Este blog, "El blog de Ocurris", que comencé en 2007, es un homenaje a mis padres, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández, a su vida y a su trabajo. Quiero recuperar sus escritos, sus investigaciones y muchos de sus recuerdos.
Al mismo tiempo es un amable homenaje a todos los miembros de nuestra familia y a nuestro pueblo, Ubrique, para que no se pierda la historia de los que nos precedieron y podamos recuperarla entre todos. Gracias. Esperanza Cabello Izquierdo.
Fotografía gentileza de Luis Miguel Fernández Arenas
Por Esperanza Cabello
Hace un tiempo que nuestro primo Luis Miguel Fernández compartió con nosotros esta fotografía de unos ubriqueños trabajando en la fula.
La fotografía está tomada el 23 de febrero de 1934, por la derecha se reconoce a Paco García Jaén y a Manuel Arenas Rubiales; los otros dos hombres están sin identificar aún.
En el reverso de la fotografía podemos leer:
"Un recuerdo de tu cuñado Manolo y ..." 23-2-1934
Y está dedicada a don Baldomero Fernández Piñero, Ubrique.
Efectivamente, la esposa de nuestro tío Baldomero era Nieves Arenas Rubiales, hermana de Manuel. La familia Arenas Rubiales supuso un hito en la fabricación de sombreros en Ubrique. Hemos dedicado a la fula (lugar en el que se fabrican sombreros de fieltro) varias entradas , en este enlace, y hemos visto varias fotografías de personas fabricando sombreros, pero es la primera vez que vemos a los obreros con el atuendo laboral, con esa especie de delantal para poder fabricar el fieltro.
Muchísimas gracias, Luis, tienes unas fotografías que son un tesoro.
Juan Manuel Román, Paco Román y Manolo Cabello. Viaje al centro del Rodezno
Hace unos días un amigo nos preguntó por la historia del Rodezno. Nosotros conocíamos, por los libros y las fotografías antiguas, la historia "formal" de la zona, pero nunca habíamos estado en el interior de los edificios ni teníamos idea de cómo se organizaban todas esas ruinas cuando estaban vivas.
Nuestro hermano Leandro nos sugirió preguntar a Juan Manuel Román, a ver si él, por ser de familia de panaderos y muy curioso con la historia de nuestro pueblo, podía ilustrarnos.
Juan Manuel y Paco junto a la cocina de su madre
La sorpresa fue mayúscula cuando Juan Manuel nos contó que su familia había vivido justo allí, en el molino, en los años cincuenta, y también que su hermano mayor, Paco Román, que se ha convertido en nuestro héroe, tiene una prodigiosa memoria y podría contarnos cómo se estructuraban los edificios y cómo era la vida en el Rodezno.
Así que propusimos a Juan visitar con Paco el molino, ahora que, aunque un poco peligroso, es posible, y se unieron a la visita nuestro hermano Manolo, experto conocedor del Nacimiento y del funcionamiento de las aguas en el pueblo, y Eduardo, que conoce la estructura de los molinos hidráulicos y eléctricos.
Este es, lo más ajustado a las conversaciones posible, el relato de aquel baño de cultura, de recuerdos, de tradiciones y de sabiduría.
Muchísimas gracias a Paco y a Juan Manuel por esta maravilla de explicaciones.
Escaleras para acceder a la tenería de Manuel Rojas desde el molino
Definitivamente,
hablar del Rodezno es hablar de la historia de nuestro pueblo y, tratándose de
historia, no podemos olvidar a una de las familias que habitó y trabajó en el
molino del Nacimiento en los años cincuenta y que es referente de los panaderos
de nuestro pueblo.
Hemos
tenido la suerte de poder contar con las explicaciones y las historias de dos
hermanos: Paco y Juan Manuel Román García, y gracias a ellos hemos podido
hacernos una idea de cómo era la zona en los años cincuenta.
Manuel
Román Carretero, casado con Pepa García Aguilera, había alquilado a principios
de los cincuenta el Molino del Nacimiento, conocido actualmente
como Molino de Cotrino, y trabajó en él con su familia hasta 1956, año en el
que Manuel se fue a trabajar a las obras de construcción del pantano de Los Hurones, que habían comenzado tres años antes.
Sus hermanos, Pepe y Juan,
trabajaban en el molino del americano, y en el ahora conocido como molino de
Román, un poco más abajo.
La familia Román García (Manuel, Paco, Ana, Antonio y Pepa) durante una romería en la Venta Martín, acababan de comprar el burrito a Pedro Vázquez Rubiales, y esta fotografía les sirvió de contrato.
Durante los años que trabajó
en el molino, Manuel Román Carretero vivió también allí con su familia, su
esposa Pepa y sus cuatro hijos mayores, Paco, nacido en 1942; Ana, en 1943;
Antonio, en 1945, y Pepa, en 1947. Juan Manuel nacería algunos años más tarde,
en 1958, en la casa familiar.
Aunque la familia tenía casa
en la calle Nevada, el trabajo del molino a veces no tenía horarios, y entonces
la familia vivía allí.
Esa ventanita era la de la habitación de Ana, la segunda hija de la familia
Ha sido increíble oír las
palabras de Paco que, a sus ochenta y dos años, tiene una memoria increíble, y
él nos ha explicado la estructura de la zona y del molino. Al mismo tiempo las
explicaciones de Juan Manuel han conseguido que por fin comprendiéramos mejor el
funcionamiento de toda la estructura y los edificios.
Explicaciones de Paco Román sobre los edificios del Rodezno
A la izquierda se ven los
restos de la última tenería de Ubrique, la de Ángel Janeiro, que estaba
conectada por un puente con la tenería de Manuel Rojas, que fue una de las
últimas. Nos recuerda Juan Manuel que además había unas pasaderas con piedras
para cruzar el arroyo.
A la derecha se ve, en primer
término, la casa en la que vivía Emilia con su familia, y justo al lado, el
lugar por el que pasaban los animales de los arrieros con la mercancía.
A continuación, de derecha a
izquierda, está el horno y la panadería. La leña se apilaba fuera, los arrieros
llegaban del monte y dejaban las cargas de leña junto al muro, mejor menudita,
para que hiciera llama.
Hornacinas para los candiles
A la izquierda del horno se
ven aún las hornacinas donde se colocaban los candiles de horno.
A la izquierda unas escaleras
que subían a las habitaciones donde dormía la familia, al menos había tres.
La cocina del Rodezno, las escaleras y el patio
A continuación, había una
estancia en la que estaba la cocina familiar, detrás del muro estaba el
gallinero y a la izquierda había una gran máquina que se utilizaba para limpiar
la harina. Los restos salían al exterior por un pequeño tragaluz que se conserva
aún.
La siguiente máquina servía
para limpiar la harina, y justo al lado estaba el primer molino, era un molino
hidráulico, aún se conservan las piedras y una parte de la estructura que las
sustentaban.
Nos cuenta Juan Manuel:
“Las labores de talla
de las piedras del molino se realizaban esporádicamente para evitar que la
harina y el "afrecho" se apelmazaran, se les realizaban unos surcos a
base de cincel y martillo por artesanos profesionales, uno era Emilio García,
(padre del fabricante Francisco García, El Siglo) y otro Señó Antonio, que se
desplazaba desde Arcos de la Frontera. Por otra parte, se conserva en el molino
un arte que a base de poleas se utilizaba para elevar la piedra de arriba sobre
su eje para realizar esta labor de talla.
Me recordaba mi hermano
que en la pared de piedra bajo el muro que hoy sostiene la calle, siempre había
una piedra de molino a modo de reserva por si se rompiera o deteriorara algunas
de las que estaban en uso.”
En la siguiente estancia
estaba el molino eléctrico, ya en los años cincuenta funcionaba con
electricidad cuando el caudal del agua disminuía. Curiosamente Paco aún
recuerda dónde estaba el servicio, a la derecha de la estancia, protegido por
un muro. Y lo más curioso, para nosotros, es que se trata de un simple agujero
en el suelo que da directamente abajo.
Y, finalmente, dos grandes
patios, Paco los llama “el lejío”, era el lugar donde se criaban los cerdos. En
los cincuenta había un lugar cubierto, en el que aún se ven los comederos, y un
gran patio descubierto con arcadas al fondo que seguramente eran la base de la
zúa (azud).
También nos cuenta que de las
paredes manaba agua como en la actualidad.
Quizás esas dos grandes dependencias,
con las arcadas y el agua fueran, hace siglos, alguno de los otros molinos de
los que nos hablan.
Nuestra visita "maravillosamente guiada" terminó en el exterior de los edificios. Paco y Juan Manuel nos contaron que la alegría del molino eran las lavanderas, algunas, como Ana Mena, cantaban como los ángeles, y otras siempre estaban riendo y charlando.
Paco nos ha contado que alguna vez los molineros les gastaban bromas, por ejemplo, que si estaban lavando cerca de los arcos, les abrían las compuertas y había un gran barullo mientras intentaban no mojarse demasiado.
Nos hubiera gustado alargar lo más posible esta tarde, que ha sido extraordinaria. No tenemos palabras para agradecer a los hermanos Román toda la atención que nos han prestado y los datos que nos han ofrecido.
Gracias a ellos conservaremos una bonita parte de la memoria colectiva, y es posible que, si algún día la zona del Rodezno se convierte en zona museística o visitable, podamos apoyarnos en sus explicaciones para comprender e interpretar la vida en los molinos de Ubrique.
El
Rodezno simboliza el nacimiento del Ubrique moderno. En esta zona tan genuina
convergen muchas de las tradiciones, historias y oficios de nuestro pueblo, y
debe su riqueza, por supuesto, al ingente nacimiento de agua que lo corona. “El
Nacimiento” a secas, también conocido como nacimiento de la Cornicabra, que
surte de agua a los ubriqueños desde la Prehistoria.
El Rodezno pintado por Julia Janeiro Rubiales en 1916
De
la primera urbanización de la zona tenemos noticia gracias a los libros
fundacionales del convento de capuchinos.
En 1726 el
ayuntamiento solicitó del padre provincial y de la comunidad permiso para
utilizar la cañería conventual, construyendo el acueducto del que aún hoy en
día quedan algunos restos en la calle de San Francisco, que llevaba el agua
hasta la fuente de cuatro caños en la Plaza.
Se
comenzó entonces por fabricar un acueducto que salvara el desnivel del
nacimiento. Este acueducto era arcado y tenía una fuente con abrevadero que
subsistió hasta que en 1937 se realizó la obra nacional de traída de agua a
Ubrique.
Y debió de ser
muy antigua la instalación de estos molinos, porque escudriñando en las ruinas
de uno de ellos, en determinada ocasión, se encontró una piedra escrita a
manera de lápida en la que se puede leer:
"JHS. ESA
OBRA HIZO GASPAR Y CABEZA, AÑO DE 1682"
Aunque
hay pocos documentos antiguos que se conservan, hemos podido saber que uno de
los primeros edificios que se construyeron en la zona fue el molino del Duque,
Ubrique formaba parte del señorío de las siete villas, otorgado a Ponce de León
tras la expulsión de los árabes en la zona, habiendo también un segundo molino.
En 1753 consta en el Catastro de Ensenada:
A la décima séptima pregunta dijeron que en esta dezmería hay hasta nueve
molinos harineros, que el uno está en el sitio que llaman “del Nacimiento”
propio de dicho Excelentísimo Señor Duque de Arcos, que es de dos paradas; el
dicho le puede producir anualmente de sus maquilas hasta cien fanegas de trigo;
otro que está en dicho sitio y llaman “de las dos paradas”, las que tiene y es
propio y perteneciente al patronato fundado por Gonzalo Sanz Nieto, vecino que
fue de la villa de Villaluenga que hoy percibe sus rentas Pedro Barea Nieto,
vecino de ella, quien distribuye sus rentas en doncellas parientas y ganará
anualmente otras cien fanegas de trigo.
También
sabemos que, por la calidad del agua del nacimiento, las primeras tenerías, y
también las últimas, estaban asentadas en la zona, incluso que, en la parte
trasera, en el “lejío” se comenzó a construir una fábrica de ladrillos en 1847,
propiedad de José Coveñas Orellana.
Y,
por supuesto, además de las actividades industriales, el Rodezno siempre ha
sido lugar de reunión y trabajo de las lavanderas, que se convirtieron, además,
en un símbolo del lugar.
Frasquita
Larrea, de su estancia en Ubrique en el verano de 1824, escribe:
Al pie de este peñasco (que llaman también el salto de la Mora, por
motivo de una tradición que supone a una Mora arrojándose de esa altura huyendo
de los cristianos) sale el manantial que surte al pueblo y que, pasado el
Convento, fluye por un arqueducto al través de cuyos arcos se ven las huertas.
Entre este Arqueducto y un guardalado, debajo del cual se ven las mujeres
lavando con el agua del otro nacimiento que sale por el molino, corre una
calzada hasta entrar en las calles del pueblo. Un grandísimo y frondoso álamo
negro sombrea a las lavanderas, y más arriba del molino se ven grupos de olmos
y chopos en derredor del manantial y a sus espaldas suben peñascos hasta las
nubes.
A
principios del siglo XX, Romero de Torres inmortalizó a las lavanderas del
Rodezno con una preciosa fotografía realizada en 1906.
Una de ellas se llamaba
María Avelino, era una lavandera ubriqueña en los años veinte, el sustento de
su familia dependía de su trabajo, y ella lavaba para las familias más
favorecidas. Cada mañana iba a la casa correspondiente y recogía la ropa para
lavar, se iba con su panera y su jabón al Rodezno, a veces al lavadero del
Benalfí, y pasaba el día haciendo la colada. Porque si hacía la colada le
pagaban algo más de aquella perra gorda que cobraba.
Para hacer la colada se
enjabonaba la ropa, después en un canasto grande de varetas se ponía un paño
basto de jerga y allí se metía la ropa enjabonada, sobre la ropa se ponían las
cenizas aún calientes, ya fueran de la copa o de una candela que se hacía allí
mismo, y sobre las cenizas se echaba el agua fría. Aquello se ponía a hervir y
entonces se tapaba de nuevo con otro paño de jerga basto. Se dejaba todo el día
y al día siguiente se lavaba la ropa normalmente.
María estaba embarazada
(tuvo al menos nueve hijos) y no había dejado de trabajar ni un solo día,
aquella mañana estaba preparando la colada cuando notó que el bebé iba a nacer,
se retiró del río para tenerlo y cuando el niño nació lo dejó calentito y entonces
siguió preparando la colada. Aquel día, a pesar de haber casi dado a luz en el
Rodezno, no paró hasta dejar toda la ropa preparada.
Lavanderas del Rodezno en 1968
Gentileza de Javier Janeiro
Y
años más tarde, en 1934, Francisco García Parra volvió a inmortalizarlas desde
otra perspectiva.
Manuel
Cabello, en su libro “Ubrique, piel al descubierto” 1991 también nos habla de
las lavanderas del Rodezno:
Y era bonito
porque, tiempo atrás, amén de aquel oficio de panadero, también se ejercitaba
allí el de las lavanderas, mujeres que, con paneras de madera o corcho de
escalones redondeados longitudinales, realizaban el lavado de la ropa en
aquellas limpias y frescas aguas, con tan sólo "jabón del verde"
(hecho en labor artesanal con la cáustica y el aceite) y el agua.
Y sobre todo ... ¡mucho pulmón! para una tela
más pulcra.
Aquellas
mujeres daban al ambiente un tono de jovialidad y alegría. ¡Era muy agradable
estar en el Rodezno!
Y
tan agradable, Juan Manuel Román nos cuenta que su hermano Paco, que vivió en
el molino del Rodezno en los años cincuenta, habla de la alegría que era oír a
las lavanderas cantar mientras trabajaban, una de las más recordadas fue Ana
Mena, tía de uno de nuestros cantaores flamencos más afamados, Manuel Román
Mena, “El pescaor”, muchos años técnico de sonido en Radio Ubrique. Ana tenía
una voz cantarina y agradable que alegraba las mañanas a todos los que la oían.
Manuel
Cabello nos explica también la razón del nombre del lugar:
La actividad en la zona en la primera mitad del
siglo era febril en varios aspectos: había dos o tres molinos. Uno de ellos,
conocido como el de Cotrino o el del Nacimiento, fue en 1886 sede de la primera
Fábrica Municipal de Luz, y principio de la central autóctona de la
"Eléctrica de la Sierra". En aquel antiguo molino se molturaba el
trigo durante el día, y por la noche se producía la electricidad. Hacían girar
sus descomunales ruedas harineras con el agua que, procedente del cercano
nacimiento de la Cornicabra, caía en cascada sobre los arcaduces o cangilones
de una noria conectada a la rueda dentada que engranaba con la principal de la
tahona, y que en el argot molinero se conocía como "rodezno", de ahí
que a la zona se la hubiera bautizado ya con el nombre de "El
Rodezno".
Efectivamente,
la luz eléctrica llegó a Ubrique en 1893, de la mano del ingeniero francés Jean
Pierre Prouvat de Guéry, que había firmado un contrato el año anterior con el
alcalde constitucional de Ubrique (en 1892 el alcalde de Ubrique era Juan
Chacón Tocón y en 1893 el alcalde era Miguel García Bohórquez).
Ubrique
fue uno de los primeros municipios de España que disfrutaba de alumbrado
público eléctrico de manera autónoma, pues la electricidad era generada por el
Molino del Nacimiento, hoy conocido como "Molino del Rodezno y también
Molino de Cotrino", apellido de la familia que es propietaria del mismo
desde hace más de un siglo.
Ubrique, años 20
en primer término, el Rodezno
En la actualidad se está reformando la zona del Rodezno, el próximo jueves tendrá lugar la inauguración de la plaza situada sobre uno de los depósitos de agua, justo por encima de aquel acueducto primitivo.
También se ha limpiado la zona del molino, y, (esta es la primera vez que tenemos la ocasión de utilizar la palabra "serendipia", qué ilusión, aunque mejor utilizaremos el término ubriqueño, "de chiripa") de chiripa, dimos con quienes nos ayudaron a hacer un maravilloso viaje al pasado, a aquellos días en los que tenerías, lavanderas y molineros se afanaban en el Rodezno.
Molineros del Rodezno, a la derecha, Antonio Gómez García.