lunes, 31 de diciembre de 2018

Nuestros mejores deseos para todos






Termina el 2018, un año más para todos nosotros, un año lleno de luces y de sombras, de idas y venidas, de momentos y de ilusiones, de proyectos y de sueños cumplidos.
Vivamos el presente y celebremos que estamos con nuestros seres queridos...


¡Feliz año a todos nuestros amigos!


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domingo, 30 de diciembre de 2018

Señó Sebastián. Cuento triste con lágrimas alegres.


Señó  Sebastián. Cuento triste con lágrimas alegres. 


Procedía de humilde familia como la mayoría de los niños andaluces. Desde muy pequeño hubo de trabajar. Sería principios del siglo XX o postrimerías del XIX. Por aquel tiempo, más que en cualquier otro, la vida decente requería realizar duros trabajos. Carente de medios mecánicos de transporte, el de los animales se efectuaba a través de cañadas, conducidos por ganaderos en caballerías que alternaban a pies. Un día caluroso de primavera sedientos y hartos  de naranjas para calmar la sed, se aproximaron a una casuca, pequeña y mal conservada a pedir agua, donde una mujer, desgreñada y no correctamente vestida se la negó. Al abrir la puerta aparecieron unos chicuelos no mejor presentados. Para suplir el agua con que calmar la sed los conductores del ganado pelaron unas naranjas de las pocas que aún les quedaban. Cuando comenzaban a comerlas los niños arrebujados  mirándolos con tal avidez y ansia de comer aquella fruta que nunca habían  probado, que la idea de satisfacer su necesidad se impuso a su sed y les hizo regalarles las pocas que le quedaban.-
Los niños se apresuraron a mostrárselas a su madre que acongojada por su torpe negativa corría buscando a aquellos hombres que ya habían iniciado su marcha; cuando los  encontró, les pidió perdón y les ofreció agua en un cántaro rebosante que llevaba. Le agradecieron su gesto con este consejo: Mujer, ni el agua que se da sin voluntad calma la sed, ni obras que se realizan  sin ella benefician a nadie.
Corrido el tiempo y cuando la vejez flaqueó sus fuerzas, con los pequeños ahorros que su trabajo le había producido  compró un huertecito que producía las mejores frutas y hortalizas de su entorno. Porque nada fructifica con más abundancia y calidad que las obras del amor.
Pero cuando disfrutaba de su merecido descanso, la aberración monstruosa, de los que no habían cumplido su destino, le llenó de dolor y humillación.-
Sus hijas contrajeron matrimonio con hombres limitados que creían que la dureza de la vida se evitaba quitándosela  a otra parte de la sociedad, que era su causante. Sus yernos murieron en la contienda.
¡Señó Sebastián! Si alguien intentó privarte de tu hombría nosotros la reivindicaremos. Las sociedades sin hombres emulables  desaparecen.


Ubrique  17 de Diciembre de 2018
FIRMADO: Prudencio Cabezas Calvo

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“Tarde de fiesta en Ubrique”, de Francisco Prieto (1928)

Esta entrada fue publicada originalmente en "Historias de Ubrique", blog de José María Gavira Vallejo. (en este enlace)

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INMACULADA GAVIRA VALLEJO
Tarde de fiesta en Ubrique
Tarde de fiesta en Ubrique, de Francisco Prieto (1928). (Puede ampliarse pinchando en el cuadro y de nuevo pinchando en la imagen que se abre a continuación.)
Para quienes no la conozcan, presentamos en este blog otra obra cultural del que podríamos llamar patrimonio de nuestro pueblo: el cuadro Tarde de fiesta en Ubrique que pintó Francisco Prieto Santos en 1928 (hace 81 años).
Refleja el ambiente en la plaza del pueblo en una tarde de verano. El suelo parece de tierra. En el centro se aprecia un quiosco en el que unos músicos están amenizando el momento.
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Destacan los grupos de jovencitas que pasean unidas del brazo en parejas, tríos…, vistiendo ligeros trajes blancos, rojos, marrones, negros o estampados, claramente veraniegos (¿podía ser en feria?). Todas llevan el pelo cortado como se llevaba en la época y denotan el estilo de los “felices veinte”.
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Algunas mujeres están sentadas. En cuanto a los hombres, se tocan con sombreros de estilo cordobés:
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Hay mucha gente asomada a los balcones tomando el último sol de la tarde:
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No se aprecia bien la hora en el reloj del San Antonio (¿las ocho?):
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pero quizá se podría conjeturar a partir de la altura de la sombra en los edificios:
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Por otro lado, la perspectiva también permitiría conocer desde qué casa se pinto el cuadro: la parte derecha del San Antonio está alineada con el punto medio del callejón:
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Y un detalle curioso: la Cruz del Tajo no se aprecia bien (si es que la pintó).
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image Este cuadro está publicado en la página 36 del número 888 (10 de enero de 1931) de la revista La Esfera.
El autor, Francisco Prieto Santos, es relativamente conocido. Nació en 1884 en Valladolid, realizando sus primeros estudios en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de aquella ciudad castellana. A los 18 años ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Después viajó a París, donde conoció las vanguardias artísticas del momento, aunque él siempre se decantó por el impresionismo.
Se afincó en Cádiz en 1917, impartiendo clases en la Escuela Normal de Magisterio. Su obra estuvo muy ligada al entorno gaditano y a tipos populares de la capital o de algunos pueblos de la provincia, sobre todo de Arcos de la Frontera, donde pasó largas temporadas. Es hijo adoptivo de Cádiz y Arcos y en ambas ciudades tiene calle conmemorativa. (La segunda da el nombre de Francisco Prieto a su concurso anual de pintura rápida.)
En Ubrique pintó al menos otro cuadro: el del veterinario Don Adrián Fernández, del que era muy amigo. Lo conservan sus herederos.
Sobre la obra de la plaza, la especialista Inmaculada Rodríguez Aguilar dice en su libro Arte y cultura en la prensa: la pintura sevillana (1900-1936):
[El color] lo aplica y mezcla en el lienzo, cuando aún está fresco, de forma que al secar, unos tonos tiran de otros, como revela el extraño colorido de “Tarde de fiesta en Ubrique“.
Francisco Prieto tiene un cuadro muy famoso llamado Las Cobijadas de Vejer (1935) que no hace mucho fue objeto de noticia periodística con motivo de la donación del mismo por su viuda al Museo Provincial de Cádiz. Esta institución tiene ahora cuatro cuadros del pintor; los otros son Paisaje (1925), Plaza de Toros de Arcos de la Frontera (1933) y Patio del Convento de San Francisco de Cádiz (1949).
Las cobijadas de VejerLas Cobijadas de Vejer

imagePlaza de toros de Arcos

imagePaisaje

Y estas son otras dos obras del pintor:
atardecerenlaalameda_fprietosantos_cadiz Atardecer en la Alameda

Cadiz_en_el_teatro_Falla_boceto para el FallaCádiz en el Teatro Falla (óleo sobre lienzo, 42×37 cm, colores y adornos de oro; boceto para el Gran Teatro Falla.)
Prieto murió en febrero de 1967. En su necrológica en el ABC de Sevilla del día 5 leemos:
ABC-5-02-1967_sepelio
Libro sobre Francisco Prieto Para saber más de este autor puede consultarse el libro El pintor Francisco Prieto Santos, vida y obra, de Fernando Pérez Mulet, publicado en 1979 por el Instituto de Estudios Gaditanos de la Diputación.

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Una imagen inédita: el célebre Francisco Prieto pintando un cuadro en la plaza de la Verdura de Ubrique a finales de los años 20 del siglo pasado


Esta entrada fue publicada originalmente en "Historias de Ubrique", blog de José María Gavira Vallejo. (en este enlace)

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JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO
Prieto_fotoFotografía cedida por José Mª Prieto Soler y mejorada por ÁNGEL PABLO
Tenemos el placer de mostrar a ustedes esta imagen única e inédita que nos retrata el ambiente de la Plaza de la Verdura de Ubrique a finales de los años 20 del siglo pasado (concretamente en 1928) y al artista vallisoletano-gaditano Francisco Prieto Santos plasmándolo en uno de sus lienzos.
Nos la ha enviado su hijo, José María Prieto Soler, profesor emérito del departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla, quien nos cuenta esto del afamado pintor, parte de cuya obra se halla en el Museo Provincial de Cádiz:
Estaba enamorado de todos los pueblos de la Sierra de Cádiz; pintó en Arcos, Ubrique, Zahara de los Membrillos, Setenil, Villaluenga del Rosario…; también en Ronda, Chiclana, Vejer, Sevilla y Cádiz (donde vivíamos, frente a la Alameda de Apodaca). No me explico cómo en los años 20 podía ir de Cádiz a esos lugares; sí recuerdo que me dijo una vez que a Zahara iba a caballo desde Algodonales.
La fotografía la tenía el pintor en su estudio y en ella se aprecia que el motivo del cuadro que está pintando es, lógicamente, la plaza de la Verdura:
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Sin embargo, no se trata del mismo que en su día descubrimos a ustedes en este blog, que retrataba también la plaza de la Verdura, pero su otra mitad (la sur):
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Ampliando la foto podemos observar detalles muy interesantes y sugestivos. Por ejemplo, nos llama la atención lo que podíamos llamar “la escena de los churreros”:
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imageEn el centro (ligeramente a la derecha) podemos ver a una señora removiendo los churros en una sartén de la que se desprende el vapor del aceite. A su lado, sobre una mesa, se adivina el mismo tipo de recipiente de lata que los churreros usan hoy día para depositar las pinzas y escurrir la fritura. A la derecha de la mujer se halla quien probablemente es su marido, el cual, vestido con bata blanca, prepara la masa en un lebrillo. Al pie de ambos personajes encontramos dos cántaros de hojalata del mismo tipo. Esto nos hace pensar que la niña que se observa a la izquierda transportando un cántaro igual (evidentemente no lleno) tiene relación con los churreros. Sin embargo, parece que no es así
A nuestra amiga Esperanza Cabello le hemos enseñado esta foto y ella a su vez ha acudido a una de sus memorias vivas: Isabel Álvarez, que nació en 1919 (tenía, pues, 9 años cuando se tomó la instantánea). Isabel cree identificar a la niña del cántaro como una Anita que en la imagen se muestra en su trabajo habitual de aguadora. Esta Anita fue desde muy pequeña y durante toda su vida sirvienta en casa de la viuda de Castro. Por lo visto, muchas niñas y jovencitas llevaban agua a las casas en los años 20, y las hermanas o las conocidas se ponían de acuerdo para hacerlo “a remua” (por relevos).
Además de esta, vemos a mucho/as niño/as en la fotografía (algunos esperando su turno para comprar churros; otros de la mano de su madre, y algún que otro “suelto” por la plaza, como el del babi que parece que se come un churro, en primer plano, el cual Isabel Álvarez cree reconocer como su propio hermano). Algunos de esto/as niño/as probablemente viven todavía.
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Isabel identifica perfectamente muchos elementos de la fotografía ya desaparecidos. A la derecha de la plaza se encontraba una tienda (a la que entra la señora del pañuelo blanco en la cabeza, sobre estas líneas) propiedad de “las Pardeza”, donde se vendían caretas, artículos de broma, disfraces de carnaval… La finca pertenecía a Eugenio Arenas, que la alquilaba a varias familias.
Dice nuestra informante que en la foto, a la izquierda, se distingue la “posá” de Manuel Corrales, y probablemente a él mismo en la puerta. Al fondo se observa la pescadería, que tenía un toldo. Allí se vendían unas soberbias pescadillas, muy apreciadas, que traían los arrieros en burro desde Manilva. Justamente enfrente estaba el matadero.
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Lo que sorprende a Isabel Álvarez es ver a tanta multitud en la plaza; dice que lo normal es que no estuviera tan frecuentada y piensa que quizá aquel día había allí pelea de gallos, que era una diversión en el Ubrique de aquellos tiempos, como se observa en esta fotografía de la colección de Esperanza Cabello:
imagePelea de gallos en la plaza de la Verdura en los años 20
Hay otras escenas interesantes. Por ejemplo, esta de lo que parece un puesto de venta de tabaco:
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o esta otra en la que se ve a dos personas que parece que venden búcaros:
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imageO la de la vieja de la derecha vendiendo no se sabe qué y la de la chica sentada cerca de la churrera con el pelo cortado como era costumbre en la época: a lo garçon
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Llama la atención una especie de castillete que se ve a la derecha de una de las torres de la iglesia:
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La fotografía que estamos comentando la podemos comparar con esta otra de la plaza de la Verdura tomada probablemente en 1931 que también nos ha facilitado Esperanza Cabello:
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Como nos dice José María Prieto Soler, su padre pintó varios cuadros en Ubrique en 1928. Uno de ellos ya lo hemos reproducido en este blog, pero volvemos a hacerlo ahora para contextualizarlo mejor:
imageTarde de fiesta en Ubrique, de Francisco Prieto (1928)
Isabel comenta curiosos hechos cuando observa imagen, como este: “La gente rica paseaba por dentro de la plaza y los pobres por la parte de afuera”. He aquí una foto de la plaza en esa época (¡gracias de nuevo, Esperanza!), donde se observa a la izquierda el mismo tablado central donde se subían los músicos a tocar y que reprodujo Prieto:
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El hijo de Francisco Prieto ha tenido la amabilidad de enviarnos imágenes de otros cuadros que su padre pintó en la Sierra:
imageCampamento de gitanos, de Francisco Prieto (1947) dedicado “A Camilo Gálvez, gran maestro y amigo”

imageUna poco habitual imagen de Arcos que, según nos cuenta el pintor ubriqueño José Luis Mancilla, se halla en el Ayuntamiento de esa localidad.

imageCorrida de toros en Arcos, de Francisco Prieto
Y nos ha contado cosas muy interesantes de este último cuadro:
La antigua plaza de toros de Arcos de la Frontera se encontraba excavada sobre una ladera y situada en el llamado entonces –no sé si ahora también– Camino de las Nieves. Si se visita ese lugar se puede apreciar aún la hondonada que configuraba el hueco del redondel. Desde la ladera opuesta la gente se ponía a ver la corrida. En muchas ocasiones y desde distintas perspectivas pintó esa Plaza. En aquellos años el novelista Alejandro Pérez Lugín vio esos cuadros de la Plaza de Arcos y decidió rodar allí algunas escenas de la película “Currito de la Cruz” sobre su propia novela. Como esa película es de 1925, se entiende que mi padre ya había pintado ese tema antes.

La plaza de la Verdura de Ubrique según la vio el pintor vallisoletano Francisco Prieto en 1928

Esta entrada fue publicada originalmente en "Historias de Ubrique", blog de José María Gavira Vallejo. (en este enlace)

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JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO
Prieto_plaza_verdura_ubrique
Hace unos meses les mostrábamos un cuadro que el pintor vallisoletano afincado en Cádiz y arcense de corazón Francisco Prieto Santos (1884-1967) pintó en Ubrique, en la plaza del Ayuntamiento, en 1928. Se trataba de “Tarde de fiesta en Ubrique”, obra que era prácticamente desconocida en nuestro pueblo aunque se encuentra en él (lo posee una familia ubriqueña).
Hoy les presentamos otro cuadro de Prieto de motivo ubriqueño que, en este caso, creemos que es absolutamente desconocido en Ubrique porque se halla fuera de España desde hace mucho tiempo; en estos momentos, concretamente, en Estados Unidos (fue subastado hace un mes en California). Su propietario ha tenido la gentileza de enviarnos varias fotos que nos permiten comprobar que el lienzo efectivamente es de Francisco Prieto y que lo pintó en Ubrique en 1928:
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Representa la mitad sur de la plaza de la Verdura vista desde el centro de la misma. Nuestro amigo Ángel Pablo ha tomado una fotografía desde el lugar exacto en que suponemos que se situó Prieto para hacer su pintura:
image ÁNGEL PABLO
(En 1928 no existía la cruz actual.)
El cuadro (un óleo sobre lienzo de 55.2 x 59.1 cm) retrata la vida cotidiana en la plaza de la Verdura en los últimos años del primer tercio del siglo XX. Varios vendedores (en su mayoría, mujeres) ofrecen su mercancía, desparramada por el suelo. Dos señoras parece que preguntan por el precio o la calidad de algunos artículos:
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La animación reina en el mercado:
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Por lo que observamos, Prieto se tomó una licencia: pintar la montaña bastante más alta de lo que es:
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Al fondo de la plaza se aprecia lo que era el cuartel de la Guardia Civil en esa época (el mismo en el que en julio de 1936 los ubriqueños tuvieron que entregar sus armas conminados por el mensaje intimidatorio de unas octavillas que arrojó un aeroplano sobre la localidad):
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Esperanza Cabello ha tenido la amabilidad de enseñarnos una foto de la puerta de aquel cuartel donde se ven los guardias que por aquellos años integraban el destacamento de la Benemérita en Ubrique. La foto fue tomada con motivo de una entrega de bandera que hizo la señora de Canto (el señor de bigote de la derecha) en nombre del pueblo de Ubrique:
La nonagenaria Isabel Álvarez, de memoria prodigiosa, recuerda que la señora de Canto (probablemente madrina de la guarnición) hubo de pronunciar un discurso, el cual, a modo de ensayo, los días previos enjaretaba a todo el que quisiera oírlo subida en la mesa de su cocina. Por lo visto, le salió muy bien.
Isabel, al ver el cuadro de Prieto, ha recordado muchos detalles del ambiente de la plaza de la Verdura en aquellos años. Dice que la primera casa de la derecha era la del confitero José y su mujer Micaela, que elaboraban en los años 20 unos dulces exquisitos. Los niños iban a comprarles platanitos de crema por una perra chica. La casa siguiente era “la de Adela”.
Los vendedores empezaban a tomar posiciones en la plaza a las seis de la mañana. El abuelo de Isabel (Manuel Janeiro) les daba una copita de aguardiente.
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Isabel Álvarez recuerda los pavos, sueltos en la plaza y perseguidos continuamente por los niños.
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Como decimos, este cuadro se encuentra actualmente en Estados Unidos, pero en algún momento anterior estuvo en el Reino Unido, como lo prueba esta etiqueta que le puso al dorso un enmarcador de Londres:
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El lienzo de Prieto viene a completar el cuadro de la plaza de la Verdura en torno a los años 30. Ya conocíamos cómo era la mitad norte de este popular enclave gracias a una foto de la época recreada por el pintor José Antonio Martel que también ha sido reproducida en un mosaico fijado en el actual mercado de abastos:
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image ÁNGEL PABLO
Por otra parte, hemos sabido que en Estados Unidos hace un mes una casa de subastas San Francisco licitó este otro magnífico cuadro de Francisco Prieto (de temática supuestamente no ubriqueña):
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En 2008 se vendió en Barcelona este otra obra del artista vallisoletano:
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Y hace 11 años la casa de subastas madrileña Francisco Durán vendió este un óleo sobre lienzo pintado en 1955 por Prieto y conocido como Jardín con fuente:
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Francisco Prieto Santos tiene (que sepamos) tres cuadros en el Museo de Cádiz, institución a la que la familia del pintor donó recientemente esta obra titulada Las cobijadas de Vejer de la Frontera:
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Estos son los otros dos cuadros de Prieto en dicho museo:
imagePaisaje” (1925)

image “Plaza de toros de Arcos de la Frontera” (1933)

Y para terminar, reproducimos aquí de nuevo el otro cuadro de temática ubriqueña pintado por Prieto que conocemos (Tarde de fiesta en Ubrique, el cual, como hemos dicho, se halla en nuestro pueblo):

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Sabemos que existe alguna obra más de Prieto en Ubrique… Estamos tratando de conseguir fotos.
JMG
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P. S.: Un lector de este blog nos ha enviado los siguientes testimonios relacionados con la plaza de la Verdura, escritos con gracejo y un excelente estilo sugerente al tiempo que gráfico:
Recurriendo a mi memoria y la ayuda de mi hermana corroboro que efectivamente la imagen del fondo del cuadro corresponde al cuartel viejo de la Plaza de la Verdura de 1950. Recuerdo que en mi adolescencia me unía a un grupo que visitaba a Miguel Coronel, que allí curaba un inocuo aunque obstinado padecimiento. De ese lugar partió a Alemania en estado de soltero. A su regreso, se instaló en Ronda.
imageHijo de Don José Coronel –director del Banco Español de Crédito, con sede en la Plaza– y de Doña Isabel Reguera, al enviudar este, se casó con Doña Elena Reguera, criando una familia numerosa. Don José falleció a temprana edad y Doña Elena –cuya prestancia y ascética figura destacaban sobremanera– se ocupó de continuar su educación y con el fruto de su ejemplar coraje y trabajo, darles estudios. No es un caso insólito de las viudas ubriqueñas.
El trazado y distribución interior de la casa-cuartel era el habitual por razón de su destino y época.
En las mismas dependencias vivió Don Humberto Janeiro, subalterno del Ayuntamiento y abuelo del mediático torero. En aquéllos interminables años de escasez, racionamiento y aislamiento, se encargaba de poner los farolillos y engalanar con gusto la feria y otras fiestas, con cerramientos de adelfas, lentiscos y otras plantas de nuestros ríos y sierra. Don Humberto distribuía las banderillas a los hermanos Reinitas y a otros finos toreros locales, en la lidia de los becerros en la extinta plaza de toros (la que, sin la elemental protección administrativa de la arquitectura histórica local, fue demolida, presa de la destrucción masiva de las máquinas al servicio de dudosos intereses).
En la última casa de la izquierda de la Plaza, estaba el consultorio o “casa de socorro” que regentaba el paciente Antonio Ríos. El practicante. Entre otros cometidos, se ocupaba de las visitas domiciliarias para vacunar a las niñas y niños, arañando la parte superior externa del brazo con un tipo de plumilla metálica para, seguidamente, inocular la vacuna e inmunizarnos contra la viruela. También ponía las inyecciones con agujas de un calibre que a nuestros ojos infantiles nos parecían arpones de banderillas taurinas.
De ese pánico se valían nuestros padres para intimidarnos a que, si no terminábamos de comer, vendría el practicante. Estos entrañables sucesos y la ocasional desgana por los alimentos los causaban los empachos por el consumo del palodul y otras chuchearías que vendía la singular Ana la Panala en su quiosco de la plaza. Pasado el tiempo, ese arsenal de placeres lo convertimos en el centro de abastecimiento de otros goces menos sanos: los chéster, los filismorris y los luquistriquis. Doña Ana: toda una institución de la distribución y de la posterior filantropía con nuestros hijos pequeños que no la entendían –no por su desarticulada voz o acento– sino por su proverbial recurso a la cariñosa expresión del “joío por culo”.