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sábado, 30 de noviembre de 2013

¿"Ancá" Maza o "ancá" Gonzalo? Quizás "ancá" Heredia...

 Factura de la ferretería de Maza, 1962




 Por Esperanza Cabello

Estos otros documentos del antiguo casino nos han transportado a otro mundo, a otra época, a otras casas y a muchos recuerdos. Nuestra casa estaba muy cerca de estos negocios, y al ver las facturas hemos recordado cuando nos mandaban a comprar alguna cosilla "ancá" Maza, uno de los negocios más emblemáticos y curiosos para nuestra generación. En la ferretería de Maza, en la Plaza, había de todo, no solo material propio de ferretería, sino también todo tipo de objetos curiosos, propios de la época.


 Factura del arreglo de una radio de válvulas, noviembre, 1962
Antonio Heredia tenía un ingenio singular para el trabajo


Esta otra factura nos resulta igualmente curiosa: se trata del coste de la reparación de la radio del casino (en noviembre de 1962 aún no habían llegado los televisores a Ubrique). 405 pesetas por cambiarle tres válvulas y un potenciómetro. La radio era un elemento fundamental en los hogares y en los negocios de 1962, era el contacto que se tenía con el mundo exterior, además de la prensa, claro.



Factura de la ferretería de Gonzalo, en la calle Progreso, diciembre de 1963

 Esta tercera factura es de "ancá" Gonzalo, en la calle Progreso. Lo que más nos llama la atención son los objetos que se compraban habitualmente.






Una pala para el picón (la única calefacción que existía por aquel entonces: la copa de cisco o picón), una aljofifa ("jocifa" decíamos), una lámpara de 60V y papel higiénico (seguramente de la marca "El elefante"). Eso sí, el jocifador, para arrodillarse y limpiar, tenía que hacerlo un carpintero.






Normalmente todas las facturas son de productos de limpieza y desinfección, en esta otra factura de Gonzalo encontramos varios productos que entonces eran muy habituales, como por ejemplo dos "saquitos", se trataba de detergente, o tres paquetes de insecticida ZZ.


Un paquete de saquito
El mejor detergente


El fregón  de esparto
Para fregar el suelo


El estropajo, hecho de empleita de esparto, se llama "fregón" en Andalucía




Un bote de polvo insecticida ZZ


La verdad es que todos estos productos nos han transportado a otra época, a unos olores y texturas que ya habíamos olvidado, a unos productos que han debido de desaparecer del mercado, paro que fueron tremendamente habituales en nuestra infancia.


Factura de la ferretería de Gonzalo para el casino, septiembre de 1963



 En este tiempo aún se limpiaban los suelos a mano, con el fregón (hemos visto que esta palabra en su acepción andaluza tampoco está considerada por la RAE)  y la "jocifa", a veces apoyando las rodillas en el "jocifador", que era un utensilio de madera sobre el que se ponía un trozo de paño o de tela mullida. Se utilizaba jabón verde (o blanco) para enjabonar el suelo, y para fregar el cuarto de baño o la cocina se usaba "Saquito", tal y como se usa el "Vim" actualmente.


Una factura diversa, diciembre 1963


La última de las facturas que traemos hoy es la del camarero del casino en diciembre de 1963 (no sabemos quién era). Nos ha llamado la atención su sueldo, mil pesetas, y la compra de doce sacos de picón por cuatrocientas ochenta pesetas.
Como dijimos, era imprescindible tener picón o cisco para calentarse, también se compraba carbón para la cocina. Ya había llegado el butano a Ubrique un par de años antes, pero el carbón, el picón y el cisco seguirían utilizándose hasta finales del siglo XX.


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Los papeles del Casino de Ubrique

 Propuesta de nuevos socios para el Ateneo de Ubrique
1965


Por Esperanza Cabello

Siempre encontramos algún documento que nos llama la atención, por simple y por humilde que sea. En esta ocasión han sido varios papelitos casi insignificantes, que hemos encontrado entre la documentación del antiguo casino de Ubrique.
A pesar de ser solo unos papelitos, los nombres que incluyen, y el significado que tenían para los implicados ha hecho que nos detengamos y reparemos en ellos.
Se trata de las propuestas de socios del Ateneo para que otras personas pudieran pasar a ser socios.
El primer papelito es de septiembre de 1965, y proponen a don Bartolomé Pérez Sánchez de Medina, a don José Corrales García y a don Claudio Jaén Hidalgo.


 En el segundo proponen a don Doroteo Hurtado Solano y a don Heliodoro García Serrano 
en enero de 1964

Nos ha encantado ver aquí el nombre de nuestro tío Manuel Heliodoro. Aunque extremeño de nacimiento, se hizo ubriqueño desde que llegó a nuestro pueblo. Tuvo tal poder de adaptación y supo hacerse tan del pueblo que raramente pensábamos que no había nacido aquí. 
Y en el pueblo era querido y respetado por todos, supo, desde el primer momento, ganarse la amistad, la admiración y el aprecio de los ubriqueños, de sus alumnos, de sus vecinos, de su familia.

Y en el tercero a don Diego Fernández Corrales, en enero de 1965


Algunos de estos ubriqueños (de nacimiento y/o de corazón) ya no están entre nosotros, pero han sido personas queridas y muy apreciadas. Por eso, aunque estos documentos tengan, aparentemente, poco aimportancia, para nosotros son muy preciados.


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martes, 3 de septiembre de 2013

El pintor Juan Rodríguez Cabas en Ubrique

 El San Antonio en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria




Por Esperanza Cabello 

Hoy hemos tenido una gran alegría: nuestra galería del pintor Juan Rodríguez Cabas ha tenido una magnífica aportación de cuadros, muchos de ellos de Ubrique.
El abogado gaditano Joaquín Calandria Amigueti ha tenido la gentileza de enviarnos diez nuevos cuadros de Rodríguez Cabas. Corresponden a su etapa ubriqueña, de finales de los años  cincuenta, e incluyen rincones tan especiales como la Guindaleta, la calle Concejo, el Peñón de la Becerra, las calles Jesús y Magdalena y, por supuesto, el San Antonio.


 Calle Guindaleta, años cincuenta
Por Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria



 Joaquín nos ha explicado que los cuadros pertenecieron a personas de su familia política, a sus suegros, don Juan Reguera Carrasco y de doña Concepción Sanchez Reguera  y también a la tía de su  esposa, doña Consuelo Sánchez Reguera y su marido don Francisco Bohórquez Salcedo.



 Calles Magdalena y Jesús en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria


 Don Juan Reguera y nuestro abuelo Leandro eran muy amigos, suponemos que ambos, contertulios del casino, harían amistad con Rodríguez Cabas durante su estancia en Ubrique, y, del mismo modo que nuestro abuelo adquirió un buen montón de cuadros don Juan y su cuñado don Francisco adquirirían otros tantos.



 El Peñón de la Becerra en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria


 En cualquier caso para nosotros es una gran satisfacción poder contemplar estos cuadros y, sobre todo, saber que existen. Es un privilegio poder saber cómo era nuestro pueblo a los ojos de este artista en los años cincuenta.
Nos maravillan los detalles, las notas pintorescas, el colorido, la perspectiva: ropa tendida, ropa puesta a "solear",  burros trabajando, mujeres barriendo sus puertas, macetas, flores, calles empedradas, paredes encaladas, nidos de golondrinas...


La calle Concejo en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria


Quisiéramos agradecer encarecidamente a Joaquín Calandria que nos haya enviado esta maravilla de cuadros, nos ha permitido disfrutar contemplándolos  y podemos continuar con muestro particular homenaje al pintor impresionista Juan Rodríguez Cabas.

 Nota: Hemos añadido los otros cuadros al catálogo general que comenzamos en marzo de 2012


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viernes, 22 de marzo de 2013

El VIII Concurso de gañotes de Ubrique

El Café de Janeiro: un lugar de encuentro y cultura
Improvisado escenario del Concurso de Gañotes de Ubrique 
Fotografía: Esperanza Rubio Cabello


 Por Esperanza Cabello

Hoy ha tenido lugar el VIII Concurso de Gañotes de Ubrique. Desde que inauguramos este blog nos hemos presentado como "Equipo de Repostería Andalusí" y hemos cosechado "grandes triunfos" (una vez un premio) con nuestra receta de gañotes.
Para esta edición tuvimos incluso problemas de inscripción, pero hemos podido finalmente participar.
La tarde se presentaba lluviosa, pero supimos por el blog de Radio Ubrique que a pesar de la lluvia el certamen tendría lugar, celebrándose en el antiguo Café de Janeiro, sede de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo y la Plaza de la Verdura.



 Placa del Callejón de Janeiro 
Fotografía: Esperanza Rubio Cabello


 Así que cuando se acercó la hora señalada nos fuimos por el callejón de Janeiro al antiguo café de nuestro bisabuelo con nuestro canastito de gañotes  y una estupenda receta escrita en una de las papeletas del casino de Ubrique, de los años sesenta.
Llegamos de los primeros, nos colocamos en una posición estratégica y, por primera vez en todos estos años, pudimos ir viendo cómo llegaban una a una todas las participantes.


Cada una de los participantes colocaba sus gañotes 
con orden y bien decorados,
nosotros los estuvimos mirando como en un pase de modelos...
 Fotografía: Esperanza Rubio Cabello


 Nuestros favoritos: los nazarenos gañoteros
 Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



Otro semanasantero, gañotes llevando el trono
 Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



 Este año volvieron los gañotes de la balanza 
 Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



 En un lebrillo, como a nosotros nos gusta:
los gañotes de toda la vida
 Fotografía: Esperanza Rubio Cabello




En lebrillos, en canastos, en cestitas
 Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



Con un puchero, con cañas, con aceite  
Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



 Los de la balanza eran gigantes
y muy bien hechos 
Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



Y a estos les pusieron canela... 
Fotografía: Esperanza Rubio Cabello



La ganadora de este certamen ha sido Leonor Panal García (pueden verla en este enlace), con sus gañotes muy bien presentados y  muy bien hechos, y nosotros habremos quedado en un meritorio puesto, no sabemos cuál, pero seguimos estando completamente seguros de que si los gañotes los hiciera nuestra tía Reme, o nuestra tía Carmen, o la abuela Pepa, o nuestra madre, o nuestra abuela Natalia, o nuestra tía Nieves, o las Piñeritas habrían ganado el primer, primerísimo premio de los Gañotes de Ubrique.



Gañotes para el concurso
¿Alguien quiere uno?

Y nosotros, a pesar de que la repostería no es nuestro fuerte, estamos muy contentos de haber participado una vez más y volvemos a invitarlos, como cada año, a venir a nuestro pueblo por la Semana Santa, porque cada año, el viernes de Dolores, tiene lugar una celebración muy tradicional que hace homenaje a las buenas confiteras y a las estupendas reposteras de este pueblo a lo largo de los siglos.




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martes, 14 de agosto de 2012

Billares en Villaluenga

Futbolín de los años cincuenta, fabricado en Barcelona


Por Esperanza Cabello

En marzo de 2007 comenzamos nuestra andadura en este mundo entonces  increíble y mágico de internet. Al principio se trató de una página profesional, realizada para el centro de profesores, pero rápidamente decidimos que hacer un blog era una magnífica idea para homenajear a nuestros padres y para conseguir que sus nombres, sus trabajos y su historia estuvieran muy presentes en la red.
En el mes de abril comenzó el primer blog dedicado a Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo, y tras la presentación, una de las primeras entradas se llamaba como esta de hoy: "Billares en Villaluenga" (pinchando en este enlace podemos verlo).


Un futbolín de la empresa Escardibul



Aquellas primeras entradas aún no tenían imágenes (tuvimos que aprender la técnica del escaneado y a manejar los programas de tratamiento de fotografías) y aquel primer blog se quedó en el tintero, ya entonces existía la piratería, y alguien entro en nuestro nombre y cambió las contraseñas, impidiéndonos continuar las entradas pero, al mismo tiempo, dejando un testimonio muy curioso de aquel primer y primitivo trabajo.

A pesar de hacer más de cinco años y de haber repetido la entrada en el siguiente blog, nunca tuvimos una imagen para aquella anécdota familiar: 


"BILLARES EN VILLALUENGA

Ya hacía unos años que había terminado la guerra, pero aún eran los tiempos de los "maquis". Manuel Cabello era un jovencito con muchos ánimos, poco miedo y sólo un real en los bolsillos. Esa mañana se había puesto de acuerdo con dos de sus amigos: Paco Izquierdo, que después sería su cuñado, y Fernando Corrales. Una partida de billar o de futbolín en Ubrique costaba dos reales, mientras que en el casino de Villaluenga sólo un real, así que los tres cogieron el camino de la Calera y en un santiamén se plantaron en Villaluenga. Echaron su billar, y como no tenían más dinero, tuvieron que volver muertos de hambre por el mismo camino que habían subido.
¡Imagínense la preocupación de sus madres, todo el día sin saber nada de ellos y pasada la hora de comer! Al llegar a Ubrique, Manuel no tuvo más ocurrencia que explicar que aunque se había ido sin permiso, allí había sido educado, porque no había aceptado, de ninguna manera, la invitación para comer algo que una vecina les había hecho."



 Insignia de la casa Escardibul. Barcelona

 Pero hoy hemos tenido la ocasión de fotografiar lo más parecido a aquellos billares de los años cuarenta en Villaluenga. Se trata del futbolín que estuvo desde junio de 1953 en uno de los bares de Villaluenga del Rosario. Es un futbolín que estuvo en funcionamiento hasta hace unos años y que fue desechado al cerrar el bar. Está muy viejecito y muy deteriorado, después de casi sesenta años de uso, pero sus propietarios lo habían mantenido en buenas condiciones para entretener a los parroquianos del bar.

El futbolín tiene todas las marcas: las dos insignias de la Casa Escardibul, de Barcelona, una a cada lado, en ellas reza la siguiente inscripción: "Casa Escardibul, Barcelona. Calle Sicilia nº 163. Tel: 225-90-94". También tiene la chapa correspondiente de la Inspección Técnica de Máquinas y Aparatos de la Delegación de Industria de Barcelona, con fecha 16 de junio de 1953. "Fútbol de Salón" fabricado por RIM S.A.




Futbolín de madera, fabricado en 1953


Nos parece fantástico que haya personas que se preocupen por recuperar y reutilizar algunos objetos de nuestra vida diaria que van quedando obsoletos y son sustituidos por otros más modernos pero con menos historia.
Seguramente no tenga nada que ver este futbolín con el billar que tanta preocupación les causó a nuestras abuelas y seguramente ni siquiera estaba en el mismo establecimiento. Pero sí que es seguro que alrededor de  este futbolín se han vivido muchas historias, que nosotros mismos habremos echado una partida cuando subíamos a Villaluenga con nuestro padre de pequeños y que sesenta años de generaciones payoyas han marcado miles de goles en este futbolín. 
 
Quizás algún día encontremos también aquel billar...


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lunes, 23 de abril de 2012

Mateo Zapata Vázquez, un payoyo ubriqueño.

Mateo Zapata Vázquez


Por Esperanza Cabello

Nuestra búsqueda de cafés y cafeteras nos ha acercado un poquito más a un hombre extraordinario, cuya historia es verdaderamente excepcional, que tiene una memoria formidable y que es, seguramente, uno de los ubriqueños (nacido en Villaluenga del Rosario) de más edad que aún conduce y que continúa con su vida profesional. Mateo sigue el día a día en el taller de su hijo Sebastián Zapata.

Mateo Zapata junto a la Pila de la Plaza


Mateo nació en Villaluenga del Rosario el seis de junio de 1927. Sus padres eran Sebastián Zapata Fernández y María Vázquez Marín. Su padre era albañil, encargado de la eléctrica de la sierra, y tenían nueve hijos. Era una época muy dura, llegaron los años de la guerra y de la posguerra y apenas tenían qué comer.
 
Mateo recuerda que con diez añillos iba a coger tagarninas para llevárselas a su madre. Las preparaban, las pelaban... y después se comían las tagarninas y las peladuras, de hambre que pasaban, como tantas y tantas familias de la sierra en aquellos años.


La familia Zapata Vázquez al completo
Villaluenga del Rosario , 1936


Su tía, Isabel Vázquez Marín, que trabajaba en Ubrique en la fonda de Cañaílla, le buscó una colocación en Ubrique. Llegó a nuestro pueblo a trabajar el dieciséis de marzo de 1941, con doce añillos, y ha trabajado, desde entonces, todos los días de su vida, sin parar ni uno, ni siquiera el día de su boda, que por la noche tuvo que trabajar también como trasportista.



En la feria de Ubrique, con sus hermanos



Su primera colocación, en 1941, fue en el café de Pendón. Su jefe, Juan Domínguez Pendón, fue su primer patrono, lo colocó para hacer faenas, mandados, encargarse del agua, de la limpieza y empezar a servir. Mateo vivía, comía -poquillo entonces, que no había mucho- y dormía en el café.
En 1942, viendo que el chiquillo era "espabilao", Rodrigo Orellana lo contrató para el bar la Pila, justo a la izquierda de la pila de la Plaza. Mateo se encargaba del bar como un adulto, era capaz de servir las mesas, preparar los cafés y estar pendiente de todos los que entraban en el establecimiento. Nos cuenta que iba a tostar el café que traían las matuteras de Gibraltar a una tostadora que su patrón tenía en el patio de la casa de la calle Cañito. Preparaba una candela de leña y sobre las ascuas tostaba el café que después molía con un molinillo de dos asas.


 En la pila de la Plaza, años cincuenta



En 1947 se fue a trabajar al Casino de Ronda, donde estuvo solo un año, porque en 1948 lo llamaron a filas. Tuvo que ir a Zaragoza, pero nada más llegar lo volvieron, porque tenía los pies planos.
De vuelta a Ubrique empezó a trabajar en casa Barrera, el bar de la calle del Agua, allí trabajó desde 1948 hasta 1951.


Casa Barrera, con la cafetera exprés de la época



En 1951 Mateo cambió de profesión y comenzó como transportista en El Bosque con Matías Ramírez.
En 1953 volvió a Ubrique, y empezó a trabajar con la empresa de Transportes León hasta 1985.



 El camión de Transportes León con Mateo Zapata sobre  la carga
Ubrique, 1954-1955

Precisamente de su trabajo con esta empresa de transportes conocemos a Mateo. stuvo trabajando muchísimos años como transportista para la fábrica de nuestro abuelo Leandro, pueden leer su historia pinchando en este enlace. Mateo sigue mostrándonos, con orgullo, el escritorio de nuestro abuelo, que él recuperó y conserva  en su trabajo, y una cartera de cocodrilo de las de la fábrica, de aquellas de cocodrilo "auténtico" que eran la joya de la marroquinería ubriqueña.


Desde que se jubiló como transportista Mateo ha estado trabajando en el taller de automóviles con su hijo Sebastián y con sus tres nietos, si dejar de trabajar ni un solo día de su vida.


 Mateo Zapata en la feria


Es increíble cómo una persona puede estar tan pendiente de su trabajo y también de su familia. Mateo se trajo a sus padres y a sus ocho hermanos a Ubrique en 1945, viendo que aquí podía echarles bien una mano.
No se imaginan dónde vivían: en la ermita de San Juan, en el piso superior. Ignorábamos quiénes habrían sido los últimos habitantes de esta ermita y ahora sabemos que la familia Zapata Vázquez fue la última que la habitó. Sebastián recuerda cómo su tío entregó hace relativamente poco tiempo la llave al ayuntamiento.
 Memi Bernal nos ha traido una postal con una receta de "Caldo Santo"procedente del San Juan, nos preguntamos la posibilidad de que sea incluso de la madre de Mateo.


La familia Zapata Vázquez en su domicilio ubriqueño
El interior de la ermita de San Juan

En  junio de 1952 Mateo se casó con María Ordóñez López, se fueron a vivir junto al Peñón de la Becerra, y allí nació su primera hija, María, más tarde nacerían Rafi, Sebastián y María José, pero ya en otras casas, porque la familia se mudó pronto a la zona más baja del pueblo, estuvieron viviendo junto a los Grupos Escolares, en una casa que aún se conserva tal como era entonces.



Ubrique en expansión a finales de los años cincuenta
Se ve el campo de fútbol de San sebastián, los Grupos Escolares
y las casas de la carretera Nueva



Mateo Zapata es un hombre cordial y atento, dedicado a los suyos y a su trabajo toda la vida. Posee una memoria prodigiosa y nos llama poderosamente la atención cómo recuerda hasta los más mínimos detalles de las situaciones y de las personas. Nos despedimos de él en el taller que su hijo Sebastián Zapata tiene en la cañada de los Gamonales, rodeado de su hijo y sus tres nietos, que han heredado de Mateo la pasión por la mecánica y el trabajo bien hecho.



El seat 1500 de Mateos Zapata
Actualmente en el taller, además de dedicarse a los coches nuevos,
restauran y recuperan vehículos históricos.


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sábado, 21 de abril de 2012

La primeras cafeteras exprés de Ubrique

Máquina de café exprés originaria del bar "La Perla"
Oyarzun y Cía, principios de los cuarenta
Fotografía: Luis Eduardo Rubio


Por Esperanza Cabello

Hemos tenido acceso a una parte de la historia de Ubrique al poder fotografiar esta magnífica cafetera exprés de caldera, que estuvo a principios de los años cuarenta en el bar "La Perla" (La Perla y la Chabola son los bares más antiguos de Ubrique) y que después pasó al bar -al ambigú- que estaba dentro del cine Capitol.
Esta cafetera e un trozo de nuestra historia, nos habla de los bares, de los cafés y de las tertulias hace muchos años. Aunque no nos damos cuenta el café, tomar café, es algo muy propio de nuestra sociedad.
 Nuestra tía Isabel Álvarez (nacida en 1919) nos ha contado que el bar más antiguo del pueblo era el café de Janeiro, durante un tiempo el único que había en el pueblo, que había sido creado por nuestra tatarabuela Ana Córdoba. después de Manuel Janeiro Eloy Janeiro siguió con el bar, más tarde Arsenio, que lo tuvo muchos años, e incluso nuestro a buelo Paco lo mantuvo un corto tiempo. Después ya hubo varios bares en la Plaza y además  la Perla y la Chabola, que al principio era un almacén para una tenería y se reconvirtió en bar.
Cuando ella era joven (años treinta) todos los bares estaban concentrados en la misma zona: estaba el bar de Vicente Tenorio, exactamente donde está el bar la Plaza ahora (y ese era el casino, no el que conocimos nosotros). También estaba el bar  la Pila, de Joaquin Orellana, y en la casa de las Piñero estaba el bar de Ramírez. Además existía el café de Manuel Domínguez Pendón, en la esquina de la Plaza con la plaza de Francisco Fatou. 
Además, por supuesto, estaba la Perla y su flamante cafetera exprés...





También hemos estado hablando con Mateo Zapata, quizás el camarero más antiguo que hay en Ubrique, que llegó a nuestro pueblo a trabajar el 16 de marzo de 1941, y nos ha contado la historia del café y las cafeteras en nuestro pueblo. Mateo ha corroborado y completado los datos de los bares de Ubrique en esa primera mitad del siglo pasado.
Al principio no había cafeteras, en los bares se hacía el café de pucherete, calentando el agua y echándole el café molido antes de que hirviera. Cuando se servían los cafés se llevaba la cafetera en una mano y la lechera en la otra, sirviendo los cafés en las mesas.
El café lo traían crudo las "matuteras" desde Gibraltar, en talegas. 
Su primer jefe, Juan Domínguez Pendón, el dueño del café de Pendón, junto al casino, compraba los granos de café y los tostaba.


 Máquina para tostar los granos de café





Mateo recuerda que en 1942 Rodrigo Orellana lo contrató para trabajar en el bar de la Pila (donde está el ayuntamiento), y que tostaban el café en el patio de la casa en la calle Cañito número 9, en una tostadora con una candela de leña.
Después molían el café en un molinillo a dos manos, y los terrones de azúcar los liaban en papel finos de dos en dos.
Se servía café durante todo el día, a diez céntimos los primeros años, después a quince céntimos, y las zurrapas las recogía para el asilo un hombre llamado Manuel "el Cojo", que vivía con las monjas.


Mateo Zapata junto a la cafetera del bar Barrera
Ubrique, 1948

En 1948 Mateo empezó a trabajar en el bar de Barrera, en la calle del Agua, y allí había una magnífica cafetera exprés que habían comprado varios años antes. Mateo cuenta que seguramente esta fue una de las primeras cafeteras que llegó a Ubrique. Funcionaba con electricidad, pero cuando se iba la luz, algo muy corriente en la época, se ponían carbones encendidos en la caldera de abajo.

La otra cafetera, la que se conserva todavía, la de la Perla, debe de ser de la misma época, nos habían dicho que fue la primera que hubo en Ubrique, pero Mateo cree que la primera fue la de Barrera. En cualquier caso esta es  una cafetera Oyarzun de caldera, magníficamente conservada y en perfectas condiciones de uso.



La casa Oyarzun empezó a traer cafeteras exprés de importación en los años veinte. Hemos encontrado un anuncio de 1926 en el que solicitan vendedores para sus increíbles cafeteras.


Anuncio del diario ABC, 1926



Ya en 1934 encontramos que la casa Oyarzun fabrica sus propias cafeteras (hasta el momento eran de importación) y que está asentada en Madrid, en el Paseo Imperial, 10.



Anuncio de Cafeteras Oyarzun,  ABC 1934


La nuestra, la ubriqueña, debió de llegar a nuestro pueblo unos años más tarde, seguramente después de la guerra, cuando los negocios empezaron a recomponerse, y seguramente fue la admiración de todos los parroquianos que se acercaban a la entrada del lugar en aquella época.



Bar La Perla, a la entrada de Ubrique, 1930?
Regentado por la familia López desde su apertura

 Bar La Perla, años cincuenta



 Bar la Perla, 1962
Fotografía Gustavo Herrera


En todos esos años la cafetera exprés de Oyarzun estuvo preparando cafés para los ubriqueños y los visitantes, suponemos que  en los años sesenta o principios de los setenta la llevaron al cine Capitol para su ambigú, pero sólo recordamos que vendían refrescos y chucherías, quizás no se utilizara ya.
A finales de  los ochenta, cuando el cine se cerró,  la cafetera iba a ser tirada junto al resto del menaje, pero fue salvada de su abandono y reparada para que volviera a funcionar debidamente.



Primera fotografía que conocemos de la cafetera  de La Perla
Fabricada, efectivamente, en el Paseo Imperial de Madrid

La casa Oyarzun ha seguido fabricando cafeteras y material de hostelería todos estos años, en los años cincuenta patentaron la tolva de café y actualmente continúan fabricando máquinas de vending, esas que nos permiten comprar un café en cualquier sitio público.




Nunca nos habíamos interesado demasiado por las máquinas de café, ahora hemos descubierto que supusieron toda una revolución en el mundo de la restauración y que se fueron dando muchos pasos para que pudiésemos tomar un café exprés con un amigo en un bar.

Queremos agradecer expresa y encarecidamente a Mateo Zapata y a Isabel Álvarez no solo todos los datos que nos han aportado para hablar del café y las cafeteras, sino el buen rato que nos han hecho pasar con sus anécdotas y sus recuerdos.


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