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sábado, 18 de mayo de 2024

Trabajando en la fula, tarjeta para Baldomero Fernández

 

Trabajando en la fula

Fotografía gentileza de Luis Miguel Fernández Arenas



Por Esperanza Cabello


Hace un tiempo que nuestro primo Luis Miguel Fernández compartió con nosotros esta fotografía de unos ubriqueños trabajando en la fula.

La fotografía está tomada el 23 de febrero de 1934, por la derecha se reconoce a Paco García Jaén y a Manuel Arenas Rubiales; los otros dos hombres están  sin identificar aún.

En el reverso de la fotografía podemos leer:


"Un recuerdo de tu cuñado Manolo y ..." 23-2-1934

Y está dedicada a don Baldomero Fernández Piñero, Ubrique.


Efectivamente, la esposa de nuestro tío Baldomero era Nieves Arenas Rubiales, hermana de Manuel. La familia Arenas Rubiales supuso un hito en la fabricación de sombreros en Ubrique. Hemos dedicado a la fula (lugar en el que se fabrican sombreros de fieltro) varias entradas , en este enlace, y hemos visto varias fotografías de personas fabricando sombreros, pero es la primera vez que  vemos a los obreros con el atuendo laboral, con esa especie de delantal para poder fabricar el fieltro.

Muchísimas gracias, Luis, tienes unas fotografías que son un tesoro.


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martes, 19 de marzo de 2024

¿Cómo era el Rodezno en los cincuenta? Viaje al pasado con los hermanos Román García

 

Juan Manuel Román, Paco Román y Manolo Cabello. Viaje al centro del Rodezno

 

Hace unos días un amigo nos preguntó por la historia del Rodezno. Nosotros conocíamos, por los libros y las fotografías antiguas, la historia "formal" de la zona,  pero nunca habíamos estado en el interior de los edificios ni teníamos idea de cómo se organizaban todas esas ruinas cuando estaban vivas.

Nuestro hermano Leandro nos sugirió preguntar a Juan Manuel Román, a ver si él, por ser de familia de panaderos y muy curioso con la historia de nuestro pueblo, podía ilustrarnos.

 

 

Juan Manuel y Paco junto a la cocina de su madre

 

La sorpresa fue mayúscula cuando Juan Manuel nos contó que su familia había vivido justo allí, en el molino, en los años cincuenta, y también que su hermano mayor, Paco Román, que se ha convertido en nuestro héroe, tiene una prodigiosa memoria y podría contarnos cómo se estructuraban los edificios y cómo era la vida en el Rodezno.

Así que propusimos a Juan visitar con Paco el molino, ahora que, aunque un poco peligroso, es posible, y se unieron a la visita nuestro hermano Manolo, experto conocedor del Nacimiento y del funcionamiento de las aguas en el pueblo, y Eduardo, que conoce la estructura de los molinos hidráulicos y eléctricos.

Este es, lo más ajustado a las conversaciones posible, el relato de aquel baño de cultura, de recuerdos, de tradiciones y de sabiduría.

Muchísimas gracias a Paco y a Juan Manuel por esta maravilla de explicaciones.



Escaleras para acceder a la tenería de Manuel Rojas desde el molino

 

Definitivamente, hablar del Rodezno es hablar de la historia de nuestro pueblo y, tratándose de historia, no podemos olvidar a una de las familias que habitó y trabajó en el molino del Nacimiento en los años cincuenta y que es referente de los panaderos de nuestro pueblo.

Hemos tenido la suerte de poder contar con las explicaciones y las historias de dos hermanos: Paco y Juan Manuel Román García, y gracias a ellos hemos podido hacernos una idea de cómo era la zona en los años cincuenta.

Manuel Román Carretero, casado con Pepa García Aguilera, había alquilado a principios de los cincuenta el Molino del Nacimiento, conocido actualmente como Molino de Cotrino, y trabajó en él con su familia hasta 1956, año en el que Manuel se fue a trabajar a las obras de construcción del pantano de Los Hurones, que habían comenzado tres años antes.

Sus hermanos, Pepe y Juan, trabajaban en el molino del americano, y en el ahora conocido como molino de Román, un poco más abajo.

 

 

La familia Román García (Manuel, Paco, Ana, Antonio y Pepa) durante una romería en la Venta Martín, acababan de comprar el burrito a Pedro Vázquez Rubiales, y esta fotografía les sirvió de contrato.


 

Durante los años que trabajó en el molino, Manuel Román Carretero vivió también allí con su familia, su esposa Pepa y sus cuatro hijos mayores, Paco, nacido en 1942; Ana, en 1943; Antonio, en 1945, y Pepa, en 1947. Juan Manuel nacería algunos años más tarde, en 1958, en la casa familiar.

Aunque la familia tenía casa en la calle Nevada, el trabajo del molino a veces no tenía horarios, y entonces la familia vivía allí.

 

 

Esa ventanita era la de la habitación de Ana, la segunda hija de la familia

 

Ha sido increíble oír las palabras de Paco que, a sus ochenta y dos años, tiene una memoria increíble, y él nos ha explicado la estructura de la zona y del molino. Al mismo tiempo las explicaciones de Juan Manuel han conseguido que por fin  comprendiéramos mejor el funcionamiento de toda la estructura y los edificios.

 

 

Explicaciones de Paco Román sobre los edificios del Rodezno



A la izquierda se ven los restos de la última tenería de Ubrique, la de Ángel Janeiro, que estaba conectada por un puente con la tenería de Manuel Rojas, que fue una de las últimas. Nos recuerda Juan Manuel que además había unas pasaderas con piedras para cruzar el arroyo.


 

 



 

A la derecha se ve, en primer término, la casa en la que vivía Emilia con su familia, y justo al lado, el lugar por el que pasaban los animales de los arrieros con la mercancía.

A continuación, de derecha a izquierda, está el horno y la panadería. La leña se apilaba fuera, los arrieros llegaban del monte y dejaban las cargas de leña junto al muro, mejor menudita, para que hiciera llama.

 

 

Hornacinas para los candiles

 

A la izquierda del horno se ven aún las hornacinas donde se colocaban los candiles de horno.

A la izquierda unas escaleras que subían a las habitaciones donde dormía la familia, al menos había tres. 

 

La cocina del Rodezno, las escaleras y el patio

 

A continuación, había una estancia en la que estaba la cocina familiar, detrás del muro estaba el gallinero y a la izquierda había una gran máquina que se utilizaba para limpiar la harina. Los restos salían al exterior por un pequeño tragaluz que se conserva aún.

 


 

 

La siguiente máquina servía para limpiar la harina, y justo al lado estaba el primer molino, era un molino hidráulico, aún se conservan las piedras y una parte de la estructura que las sustentaban.

 


 

 


 

Nos cuenta Juan Manuel:

“Las labores de talla de las piedras del molino se realizaban esporádicamente para evitar que la harina y el "afrecho" se apelmazaran, se les realizaban unos surcos a base de cincel y martillo por artesanos profesionales, uno era Emilio García, (padre del fabricante Francisco García, El Siglo) y otro Señó Antonio, que se desplazaba desde Arcos de la Frontera. Por otra parte, se conserva en el molino un arte que a base de poleas se utilizaba para elevar la piedra de arriba sobre su eje para realizar esta labor de talla.

 

 

 

 

Me recordaba mi hermano que en la pared de piedra bajo el muro que hoy sostiene la calle, siempre había una piedra de molino a modo de reserva por si se rompiera o deteriorara algunas de las que estaban en uso.”

 

 


 

En la siguiente estancia estaba el molino eléctrico, ya en los años cincuenta funcionaba con electricidad cuando el caudal del agua disminuía. Curiosamente Paco aún recuerda dónde estaba el servicio, a la derecha de la estancia, protegido por un muro. Y lo más curioso, para nosotros, es que se trata de un simple agujero en el suelo que da directamente abajo.


 

 

 

Y, finalmente, dos grandes patios, Paco los llama “el lejío”, era el lugar donde se criaban los cerdos. En los cincuenta había un lugar cubierto, en el que aún se ven los comederos, y un gran patio descubierto con arcadas al fondo que seguramente eran la base de la zúa (azud).

 


 

También nos cuenta que de las paredes manaba agua como en la actualidad.

Quizás esas dos grandes dependencias, con las arcadas y el agua fueran, hace siglos, alguno de los otros molinos de los que nos hablan.

 

Nuestra visita "maravillosamente guiada" terminó en el exterior de los edificios. Paco y Juan Manuel nos contaron que la alegría del molino eran las lavanderas, algunas, como Ana Mena, cantaban como los ángeles, y otras siempre estaban riendo y charlando.

Paco nos ha contado que alguna vez los molineros les gastaban bromas, por ejemplo, que si estaban lavando cerca de los arcos, les abrían las compuertas y había un gran barullo mientras intentaban no mojarse demasiado.

 


 

 Nos hubiera gustado alargar lo más posible esta tarde, que ha sido extraordinaria. No tenemos palabras para agradecer a los hermanos Román toda la atención que nos han prestado y los datos que nos han ofrecido.

Gracias a ellos conservaremos una bonita parte de la memoria colectiva, y es posible que, si algún día la zona del Rodezno se convierte en zona museística o visitable, podamos apoyarnos en sus explicaciones para comprender e interpretar la vida en los molinos de Ubrique.

Un placer💜


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domingo, 17 de marzo de 2024

Breve historia de El Rodezno, motor de la vida ubriqueña

 

El Rodezno en 1937

fotografía gentileza de Antonio Bohórquez

 


Por Esperanza Cabello

 

El Rodezno simboliza el nacimiento del Ubrique moderno. En esta zona tan genuina convergen muchas de las tradiciones, historias y oficios de nuestro pueblo, y debe su riqueza, por supuesto, al ingente nacimiento de agua que lo corona. “El Nacimiento” a secas, también conocido como nacimiento de la Cornicabra, que surte de agua a los ubriqueños desde la Prehistoria. 

 

El Rodezno pintado por Julia Janeiro Rubiales en 1916

 

 

De la primera urbanización de la zona tenemos noticia gracias a los libros fundacionales del convento de capuchinos.

En 1726 el ayuntamiento solicitó del padre provincial y de la comunidad permiso para utilizar la cañería conventual, construyendo el acueducto del que aún hoy en día quedan algunos restos en la calle de San Francisco, que llevaba el agua hasta la fuente de cuatro caños en la Plaza.

 

Se comenzó entonces por fabricar un acueducto que salvara el desnivel del nacimiento. Este acueducto era arcado y tenía una fuente con abrevadero que subsistió hasta que en 1937 se realizó la obra nacional de traída de agua a Ubrique.

Y debió de ser muy antigua la instalación de estos molinos, porque escudriñando en las ruinas de uno de ellos, en determinada ocasión, se encontró una piedra escrita a manera de lápida en la que se puede leer:

 

"JHS. ESA OBRA HIZO GASPAR Y CABEZA, AÑO DE 1682"

 

Aunque hay pocos documentos antiguos que se conservan, hemos podido saber que uno de los primeros edificios que se construyeron en la zona fue el molino del Duque, Ubrique formaba parte del señorío de las siete villas, otorgado a Ponce de León tras la expulsión de los árabes en la zona, habiendo también un segundo molino. En 1753 consta en el Catastro de Ensenada:

 

A la décima séptima pregunta dijeron que en esta dezmería hay hasta nueve molinos harineros, que el uno está en el sitio que llaman “del Nacimiento” propio de dicho Excelentísimo Señor Duque de Arcos, que es de dos paradas; el dicho le puede producir anualmente de sus maquilas hasta cien fanegas de trigo; otro que está en dicho sitio y llaman “de las dos paradas”, las que tiene y es propio y perteneciente al patronato fundado por Gonzalo Sanz Nieto, vecino que fue de la villa de Villaluenga que hoy percibe sus rentas Pedro Barea Nieto, vecino de ella, quien distribuye sus rentas en doncellas parientas y ganará anualmente otras cien fanegas de trigo.

 

También sabemos que, por la calidad del agua del nacimiento, las primeras tenerías, y también las últimas, estaban asentadas en la zona, incluso que, en la parte trasera, en el “lejío” se comenzó a construir una fábrica de ladrillos en 1847, propiedad de José Coveñas Orellana.

Y, por supuesto, además de las actividades industriales, el Rodezno siempre ha sido lugar de reunión y trabajo de las lavanderas, que se convirtieron, además, en un símbolo del lugar.

 

Frasquita Larrea, de su estancia en Ubrique en el verano de 1824, escribe:

 

Al pie de este peñasco (que llaman también el salto de la Mora, por motivo de una tradición que supone a una Mora arrojándose de esa altura huyendo de los cristianos) sale el manantial que surte al pueblo y que, pasado el Convento, fluye por un arqueducto al través de cuyos arcos se ven las huertas. Entre este Arqueducto y un guardalado, debajo del cual se ven las mujeres lavando con el agua del otro nacimiento que sale por el molino, corre una calzada hasta entrar en las calles del pueblo. Un grandísimo y frondoso álamo negro sombrea a las lavanderas, y más arriba del molino se ven grupos de olmos y chopos en derredor del manantial y a sus espaldas suben peñascos hasta las nubes.

 

A principios del siglo XX, Romero de Torres inmortalizó a las lavanderas del Rodezno con una preciosa fotografía realizada en 1906.




 

Una de ellas se llamaba María Avelino, era una lavandera ubriqueña en los años veinte, el sustento de su familia dependía de su trabajo, y ella lavaba para las familias más favorecidas. Cada mañana iba a la casa correspondiente y recogía la ropa para lavar, se iba con su panera y su jabón al Rodezno, a veces al lavadero del Benalfí, y pasaba el día haciendo la colada. Porque si hacía la colada le pagaban algo más de aquella perra gorda que cobraba.

Para hacer la colada se enjabonaba la ropa, después en un canasto grande de varetas se ponía un paño basto de jerga y allí se metía la ropa enjabonada, sobre la ropa se ponían las cenizas aún calientes, ya fueran de la copa o de una candela que se hacía allí mismo, y sobre las cenizas se echaba el agua fría. Aquello se ponía a hervir y entonces se tapaba de nuevo con otro paño de jerga basto. Se dejaba todo el día y al día siguiente se lavaba la ropa normalmente.

María estaba embarazada (tuvo al menos nueve hijos) y no había dejado de trabajar ni un solo día, aquella mañana estaba preparando la colada cuando notó que el bebé iba a nacer, se retiró del río para tenerlo y cuando el niño nació lo dejó calentito y entonces siguió preparando la colada. Aquel día, a pesar de haber casi dado a luz en el Rodezno, no paró hasta dejar toda la ropa preparada.

 

Lavanderas del Rodezno en 1968

Gentileza de Javier Janeiro

 

 

Y años más tarde, en 1934, Francisco García Parra volvió a inmortalizarlas desde otra perspectiva.



 

Manuel Cabello, en su libro “Ubrique, piel al descubierto” 1991 también nos habla de las lavanderas del Rodezno:

 

Y era bonito porque, tiempo atrás, amén de aquel oficio de panadero, también se ejercitaba allí el de las lavanderas, mujeres que, con paneras de madera o corcho de escalones redondeados longitudinales, realizaban el lavado de la ropa en aquellas limpias y frescas aguas, con tan sólo "jabón del verde" (hecho en labor artesanal con la cáustica y el aceite) y el agua.

 Y sobre todo ... ¡mucho pulmón! para una tela más pulcra.

Aquellas mujeres daban al ambiente un tono de jovialidad y alegría. ¡Era muy agradable estar en el Rodezno!

 

Y tan agradable, Juan Manuel Román nos cuenta que su hermano Paco, que vivió en el molino del Rodezno en los años cincuenta, habla de la alegría que era oír a las lavanderas cantar mientras trabajaban, una de las más recordadas fue Ana Mena, tía de uno de nuestros cantaores flamencos más afamados, Manuel Román Mena, “El pescaor”, muchos años técnico de sonido en Radio Ubrique. Ana tenía una voz cantarina y agradable que alegraba las mañanas a todos los que la oían.

 

Manuel Cabello nos explica también la razón del nombre del lugar:

La actividad en la zona en la primera mitad del siglo era febril en varios aspectos: había dos o tres molinos. Uno de ellos, conocido como el de Cotrino o el del Nacimiento, fue en 1886 sede de la primera Fábrica Municipal de Luz, y principio de la central autóctona de la "Eléctrica de la Sierra". En aquel antiguo molino se molturaba el trigo durante el día, y por la noche se producía la electricidad. Hacían girar sus descomunales ruedas harineras con el agua que, procedente del cercano nacimiento de la Cornicabra, caía en cascada sobre los arcaduces o cangilones de una noria conectada a la rueda dentada que engranaba con la principal de la tahona, y que en el argot molinero se conocía como "rodezno", de ahí que a la zona se la hubiera bautizado ya con el nombre de "El Rodezno".

 

Efectivamente, la luz eléctrica llegó a Ubrique en 1893, de la mano del ingeniero francés Jean Pierre Prouvat de Guéry, que había firmado un contrato el año anterior con el alcalde constitucional de Ubrique (en 1892 el alcalde de Ubrique era Juan Chacón Tocón y en 1893 el alcalde era Miguel García Bohórquez).

 

Ubrique fue uno de los primeros municipios de España que disfrutaba de alumbrado público eléctrico de manera autónoma, pues la electricidad era generada por el Molino del Nacimiento, hoy conocido como "Molino del Rodezno y también Molino de Cotrino", apellido de la familia que es propietaria del mismo desde hace más de un siglo.

 

Ubrique, años 20

en primer término, el Rodezno



En la actualidad se está reformando la zona del Rodezno, el próximo jueves tendrá lugar la inauguración de la plaza situada sobre uno de los depósitos de agua, justo por encima de aquel acueducto primitivo.

También se ha limpiado la zona del molino, y, (esta es la primera vez que tenemos la ocasión de utilizar la palabra "serendipia", qué ilusión, aunque mejor utilizaremos el término ubriqueño, "de chiripa") de chiripa, dimos con quienes nos ayudaron a hacer un maravilloso viaje al pasado, a aquellos días en los que tenerías, lavanderas y molineros se afanaban en el Rodezno.

 

Molineros del Rodezno, a la derecha, Antonio Gómez García.

Fotografía de Ubrique en el Recuerdo


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