Archivo Histórico Provincial de Granada
Texto completo en español normalizado escrito por Esperanza Cabello
ANTIGÜEDADES DE UBRIQUE DESCUBIERTAS POR EL SEÑOR DON JUAN
BEGASO EN EL AÑO DE 1792 Y SIGUIENTES.
Juan Marín Reyna
J.M.R. Ubrique octubre 17/1808
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Copia del manuscrito que me ha facilitado, sobre las
antigüedades del Benafi Alto, a media legua de esta villa, el señor don Juan
Begaso, dueño de aquella posesión.
Año de 1792, en 12 de noviembre, compré a Nicolás de Gálvez y a su hermano Ignacio de
Gálvez y Calvo, en cantidad de 3221 reales, las tierras de Benafis el alto, que
habían heredado de doña Isabel de Flores. La compra la hice movido de
curiosidad, por verse allí algunos vestigios de obras antiguas que en parte se
descubrían.
Observé que a la subida de la montaña
estaba una casa pequeña bovedada: a la entrada se ven paredes, como de haber
tenido pórtico, uniéndose estas paredes a la casa anterior: la puerta es
arqueada; la altura total de esta bóveda es como de 7 varas, hecha de argamasa,
y la fachada de cantería. Hay varios nichos pequeños de media vara de altura y
centro, y una tercia de ancho; a la entrada uno a cada lado contra la puerta. Un
poco más adentro hay dos a cada lado, de la misma figura y medidas que los
anteriores, con la diferencia que estos nichos tienen una losa que los divide.
En el comedio hay dos nichos grandes de dos varas y cuarta de alto, dos de
largo y una y media de ancho. Un poco más adentro están otros dos nichos
iguales, pequeños, con la separación de la losa, y al frente están otros dos,
cada uno en su lado, como los primeros; y en medio está otro nicho grande,
frente de la puerta y sin la altura, anchura ni fondo que los dos anteriores,
solo demuestra como repisa en su altura. Circunda esta obra una moldura de
piedra, labrada en su comedio, y desde cerca de esta moldura hasta el techo en
el testero de enfrente se ven cuatro gradas como de vara de anchura: su techo
es ovalado de argamasa. Esta casa es llamada por los naturales Mesquita.
Yo la llamo Baño, porque habiéndola desocupado del destrozo que la gente y el
tiempo han hecho vi en su centro cuatro gradas que descienden para abajo,
cuadradas, ocupando la mayor parte del centro de esta casa, y rematando como
estanque en forma de limón, con 1 ½ varas de hondo, circundando ese hoyo las
anteriores gradas.
Subí la montaña y se descubre una
fuerte muralla de cantos labrados, cortando todo el frente de la haza. Entré
por ella y como a las 8 varas vi cuadros de casas, paredes, argamasas, pedazos
de tejas romanas y en fin vestigios de población y fortaleza capaz, en ese
sitio alto, alegre y vistoso por descubrirse multitud de tierras y montañas
escarpadas, que hay en esas inmediaciones. Se ve el castillo de Cardela, el de
Armara (sic), el peñón de San Cristóbal, villa de Benaocaz,
peñón del Berrueco. También en ese peñón se descubren vestigios de romanos:
tiene una mina en su centro y casi está hueco, por la puerta apenas puede
entrar uno, se ven adentro como salas y varias cuevas.
En fin, se descubre de la eminencia
del Benafis esta villa de Ubrique y el convento de Padres Capuchinos que está a
su entrada y allí en lo más hondo de la sierra hay un nacimiento copiosísimo y
de agua sumamente sabrosa y delicada. Se ven otros nacimientos, montes y prados
donde la vista divertida descansa de la molestia de la subida.
En este año por san Andrés empecé a
poner árboles frutales: en los hoyos se encontraban cantos, ladrillos, pedazos
de platos, de cristales, huesos y demás que se encuentran en poblaciones
destruidas.
En el año de 1793 pensé poner viña
para con los hoyos,
cavas y labores correspondientes poder descubrir lo que debajo de tierra pudiera haber. En efecto
próximo a la entrada descubrí cuadros de casas no muy grandes: un poco más
arriba a la izquierda un cuadro de 2 varas y en cada esquina una columna de
ladrillo y el centro lleno de argamasa fina. En ese sitio estaba una estatua
con el casco de Proserpina de medio cuerpo y sin cabeza, con el ropaje airoso,
de la cintura le salen dos áspides hasta el pecho, en él tiene un rostro que le
rodean otros dos áspides, las orejas parecen dos alas de pájaro, y en la cabeza
salen otros dos áspides rematando esta figura en el extremo del pecho: en donde
correspondía tener la cabeza tiene un hoyo de cuatro dedos de hondo algo
labrado, le falta algo de su hombro y donde demuestra el brazo izquierdo tiene
un perno de hierro embutido donde quizás tendría alguna tarjeta, que no se ha
encontrado.
Cerca de ese sitio, a las 8 varas
está una pared de 8 varas de largo y dos de alto: procuré ver este cuadro y
descubrí ser un aljibe y lo restante de la demás obra era una casa. Contra esta
obra baja del cerro una escalera de cantería: como a las 8 varas baja otra
escalera, formada en las mismas piedras del cerro. Toda esta parte de sierra
estuvo poblada de casas por los cimientos y paredes que se manifiestan. En lo
más alto descubrí un grande aljibe de hondo 6 varas, 4 de largo y una y media
de ancho.
En el año de 1794 seguí mis tareas en
un llano frente a la entrada, como de 100 varas, poniendo vides y encontré
tejas romanas y demás fragmentos, un aljibe, un caño fortísimo cubierto de
losas, tinajillas, porrones, pedazos de columnas, basas, capiteles de piedra
basta bien labrados y algunas monedas: a corta distancia se descubre un horno
hundido, por verse el principio abovedado, y los ladrillos quemados, y paredes
próximas de cantería, y procurando desenvolver este terreno encuentro monedas,
plomo, hierro y metales, todo de poco valor, hasta que cansado de tanto gasto,
lo dejé, aunque mi deseo era excavar todo el terreno de esta tierra para dar
alguna noticia a la nación.
Próximo a uno y otro lado del horno
que figuro, hay dos grandes majanos de cantos y piedras y advirtiendo a la mano
derecha entre las piedras verse la tierra negra quemada y en esta, mocos de
herrero con abundancia, hierrecillos como si en otro tiempo hubiese habido
fragua.
Vuelvo a porfiar con nuevos gastos y
reparo que 11 hombres que trabajaban acudían con afán a recoger monedas, de que
algunos llenaron las faltriqueras. Recogí algunas y me costó el gratificarles
por conservar las bellas figuras que demostraban, y por su antigüedad. En ese
sitio me persuado había fundición, por encontrarse moneda por acuñar,
pedazos de metal, cobre, plomo, hierro, acero, escorias condensadas del fuego,
un garfio de metal, muchas pesas de hierro de a cuarta, pedazos de calderas,
varios trozos de cuchillos u otros instrumentos cortantes: todo corroído del
tiempo.
Hay cerca otro majano de mucha piedra
y, aunque quité parte de ella, viendo tanto gasto seguí más al centro del llano
y se encuentran cuadros de casas todo de cantería, que para cada hoyo de vid se
necesitaban barras, escardillones y armaina,
estando las casas tan unidas que todo este sitio era un escollo para los
trabajadores y pérdida para mí. Sin embargo, deseoso de descubrir alguna cosa
notable, continúo y doy en un recinto ovalado de piedras labradas: mandé traer
espuertas y que se profundizara hasta dar en los cimientos. A las 2 varas se
descubre un enlosado de piedras jabalunas
bruñidas, tan unidas que a fuerza de armainas y barras se quebrantó una, para
poder ir moviendo las demás. Cuando a las 8 varas de tierra que se había
meneado con espuertas en dicho llano se descubre una piedra por la espalda de 2
varas de largo y ¾ de ancho, labrada. Junté 14 hombres y con la mayor
delicadeza se fue meneando con palancas, y con arte a fuerza de mucho trabajo
se puso derecha descubriéndosele letreros. Este gran pedestal estaba sobre otra
pieza muy labrada. El pedestal no es de piedra muy sólida. Algunas letras están
corroídas. Al fin se copiará la inscripción.
Siguen sacando losas de ¼ de grueso y
vara en cuadro, otras de uno y medio, otras de dos y otras de dos y medio, y en
fin saqué lo suficiente para mi lagar y mantillo. Inmediata a la pieza anterior
se descubre otro pedestal igual, aunque con letreros distintos. Procuré
conducirlos ambos con bastante trabajo junto al camino, para mayor vista.
Después observé en un hoyo una pieza labrada, que se halló ser un hombre,
tronco sin cabeza, manos ni pies, de alabastro blanco como la leche, con ropaje
en la espalda de piel de león y el pecho labrado. Tuvo la desgracia que al
sacarlo le rompieron parte del hombro y pecho. Demuestra como si hubiese tenido
alguna tarjeta a los pies. Hallé una mano sin dedos.
Los trabajadores conceptuaron que
debajo de esta figura habría algún tesoro o cosa de valor, y así profundizaron
hasta ser preciso hacer escaleras en el hoyo para vaciar con espuertas la
tierra. Solo se encontraron cantos y columnas, unas de a 2 varas y otras en
pedazos, medio capitel de alabastro, un pedazo de moldura de jaspe, pedazos
redondos de alabastro, como de columna, del grueso de un brazo, muchas losas
partidas delgadas de alabastro y de jaspe, y lo principal, un canto de piedra
flexible que apenas se sacó cuando se deshizo. Tenía letras y se percibió decía
liviae. Lo
demás se obscureció. Debajo de este se encontró otro canto lleno de molduras,
infiriéndose estaba el busto sobre estas dos piezas señoreando el sitio, por lo
que consentí sería esto algún templo.
No satisfechos los trabajadores con
lo ya sacado se empeñan en ahondar más, y como a las 3 varas y media, después
de sacar los escombros de esta población encuentran tierra limpia y sin
fragmentos de obra, ni cantos, y como a la vara de más profundidad se vuelven a
encontrar otros nuevos fragmentos de mezclas, cantos, ladrillos, platos
quebrados, cristales y en fin ruinas cuasi evidentes de otra población más
antigua que la descubierta primero.
Como en partes el terreno forma
declive, y en parte llano, no es extraño que con los dilatados siglos que han
pasado haya corrido la tierra, y se haya ocultado esta primitiva población,
bien de cartagineses, fenicios u otros, y así como se ha perdido la memoria de
la población romana, pues parece que ningún autor habla de ella, así y con más
razón se ignorará la primera.
Si se ahondase este terreno, así como
más inmediato a la superficie se han encontrado medallas e inscripciones que
hablan de los emperadores romanos Comodo, Antonino, Adriano, Trajano, Teodosio
y otros, no sería mucho que más profundo se hallasen algunas lápidas o monedas
que diesen alguna luz sobre los primeros habitantes, pero yo he hecho más
gastos de los que podía.
El año de 1795 continué completando
el plantío de viña en todo este llano, y se encontraron distintas paredes de
cimientos de cantería muy sólida, un aljibe o baño en una casa casi redondo,
sus esquinas eran redondas y poco hondo en su medio. Esta casa estaba
enladrillada con ladrillos como de 4 dedos, todos de puntas. Se halló un pedazo
de letrero en piedra jabaluna que parece dice Caesari Adriano dedicatione;
media pilita de mármol, como una taza, más lositas de mármol, medio capitel de
alabastro y un pedazo de moldura de jaspe y de columnas, varios enladrillados
chicos unos de llano y otros de punta: otra casa con figura de flor, por tener
un ladrillo pequeño en medio y cuatro a los lados de forma de diamante.
En fin, donde pensé hacer la casa
para mi habitación costó trabajo limpiar el terreno, descubriéndose una casa
superior por el terreno que ocupa. En una parte formé sobre los muros que
descubrí, y deseoso de ver el plano, admiro la tapicería de piedras que,
formando tableros de damas de diversos colores causaba admiración y recreo a
quien lo miraba: en seguida estaba formada una maceta saliendo de su centro un
tronco con ramos, flores y lirios de varios colores tan delicados, que al tacto
y vista casi no se encontraban cuando los quité, por tener que rebajar el
terreno.
Este cerro en su mayor altura está
lleno de cantos y demás fragmentos, y en una casa de estas encontré vestigios
de otra fragua. Al fin de esta tierra estaba un almacén de cantos y piedras, y
una era redonda de mampuesto. Como me dijeron que sonaba hueco cuando
trillaban, la hice romper por tres sitios y encontré un caño que la atravesaba
y estaba lleno de una masa como de cenizas condensadas: en esas roturas hallé
como si hubiesen vaciado algunos crisoles, y un zarcillo o arete de oro con una
como lágrima de pendiente su peso 26 reales.
En el almacén de piedras arriba dicho
descubrí un gran estanque y junto a este más bajo otro pequeño, que infiero
comunicaría el agua por un agujero que tiene en el fondo al extremo de la era,
para alguna fragua por los escombros que se demuestran. Este estanque grande sigue
por un lado; y contra la era una como mina bovedada, hasta al parecer salir de
la era. Está caída y llena de piedras y picaduras, salen de ella varias paredes
por los dos extremos unas rectas y otras de varias figuras.
Por el otro extremo descubrí un
aljibe con el techo en su centro, con grandes y vistosas molduras con distintos
charolados de colores.
Esta montaña estuvo murallada desde
la fábrica por los baños que están a la subida, por ir por aquel cerro pedazos
de paredones que se ven en varios sitios, pareciéndome con evidencia que en
esta altura estaba la fortaleza y los que gobernaban, y al pie de ella el
centro de la ciudad llamada Ocuritano, descubriéndose en el día a distancia de
un cuarto de legua las obras de cantería y fragmentos que no dejan duda de la
extensión y que sería población grande y magnífica.
Más no olvidándome de la Mesquita o
Baño que está a la subida y discurriendo de dónde o cómo podría venir el agua
para purificarse y subir al templo a ver a sus dioses, descendí a la tierra de
labor llamada puerto de Pedro Rodríguez y encuentro toda la falda de esta sierra
llena de fragmentos, mucha cantería desconcertada, y en lo más llano varios
pedestales de piedra. A distancia corta, atravesando estas tierras, y siguiendo
con rectitud a otra vecina, a distancia de tiro de bala, escarpada y tan áspera
que perdí la esperanza de averiguar el rumbo de los arcos de acueducto y su
principio. Me retiré con bastante disgusto y reiteré nueva subida al Baño y
tendiendo la vista a la sierra del frente, cotejé su igualdad y me encaminé a
ella hasta dar con el punto que me propuse, llevando un conocido del terreno
que me condujese. Ya cansado, conseguí por fin ver obras de romanos, frente a
frente del Baño. Parece increíble y de todos ignorado cómo condujeron el agua
por aquellas montañas cortando las sierras y bajando, según me he informado, de
un nacimiento o manantial llamado El Castril, cerca de la villa de Benaocas.
Volví tercera vez y llegando al
primer descubrimiento de la cañería seguí su giro según podía conservar; ya se
pierde, ya la descubro; y en fin cansado y fatigado entre estos riscos logré
hallar salida, llevando el giro cierto, hasta dar en un sitio llamado los
Paredones, junto a una cabreriza que dicen de los Pérez, pasando y girando
nuevamente a otra sierra más encumbrada, junto al camino de Benaocas.
Aquí ya casi llegué a perder las
esperanzas; pero preguntando a varios sobre la cañería que buscaba, me
informaron, según la tradición de sus mayores, que bajaba del nacimiento o
manantial del Castril una cañería de Gentiles a la sierra del Benafis alto. Otros me dijeron iba a dar al edificio que ellos llaman
Mesquita, y es Baño Romano. En fin, para informarme mejor, habiendo pasado a
Benaocas pregunté a los ancianos y convinieron en lo dicho, y hallándose
predicando allí la cuaresma el reverendo padre Guardián de Capuchinos de
Málaga, don Diego José de (Málaga) Ubrique, me dijo que había visto un atanorde plomo que habían sacado unos cabreros de
entre un tallisco, de la cañería de los romanos.
Aunque en las excavaciones que llevo
referidas se han encontrado bastantes monedas, las he ido repartiendo entre
varios sujetos curiosos, y aún conservo algunas pocas, pero todavía se hallan
en las labores que se dan a la viña. No hago más descubrimientos formales
cansado de tanto gasto.
En el fondo de la haza es probable se
encontrarían muchas cosas, pues sin mayor diligencia al cavar las cepas se han
hallado pedazos de tazas con algunas letras y flores y una tenía gravado de
relieve una figura vestida a la romana.
En el terreno contiguo a la sierra
del Benafis se descubren ruinas, cuadros de casas y muchos fragmentos, cantos y
hasta el cerro llamado de la Llave, donde entre los olivos se ven restos de la
población que sería populosa. Las piedras que se han encontrado en las
excavaciones unas parecen de las canteras de Morón, distante 9 leguas, otras de
Marchena, distante 13 leguas. El busto o trozo de estatua parece de Carrara, en
el Genovesado.