miércoles, 31 de octubre de 2018

¡Bienvenidos a Ubrique!

Entrada de Ubrique desde Las Cumbres
Fotografía gentileza de "Ubrique en Verde"


Por Esperanza Cabello

Hace poco más de un año la entrada a nuestro pueblo era así, tal como la vemos en esta fotografía, cuando ibas bajando desde Las Cumbres. Había un monolito de bienvenida, unos preciosos azulejos con nuestros símbolos y el lema "Cuna del artículo de piel" y un poco más atrás las copas de unos árboles que te permitían ver el pueblo y sus montañas en toda su extensión, amplia y limpiamente, desde el depósito de la Cornicabra hasta el Calvario, con la vista clara del San Antonio y la Cruz del Tajo..
Esa era la vista de la que hemos disfrutado todos, vecinos y visitantes, desde que esta carretera se inauguró en los años veinte del siglo pasado.

Pero desde hace unos meses hemos venido observando, primero con recelo y ahora con espanto, cómo se está construyendo un tremendo edificio después de haber perforado y taladrado hasta la saciedad el suelo por la calle del nivel inferior (la avenida de Carlos Cano).
Decimos lo del espanto porque a diario vemos cómo el mamotrético edificio va creciendo, invadiendo los espacios y conviertiéndose cada vez más en una masa de hormigón y muchos hierros que va a tapar, si nadie pone remedio, las vistas de la entrada a nuestro pueblo.

¿Cuántas plantas pueden construirse en esta zona de impacto visual tremendo?
¿No sabemosni queremos saber qué personal técnico habrá dado permiso para que semejante mole megalómana sea lo primero que veamos al entrar en Ubrique?
Si algunos no hemos podido en nuestras casas ni abrir una ventana en la fachada o poner un aseo en un patio interior o colocar una puerta de garaje en un solar... 

Es imprescindible que alguien se de cuenta de que la altura y el volumen de este tinglado no están en consonancia con el entorno, ni con nuestra idiosincrasia, ni con nuestro estilo.
Ya se construyeron en Ubrique dos edificios comparables (en dos épocas diferentes), demasiado grandes y demasiado altos que destacan excesivamente de nuestro estilo de construcción, sobre nuestras casas blancas, sobre nuestros tejados de teja árabe, sobre nuestras azoteas. 
Pero ahora, si algún interdicto no lo impide y el mamotreto sigue ganando altura, lo que vamos aperder es uno de nuestros triunfos naturales: nuestro paisaje, nuestras vistas.


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lunes, 29 de octubre de 2018

Un nuevo campo de fútbol para Ubrique (1971)

Antiguo campo de fútbol de San Sebastian. Ubrique



Por Esperanza Cabello

Desde que se derribó el antiguo campo de fútbol de San Sebastián en los sesenta hasta que se construyó actual campo de fútbol transcurrieron muchos años. Años en los que quienes querían jugar al fútbol tenían que contentarse con jugar en la plaza de las Palmeras o incluso subir al aljibe o a Vega Redonda, y hasta a Ubrique el Alto para jugar.
Un ubriqueño, don José Fernández, escribió en 1971 una carta al Director de la revista Blanco y Negro llamando la atención sobre la inexistencia de instalaciones y reclamando la construcción de un nuevo campo de fútbol en un pueblo en el que la tradición futbolística era una verdadera pasión. 
Hemos recuperado esta carta, agradeciendo a su autor este "granito de arena" para conseguir una instalación digna.



Revista Blanco y Negro
23 de enero de 1971
Archivo de ABC





Ubrique y el deporte
Señor Director: El tema que voy a tocar sé que está pasado de moda y anticuado, debido a muchas diligencias que se han hecho sobre el mismo, pero hasta la presente no han dado el resultado apetecido. Desde muy pequeño he tenido grandes inquietudes por el deporte, inquietud esta que permanece en mi ánimo, a pesar de que un pueblo con el nivel de vida de que gozamos, gracias al esfuerzo de todos, no tiene ni las más mínimas proyecciones de unas instalaciones deportivas para que puedan disfrutar de ellas mayores y pequeños.
                Es por ello por lo que me dirijo a usted, con la esperanza de que una alta jerarquía del fútbol español lea esta carta y analice los hechos, y sepa que 3000 jóvenes tienen puesta su fe en él y no haga que cojan sendas equivocadas por no tener dónde saciar su pasión favorita: el fútbol.
                Ubrique, por su industria mundialmente conocida, por su afán al trabajo, por sus tributos al Estado, se merece por derecho propio esas instalaciones deportivas, donde nuestros hijos se curtan, se espiguen y se formen físicamente ¿Y cómo se consigue todo esto? Muy fácil, con la ayuda de ese señor si tengo la suerte de que lea esta carta y comprenda que lo que pido es justo y a la vez hermoso, todo sea por estos jóvenes ubriqueños que viven para su trabajo y también desean vivir ¡Deportivamente!
José Fernández Carretero Ubrique

Blanco y Negro 23 de enero de 1971




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domingo, 28 de octubre de 2018

Ubrique en la obra de José de Castro y Orozco


Ubrique en los noventa.
La Plaza y el San Antonio
Archivo Manuel Cabello



Por Esperanza Cabello

Muy a menudo hemos hablado en este blog de las menciones que algunos grandes de la literatura han hecho de nuestro pueblo y nuestra sierra. Hoy hemos decidido comenzar una nueva etiqueta "Ubrique en la literatura" para hablar de obras de teatro, novelas y poesías en las que se mencionael nombre de nuestro pueblo o de nuestros paisanos.

Además de rescatar los anteriores, comenzamos con algunos autores nuevos. Hoy traemos a don José de Castro y Orozco, un abogado granadino nacido en 1808 que se dedicó a su pasión, la escritura, siguiendo la estela de otros autores y que además de obras dedicadas al derecho escribió una obra de teatro "Fray Luis de León oel siglo y el claustro", que se estrenó en 1837 con gran éxito.

Se trata, según José Palomares (en este enlace) de un drama histórico en cuatro actos que elige al maestro agustino como figura tematológica para representar un conflicto con un fin «político y moral», en palabras del propio José de Castro y Orozco, quien aprovecha la obra para salir al paso de los extravíos de la Desamortización de Mendizábal (1836-1837) y mostrar «[…] que el claustro tenía también su filosofía y sus misterios melancólicos y sublimes». 

Y este escritor granadino tuvo a bien, en la primera mitad del siglo XIX, de situar una parte de su drama en Ubrique. Seguramente al tratar de la Desamortización de Mendizábal, que dejó vacíos algunos conventos, entre ellos el de Ubrique, y al haber formado nuestro pueblo parte del señorío de los Ponce de León (uno de los personajes del drama) y conocer la existencia de varios castillos en los alrededores, pensó que nuestro pueblo sería un lugar ideal para doña Elvira.








Existe la posibilidad de adquirir un facsímil de esta obra en internet, nosotros quisimos leerla íntegramente y realmente fue un poco decepcionante, pues buscábamos alguna descripción de nuestro pueblo o algunareferencia un poco más concreta, pero finalmente solo conseguimos encontrar la mención de la localidad, en varias ocasiones, eso sí, pero nada más.


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sábado, 27 de octubre de 2018

Cuando llegó la modernidad a Ubrique

Antiguo teléfono de baquelita
Lamejor tecnología de los cincuenta
 


Por Esperanza Cabello

Hoy hemos encontrado una simpática carta publicitaria de telefónica, no trae fecha, pero calculamos que será de los noventa. Es una carta personalizada, dirigida al titular de la línea y ofreciéndole un contestador automático en red que "con la nueva tecnología con que estamos equipando a nuestras Centrales, no precisa de aparato, ni de cintas ni instalación alguna."

 


Y esta publicidad nos ha hecho reflexionar sobre los increíbles cambios que han experimentado las comunicaciones en los últimos veinte años. Ya apenas existen teléfonos fijos por sí mismos, sino líneas con internet, y casi todo el mundo dispone de su propio teléfono, pudiendo elegir la compañía, la tarifa, el tipo de aparato y casi todo, lejos de aquel terrible monopolio que imperaba en la época.

Además, ya no hay publicidad de líneas ni de contestadores, y menos llegando por correo convencional, ahora los operadores te llaman insistentemente con ofertas constantes...
Pero valga esta carta ofreciendo un contestador en red para sonreír recordando aquellos años en los que la tecnología aún no imperaba en nuestras vidas.


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jueves, 18 de octubre de 2018

Los poemas de Juana Camacho

Poesía de Juana Camacho Bazán dedicada a Esperanza Cabello



Por Esperanza Cabello
(Hablando en femenino singular💜)


Hace unos meses fue la presentación del libro de poemas "Desnudando el alma" de la escritora ubriqueña Juana Camacho Bazán.
Estuvimos en la presentación de este libro tan entrañable con toda la familia y con los amigos, pues los lazos familiares siempre son importantes, para mi familia muy importantes.
Escribí un par de entradas en el blog, anunciando el acto, con la presentación y mostrando el libro (en este enlace), pues fue una presentación muy cercana, muy amable, muy afectuosa, como la propia escritora, que tuvo detalles líricos con los presentes, dedicándoles sus rimas, sus poemas y sus  pensamientos.

 Lo que menos me esperaba es que unas semanas después me enviara este precioso regalo. Nunca me habían dedicado una poesía, y menos una poetisa de mi pueblo, y menos tan preciosísima.
Esta etapa debo de estar de suerte, porque también me he encontrado mi retrato en la obra de la artista ubriqueña  Estefanía Hernández (en este enlace). 
Así que, aunque no soy dada a protagonismos y normalmente este regalo debería quedar en el ámbito familiar, quiero agradecer a Juana su detallazo publicando este tierno poema que me ha dedicado.

¡Gracias, Juana! No sé cómo agradecértelo. Eres increíble.

Esperanza, qué mujer
¡No tiene comparación!
No es una mujer cualquiera,
Ama la investigación
Es una gran reportera
Tiene una gran afición.

Muy poco la conocía.
Cuando presenté mi libro
Hizo las fotografías.

Profesora de Francés
Tiene una gran simpatía
¡Qué pedazo de mujer!

Seguro que sus alumnos
Deben quererla muy bien;
¡Es el resplandor del alma!
Se transparenta en el ser.


Juana Camacho Bazán, 2018


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martes, 16 de octubre de 2018

Nuestro patrimonio: el convento





Esta es la ficha que sobre el convento de Ubrique podemos leer en este enlace: la base de datos del

Patrimonio Inmueble de Andalucía

 


Convento de Capuchinos

El Santuario de Ntra. Sra. de los Remedios ocupa todo el lado norte del Convento. Para llegar a él hay que atravesar una pequeña plazuela, bordada de cipreses, en cuyo centro hay un monolito con una cruz de forja que perteneció al viacrucis de Fray Buenaventura S.XVII (se considera que esta cruz señalaba el inicio del viacrucis que partía desde el santuario hacia el camino del Calvario), y pasar por un pequeño pórtico arcado.

Tanto la mole conventual como la Iglesia Santuario poseen unos curiosos contrafuertes exteriores, al igual que en los monumentos románicos. una de las paredes que lo conforma existe un retrato en cerámica sevillana, a manera de mosaico, que representa al Beato Fray Diego de Cádiz, hijo de Ubrique.

El templo, reformado tras los incendios sufridos en 1936, consta de una amplia y elevada nave con una bóveda de cañón, y una cúpula en el altar mayor de media naranja, donde la sencillez es el factor determinante (ésta se debe a que los incendios sufridos dejaron a la ermita totalmente despojada del altar e imágenes, debiendo ser sustituidos a partir de los años 40). En dicho altar, sobre una pared lisa y encalada, hay dos nichos con adornos marmóreos, uno de los cuales lo preside la imagen de la Patrona Virgen de los Remedios, y el otro un Cristo Resucitado. Hay dos pequeñas peanas, también ribeteadas con mármol, destacando sobre una de ellas una pequeña imagen de San Rafael. Cubriendo los laterales existentes a la altura del Resucitado hay dos muestras pictóricas del S. XVIII. Una representa a S. Miguel Arcángel y la otra a la Piedad. Dichas "andas" han sido restauradas en 1991 con los donativos de los ubriquenses.

Del convento sólo hemos incluido en esta ficha la Ermita del mismo. Los muros son de mampostería (piedra, barro y cal). La bóveda de cañón que cubre la nave de la ermita es de ladrillo y cemento, al igual que la cúpula de media naranja que cubre el altar mayor. El armazón de las techumbres es de vigas de madera y ladrillo, y la cubierta es de teja árabe. Los muros son de mampostería (piedra, barro y cal) de unos 50-60 cm. de grosor. La bóveda de cañón que cubre la nave de la ermita es de ladrillo y cemento, al igual que la cúpula de media naranja que cubre el altar mayor. El armazón de las techumbres es de vigas de madera y ladrillo, y la cubierta es de teja árabe. Los del patio son de cemento, mientras que los del interior de la ermita son de mármol blanco con unas líneas en mármol rojo que señalan el pasillo a cuya derecha e izquierda están distribuidos los bancos utilizados para sentarse en las celebraciones.

En el lateral derecho existen tres ventanas que iluminan de manera escasa el interior de la nave; la puerta de entrada a la ermita es de madera. Toda la Ermita está encalada. Hay una cruz de forja situada en el patio del santuario; un retrato en cerámica sevillana en una de las paredes que conforma el pórtico arcado a través del cual se accede al interior de la ermita, a modo de mosaico, que representa al Beato Fray Diego de Cádiz, hijo de Ubrique. Es un altar de cerámica donado por la Hermandad del Gran Poder de Sevilla, de la que era hermano, en conmemoración del segundo centenario del nacimiento (1742) de este hijo de Ubrique.

Este inmueble es de enorme interés etnológico. En primer lugar ha sido la sede de la Patrona de la localidad desde su construcción, convirtiéndose en un referente local de enorme importancia. A la dimensión social del inmueble, se le debe añadir el valor de la construcción y la conjunción de la ermita con su patio delantero y el verdor que la rodea, constituyendo sin lugar a dudas un lugar de interés etnológico que debiera ser catalogado mediante su introducción en el C.G.P.H.A. De esta manera se evitaría una próxima remodelación ya aprobada por el ayuntamiento, pendiente de la llegada de fondo, que dejaría a este santuario sin el patio que tiene en la parte delantera y a través del cual se accede. Este patio junto con la Ermita configura un espacio propio, siendo éste de enorme interés etnológico. 


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sábado, 13 de octubre de 2018

Los primeros guardianes del convento de Ubrique en 1660

Portada de la Reseña histórica de la provincia capuchina de Andalucía
Por Fray Ambrosio de Valencina
Biblioteca virtual de Málaga




Por Esperanza Cabello


En las últimas semanas hemos estado buscando información sobre fray Buenaventura de Ubrique y los primeros tiempos de nuestro convento de capuchinos, y afortunadamente son muchos los datos que hemos podido consultar en la Biblioteca virtual de Málaga, pues están digitalizados muchos de los libros de la diócesis (Ubrique pertenecía a Málaga antiguamente) y también muchos de los libros de los capuchinos.
Uno de los datos que nos ha llamado la atención es la relación de frailes y guardianes que se encargaron de la comunidad y de las instalación los primeros cinco años  después de su fundación.





Los guardianes del convento de Ubrique fueron los muy reverendos padres Bernardino de Granada, en 1660; Gregorio de Cañete, en 1661 y en 1663; y Sebastián de Sevilla en 1665.
Los frailes que fundaron el convento de Ubrique eran de otros pueblos (al tomar el hábito se ponían otro nombre de pila y el nombre de sus pueblos), pero muy pronto comenzaron a ir por el mundo los frailes de Ubrique (en esta entrada citábamos a algunos de ellos).

Diego, Agustín, Pedro, Ventura, Thadeo, Pedro, Lorenzo María, Leopoldo, Juan Evangelista, Vicente, Félix José, Félix, Juan, Lorenzo, Sebastián, Pedro... Fueron algunos de los religiosos de nuestro pueblo que  más repercusión tuvieron. 

De los frailes ubriqueños nosotros nos quedamos con fray Buenaventura de Ubrique, que tanto bien hizo en la Sierra y  que nos dejó las cruces y los calvarios como recuerdo permanente. Hombre que dejó una gran impronta en su sucesor, el ubriqueño fray Diego de Cádiz, beato reconocido mundialmente, autor de novenas y sermones.
Fray Félix José de Ubrique, que  también se dedicó al arte de la escritura y fue muy conocido en su época (coetáneo de los dos primeros, a principios del siglo XVIII) por los sermones fúnebres que publicó.
Le sigue por fecha de nacimiento (1886), fray Sebastián de Ubrique (Antonio Carrasco Cides), que publicó en 1945 la "Historia de la villa de Ubrique", primer compendio de historia de nuestro pueblo, además de escribir la vida del Beato en dos volúmenes y muy diversos escritos sobre nuestro pueblo (el texto de la Espasa era suyo) y también de índole religiosa.
Termina nuestro quinteto extraordinario un hombre realmente singular,  Francisco Panal Ramírez (1893-1970), que tomó como nombre fray Leopoldo de Ubrique y se fue a las misiones en la República Dominicana. Allí ejerció su ministerio  y se convirtió en el obispo de la Vega, conocido como "Obispo Panal", un hombre capaz de plantar cara y humillar al dictador Trujillo.
El obispo Panal es un referente en el país, y era casi un desconocido en nuestro pueblo hasta que nuestro padre, Manuel Cabello Janeiro, se interesó por su figura y fue descubriendo poco a poco la impresionante biografía de este hombre con halo de santidad. Escribió sobre él un libro (que podemos leer desde este enlace) que nos descubrió a todos a un ubriqueño excepcional. Tanto que su hazaña sirvió de inspiración a Vargas Llosa, que en "La fiesta del chivo" habla sobre este ubriqueño excepcional.

Nuestro amigo José María Gavira explica en su blog la historia de este personaje:


"Casi cuarenta años después de su muerte, el obispo Panal sigue ocupando un lugar en la memoria y el corazón de muchos fieles dominicanos entre los que goza de fama de santo. Tanta, que no hace mucho el actual obispo de la diócesis de La Vega, Antonio Camilo González, hizo una discreta visita a Ubrique que tenía algo de devota peregrinación. Monseñor Camilo quería conocer en persona el lugar donde vio la luz una figura tan admirada en su país. Le sirvió de sin par cicerone nuestro recordado Manuel Cabello Janeiro, en cuya proverbial inquietud de historiador de todo lo nuestro quedó sembrada una semilla de interés que acabó transformándose en entusiasmo incondicional hacia tan ilustre paisano. Don Manuel viajó a la República Dominicana siguiendo el rastro del olor a santidad y narró sus experiencias en su obra Obispo Panal, un hombre comprometido"




viernes, 12 de octubre de 2018

Cancioncillas y dichos de Ubrique en 1923

 Del Diccionario geográfico popular: de cantares, refranes...
Biblioteca Virtual de Castilla y León




Por Esperanza Cabello


No sé si me vaya a Ubrique
o me vaya a Grazalema
o Alcalá de los Gazules
 o a Carmona, que es mi tierra

Así consta esta cancioncilla popular en le Diccionario Geográfico Popular de 1923 que hemos encontrado digitalizado en la Biblioteca Virtual de Castilla y León.

 




 En realidad este diccionario de cantares, refranes, locuciones, etc... solo hace tres alusiones a nuestro pueblo, las otras dos son al dicho "Acabó como la comedia de Ubrique", sentencia sobre la que nuestro amigo José María Gavira investigó concienzudamente (en este enlace)  y otra cancioncilla de autor desconocido que tendría seguramente algún tipo de desavenencia con Benaocaz...

Todas estas letrillas, y algunas más muy interesantes, ya las recogimos en "Cantos populares españoles" de 1883 (en este enlace), pero nuestro interés es recuperar nuestra memoria colectiva, y saber cuántos y cuándo han escrito de Ubrique en sus libros...



miércoles, 10 de octubre de 2018

La gran familia de Las Cumbres

Las Cumbres: una gran familia


Por Esperanza Cabello


Ser maestro es, casi sin lugar a dudas, un privilegio. Representa muchos años de esfuerzo y preparación, muchas noches de estudio, muchas idas y venidas por toda la geografía de nuestra tierra a la espera de una plaza, muchas incertidumbres, muchos malos ratos...
Pero cuando eres maestro vocacional te sientes privilegiado porque es una profesión que te reporta las mismas satisfacciones y alegrías que tú ofreces, porque con el tiempo tu centro se convierte en tu segunda casa y porque, casi sin darte cuenta, jóvenes y mayores se mezclan como iguales.
Hoy ha sido un día de lujo en Las Cumbres de Ubrique, un día de lujo porque, lejos ya de los claustros y de los actos oficiales, nos hemos reunido para dar la bienvenida a los nuevos compañeros y, sobre todo, para despedirnos (una vez más) de los que ahora viven (o vivirán desde hoy) en el feliz y jubiloso mundo de los jubilados.
Todos se van con ganas de comenzar una nueva etapa, pero también con mucha nostalgia después de más de tres décadas alrededor de los libros, las pizarras, los niños y los compañeros.
Porque lo que está más que claro es que, por encima de todo, los compañeros y compañeras forman una familia. Tenemos la suerte de pertenecer a un grupo en el que todos nos sentimos muy a gusto y en el que todos y cada uno tienen su sitio.

La despedida de hoy era para los cinco jubilados de este año: Ignacio, Pepe, Antonio, Rafael y Eulalia, pero hemos tenido un momento de privilegio al recibir, como siempre con muchísima alegría, a antiguos compañeros, a los primeros que concluyeron su vida laboral en Las Cumbres.



Juan, Pedro, Manolo, Antonio, Francisco, Ignacio, Pepe, Luis, Antonio y Eulalia; la crème de la crème, los más admirados y envidiados de los últimos tiempos.


Y el homenaje ha terminado con la nostalgia de otros tiempos, con la añoranza de los compañeros y compañeras que no han seguido en Las Cumbres y también se han jubilado , con la alegría del reencuentro de los fieles compañeros que vuelven a nuestras reuniones y sabiendo que nos quedaremos un poquito más solos a partir de hoy.
¡Buena suerte a todos, amigos, disfrutad de esta nueva etapa!


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martes, 9 de octubre de 2018

Las cruces de Ubrique. El padre Buenaventura de Ubrique, por el padre Sebastián

Vía Crucis original desde el San Antonio al Calvario de Ubrique
erigido por Fray Buenaventura de Ubrique al principio del siglo XVIII
Litografía de S. Scherzinger en 1876






Por Esperanza Cabello

Hace un par de meses que nos preguntaron por la "Leyenda de las tres cruces" y la verdadera historia de las cruces de Ubrique. Nuestro padre, Manuel Cabello, escribió en sus libros sobre el padre fray Buenaventura de Ubrique (1691-1753), un hombre santo del que tenemos muy pocos datos y lo único que ha trascendido a nuestros días es que colocó las tres cruces de Ubrique (la de la Viñuela, la del Benalfí y la del Tajo), que fundó el Vía Crucis y el calvario de Ubrique, de Benaocaz y de Villaluenga (al menos) y que fue modelo de santidad para el Beato Diego José de Cádiz.

El padre Sebastián de Ubrique, en su obra "Historia de la villa de Ubrique" le dedica unas páginas en su libro, en el apartado de hijos ilustres. Páginas que hemos transcrito y que traemos a este blog íntegramente aunque por su extensión (casi cinco mil palabras) merecería un lugar de excepción.

Las dos fotografías que ilustran esta entrada (no existe ninguna imagen de fray Buenaventura) fueron realizadas por Manuel Cabello Janeiro en los setenta, cuando, siguiendo la tradición, restauró con sus niños de Misión Rescate el Vía Crucis del padre Buenaventura, obra de que se conserva aún actualmente una buena parte.





HIJOS ILUSTRES DE UBRIQUE
El V. P. Buenaventura de Ubrique

El V. P. Buenaventura de Ubrique es una de las figuras más popula­res de nuestra historia. Su nombre andaba de boca en boca, y sus dichos y milagros los contaban emocionadas las madres a sus hijos. Si el beato Diego José de Cádiz irradia su fama desde Ubrique a toda la nación, el V. P. Buenaventura es el “apóstol de la Serranía” y su vida y sus hechos se circunscribieron a estos lugares, donde ejerció preferentemente su ministe­rio apostólico.
La historia ha sido con él avara de datos. Los únicos que poseemos se hallan en la Historia instrumental de la fundación del convento de ca­puchinos de Ubrique. por el M. R. P. Nicolás de Córdoba, y estos con ocasión de redactar su necrología. Los restantes pertenecen a la Vida do­cumentada del V. P Diego José de Cádiz por el M. R. P. Luis Antonio de Sevilla.
Debió de nacer en 1691, a poco de fundado el convento de Ubrique, y en este una de las primeras vocaciones que dotó a la orden. En fecha descono­cida tomó el santo hábito y profesó al siguiente año en Sevilla.
Insertamos el siguiente relato del R. P. Nicolás de Córdoba, donde es­tá resumida la vida de este siervo de Dios:
“En el año 1753 murió también en la villa de Olvera el P. Fr. Buena­ventura de Ubrique, predicador y misionero apostólico, siendo de edad de 52 años. Para referir la historia de este venerable religioso, era menester mucho tiempo y llenar muchos volúmenes, y como es preciso ceñirnos a este breve compendio, en este sólo diremos que la virtud de este religioso y su vida fue tan rara, que parece quiso Dios manifestarnos con ella cuan incomprensibles son sus inicios y los caminos por donde Dios lleva los al­mas al cielo.
Aunque este religioso manifestaba tener vivacidad de luces naturales, por lo que la provincia lo puso a los estudios de filosofía y teología, asig­nándolo entre los discípulos del P. Fr. Juan Francisco de Mairena; pero su mayor estudio lo aplicó a vivir retirado de todo comercio, aun de sus pro­pios condiscípulos, y sólo aspirar a ejercer el oficio de la predicación, sin que se descubriese en él acción singular, pues en su vida, si bien ajustada á nuestro seráfico instituto, sólo se le notaba el retiro con que procuraba vivir. Cumplidos todos los estudios, se le dio el título de predicador, y con eficaces ansias solicitó también se le diese el de misionero apostólico. Lue­go que se halló con uno y otro empezó a ejercer su apostólico empleo por un modo tan extraño, que, siendo así que sus sermones nada llevaban de estudio o sabiduría humana, pues se referían a unas palabras naturales o a referir ejemplos, era tanto el gusto con que le oían, y tanto el fruto que causaba, que, siendo así que en aquellos principios iba acompañando en las misiones a algunos de los célebres predicadores que hemos tenido en la provincia, aunque a estos lo celebraban por lo docto de sus sermones y por la gracia de su decir, en predicando el P. Fr. Buenaventura, con su sen­cillez en el hablar suspendía los auditorios, profiriendo muchas veces hombres de letras y virtud que en aquel religioso resplandecía la predicación evangélica, pues bajo lo inculto de sus voces se ocultaba la virtud divina de que solo participaban los que con sencillez de ánimo lo oían.
Fue tanto el conato con que por medio de sus evangélicas tareas solicitaba el bien de las almas, que para él jamás hubo mayor diver­sión ni ocupación más grata que andar perpetuamente haciendo misión, y así en este ministerio gastó 23 años, habiendo conseguido admirables con­versiones de almas perdidas, que se hablan entregado a la esclavitud del demonio, viviendo en las cadenas de los vicios. Muchos casos pudiéramos referir en confirmación de esto: hasta sólo el que nos refirió el licenciado don Francisco Cordero, abogado de los reales consejos y fiscal eclesiástico del obispado de Cádiz.
Hallábase el padre de dicho don Francisco, siendo hermano mayor de la Caridad de Algeciras, donde era síndico nuestro, y sucedió allí que, senten­ciado a ser pasado por las armas un soldado, y metiéndolo para este fin en la capilla, este se mantuvo dos días tan obstinado que, siendo así que concurrieron a exhortarlo a que se confesase cuantos hombres doctos hu­bo en aquellas cercanías, nada pudieron conseguir de él sino irritarlo más, prorrumpiendo su enojo en horrorosas blasfemias. Puso este funesto lance en contristación a todos: pero mucho más a nuestro síndico, que, siendo hombre de singular virtud, sentía sobremanera la pérdida de aquella alma, por lo que interiormente estaba deseando pudiese venir a convencer a aquel hombre el P. Fr. Buenaventura; pero, como no sabía donde se ha­llaba entonces, no pudo practicar alguna diligencia sobre esto.
No quiso Dios quedaran ilustrados los caritativos deseos del hermano mayor de la caridad, y así la mañana del día en que se había de ejecutar la sentencia entró por las puertas de su casa el P. Buenaventura. Regocijado nuestro síndico con la visita del varón de Dios, y, atribuyéndo­lo a singular providencia del cielo, lo recibió con los brazos abiertos y le informó del caso. Suponemos para los que le leyeren esta historia y no co­nocieren al siervo de Dios, que este fue un hombre de tan pocas palabras, que jamás siguió conversación sobre asunto alguno, sino con solas me­dias palabras y encogiéndose de hombros y bajando la cabeza haciendo ademán de que no entendía lo que se le hablaba, respondía siempre.
Luego que nuestro síndico le informó de lo que dejamos dicho el siervo de Dios, haciendo los expresados ademanes respondió —¡Pues yo qué!— Y volviéndole las espaldas, se volvió a salir de la casa. El síndico, que no advirtió por el pronto, creyó se iba a la puerta a hablar con alguien; pero reparando que salía a la calle salió a llamarlo, cuando advirtió que iba bien distante, porque su andar parecía lo ejecutaba con alas. Aceleró nuestro síndico el paso; pero cuando volvió la esquina ya lo perdió de vis­ta, causándole nuevo quebranto el ver se frustraban sus ansias, que eran que el P. Buenaventura fuese a exhortar a aquel miserable hombre; y como él no le había dicho dónde estaba la capilla en que se hallaba el soldado no le pasó por el discurso pudiese haber ido allá. No obstante, su cuidado lo llevó a la capilla, y, entrando en ella, halló al cura con el capellán del re­gimiento y otros eclesiásticos, llenos de admiración, confirmándoles lo que habían visto. Preguntóles nuestro síndico por la disposición del reo y ellos, llenos de júbilo, le dijeron cómo estaban admirados de lo que pasaba y acababan de ver, y que solo por este medio lo hubieran creído: y fue que, estando ellos empellados en reducir a mejor acuerdo a aquel soldado, entró el P. Ventura, y encarándose con el soldado le dijo: Tontillo, tonti­llo ¿no sabes que esta tarde vas a morir? Ea, vamos a confesar. Quedó­se un rato el soldado mirando al P. Fr. Buenaventura, y hechos sus ojos dos fuentes, le dijo: Pues vamos a confesar. Como en efecto estaba con­fesando, por lo que ellos se habían salido del cuarto y estaban conferen­ciando con asombro lo que habían visto.
Fue humildísimo sobremanera, y tan pobre, que jamás tuvo a su uso más que las alhajas constituidas por un hábito, el breviario y un pañuelo. Su pureza fué angelical, y para conservarla trajo tan mortificada su vista, que nunca miró alguno a la cara. Su mortificación (aunque en su porte siempre fue según la vida común de los religiosos, sin que se le no­tase particularidad) era mucha, pues su comer era muy poco y su trabajar por el bien de las almas era mucho. Siempre anduvo a pie, y aunque tan agrios son los caminos de la Serranía de Ronda, a él le parecían muy sua­ves, andándolos frecuentemente para hacer misión en todos los lugares que hay en ella.
Tenia especialísima devoción a la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y para radicarla en los corazones de los fieles, en todos los lu­gares donde estuvo fundaba Vía Crucis, y en los cerros más eminentes co­locaba cruces, llevando a aquellos sitios grandísimos maderos, como hoy se ven en muchas partes, cosa que sin evidente milagro no era posible.

Igualmente era devoto de María Santísima Señora nuestra, y así procuraba establecer en todos los lugares donde predicaba la devo­ción del santo Rosario con tanto fervor que recreaba a todos los ca­tólicos el ver con el desvelo que aplicaba a que se le tributasen cultos a nuestra común Madre. Repartía cédulas de la Concepción, encargando la devoción a este misterio, y que los tomasen con viva fe así los que padecían de calenturas, como las mujeres que estaban de parto, habiéndose ex­perimentado innumerables maravillosos efectos. Uno de los que han llega­do auténticos a nuestra noticia es el que sucedió en Cortes. Pasaba un día el varón de Dios por una calle de aquel lugar, donde vivía una mujer, lla­mada Ana de Soria, la cual se hallaba en días de dar a luz, y viendo al siervo de Dios lo llamó, pidiéndole la encomendase a su Majestad para que le sacase con felicidad de su cuidado. El P. Ventura le dió una cedulita de la Concepción, encargándole que cuando se sintiese con los dolores del parto, la tomase, encomendándose muy de veras a María Santísima Señora nuestra rezase tres Ave Marías gloriadas. Ejecutólo así la pacien­te. y apenas le empezaron los dolores, cuando tomó la cédula y con felici­dad mucha dió a luz un niño a quien en el bautismo pusieron por nombre Antonio, y hoy se llama Antonio Fernández Guerrero. Pero lo que aquí hay digno de admirar es que la criatura sacó en lo mano derecha la misma Cedulita que la madre había tomado, lo cual depuso con juramento el P. José de Cortes, afirmando era público y notorio.

Otros innumerables prodigios obró Dios por los méritos de su siervo en todos cuantos lugares hizo misión, como es público y notorio, por lo que aquí omitimos referirlos, reservándolos para cuando tratemos de este siervo de Dios cuya Crónica de esta provincia, concluyendo esta materia con decir, que siendo así que él Siempre se halló pronto a predi­car la palabra de Dios, aun donde no lo llamaban, nunca quiso ir a la villa de Olvera, aunque para ello le hicieron en varias ocasiones repetidas instancias: pero este año, luego que acabó la cuaresma, sin haber sido llama­do, se partió de este convento para dicha villa y llegando a la de Villaluenga entró en casa de nuestro síndico, que era el cura de dicha villa, y hallándolo accidentado, lo exhortó a la conformidad con las disposiciones divinas, y, al tiempo de despedirse de él le dijo estas palabras: Ea, hermano, usted ahora, y luego iré yo a Dios, que me voy a Olvera. No en­tendieron por entonces el sentido de las palabras, pero muy en breve se conoció habían sido proferidas en sentido profético, porque al tercer día murió nuestro síndico, y el P. Buenaventura, luego que llegó a Olvera, se halló acometido de un tabardillo y dolor de costado, accidente que en bre­ve le causó la muerte en la que sucedieron muchos prodigios y cosas dig­nas de grande edificación, como en compendio se contienen en la carta circular que para dar noticia a la provincia de su muerte, escribió el padre fray losé de Argamasilla, guardián que era entonces de este convento, la cual es del tenor siguiente:
“R. P. guardián del convento de...
Recibidos los santos sacramentos, murió en la villa de Olvera, a los 52 años, el P. Fr. Buenaventura de Ubrique, predicador y misionero apos­tólico, en cuyo ministerio trabajó con incansable fervor y celo del bien de las almas, por espacio de 23 años consiguiendo con la apostólica tarea, su religiosa vida y muchos milagros (que de él se refieren) la común vene­ración y opinión de santo, no sólo en los inmediatos pueblos, sino también en los distantes. Murió en la misma opinión que había vivido porque, despoblados los lugares vecinos a la noticia, para verlo, entre sentidos clamores, repetían: ¡Murió el santo! ¡Murió el P. Ventura!
Confirmó esta piadosa creencia y veneración el religioso fervor con que se dispuso para el tremendo trance de la muerte, pues, siendo el acci­dente agudísimo dolor de costado con tabardillo, lo pasó con admirable tolerancia sentado en una silla, hasta que, ya sin aliento, lo pusieron con mucha instancia en la cama que tenía prevenida. En ella se puso en cruz, así se mantuvo con universal edificación hasta que acabó la vida. Divulga­da esto noticia, se arrojó el cadáver la indiscreta devoción, y sin poderlos contener las razones, le despojaron de la cuerda, habito y paños menores, que dividieron en pedazos por reliquias, y le cortaron la barba y pelo del cerquillo. Muerto, le sentaron en una silla como de enea, sin brazos, en la que se mantuvo, hasta que a las 14 horas lo pusieron en la caja con la fle­xibilidad en brazos y manos que cada cual movía a su voluntad y aplicaba a donde quería. A las seis horas después de muerto le sangraron y dos después le quitaron la venda y cabezal y en una y otra salió abundancia de sangre, que la conservaron en una redoma como preciosa reliquia, pa­ra satisfacer la devoción de tantos como habían concurrido. Le tuvieron expuesto sin darle sepultura cincuenta horas, tocando todos con grande fe en el cadáver rosarios, medallas y otras alhajas.
Últimamente, después de grandes molestias y reñidas disputas (que temieron terminasen en lasti­mosos escándalos) entre los RR. PP. de san Francisco de Paula, clero y criados del Excmo. Sr. duque de Osuna lo sepultaron en una capilla de nuestro Redentor Jesús, de quien fué singular devoto, de la iglesia parro­quial en una caja nueva con tres llaves, una de las cuales se dio al clero de dicha villa, otra a la justicia y otra al señor corregidor por el excelentísimo señor duque de Osuna, como patrono de dicha iglesia, hasta que S. E. determinase donde debía colocarse: noticia que doy a V.R. para que lo haga notoria a esa comunidad santa, y a mi mande cuanto sea de su obsequio.
Nuestro Señor guarde a V. R. muchos años.
Ubrique, y abril 20 de 1755 años.
B.L.M. de V.C. su afmo., servidor

Fr. Joseph de Argamasilla, guardián”[1]





Fundación del Calvario.
Según se desprende de la narración del P. Nicolás de Córdoba, y se confirma por la tradición, el V.P. Buenaven­tura de Ubrique fué el fundador del Vía Crucis y Calvario de Ubrique, y en general de los levantados en casi todos los pueblos de la Serranía.

Con la ayuda de todo el pueblo, trabajando gratuitamente los vecinos, aportando materiales y recursos, empezó a construir el Vía Crucis y el Calvario, a imitación del que partía desde la casa de Pilatos a la Cruz del Campo, de Sevilla, y de los erigidos en otras muchas ciudades de Anda­lucía.
En el construido por el V.P. Buenaventura, arrancaban los postes desde la Iglesia de san Antonio, coronados por sencillas cruces de hierro forjado. En la estación XII había un Cristo de mármol, que se conserva to­davía y será instalado en el nuevo Calvario reconstruido[2].
Finalizaba el Vía Crucis en una capillita con sencillo y pobre altar, en el que se veneraba el Cristo del Calvario, de poco más de una vara de al­to.
Esta imagen llegó a ser una de las de mas veneración en Ubrique. Las promesas, en las enfermedades, guerras, ausencias y peligros consistían en mandar una misa y encenderle una luz durante la noche, permaneciendo siglo tras siglo el Calvarlo iluminado, como si fuera el foro indicador de la fe del pueblo y como una nota tierna de tipismo y poesía.

La capillita tenia adosada una pequeña sacristía al lado y habitación detrás, donde cata la soga de la campana y dormía el ermitaño al cuidado del Cristo.

En 1801 la amplió D. Pedro Romero con un atrio cubierto, para que se resguardara la gente en caso de lluvia y de temporal, aumentando su capa­cidad para las funciones y misas que se celebraban.
La tradición cita el hecho de que vieron al P. Buenaventura bilocarse. Sabiendo el padre guardián que había ido ni Calvario y no había vuelto, y estando todas las puertas cerradas, se lo encontró con sorpresa suya orando en el coro a la hora del acto de comunidad. Hechas las debidas di­ligencias, se halló que había estado al mismo tiempo en el convento y en el Calvarlo.
Era una cosa típica y emocionante ver los Vía Crucis, dirigidos por el V.P. Buenaventura, y cantados por el pueblo, durante los cuales hacía fer­vorosas exhortaciones a los Heles, cargado con una pesada cruz.
El Vía Crucis era doble: uno que partía, como hemos di­cho, de la antigua parroquia de san Antonio, y otro que arrancaba de las proximidades del corral del concejo, reuniéndose los fieles de la parte norte de la población con los de la parte sur en la altura del Calvario.
Al desescombrar el derrui­do emplazamiento de la ermita se han descubierto placas de un Vía Crucis en cerámica sevilla­no de medio relieve. Esto hace suponer o que los relieves esta­ban colocados en la parte superior de los postes o en un Vía Crucis interior en la capillo para comodidad de los fieles.
    El V. P. Buenaventura de Ubrique fué además, como se ha dicho, el fundador de los Vía Crucis y Calvarios de Benaocaz, cuya silueta en lo alto de la sierra era tan típicamente bella; del Calvarlo de Villaluenga (véase P. Pérez –Discurso de recepción en la academia hispano-americana de cien­cias y artes p, 66). y del de Grazalema y otros más de la Serranía.
Nótese cómo su elocuencia logró empapar a estos pueblos en la idea de lo Pasión, habituarlos a la mortificación y a la penitencia, y hacerles practicar
y sentir la devoción a los dolores de Cristo y Madre Santísima. Así con­siguió modelar un pueblo sufrido y fuerte, austero y grave, aquí donde lo vida tiene que ser necesariamente dura, porque es dura y hosca la natura­leza que lo rodea. En cambio, la revolución al entrar vino soliviantando todos las pasiones, excitando a todos los placeres y diversiones, hundien­do a las masas en el cenagal del cine de donde salieron los salvajes de trajes de última moda y melenas onduladas y de almas de escribas y sayo­nes, que habían de echar por tierra lo obra secular del V. P. Buenaventura.

El P. Buenaventura de Ubrique y el beato Diego José de Cádiz


Es Indudable, y así lo afirma el R.P. Luis Antonio de Sevilla que el V.P. Buenaventura de Ubrique conoció al niño José Caamaño. El P. Bue­naventura era un sol que se ponía: el beato Diego era otro sol que asoma­ba por el oriente. El venerable anciano habló con el niñito de diez o doce anos e inflamó su corazón en el amor divino. «Había en el convento, di­ce, un sacerdote ejemplarísimo con el que me confesé y con su dictamen lo hacía todos los domingos, con gran consuelo y utilidad mía, pues la me­nor imperfección me parecía una montaña, sin declinar jamás a escrúpulos, antes me reía de ellos. Al oír a este religioso, que tenía don especial de hablar de Dios, me encendía en divino amor y en unas ansias insaciables de ser santo».[3]
El beato Diego cuando niño, se cría en una atmósfera saturada de perfumes de santidad, de virtudes y milagros que rodea al V. P. Buena­ventura. Mas tarde, cuando vuelve ya sacerdote, trata de buscar su vida y tomarlo por modelo. Esto nos plantea a nosotros un problema: ¿Se escri­bió la vida del V. P. Buenaventura o la que él leyó es la contenida en la crónica del convento que hemos insertado nosotros? A casi dos siglos de distancia nos es casi imposible averiguarlo. Tal vez se escribió una vida aparte que se ha perdido. Lo mismo debe decirse de la crónica general de la provincia que anuncia el P. Nicolás de Córdoba, la cual, si se escribió, ha debido perderse, conservándose sólo las crónicas particulares de los conventos, y no todas.
La vida del P. Buenaventura fue el molde en donde se formó el beato Diego. De niño, con su dirección y enseñanzas; de sacerdote joven leyendo su vida y proponiéndose seguir en todo sus huellas.






Ubrique: Cristo de mármol de una sola pieza que formaba la XII estación del Vía Crucis del Calvario. En poder de don José Rodríguez Sánchez.




“Lleno de espiritual alegría, dice el P. Luis Antonio de Se­villa, llegó a aquel convento (Ubrique) singularizado cierta­mente entre otros de la provin­cia, y santificado, digámoslo así, por las vidas de muchos ejemplarísimos religiosos, como el V. P. Buenaventura de Ubrique, misionero incansable de aquellas sierras que murió por los años de 1750 (la fecha está tomada a bulto y equivoca­da: fue en l755) en la villa de Olvera, donde está su cuerpo en gran veneración, a cuyo pue­blo siempre se había excusado de ir a predicar, y de su motivo fue en aquella ocasión, habién­dose notado que, contra su cos­tumbre, no sólo se despidió de los religiosos, sino de algunos devotos v parientes que allí te­nía. A este convento, escuela y taller de muchos venerables nuestros llegó fray Diego, y a poco de estar en él buscó la vida del dicho padre Buenaventura, como quien quería en ella tomar lecciones para arre­glar la suya. Pero ¡ah! que si Dios eligió a aquel praedicare pauperibus, a fray Diego lo había destinado para que lo hiciera coram gentibus el regibus et filiis Israel”.[4]
Y refiriéndose el mismo autor a los primeros tiempos del apostolado del beato Diego, dice: “La memoria del antiguo misionero ya citado, padre Ubrique, resucitó en aquellas villas y poblaciones, y en todas se le llamaba comúnmente el sucesor del P. Fr. Buenaventura». (-2)
En 1731 habla muerto el P. Félix José de Ubrique. Con él desapare­cía el auténtico representante de la oratoria culterana. El P. Buenaventura inicia la oratoria sencilla y popular. El beato Diego eleva esta oratoria apostólica a la cumbre, hasta hacerse el primer orador de España en su siglo.
Del P. Buenaventura toma el espíritu y la sencillez franciscana.
El apostolado de P. Buenaventura se circunscribió a los pueblos de la Serranía, mientras los PP. Luis de Oviedo, Isidoro de Sevilla, Feliciano de Sevilla recorrían toda Andalucía, y el beato Diego, que había de sucederle evangelizaría a toda España.
En muchos aspectos de este apostolado el beato Diego se conserva fiel a la tradición del V. P. Buenaventura. La devoción del beato Diego de repartir cedulitas de la Inmaculada, que sus émulos tanto combatieron, y en defensa de los cuales hubo de escribir la Apología de las cedulitas de la Inmaculada Concepción, es del P. Buenaventura, dándose e1 caso de cu­raciones y milagros en todo similares, así como la devoción del Vía Crucis y otras practicas del gran apóstol.
Por este tiempo, primera mitad del siglo XVIII, entró en Ubrique la devoción a la Divina Pastora: debió fundarse altar y hermandad, tal vez en la parroquia, y la Divina Pastora sirvió de base a los rosarios populares, que tanto auge tomaron en la villa. El P. Buenaventura trabajó en los ro­sarios en su honor y en propagar su devoción.
Las cruces del Tajo, la Viñuela y del Benalfi las colocó el padre Bue­naventura.
La memoria del P. Caamaño y del P. Ventura es la que ha conserva­do con más cariño la tradición en Ubrique, y son las que más han contri­buido a mantener el ambiente patriarcal y religioso de la masa popular en el pueblo, antes de que llegara a envenenarlas la revolución.

Sepulcro del P. Buenaventura.

        Durante muchos años permaneció en Olvera el P. Buenaventura hasta que lo trasladaron a Ubrique. El hecho lo cuenta el P. Luis Antonio de Sevilla de la siguiente manera:
«El V. P. Buenaventura de Ubrique, quien, como ya se ha notado, pa­rece que exprofeso quiso morir fuera del claustro, falleció en Olvera en casa de una señora devotísima de nuestra orden, cuyo cadáver permaneció en aquella parroquia con mucha estima de todo el  
pueblo, hasta que (no ha muchos años) un religioso nuestro, con imprudente devoción, lo extrajo de allí como furtivamente, y sin ninguna precaución ni documentos que diesen fe ni autoridad: y por la suya, le trasladó a la ermita o capilla de Jesús de la villa de Ubrique, donde se dice que está.”
La Iglesia del Jesús está hoy en ruinas, y no hemos dado con una la­pida ni inscripción, ni menos con una noticia que por tradición nos indique el lugar exacto donde se encuentran sus restos. Si logran encontrarse, convendría depositarlos en la iglesia del convento, el día que sea reedificada y abierta al culto. Tal es el estado de completo abandono en que se en­cuentra una de las primeras figuras históricas de Ubrique.
En el archivo provincial de los padres capuchinos de Sevilla se con­serva un documento de tamaño de folio, que contiene, la comisión dada por el M. R. P. provincial al R. P. Nicolás de Córdoba, autor de las cróni­cas de varios conventos y de la Brevis notitia y notable historiador, para proceder al proceso informativo sobre las virtudes y milagros del V. P. Buenaventura de Ubrique. Contiene el decreto del M. R. P. provin­cial; el decreto en nombre del obispo de Cádiz, Fr. Tomás del Valle; el cuestionario para el proceso y deposición de los testigos; un ejemplar de la carta del P.Fr. José de Argamasilla, guardián del convento de Ubrique, que dejamos copiada, y una relación de su muerte, que es en substancia la que hemos copiado, y no añade datos a los nuevos antecedentes.
Fue una lástima que este proceso no se hubiera seguido, y hoy pudié­ramos venerar en los altares a un hijo de Ubrique.
Tampoco se ha conservado retrato ninguno auténtico de él.




[1] P. Nicolás de Córdoba: Historia instrumental de la Fundación del con­vento de capuchinos de Ubrique, págs. 49 al 54 La fecha de 1755 que da el pa­dre Nicolás de Córdoba está equivocada: era 1756.

[2] El padre Sebastián publicó su libro en 1944, pero el Cristo de mármol nunca volvió al calvario, se quedó en manos de la familia que lo había recogido en 1933 para salvarlo de la destrucción del calvario.
[3] El Director Perfecto y el dirigido santo—Carta del 16 de julio de 1779.

[4]  415 P.Luis Antonio de Sevilla: Vida documentada del V.P.Fr. Diego José de Cádiz. Sevilla, Impr de Izquierdo—1882 p. 66.