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miércoles, 19 de febrero de 2025

Cómo hacer vestidos para la muñeca Nancy ¿Y si le hiciéramos un vestidito de punto?

 

Nancy, imagen de Todocolección (en este enlace)

 

Por Esperanza Cabello

Tenemos guardadas, desde hace muchos años, las instrucciones que nuestra tía Remedios escribió para hacer un trajecito a una Nancy. 

Aquellas muñecas hicieron furor en la época y, aunque creemos que nuestra hermana Natalia tuvo alguna, hace tiempo que no vemos ninguna, así que hemos tenido que ir a pedir prestada una imagen de aquella muñeca mítica a una página de segunda mano (en este enlace) ¡No veas el precio de una muñeca original! 

Parece un tesoro, y también es un tesoro esta hojilla de instrucciones, primorosamente escritas con esa letra redondilla, que podemos seguir para hacer un trajecito a nuestra muñeca.

 


 

Traje de Nancy

 

35 puntos para la cintura

En la cuarta vuelta crecer en el punto trece dejando nueve puntos en medio y volviendo a crecer al punto número diez del centro.

En la sexta vuelta crecer al punto quince dejando siete puntos en el centro.

En la octava vuelta crecer al punto dieciséis dejando siete puntos en el centro.

En la décima vuelta crecer al punto diecisiete dejando siete puntos en el centro.

Después dos puntos sin crecidos.

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Imaginamos que estas instrucciones continuarían de alguna manera, no lo hemos intentado y no sabemos dónde nos llevarían esos puntos, hoy en día seguro que en alguna página hay algún "sencillo video-tutorial" que nos muestra cómo hacer cualquier tipo de manualidad...

¡Ay si ellas hubieran vivido en esta época! Tendrían aceptación plena con aquellas manos de costureras de las buenas.💜💜💜💜💜

jueves, 11 de noviembre de 2021

Secando las pipas de calabaza al sol


 

 

Por Esperanza Cabello

 

Hace muchos, muchos años, en una azotea no muy lejos de aquí, un montón de niños ilusionados y contentos esperaban, con paciencia, a que las pipas de melón o de calabaza se secaran para después repartirlas y comérselas.

Y no es que esos niños pasaran hambre, no era ese el caso, sino que en aquella época no se desperdiciaba nada. Es más, en aquella casa de más de quince personas apenas había basura.

Los vidrios se guardaban de una vez para otra, se consideraban tan valiosos que cuando algo de vidrio se caía se "quebraba". "Cuidado con la taza, no se vaya a quebrar", decía nuestra abuela. Y cuando ya no tenía remedio la rotura, los vidrios, machacados, servían para la construcción.

 El hierro se utilizaba una y otra vez, para eso estaban los buenos herreros, las puntillas se guardaban, los clavos también. Todo era útil y se reutilizaba. Si alguna vez había una lata de conservas, se utilizaba como maceta. El papel servía para encender la chimenea, incluso en algunas casas se utilizaban los periódicos como papel del baño. En algunas ferreterías nos daban unas monedas por los montones de revistas o periódicos, que después se utilizaban para envolver.  Y nosotros guardábamos el papel de celofán de colores de los caramelos para las manualidades. Hasta el papel de plata del chocolate se usaba para encender la copa.

Y en la cocina no había basura. Todo se aprovechaba. Los cascarones de huevo y la zurrapa del café para abonar las macetas, las cáscaras de fruta y los restos de verdura o comida se echaban en un cubo de zinc que diariamente venía a recoger la buena de Isabel, la Malagueña, para dar de comer a los cerdos.

Con el aceite y la grasa sobrantes se hacía jabón, con los trocitos de tela que quedaban después de cortar un vestido o una camisa se confeccionaban trapos de cocina, con las yemas de huevo acumuladas (porque las claras se usaban para limpiar las pieles) nuestra abuela hacía flanes y hasta la nata que se quedaba sobre la leche cuando se hervía se utilizaba para el arroz con leche.

Por aprovechar usábamos los platillos de las cervezas para jugar al cuadro, o para, aplastados, colocarlos en la guita de los trompos. Tampoco se tiraban los tapones de corcho de las botellas, porque eran muy útiles en la casa, pero también los usábamos, como los carretes de hilo, para simular tacones en los zapatos y jugar. Incluso jugábamos a las tabas con algunos huesos de cabra bien limpitos, o hacíamos silbatos haciendo un agujero a los huesos de los amascos.

En aquellos días tan lejanos, había muchas ocasiones de golosinas para los niños, una de ellas era cuando se hacían piruletas calentando azúcar con un poquito de agua y dejando enfriar el dulce sobre el mármol de la cocina, sobre un palillo de dientes. Y otra, muy festejada, era cuando se abría un melón o una calabaza.

Las pipas se dejaban aparte, se enjuagaban bien, sobre un colador, teniendo mucho cuidado de quitar toda la pulpa, y después las poníamos a secar sobre un papel de estraza con un poquito de sal al sol en la azotea.

Las dos o tres horas en las que teníamos que esperar a que se secaran bien a veces se hacían interminables, pero había que echar paciencia y seguir esperando. Después era muy entretenido comer aquellas semillas tan chicas, aunque las pipas "Los Curro" eran las mejores.

Esta tarde, cuando estén bien secas, podremos recordar aquellos sabores de la infancia.



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sábado, 18 de septiembre de 2021

Jugando al esconder

 

Fotografía de Leandro Cabello

La familia en Los Alcornocales

 

 

Por Esperanza Cabello

 

El verano está siendo muy fecundo en idas y venidas por nuestra sierra, haciendo excursiones familiares a diestro y siniestro y recorriendo muchos de los lugares que de pequeños recorríamos con nuestros padres.

Reflexionando un poco llegamos a la conclusión de que somos muy afortunados, tuvimos la gran fortuna de pertenecer a una estupenda familia numerosa en la que, con sus más y sus menos, cada uno tenía su sitio y nuestros padres supieron generar en nosotros valores  inimaginables y recuerdos felices "a tutiplén", como se decía antes. (Esta locución debe de venir de la época de la invasión de los franceses ¿no! "tout est plein" todo está lleno).

Y además de esa felicidad y esos recuerdos impagables, recorrimos, como casi ningún otro niño, todos los lugares icónicos de nuestro entorno, sabiendo dónde estában los dólmenes, dónde las inscripciones, dónde los "templos primitivos", o los límites de la frontera nazarí, o los esbozos de escultura, o las antiguas "mezquitas". Y todo eso además jugando.

 



Pues este verano hemos recorrido algunos de esos lugares y hemos revivido algunos de esos recuerdos, y, como cuado éramos niños, hemos jugado "al esconder" (que en Ubrique no se dice "al escondite") y hemos aprovechado los alcornoques de nuestro bendito alcornocal para jugar un poco como cuando de chicos nos escondíamos a medias, pensando que nadie podía vernos.

Nuestro hermano Leandro ha hecho estas preciosas fotos, recordando también alguna en blanco y negro que guardamos por ahí en la que hay un puñado de niños alrededor de unos alcornoques ¿o eran olivos? bajo la mirada atenta de unos padres felices y sonrientes.

¡Buen recuerdo!

 

 

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domingo, 8 de agosto de 2021

El antiguo futbolín restaurado de Efrén Pamies

 

 

El futbolín de doña "Conchica" antes de su restauración


Por Esperanza Cabello


Nuestro trabajo en el blog hace que tengamos frecuentemente sorpresas y alegrías, casi siempre con personas allegadas o incluso desconocidas que tienen intereses y valores similares a los nuestros.

Hace unos días un chaval de Bigastro, un bonito pueblo de Alicante (en este enlace), nos envió un mensaje interesándose por aquel futbolín de Villaluenga que  fue la imagen de una de las entadas del blog en 2012 y que ilustró una de las primeras entradas de 2007.

Se trataba de un futbolín de la casa Escardibul, de Barcelona, de 1953, que había sido deshechado en Villaluenga en 2012 y en el que a buen seguro habían jugado muchas generaciones de payoyos y ubriqueños. En este enlace podemos ver la entada.

Pues bien, este joven de Bigastro, que se llama Efrén Pamiés, recuperó un futbolín similar de la antigua y primera casa de recreativos que tuvo Bigastro, "Casa doña Conchita".

 


 

Nos ha impresionado la sensibilidad de Efrén y el cariño que ha puesto en recuperar y proteger recuerdos del pasado de su pueblo. Este video, que no puede dejarnos indiferentes de ninguna manera a quienes conocimos tiempos diferentes, recoge el estado de la casa de recreativos justo antes de su demolición.

Nos ha recordado cuando en Ubrique demolieron la esquina de "Aguailla", aunque en aquella ocasión nadie pudo tomar imágenes del interior del edificio.

Efrén nos ha contado la historia de doña Conchica:


"Concha Guillo fue una señora que en su casa montó un establecimiento en los años 50 con varios futbolines (3), una mesa de pimpón, un billar y posteriormente en los años 80 algunas maquinas de vídeo juegos y pinball. Detrás de un antiguo mostrador vendía todo tipo de chuches y golosinas de la época, helados artesanales y caseros, juguetes, tabacos, etc y estuvo en el negocio por muchísimos años. Previamente regentó una heladería hasta los años 50. 

Muchas generaciones de niños, adolescentes y mayores pasaron por su casa y muchos recuerdos nos quedaron en la memoria para siempre. Era una señora buena pero con carácter porque los críos ya sabemos como hemos sido y siempre con las travesuras al acecho. 

Esta mujer falleció una noche del año 2000, concretamente un 13 de enero, contando la edad de 81 años y hasta su último día de vida todavía estuvo activa en su negocio, aunque ya no dormia en esa casa y dormía en casa de sus hijos porque ya era mayor para estar sola. La casa se cerró al día siguiente de su muerte y nunca más se abrieron sus puertas hasta el día de la demolición de la vivienda el 9 de febrero del 2021. 

Tuve el privilegio de poder entrar y ver los recuerdos que quedaron en ese lugar y con el permiso del nuevo dueño, que me ofreció quedarme con lo que quisiera y poder salvar algún objeto para que no quedara todo en el olvido. Rescaté uno de los tres futbolines que estaban ya muy deteriorados, pero era uno de los objetos más representativo del lugar. No era un futbolín antiguo cualquiera, era un emblema histórico para todos los vecinos del pueblo de Bigastro y que no podía perderse. Había que intentarlo y con un poco de dedicación y sentimientos encontrados, pude darle nuevamente esa belleza que en algún momento tuvo, allá por la decada de los años 50".

Y, efectivamente, Efrén ha conseguido su propósito, ha restaurado al detalle el futbolín de doña Concha para recuerdo de todos los habitantes de Bigastro. Nosotros no sabemos bien qué habrá sido del futbolín de los cincuenta de Villaluenga, esperamos que siga en buenas manos y que algún día una persona paciente, mañosa, concienciada y empática, como Efrén, lo deje "níquel" para las generaciones venideras.

 

En este segundo video podemos ver cómo funciona incluso el monedero, hacen falta dos pesetas para poder jugar. ¡Es mágico!

 

 


 

Efrén nos ha enviado un buen montón de fotografías del proceso de restauración del futbolín de la casa Escardibul y pensamos que es una buena idea compartirlas todas por si alguno de nuestros lectores se anima a recuperar un trocito del pasado.

¡Enhorabuena, Efrén, ha sido un trabajo formidable, nos ha encantado ver este magnífico resultado y te agradecemos que hayas compartido con nosotros esta bonita historia!
























































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