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jueves, 6 de julio de 2023

Un viaje a Israel (2)

 

Una postal enviada desde el Diplomat Hotel de Jerusalén en 1976



Por Esperanza Cabello

Hace más de doce años escribíamos (en este enlace) sobre un viaje que nuestro padre hizo a Israel en 1967: 



"Entre las miles de cosas por las que se interesó nuestro padre y los cientos de viajes que hizo a todas las partes del mundo, hay uno que, por su especial interés y "exotismo" fue particularmente celebrado por la familia.
Corría la primavera del año de 1976 y Manuel Cabello era un célebre maestro ubriqueño, conocido no sólo en su pueblo, sino en los círculos culturales provinciales y regionales; no en vano había sido defensor a ultranza de la protección del Patrimonio en la Sierra de Cádiz, había puesto en valor monumentos, obras de arte, archivos históricos y  todo lo relacionado con el arte, la historia y la cultura.
Se iba a celebrar un importante congreso de arqueología en Jerusalén, y fue invitado a participar en él junto a los mejores especialistas de España en aquel momento. 
Fue una gran ilusión. Nuestra madre lo animó a que asistiera, porque entonces era una oportunidad increíble: conocer los santos lugares, participar en un encuentro con arqueólogos e historiadores de todo el mundo... y llegó el gran día.
Después de un larguísimo viaje llegaron a su destino. Pudo conocer la Ciudad Sagrada, subió el Monte de los Olivos, visitó mezquitas y catedrales, se bañó en el Mar Muerto (nos llamaron muchísimo la atención las fotografías flotando) y subió al Monte Hermón."
 
Esta entrada continuaba diciendo "Hoy nos ha traído nuestra madre una carta...
 
Diplomat Hotel, Jerusalén
 

Pues hoy nos ha traído nuestra hermana Natalia una postal, enviada también desde Jerusalén, esta vez no desde el Palm Beach hotel, sino desde el Diplomat hotel, el cuatro de abril de 1976.
 
 
Postal de papá. Jerusalén, 4 de abril de 1976
 
 
 
"Desde la ciudad de David, a todos vosotros, un cariñoso abrazo.- Firmado:  El papi"
 
Imaginamos que la postal llegaría, en aquellos tiempos, mucho más tarde, junto a nuestro padre, que volvió con un montón de regalos para todos (aún conservamos aquella blusa bordada), un montón de fotos, mil momentos emocionantes  y muchísimas anécdotas. Imaginen a aquel ubriqueño, recién terminada la dictadura, hablando en "su" inglés, que él para eso no tenía remilgos, y visitando, por su cuenta, los lugares más interesantes.
Un día, que estaba en las afueras, cogió un autobús buscando el "downtown" (el centro de la ciudad), y después de un par de horas se dio cuenta de que estaba lejos de Jerusalén, pues cada pequeña ciudad de los alrededores tenía su propio "center town", como él lo llamaba y que en realidad estaba cerca del Bosque de los Mártires. Al darse cuenta se bajó del autobús y cogió otro autobús de vuelta, ya buscando un punto concreto del centro de Jerusalén, para no perderse.
 
Aún no hemos localizado la fotografía de nuestro padre flotando en el Mar Muerto mientras leía un periódico. Quizás nunca la volvamos a encontrar, pero mientras, esperamos con ilusión la entrada de nuestra sobrina Ester Cabello, "La sonrisa viajera" (en este enlace) dedicada al viaje a Jordania y el baño en el Mar Muerto emulando la postura del abuelo.
 
 

 "Flotando en el Mar Muerto"
Ester Cabello Núñez, primavera de 2023



martes, 6 de octubre de 2015

La bufanda de abuelo Leandro


 Bufanda de lana tejida por Esperanza Izquierdo
Enero 2012


Por Esperanza Cabello

Nuestra bisabuela Antonia era todo un personaje. La mayor de una familia de diez hermanos, había aprendido a trabajar desde muy pequeña. Tenía sus ideas muy especiales sobre todo, e intentaba gobernar la casa, la tienda y la fábrica con mano firme.
Con diez años trabajaba en el batán con su padre, y más tarde regentaba un refino en el que vendía el paño fabricado en el batán por varas. Cuando se casó con Francisco Izquierdo, que era arriero, lo acompañó en más de una ocasión en los viajes con los mulos a Sevilla, a Jerez, a Gibraltar y donde fuera necesario.
Tuvo un hijo, Leandro, y el parto resultó tan difícil que decidió no tener más hijos.
Leandro recibió una educación espartana, lejos de mimos y facilidades. Empezó a trabajar con doce años en la fábrica de Juan Villalobos Luque de sol a sol, porque, según su madre, ya había tenido bastante escuela.
Un día de Reyes, excepcionalmente, Leandro recibió una bonita bufanda, con la amenaza de que si no se portaba bien la perdería. No habían pasado ni dos días, cuando Antonia decidió que ya estaba bien de disfrutar del regalo y, a las primeras de cambio, le quitó la bufanda y volvió a ponerla a la venta en la tienda, no se fuera a acostumbrar el niño a tantas comodidades...





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jueves, 30 de julio de 2015

Los bolindres de Miguel Jiménez Angulo y su maestro Manuel Cabello

Bolindres de barro cocidos
Fotografía de Julia Ruiz Cabello




Por Miguel Jiménez Angulo


 Yo hacía los bolindres como muchos otros niños, con barro, unas pequeñas bolas, después las metía en la sarteneja de cisco y picón (en la copa). Mis bolindres solían romperse cuando les daban con otros bolindres. Un día hice una candela con tablas de las cajas de pollo pensando que si ponía el barro junto a las llamas se cocerían mejor y serían más resistentes.
 A esto aparece don Manuel Cabello y me preguntó: ¿qué estás haciendo? Entonces le conté mi historia. Él se sonrió. 
Por esa época, los niños llevábamos pantalones cortos en verano e invierno, no sé por qué siempre me asomaban los bolsillos por debajo del pernil de mi pantalón corto, llenos de bolindres, porque llevaba un buen montón, esa era señal para que los demás niños quisieran jugar con uno, ya que si veían que teníamos muchos pensaban que nos podían ganar.
 Un día don Manuel me dijo: "Angulo, el miércoles cuando esté tu padre en el matadero, te vas con él  y me esperas en la puerta". Yo no sabía bien qué ocurría, o si había hecho algo mal y quería hablar con mi padre para darle quejas, eso me tuvo unos días siendo un niño ejemplar, ni siquiera me llevaba el tirachinas a la escuela. Yo no sé si quería que llegara el miércoles o no, pero llegó el día y le dije a mi padre: "Papá, me ha dicho don Manuel que lo espere aquí." A mi padre también le extrañó y me preguntó  si yo había hecho algo que él debiera saber, le contesté que yo creía que no había hecho nada malo, solo quemar unas cajas de pollos. 
Al llegar don Manuel, me dió un tortacito en la cabeza como de alegría, y mi padre le pregunto: ¿Don Manuel, ha hecho algo el niño? Y este contestó: Sí, este niño tiene mucha imaginación y se preocupa por mejorar las cosas, ahora cosas pequeñas como él pero cuando sea mayor, se preocupará de mejorar cosas grandes como él será. Mi padre le dijo que no entendía lo que le quería decir y don Manuel metió su mano en el bolsillo de su chaqueta, sacó un cucurucho de papel de estraza y lo abrió mostrando el contenido a mi padre. 
Eran bolindres. 
Don Manuel había ido a Arcos, se había pasado por una fábrica de cantaros y había pedido que le cocieran un puñado de bolindres, después me los entregó delante de mi padre a la vez que le explicaba lo que yo intentaba hacer con la candela y el barro. 
Ya no se me rompería ninguno, y a todos los que yo les diera los partiría por la mitad. 
Ni mi padre ni yo dábamos crédito a lo que veíamos, ya que don Manuel había perdido su tiempo y había pedido favores para potenciar el esfuerzo e inventiva de un niño que solo sabía trabajar y escribía burro con V. 
Esta es mi gran historia, ésta no la superan ni las del servicio militar. Pido disculpas por haberme extendido tanto, pero espero que comprendáis que esa actitud de don Manuel hizo que yo trabajara y estudiara.
 Hoy gracias a esa actitud, soy Agente de Medio Ambiente, Naturalista, y experto paisajista en temas medioambientales.

Miguel Jiménez Angulo



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miércoles, 29 de julio de 2015

Manuel Cabello Janeiro y el Salto de la Mora: una verdadera historia de amor

 El Salto de la Mora, 1 de abril de 1951
Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo


Por Esperanza Cabello

Nuestro amigo José María nos ha pedido  una manita para completar su cronología de Ocurris (en este enlace), en lo que respecta a nuestro padre y a don Salvador de Sancha, el arqueólogo sevillano director de las excavaciones que tuvieron lugar en el Salto de la Mora en los años setenta.
Lo primero que hemos pensado es que es una pena que nuestra historia reciente no esté escrita, y también que quien se ha ocupado en los últimos años del yacimiento haya hecho una tarea tan parca en este sentido.
Pero rápidamente ese sentimiento de tristeza ha sido sustituído por una gran sonrisa, porque hemos recordado que teníamos en mente hablar de una gran historia de amor, la de Manuel y Esperanza, y esta petición de nuestro amigo nos viene como anillo al dedo.

Corría el año de 1951. Esperanza Izquierdo acababa de regresar definitivamente del internado de Ronda, después de nueve años estudiando y de haber terminado los siete cursos de bachillerato y la reválida (lo que la habilitaba para ser maestra, pero ella no continuó con los estudios).
Esperanza se dedicó a su casa, a ayudar a la familia y a su tarea apostólica. Se encargaba de los grupos de Aspirantes de Acción Católica, y con sus niñas hacía muchas excursiones, entre ellas, por supuesto, al Salto de la Mora, lugar obligado de excursiones para los ubriqueños durante muchos años.
Por otro lado Manuel, un jovencito espigado de veinte años, había empezado sus estudios de medicina, pero no se acostumbraba a estar en Cádiz, él prefería estar en Ubrique, recorrer la sierra, seguir los pasos de su maestro, don Fernando Gavilán, y conocer in situ la naturaleza y el patrimonio.
Un día organizaron las monitoras de aspirantes de Acción Católica y los amigos de Manuel una excursión al Salto de la Mora. Manuel se había ofrecido de guía, conocia de primera mano todos los recovecos del yacimiento, pues lo había visitado en repetidas ocasiones con su maestro, don Fernando Gavilán, seguidor de la Escuela de Libre Enseñanza.


 Los amigos en el Salto de la Mora
Ubrique, 1951


Fue un día de juegos, de risas y de miradas. Nuestra madre nos ha contado muchas veces que notó cómo aquel muchacho la miraba repetidamente, y que a ella le pareció muy divertido y muy guapo, aunque en aquel momento no tenía pensamiento de novio ni de nada similar.
Pero el muchacho fue muy insistente, y tanto insistió que seis años más tarde aquel amor que había empezado en el Salto de la Mora se convirtió en matrimonio y amor para siempre.
Manuel dejó sus estudios de medicina en Cádiz, los cambió por un puesto en la petaquería de su padre y estar a cien metros de la casa de su amada. Y los dos comenzaron una vida en común que siempre, siempre, estaría ligada al Salto de la Mora.
Porque los domingos, los días de los paseos, las fiestas y cada vez que podía volvían al lugar en el que comenzó su idilio. Tenemos cientos de fotografías y películas jugando en el foro, con amigos, con los primos, con la familia. Con burrito, sin burrito, con columpio, con paellas. De todas las formas posibles.
En 1965, que ya era el responsable de la empresa heredada de su padre, tuvo un gran revés de la fortuna, pues una bodega de Jerez suspendió pagos y no le pagó un gran pedido que acababan de servir. Eso significó la ruina absoluta. Ya era padre de familia numerosa, y decidió terminar sus estudios y convertirse en maestro, en menos de un año tenía la carrera terminada y las oposiciones aprobadas.
En el curso 1966-67 fue nombrado profesor de la Escuela-Taller Santa Ana, de Ubrique, y ese mismo año comenzó un programa de televisión que marcaría nuestras vidas y las de muchos ubriqueños: Misión Rescate



Misión Rescate era un programa-concurso radiofónico dedicado a rescatar el patrimonio en el país. Estaba dedicado a maestros y alumnos y les proponían "rescatar" cualquier elemento del patrimonio que mereciera la pena o que estuviera en peligro.
Manuel, siempre activo y siempre curioso, decidió participar en ese programa, y en compañía de su amigo el maestro Francisco Collado Jara, participó, por primera vez, en nombre de los ubriqueños.
Y entonces comienza una nueva "historia de amor",la historia de un hombre que trabajó sin medida para preservar y dar a conocer al mundo entero el patrimonio de los ubriqueños y la ciudad romana de Ocurris.
Esta historia continuará en la siguiente entrada (aquí)


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sábado, 17 de noviembre de 2012

Las sillas Thonet, Manuel Cabello y el Huerto del Tabaco

Una bonita colección de sillas Thonet
en el café Royalty de Cádiz


Por Esperanza Cabello

A veces esperamos mucho tiempo para hacer una entrada, porque nos faltan las fotografías, porque no tenemos los datos perfilados o porque no ha llegado aún la fecha. No importa, el caso es que llegue el momento.
Hace muchos meses nuestro hermano Manolo nos comentó que iba a intentar hacer una entrada sobre el Huerto del Tabaco, una pequeña meseta en medio de la pared de la Cruz del Tajo.
Permítannos que antes de continuar con nuestra historia los invitemos a leer la de nuestro hermano, pinchando en este enlace.
Ahora que saben del peligro y la dificultad de ir al Huerto del Tabaco, seguiremos contando nuestra historia:
Aquel día, cuando Manolo nos contaba sus planes, nuestra madre nos contó que hace muchos años, siendo nuestro padre un joven muy aficionado a la aventura, decidió subir al mediodía al Huerto del Tabaco, junto a dos amigos (Paco Izquierdo y Rafael Fatou),  queriendo comprobar si quedaban restos de las plantaciones de tabaco que, supuestamente, hubo en esta pequeña plataforma.
Llegaron al lugar, desde el que hay una panorámica fantástica del pueblo, y una vez allí gritaron para llamar la atención de los vecinos a los que estuvieron saludando,  y estos se iban arremolinando cada vez en mayor número en la plaza del pueblo para ver a los jóvenes. Unos saludaban, otros les gritaban que tuvieran cuidado, otros les decían que volvieran rápido... 
Tanta algarabía se formó en la plaza, que nuestra abuela Julia salió al balcón a ver qué pasaba. Los vecinos la hicieron bajar (vivía en la Plaza)  para ver a su hijo allí arriba y por poco le da algo a la pobre del susto.
Cuando aquel Manuel Cabello volvió a bajar desde el Huerto del Tabaco, su madre, muy, muy enfadada, no tuvo otra que coger una silla de las de la entrada (una silla Thonet, como dice nuestra madre) y lanzársela al excursionista para que se le quitaran las ganas de tanta aventura.
Y hoy, viendo las fotos de nuestro hermano, este Manuel Cabello, hemos sabido que realmente nuestra abuela debió de estar preocupada, porque la "incursioncita" se las trae.



Así que hoy, cuando hemos visto la entrada de nuestro hermano repechando por estos peñascos, hemos tenido la precaución de no poner muy a la mano las sillas Thonet que están a la entrada de nuestra casa, no fuera a ser que nuestra madre, después de leerla, quisiera seguir los pasos de su suegra, Julia 💜.

¡Enhorabuena, hermano! Buen reportaje

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martes, 14 de agosto de 2012

Billares en Villaluenga

Futbolín de los años cincuenta, fabricado en Barcelona


Por Esperanza Cabello

En marzo de 2007 comenzamos nuestra andadura en este mundo entonces  increíble y mágico de internet. Al principio se trató de una página profesional, realizada para el centro de profesores, pero rápidamente decidimos que hacer un blog era una magnífica idea para homenajear a nuestros padres y para conseguir que sus nombres, sus trabajos y su historia estuvieran muy presentes en la red.
En el mes de abril comenzó el primer blog dedicado a Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo, y tras la presentación, una de las primeras entradas se llamaba como esta de hoy: "Billares en Villaluenga" (pinchando en este enlace podemos verlo).


Un futbolín de la empresa Escardibul



Aquellas primeras entradas aún no tenían imágenes (tuvimos que aprender la técnica del escaneado y a manejar los programas de tratamiento de fotografías) y aquel primer blog se quedó en el tintero, ya entonces existía la piratería, y alguien entro en nuestro nombre y cambió las contraseñas, impidiéndonos continuar las entradas pero, al mismo tiempo, dejando un testimonio muy curioso de aquel primer y primitivo trabajo.

A pesar de hacer más de cinco años y de haber repetido la entrada en el siguiente blog, nunca tuvimos una imagen para aquella anécdota familiar: 


"BILLARES EN VILLALUENGA

Ya hacía unos años que había terminado la guerra, pero aún eran los tiempos de los "maquis". Manuel Cabello era un jovencito con muchos ánimos, poco miedo y sólo un real en los bolsillos. Esa mañana se había puesto de acuerdo con dos de sus amigos: Paco Izquierdo, que después sería su cuñado, y Fernando Corrales. Una partida de billar o de futbolín en Ubrique costaba dos reales, mientras que en el casino de Villaluenga sólo un real, así que los tres cogieron el camino de la Calera y en un santiamén se plantaron en Villaluenga. Echaron su billar, y como no tenían más dinero, tuvieron que volver muertos de hambre por el mismo camino que habían subido.
¡Imagínense la preocupación de sus madres, todo el día sin saber nada de ellos y pasada la hora de comer! Al llegar a Ubrique, Manuel no tuvo más ocurrencia que explicar que aunque se había ido sin permiso, allí había sido educado, porque no había aceptado, de ninguna manera, la invitación para comer algo que una vecina les había hecho."



 Insignia de la casa Escardibul. Barcelona

 Pero hoy hemos tenido la ocasión de fotografiar lo más parecido a aquellos billares de los años cuarenta en Villaluenga. Se trata del futbolín que estuvo desde junio de 1953 en uno de los bares de Villaluenga del Rosario. Es un futbolín que estuvo en funcionamiento hasta hace unos años y que fue desechado al cerrar el bar. Está muy viejecito y muy deteriorado, después de casi sesenta años de uso, pero sus propietarios lo habían mantenido en buenas condiciones para entretener a los parroquianos del bar.

El futbolín tiene todas las marcas: las dos insignias de la Casa Escardibul, de Barcelona, una a cada lado, en ellas reza la siguiente inscripción: "Casa Escardibul, Barcelona. Calle Sicilia nº 163. Tel: 225-90-94". También tiene la chapa correspondiente de la Inspección Técnica de Máquinas y Aparatos de la Delegación de Industria de Barcelona, con fecha 16 de junio de 1953. "Fútbol de Salón" fabricado por RIM S.A.




Futbolín de madera, fabricado en 1953


Nos parece fantástico que haya personas que se preocupen por recuperar y reutilizar algunos objetos de nuestra vida diaria que van quedando obsoletos y son sustituidos por otros más modernos pero con menos historia.
Seguramente no tenga nada que ver este futbolín con el billar que tanta preocupación les causó a nuestras abuelas y seguramente ni siquiera estaba en el mismo establecimiento. Pero sí que es seguro que alrededor de  este futbolín se han vivido muchas historias, que nosotros mismos habremos echado una partida cuando subíamos a Villaluenga con nuestro padre de pequeños y que sesenta años de generaciones payoyas han marcado miles de goles en este futbolín. 
 
Quizás algún día encontremos también aquel billar...


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sábado, 17 de diciembre de 2011

Los Bancos de la familia Rubiales en Cuba

El banco de la familia Rubiales "Ruviales"  


 

 

Por Cristóbal Pérez Rubiales

Hemos recibido un correo de nuestro primo Cristóbal Pérez Rubiales con unas imágenes y una historia muy interesante sobre nuestra familia de Cuba y el agradecimiento a su labor humanitaria. Lo traemos hoy para que podamos conocer todos mejor nuestra historia:

 
Hubo una historia, la de mi bisabuelo "José Rubiales Coveña" el cual emigró a Cuba junto con sus dos hijos "Paco y Odón". Allí  hicieron fortuna, como ya te comentamos. Debido a su buen estado económico, uno de los negocios que regentaban por aquel entonces, era una de las farmacias más importantes de la zona.
Pues gracias a su labor humanitaria "ya que surtian de medicamentos a gran parte de la poblacion, "muchos de estos fiados, ya que si no era de esta forma, muchas personas no podrían medicamentarse"", los tuvieron en cuenta en un parque llamado "El Parque de las Madres," destinado a aquellas personas que aportaron algo positivamente al pueblo cubano y que se les destina un banco, en dicho parque. 
Los "Ruviales", y pongo Rubiales con V, porque así está escrito erróneamente "se ve que como es un apellido desconocido, pues el que lo talló cometió un error" están presentes en uno de estos bancos, gracias al esfuerzo de nuestros antepasados Paco y Odón. 
Como se que a ti te gustan, todas estas historias, fotos y demás... pues hace un par de dias, desde Cuba, me enviaron una foto de nuestro banco ... y bueno, no se si alguna vez lo habías visto o no, pero si no es así, me gustaría compartir esa satisfacción contigo, ya que gracias al esfuerzo de ellos hoy nos podemos sentir orgullosos de ver el banco de la familia Rubiales en Cuba. Te envio un fuerte abrazo y te deseo a su vez,  unas felices fiestas ...



En agradecimiento a sus buenas acciones
 
 
 
 Muchísimas gracias, Cristóbal, por compartir esta historia con nosotros, y es verdad que me encantan este tipo de historias familiares, pero aún más compartirlas con todos.
Muchas felicidades también para tí y los tuyos y, por supuesto, para todos los Rubiales, los de aquí y los de Cuba.


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jueves, 30 de junio de 2011

Nuestra gran familia...

Isabel Álvarez Janeiro y Javier Janeiro Pérez
Ubrique, junio de 2011

Por Esperanza Cabello

Hace unos días contábamos que había sido el cumpleaños de nuestra tía Isabel Álvarez, la decana de la familia, que había cumplido noventa y dos años. Coincidiendo con su cumpleaños tuvimos también una agradable sorpresa, nuestro tío Javier Janeiro Pérez, hijo de Ángel y Lola, que habitualmente vive en Madrid, vino a Ubrique a visitarnos a todos. 
Javier es colaborador habitual del blog; de su rama familiar es el que nos envía recuerdos y fotografías, pero no lo veíamos desde hace años. Se fue de Ubrique siendo un muchacho, por razones de trabajo, y nunca ha vuelto a vivir aquí. 
Ahora ha estado unos días con nosotros, visitando a los amigos de la infancia y a la familia, que es muy numerosa. Como buen Janeiro es familiero y le encantan las historias. Nosotros tuvimos la suerte de compartir una tarde muy agradable con él y con Charo, su mujer, y pudimos hablar de la familia, de los recuerdos, de Ubrique, de cómo todo había cambiado...
Pero uno de los recuerdos que más ilusión le hacía a Javier era tener la foto que preside esta entrada: juntos la mayor y el menor de los primos. Hay más de treinta años de diferencia entre estos dos nietos de Manuel Janeiro Córdoba.
Y,  aunque nos lo hemos preguntado, no sabríamos decir a ciencia cierta cuántos primos hermanos nacieron de esos once hermanos. Vamos a tener que contarlos en el árbol genealógico que hicieron nuestros padres y nuestro primo Rogelio hace diez años.
El caso es que esta fotografía es muy importante para nosotros y muy importante para Javier; un precioso resumen de nuestra gigantesca familia: la primera de las nietas y el último de los nietos juntos en la salita, con el San Antonio al fondo y las fotografías de las sobrinas  de la última generación (Julia, Irene, Esperanza) detrás.
Un beso muy grande para los dos.


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jueves, 27 de enero de 2011

El Valle de los Híleos

Subida al Pico de San Cristóbal, mayo 1968


 Por Leandro Cabello

El Valle de los Híleos

Hoy aparece en la página  Los Callejones Diario una noticia sobre el arreglo de los pozos de nieve que se encuentran en la Sierra del Pinar justamente antes de subir al pico san Cristóbal para darle un valor turístico y cultural.
Esto me ha llevado a recordar como hace unoos años, cuando mi hermana me dijo que quería hacer un blog en el que aparecieran los recuerdos y anécdotas de la familia, y comenzáramos a proponer ideas una de las primeras fuera las Excursiones al Pico de San Cristóbal que prepararon un grupo de ubriqueños entre los que se encontraban nuestros padres y de las muchas anécdotas que surgieron en aquellas visitas a la sierra, pérdidas de niños en el camino o en Zahara de la sierra incluidas.



Una de las anécdotas que nos parece más simpáticas vino dada por una errata a la hora de imprimir el programa de 1970: entre las actividades apareció por error la visita al Valle de los Híleos . Nuestro padre refería, por supuesto,  al Valle de los Hielos era la zona donde se encuentran los pozos de nieve.

A partir de ahí parece que le gustó el nombre y en la publicidad de los años siguientes ya apareció  la visita a el recién bautizado Valle de los Híleos.  También resulta curioso como hace ahora 38 años  le adivinaban un gran valor turístico y cultural a los pozos de nieve y en el año 1973 se ofrecía la visita a los mismos como uno de los alicientes de la Excursión  al Pico de San Cristóbal.

  
No quiero dejar de agradecer su trabajo a la Imprenta Vallejo que era como la de cabecera de nuestro padre, pues en  la multitud de ocasiones  recurrió a ellos para publicitar el montón de actividades que llevó a cabo lo atendieron siempre bien y recuerdo que en nuestra casa siempre un montón de cuartillas de colores (rosas, amarillas, verdes) impresas que había que repartir.



martes, 28 de septiembre de 2010

Un viaje a Israel

Postal de Jerusalén, 1976



Por Esperanza Cabello

Entre las miles de cosas por las que se interesó nuestro padre y los cientos de viajes que hizo a todas las partes del mundo, hay uno que, por su especial interés y "exotismo" fue particularmente celebrado por la familia.
Corría el año de 1976 y Manuel Cabello era un célebre maestro ubriqueño, conocido no sólo en su pueblo, sino en los círculos culturales provinciales y regionales; no en vano había sido defensor a ultranza de la protección del Patrimonio en la Sierra de Cádiz, había puesto en valor monumentos, obras de arte, archivos históricos y  todo lo relacionado con el arte, la historia y la cultura.
Se iba a celebrar un importante congreso de arqueología en Jerusalén, y fue invitado a participar en él junto a los mejores arqueólogos de España en ese momento. 
Fue una gran ilusión. Nuestra madre lo animó a que asistiera, porque entonces era una oportunidad increíble: conocer los santos lugares, participar en un encuentro con arqueólogos e historiadores de todo el mundo... y llegó el gran día.
Después de un larguísimo viaje llegaron a su destino. Pudo conocer la Ciudad Sagrada, subió el Monte de los Olivos, visitó mezquitas y catedrales, se bañó en el Mar Muerto (nos llamaron muchísimo la atención las fotografías flotando) y subió al Monte Hermón.
Hoy nos ha traído nuestra madre una carta para que la leyéramos, llena de anécdotas y de recuerdos, y aquí la traemos. No su contenido, porque es muy familiar, pero sí el sobre, como curiosidad de la época...






...y su remite, muy escueto pero clarito: Yo. Monte Hermón. Israel




Debió de ser una experiencia inolvidable. Cuando encontremos las fotos de baño en el Mar Muerto intentaremos publicarlas, son muy curiosas.


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domingo, 12 de septiembre de 2010

La familia de Argentina

Nuestro Tío Miguel de Orellana con sus tres hijos:
Laura,Diego y Javier
Santa Fé, Argentina,  2008


En el año 1993, poco después de haber organizado la I Convención Janeiro, en la que Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo, con la inestimable ayuda de todos los parientes ubriqueños, consiguieron reunir a cientos  de Janeiros repartidos por todo el mundo, nuestros padres decidieron que era hora de buscar las raíces de la familia paterna e investigar en los apellidos Cabello Orellana.
Escribieron varias cartas, hicieron muchas llamadas, y prepararon la visita a Argentina, donde a finales del siglo XIX nuestros bisabuelos, Francisco Cabello y Joaquina Orellana, habían emigrado. Se habían instalado en Sunchales, provincia de Santa Fé, y allí nacieron sus hijos, entre ellos nuestro abuelo Paco.
Al morir su marido, Joaquina decidió volver a Ubrique, donde su cuñado, José Cabello Medina, era cura párroco.
En Argentina, concretamente en Rosario, quedó un hermano de nuestra bisabuela, que había conocido a una argentina con la que había contraído matrimonio.
Cuando en 1993 nuestros padres fueron a Sunchales, la noticia se extendió rápidamente y estuvieron en la prensa de toda la provincia. Su sorpresa fue mayúscula cuando recibieron la llamada de un "primo", Miguel de Orellana, hijo de un hijo del hermano de nuestra bisabuela.



 Miguel de Orellana con tres de sus nietos: 
Isabel, Lisandro y Victoria
Faltan Amparo, hija de Javier y Lucía, hija de Laura


Desde su encuentro se estrecharon los lazos entre Manuel y Miguel, a la sazón primos terceros, y, a pesar de la muerte de nuestro padre, Miguel ha seguido viniendo a Ubrique a visitarnos.
Hoy nuestra madre nos ha traído una carta muy cariñosa de Miguel, en la que nos envía fotos de sus hijos, sus nietos y toda su familia en la boda de su hija Laura, y nosotros queremos que todos en la familia conozcan a "la familia de Argentina".



En la boda de Laura y Federico
A la izquierda, Jorge de Orellana, hermano de Miguel




La familia de Miguel en la boda de Laura y Federico
Marzo de 2008


Poquito a poco vamos encontrando familia repartida por todo el mundo: Argentina, Cuba, Ecuador...
Aún nos quedan muchas vueltas por el mundo que dar...
Aprovechamos la oportunidad para volver a mandarles a todos un fuerte abrazo y ofrecerles de nuevo este blog por si se quieren poner en contacto con la familia.


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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Las Damas de Aznalmara

Aznalmara desde el Batán
Foto: María Rincón


Aquello fue una conquista, o casi.

Corría el año 978 del milenio pasado, es decir 1978, era verano. A pesar de nuestra corta edad, nos decidimos a correr aventuras. De modo que cargamos los bártulos y nos fuimos a Tavizna, montamos el campamento cerca del charco de la piedra, hay que ver lo bonito que era aquello y como está ahora.

No pasó mucho tiempo antes que nos fijáramos en la mole de piedra donde se ubica el castillo de Aznalmara. Como estábamos deseosos de aventuras procedimos a realizar su conquista. El acercamiento lo hicimos, literalmente, a través del río, es decir, metidos en el agua desde Tavizna hasta el Hondón. Allí junto al molino montamos de nuevo el campamento a la espera de trazar un plan para realizar la misión que teníamos en mente. Aquella no fue una noche tranquila (dentro de la tienda parecía que preparábamos una guerra química).

Al día siguiente comprobamos que muy cerca de nuestro campamento y muy cerca de la zúa que abastecía de agua al molino se encontraba un grupo de personas, que por lo que oímos pertenecían a algo llamado scout, desconocíamos aquella “orden” pero nos llamó la atención que el grupo lo componían miembros y miembras (nuestro grupo solo tenía "miembros").

Tuvimos una reunión urgente y en tres segundos decidimos olvidarnos de Azalmara y dedicarnos a las damas.


El Castillo de Aznalmara desde el Batán

Foto: María Rincón


Pero el destino nos deparaba otra sorpresa. Uno de ellos nos pregunto por donde podían subir al castillo ¡¡ querían conquistarlo ¡¡ les indicamos un camino con un pequeño rodeo y se fueron. Nosotros cogimos unas mantas y algo de comida y subimos por el pasadizo que tenían antiguamente para escapar o bajar al rio por agua, de modo que cuando llegaron ya teníamos cogido el mejor sitio para pasar la noche. UNA AUTENTICA CONQUISTA para el Señorío de las Siete Villas.

Al anochecer uno de sus jefes nos pidió que le dejáramos aquel sitio y tuvimos que retroceder un poco, de modo que nos fuimos a dormir cerca del aljibe grande y aunque tuvimos la visita de una de las damas preocupada por nuestra comida consideramos que lo nuestro no era conquista, era conquistita.

La tristeza que sentíamos solo la pudo quitar LA MARAVILLOSA NOCHE QUE PASAMOS EN EL CASTILLO DE AZNALMARA.

Y como dijo alguien: ya vendrán otros a conquistar Aznalmara, nosotros vamos a conquistar a las damas.


Leandro Cabello Izquierdo, diciembre 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Noticias recientes

Julia con su abuelo en Huelva
Abril 1996

Nuestro padre escribía una crónica de radio diaria. Era el cronista de la Sierra para Radio Nacional de España y escribió crónicas durante casi treinta años. Nunca sabíamos cómo se las apañaba, porque era muy difícil saber qué decir cada día, no siempre había noticias.
El 18 de abril de 1976 escribió la crónica siguiente:

"Fase final en Huelva:
Se han celebrado los décimoprimeros Campeonatos de Andalucía de Juegos de Ajedrez, valederos para el Campeonato de España.
Ha habido un total de 160 participantes , 20 por provincia, de edades comprendidas entre los siete y los diecisiete años.

En Cádiz han sido los siguientes:
7 jóvenes por Campamento
4 por Algeciras
3 por Rota
2 por Chiclana
1 por San Roque
1 por La línea
1 por Jerez

Esta noticia no sería muy interesante si no fuera por que una de las participantes, que tan sólo tiene siete años, ha participado con el equipo de Rota, aunque es ubriqueña. Esta jovencita ha obtenido notable éxito y la felicito desde aquí: es mi nieta Julia.

Durante estos extraordinarios Juegos de Ajedrez, y ante la falta de representantes ubriqueños, que a buen seguro existen, tuve mi recuerdo personal a la memoria de mi compañero fallecido en trágico accidente de coche, don Juan Domínguez Barco, luchador incansable por este juego-deporte, el ajedrez, que tan buena semilla fue derramando entre la grey infantil ubriqueña."


Julia tenía sólo siete años y sus abuelos la acompañaron a Huelva para los campeonatos. Era la representante de su club de ajedrez, pero muy pequeña para viajar con el equipo sin familiares.Asi que sus abuelos fueron con ella. Su abuelo, como tenía que dar noticias aunque no estuviera en Ubrique, hizo la crónica con su nieta, que se sentía feliz siendo la protagonista de la noticia.