domingo, 17 de mayo de 2026

El depósito de agua de la Cornicabra. En el entorno del Rodezno

 

 

El motor de la Parra y el depósito de la Cornicabra

Fotografía de Francisco García Parra 1939

 

Por Esperanza Cabello

 

Antes de empezar a leer esta entrada, es imprescindible ir a "Ubrique en verde" y disfrutar con las imágenes y las palabras de una de las personas que mejor conocía este edificio: Manolo Cabello Izquierdo. ¡Enhorabuena una vez más, hermano!💚

 

 

El depósito de agua de La Cornicabra constituye una de las obras hidráulicas más importantes del Ubrique contemporáneo. Más allá de su función técnica, forma parte del paisaje sentimental del pueblo y de la memoria colectiva de varias generaciones de ubriqueños. Su silueta, dominando el casco antiguo desde la ladera de la sierra, ha sido durante décadas un símbolo silencioso del abastecimiento de agua y de la modernización urbana del municipio.

 

Contexto histórico

Hasta bien entrado el siglo XX, el abastecimiento de agua en Ubrique dependía fundamentalmente de nacimientos naturales, fuentes públicas y pequeños sistemas de conducción tradicionales. El crecimiento demográfico y urbano hizo insuficiente aquel modelo, especialmente en los años treinta, cuando el municipio comenzó a necesitar una infraestructura capaz de almacenar y regular el suministro.(En este enlace).

Según la documentación y testimonios recogidos en distintos estudios locales, el depósito fue construido hacia 1937, en plena época de transformación del sistema hidráulico local.

Su ubicación no fue casual: se levantó sobre los tajos de La Cornicabra, en una posición elevada que permitía distribuir el agua por gravedad hacia buena parte del casco urbano. El lugar domina el nacimiento de la Cornicabra, uno de los manantiales históricos más importantes de Ubrique.

El sistema se completó con estaciones de bombeo capaces de elevar el agua desde el nacimiento hasta el depósito. Aquella ingeniería supuso un enorme avance técnico para el pueblo, permitiendo por primera vez una regulación relativamente estable del suministro doméstico. 

 

El paisaje y el valor simbólico

El depósito quedó integrado en un entorno muy característico: los tajos calizos de la sierra, las escalinatas de la calle Cornicabra y los caminos tradicionales del casco alto.

El blog Ubrique en Verde describe cómo antiguamente su silueta podía contemplarse desde numerosos puntos del pueblo, antes de que los pinares terminaran ocultándolo parcialmente. También recuerda la figura de José Valle “el Largo”, encargado durante años del mantenimiento del recinto y de sus jardines.

Manolo Cabello hizo muchos videos de la zona💚

 


 

El depósito aparece además muy ligado a la memoria visual del Ubrique de mediados del siglo XX: fotografías antiguas muestran claramente su presencia dominante sobre la villa blanca, casi como una fortaleza industrial integrada en la montaña.

 

 

Construcción del depósito en 1938

Fotografía de Francisco García Parra

 

Estructura y características técnicas

El actual sistema hidráulico municipal sigue considerando el depósito de Cornicabra una pieza esencial del abastecimiento urbano.

Según los datos técnicos de Aguas de Ubrique y del sistema SINAC:

  • se encuentra a unos 371 metros sobre el nivel del mar,
  • es un depósito superficial y semienterrado,
  • tiene planta rectangular,
  • está construido en hormigón,
  • dispone de un único vaso,
  • y posee una capacidad aproximada de 500 m³ (medio millón de litros).

La cifra de “medio millón de litros” coincide además con la descripción tradicional recogida por los cronistas locales. 

 

Arquitectura

Aunque su finalidad es puramente funcional, el depósito posee un notable interés constructivo puesto que combina hormigón con revestimientos de piedra caliza local, incorpora elementos de cantería tradicionales, tiene muros muy sobrios y compactos, y presenta una integración paisajística bastante cuidada para su época.

El acceso se realiza mediante un camino en zigzag que asciende desde la calle Cornicabra. La cubierta superior funciona prácticamente como una explanada o plaza-mirador.

Los antiguos conductos fueron parcialmente revestidos en piedra, integrándose visualmente en el paisaje serrano. Ese detalle es muy característico de las obras hidráulicas ubriqueñas de la primera mitad del siglo XX, donde todavía convivían ingeniería moderna y tradición constructiva local. 

 

 

Fotografía de Manolo Cabello (en este enlace)

 

Funcionamiento hidráulico

El depósito recibe agua principalmente desde la estación de bombeo de La Parra y, en épocas de sequía, de los sondeos de Rano I y Rano II.

Desde allí abastece especialmente el casco antiguo, las zonas medias del municipio, y varios pequeños depósitos auxiliares situados en cotas superiores.

Entre esos depósitos secundarios destacan la Calera, los Pinitos, y el Carril.

La elección de la cota elevada permitía aprovechar la gravedad para mantener presión suficiente en gran parte de la red urbana, reduciendo costes energéticos y asegurando cierta estabilidad del suministro.

 

Un elemento patrimonial poco reconocido

Aunque raramente aparece en inventarios monumentales, el depósito de La Cornicabra puede considerarse hoy patrimonio industrial e hidráulico de Ubrique.

Representa la modernización sanitaria del municipio, la evolución técnica del abastecimiento urbano, y la adaptación de la ingeniería al relieve extremo del casco histórico.

Además, forma parte inseparable de la imagen tradicional del barrio alto y del sistema de nacimientos, minas, conducciones y depósitos que han marcado históricamente la vida cotidiana de Ubrique.

Su valor no reside únicamente en la obra de ingeniería, sino también en su relación con el paisaje, la memoria popular y la cultura del agua de la Sierra de Cádiz.

 


 

 

viernes, 15 de mayo de 2026

La plaza de las Petaqueras. El entorno del Rodezno

 


Por Esperanza Cabello

 

La Plaza de las Petaqueras

Corresponde al nuevo espacio urbano situado frente a la zona de El Rodezno y junto al antiguo convento de Capuchinos, inaugurada en 2024 como parte de la renovación del entorno histórico y turístico de esta zona de Ubrique y con motivo de la primera feria “Bajo la piel”

La Plaza de las Petaqueras es una pequeña placita moderna construida sobre la cubierta de un depósito de agua, aprovechando un espacio técnico que hasta entonces no tenía uso urbano. Su creación tiene además un fuerte simbolismo, porque vuelve a unir dos elementos esenciales de la historia ubriqueña, el agua y la industria de la piel.

No es casual que se sitúe precisamente junto al Rodezno, uno de los lugares históricos donde convivieron nacimientos de agua, tenerías, molinos y talleres artesanales.

La plaza de las Petaqueras posee un carácter mucho más visual, turístico y conmemorativo.

Se trata de un espacio abierto y despejado, pensado como pequeño mirador y punto de encuentro dentro de las rutas patrimoniales del municipio. Desde allí se obtiene además una perspectiva muy interesante del entorno del convento de Capuchinos y de la entrada histórica hacia la zona del Rodezno, por debajo del depósito de la Cornicabra.

Uno de sus elementos más llamativos es la reproducción decorativa de la ermita de San Antonio, concebida como estructura escenográfica y lugar para fotografías. Esta pequeña recreación se ha convertido rápidamente en uno de los rincones más fotografiados por visitantes y vecinos, especialmente durante actividades culturales y rutas turísticas. La elección de la ermita no es casual, ya que San Antonio constituye uno de los referentes patrimoniales y devocionales más queridos de Ubrique.

 


 

En el centro de la plaza se sitúa además un gran monolito vertical con una fotografía histórica de una fábrica de artículos de piel, funcionando como homenaje visual a la memoria industrial de Ubrique y especialmente al trabajo de las petaqueras.

La imagen recuerda aquellas antiguas fábricas donde durante generaciones trabajaron centenares de mujeres cosiendo, repasando, pegando o terminando piezas de marroquinería destinadas a firmas nacionales e internacionales. De este modo, la plaza no homenajea únicamente el oficio en abstracto, sino la memoria concreta de las trabajadoras de la piel, auténticas protagonistas silenciosas del desarrollo económico ubriqueño.

 


 

En este enlace de Sierra de Ubrique podemos ver un magnífico video de Leandro Cabello 

 

 

El propio nombre de la plaza tiene un enorme valor simbólico. Mientras la expresión “petaquero” suele utilizarse de manera general para el oficio marroquinero, el término “petaqueras” visibiliza específicamente el papel femenino dentro de la industria local. Durante décadas, miles de mujeres ubriqueñas sostuvieron buena parte de la economía familiar trabajando desde fábricas, talleres o incluso desde sus propias casas.

Muchas realizaban labores minuciosas y perfectas, como el cosido manual, el pegado, el repasado, la preparación de piezas, los remates finales y el control de calidad.

Su trabajo fue esencial para el prestigio internacional de la piel de Ubrique, aunque históricamente recibió menos reconocimiento público que otras figuras del sector.

Por eso esta plaza posee también un sentido de reparación histórica y homenaje colectivo.

El hecho de que esté construida sobre un depósito de agua añade además una lectura muy interesante desde el punto de vista patrimonial. Igual que ocurría históricamente en El Rodezno, bajo este espacio siguen conviviendo simbólicamente el agua y la industria de la piel: dos elementos fundamentales para comprender la historia de Ubrique.

La plaza forma ya parte de diversos itinerarios culturales y rutas urbanas relacionadas con la historia de la marroquinería, la memoria de las mujeres trabajadoras, el patrimonio industrial y los espacios históricos del entorno de Capuchinos y El Rodezno.

Aunque pequeña y muy reciente, la Plaza de las Petaqueras se ha convertido rápidamente en un lugar cargado de significado para muchos ubriqueños, porque representa la unión entre patrimonio, memoria obrera, identidad femenina y renovación urbana.

Es, en cierto modo, una plaza construida sobre la memoria del agua y del trabajo.

 


 El convento desde la sierra

Fotografía de Manolo Cabello