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domingo, 17 de septiembre de 2023

A Martín Ferrador, por Pedro Pérez Clotet

 

Biblioteca Virtual de Andalucía



Por Esperanza Cabello


En el periódico "El Guadalete", en el número publicado el cuatro de julio de 1929, hemos podido leer un breve poema escrito por Pedro Pérez Clotet y dedicado, in memoriam, al jerezano Martín Ferrador.

Se trata de una preciosa décima (breve composición de diez versos octosílabos) perfecta desde el punto de vista de la composición pero de la que se nos escapan las alusiones e imágenes.

 

DÉCIMA

A “Martín Ferrador“

 In memoriam

 

Peregrino de la calma,

corazón de mar sin ola,

 con la luz del alba sola,

 con la luz sola del alma.

Puerto prendido de palma

 triunfadora, halló el anhelo.

¿Perdió el afán de su vuelo?

¡Ay, que el puerto cayó al mar,

y otro lejano palmar

abanica su desvelo!

 

P. PÉREZ CLOTET.

 

 

Martín Ferrador era el seudónimo con el que firmaba el jerezano Francisco José Ragel, miembro de la academia sevillana de Buenas Letras, de la Hispanoamericana de Cádiz, de Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba conservador de la Biblioteca de Jerez y cronista de su ciudad natal. Publicó la obra Tradiciones y apuntes históricos jerezanos, de alto valor documental.

 

 


 

 


lunes, 29 de noviembre de 2021

Bandoleros en la Sierra a finales del siglo XIX

 

 

Periódico "El Guadalete" 21 de noviembre de 1892

Biblioteca virtual de Andalucía


Por Esperanza Cabello


A finales del siglo XIX, según podemos leer en la primera página del periódico del Guadalete, en la Biblioteca Virtual de Andalucía, la seguridad en nuestra sierra era un problema grave, pues fuera del pequeño núcleo urbano había muchos pequeños núcleos de población en aldeas, fincas y campos, y eran precisamente estos los atacados por delincuentes, bandoleros en estado puro, que tenían a la población en jaque.

Transcribimos las quejas que uno de los lectores del periódico envía en forma de carta:

 

 

LA SEGURIDAD EN LA SIERRA

No puede estar más abandonada en casi todos los pueblos de la Sierra, no solo la personal sino la de la propiedad, constantemente amenazada por infinitos merodeadores que viven de la sorpresa y del robo.

Apenas pasa día sin que tengamos noticia, ya por conducto particular, ya por el oficial, de algún robo efectuado en aquellos abruptos caminos con la confianza que presta al malhechor la impunidad.

La repetición de estos actos, más frecuentes en el tiempo que entra que en el verano, tiene impedidos a los laboriosos vecinos de los mencionados pueblos, de consagrarse al trasporte de sus productos, y, sobre todo, de emprender los viajes necesarios para adquirir las primeras materias de sus industrias; en una palabra, el terror tiene hoy en suspenso la modesta vida mercantil de muchos pueblos de la Sierra.

Ya que se les priva de carreteras y caminos vecinales cómodos, déseles al menos buen número de fuerzas de la Guardia Civil, que garanticen la seguridad personal.

Como prueba elocuente de lo que venimos lamentando, a continuación copiamos los párrafos más importantes de una carta particular que ayer recibimos de Ubrique:

«Todavía no estamos en el invierno y ya se notan en esta región síntomas alarmantísimos de la seguridad personal que disfrutaremos en el que se espera.

» Después del robo hecho al farmacéutico D. Rafael Sánchez de Medina, en la noche del 11, se han verificado los siguientes:

«Aún clareaba el crepúsculo vespertino cuando se presentaron siete hombres en la casa cortijo del «Retamoso», a tres kilómetros de esta localidad, donde se encontraba el dueño D. Pedro Jaén Rodríguez, con su familia y criados.

«¡Todo el mundo al suelo!, dijeron los bandidos, y le robaron 1.500 pesetas en diferentes monedas, más dos onzas de oro, tres escopetas, mantas y ropas de valor.

«Se fueron tan tranquilos, dejándolos hasta sin pan.

«Encontráronse en pleno día y frente a la venta de «Albuera» a un pobre arriero y lo desbaldaron de 10 únicas pesetas que llevaba.

«Del molino de las «Dos paradas» han desaparecido también once gallinas; y en nuestra población el pánico es indescriptible, particularmente entre los que viven en el campo.

» Los que sufren semejantes perjuicios niegan los hechos cuando las autoridades los llaman para declarar, ante el temor, muy fundado, de escapar peor si los bandoleros cumplen sus pronósticos de quemar y asesinar si algo dicen; y como fusilaron ha poco tiempo Lorda y los suyos varias vacas, propias de un pobre labriego de Villaluenga, que dio parte de que andaban por su terreno, de ahí el silencio que las víctimas se han impuesto.

» Como por aquí no hay más que caminos de herradura y veredas para cabras, a las que forman marco sierras elevadísimas, con crecida vegetación, cada altura es un observatorio para los malhechores, que ven sin ser vistos; y mientras distinguen los vistosos uniformes de la Guardia Civil, encargada de perseguirlos, se ríen a mandíbula batiente de sus infructuosas pesquisas.

» Son siete los bandidos; visten bien, llevan tercerolas[1] y en sus bolsillos interiores pistolas y revólver.

» No les han visto caballos, y se presentan como contrabandistas, y otras veces fingiéndose empleados de la Tabacalera, divididos en dos grupos; pero luego se reúnen para dar un golpe como el del «Retamoso» para el que necesitaban más fuerza.

Aquí no hay otro medio que organizar una columna de Guardia Civil numerosa, con paisanos prácticos también armados; batir todas estas Sierras y tomar las salidas naturales del terreno, por donde pudieran escapar.

» La que compone este Puesto son un sargento y cinco guardias, que no pueden cumplir este servicio tan importante, aun cuando no les faltan ganas.

» En este sentido oficia el alcalde al Sr. Gobernador, pues si esto es ahora, cuando empiecen las lluvias y vengan las necesidades, que consigo trae la paralización de los trabajos agrícolas, el bandolerismo echará raices en esta región, costando más trabajo hacerlo desaparecer.»



[1] Tercerola: Arma de fuego usada por la caballería, que es un tercio más corta que la carabina. RAE

domingo, 31 de octubre de 2021

Petacas de Ubrique y cola de Grazalema en 1858

Diario El Guadalete, julio 1858

                            Biblioteca Virtual de Andalucía


Por Esperanza Cabello


Ayer hablábamos de las navajas de Ubrique, que habían obtenido, en la Exposición Provincial de 1858, un meritorio reconocimiento (en este enlace)

Pues en el mismo diario, varios días más tarde, el día 18 de julio, continúa la mención de los expositores y los premios obtenidos, y en la sección "Objetos de talabartería", podemos leer lo siguiente:

Cádiz, Jerez y Ubrique fueron los pueblos que expusieron en este grupo, siendo cinco los expositores, y siete los objetos. Sensible es lo raquítico del concurso en este ramo, que estando tan adelantado en nuestra localidad, solamente de ella hubieran podido presentarse multitud de objetos perfectamente trabajados.

 



Don José Félix Aragón, de Ubrique, presentó unas petacas de becerro del país, muy bien construidas, que obtuvieron mención honorífica.


Y justamente a continuación está la sección "Productos de la composición de las sustancias animales", y aquí encontramos a una vecina de Grazalema, nos encanta esta pequeña noticia, por la vecindad y porque se trata de una mujer, Rosa Mejía.

 



De Grazalema envió Doña Rosa Mejía, dos muestras de cola, una clara y otra oscura, que fueron premiadas con medalla de bronce y que eran notables por su limpieza.

 

 

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sábado, 30 de octubre de 2021

Las navajas de Ubrique

 

Diario "El Guadalete" 7 de julio de 1858

                             Biblioteca Virtual de Andalucía


Por Esperanza Cabello

 

Hubo un tiempo en el que Ubrique era conocido, además de por su pieles, sus petacas y sus mantas, por sus navajas y cuchillos. 

No solo existía un dicho referido a los cuchillos de Ubrique, que salían de su vaina sin dificultad, sino que existían buenas fábricas de navajas y cuchillos para los que utilizaban acero de excelente calidad y cuernos de animales para los cabos.

En esta estupenda entrada de nuestro amigo José María Gavira podemos leer pormenores de aquel dicho y de los cuchillos ubriqueños.

Pero además hemos encontrado, investigando en la Biblioteca Virtual de Andalucía, un artículo sobre la exposición provincial de Cádiz de 1858 en el diario "El Guadalete", en el que se consignan los premios obtenidos por los expositores, y, entre ellos, el siguiente:


Las navajas de Ubrique, presentadas por don Juan Gil Benítez, obtuvieron mención honorífica no solo por su buen temple y esmerado trabajo, sino también por el buen grabado de su hoja, hecho al agua fuerte, y por lo bien concluido de sus cabos.



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