Barriada "El Tren" en la actualidad. Ubrique
Por Esperanza Cabello
A veces pensamos que está claro para todos el por qué de los nombres de los lugares, porque hemos vivido en unos años en los que los nombres de los lugares venían casi dados, pero con el paso del tiempo lo que estaba muy claro deja de estarlo, sobre todo para las generaciones de los más jóvenes.
Ya explicamos en el blog de las Calles de Ubrique por qué la barriada de Antonio Vega era conocida como "El Liang Sham Po" (en este enlace), y era debido a una serie de televisión de 1978, La frontera azul.
Ayer nos preguntaba una jovencita por qué El Tren se llama "El Tren", y nuestra respuesta fue rápida "porque parece un tren", en este caso no tenía nada que ver con las series televisivas.
La cara de asombro de la joven nos dejó claro que la explicación no era suficiente, y hemos querido plasmar esta explicación para que esta pequeña historia no se olvide.
Tenemos que hacer un viaje al Ubrique de final de los cuarenta, cuando don Carmelo Gago Vélez era nuestro alcalde. Un buen alcalde. Ubrique era un pueblo pequeño, no llegaba a los diez mil habitantes y el pueblo casi terminaba en "la Salía". Al empezar la actual avenida de Cortes, pasado el llano del Trebujena, había una casilla de consumo (para pagar los impuestos por los productos que entraban en el pueblo) y nada más.
Un poco más abajo, al borde del río, había un gran edificio que albergaba un batán (una fábrica de paños) y que llamaban "la Máquina".
Ubrique en los setenta. La Máquina en primer término y detrás la línea blanca de las casitas de El tren.
María Benítez nos ha explicado que había una atajea (la que se ve como un pequeño acueducto) que llevaba el agua hasta la noria de la máquina del batán, que era una fábrica de mantas. Este edificio se reconvirtió en fábrica de artículos de piel y aún sigue en funcionamiento actualmente.
Como decíamos, era el alcalde del pueblo don Carmelo Gago Vélez, y consiguió que Pilar Primo de Rivera hiciera una donación al pueblo: diez casas para los ubriqueños que se construirían en la actual avenida de Cortes, a partir de la casilla de consumo. Y efectivamente comenzó la construcción de las diez casitas, todas iguales, todas a una altura, con dos ventanitas y una puerta, todas pequeñas y una a continuación de la otra. Eran casitas bajas y al estar dispuestas en línea se asemejaban a un tren.
-Isabel Arenas nos explica que se construyeron doce casitas. Seguramente el ayuntamiento se hizo cargo de la construcción de dos casas más, porque la donación era para diez casas.
Rápidamente la sabiduría popular rebautizó esas casitas que estaban tan cerca de la Máquina, las llamaron "el Tren".
Una de las primitivas casitas de "El Tren"
Años más tarde se inauguró, justo enfrente, un bar, el "Bar Estación", y, para que no faltara un detalle, desde el ayuntamiento bautizaron la calle que va desde El Tren hasta El Algarrobal con el nombre de "Calle Andén".
La calle Andén, que lleva hasta el Algarrobal
Así que esa es la razón del nombre de esta zona de Ubrique. La construcción de diez casitas de uan planta alineadas con la carretera en un lugar en el que entonces no había ninguna otra construcción.
La Máquina desapareció con el tiempo, en Ubrique se perdieron los batanes hace muchos años, las casitas del tren también han casi desaparecido, solo queda una de las originales, en su lugar los vecinos han ido construyendo casas singulares con más alturas.
Pero ahí quedan el bar Estación y la calle Andén para recordarnos a todos que en esa zona de Ubrique, hace muchos años, se construyeron doce casitas iguales que, alineadas, recordaban la silueta de un tren, del tren que nunca llegó a esta parte de la Sierra de Cádiz.
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Notas del 11 de noviembre:
1. Damos las gracias a nuestra querida Manola que nos ha explicado cómo era "el tren" cuando ella llegó hace 45 años a lo de Carabot y nos ha hablado de sus antiguas vecinas, Gertrudis, Maruja, Ana, Pepa Rincón...
Del mismo modo agradecemos a todos los amigos de Ubrique en el Recuerdo que han aportado nuevos datos que hemos añadido a la entrada.
2. También agradecemos a María Benítez que nos ha explicado cómo era la tajea que llevaba el agua a la noria del batán, fábrica de mantas.
3. José Luis Janeiro Barea nos manda el comentario siguiente:
El llamado Retra
vivía en la primera casa en dirección San Francisco y tenia un taller de
bicicletas bastante grande y tenía sobre 20 o 25 bicicletas viejas las
cuales arreglaba cuando se estropean así como las que se pinchaban
que eran casi todas después de hacer el servicio era un hombre bastante
amable y creo recordar que tenía hijos pequeños esto sería sobre los
años. 1953 al 1960 estos recuerdos me congratulan primero por qué son de
mi pueblo y segundo por qué yo tendría entre 7 y 10 años un abrazo de
José Luis Janeiro.
4. Isabel Arenas Rincón ha tenido la gentileza de corregir algunos detalles de nuestra entrada.
Isabel Arenas Rincón:
Corroboro casi todo lo que explica Esperanza pero le
voy a corregir algunas cosas. Las casitas no fueron diez, fueron doce divididas
en tres bloques idénticos de cuatro casas cada uno de ahí vino lo del tren,
cuando nos preguntaban dónde vivíamos al decir en el tren nos preguntaban, ¿en
qué vagón? No se hicieron hace 80 años, fue a principios de los años 50, mi
familia fue de las últimas que las habitaron por eso le dieron la última era el
número 12, yo nací cuando mi madre llevaba cinco meses allí, fue en 1952
después de mi casa estaba la haza de Carabot. La casilla de camineros la
hicieron cuando yo era pequeña, más de una vez me mandaba mi madre a que le
pasara una capacha a alguien del campo que traía sus huevos para vender y así
ahorrarle las dos pesetas que había que pagarle a Clemente que así se llamaba
el casillero. Y eso es todo. Darte las gracias Esperanza por ese trabajo del
barrio de mis amores.
Si, el taller y
alquiler de bicicletas estaba en el primer vagón y todos los niños ubriqueños
de aquella época aprendieron a montar en las bicis del Retra, a más de un
chiquillo de los que estaban aprendiendo lo sacaron la gente del tren de las
tunas llenos de púas que había enfrente del tren. Yo nunca pagué pero aprendí
de lo pesada que era para que me las prestara.
Muchísimas gracias a todos.
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