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domingo, 17 de abril de 2022

Paquita Arenas González. In memoriam

 

Paquita Arenas y Luis Vilches en el Museo de la Piel



Por Esperanza Cabello


¡Qué poco podíamos imaginar que íbamos a recibir esta tremenda noticia! Nuestra querida Paquita Arenas falleció ayer, 16 de abril, seis semanas después de haber despedido a su esposo Luis.

Esta terrible noticia nos ha estremecido, entristecido y enfadado a partes iguales. Paquita era una mujer fuerte, con buena salud y no había ninguna razón para que un pequeño tropiezo terminara con todo. Una leve caída (tan habitual en las personas mayores) ha originado diversos problemas que han derivado en esta catástrofe.

Lo sentimos muchísimo por ella, por toda su familia, por sus hijos, por sus nueras, por sus nietos y bisnietos y por toda la gente que la quería y la apreciaba.

Modelo de fortaleza, Paquita Arenas había nacido un frío día de finales de enero de 1932. Su madre, Concha González Angulo, era una señora ubriqueña de la que Paquita aprendió un modo de vida muy especial, basado en el servicio a los demás y en el orden en general. Su padre fue el conocido gestor ubriqueño José Arenas Rubiales, de familia de sombrereros y que se dedicó a la comercialización de pieles, profesión que combinó con sus ideales políticos, siendo incluso el penúltimo de los alcaldes de Ubrique antes del golpe de estado de 1936.

 


De su padre heredó Paquita la habilidad comercial, pues continuó siendo representante de pieles, siempre hemos conocido en su casa "el cuarto de las pieles", pero ella se dedicó fundamentalmente a su familia, al cuidado de sus tías, de su madre, de sus hijos y, finalmente, de su marido.

Paquita era una mujer de gran devoción, dedicada también al bien común, a la Iglesia y por supuesto a la Fundación  que se ocupaba de la residencia de ancianos de Ubrique, fundación a la que la pareja dedicó mucho tiempo y muchos recursos.

Casada con Luis Vilches a finales de los años cincuenta, formaron una estupenda familia con cinco hijos varones, Rafael, José Luis, Ángel, Luis y Jesús, que se convirtieron en el tesoro de sus padres. Siempre la recordaremos afanada preparando su casa y dedicada a  sus hijos y su marido, cuidando de su madre tan mayor, ocupándose también del negocio familiar y sin descuidar en ningún momento su devoción religiosa.

Para nosotros Paquita es, como Luis, un perpetuo recuerdo de la infancia. Ella y nuestra madre coincidieron a principios de los cincuenta en sus tareas religiosas, y se ocupaban, junto a la amiga común María Sánchez, de los grupos de chicas Aspirantes de Acción Católica de Ubrique.

 


 

Teresa Lanzat, Paquita Arenas, Esperanza Izquierdo y María Sanchez

Fotografía gentileza de Fernando Oliva



Excursión de Aspirantes de Acción Católica, 1951,

En la fila superior, a la derecha, están Paquita, María y Esperanza


Ambas eran muy amigas, y al mismo tiempo Luis y nuestro padre también mantenían una gran amistad, por lo que ambas parejas compartían intereses, emociones y valores parecidos. Después de haberse casado, ambas familias fueron creciendo de forma similar, y es en esa década de los sesenta donde se fraguaron los tiernos recuerdos infantiles que aún mantenemos. Días de playa, de feria, de romerías... Días de campo, de paellas, de excursiones... Días de comuniones, de bautizos, de fiestas...

 


Días de playa felices


Días de campo familiares

 

 

Días de comuniones en familia

Fotografía gentileza de Fernando Oliva


Eran tan amigos que al final se convirtieron en compadres, apadrinando a los más pequeños de cada familia: Paquita y Luis a Natalia, mientras que Manuel y Esperanza apadrinaron a Jesús. 

Cuando años más tarde llegaron los problemas económicos a nuestra familia y la empresa de nuestro padre quebró, Paquita fue todo un ejemplo de generosidad, más incluso que en la propia familia, y no solo se ofreció a ser la última de los proveedores, sino que el último pago lo regaló para su ahijada.

Las relaciones entre ambas familias cambiaron a partir de los setenta, pero el cariño y la hermandad han seguido presentes en nuestras vidas, por eso es doblemente triste para nosotros saber que no solo se ha ido la última de aquel cuarteto "Vilches-Cabello", sino que ha muerto una mujer buena, poderosa, con carácter, cariñosa y familiar.

Nuestro amigo Rafael nos ha ido teniendo al día de su evolución en estas seis semanas que han transcurrido desde que Luis nos dejó. Ella ha preferido seguir en su casa, y ser lo más independiente posible, a pesar del ofrecimiento de Rafael y Pepi de pasar los días en familia, y tampoco ha querido que sus hijos se quedaran con ella.  Curiosamente, tenemos la impresión de que algunas personas se mantienen en vida porque tienen una misión, y Paquita ha estado dedicada en cuerpo y alma al cuidado de su marido hasta hace muy poco tiempo. Ya había cumplido su misión y Luis la estaba esperando.

Esta tarde a las cinco y media tendrá lugar su entierro en el cementerio municipal de Ubrique, todo nuestro cariño para sus hijos y nietos y para todas las personas que la quieren y la aprecian.  Ha sido muy triste que un pequeño traspiés haya causado esta pérdida.

 Siempre seguirás en nuestros corazones entre los más bellos recuerdos infantiles, Paquita. Gracias por tu cariño.

 

 

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jueves, 3 de marzo de 2022

Luis Vilches Moreno. In memoriam

 

Luis Vilches y Paquita Arenas durante el homenaje a Luis en el Museo de la Piel

 


Por Esperanza Cabello


Ayer, dos de marzo de 2022, falleció en su domicilio uno de los hombres más notables, conocidos y apreciados de Ubrique, Luis Vilches Moreno.

Hemos conocido esta triste noticia hace unos minutos y nos hemos quedado impactados, porque Luis es de esas personas que consideramos "inmortales", han formado parte de nuestra vida desde siempre y además su longevidad ha hecho que lo hayamos conocido muchas generaciones de ubriqueños. 

No sabríamos bien qué aspecto destacar de su personalidad y su vida, para nosotros era un hombre elegante, cariñoso, familiar y trabajador. Luis Vilches había dedicado casi toda su vida a la marroquinería. 
Nació en Ubrique en 1926, era el tercer hijo de María Moreno Muñoz y Rafael Vilches Rodríguez. Su madre estaba embarazada de siete meses cuando su padre, brigada del ejército en Tetuán, murió en acto de servicio en la Plaza de España de Tetuán.
Así que Luis no pudo ni siquiera conocer  a su padre, y, aunque su madre se dedicó con gran empeño y entrega  a la educación de sus hijos, a los doce años el benjamín dejó la escuela, muy orgulloso de su maestro, don Fernando Gavilán, del que siempre tuvo buenos recuerdos.
A esa edad tan temprana el pequeño Luis Vilches comienza a trabajar en la petaquería de los hermanos Ramos. Siempre recordaba con alegría y añoranza aquella primera época de petaquero. Luis habla de sus primeros jefes con gran cariño, y destaca el gran ambiente de trabajo y la alegría que había en aquel taller.
Muy pronto Luis y su hermano Rafael fundan, junto a Juan Ortiz Moreno y Pedro Montero Gago, su propia empresa, en la que también trabajaba como encargado su hermano Rafael Montero. Una empresa líder y de referencia  en el sector de la marroquinería: manufacturas Mórvil.
Luis se ha distinguido siempre pòr su amor al trabajo. Hombre serio, correcto, educado, responsable y muy cariñoso con nosotros, era de los que han marcado, como nuestro padre, una época.
Siempre era el primero en llegar al trabajo, y el último en terminar la jornada, y el hecho de ser empresario no le hacía mantener distancias con sus trabajadores, con los que siempre tuvo un trato afable y cercano.
Es el ejemplo de persona que se hace a sí misma: autodidacta y resuelto, facilitó la construcción y el desarrollo  de una de las empresas líderes en el sector marroquinero desde principios de los cincuenta hasta mediados de los ochenta, dando trabajo a cientos de petaqueros y fabricando miles de piezas, de las que él mismo era el diseñador y patronista.
 

 Tarjeta de Manufacturas Morvil
 

 

En nuestro caso, la familia Vilches Arenas y la familia Cabello Izquierdo han estado muy unidas desde que los padres (más tardes compadres) eran jovencitos, pues a Esperanza y a Paquita las unían la misma devoción y dedicación a los demás, mientras que Luis y Manuel eran aventureros, deportistas, amantes de la naturaleza, de las excursiones, de las cuevas, de la cultura...

 


Luis y Manuel durante una de las subidas al San Cristóbal

 

Y además nuestras familias fueron en paralelo durante los primeros años, los cuatro eran hijos de familias ubriqueñas de toda la vida, relacionados con el mundo de la marroquinería, casados en las mismas fechas, con cinco hijos cada pareja y viviendo la vida como era antes, cercana, feliz, sin muchas ceremonias y con mucha ilusión. Recordamos montones de momentos con nuestros hermanos Francisco y Manolo y Rafael en el campo, o las risas con Ángel viendo quién era mayor de los dos, o aquellas verdaderas batallas campales en la era del rancho, los partidos de fútbol en el Salto de la Mora, las películas de super 8, las ferias, las romerías... Hay una fotografía de principios de los sesenta que representa esa cercanía y esa felicidad. 

 

 


 Los Vilches y los Cabello en la Romería de Ubrique

 

 

Aunque parezca mentira, dentro del "Dos Caballos" de nuestro padre, en este caso convertido en "carreta de romería" y en el que Luis va de copiloto, estamos montados todos los miembros de las dos familias. Eran otros tiempos, nuestro padre quitaba los asientos del citroen y así había sitio para los catorce, además de los canastos con la comida y todo lo necesario para el día de romería.

Cuando llegaron los reveses económicos a nuestra familia, Luis y Paquita fueron, con nuestros abuelos, los primeros que acudieron, portándose con nosotros como si fueran hermanos, eso nunca lo olvidaron nuestros padres, y siempre lo refería nuestra madre. Y cuando nacieron los pequeños cada pareja apadrinó al menor de cada familia, así que Luis y Paquita fueron los padrinos de nuestra hermana Natalia y nuestros padres los padrinos de su hijo pequeño. Desde entonces los lazos entre ambas familias se hicieron, si cabe, más fuertes y cercanos.

Por eso nunca podremos olvidar esa infancia tan llena de cariño y de recuerdos felices con Luis, Paquita y sus hijos Rafael, Luis, Ángel, José Luis y más tarde Jesús. Ellos, al igual que nuestros padres, han formado siempre un tandem indisoluble, fervientes religiosos, siempre cariñosos, siempre elegantes, siempre cercanos, personas de esas que siempre dejan huella.

Los últimos años y la pandemia han sido terribles para todos nosotros, pero más aún para las personas mayores, que se han visto obligados a aumentar las precauciones y a aislarse lo más posible. Nuestro contacto con ellos ha sido, excepto alguna breve visita, a través de nuestro amigo Rafael, su hijo mayor, que se ha encargado, junto a su querida Pepi, del cuidado de ambos y nos ha mantenido al corriente de sus progresos y cambios.

Por eso nos ha impactado aún más este fallecimiento, porque esta misma semana había nuevos planes y proyectos, Rafael acababa de organizar las salidas de su padre unos ratitos al sol para tomar el aire y poder salir tranquilamente de su casa.

No podemos dejar de pensar en Paquita, que es una mujer fuerte y piadosa, que lleva más de sesenta años junto a su querido Luis, su compañero, su confidente, su esposo, y le enviamos todo nuestro cariño y el de nuestra familia, especialmente el de su ahijada. 

 También queremos expresar nuestro dolor a sus amigos y familiares, pero sobre todo a sus hijos, nietos y bisnietos, especialmente a Rafael y Pepi que han vivido tan de cerca sus últimos años. 

El entierro de nuestro querido Luis será mañana, viernes, por la mañana en el cementerio de Ubrique a las 10:45.

Descansa en paz, Luis, siempre tendrás un lugar especial en nuestro corazón al lado de tus amigos Manuel y Esperanza.

 

 

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sábado, 19 de febrero de 2022

Fútbol en Ubrique en los años cincuenta

 


 

Esta fotografía fue compartida en el grupo de Facebook "Ubrique en el recuerdo" por nuestro amigo Fernando Oliva, era propiedad de Rafael Vilches Moreno y  en ella consta que se trata de un equipo ubriqueño que venció el siete de febrero de 1954 al Hércules Jerezano por 4-3.


Y además del interés de la fotografía en sí, nos encanta la magia del grupo, pues rápidamente los miembros más "futboleros" y participativos, Eduardo Janeiro, Luis Miguel Fernández, José Luis Ríos y Antonio Martel, además del propio Fernando Oliva, reconocieron y comentaron la foto, las jugadas y los jugadores. 

Les agradecemos a todos que nos permitan mostrar la fotografía y los comentarios en este blog.

 

 

 

Fernando Oliva: Equipo ubriqueño “Atlético Acción Católica” fundado en 1953. Su equipación era camiseta azul y calzón negro. Foto realizada en el antiguo campo de fútbol de San Sebastián en el año 1954.

 

 Eduardo Janeiro: Fernando, El Atleti de Accion Católica yo lo recuerdo, porque nosotros estábamos en lo Aspirantes de Acción Católica y un gran cura coadjutor que había en Ubrique por aquella fecha Don Salvador Silva Infante, nos compró la equipación a los aspirantes. En esta foto hay jugadores de todos los equipos locales y saco la conclusión de que fue una selección que sacaron de todos los equipos para jugar este partido. Es que los conozco a todos: Benito, Maza, Andrés Ortiz, Alberto, El granadino, Juan Ortiz, Rafael Vilches, Prudencio, Barreras, Vilches El Moro, y Morales.Era la época en que se empezaron a jugar los primeros partidos en el Campo de San Sebastián, que empezó a construirse.

El Atleti de Acción Católica tenía su buen equipo local y en esta selección hay uno o dos. 
 
Luis Miguel Fernandez
Como dice Eduardo ahí hay jugadores de distintos equipos de Ubrique, como por ejemplo Maza, el Moro , Barrera y Benito que eran del Alcázar, Juan Ortiz de la Balompédica, Morales de la Flecha de Oro etc, etc.

 Antonio Martel Moreno: 

 Había un jugador que se llamaba Miguel, de los salesianos de Ronda que vino a jugar a Ubrique y estuvo unas pocas de temporadas jugando aquí.Se fue a vivir a El Puerto de Santa María y lo conocí por casualidad, un tipo pintoresco; eso sí, hablaba maravillas de nuestro pueblo y del fútbol local. Falleció recientemente.

Si alguien lo conoce y que tenga fotos le agradecería que subiese alguna.


    Antonio Martel Moreno: Eduardo te puede informar mejor, que yo recuerde vino a Ubrique un tal Mora, extremo derecha y un central que era policía local

    Eduardo Janeiro
    Para Antonio Martel Moreno; le voy a informar que tuvimos un jugador de Málaga que se llamaba Mora, que lo fichó el Ubrique Industrial la temporada 1961, cuando Eduardo Izquierdo empezó a salir de viaje y no podía jugar. Después, en la temporada 1964, tambien tuvimos jugadores de Ronda.
    Uno era Enrique, que jugaba de portero, hijo del dueño de un comercio de zapatos La Giralda en la calle La Bola. Otro era Montoro que jugaba de delantero centro y trabajaba en Tejidos Martín y el otro era Jiménez, que jugaba de extremo izquierda y es la única referencia que tengo. Es lo que te puedo informar. Espero que haya salido bien el comunicado, porque el móvil me está dado problemas.

 

La flecha de Oro, fotografía gentileza de José Luis Ríos

 

Esta fotografía corresponde a la Flecha de Oro. Pero hay algunos jugadores que eran de otro equipo. Están los hermanos Guerrero, Juan Aguilar, Sañudo, Morales, el portero Manolín Bazán, "El Epi", Blasito, Vilches, que le decían "El mulo", pero este jugó en el Atleti.Y hay uno o dos que por lo estropeada que esta la foto, no reconozco su cara. Es la Flecha de Oro.
Y es de la misma época 1952-53.

 

viernes, 30 de agosto de 2019

¿Cuándo se hacía la subida al pico de San Cristóbal desde Ubrique?

 Subida al Pico de San Cristóbal (1966?)
Fotografía gentileza de Luis Vilches



Por Esperanza Cabello


Nos encanta comprobar que a pesar del paso del tiempo los recuerdos perduran, y oír a algunos ubriqueños ya mayores cómo recuerdan la  Subida al Pico de San Cristóbal. Al principio, subir al pico más alto de la provincia era una costumbre que cada grupo de amigos la hacía cuando le parecía. A principios de los sesenta, nuestro padre, que era un auténtico "lioso" y le encantaba la aventura y ser un auténtico "animador sociocultural", comenzó a instaurar esta subida.

La subida al Pico de San Cristóbal se convirtió en un hito para todos los ubriqueños. Manuel Cabello hizo que pasara de ser una excursión con los amigos a un acontecimiento que tenía lugar cada año, el día uno de mayo, a la sazón el "Día de San José Artesano".
 
 
O sea, que el día uno de mayo (antes de la dictadura ya se celebraba el Día del Trabajador, pero esta celebración fue declarada ilegal entre 1940 y 1978), los trabajadores ubriqueños y sus familias dejaban el mandil por un día para participar en una multitudinaria excursión en la que llegaron a viajar unas trescientas personas subiendo al pico de San Cristóbal.
 




                                                  Subida al Pico de San Cristóbal (1966?)
Fotografía gentileza de Luis Vilches



Más tarde, y puesto que esta multitudinaria excursión pasaba también por el Pinsapar, comenzaron las restricciones y todos estuvieron de acuerdo en que había que proteger el monte y nuestra reserva natural, así que a partir de 1974, después de quince años, dejaron de organizarse las subidas al pico de San Cristóbal.
La zona había sido adquirida por ICONA en 1971, y en 1977 fue declarada "Reserva de la Biosfera" por la UNESCO, siendo a partir de entonces un lugar muy protegido para preservar su riqueza natural.
En este enlace podemos conocer  más detalles de estas excursiones.


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lunes, 1 de enero de 2018

Las excavaciones de Ocurris en el Legado Carriazo





Plano del Columbario realizado por don Salvador de Sancha en 1967
Universidad de Sevilla. Legado Carriazo


Por Esperanza Cabello

Hoy es el santo de nuestro padre, como él mismo decía "San Manuel", y hemos querido traerle un regalo muy  interesante en nuestro blog, seguro que él lo recordaría si estuviera con nosotros.
Hace unas semanas nuestro amigo Pedro Oteo publicaba en el grupo de facebook varias imágenes de los fondos digitalizados de la Universidad de Sevilla.
Nunca habíamos intentado una incursión en estos archivos, y se trata realmente de una tarea dificultosa y para la que hace falta muchísima paciencia, pues los archivos no cuentan con un buscador, ni están organizados de ninguna forma que sirva a la búsqueda, solo están distribuidos por carpetas, y en ellas hay cientos de documentos diferentes.
Entre ellas está el fondo "Legado Carriazo" (en este enlace), que comprende una prolija documentación del insigne don Juan de Mata Carriazo, profesor de la universidad de Sevilla que fue una de las primeras autoridades académicas que acudió a nuestro yacimiento romano de Ocurris a la llamada de don Manuel Cabello y don Salvador de Sancha.

Como explicamos, es muy difícil navegar entre la ingente cantidad de documentos de este legado, y estamos seguros de que con más tiempo podremos encontrar toda la documentación relacionada con los primeros días de las primeras excavaciones que se realizaron en el Salto de la Mora, pues las hizo don Salvador de Sancha nombrado por la Universidad de Sevilla y en concreto por don Juan de Mata Carriazo. Por el momento nos ha parecido muy interesante este plano dibujado por don Salvador de Sancha del Columbario, no en su estado real, sino en un hipotético caso de que se realizaran los trabajos de limpieza y restauración que más tarde se llevaron a cabo.

Uno de los primeros grupos de autoridades que visitan el Salto de la Mora


También nos ha encantado esta fotografía del foro de Ocurris durante al visita que don Juan de Mata realizó al yacimiento. Esta visita fue inmortalizada por nuestro padre y Luis Vilches en una película de super8 (en este enlace).
A la izquierda de las imágenes está nuestro padre, don Manuel Cabello, a continuación don Francisco Collado, don Manuel Janeiro, el alcalde de Ubrique en la época, don Salvador de Sancha y don Juan de Mata Carriazo.
Además del valor histórico de la instantánea en la que se ven los majanos de piedras formados por los cabreros y pastores con rocas y elementos romanos, nos ha llamado la atención que el hotel de Agua Nueva, que proyectaban los hermanos Coronel Reguera y que no llegó a inaugurarse, está en plena construcción.



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miércoles, 10 de febrero de 2016

Las chicas de paseo





Teresa Lanzat, Paquita Arenas, Esperanza Izquierdo y María Sánchez
Ubrique, 1955
Fotografía gentileza de Fernando Oliva



Por Esperanza Cabello

Hace casi un año nuestro amigo Fernando Oliva presentó en su blog una serie impresionante de fotografías antiguas: "Ubrique en la memoria". 
Se trata de más de doscientas fotografías de Ubrique desde los años veinte hasta los años noventa del pasado siglo. En la primera parte casi todas las fotografías son de Rafael Vilches y a partir de los setenta son fotografías del propio Fernando.
Hay muchas fotos muy interesantes, y le pedimos que nos enviara, con algo más de calidad, las que estaban directamente relacionadas con la familia, y Fernando, amable como siempre, nos las envió.
Hoy estábamos  intentando recuperar más datos de don Francisco Lanzat Ríos y hemos  vuelto a ver esta fotografía que tanto nos gustó en su día.
Nuestra madre con sus amigas de toda la vida: María Sánchez y Paquita Arenas, dando un paseo por los alrededores de Ubrique, y, a la izquierda de la fotografía, Teresa Lanzat, la hermana del párroco ubriqueño que organizó una "pequeña revolución".
Nos llama mucho la atención la indumentaria de las cuatro amigas tan adustas y tan elegantes, nuestra madre lleva hasta guantes. Era a mediados de los cincuenta, así que la moda "monjil" imperaba, todas ellas con grandes cuellos y solapas.
Y, como diría años antes Coco Chanel : "Montrer les genoux... jamais!" (Enseñar las rodillas... ¡Nunca!).
Muchas gracias, Fernando, por habernos enviado esta fotografía tan entrañable.


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lunes, 9 de junio de 2014

Luis Vilches Moreno, homenajeado por el pueblo de Ubrique

Luis Vilches, recibiendo de manos de José Pulido
 el reconocimiento por toda una vida dedicada a la marroquinería


Por Esperanza Cabello

Cada año por estas fechas tiene lugar un acontecimiento extraordinario: el pueblo de Ubrique rinde homenaje a algunas de las personas que han dedicado toda su vida a la marroquinería en todas sus facetas: empresarios, petaqueros, costureras, viajantes...
En esta ocasión los homenajeados han sido Juan Zapata Vázquez, como petaquero, Diego Ríos Domínguez, como viajante, Carmen y Paca León Gómez, como costureras, y Luis Vilches Moreno, como empresario.


Comienza la ceremonia


El acto fue presidido por el alcalde de Ubrique, Manuel Toro; la concejala de Cultura, Josefina Herrera; el presidente de Empiel, José Pulido y una de las responsables del Museo de la Piel, Maribel Lobato. Comenzó a las siete y media de la tarde del viernes pasado, y alrededor de los homenajeados nos reunimos amigos y familiares, acompañándolos y  sumándonos al homenaje.
En la página del Museo de la Piel de Ubrique podemos leer la noticia, con una estupenda serie de fotografías del acto realizadas por Paco Solano (en este enlace)



Todos los homenajeados reunidos, felices de este reconocimiento


Nunca habíamos asistido al homenaje que cada año se celebra con motivo del Día del Petaquero. A pesar de que la mayoría de nuestra familia se ha dedicado (y se dedica) a la marroquinería nunca, hasta este viernes, el homenaje había recaído en alguien de la familia.
Y al hablar de la familia nos referimos, por supuesto, a Luis Vilches. Lo conocemos desde siempre, fue amigo de nuestro padre durante toda su vida, y la historia de las dos familias, la familia Vilches y la familia Cabello, ha transcurrido, durante muchos años, simultáneamente. 


Luis Vilches y Paquita Arenas, su mujer, también empresaria de la piel


Luis y Paquita eran muy amigos de nuestros padres, más que amigos, eran compadres, y en nuestra familia siempre ha habido un reconocimiento y un cariño especial por ellos. Desde que nos subíamos en el Dos Caballos los catorce (siete Vilches y siete Cabello) para ir al campo, a la feria, a la romería o donde fuera pasando por las subidas al San Cristóbal, los paseos al campo, las excursiones al Salto de la Mora, como buenos ocurritanos, los Días de los Paseos...
Recordamos aquellos días de Reyes cuando llegaban a casa con tantos regalos (eran los padrinos de la pequeña de la familia), o las historias de lo buena que era Paquita y lo bien que se había portado en aquella difícil época empresarial.
Por eso cuando nuestro amigo Rafael nos habló de a este homenaje nos pusimos tan contentos como si fuera a nuestro propio padre. 
Luis Vilches ha dedicado casi toda su vida a la marroquinería. 
Nació en Ubrique en 1926, era el tercer hijo de María Moreno Muñoz y Rafael Vilches Rodríguez. Su madre estaba embarazada de siete meses cuando su padre, brigada del ejército en Tetuán, murió en acto de servicio en la Plaza de España de Tetuán.
Así que Luis no pudo ni siquiera conocer  a su padre, y, aunque su madre se dedicó con gran empeño y entrega  a la educación de sus hijos, a los doce años el benjamín dejó la escuela, muy orgulloso de su maestro, don Fernando Gavilán, del que siempre tuvo buenos recuerdos.
A esa edad tan temprana el pequeño Luis Vilches comienza a trabajar en la petaquería de los hermanos Ramos. Siempre recuerda con alegría y añoranza aquella primera época de petaquero. Luis habla de sus primeros jefes con gran cariño, y destaca el gran ambiente de trabajo y la alegría que había en aquel taller.



Luis Vilches y Manuel Cabello, 1971


Muy pronto Luis y su hermano Rafael fundan, junto a Juan Ortiz Moreno y Pedro Montero Gago, su propia empresa, en la que el encargado era su hermano Rafael Montero. Una empresa líder y de referencia  en el sector de la marroquinería: manufacturas Mórvil.
No sabíamos bien el origen de este nombre, y gracias a su hijo Rafael hemos sabido que se trata de las iniciales de los socios de la empresa.
Aunque en realidad, como pasa en los pueblos, la empresa era conocida con otro nombre. Seguro que si preguntas en Ubrique por Mórvil habrá pocas personas que sepan dónde está (o dónde estaba), pero si preguntas por "El Vaticano" todo el mundo sabrá que es la empresa que estaba en la calle Doctor Zarco Bohórquez.
En el discurso de agradecimiento que Rafael, el mayor de los cinco hijos de Luis y Paquita, pronunció el pasado viernes, tuvimos muchos momentos de emoción, pero también momentos divertidos.



Rafael agradeciendo en nombre de su padre el homenaje


Rafael nos contó que Manufacturas Mórvil comenzó en un soberado frente al San Antonio en sus primeros tiempos. Pronto se instalaron los cuatro socios en una casita amarilla en el Caracol, también en el soberado.
 La familia siempre se ha distinguido por una religiosidad ferviente y en aquella época tenían un gran cuadro del papa Pío XII con un mensaje de paz que presidía el taller de trabajo.
Un conocido y querido ubriqueño, Sebastián Macías "El Pato", llegó a la empresa como petaquero, y al ver aquel cartel del papa se dijo en voz alta: "Ya está, esto es El Vaticano". 
Y desde aquel día a la empresa de Luis se la conoció con ese nombre.
Luis se ha distinguido siempre pòr su amor al trabajo. Hombre serio, correcto, educado, responsable y muy cariñoso con nosotros, era de los que han marcado, como nuestro padre, una época.
Siempre era el primero en llegar al trabajo, y el último en terminar la jornada. 
El hecho de ser empresario no le hacía mantener distancias con sus trabajadores, con los que siempre tuvo un trato afable y cercano.
Es el ejemplo de persona que se hace a sí misma: autodidacta y resuelto, facilitó la construcción y el desarrollo  de una de las empresas líderes en el sector marroquinero desde principios de los cincuenta hasta mediados de los ochenta, dando trabajo a cientos de petaqueros y fabricando miles de piezas, de las que él mismo era el diseñador y patronista.

Nos sentimos muy felices y muy orgullosos de este reconocimiento a su labor como empresario marroquinero, y estamos seguros de que tanto Luis como su mujer, Paquita, a la que él ofreció inmediatamente su homenaje, lo  merecen sobradamente.

Nuestra enhorabuena a Luis, a Paquita, a Juan Zapata, a Diego Ríos y a las hermanas León, Paca y Carmen. Todos ellos han contribuido a la grandeza de la marroquinería y al buennombre de nuestro pueblo.


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domingo, 6 de abril de 2014

La cueva de la Pileta 27 de mayo de 1965

Un nutrido grupo de ubriqueños recorre la cueva de la Pileta, 1965




Por Esperanza Cabello

El pasado jueves hablábamos de la cueva de la Pileta y de las excursiones que nuestro padre organizaba junto con sus amigos de la sociedad "Espeleopantológica de Ubrique" (en este enlace).
Publicábamos una serie de fotos del grupo de excursionistas dentro y fuera de la cueva, pero se nos quedó esta otra, en la que se los ve subiendo y con sus petromanes en la mano.
Manuel Cabello, Manuel Heliodoro García, Luis Vilches, Rafael Vilches, Antonio López, Miguel López Salas,  Vicente Domínguez, Modesto González, Manolo Carrasco, Manolo Pajuelo, Chaves, Moreno, Adolfo, José Diaz, Pepe Luis Carrasco, Antonio Morales, Rafael Fatou... Tantos ubriqueños conocidos...

Los petromanes de la cueva de la Pileta están muy relacionados con nuestro pueblo, ya contamos hace unos años que fueron precisamente los petromanes de las petaquerías de nuestro pueblo los primeros que fueron utilizados en la cueva (en este enlace) y en esta foto vemos cómo muchos miembros del grupo van iluminando el camino con ellos. Como siempre, un petromax por cada grupito.
Esta fotografía fue tomada el 27 de mayo de 1965, los petromanes se han utilizado durante más de cincuenta años... hasta hace poco. Ya han desaparecido, ya no se utlizan. En nuestra última visita vimos, con cierta nostalgia, que ahora hay que iluminarse con potentes linternas de led.
Pero la cueva no ha perdido, afortunadamente, ni un ápice de su magia, siempre formará parte de nuestro patrimonio cultural y natural, siendo uno de los lugares más impresionantes de nuestra geografía.


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jueves, 3 de abril de 2014

La Cueva de la Pileta

 Un grupo de ubriqueños visita la cueva de la Pileta 
en los años sesenta



Por Esperanza Cabello

Hace unos meses nuestro amigo Fernando Oliva publicaba en su blog  una serie de fotografías de su suegro, Rafael Vilches, en las que nuestro padre aparecía con frecuencia.
Le pedimos a Fernando que nos enviara y nos permitiera utilizar algunas de ellas y hoy tenemos la ocasión de comenzar con las de la cueva de la Pileta.
A finales de los cincuenta y en los sesenta un grupo de amigos ubriqueños, entre los que estaban  los hermanos Rafael y Luis Vilches, nuestro padre, Fermín Fatou y otros muchos, fundaron la sociedad espeleopantológica de Ubrique.
Una de sus actividades más usuales era visitar cuevas y simas de los alrededores, y la cueva de la Pileta era todo un hito entre ellos.




La cueva de la Pileta en la Revista del Ateneo de Jerez, 1932
Biblioteca Nacional de España


La cueva de la Pileta estaba totalmente de moda, tanto que los Beatles, cuando estuvieron en Andalucía, la visitaron, (pinchar en este enlace) y cuentan que incluso tocaron el órgano natural que en ella se encuentra para hacer música.


 El grupo de ubriqueños visita la Cueva de la Pileta

 Hoy nos hemos estado acordando de todas estas excursiones porque hemos estado reflexionando sobre la genética y sus consecuencias.
Nuestros hermanos no paran de andar por esas sierras de Dios, buscando fuentes, espárragos, paseos o, simplemente, haciendo fotografías. Pero Francisco, en concreto, nos recuerda tremendamente a nuestro padre.
Organiza excursiones de amigos, o de compañeros, o con alumnos, o con visitantes; lo mismo sube a Aznalmara que al Vaquerito que a Sierra Aznar. No hay semana que no busque una cueva, un arroyo, una fuente o un árbol singular.
Y esta semana ha sido el turno de dos de los lugares míticos para la familia: Aznalmara y la cueva de la Pileta.
Ahora mismo, mientras escribimos estas líneas, estará acompañando a un nutrido grupo de personas, entre ellos a las profesoras alemanas del intercambio de Las Cumbres, por aquellas salas de la Pileta.





El grupo sube a la entrada de la cueva
Manuel Cabello a la cabeza, con una linterna.


Y quizás dentro de cincuenta años nuestros sobrinos estarán, como nosotros, rememorando las excursiones por estas sierras, admirando la capacidad de organización y comparando, cien años más tarde, las andanzas de padre e hijo por las mismas sierras, por las mismas cuevas.



 En el interior de la cueva

El caso es que visitar la cueva d la Pileta sigue siendo un lujo al alcance de nuestras manos, y ya sea con sandalias y "lonas", chaqueta y camisa, o con botas de montaña y forros polares, el recorrido y la experiencia de la visita siguen siendo algo  magnífico.


 Nuestro tío Manuel Heliodoro a la derecha de la fotografía


Nuestro padre dando explicaciones
De tantas visitas entabló una gran amistad con la familia Bullón


Queremos agradecer a Frenando Oliva que nos enviara estas fotografías y nos ofreciera la posibilidad de publicarlas, y también queremos invitar a todos los que siguen recorriendo nuestras sierras a que no olviden que nuestro patrimonio cultural es impresionante, y que este tesoro natural y ancestral está muy cerquita de nuestras casas.


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domingo, 22 de septiembre de 2013

La Hacienda de Santa Lucía

 Azulejos a la entrada de la hacienda de Santa Lucía
 Fotografía: Manuel Cabello



Por Esperanza Cabello 
Fotografías: Manuel Cabello


Hace ya unos meses que nuestro hermano Manolo nos trajo una serie de fotografías de la finca de Santa Lucía, un lugar emblemático para todos nosotros, para nuestra familia, porque allí, como dice nuestra madre "echamos los dientes", subiendo y bajando del Salto de la Mora. No había semana en la que no estuviéramos allí, ya fuera entre semana, una tarde a dar un paseíto, como cualquier domingo  a hacer una paella.



 Las gallinas de Santa Lucía
En un gallinero de toda la vida


Todos nuestros recuerdos infantiles pasan por allí, el recuerdo de los cabreros, siempre afanándose con el ganado y siempre amables y educados con todos nosotros, y eso que, pensándolo ahora fríamente, debimos de darles la tabarra muchas veces.
Dejábamos el coche fuera, cerca de la puerta, pedíamos permiso y subíamos por el camino, personalmente siempre con miedo a las vacas que pastaban tranquilas y siempre intentando acariciar a los tres o cuatro perrillos que había en la finca.



 Para reunir al ganado


 También había cabras, gallinas, gatos... todo un paraíso para aquella chiburralea que componía nuestra familia, porque íbamos con la familia Vilches Arenas, con nuestros primos Izquierdo, con nuestros primos Cabello... Todos siempre entusiasmados, porque en aquel campo había miles de lugares para jugar. Hace unos años hablaba nuestro hermano de la cueva (en este enlace) y siempre aprovechábamos para echar unos partidos (aquí con Antonia Mari y María Teresa).



 La parte trasera de la hacienda
Donde nunca faltan los gatos


 A veces los mismos dueños de la finca subían con nosotros, nuestros padres tenían mucha amistad con ellos, y participaban en las reuniones familiares. Nos encantaba jugar con el burro, que era tan noble que permitía que se montaran los niños sin poner resistencia. (Aquí se puede ver a los primos con el burrito).
Y pasábamos muchos días en aquel campo, siempre acompañando a nuestro padre, que era un enamorado de aquel entorno y que luchó y batalló como un Quijote, convencido de que aquella maravilla debía ser protegida, cuidada y conservada con mimo. Lo mejor es que logró, después de mucho insistir,  convencer a todos de que el Salto de la Mora era el tesoro de todos los ubriqueños, y que la ciudad de Ocurris era un magnífico reclamo turístico y cultural.
Tanto, que la totalidad de los escolares de este pueblo comenzó a interesarse por el lugar, y las excursiones de las escuelas ubriqueñas para conocer el yacimiento y aprender a valorarlo se hicieron muy frecuentes.
Todos los batidores de Misión Rescate conocieron Santa Lucía y subieron al Salto de la Mora. Y, por supuesto, al subir o al bajar siempre hacíamos un alto en el pozo de Santa Lucía para beber del cucharro, uno de los pozos más famosos de nuestra infancia.
Llegó el momento, después de las primeras excavaciones, en que hubo que poner una entrada alternativa, para no molestar tanto en la finca  y para proteger al ganado.



 Los vasares y la cantarera
Llenos de detalles tradicionales


 A nosotros, en aquellos años de finales de los sesenta, lo que más nos gustaba era cuando nuestro padre se paraba a echar un cigarrito con los dueños de la finca. Así podíamos jugar un rato con los gatos o mirar a las gallinas. Cuando entrábamos en la casa siempre teníamos la misma impresión: pensábamos que el tiempo se había detenido en aquel lugar, que era una casa de siempre.
Ahora recordamos aquel fuego en el hogar, siempre con un puchero de barro al lado. Aquella palangana que hacía las veces de lavabo. Aquellos cántaros de agua siempre fresca, que traían con el burro de una fuente cercana, aquellas sillas de La Huerta alrededor de la mesita. El banquete de corcho junto al fuego. Aquellas paredes encaladas y el suelo pintado...
Viendo estas fotos de nuestro hermano nos damos cuenta de que el tiempo sigue, aparentemente, detenido en Santa Lucía.



 La fachada de Santa Lucía
Una casa de campo tradicional

 Y hoy, casi cincuenta años más tarde, Santa Lucía sigue siendo un ejemplo de finca tradicional. La familia Mangana la lleva, y se dedica, como siempre, a la ganadería. El burrito ha sido sustituído por un vehiculo y las cántaras de leche... siguen tal cual.
Ya no hay paso por Santa Lucía para subir al Salto de la Mora. Los visitantes de Ocurris entran por el nuevo camino que abrieron años más tarde, y hace muchísimos años que no pasamos por alli, pero mirando las fotos comprobamos que los recuerdos de infancia reviven con facilidad ante cualquier estímulo.


En una finca el agua es un tesoro
Sea cual sea el recipiente



Y siempre pensamos que fuimos muy afortunados por haber aprendido, desde muy pequeños, a conocer y respetar los tesoros que nos rodeaban. Aprendimos a caminar sin estropear nada, aprendimos a mirar al suelo por si aparecía alguna moneda, aprendimos a examinar con minuciosidad cada piedra que tirábamos no fuera a ser valiosa, aprendimos los nombres de los materiales, los nombres de las "tejas", de la cerámica.
Hasta la pequeña,  Natalia, que apenas sabía andar, llegó un día con un trozo de hueso de cabra dicendo:  "Mira, papá, un hueso tan antiguo y tan romano".
Realmente hemos sido muy afortunados y hemos disfrutado de una niñez al aire libre, pasando tantos ratos en un lugar tan especial como el Salto de la Mora, en la finca de Santa Lucía.


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