandes canastos cubiertos con paños bastos y se vertían sobre ella cenizas calientes mezcladas con agua. Después se dejaba reposar durante horas antes del lavado definitivo.

El relato más impresionante, una historia contada por Isabelita Álvarez, explica cómo María, embarazada y madre de numerosos hijos, comenzó a sentir los dolores del parto mientras preparaba una colada en el Rodezno. Se apartó unos momentos, dio a luz y, tras acomodar al recién nacido, regresó inmediatamente a terminar el trabajo para no perder el jornal de aquel día.

Historias como esta permiten comprender la extraordinaria dureza de la vida de las mujeres populares ubriqueñas.

Otra figura recordada es Paca Gómez García, que con apenas nueve años tuvo que abandonar la escuela para hacerse cargo del lavado de la ropa familiar. Bajaba diariamente al Algarrobal cargando ropa y jabón, ocupando durante horas su pequeño espacio entre las lavanderas adultas. Aquella niña pasó su infancia entre agua, ropa mojada y largas jornadas de trabajo físico.

Pero el Rodezno no fue solamente un lugar de sufrimiento. También constituyó un importante espacio de convivencia femenina.

Mientras lavaban, las mujeres compartían noticias del pueblo, consejos, canciones, recetas, confidencias, historias familiares, y hasta pequeñas celebraciones cotidianas.

El lavadero funcionaba como una especie de gran plaza pública femenina donde circulaba la memoria oral de Ubrique.

Las fotografías históricas de principios del siglo XX muestran grupos de lavanderas trabajando junto al agua bajo la sombra de enormes álamos y chopos.

Las investigaciones de la familia Cabello recuerdan además que muchas casas de Ubrique no tuvieron agua corriente hasta bien entrado el siglo XX. Antes de ello, mujeres y niñas eran responsables de transportar el agua desde fuentes y pilares hasta las viviendas. Algunas recorrían diariamente largas distancias cargando cántaros de quince o veinte litros.

Por eso el agua marcó profundamente la vida femenina de Ubrique. No resulta exagerado afirmar que gran parte del funcionamiento cotidiano del pueblo descansó durante siglos sobre el trabajo invisible de estas mujeres.

El Rodezno fue así un territorio de agua y de memoria femenina, un espacio donde el esfuerzo, la pobreza y la solidaridad convivieron diariamente.

Hoy, cuando los arroyos han perdido el bullicio de antaño, el recuerdo de las lavanderas continúa siendo una de las imágenes más poderosas y emotivas de la historia de Ubrique.

Lo mejor de todo es que hemos sabido muy recientemente que una de nuestras amigas más queridas, María del Carmen Toro, nació justamente en el Rodezno, hasta ahora pensábamos los miembros de la familia Román habían sido los últimos habitantes del molino. Pero no, la familia Toro Rincón también vivió allí y allí nació Mari Carmen, con ella incidimos aún más en el importantísimo papel de la mujer en la historia de nuestro pueblo, pues forma parte de una dinastía de mujeres fuertes, trabajadoras, honestas y discretas, que siempre, con gran energía y fortaleza, han hecho bandera del trabajo y la familia. 

 


 

La mirada romántica de Frasquita Larrea

Uno de los testimonios más valiosos para comprender la importancia histórica y paisajística del Rodezno es el de la viajera gaditana Frasquita Larrea, que visitó Ubrique en 1824.

Aunque en aquel momento el espacio no recibía aún la denominación actual de “Rodezno”, su descripción transmite la fascinación que le produjo aquel paisaje lleno de agua, vegetación y actividad humana coincide en el entorno del nacimiento de la Cornicabra, el convento de Capuchinos y los primeros aprovechamientos hidráulicos del lugar.

Su testimonio constituye una de las primeras miradas cultas sobre este paisaje, y ofrece una imagen extraordinariamente viva del entorno en época preindustrial, demostrando además que este rincón ya era considerado uno de los lugares más bellos y pintorescos de la Sierra de Cádiz mucho antes de que existiera una conciencia moderna de patrimonio.

 

“Al pie de este peñasco (que llaman también el salto de la Mora, por motivo de una tradición que supone a una mora arrojándose de esa altura huyendo de los cristianos) sale el manantial que surte al pueblo y que, pasado el Convento, fluye por un acueducto a través de cuyos arcos se ven las huertas. Entre este acueducto y un guardalado, debajo del cual se ven las mujeres lavando con el agua del otro nacimiento que sale por el molino, corre una calzada hasta entrar en las calles del pueblo. Un grandísimo y frondoso álamo negro sombrea a las lavanderas, y más arriba del molino se ven grupos de olmos y chopos en derredor del manantial y a sus espaldas suben peñascos hasta las nubes.”

 

Esta descripción resulta de enorme valor porque confirma varios elementos esenciales del paisaje histórico del Rodezno, la existencia del nacimiento como origen del abastecimiento urbano, la presencia del convento como referencia espacial, el sistema de acequias y acueductos que distribuían el agua, la actividad de las lavanderas como parte cotidiana del paisaje humano, la presencia de vegetación de ribera (álamos, olmos y chopos), y la espectacular topografía del entorno, con peñascos cerrando visualmente el valle.

El texto de Larrea permite así reconstruir con gran fidelidad cómo era este espacio antes de la industrialización del siglo XIX y XX, mostrando un paisaje donde naturaleza y actividad humana ya estaban profundamente entrelazadas.

Su mirada romántica no solo describe un lugar bello, sino también un sistema de vida completo basado en el agua, que con el tiempo daría origen a molinos, tenerías, lavaderos y, finalmente, a la compleja estructura industrial del Rodezno.

Frente a la imagen árida que muchos viajeros románticos tenían de Andalucía, el entorno ubriqueño le pareció un espacio excepcionalmente fresco, verde y abundante en agua.

El convento de Capuchinos, rodeado por nacimientos y vegetación, contribuía además a crear una imagen casi idílica. El sonido continuo del agua descendiendo por canales y tajeas formaba parte esencial de aquella atmósfera que tanto impresionó a la viajera.

Las palabras de Frasquita Larrea poseen hoy un enorme valor histórico porque permiten reconstruir cómo era el paisaje del Rodezno a comienzos del siglo XIX, antes de las transformaciones urbanas e industriales posteriores.

 

La fábrica de electricidad: la llegada de la modernidad

Uno de los capítulos más fascinantes de la historia del Rodezno es su papel en la llegada de la electricidad. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el antiguo molino del Nacimiento comenzó a utilizarse parcialmente como central hidroeléctrica. La fuerza del agua movía generadores eléctricos capaces de abastecer los primeros puntos de luz pública del pueblo.

El ingeniero francés Jean Pierre Prouvat de Guéry participó en algunos de los contratos relacionados con este suministro eléctrico.

Gracias a esta pequeña central se iluminó parte del Ayuntamiento, algunas calles y determinados espacios públicos. La transformación fue enorme.

El Rodezno se convirtió así en símbolo del paso entre dos épocas, el mundo artesanal tradicional y la modernidad industrial.

La misma agua que durante siglos había movido piedras de molino empezó a producir electricidad.

 


Un pequeño polígono industrial tradicional

En conjunto, El Rodezno funcionó durante mucho tiempo como una especie de polígono industrial tradicional, puesto que en un espacio relativamente reducido coexistían molinos, tenerías, lavaderos, almacenes, talleres, batanes, huertas, y sistemas hidráulicos. Todo dependía directamente del agua. La actividad debía de ser constante.

Los testimonios históricos hablan de un lugar lleno de movimiento, sonidos, olores y trabajo.

 


El patrimonio hidráulico

Uno de los grandes valores históricos del Rodezno es su patrimonio hidráulico.

Todavía hoy pueden identificarse restos de acequias, albercas, tajeas, compuertas, canales, molinos, muros y conducciones. Todo ello constituye un extraordinario ejemplo de ingeniería hidráulica tradicional.

Estas estructuras muestran cómo generaciones enteras aprendieron a organizar y aprovechar el agua con enorme inteligencia técnica.

 

La decadencia del Rodezno

A partir de mediados del siglo XX comenzó la decadencia progresiva del lugar.

Las causas fueron múltiples, en primer lugar, durante la Guerra Civil fueron militarizadas las tenerías que aún se mantenían, también los lavaderos públicos fueron dejando de utilizarse, pues había agua corriente en casi todas las casas. A esto hay que añadir la industrialización moderna, el abandono de molinos, la mecanización, el nacimiento de nuevas fábricas de marroquinería que ya no necesitaban agua y podían construirse alejadas del río, la urbanización creciente, los cambios sanitarios y sociales.

Las antiguas tenerías fueron cerrando poco a poco y muchas estructuras quedaron abandonadas y acabaron deteriorándose. El silencio sustituyó al bullicio de otros tiempos.

 


 

El Rodezno como paisaje emocional

Pese a ello, el Rodezno nunca desaparecerá de la memoria colectiva ubriqueña. Para muchas personas sigue siendo uno de los lugares más emocionales del pueblo.

Allí permanecen recuerdos de infancia y allí se crean nuevos recuerdos entre el crujido de los gamones en mayo, los concursos de pintura y la admiración por el agua pura manando constantemente. El Rodezno pertenece tanto a la historia material como a la memoria sentimental de Ubrique.

 

 

El Rodezno pintado por Julia Janeiro Rubiales en 1919

 

El Rodezno en la fotografía y el arte

Numerosos artistas y fotógrafos se sintieron atraídos por este paisaje.

Las fotografías históricas muestran lavanderas trabajando bajo enormes álamos y chopos.

El pintor y fotógrafo Romero de Torres inmortalizó algunas escenas en 1906.

Más tarde también lo haría Francisco García Parra.

Las imágenes conservan un mundo desaparecido, ropa tendida al sol, mujeres arrodilladas junto al agua, niños jugando, reflejos sobre las acequias, y viejas estructuras hidráulicas integradas en la naturaleza.

Actualmente podemos recordar decenas de cuadros pintados por artistas locales y foráneos, el primer óleo que recordamos lo pintó Julia Janeiro en 1919. Y, por supuesto, miles de fotografías y videos que tanto los ubriqueños como los visitantes turistas a lo largo del año.

 

Un símbolo de la identidad ubriqueña

Hoy El Rodezno representa mucho más que un conjunto de ruinas industriales. Es uno de los grandes símbolos de la identidad histórica de Ubrique porque confluyen la cultura del agua, la memoria femenina, la tradición molinera, el origen de la marroquinería, la ingeniería hidráulica, la llegada de la electricidad, y la vida cotidiana de generaciones enteras. Pocos espacios resumen de forma tan completa la evolución histórica de Ubrique.

El Rodezno constituye uno de los paisajes históricos más importantes y evocadores de Ubrique, allí el agua modeló durante siglos la economía, la tecnología, el trabajo y las relaciones humanas. Molinos, tenerías, lavanderas, huertas y fábricas convivieron formando un universo popular profundamente ligado a la naturaleza y al esfuerzo colectivo. Hoy permanecen las ruinas, las acequias y el sonido constante del nacimiento.

Pero también permanece algo más importante: la memoria.

La memoria de las mujeres que lavaron ropa durante décadas.

La memoria de los curtidores que dieron origen a la industria de la piel.

La memoria de los molineros que aprovecharon la fuerza del agua.

La memoria de un pueblo que encontró en aquel rincón uno de los motores fundamentales de su historia.

Por eso El Rodezno no es únicamente un lugar del pasado.

Es una parte esencial del alma histórica de Ubrique.

En Ubrique en Verde (en este enlace) nuestro hermano Manolo siempre  hablaba de esta zona, él fue quien nos enseñó a reconocer el arroyo del Búho, y quien hizo del agua de Ubrique toda una serie de publicaciones.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

Recorrido guiado de la zona del Rodezno con la ayuda de la IA

 

El Rodezno de Ubrique. Fotografía de Romero de Torres coloreada por Leandro Cabello

 

 

Breve visita guiada: El Rodezno y el entorno de Capuchinos

Duración aproximada: 20–30 minutos
Tipo de visita: patrimonial, paisajística y etnográfica
Público: general


 

 

1. Bienvenida: la puerta histórica del agua y de la piel

Bienvenidos a uno de los rincones más importantes y evocadores de Ubrique. Nos encontramos en un espacio donde se unen algunos de los elementos fundamentales de la historia del pueblo:

  • el agua,
  • la industria de la piel,
  • la memoria de las mujeres trabajadoras,
  • la vida religiosa,
  • y uno de los paisajes más hermosos del casco urbano.

Todo este entorno gira alrededor del antiguo nacimiento de la Cornicabra y de la zona histórica de El Rodezno, auténtico corazón hidráulico e industrial de Ubrique durante siglos.

A nuestro alrededor convivieron molinos, tenerías, lavaderos, conventos, huertas y sistemas tradicionales de abastecimiento de agua. Aquí comenzó buena parte de la historia moderna de la marroquinería ubriqueña.


2. El depósito de la Cornicabra y la cultura del agua

Justo encima del Nacimiento se encuentra el antiguo depósito de agua de la Cornicabra, una infraestructura fundamental para el abastecimiento urbano de Ubrique.

El agua ha sido siempre uno de los grandes tesoros del pueblo. Durante siglos, las fuentes y nacimientos de esta zona surtieron a vecinos, talleres y huertas.

Este lugar simboliza perfectamente la relación histórica de Ubrique con el agua: sin estos manantiales no habrían existido ni los molinos, ni las tenerías, ni buena parte del crecimiento urbano del municipio.

De algún modo, toda la vida del entorno dependía de este sistema hidráulico.


3. La Plaza de las Petaqueras

Sobre el depósito se construyó hace pocos años la actual Plaza de las Petaqueras, un pequeño espacio contemporáneo dedicado a la memoria de las mujeres trabajadoras de la piel.

La plaza posee un carácter muy simbólico porque une el agua y la marroquinería, dos pilares esenciales de la historia de Ubrique.

En el centro podemos observar el monolito con una gran fotografía histórica de una fábrica de artículos de piel. La imagen recuerda aquellas antiguas fábricas donde trabajaron generaciones enteras de mujeres realizando labores minuciosas:

  • cosido,
  • pegado,
  • repasado,
  • terminación de piezas,
  • y preparación artesanal de bolsos y carteras.

Muchas veces su trabajo fue silencioso e invisible, pero resultó esencial para el prestigio internacional de la piel ubriqueña.

Uno de los rincones más curiosos de la plaza es la reproducción decorativa de la ermita de San Antonio, concebida como pequeño espacio escenográfico y punto fotográfico para visitantes y vecinos.

La plaza representa muy bien el Ubrique actual: un pueblo que intenta conservar la memoria de sus trabajadores y trabajadoras mientras renueva sus espacios urbanos.



 

 

 

4. El convento de Capuchinos

Justo junto a nosotros se levanta el histórico Convento de Capuchinos, uno de los edificios religiosos más importantes de la localidad. El convento comenzó a construirse en el siglo XVII por iniciativa del duque de Arcos y hoy alberga la imagen de la Patrona de Ubrique, Nuestra Señora de los Remedios.

Además de su importancia religiosa, el convento mantiene una estrechísima relación con la historia de la piel. Actualmente parte de sus dependencias acogen el Museo de la Piel “Manos y Magia”, dedicado a la tradición marroquinera ubriqueña.

Este lugar estaba antiguamente rodeado de huertas, nacimientos y tenerías. El sonido del agua formaba parte de la vida cotidiana de los frailes y de los trabajadores de la zona.

Desde aquí puede entenderse perfectamente cómo convivieron en Ubrique la espiritualidad, el trabajo artesanal y la cultura del agua.


 


 

5. La Pila de la Parra y la antigua fuente de Cotrino

Muy cerca encontramos la conocida Pila de la Parra, situada en un lugar cercano a donde antiguamente estuvo la fuente de Cotrino.

Este punto era uno de los lugares tradicionales de abastecimiento de agua para los vecinos.

Hasta bien entrado el siglo XX, muchas mujeres acudían diariamente con cántaros y recipientes para recoger agua destinada al consumo doméstico.

La fuente formaba parte de toda una red de pilares y conducciones que aprovechaban las aguas del nacimiento de la Cornicabra.

En este entorno el agua no era solamente un recurso: era el centro de la vida cotidiana.


 


 

 

6. El Rodezno: molinos, tenerías y lavanderas

Ahora miramos hacia la zona histórica de El Rodezno, uno de los espacios más emblemáticos de Ubrique.

Aquí se concentraron durante siglos:

  • molinos hidráulicos,
  • tenerías,
  • lavaderos,
  • canales,
  • huertas,
  • y pequeñas industrias movidas por la fuerza del agua.

El propio nombre de “Rodezno” procede de la rueda hidráulica que utilizaban los molinos tradicionales.

Durante generaciones, este lugar fue un auténtico motor económico del pueblo.

Las tenerías necesitaban agua abundante para curtir las pieles, y por eso se instalaron junto al nacimiento. Aquí comenzaron muchas de las técnicas artesanales que dieron fama mundial a la marroquinería ubriqueña.

Pero El Rodezno fue también el territorio de las lavanderas.

Durante décadas, numerosas mujeres acudían diariamente a lavar ropa junto a las acequias y pilas del nacimiento. Era un trabajo muy duro, pero también un espacio de convivencia femenina donde circulaban noticias, canciones y recuerdos del pueblo.

Todavía hoy, muchos ubriqueños mayores recuerdan el sonido constante del agua y la intensa actividad humana que llenaba este lugar.



 

 

7. El gran mirador sobre Ubrique

Y finalmente, antes de terminar, merece la pena detenerse unos momentos para contemplar la espectacular vista panorámica de Ubrique.

Desde este entorno se obtiene una de las imágenes más bellas del pueblo:

  • las casas blancas escalonadas,
  • la iglesia sobresaliendo entre los tejados,
  • la sierra rodeando el casco urbano,
  • y el entramado histórico que fue creciendo desde la parte alta hacia las zonas bajas.

Este paisaje ayuda a comprender perfectamente la relación entre Ubrique y la montaña, entre el agua y la vida urbana.

Es también un lugar ideal para explicar cómo el pueblo fue expandiéndose alrededor de sus nacimientos, caminos históricos y zonas industriales tradicionales.

 

8. Frasquita Larrea y la belleza del Rodezno en 1824

Antes de continuar nuestro recorrido, es muy interesante saber que este mismo lugar ya fue descrito a comienzos del siglo XIX por la viajera y escritora gaditana Frasquita Larrea, que visitó Ubrique en 1824.

Su testimonio es especialmente valioso porque nos permite imaginar cómo era este entorno cuando aún no había cambiado el paisaje urbano moderno. Al referirse a este espacio, lo describe con estas palabras:

“Al pie de este peñasco… sale el manantial que surte al pueblo y que, pasado el Convento, fluye por un arqueducto a través de cuyos arcos se ven las huertas. Entre este arqueducto y un guardalado, debajo del cual se ven las mujeres lavando con el agua del otro nacimiento que sale por el molino, corre una calzada hasta entrar en las calles del pueblo. Un grandísimo y frondoso álamo negro sobrea a las lavanderas, y más arriba del molino se ven grupos de olmos y chopos en derredor del manantial y a sus espaldas suben peñascos hasta las nubes.”

Lo que está describiendo es exactamente este paisaje: el nacimiento de la Cornicabra, el convento de Capuchinos, los lavaderos y el entorno del futuro Rodezno.

Es decir, ya a comienzos del siglo XIX este lugar era percibido como un espacio donde el agua, la vegetación, las huertas y el trabajo humano convivían en perfecta armonía.

 


 

Despedida

Este pequeño entorno reúne una parte esencial de la memoria histórica de Ubrique:

  • el agua del Nacimiento
  • la memoria de las petaqueras,
  • el convento barroco de Capuchinos,
  • las antiguas fuentes,
  • el trabajo artesanal de la piel,
  • las lavanderas,
  • y el paisaje urbano serrano.

Pocos lugares concentran tantos símbolos de la identidad ubriqueña en un espacio tan reducido.

Aquí el agua, el trabajo y la memoria siguen dialogando todavía con el paisaje.