La iglesia de Jesús, principios de siglo
Fotografía original de Francisco García Parra
Negativo de cristal deteriorado, localizado por Andrés Angulo y digitalizado por Luis Eduardo Rubio
Por Esperanza Cabello
Es un lujo poder leer las historias de nuestro pueblo escritas por alguien que las estaba viviendo en ese momento. Es el caso de las crónicas de don Francisco García Parra que, siendo camarero de Nuestro Padre Jesús, en 1953, escribió una breve reseña histórica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y sus iglesias.
No sabíamos que esta hermandad radicaba, en su origen en la iglesia de San Antonio, y que después ha estado entre la parroquia y la iglesia de Jesús, según los vaivenes del estado de deterioro de esta última.
La antigua plazuela de Jesús, conocida como "El Jardín de Jesús" después de que en 1927 se trazara un jardín público frente a la ermita.
Reseña Histórica de la Hermandad de Nuestro
Padre Jesús Nazareno y de sus iglesias, en Ubrique.
Esta hermandad, establecida antiguamente en la iglesia de San
Antonio, fue trasladada a principios del siglo XVII a la nueva ermita de San Sebastián
(vulgo de Jesús), situada en extramuros, al sur de la villa, cuya imagen
titular se veneraba en el amplio camarín del altar mayor de la citada ermita
desde su fundación.
El año 1605, primero del pontificado de Paulo V, le fueron
concedidas por este papa indulgencias especiales a la hermandad y a su iglesia,
cuya bula de texto en latín escrito en caracteres góticos del siglo, con las
iniciales adornadas y el sello en plomo pendiente de cordón de seda, se
conserva hoy en poder de sus camareros con los libros de la hermandad que datan
del año 1600.
San Sebastián titular de la ermita en sus orígenes
Imagen destruida en 1936
Del 1775 al 1776 se reformó la mencionada iglesia de San Sebastián
o de Jesús, que desde su fundación el año 1600 debió de constar de una sola
nave, dotándosele con esta reforma de dos naves más con sus correspondientes
imágenes y altares. Desde entonces recibieron culto en esta ermita las imágenes
siguientes: En el altar mayor, las de Nuestro Padre Jesús acompañado del Cirineo
y la pequeña Virgen del Socorro, conocida por "La Socorrita",
que fue traída del lugar de este mismo nombre en las afueras de la población,
al desaparecer el pilar y hornacina donde se hallaba expuesta a la devoción
pública al borde del camino de Ubrique a Cortes de la Frontera.
En la nave del Evangelio: las de la Virgen de los Dolores,
San Juan Evangelista y la Verónica, en el mismo camarín; la de Jesús Niño en el
altar siguiente y la de San Isidro el Labrador a continuación.
Y en la nave de la Epístola: San Sebastián (Patrono de la
villa), San Juan Nepomuceno y la rara imagen de San Dimas el Buen Ladrón.
Semana Santa años 20. Encuentro de la Madre con su Hijo. Fotografía de Francisco García Parra
Mediante escritura pública otorgada con fecha de uno de
febrero de 1866 por el notario de esta, don Diego Ramón Guerrero, se hizo cargo
don Francisco García Bohórquez, entonces mayordomo de la Hermandad de Nuestro
Padre Jesús, de la conservación y custodia de los efectos y prendas de vestir
para uso de la Imagen de la Santísima Virgen de los Dolores que se veneraba en
la ermita de San Sebastián de esta villa y que a continuación se expresan:
Seis varales y un trono plateados, para las andas.
Un cielo de tafetán celeste, guarnecido de estrellas, sol y
luna también plateados, con la caída de terciopelo morado, festoneado de galón
y fleco de oro.
Un vestido de terciopelo color guinda, bordado en oro.
Un manto de terciopelo negro, bordado en oro
Una corona de plata.
Un peto de glasé blanco, bordado en oro.
Una toca de holán bordada en oro.
Un pañuelo de holán, bordado en oro.
De estos objetos y vestidos le hizo entrega la señora donante,
doña Beatriz Carrasco Romero, vecina de Jerez de la Frontera, para que fueran
destinados al uso de la citada imagen para su mayor culto y decoro.
La señora María Mancilla Angulo, hija de Ubrique, dotó de
rica candelería a la misma ermita en el 1880.
El primer día del año 1900 se celebró por las autoridades
locales la entrada del siglo con una acción de gracias, colocando y
descubriendo solemnemente en la fachada principal de la misma ermita de San Sebastián
una gran cruz de madera con inscripción alusiva a la conmemoración del nuevo
siglo. Esta cruz permaneció en el mismo sitio hasta el derrumbamiento del templo.
Alrededor de esta ermita, sobre las fachadas sur y oeste de la
misma, se hallaba enclavado el cementerio municipal de la villa, hasta el año 1900
que se trasladó al nuevo cementerio de San Bartolomé, inaugurado con gran
solemnidad.
Imagen primitiva de Nuestro Padre Jesús con el Cirineo, esta imagen fue quemada en 1936
Fotografía de Francisco García Parra
La hermandad estuvo funcionando en dicha ermita hasta el año
1925, que fue cerrada al culto porque amenazaba ruina. Durante este largo
período de tiempo se celebraron anualmente sin interrupción solemnes cultos en
honor de Nuestro Padre Jesús, cuya imagen tuvo siempre una extraordinaria
veneración popular. La novena se celebraba a mediados de mayo, en los mismos
días que las de San Isidro y San Juan Nepomuceno, y los cultos principales
consistían en las ceremonias de Semana Santa: las imágenes de Nuestro Padre
Jesús, la Virgen de los Dolores, San Juan Evangelista y la Verónica, adornadas
con sus mejores galas, eran expuestas en su Santuario a la devoción de los
fieles en la tarde y noche del Jueves al Viernes Santo. El pueblo desfilaba
ante ellas con la fervorosa ofrenda de sus limosnas y sus saetas cantadas
dentro del templo, interrumpiendo el impresionante silencio de la madrugada en
sus naves tan recogidas y llenas de encanto y poesía, donde nuestros antiguos
gremios de trabajadores se congregaban a la sombra de sus hermandades.
El Viernes Santo, a las 9 de la mañana, salía la procesión
con dichas imágenes, iniciándose previamente la original ceremonia del Sermón
del Paso, predicado en un púlpito portátil a la puerta de la ermita, donde se
representaban a lo vivo escenas de la pasión, conforme eran citadas por el predicador.
Al llegar a la segunda estación del vía crucis se ponía en marcha la procesión
por la carrera de costumbre, para volver a su iglesia en cuya plazuela de
entrada seguían representándose con las imágenes, ante el pueblo congregado
allí, las escenas de la pasión del Señor que el sacerdote iba describiendo. Las
tres caídas; el encuentro de la Madre con el Hijo; los "soldados romanos"
impidiendo el paso de la Virgen hasta que un ángel alado, espada en mano,
atravesaba las filas de aquellos dirigiéndoles una breve exhortación que hacía
rendir sus armas dejando el paso franco; la entrevista del Maestro con San Juan
el discípulo amado; la Verónica limpiando el rostro al Señor, etc. Un precioso
niño de corta edad representaba cada año el papel de ángel, con tanta propiedad
que parecía una celeste y graciosa aparición.

Romano de la Semana Santa
Fotografía de Francisco García Parra
Recuperada por Manuel Cabello
Durante la Cuaresma, uno de los "soldados romanos"
recorría por la noche las calles de la población, anunciando la Semana Santa
con melancólicos toques de trompeta que semejaban el eco de tristes lamentaciones.
Siendo alcalde de esta villa don Claudio Reguera León en el año
1927, fue trazado el jardín público que existe hoy en la explanada frente a la
fachada principal de esta ermita, que siempre se llamó la plazuela de Jesús.
Al fallecimiento de don Cristóbal Romero Bohórquez el año 1928,
dejó un legado testamentario de 7000 pesetas a beneficio de la iglesia de San
Sebastián, con la expresa condición de que fuera destinado para costearle una
solería de mármol. Esta disposición no pudo cumplirse con arreglo a los deseos
del testador, por hallarse en ruinas dicha iglesia, pero en 1937, con motivo de
las obras de reparación efectuadas en los templos asaltados el año anterior,
previa conformidad de los albaceas del señor Romero Bohórquez y la debida
autorización del obispado, se destinó la citada cantidad a las obras realizadas
en la iglesia parroquial de esta villa.
La iglesia de Jesús, ruinosa y destrozada
Ver su estado en este enlace y en este otro
Acentuándose cada día más el estado ruinoso de la mencionada ermita,
el año 1932 (dos años antes de su total derrumbamiento), fueron retiradas todas
las imágenes que recibían culto en la misma, trasladándose a la parroquia,
donde desaparecieron destruidas por el fuego, con el asalto a los templos en
abril de 1936.
Poco después, el señor cura párroco dispuso de los vestidos
de las imágenes y objetos del culto propiedad de esta ermita y de ellos solo se
conservan hoy en poder de los patronos la túnica antigua de Nuestro Padre Jesús,
de terciopelo granate bordado en oro y el manto de la Virgen de los Dolores, de
terciopelo negro también bordado en oro. De las imágenes, únicamente pudo
salvarse la del Niño Jesús porque su camarera, doña Isabel Pérez de García la
reclamó como de propiedad suya y logró conseguir que atendieran su reclamación.
El año 1941, por donación debida a la generosidad y devoción
de los señores Juan Romero Soto y su esposa doña Ana María Reguera Rubiales,
hijos de Ubrique y vecinos de Jerez de la Frontera, fue solemnemente bendecida
y expuesta al culto en el centro de la nave de San José en la parroquia, una
nueva imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, artística y valiosa talla del
escultor sevillano don Antonio Illanes.
Y con tal motivo volvió entonces a reorganizarse la hermandad,
establecida con su nuevo titular en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de
la 0 de esta villa.
Actualmente se celebran sus solemnes cultos anuales, que
consisten en un quinario dentro de la Cuaresma y la procesión con la imagen el
Jueves Santo a las diez de la noche, acompañada por los hermanos vistiendo
túnicas y portando hachones.
Fue nombrado hermano mayor honorario de la misma don Juan Romero
Soto, y camarera honoraria la señora doña Ana María Reguera de Romero.
En la actualidad es hermano mayor efectivo don Pedro Pérez
Sánchez y son patronos y camareros efectivos la familia García Parra, sucesores
de sus padres, sus abuelos y bisabuelos.
Ubrique, año 1953. Francisco García Parra.