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domingo, 22 de abril de 2012

Calle Ronda, 28. Una casa de Arte

La calle Ronda desde la sierra 
Fotografía: Manuel Cabello 


Fotografías: Manuel Cabello
Texto:  Esperanza Cabello

Hoy hemos tenido la ocasión de llegar a la calle Ronda de Ubrique, una calle original y entrañable, seguramente en la cuna de nuestro pueblo, una calle encalada y alegre, que estaba, hace muchos, muchos años, a la "salida" de la localidad.
¿Cómo que a la salida? Si la vemos en el casco antiguo, allí, pegada en la sierra. Pues resulta que antes el lugar de salida de la ciudad era por la sierra, nuestro pueblo estaba unido administrativamente a Ronda, nuestra ciudad de referencia, y se subía por los "Pernales" o por el paso de los Carboneros, así se recorrían más rápidamente los 28 kilómetros en línea recta que nos separan.



Calle Ronda, Ubrique

 Y en la calle Ronda, en uno de esos maravillosos y típicos rincones, hay una de las casas más increíbles de nuestro pueblo. Una casa pequeña y humilde que encierra en si misma todo el arte y toda la historia que podamos imaginar.
Nuestro amigo Ramón Flores nos ha abierto sus puertas para que pudiéramos acceder al interior. Se trata de una de las casas más pintadas y fotografiadas del casco antiguo, y además desde hace pocos días es una casa televisiva, porque la han filmado para el programa 75 minutos, y podremos verla en una emisión en los próximos días.




La casa de Antonia Flores Flores
Tía de Ramón



 En el transcurso de los años pocos cambios ha sufrido la casa



Las tres hermanas de Ramón esperaban a nuestro hermano Manolo para enseñarle la casa. Todo han sido atenciones y amabilidad. Entre curiosas y divertidas le han mostrado los escasos metros con los que cuenta la vivienda. Un cuerpo de casa que  hace las veces de distribuidor, una cocina pequeñita en la que no falta ni un detalle a la izquierda, una habitación y un pequeño aseo.
Todo en perfectas condiciones, muy bien arreglado y muy bien conservado. Las tres hermanas le han ido enseñando y comentando la que quizás sea una de las casas más pequeñas y mejor conservadas de nuestro pueblo.


 El interior de la casa
Ríanse de los apartamentos de veinte metros



 Los techos se conservan increíblemente bien
Con vigas de madera, cañizo y yeso



 La habitación, tan pequeña
a la izquierda del cuerpo de casa



 Ramón es muy devoto
Siempre está rodeado de imágenes santas



 La cocina, minúscula, a la derecha



 Esta es la cocina, un lebrillo para fregar sobre la antigua cocina económica
Muchos detalles tradicionales de adorno




 La calle Ronda  guarda el encanto y la belleza de antaño




 La casa de Ramón ha sido pintada en numerosas ocasiones
Es una casa con mucho arte



Ronda, un lugar para soñar, un lugar de Arte

Queremos agradecer encarecidamente a la familia Flores las atenciones y la amabilidad que han tenido con nosotros para la realización de estas fotografías.
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jueves, 22 de marzo de 2012

Calle Toledo, número 15: La casa de la familia Román

La casa de la familia Román en la calle Toledo
Fotografía: Manuel Cabello




Fotografías: Manuel Cabello
Texto: Esperanza Cabello

Nuestro hermano Manuel nos ha traido una serie de fotografía extraordinarias: las de la casa de "los Anillaos", o sea, de la familia Román, conocidos con ese apelativo cariñoso en el pueblo porque su abuelo tenía el cabello muy ensortijado.
La casa tiene más de cien años, Lina nos cuenta que su padre, Juan Román Cordón (primo de nuestro tío Juan Román) trabajaba en las corchas, lugar en el que eran fundamentales los burros y los mulos para entrar en el bosque y cargar el corcho. 
Se trata de una de las últimas casas de Ubrique que conserva todas las características de la arquitectura popular de hace dos siglos. Normalmente el patio y las cuadras estaban al fondo de la casa, por lo que desde la entrada había un pasillo empedrado para que pasaran las caballerías hasta el fondo. El resto de la solería era de ladrillo rojo.





Una solería digna de un museo etnológico
Perfectamente conservada, pintada y lustrosa

Realmente no deben de quedar muchas casas así. Los actuales habitantes de la casa nos han abierto sus puertas cordialmente, y nuestro hermano Manuel ha podido fotografiar algunos de los detalles del entorno, que cuidan y protegen con esmero. La casa en sí es una especie de museo que nos transporta a otros tiempos, hace unas décadas, en los que la vida era más pausada y quizás más difícil, sin tantas comodidades ni tanto derroche.


Objetos cotidianos domésticos del "siglo pasado"
(aunque en realidad hace muy poco tiempo)


En la casa de Lina Román  y de Jesús Gil (fue el pregonero del carnaval de este año) hay un rinconcito dedicado a esos objetos tan cotidianos y conocidos como paneras, cántaras, orzas de leche, enjugadores, botellas forradas de esparto, palanganas, pucheros, arados, jocifadores (aljofifadores en castellano), canastos de varetas...



Para las caballerías

También hay, colgados de las paredes, como entonces, aparejos para los burros y los mulos, tal y como si se hubieran usado ayer mismo, limpios y decorando la estancia.




Los aparejos colgados
cinchas, cabestros, sogas...
¡Qué pena de vocabulario en vías de extinción!


El jocifador

Es muy difícil pensar en la manera de limpiar de hace unas décadas: el jabón verde, el cubo de cinc, el agua de la pila de la Plaza, la "jocifa"... y esa mujer arrodillada en el "jocifador" de madera dejándose las manos en el suelo para quitar el barro de los burros que acababan de entrar al patio. ¡Parece mentira, qué esfuerzo!





 No faltan detalles tradicionales en casa de Lina y Jesús


En cada rincón hay un detalle que nos recuerda a otras épocas: el almirez, el inciensiario, los candiles, las cazuelas de metal, el cubo de zinc, los cucharros de corcho, los cencerros, las campanitas, el banquete de corcho, las miniaturas talladas... Un auténtico lujo!!!



Nota del 22 de marzo: Habíamos preparado esta entrada para la semana de carnaval, así que las fotografías siguientes eran perfectamente apropiadas para la época. 
Como la salud de nuestra madre se vio resentida no pudimos publicarla en su momento, y, aunque ahora pudiera parecer un poco tarde, no queremos dejar de enseñarles el detalle que nuestro hermano Manuel captó en el momento...



 El traje del Pregonero del Carnaval de Ubrique 2012


Jesús Gil, carnavalero de pro, participante activo en los carnavales desde siempre, y que es además tío de nuestros sobrinos, ha sido el pregonero del Carnaval de este año en Ubrique. En este enlace podemos verlo vestido para la ocasión.


Con su San Antonio y su máscara


Queremos agradecer especialmente a Lina Román y a Jesús Gil la amabilidad que han tenido con nosotros mostrándonos su casa, esta maravilla de casa ubriqueña con solera y originalidad. La casa de "los Anillaos" testigo de tantos años de trabajo y buen hacer con las caballerías en nuestro pueblo.


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jueves, 2 de febrero de 2012

Aquella espantosa guerra civil



Por Esperanza Cabello

No es un tema de que nos guste hablar mucho, nos da mucha tristeza y nos recuerda lo crueles y violentos que pueden ser los hombres cuando pierden la humanidad. Pero queríamos hablar, siempre con tacto y mesura, con nuestra tía Isabel Álvarez de la guerra. Más que de la guerra, del último alcalde republicano de Ubrique, Manuel Arenas, porque habíamos hablado del libro Vida y muerte de los alcaldes republicanos del Frente Popular, que se presentará el día ocho de febrero en la Biblioteca Provincial de Cádiz y queríamos que Isabel nos contara su visión de su vecino alcalde (vivía, como ella, en la calle Botica).
Realmente, aunque fuera su vecino, ella no lo conoció mucho, nos contó que había llegado de América, que había comprado el molino de la Esperanza (que a partir de entonces se conocería como el "del Americano", que su mujer era extranjera y que tenían un hijo.
Nos dijo que lo mataron en la guerra y que poco después la mujer y el hijo desaparecieron para siempre y que no conocía a nadie de su familia...
Pero entonces, y aunque ella normalmente no habla mucho de eso, empezó a contarnos historias de aquellos momentos tan difíciles. Algunas, como la de la cárcel de Cortes, no podríamos ni contarlas por la crueldad que tenía. Pero las de nuestra familia, a estas alturas, nos parecieron curiosas.
Por lo visto hubo algunos parientes que estuvieron en la cárcel antes, durante y después de la guerra, eso significa que en la misma familia los había de toda condición y pensamiento.

Nuestro abuelo Paco estuvo un par de semanas encarcelado antes del golpe de estado, dice Isabel que "por beato", nuestro tío Miguel bastante después "por comunista" y nuestro abuelo Leandro durante tres años "porque lo denunciaron" (es increíble cómo buenas personas pueden ser encarceladas por cualquier cosa). El caso es que, sea como fuera, la guerra hirió también a nuestra familia. Nuestra madre cuenta que nuestra bisabuela Pepa se llevó un susto tan grande cuando los sublevados entraron en Ubrique asaltando, robando, rompiendo y avasallando que no se recuperó nunca del todo, y murió poco después.
Isabel nos contó cómo había tiroteos constantes y tenían  que ir a por agua a la plaza, porque en las casas no había. Ella era joven y valiente e iba cada día a por agua con su cántaro, notando cómo las balas silbaban alrededor mientras atravesaba la Plaza. 
Por lo visto los de la falange habían puesto su cuartel general en la "posá" (justo donde se ve un toldo de rayas blancas y rojas en la foto). Cuando llegaron los sublevados liberaron a la treintena de hombres que había en los calabozos municipales (entre ellos nuestro abuelo Paco), pero Salcedo, uno de los falangistas, perdió la cabeza y empezó a dispararles, matando a siete de los liberados.
Al día siguiente un pelotón de fusilamiento se formó en la plaza, pusieron a Salcedo entre la fuente y el ayuntamiento y lo fusilaron.


Callejuela de la Cárcel (calle Consistorio), años sesenta
Aqui estaba el calabozo municipal



También nos contó que fueron unos días muy difíciles. Primero pasaron las tropas sublevadas, robando y dando después algunas cosas de las robadas (a nuestras tías las Piñeritas las desvalijaron y les robaron todo en la tienda) a los niños y a las muchachas (siempre recordaremos a Candelaria Chacón Quero, la zapatera, que fue capaz de hacer frente a esos bestias y gritarles que a los niños no se les daba vino, sino libros -por cierto, la casualidad ha querido que habláramos sobre ella el dos de febrero, día de la Candelaria, su onomástica-) después pasó el avión de guerra amenazando con bombardear el pueblo si no se cubrían las azoteas con sábanas blancas como símbolo de rendición, y tristemente hubo muchas escaramuzas, muchas detenciones, muchas muertes...
Deseamos, como Isabel y como todos, que nunca se repitan esas atrocidades...



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sábado, 5 de marzo de 2011

El Garciago: Vestigios Andalusíes en la Sierra de Cádiz

El Garciago
Asentamiento Nazarí

Fotografías: Manuel Cabello Izquierdo
Texto: Esperanza Cabello

Hace muchísimos años nuestro padre nos llevó un día (como tantos otros) de excursión: Íbamos al Garciago. Nos dijo que era un poblado nazarí, de cuando los árabes vivían en nuestra sierra.
Se trataba de una excursión familiar: los padres y los cinco hijos, y llevábamos la merienda. Llegamos andando a los Veinte Pilares, allí nos comimos nuestro pan con chocolate con un poquito de agua de la fuente y empezamos nuestro camino hasta el poblado. Estuvimos andando un buen rato, y llegamos, por fin, al pie del poblado, y después tuvimos que subir un poco. Allí había todo tipo de restos, aunque muy insignificantes: un trocito de vidrio, un poquito de cerámica, algún resto de hierro y poco más. 
Recuerdo que recogí y guardé un trocito de barro, resto de un lebrillo o de una tinaja, y aún sigue guardado en una cajita.



El Garciago desde las alturas



La excursión al Garciago debió de calar muy hondo en todos los hermanos, porque hemos vuelto allí muchas veces y, casualmente, los cuatro mayores hemos estado en las últimas semanas.
Manolo decidió el Día de Andalucía.que era una buena idea ir a visitar el poblado nazarí del Garciago, y estuvo buscando restos de aquella población.




Subiendo al Garciago desde la Merga
Impresionante vista de Ubrique



Empezó el camino de forma poco habitual... ¡¡¡por el Aljibe y por la Merga!!! Es una bonita manera de ver la Sierra en todo su esplendor. De esa forma tuvo la oportunidad de ver obras de arte de la naturaleza, formaciones rocosas, árboles singulares, pasos imposibles...



 Espeleotemas (sal de moro) del Salto del Pollo





Y también obras de artesanía, realizadas por unas manos habituadas al trabajo, nos referimos a los pilones de la sierra. Por lo visto la costumbre era que el dueño de la tierra arrendaba la hierba a un colono, que se obligaba a hacer un pilón tallado cada año en forma de pago, podemos ver muchos de estos pilones en los paseos por nuestra sierra, quizás estaría bien organizar un itinerario de pilón a pilón. Existe una gran cantidad de ellos (casi un centenar) en Sierra Alta y en Sierra Baja.



Pilón tallado a mano en la roca caliza


El paseo hasta el Garciago permite también ver vestigios de todos los que han poblado y trabajado en nuestra sierra desde siempre. Por ejemplo, es muy habitual encontrar llanos de carboneros, llanos en los que se fabricaba el cisco y el picón quemando lentiscos y ramas secas, en los que aún hoy día se pueden ver los restos de cenizas.



 Llano de carboneros con el suelo ennegrecido






 Un montón de ramas preparadas
para hacer una "piconá"



Prosiguiendo su camino por el Salto del Pollo, Manolo llegó a Garciago por su parte superior. Es muy impresionante encontrarse allí arriba, tan cerca de los buitres que viven en la zona tan tranquilos, y con un panorama absolutamente envidiable.
 Hay muchísimos buitres en el Garciago
No era cuestión de seguir por arriba, así que fue descendiendo poco a poco, hasta que llegó a la zona que, supuestamente, estuvo más poblada,  aunque lamentablemente no queda casi nada, porque el poblado fue destruido a finales del siglo XV (parece que en 1472) por don Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, y sus habitantes se fueron a Ubrique.

 Restos de construcciones


Pero si se sigue buscando en la zona, se pueden encontrar multitud de restos constructivos, suponemos que sobre la base de las construcciones primitivas otras civilizaciones más actuales habrán ido construyendo sus casas.
Trozos de muros
Lo que es seguro es que los primitivos pobladores del Garciago utilizaron rocas areniscas traídas de la zona de los Gamonales (muy próxima) y las fueron mezclando con las rocas calizas del Garciago. Así encontramos paredes de piedra en las que se ven perfectamente los dos tipos de rocas:


 Construcciones con rocas areniscas y calizas
Del Garciago ya habló el Padre Sebastián de Ubrique en su "Historia de la villa de Ubrique" y nos explicó cómo sus habitantes se habían refugiado en Ubrique. También nuestro padre en su libro "Ubrique, encrucijada histórica" habla del poblado árabe, explicando que fue destruido a finales del siglo XV.
También se pueden encontrar algunos datos sobre el poblado en el libro publicado con motivo del Centenario del Señorío de las Siete Villas en 2002 por la Fundación de las Siete Villas y coordinado por Fernando Sígler y Juan Carrasco. En septiembre de 2009 el historiador Alejandro Pérez Ordóñez publicó "Sierra de Cádiz Andalusí", y también en este libro podemos leer algunos datos sobre el saqueo de la qarya del Garciago (qarya es una palabra árabe que significa "lugar poblado").
Pero el caso es que el Garciago tiene, a buen seguro, una historia por contar, y sería fabuloso que se hiciera un estudio arqueológico de una de las  zonas más privilegiadas de nuestro entorno.
Ojalá que las fotografías de estos muros tomadas por Manuel inciten a los profesionales al estudio serio de la zona.


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lunes, 25 de enero de 2010

Ubrique, recuperando y protegiendo nuestro patrimonio.

Familia Janeiro Rubiales
Casilla de peones camineros a la salida de Ubrique Años 20



En los últimos años de han demolido dos edificios cuya pérdida hemos lamentado profundamente; la auténtica Plaza de Toros de Ubrique, a la que hemos aludido en tantas ocasiones y sobre la que han escrito los historiadores ubriqueños, perdida para siempre por intereses económicos y un "estúpido montón de dinero".
El otro edificio era más sencillo, y no oímos que nadie llorara, excepto una pequeña que debe de llevar en los genes el afán de proteger nuestro patrimonio que tenía su abuelo, Manuel Cabello (estábamos las dos muy enfadadas ¿verdad, Esperanza? Es que no es normal que se destruya el patrimonio de esa mala manera.).
Era la sencilla y preciosa Casilla de Peones Camineros de la salida de Ubrique. No la de la fotografía, que esa era más antigua y se fue cayendo con el paso del tiempo, sino la que estaba donde ahora luce una "preciosa" gasolinera y se levanta un "bello" supermercado, llenos los dos de historia.
Construida en los años 20 en un alarde de modernismo, la casilla de peones camineros era un hito a la entrada de Ubrique.
Al empezar a construir los polígonos nuevos, esos que se entremezclan con las viviendas de la Vega, y que son una maraña de mini-calles , parecía que iban a respetar la casita.
Nos constaba que había varios proyectos para su reutilización y el edificio era valioso en sí, no sólo como muestra de la arquitectura ubriqueña de principios del siglo pasado, sino por los magníficos azulejos de Triana y las tejas esmaltadas que lo decoraban, además de las dos hornacinas pintadas a mano. La verdad es que confiábamos en que iban a proteger esta obra de arte.



La Fuente de San Francisco, entrada a Ubrique
Trabajos de reorganización urbanística, 1991
Foto de Manuel Cabello


Nuestro padre había presentado al Ayuntamiento el 1991, fecha en que se empezó a organizar la zona de la carretera de Cortes desde el punto de vista urbanístico, un escrito proponiendo que se utilizara esa casa como Oficina Municipal de Turismo, y se aprovechara su amplitud para exponer una muestra de artículos de piel antiguos, que hablaran de nuestra historia y nuestras habilidades artesanas.
Más tarde otros colectivos presentaron diferentes proyectos para su reutilización, ya en el siglo actual.
Así que nos quedamos desolados cuando una tarde, en nuestro habitual paseo hacia la Vega, comprobamos con horror y estupefacción que la habían demolido. No quedaba nada. Nuestra hija pequeña no se lo podía creer "Mamá, la han tirado, enterita, no nos han dejado nada".
Recorrimos las ruinas y recuperamos varios trocitos de azulejos, que guardamos aún, unas cuantas plantas de lirios, que plantamos en nuestro campo, y varias piedras de Tarifa, de las talladas a mano. Eso fue todo lo que quedó de la Casilla de Peones Camineros de Ubrique.
Quizás a quien se enriqueciera con esta destrucción le valiera la pena.

Nuestro padre no se habría estado callado, él pensaba que nuestro patrimonio era sagrado, desde lo más mínimo hasta los grandes edificios, todo merecía la pena, son retazos de nuestra historia y hay que cuidarlos.



Los Nueve Caños, años 60

Cuando alguien nos visitaba hacía de orgulloso guía improvisado de nuestro pueblo, y se vanagloriaba de las fuentes, las plazas, los azulejos, los monumentos. Hacía escritos a todas las autoridades para que el Convento, el San Juan y el San Pedro fueran restaurados y recuperados (hoy estaría muy contento). Intentó por todos los medios que en el Rodezno se recuperara una tenería y un molino. Recogemos el testigo para recordar a nuestros mandatarios que tienen un deber con todo el pueblo y tienen que mantener y conservar nuestro patrimonio cultural por encima de tantos intereses económicos. Cuando la recuperación era fácil, la hacía con sus propias manos, así restauró la Cruz del Puerto, en la carretera de Benaocaz, el Vía Crucis del Calvario y el Vía Crucis del padre Buenaventura. La Cruz del Puerto la robaron hace muchos años unos desalmados, y los dos Vía Crucis vuelven a estar desaparecidos.



Vía Crucis del Padre Buenaventura de Ubrique
Placas recordando su restauración en 1978

Foto: Manuel Cabello


Cuando la recuperación era fácil, la hacía con sus propias manos, así restauró la Cruz del Puerto, en la carretera de Benaocaz, el Vía Crucis del Calvario y el Vía Crucis del padre Buenaventura.
La Cruz del Puerto la robaron hace muchos años unos desalmados, y los dos Vía Crucis vuelven a estar desaparecidos.
Restauración del Vía Crucis del Calvario Publicado en el libro "Ubrique, encrucijada histórica" Foto: Manuel Cabello


Otro de sus lugares preferidos era el "Puente Romano" del Naranjal. No se trata en realidad de un puente romano, puede que sea medieval o incluso posterior (forma parte de la Calzada que va a Jimena), pero los niños lo llamábamos así, y cuando en las tarde de paseo o en los días de paella en la Vega pasábamos por la zona, siempre cruzábamos por nuestro "Puente Romano"
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Puente "romano" de la calzada de Jimena
Conocido como "Puente la Manga"
Foto: Luis Eduardo Rubio Bernal, enero 2010

Nuestro padre sentía especial interés por este puente, lo mismo le pasaba con el puente de Carlos III, pensaba que eran dos obras de arte y como tal había que protegerlas.



Puente de Carlos III
Litografía de principios de siglo
(Cortesía de Los Callejones)

El "puente de Carlos III" estuvieron a punto de demolerlo, porque alguien pensó en un momento dado que era el causante de las inundaciones en la zona baja del pueblo. Afortunadamente todo el mundo estuvo de acuerdo y no corrió la misma suerte que su vecina (la Plaza de Toros). Hoy lo conservamos orgullosos y podemos seguir cruzándolo.

Puente "romano" de la Calzada de Jimena
Foto: Luis Eduardo Rubio Bernal, enero 2010

Y nuestro "puente romano" ahí sigue, solito en medio de la crecida descontrolada del río. Ha soportado este invierno los embates del trasvase, y ha aguantado él solito, con sus años y su vejez, toda la fuerza del agua embravecida.
¿No es eso suficiente muestra para que hagamos algo por él?
Quizás en unos años haya desaparecido, y con él un trocito de nuestra historia.
No debemos esperar a entonces para lamentarnos. Desde aquí hacemos un llamamiento a quien corresponda para que tome cartas en el asunto y cuando reparen los caminos de la Vega reparen y protejan nuestro "puente romano", quizás separándolo un poco de la corriente, para que así pueda conservarse y nuestros nietos no hayan perdido aún más su patrimonio.


Esperanza Cabello Izquierdo, enero 2010
 
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viernes, 16 de octubre de 2009

El Rancho Janeiro


El Rancho Janeiro, octubre 2009
Fotografía: Leandro Cabello


Ayer recibíamos un recorte de prensa en el que la noticia era el gordo de la lotería de Madrid, que había caído en Ubrique, donde un señor, llamado Manuel Janeiro, había comprado dos décimos del número 6.032, el premiado.
Esa historia era de 1909. Nuestro bisabuelo aprovechó bien el dinero: pagó la Plaza de toros, compró un rancho y se dedicó a ayudar a quien lo necesitaba.
El rancho, que se llamó Rancho Janeiro, fue propiedad de la familia muchos años, allí hicieron nuestros abuelos el viaje de novios y allí disfrutaron de la naturaleza un par de generaciones de "Janeiros".
Nuestro hermano Leandro ha hecho un reportaje de la finca. ¡Qué pena! Con sus cien años a las espaldas, la casa no aguanta más. Preciosa en tiempos, se nota que fue diseñada para las tareas agrícolas. Aún se pueden ver piedras de molino, pilones para el ganado, el horno...


Vamos a comprar lotería del número 6.032, y si nos toca quizás podríamos rehabilitar la casa y devolverle la lozanía perdida...








Todas las fotografías de esta entrada han sido realizadas por
Leandro Cabello en octubre de 2009