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lunes, 21 de febrero de 2022

Doña Paquita Contreras Márquez

 

 

La escuela de doña Francisca de Paula Contreras Márquez

                    Ubrique, edificio ABC, 1935

 

 

Por Esperanza Cabello

 

Doña Paquita Contreras, como se conocía cariñosamente a doña Francisca de Paula Contreras Márquez, fue una maestra cordobesa (nacida en 1911 en la aldea de los Zapateros) cuyo primer destino fue la escuela de niñas número 1 de Ubrique, en la ermita de San Pedro a principios de la década de los treinta del siglo pasado.

En esta magnífica página web podemos conocer su biografía y su increíble historia. Pero nosotros hemos recordado un escrito que publicó su marido, Fermín Sánchez de Medina Benavides, en el libro de feria de Ubrique de 1974, y nos ha parecido una historia simpática y entrañable. 

 

 


 

Lástima que esta gran maestra y escritora no se quedara en nuestro pueblo toda su carrera, ya fue maestra de maestras, (fue la maestra de primer grado de nuestra tía María de los Ángeles Janeiro Carrasco) pero para todos nosotros habría sido un honor contar con esta escritora tan notable, de pluma tan sensible, entre nuestros paisanos.

Este es el recuerdo que su marido Fermín Sánchez de Medina publica en el libro de feria, a modo de cuento...

 



 

Érase una vez una muchachita cordobesa, que, habiendo ganado las Oposiciones al Magisterio con un número tan bueno como para poder escoger un gran pueblo, eligió Ubrique.

Ubrique es un gran pueblo -para mí el más grande- pero no en número de habitantes, que es lo que suele identificarlos a la hora de la elección. ¿Cómo entonces, esta maestrita, teniendo ante sí un gran racimo de pueblos voluminosos, vino en señalar a nuestro pueblo, favorito?

Nunca, hasta ahora, di mayor importancia a este, al parecer, insignificante detalle, pero ahora...

Recuerdo que supe por una sobrina suya con la que arribó a Ubrique, que ya posesionada de su plaza en “La Ermita”, iban cierto día paseando, y al ver la fábrica de don Manuel Romero, con aquella gigantesca y chorreante rueda legendaria, se paró, tomó fuerte del brazo a la sobrina, y casi en éxtasis, exclamó: - “¡Esto lo he visto yo; yo lo conozco!”. La verdad es que la sobrina dio poca importancia a las palabras de su tía. Siguieron carretera de Cortes adelante. La maestrita miraba y remiraba las bellezas del lugar un poco absorta, hasta que, llegadas a determinado punto, dijo de pronto: - "Mariquita: Ahí detrás hay una fuente”. Cuál no sería la estupefacción de la chiquilla, al ver surgir al recodo del camino, una vieja fuente -la de san Francisco- mientras la tía, ensimismada, ni hablaba ni parlaba: Estaba en la inopia.

El regreso fue feliz y alegre para la maestra. Para la chiquilla fue fatal: Verdaderamente asustada, miraba a su tía pensando en poderes ocultos y embrujamientos.

Después de conocer estos y otros muchos “sucedidos” igualitos, que no hacen sino afianzar mi idea, he visto claro: Esta mujer, dotada, por lo visto, de un sexto sentido, debió de ver oníricamente al pueblo, se enamoró de la imagen que su fantasía creó -que resultó ser real- y ¡zas!, Ubrique que eligió.

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De esto que te cuento, paisano lector, han pasado muchos años, muchos...

Algunos de ellos, ejerció en Ubrique normalmente, y en estos momentos tiene que haber muchas madres de familia y hasta abuelas, que fueron alumnas suyas. ¡Ah!, eso sí: Todas deben ser bellísimas, inteligentísimas y simpatiquísimas, pues ella sólo tuvo -según dice- alumnas sobresalientes en todo... por ubriqueñas.

Pero su dicha de disfrutar de Ubrique de por vida, se truncó de golpe, porque tuvo la debilidad de enamorarse de un indígena -no podía ser de otra manera- nada de “mal parecío”, con la fatalidad de que hubo de dejar el pueblo y carrera, cuando al marido “le salió colocación” fuera.

Y aquí comienza, amigo que me lees, el verdadero delirio, la suma locura y la extrema pasión de esta pobre señora, porque desde entonces, suspira por Ubrique, habla de Ubrique, quiere ir a Ubrique y, en fin, la verdad es que todos los que la rodean están ya de Ubrique hasta los pelos. Y los que no la rodean también: En cada visita que hace o que le hacen, coloca en seguida su “long play” -que es “longuísimo”- cantando las excelencias de todo orden del lugar de sus amores: Desde el Salto la Mora al Solimán y desde la Cruz del Tajo hasta las Cumbres, no hay rincón ni calle ni plaza que no le “largue” a las gentes, detallándoles el tipismo y su belleza sin par: Que si el Benafín, que si el Algarrobal, que si el Calvario, que si los Nueve Caños... El Convento, el San Juan, la Cornicabra, el Peñón de la Becerra, la Trinidad, la Pilita de Abajo, la Salía del Lugar, la calle La Cárcel, el callejón de Janeiro, la Fuentezuela, el Carril ... y el San Antonio, del que no deja de decir nunca, que lo hizo un antepasado de su marido al que por llamarse D. Gil Gil Gil, le pusieron de mote “Gilito”.

Pero se comprende que, si ella “vio” Ubrique sin verlo, ahora que lo conoce, ve más cosas que nadie. Por supuesto, muchas más que yo, que allí nací.

Lo curioso del caso es que la mayoría de esas amistades suyas, cuyas cabezas ha llenado de los encantos y hermosuras de Ubrique, han picado y van a conocerlo y le dicen a la vuelta: - “Hija, creíamos que exagerabas porque ¡vamos! que parecía que no había otro pueblo en el mundo, pero ¡vaya con Ubrique! Es mejor de lo que nos figuramos. ¡Te quedaste corta, hija!”. Y todas se hacen lenguas del lugar y pregoneras de su hechizo.

La casa de esta señora es una exposición permanente de artículos de piel de Ubrique. Para ella no hay mejor regalo de bautizo, Ia comunión, santo o casorio, que los porta-retratos, el álbum, el billetero, la pitillera, el bolso, el estuche, la cartera, el costurero, el joyero... y las mil variedades de todo, que conoce a la perfección porque sus cuñadas, afincadas en Ubrique, la nutren de cuantas novedades salen y así está al día en todo lo que nace de las manos de aquellos artistas de ley que son “sus paisanos”.

Y se preguntarán ustedes ¿Y del marido, que fue?

Mi bolígrafo, señores, tiembla al llegar aquí, porque el cuento se torna sombrío, y el relato barrunta un fin trágico: El pobre señor, tomó la pasión de su señora, -que ha ido “in crescendo”- por excentricidades y exageraciones propias de la edad y el sexo, y hasta le halagaba saberse de un pueblo tan importante, por naturaleza, y tan querido de su costilla. Pero, sí, sí, ... Un aciago día, oye por vez primera la palabra “parapsicología”. Triste y pesadumbroso día aquel, en que el hasta entonces tranquilo señor se torna, primero inquieto, y preocupadísimo luego. La nueva ciencia le causa verdadero pasmo, y con un temor indecible inquiere noticias, provoca el tema en las conversaciones, e indaga y busca sin tregua, las conexiones misteriosas de “aquello” con su mujer.

Cada vez se afianza más en la idea de que él formó parte de aquella “visión anticipada” de la que hoy es ya abuela de sus nietos, y se pregunta el hombre todo confundido y compungido: -” ¿Fui yo “visto” como marido propiciatorio, y el “engancharme pa toa la vía” fue cosa de corrientes invisibles y poderosas, más allá del amor y de la muerte y, por supuesto, ajenas por completo al “flechazo” y al “anzuelo”?”.

No para aquí la cosa: Tras su obsesión parapsicológica, lee un día -otro día gracioso- que se está celebrando un “Congreso de Brujología”. El hombre desfallece: ¿Será su mujer una bruja?

Tras muchas dudas y cavilaciones, decide encasillarla fuera de la parapsicología y la brujería: Su mujer tiene sorbido el seso, pero únicamente por amor puro: Es locura de amor por Ubrique, y se acabó.

¡Si hubiera sido así de sencillo! La duda emerge siempre, vive en perpetua incertidumbre, se angustia, aparece el desequilibrio nervioso, las depresiones le siguen... Adiós a la armonía conyugal que siempre presidió su hogar. Adiós a la paz y al sosiego. Adiós a todo...

He aquí, amigos míos del alma, cómo un hombre a una edad ya provecta, por mor de la belleza y del encanto de su pueblo, que saturó todas las fibras de la compañera de su vida, toda la materia gris de su cerebro, y toda la musculatura vital de su corazón, está a punto de perder la razón, quizás a dos pasos del ingreso en un Hospital psiquiátrico y de creerse un Napoleón o un Juan Sebastián Bach.

En escasos momentos de sosiego, se le ve un fondo de serenidad y heroísmo al oírsele ofrendar con voz queda y temblorosa: “¡Todo por Ubrique, Señor, ¡todo por Ubrique!”.

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Esto que transcribo, lector, es una realidad tangible. ¡Si lo sabré yo!

 

 

 

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jueves, 6 de febrero de 2020

La genealogía ubriqueña de Santa María de la Purísima de la Cruz

Santa María Purísima de la Cruz y Juan Pablo II




Por Esperanza Cabello


Hoy hemos recibido una visita singular y muy interesante. El jerezano José María Romero Benítez (descendiente de los Romero ubriqueños) ha venido a contarnos la historia desconocidísima de una parte de la familia Romero, de los descendientes de Pedro Romero de Aragón, uno de los primeros pobladores de Ubrique, según las Misceláneas de Rafael de Aragón.

José María ha realizado un minucioso trabajo en los archivos parroquiales en Jerez, apoyado del archivo ubriqueño y cuantos documentos ha podido consultar. En un primer momento su estudio se ha centrado en su propia familia, procedente de Ubrique, pero es que además ha encontrado que la recientemente canonizada Sor María de la Purísima, (canonizada por S.S, Francisco en 2015) es también descendiente de la familia Romero ubriqueña.

María Isabel Salvat Romero nació en Madrid en 1926 (precisamente en la misma casa en la que había vivido Bécquer) en el seno de una familia acomodada, su madre era de origen jerezano y su familia materna proviene de los Romero ubriqueños.

Podemos encontrar todos los datos de su biografía en este enlace, del que hemos  destacado los siguientes:

En 1944 fue acogida como postulante en el Instituto de las Hermanas de la Compañía de la Cruz de Sevilla. En 1966 fue llamada a la Casa Madre de Sevilla, primero como auxiliar del Noviciado, luego como Maestra de novicias. Dos años más tarde fue nombrada Provincial, luego Consejera General, después aún Superiora de la comunidad de Villanueva del Río y Minas (Sevilla) y en el 1977 fue elegida Madre General del Instituto.

El 31 de octubre de 1998 María de la Purísima de la Cruz Salvat Romero murió en la Casa Madre de Sevilla.


La beatificación

El sábado 27 de marzo de 2010, S.S. Benedicto XVI firmó el decreto referente a un milagro atribuido a la intercesión de la venerable María de la Purísima de la Cruz Salvat Romero.

La canonización

El martes 5 de mayo de 2015, S.S. Francisco firmó el decreto referente a un milagro atribuido a la intercesión de la Beata María de la Purísima de la Cruz Salvat Romero.

Se nos hace muy curioso pensar que no sabemos absolutamente nada de esta Santa, y que su genealogía fue ubriqueña durante más de trescientos años. Además  su trayectoria nos recuerda en parte a la de otros ubriqueños y ubriqueñas que son queridos e incluso venerados en otros lugares aunque en Ubrique no sean apenas conocidos:
La maestra Isabel Esquivel, que tiene incluso un colegio dedicado en Mairena del Alcor; el Obispo Panal, venerado en la República Dominicana; la maestra y escritora Francisca Contreras, casada con Fermín Sánchez de Medina, que fijó desde 1941 su residencia en Puerto Real, donde la nombraron Hija Adoptiva.

Continuaremos revisando el papel y la genealogía de esta santa cuyas raíces están inmersas en Ubrique.


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domingo, 8 de marzo de 2015

María de los Ángeles Janeiro, una ubriqueña excepcional

María de los Ángeles y Manuel
Ubrique, años treinta
Fotografía de Pedro Rubiales


Por Esperanza Cabello

Hoy es el Día de la Mujer, un día extraordinariamente importante para todos nosotros pues, a pesar de los esfuerzos de muchas personas, las mujeres siguen necesitando dejar de ser casi invisibles en muchos casos, necesitan recuperar su puesto, dejar de ser ciudadanas de segunda y recobrar toda su dignidad.

Hace mucho tiempo que queremos dedicar una entrada a esta mujer extraordinaria, a María de los Ángeles Janeiro Carrasco, ya hemos hablado de muchas personas de su familia, de sus tías, de sus padres, de su hermano, de su marido... Pero ella siempre dice, con la gran modestia que la caracteriza, que el protagonismo no debe ser para ella, que su vida es una vida normal y corriente, que no es un personaje.
Sin embargo todos los que la conocemos no estamos de acuerdo con esta afirmación, pues, sin lugar a dudas, María de los Ángeles es una ubriqueña muy especial, digna merecedora del modesto homenaje que sus familiares podemos ofrecerle.
No solo su linaje es de mujeres fuertes, valerosas y de mentalidad avanzada, ella misma es el modelo de mujer dispuesta, capaz, tenaz, enérgica y, por supuesto, con un corazón de oro.



María de los Ángeles con sus primas y amigas
En el jardín de Santamaría


María de los Ángeles Marina Janeiro Carrasco nació en Ubrique, un frío veintisiete de diciembre de 1928, sus padres fueron Rogelio Janeiro Rubiales y Juana María Carrasco Bohórquez, (pinchar aquí). Sus padrinos de bautismo fueron Isabel Janeiro y su marido Antonio Álvarez, los padres de nuestra tía Isabelita.
María de los Ángeles era la segunda hija de la pareja; Juana y Rogelio se habían casado en 1924 (en su boda aún estaban de luto por la muerte de Manuel Janeiro, y el traje de novia, pese a ser negro, resultaba espectacular. Lo había diseñado un modisto de Cádiz y tenía una larga y elegante banda negra haciendo de cola desde el cuello hasta el suelo). Su hermano Manuel había nacido en enero de 1926, así que con la llegada de la niña la pareja vio colmada su felicidad.




 Manuel y María de los Ángeles
Ubrique, principios de los treinta


La familia vivía en la calle Botica, justo en la otra esquina de la farmacia, en la casa de la tía Juana Bohórquez, donde habían puesto un negocio de marroquinería.
Rogelio había comprado además dos coches, que alquilaba para viajes a los pueblos de alrededor.
Un fatídico día, el 20 de marzo de 1929, Rogelio tuvo un accidente con uno de los automóviles, justo cuando iba a aparcarlo, y ese accidente resultó mortal.
María de los Ángeles cuenta que su madre era una mujer fuerte, acostumbrada al trabajo, muy capaz de llevar a cabo cualquier actividad laboral, y que habría sido perfectamente competente para  ocuparse del negocio familiar. 
Pero eran malos tiempos para las mujeres, una mujer sola "no podía" ocuparse de su negocio, había demasiados impedimentos sociales, y Juana María decidió volver  a vivir a su casa natal, donde vivían entonces sus tías Sebastiana y Ángeles Bohórquez, las dos primeras maestras de Ubrique.
Podemos imaginar la vida en aquella casa de mujeres fuertes y trabajadoras, las tres hermanas, Sebastiana, Juana (que también se mudó con su sobrina) y Ángeles, se volcaron con la joven Juana María y sus dos hijos. Juana María había sido maestra auxiliar de doña Ángeles Bohórquez, del mismo modo que Antonio Sánchez era el maestro auxiliar de don Francisco Fatou. Mujeres fuertes y discretas, acostumbradas al libre pensamiento y a una educación igualitaria, debieron de imprimir carácter a los dos niños.



Juana María Carrasco en la escuela de doña Ángeles Bohórquez
Ubrique, 1915?


La casa de los abuelos de María de los Ángeles no era una casa corriente. Su abuelo había sido Diputado en las Cortes, don Pedro Bohórquez Piñero; su tío Cristóbal Bohórquez  había sido asesinado en 1969 junto a Guillén en lucha de guerrillas, por sus ideas liberales.
Su abuela Juana Gómez y sus tías Francisca y Sebastiana fueron quienes encbezaban la carta dirigida a las Cortes pidiendo que se terminara la ley de quintas, haciendo gala de una valentía y una claridad de ideas inusual.
Así que imaginamos que la vida de María de los Ángeles en ese entorno debió de ser significativamente diferente de la de las demás niñas de la época, con esa apertura de mente y esas ideas avanzadas.
Ella cuenta que, a pesar de eso, durante la Guerra Civil y durante los años de la dictadura fueron tremendamente respetadas, nunca se metió nadie con su familia, seguramente por la discrección de la que aún hoy día ella sigue dando testimonio.

Con cinco añitos vivió su primer acontecimiento social; fue, junto a su hermano Manuel, la madrina de nuestro tío José María, ella aún recuerda cómo la abuela Joaquina sujetaba la cabeza del niño durante el bautizo, porque ella era tan pequeña que apenas  podía sujetar al bebé.

Cuando María de los Ángeles tenía seis años su madre comenzó a trabajar como encargada de la centralita del teléfono de Ubrique, hicieron la solicitud y el teléfono llegó, por primera vez, a la calle del Agua en 1934.
En esa época llegó a la casa familiar desde Benaocaz Isabel Piñero Orellana, venía dispuesta a ayudar a Juana María con el teléfono y se convirtió en parte integrante de la familia Romero Janeiro, siempre la hemos conocido en la casa, siempre discreta y atenta, muy religiosa, muy trabajadora. Isabel es una más de la familia, nos encanta ver el cariño con el que todos la tratan.
De esta época del teléfono nuestra tía tiene muy gratos recuerdos, debía de ser una niña muy lista y muy avispada, porque aún recuerda a qué casas correspondían los cien primeros números de teléfono de Ubrique. 
Juana María era una mujer excepcional, tan fuerte y tan valiente como su hija. Cuando comenzó la guerra envió a sus hijos pequeños y a sus tías a la casita que tenían en el Cerro Mulera (en este enlace), pero ella, consciente de su deber y sabiendo que no podía dejar a Ubrique sin teléfono en esta época tan peligrosa en la que la comunicación podía ser crucial, se quedó en la centralita, en la calle del Agua.
Tuvo que poner los colchones contra las ventanas (había fuego cruzado que venía de la sierra), que pararon más de una bala, pero ella no cedió y estuvo toda la guerra pendiente del teléfono.
Al terminar la guerra pudieron volver los niños y las tías a la casa, y a Juana María le fue concedida una medalla por el valor demostrado.
Nuestra tía fue a la escuela en los Grupos de la Ermita. Su maestra en el primer grado fue doña Paquita Contreras; en segundo grado doña María Fernández, y en tercer grado doña María Luisa Rodríguez Formoso. Sus recuerdos de aquella época escolar son muy entrañables, jugando con sus primas, siempre muy cercana a su hermano Manuel, y siempre alrededor de sus tías y la centralita de teléfonos.

Doña María Luisa Rodríguez le ayudó a preparar el examen de ingreso, que hizo en el instituto Murillo, de Sevilla. Tenía nueve años y estaba muy nerviosa. Sus ganas de hacer un buen trabajo, bien limpio y bien corregido, estuvieron a punto de costarle un disgusto, pero consiguió hacer un buen examen, y pudo comenzar el bachillerato.



Primero de bachillerato
Ronda, 1937



Con nueve añitos se fue a Las Esclavas de Ronda, allí hizo su primer curso, pero para el año siguiente se trasladó a las Teresianas de Sevilla, curiosamente donde estudian hoy sus nietas.
Durante la Guerra Civil las Escuelas Normales de Magisterio habían sido cerradas, pero al abrirse de nuevo una vez pasada la guerra, Juana María tenía claro cual sería el destino de sus hijos. Ella no podría costear dos grandes carreras, y sabía que daría las mismas oportunidades a los dos (nos encanta saber que no dejó a la niña relegada, por el hecho de ser niña), así que los dos hermanos se matricularon en el curso de Ingreso para la Escuela Normal de Cádiz.
Dado lo inestable del momento, cuando comenzaron sus estudios ni siquiera sabían cuántos años durarían. Estudiaba en Cádiz, justo enfrente del Parque Genovés siendo una de sus profesoras Josefina Pascual.


 Las escuelas del convento, 1947
Doña Consuelo Vega, la decana
María de los Ángeles y Rosario Corrales, a la izquierda

Finalmente la carrera de Magisterio duró cuatro años, y María de los Ángeles regresó a Ubrique con sus dieciocho añitos recién cumplidos y su flamante título de maestra.
Era 1946 y, aunque no se convocaron oposiciones hasta muchos años más tarde, ella comenzó rápidamente a trabajar en las escuelas del Convento de Ubrique, donde la maestra decana era doña Consuelo Vega. Fue la encargada en exclusiva durante muchísimos años del tercer grado, por lo que la mayoría de las ubriqueñas nacidas entre 1938 y 1950 debieron de ser sus alumnas.
Porque ella, trabajadora incansable, hizo un alto en su magisterio en 1956 para dedicarse a su otra pasión: su familia.


 María de los Ángeles y Bartolo, 1946


El día de San Bruno de 1946 (el seis de octubre), un mocito muy espigado y elegante "le pidió salir"(en la época se decía "se acercó a ella"), y ella estaba encantada con el que sería el único hombre de su vida, su marido y el padre de sus hijos: Bartolomé Romero García.



 Domingo de Ramos de 1950


Y empezaron diez largos años de noviazgo. Nuestra tía nos cuenta que era demasiado tiempo. Los novios entonces iban a la Plaza, Plaza arriba, Plaza abajo. A veces se atrevían a bajar a Los Callejones, y daban paseos Callejones arriba, Callejones abajo. 
Cuando iban con amigos o familiares daban largos paseos, o pasaban un día de campo. Bartolo era un hombre emprendedor y muy imaginativo, capaz de  dedicarse a los más variopintos trabajos. Ella, mientras, seguía en su escuela, dedicándose a la enseñanza de tantas generaciones de ubriqueñas y de muchos ubriqueños, empeñada en enseñarles que no había que hacer distingos entre niños y niñas, entre hombres y mujeres, como había aprendido en la casa de sus padres y como enseñaría en la propia.



Boda en el Convento de Ubrique
15 de octubre de 1956

En 1956 María de los Ángeles comenzaría la que ha sido la tarea más importante de su vida: su familia con Bartolo.
Se casaron en el convento de Ubrique un soleado 15 de octubre de ese año (un mes después de nuestros padres), sus padrinos fueron  Manuel Janeiro (su hermano) y Pilar Romero (hermana de bartolo) y se instalaron en una preciosa casa que habían construido junto a la pila de la Esperanza, al final de Los Callejones.
Los hijos llegaron pronto, y fueron muchos: Juan (1957), María del Carmen (1959), Rogelio (1961), Lourdes (1962), Fernando (1963), Jesús (1964), María de los Ángeles (1966) y Mercedes (1971).


 Mari Carmen, Rogelio, Lourdes, Fernando, Jesús y María de los Ángeles
en la puerta de la casa familiar



No pueden ustedes hacerse una idea de la alegría y la vida que bullía siempre en esa casa. No solo había ocho niños, sino todos los primos, los amigos, los vecinos... siempre había sitio para todos.
Nuestra tía, que había detenido su labor académica para dedicarse a su familia, siempre ha sido una mujer de bandera, activa, organizadora y participativa: Cosía, limpiaba, planchaba, guisaba... Ayer recordábamos sus deliciosos guisos, sus gañotes, su mermelada de tomate.
Como tenía tantos hijos, compró una tricotosa para tejerles los jerseis, siempre fue muy mañosa. Pero nos ha confesado que la tricotosa no le permitía tener un buen rato de charla, así que la vendió pronto y siguió haciendo los jerseis de lana con las agujas, así podía hablar con todos y estar pendiente de su casa.


 Curso 1968-1969. Aula de El Convento
María de los Ángeles con sus alumnos y alumnas

No obstante, al ser una mujer inquieta y capaz, María de los Ángeles retomó su actividad académica en 1969. De nuevo volvió al Convento, que había sido su primer centro, y de nuevo se dedicó a sus alumnos, a su docencia y a sembrar aires de libertad y modernidad en su centro.
Como era interina, estuvo destinada en todos los colegios de Ubrique. En 1978, cuando ya sus hijos eran bastante mayores y no necesitaban tanta atención, decidió volver a estudiar y sacar sus oposiciones. 
Para quienes no están familiarizados con oposiciones ni con familias numerosas les diremos que los dos asuntos, por si solos, son auténticas proezas, por lo que sacar unas oposiciones ocupándose de una familia muy numerosa es algo verdaderamente muy difícil.
Pero  ella es una mujer de gran voluntad y gran capacidad, así que se puso manos a la obra. Se grabó los temas en un radio-cassette, y mientras planchaba o limpiaba o cosía podía oírlos, repetirlos y memorizarlos. Todo eso sin dejar su escuela, por lo que sus jornadas eran verdaderas maratones.
Siempre tuvo a su lado a Isabel, que ha sido como una hermana para ella toda su vida, y que le ha ayudado en todos los momentos. Pero sobre María de los Ángeles recaía el verdadero peso de la familia.
Levantarse temprano, dejar planteada la comida  (que Isabel y Bartolo se iban también al trabajo), el desayuno de once personas, llegar a la escuela a las nueve, volver a casa a la una. La comida. De nuevo a la escuela de tres a cinco, y a veces permanencia, talleres, teatros. Y, al llegar a casa, once meriendas, lavados, planchas gigantescas, aquella escalera siempre limpia, aquella casa siempre ordenada...
¡Y sacó las oposiciones! Estudiaba con Elena, y tanto Agustín como Bartolo les echaban una mano siempre que podían, fueron muchos meses de trabajo, pero valió la pena.


 Feria de Ubrique: los primos Janeiro en el Jardín, años sesenta
Bartolo y María de los Ángeles; Joaquina y Pepe; Manolo y Carmen; Esperanza y Manolo; Manolo e Isabel; Ana María y Heliodoro; Isabel, Clara y unos clientes de la fábrica; Lola y Paco.


Hay algo que siempre nos ha gustado mucho: las familias de nuestra abuela Julia, de Rogelio, de Isabel y de Ángel (sus hermanos) siempre han estado muy unidas. Para nosotros nuestras primas Mari Carmen o Mari Loli eran más cercanas que otras primas hermanas, por ejemplo. Y siempre hemos vivido la conexión de nuestro padre con sus primos y primas. 
Los Janeiro son muy "familieros", y precisamente este grupo de primos ha pasado muchas experiencias juntos, los recordamos juntos en ferias, romerías, bodas, celebraciones y todo tipo de inventos. Nos gusta pensar que formamos parte de esta gran familia.


 Los primos en el Porvenir, años sesenta
Julia, Remedios, abuela Julia, Manolo, Ana María, María de los Ángeles y Bartolo



Y desde la perspectiva que teníamos todos estos años, hemos podido observar a María de los Ángeles y ver cómo se apañaba para compaginar magistralmente su trabajo, su casa y todas las actividades que acometía. Siempre ha sido impresionante.

Con las oposiciones ganadas María de los Ángeles siguió trabajando en Ubrique, su último colegio fue el Víctor de la Serna, donde trabajó con muchos de los que habían sido sus alumnos, ahora profesores. Siempre respetada y apreciada, todos la han considerado una buena mujer, una excelente maestra y un ejemplo de persona abierta y dispuesta siempre a tratar a todos sus alumnos por igual, sin hacer distinciones de ningún tipo entre ellos, atendiendo a sus necesidades y dedicándose a ellos en muchas ocasiones más allá del deber.
La que al principio fue maestra casi sin pensarlo, y comenzó sus estudios en tiempos de guerra, sin saber siquiera si podría terminarlos, se convirtió en una profesional de excelencia, modelo y ejemplo para las generaciones posteriores, querida por sus alumnos y admirada por todos los que hemos tenido algún contacto profesional con ella.
Estuvo trabajando hasta finales de los ochenta, después de haber sido maestra durante más de treinta años. Sus compañeros y su familia se reunieron en el restaurante de la piscina para hacerle un homenaje de agradecimiento después de tantos años dedicada a los niños y niñas ubriqueños.

Mientras tanto su familia seguía creciendo. Sus hijos se fueron casando y fueron siendo padres a su vez. Ahora son catorce nietos los que suman en esta familia tan numerosa, y siempre tan familieros.

Las familias Janeiro y Carvajal
María de los Ángeles a la derecha de la imagen


A finales de los noventa Bartolo, su compañero de toda la vida, enfermó. Esto fue un verdadero mazazo para todos, y para ella aún más. Sin embrago, lejos de caer en el desánimo, sacó fuerzas de flaqueza y se dedicó en cuerpo y alma a cuidarlo, a acompañarlo, a cambiar toda su casa para que su vida fuera lo mejor posible. A pesar de haber perdido algunas de sus facultades, ella se empeñó en comunicarse con él, y le tendió repetidamente papel y lápiz, hasta que Bartolo empezó a pintar con una destreza increíble.
Lo cuidaba con una ternura y una devoción que aún emociona.
Entonces echaba de menos lo que ha sido quizás, una de sus asignaturas pendientes: poder conducir un coche. Eran tantos que no había coche en el que cupieran.
Desgraciadamente Bartolo murió en 2009, y desde ese momento ella ha seguido al cargo de su casa, de los suyos y,  por supuesto, de su querida Isabel.
Ayer, mientras hablábamos con ella y le pedíamos que nos contara algunos detalles de su vida, nos respondía que la suya era una vida corriente y que no destacaba por nada.
Nosotros estamos seguros de que ha sido una de las maestras que más hondo ha calado en los ubriqueños y ubriqueñas (con el permiso de doña Ángeles Bohórquez y doña Consuelo Vega), no solo porque ha sido la maestra de tantas generaciones de ubriqueños y ubriqueñas, sino porque en sus aulas siempre ha habido cantos de libertad, de pensamientos abiertos, de igualdad y, sobre todo, de una gran  humanidad.

Para nosotros, además, es nuestra tía, casi el último bastión de aquellas Janeiro (junto con nuestras tías Isabel, Ana María y Remedios) que tanta huella han dejado en todos nosotros.
Por todo esto hoy, el Día de la Mujer, hemos querido hacer este pequeño homenaje a una mujer ubriqueña valiente, fuerte y capaz, siempre fiel a sus ideas y a los suyos.





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María de los Ángeles con su hija pequeña, Mercedes