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sábado, 12 de noviembre de 2011

Ubrique en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla

Museo de Artes y Costumbres Populares, Sevilla
Fotografía: Leandro Cabello


Nuestro hermano Leandro nos ha traído un regalo de Sevilla: un recorrido por el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, en el que se conserva, afortunadamente, un trocito de nuestra historia y nuestro patrimonio: la prensa del lagar de las Bodegas Quemás y una reproducción de un taller de las antiguas tenerías de Ubrique.





 Cartel a la entrada del taller del Curtidor
Fotografía: Leandro Cabello

En la entrada a esta sala, dedicada a nuestro pueblo y a las tenerías, podemos leer una explicación de cómo se ha ido perdiendo esta actividad artesana, conservándose solamente, en el caso de Ubrique, la fabricación artesanal de artículos de piel, aunque con materias primas de importación.



Taller de curtidos, antigua tenería de Ubrique
Fotografía: Leandro Cabello

En 1971, Manuel Cabello organizó, junto a sus compañeros de la Escuela de Artes y Oficios, una exposición antológica de piezas históricas, arqueológicas y curiosas de nuestro patrimonio. (Pinchar en este enlace para leer la entrada).
Una vez terminada la exposición, una parte de estas piezas fue al Museo Escolar del Colegio Reina Sofía, y la ottra al Museo de Artes y Costumbres Populares, donde aún se conserva esta sala dedicada a las tenerías de Ubrique.


Prensa del Lagar de las Bodegas Quemás
Fotografía: Leandro Cabello



En otra de las salas del museo se encuentra la antigua prensa de las "Bodegas Quemás" ubriqueñas. Nuestro padre también ayudó a don Salvador de Sancha, entonces director del museo, a la recuperación de esta auténtica joya, que aún se encuentra en un magnífico estado de conservación. También podrán leer el relato de esta recuperación pinchando en este enlace.



Antiguas Jarras procedentes de Ubrique
Fotografía: Leandro Cabello



Juego de pesas, proveniente de Ubrique 
Fotografía: Leandro Cabello

Es curioso cómo un recorrido por este museo nos hace pensar cúanta razón tenía nuestro padre queriendo preservar y recuperar nuestro patrimonio. Gracias a su tesón y a su interés se conservan actualmente piezas únicas que de otro modo habrían desaparecido.
Podemos ver estas piezas tanto en el Museo de la Piel de Ubrique, como en la Ermita de San Juan de Letrán (allí se han trasladado las piezas arqueológicas de la Plaza de Misión rescate), en el Museo Escolar Reina Sofía, en el Museo Arqueológico de Cádiz y,por supuesto, en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla.








lunes, 21 de diciembre de 2009

La exposición de 1971



Hemos hablado varias veces en este blog de la exposición que nuestro padre montó en la Escuela de Artes y Oficios con los objetos que recogieron los componentes del grupo 208 de Misión Rescate. Hoy reflejamos su versión:




EXPOSICIÓN DE HISTORIA Y CURIOSIDADES UBRIQUEÑAS

En el Capítulo X de “Ubrique, encrucijada histórica”, Manuel Cabello nos habla del “Cristo de la Escuela”, de Benaocaz y de la exposición que montó en la antigua Escuela de Artes y Oficios en los años setenta. Transcribimos a continuación sus anotaciones:

“ Todas nuestras tareas habían sido realizadas de una forma muy intimista y muy nuestra (se refiere a los trabajos de investigación que llevaba a cabao con el Grupo de Misión Rescate 208), y no entendíamos porqué aquello tenía que salir fuera. Pero, bien pensado, la muestra podía ser un acicate, una especie de atracción, para que los visitantes nos facilitaran nuevas pistas y así ampliar nuestros estudios en la zona, pistas fruto de los comentarios que, a buen seguro, se efectuarían en las visitas. Y esto fue lo que nos espoleó para montar la pequeña colección que titulamos “Exposición de historia y curiosidades ubriqueñas.” Por cierto que quedó fenomenal. Y la verdad, si Ubrique no es como es, aquello hubiera sido un fracaso . Verán porqué: todas las personas a las pedimos su colaboración se brindaron de tal manera que no encontramos manera de agradecerlo.

Como sería largo de relatar todo lo que expusimos durante una semana, nos centraremos en los detalles que más llamaron la atención: Lógicamente, el utillaje de tenería donado por los señores Rojas y Romero iba en una primera sala que simulaba una fábrica de Curtidos antigua. Sus paredes repletas de pieles preparadas en Ubrique: Corzos, cabras, venados, culebras, lagartos y algunos animales disecados. En mesas al efecto se exponían muestras primitivas de la marroquinería ubriqueña. Sobre un tablero de “rivera” una piel en proceso de curtición y detrás un maniquí vestido a la antigua usanza de tenerario, con detalles personales de todo tipo.




En otra de las salas, material arqueológico facilitado por el Director de las Excavaciones del Salto de la Mora, Don Salvador de Sancha Fernández, y material de distinta procedencia. Destacaba un maravilloso Cristo del siglo XVIII de mármol, de una sola pieza, al parecer el primitivo de la ermita del Calvario de Ubrique y hoy día de propiedad particular. También algunas armas antiguas, algunas prestadas para la ocasión por la Guardia Civil del pueblo.
La participación ciudadana fue muy importante en esta exposición, muchas personas prestaron o cedieron objetos familiares para decoración o para exponer, por su calidad y variedad. Desde la estatua de porcelana del niño que prestó Teresita, hasta pendientes, pisacuellos, gemelos, pasadores, rosarios e incluso anillos que fueron entregados para esta exposición.


Y en otra sala fotos, planos, notas de prensa, comentarios, etcétera. En fin, una interesante muestra de la inquietud manifestada por el Grupo.
Gracias a esta muestra recibimos muchas insinuaciones y pistas que acabarían poniendo el broche final a nuestro trabajo: LA CATALOGACIÓN DE MÁS DE CIEN YACIMIENTOS HISTÓRICOS, ARTÍSTICOS Y ARQUEOLÓGICOS DE LA COMARCA UBRIQUEÑA.


(Manuel Cabello depositó este utillaje en su último colegio, el CEIP Reina Sofía, con la esperanza de que se creara el Museo de la Piel de Ubrique, y precisamente este año los responsables del centro han enviado al recién creado Museo de la Piel de Ubrique, en el Convento de Capuchinos, bajo la dirección de Maribel Lobato y Paco Lozano).


Esperanza Cabello Izquierdo, diciembre 2009



domingo, 29 de noviembre de 2009

Manuel Cabello Janeiro: La prehistoria en Ubrique

Hallazgos prehistóricos en cuevas
Exposición de 1971. Foto: Manuel Cabello


La pasión de Manuel Cabello por la investigación, la prospección y la aventura fue una pauta durante toda su vida. A principios de los años sesenta, y siempre acompañadao por sus amigos, Manuel comenzó a organizar paseos por el pinsapar, al Pico de San Cristóbal, al Berrueco y, por supuesto, a todas las cuevas y simas de los alrededores de Ubrique.

Recordamos que a veces encontraron objetos extraordiarios. José López López (Pepe er de Genoveva) nos contó hace unos días que yendo a la Diaclasa (en el Puerto de la Cruz, entre Ubrique y Benaocaz) nuestro padre encontró una bayoneta francesa oculta en la gruta.

También encontraron los restos de alguien que se refugió durante la guerra civil ( había un fusil, munición, restos de comida, ropas...), en aquella ocasión tuvieron que dar parte a la Guardia Civil, que se hizo cargo de las armas.

También descubrieron restos de cerámicas, de huesos y de objetos prehistóricos.

En un recorte del Diario de Cádiz, del miércoles, 23 de octubre de 1963, podemos leer la explicación del hallazgo de restos prehistóricos:


INTERESANTES HALLAZGOS EN UNA SIMA, EN UBRIQUE

UBRIQUE, de nuestro corresponsal LÓPEZ DIÁNEZ).- El pasado domingo, el grupo de montañeros de Ubrique, integrado por los señores Vilches, Cabello, Janiero y Piñero, en una excursión realizada por las laderas del lugar conocido por “Cruz de la Viñuela” decubrieron una profunda sima, por la que descendieron.

El resultado fue que a unos 60 metros de profundidad encontraron una cueva, y en ella, vestigios humanos que se supone pertenecen a una época prehistórica. Huesos de personas, restos de cerámica y, como caso curioso, un diente de marfil acanalado, seguramente un amuleto...

(El artículo se corta aquí).




Interesantes hallazgos en una sima
Diario de Cádiz, 1963


jueves, 19 de noviembre de 2009

La exposición de 1971

 
En el año 1969 Manuel Cabello trabajaba ya como maestro en la Escuela de Artes y Oficios, al llegar allí se encontró con un plantel de maestros que se convertirían en amigos para siempre y un gran número de alumnos, sus primeros alumnos, que quedarán, también para siempre, en el recuerdo de todos nosotros.

Fundamentalmente encontró apoyo en don Francisco Collado, compañero durante muchísimos años hasta su jubilación, y en don Manuel Carrasco, profesor de carpintería, que se convirtió en gran amigo e "inventor" de mil y una actividades diferentes: castillos de fuego, belenes vivientes, belenes mecánicos, cabalgatas de Reyes...

Terminando el primer trimestre del curso 1970-1971, y después de haber recibido los primeros premios de Misión Rescate, Manuel Cabello tuvo la genial idea de montar en su centro de enseñanza una exposición antológica en la que recogerían los hallazgos más importantes hasta el momento, sobre todo las piezas recogidas en las dos últimas tenerías de Ubrique, salvadas en el último momento de perderse para siempre entre los escombros de los edificos.

Él había pensado cómo hacer para que todas las piezas antiguas, todos los "cachivaches" abandonados y todas las "antiguallas" despreciadas y arrinconadas en trasteros y "soberaos" recobraran su valor. Así que empezó a montar, con la ayuda de sus compañeros, el apoyo de sus alumnos y los padres de sus alumnos y la solidaridad de toda la familia y amigos, una "Exposición antológica", en la que fueron incluyendo, poco a poco, muestras de todas la sabiduría popular, de la artesanía y del arte ubriqueños.

Había un par de salas de arqueología con piezas encontradas en tierras de labor y en el Salto de la Mora. La gente estaba orgullosa de poder enseñar los objetos encontrados.

La sala más preparada era la del curtido. Con un maniquí se reproducía fielmente el proceso de curtición. En las paredes estaban, cuidadosamente distribuidas, todas las herramientas necesarias que habían recuperado gracias a la amabilidad de don Miguel Romero.

La sala que más nos gustaba era la que reproducía objetos cotidianos de las casas; objetos de adorno, muñecos, cuadros, figuritas finamente talladas... Todo ello en bonitas estanterías, con pañitos bordados, o en cuadros por colecciones, independientemente de fechas, que nuestro padre diseñó con mucho arte.

Manuel Cabello había hablado con muchas familias para que cedieran sus cuadros durante esta exposición, así que podíamos ver cuadros de Manuel , Julia y Rogelio Janeiro, de Pierre Matheu, de Juan Rodríguez Cabas , de Manuel Pillard y de varios pintores ubriqueños.

La pieza que más destacaba era el famoso Cristo de mármol del Calvario, impresionante, que durante la guerra civil había pasado a manos de particulares.

Durante varias semanas todos los del pueblo pudimos visitar la exposición. Nuestro padre no se olvidó de invitar a las autoridades provinciales y regionales, con el correspondiente eco en la prensa y el ir y venir de muchísimas personas .

A partir de ahí, su mayor ilusión fue conseguir una exposición permanente de las obras de arte y artesanía ubriqueñas. Durante el resto de su vida estuvo trabajando en el Museo Escolar en todas las escuelas en las que trabajó, quedando las piezas de arqueología y de curtición en el CEIP Reina Sofía trás su jubilación.
Actualmente, las piezas arqueológicas siguen en el colegio, y las herramientas de curtición están depositadas en el Museo de la Piel de Ubrique
.



Manuel Cabello hace de "cicerone" en la
Exposición Antológica de 1971


miércoles, 2 de septiembre de 2009

Manuel Cabello Janeiro: valedor del Patrimonio Histórico de la Sierra de Cádiz

Foto: Manuel Cabello y Francisco Collado
con los primeros "batidores" de Misión Rescate
Plaza del Ayuntamiento, 1968


En el año 2004, nuestra hermana Natalia, profesora de Geografía e Historia, escribió un artículo agrupando y elogiando la tarea que nuestro padre había realizado durante toda su vida para revalorizar el Patrimonio histórico de la Sierra de Cádiz. Transcribimos, con su permiso, a continuación dicho artículo, publicado en la Revista de la Asociación Papeles de Historia, en el número cinco.También podemos encontrar el artículo en Papeles de Historia.



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MANUEL CABELLO, VALEDOR DEL PATRIMONIO HISTÓRICO DE LA SIERRA DE CÁDIZ, POR NATALIA CABELLO IZQUIERDO, LICENCIADA EN HISTORIA
Estudio publicado en la Revista de la Asociación Papeles de historia número cinco, en 2006

Hace 35 años se llevaba a cabo en Ubrique la primera intervención arqueológica, concretamente en el yacimiento de Ocurri, o Salto de la Mora, como gusta decir a los ubriqueños. Era enero de 1971, y aquella primera actuación (limpieza y restauración del columbario) iba a constituir todo un hito en lo referente a la valoración del patrimonio arqueológico en el conjunto de la Sierra de Cádiz.
Con la perspectiva histórica suficiente, hoy resulta fácil concluir que aquella primera intervención arqueológica fue realmente el comienzo de la puesta en valor de nuestro patrimonio histórico, y, detrás de la misma, se encontraba la figura del historiador local y maestro Manuel Cabello Janeiro, que en aquella época supo apreciar la importancia histórica de un yacimiento poco conocido por entonces.
Esto hay que entenderlo dentro del contexto de una sociedad, la de la época, imbuida en pleno proceso de desarrollismo y en consecuencia, con unos valores casi diametralmente opuestos a la conservación de nuestra historia y de no pocos elementos culturales.
Hace 35 años que Ubrique comenzaba a prosperar económicamente y a experimentar un crecimiento de su población en un momento en que tantos pueblos estaban sufriendo un progresivo éxodo rural. No obstante, culturalmente y sobre todo en lo que a valoración de patrimonio histórico se refiere, el panorama local era casi un desierto. Y digo casi porque es en este contexto en el que Manuel Cabello comienza sus trabajos de puesta en valor del patrimonio histórico y etnográfico no sólo de Ubrique, sino también de los pueblos de alrededor.
Destacan en Manuel Cabello sus facetas de autodidacta y polifacético, en un mundo en el que sus actividades culturales no fueron siempre comprendidas debido particularmente a las circunstancias históricas que le tocó vivir. A comienzos del siglo XXI parece normal gestionar la conservación del patrimonio y podemos entenderlo como algo que pertenece al conjunto de la sociedad. Hace 35 años, sin embargo, no existía un marco de actuación política integral ni un desarrollo legal completo sobre el tema, pero sobre todo no existía una concienciación sobre la pertenencia a la sociedad de los propios elementeos culturales y patrimoniales (algo que, por otra parte, es consustancial a la democracia).
Por todo ello, el trabajo que Manuel Cabello llevó a cabo y que detallaremos en este artículo es del todo novedoso.
Pero sin duda su faceta más reseñable es de la pionero y precursor de la puesta en valor, conservación y divulgación del patrimonio histórico (arqueológico, archivístico, monumental y etnográfico) de Ubrique y de otros pueblos de la Sierra de Cádiz. En este sentido dejó una ingente labor.
Siempre intentó llamar la atención de los poderes públicos y apelar a la conciencia ciudadana de que el patrimonio histórico era algo perteneciente a todos, no sólo para respetarlo, sino para sentirlo como propio (1). En este sentido, se adelantó bastantes años.
Además del patrimonio arqueológico, mostró gran interés y dedicación sobre el patrimonio archivístico y etnográfico. Llamó la atención de los miembros de la Corporación Municipal de Benaocaz sobre el extraordinario valor del Archivo Histórico que, en los años setenta del siglo XX, se encontraba en mal estado de conservación (amontonados, desclasificados, con grave riesgo de deterioro sus legajos) pues en esas fechas aún no se había tomado del todo conciencia de su valor.
También llevaría a cabo a principios de los 80 un estudio de campo de las actividades artesanales tradicionales (almazaras, lagares, batanes...) en la ribera del río Gaidóvar (Grazalema). Llegó a ordenar y redactar la abundante documentación recogida, pero, desafortunadamente, nunca tuvo ocasión de publicarla.
Realizó numerosos estudios históricos sobre el patrimonio inmueble (Convento de Capuchinos, San Juan de Letrán, San Pedro, Antigua Plaza de Toros, etc.) y muebles (tallas en madera de imágenes religiosas). Incluso buscó sus propias raíces familiares remontándose hasta 1972; trabajo que le ocupó siete años. Para ello indagó hasta en trece archivos, la mayoría de ellos parroquiales, de diversos puntos de España (2).
No obstante, el asunto que más le motivó y al que dedicó la mayor parte de su vida fue la investigación histórica del mundo de la piel, tan importante para la población ubriqueña. Puso gran empeño a lo largo de muchos años para que en Ubrique se ubicara un Museo Municipal de la Piel. Sin embargo, pese a los esfuerzos invertidos, y debido principalmente al escaso interés demostrado por los poderes públicos, el Museo nunca se materializó.

Primeros pasos
La intervención arqueológica de Ocuri que comentábamos al principio había estado precedida por tres años de intensa gestión por parte de Manuel Cabello. Durante esos tres años (1968-1970) intentó llamar la atención de una comunidad de arqueólogos tal vez más preocupada por los grandes hallazgos y los grandes yacimientos que seguramente no esperarían encontrar en la Sierra de Cádiz.
No obstante, la insistencia de Manuel Cabello sobre la importancia de Ocurrisy su preocupación sobre el estado de abandono en que se encontraba, (su construcción más emblemática, el Columbario, se usaba como pocilga) consiguió atraer la atención de directores de museos como el de Artes y Costumbres Populares de Sevilla (como Salvador de Sancha, que fue finalmente el director de los trabajos arqueológicos) de Málaga, de Huelva..., incluso del profesor Martín Almagro, por entonces director general de Bellas Artes, que valoró positivamente la importancia del yacimiento. Todo ello ayudó, de alguna manera, a la puesta en valor y a la divulgación de Ocurris (3). Este singular yacimiento sería objeto de la primera excavación sistemática algunos años después (1977), aunque, desgraciadamente, sus memorias nunca fueron publicadas (4).
El “redescubrimiento” de Ocurris por parte de Manuel Cabello ha puesto en manos de las presentes generaciones la posibilidad (por estudios posteriores que se han realizado) de obtener un conocimineto más riguroso del mismo y disfrutar de un elemento patrimonial valorado socialmente. Todo ello a pesar del “oportunismo”, todo hay que decirlo, del que se han valido algunos organismos públicos en los últimos años para proyectar el yacimiento hacia una, hasta el presente, costosa y poco existosa orientación turística que, además, está poniendo en peligro la propia conservación de los restos constructivos del yacimiento.
La dedicación a Ocurris fue sin duda uno de sus trabajos sobre el patrimonio arqueológico más importantes, aunque no fu e el único.
Manuel Cabello llegó a catalogar más de cien yacimientos arqueológicos en la Sierra de Cádiz durante las décadas de los 70 y 80 del siglo XX después de una intensa labor de trabajo de campo. Aunque algunos pueden estar considerados en entredicho (por su dudosa ubicación o por su verdadera adscripción temporal y cultural) otros realmente sí que existen y corren hoy día el peligro de desaparecer. Entre ellos destacamos la localización de villas romanas como La Bovedilla de Pepe Pérez (que fue objeto de excavación arqueológica de urgencia en 1992 a raíz de las obras del nuevo trazado de la carretera proyectada entre Ubrique y El Bosque). La bovedilla de Luque, la villa de Los Bujeos (que conserva un enterramiento monumental único), la localización del poblado medieval de Archite...
Aunque recientemente una parte del núcleo urbano de Ubrique ha sido declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía, tradicionalmente y hasta la fecha no se ha tenido en cuenta la documentación y recuperación de sus restos arqueológicos. Cualquier obra nueva en el casco antiguo que haya requerido el rebaje del solar, nunca ha estado precedida de medidas cautelares para comprobar los niveles arqueológicos y nunca se ha tomado la iniciativa, por parte de la administración competente, de realizar una simple excavación de urgencia. En los años 70, Manuel Cabello pudo ser testigo de restos aparecidos en diferentes solares ubriqueños (Barriada El Rincón, Avenida de Carlos Cano...) y, en la medida en que sus posibilidades se lo permitieron, tomó la iniciativa de documentarlos. Merece destacarse, entre otras, la prospección que realizó en las obras de edificación de la guardería La Esperanza. De esta manera, quedaba documentada para la posteridad la ubicación de un asentamiento romano en el solar de la actual guardería, parcialmente destruido por las zapatas de cimentación del edificio (algunos de los restos rescatados se encuentran ubicados y custodiados en el colegio “Reina Sofía”) (5).
Manuel Cabello publicó sus trabajos arqueológicos en “Ubrique: encrucijada histórica” (1987) (6), dedicado a la juventud ubriqueña, llevando de esta manera a cabo una importante labor divulgadora del patrimonio arqueológico de la zona.
Estudios sobre la industria de la piel
Consciente plenamente de la importancia de nuestra propia historia y llevado por un gran interés, desde muy pronto Manuel Cabello se dedicó a la investigación sobre los orígenes de la industria de la piel y su desarrollo a lo largo de la historia. Para su suerte fue también testigo de una época histórica en la que pudo recoger de forma directa todo tipo de información respecto al mundo de la piel: orígenes y evolución de cómo se había ido desarrolando la industria en Ubrique, su estructura empresarial, los diferentes procesos y técnicas de fabricación, etc. Todo ello desde finales del siglo XIX y todo el siglo XX.
En varios capítulos de su obra “Ubrique, Piel al Descubierto” (donde Manuel Cabello narra un recorrido turístico y cultural por el propio pueblo) no olvida recoger retazos de esta extraordinaria historia (anécdotas, fabricantes (7), origen de las petaquerías, descripción de las mismas). Sin embargo, el grueso de su investigación no tuvo ocasión de publicarlo aunque fuese su intención (8).
Se conservan muchos de los documentos recogidos en el proceso de investigación, otros, sin embargo, rescatados por él msmo de la memoria histórica de los propios protagonistas, se han perdido quizás para siempre.
Paralelamente a esta investigación, Manuel Cabello fue muy pronto consciente de que estaba viviendo un momento en el que lo que quedaba de las antiguas fábricas de curtidos de pieles (tenerías) estaba a punto de desaparecer para siempre. Por ello puso todo su empeño en la conservación de ese patrimonio singular y único y en reivindicar un Museo que recogiera nuestra propia historia. En sus obras deja muchas veces clara esta intención.
Todo comenzó en los años 70, cuando Manuel Cabello puso su atención en el denominado Rodezno, un lugar que actualmente se encuentra ruinoso y casi olvidado pero con una potencialidad como recurso cultural y museístico incuestionable. Fue centro de la vida ciudadana ubriqueña, sobre todo en el siglo XIX, terminando por caer en el desuso y abandono en la primera mitad del siglo XX. Según el propio Manuel Cabello, existían en el Rodezno dos o tres molinos (usándose uno de ellos como primera Fábrica Municipal de Luz a partir de 1893), una panadería y cinco tenerías (9). De éstas sólo quedaba una, propiedad de Manuel Rojas. Éste ofreció algunos de los instrumentos y herramientas usados en el curtidode las pieles (10) y que actualmente se encuentran custodiados en el colegio “Reina Sofía”, esperando su hipotética ubicación en un posible Museo de la Piel (11).

De otra tenería, no lejos del Rodezno, propiedad entonces de Miguel Romero, Manuel Cabello tuvo la ocasión de conseguir utillaje y otros elementos para exponerlos en una sala del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, en la que permanecen actualmente (sala IV, en el sótano del mismo).
Por otro lado, Manuel Cabello fue haciéndose con numerosas piezas de artículos de piel elaborados en Ubrique hasta constituir una variada tipología de gran valor histórico. También llegó a redactar un proyecto de Museo y buscó los apoyos necesarios durantes dos décadas para su ejecución. Incluso a nivel político llegaron abarajarse varios nombres para su posible ubicación: el propio Rodezno, el Convento de Capuchinos una vez que estuviesen completadas las obras de restauración del mismo que comenzaron a finales de los 80. Nada de eso se llevó a efecto.
Y ese fue su último deseo, nunca cumplido: que Ubrique poseyera un espacio expositivo donde los ubriqueños pudiésemos conocer una parte sustancial e ineludible de nuestra propia historia y mostrársela a todos aquellos que supiesen valorar la importancia de conservar el patrimonio.
Porque la cuestión ahora es qué acervo cultural dejaremos a las generaciones presentes y venideras, ya que corremos el riesgo de olvidar para siempre esa parte de nuestra memoria; qué va a ocurrir con el patrimonio rescatado y la historia recuperada por Manuel Cabello. Quizás la perdamos para siempre... si no hacemos algo a tiempo.

Natalia Julia Cabello Izquierdo, Ubrique 2004





Notas
  1. ”Pero a pesar de este aparente triunfalismohablo también de denuncia. Denuncia porque casi todo está en el mismo abandono en el que lo encontramos. Los años y la desidia no han pasado en balde. Nuestro “Columbario” (...) fenece. Manos desaprensivas lo degradan (...) La etnología, curtidos y piel brilla por su ausencia, en un pueblo como Ubrique que se precia de ser “Cuna del artículo de piel”. CABELLO JANEIRO, Manuel: Ubrique, encrucijada histórica. Sevilla, 1987, pág. 10.
  2. CABELLO JANEIRO, Manuel: Del sombrero de tres picos a la montera (Breve historia de unos “Janeiros” en Andalucía 1992.
  1. CABELLO JANEIRO, Manuel: Ubrique, encrucijada histórica. Sevilla, 1987, pág. 9.
  2. Idem, capítulo IX
  3. Idem, pág. 76.
  4. Manuel Cabello dejó algunas publicaciones entre las que destacamos las ya citadas “Ubrique, encrucijada histórica” y “Ubrique, piel al descubierto” y además dos biografías de dos personajes ubriqueños: Diego José de Cádiz (Beato Fray Diego) y Francisco Panal Pérez (Obispo Panal). La biografía de éste constituiría su última obra escrita y para la elaboración de la misma, Manuel Cabello, ya con 65 años y siempre junto a su esposa, Esperanza Izquierdo, llegó a realizar dos viajes en 1997 a la localidad de Concepción de la Vega, en la República Dominicana, en la que el Obispo Panal había desarrollado su trabajo.
  5. CABELLO JANEIRO, Manuel: “Ubrique, piel al descubierto”. Sevilla, 1992, pág 170: “Conocemos facturas de artículos de piel vendidos a Cuba, en los años 1910 y siguientes, del marroquinero Antonio Domínguez García (n. 1875) que alcanzó el premio internacional a la calidad de sus productos en la Exposición Internacional de Filadelfia de 1926”.
  6. Idem: “(...) en un futuro, cuando nos comprometamos a hacer un título más serio y amplio del proceso evolutivo de la piel de Ubrique