sábado, 22 de junio de 2019

La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 6


LAS PRIMERAS PETACAS DE UBRIQUE
Los primeros fabricantes de petacas ubriqueños, Vecina, Aragón, Villalobos y Rivero, tuvieron a bien estampar en sus creaciones sus nombres, la fecha y todos los datos posibles.
La primera referencia archivística a petacas de Ubrique está en el Archivo de Jerez, con el número 175, y con fecha de  28 de abril de 1858,  consta que don José Félix Aragón, de Ubrique, entregó: "Seis muestras de petacas de cueros de diferentes tamaños de la fábrica del espositor en Ubrique."

La petaca más antigua que se conoce con la fecha estampada es de 1857, el fabricante, José Aragón, estampó su nombre, el nombre de nuestro pueblo, el de su cliente, la fecha (1857) y el precio (18 reales).

En los anuarios dedicados al comercio y a la industria encontramos curtidores en Ubrique desde el primer momento, pero los primeros fabricantes de petacas aparecen en 1882: Basilio Aragón, José F. Aragón, Doroteo Rivero y Antonio Villalobos.
La primera vez que hay referencias escritas en la prensa a petacas de Ubrique es en El Heraldo de Madrid, del 14 de junio de 1905.
Manuel Cabello situaba las primeras petacas alrededor de 1820, algo que no es de extrañar, pues la calidad de la primera petaca firmada de Aragón nos hace pensar que detrás de ella hay muchos años de trabajo, costura y diseños, además de una buena trayectoria en la fabricación de petacas.

La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 5


EL PAPEL FUNDAMENTAL DE LA MUJER EN LA FABRICACIÓN DE LAS PRIMERAS PETACAS Y PRECISOS



Nuestra marroquinería tiene su origen, indudablemente, en el mundo de la zapatería y guarnicionería. De la fabricación de piezas grandes sobraban retales de cierto tamaño y al objeto de aprovecharlos, se comenzaron a hacer las petacas. Se confeccionaban con artísticas costuras al centro y alrededor y en estas costuras es donde las mujeres ubriqueñas derrochaban primores.

La primera mujer que trabaja en Ubrique el artículo de piel es la esposa de Ángel Becina, oriundo de Malta, la rondeña Ana Poley Ortiz. Llegaron a nuestro pueblo en 1795, procedentes de Ronda con su hijo Serafín y aquí nació su hija María.

 Los miembros de la familia Poley tuvieron fama en toda la comarca como inmejorables artesanos del cuero. El padre de Ana fue el más renombrado guarnicionero serrano del siglo XVIII.

En Ubrique la familia trabaja con mimo la piel y sus creaciones son únicas: zahones, botines, alforjas, cananas y correajes, a los que las mujeres de la familia ponen la nota femenina en forma de diminutos tallados, incrustaciones y bordados.

Llegan a Ubrique no muy sobrados de medios económicos. Doña Ana, aunque forastera, consigue granjearse pronto el afecto de sus convecinos. De exquisita bondad y excelente trato, recatada y de esmerada educación, llega a manejar el negocio con tanta soltura como su marido y se entiende muy bien con las costureras que ya comienzan a coser en las puertas de sus casas con los bojes.

Cuando éste fallece, sigue al frente del taller artesano, manteniendo y acrecentando la ya numerosa clientela, ayudada por su hijo Serafín, que contrae matrimonio con Beatriz Rodríguez el 8 de marzo de 1833.


La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 4


LOS BOTINEROS DE UBRIQUE
En Ubrique la industria marroquinera tuvo un claro precedente: la fabricación de zapatos y la guarnicionería. La piel curtida era idónea para las suelas y las más delicadas para el cuerpo del zapato.
La primera botinería que hubo en nuestro pueblo fue la de don Serafín Vecina Poley, en el número 47 de la calle Real de Ubrique, y eran reconocidos sus productos por su calidad y diseño. Se cree que este taller dio origen a nuestra acreditada industria local de artículos de piel.
"De Ubrique son mis botines
Son de la piel lo mejor
Becina me los hizo
Para que los use yo
De Ubrique la piel y el contrabando
Y de las buenas petacas de cuarterón 
De Becina y Aragón, el galardón.
Ubrique, pueblo mío
Yo a mi serrana dejé
Huyendo del contrabando
Mis petacas olvidé.
La manta de Grazalema
Llevaban los bandoleros
Y de Ubrique, sin dilema,
Los botines y el sombrero."

En Ubrique hubo magníficos zapateros en todas las generaciones: el maestro Pepe Piñero de la Rosa, Candelaria la Zapatera, Juan María Mateos, José Esquivel, Carretero, Rivera... y todos ellos contribuyeron a agrandar el prestigio de Ubrique.

La exposición de Manuel Cabello Janeiro, 3


LA FABRICACIÓN DE SOMBREROS EN UBRIQUE
Los sombreros de Ubrique tuvieron una gran relevancia a finales del siglo XIX y hasta mediados del XX. Los hermanos Arenas Rubiales fabricaban sombreros de todo tipo: sombreros cordobeses, mascotas, castoras, de paja y hasta gorras.
La fabricación del sombrero se hacía con pieles más suaves y flexibles que las utilizadas para marroquinería (por ejemplo, pieles de conejos), y también con paños que se fabricaban en los  batanes de Ubrique.
Este proceso empezaba en la fula (ese era el nombre dado al taller, curiosamente fula es una de las operaciones necesarias para la fabricación del fieltro), estaba en la calle Prim, había dos talleres más, en la calle del Agua y en la calle San Sebastián.
En la fula las mujeres iban quitando el pelo a las pieles de conejos, mojándolo y poniéndolo en las máquinas que les daban forma. Con unos curiosos moldes con forma de sombrero de copa y un montón de cilindritos negros móviles se tomaban las medidas de cada sombrero y una vez creado les cosían las cintas, las badanas y un lacito blanco en el interior. Finalmente se planchaba cada sombrero, ese planchado era fundamental.
En la muestra vemos a Encarnación Carrasco Blanco, Francisco Arenas Rubiales, Natalia Arenas y Celia Rubiales en 1927.