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viernes, 30 de agosto de 2024

Mateo Zapata Vázquez, In Memoriam

 

Mateo Zapata Vázquez en la pila de La Plaza

Ubrique, años cincuenta



Por Esperanza Cabello


Cada vez que muere uno de nuestros mayores, un poquito de nuestra esencia ubriqueña muere con ellos, pues se llevan sus vivencias, sus experiencias, sus recuerdos...

Esta semana es especialmente triste, pues la comenzamos despidiendo a una de las ubriqueñas más longevas y queridas (había superado los ciento un años), Josefa Pérez, una mujer de bandera que trazó un camino de esfuerzo, cariño y empeño casi más allá de lo posible, siendo modelo para muchos y  dejándonos a todos un poquito más huérfanos. Un abrazo muy grande para toda su familia.

Y hoy lloramos la muerte de un hombre muy especial y muy querido también, Mateo Zapata Vázquez, el decano de la familia Zapata, ejemplo de trabajo bien hecho, de emprendimiento (una palabra tan de moda ahora que, en realidad, inventaron nuestros abuelos), de fortaleza y de dignidad.

Nacido en Villaluenga del Rosario en junio de 1927, Mateo estaba próximo a cumplir sus cien años. Después de una vida de película, arropado y cuidado por sus hijas y su hijo, querido y admirado por sus nietos y bisnietos, era capaz de fascinarnos a todos con sus recuerdos, con su gran memoria, con su vida llena de trabajo, esfuerzo y mucho tesón.

 


 

Hasta el último momento cuidando de su familia

Mateo esperaba con ilusión la llegada de su bisnieto Enzo, al que, felizmente, ha conocido


 

Hoy, a sus noventa y siete años, Mateo ha fallecido rodeado y querido por los suyos; su entierro tendrá lugar en el cementerio municipal mañana, treinta y uno de agosto, a las once y media de la mañana.

Todo nuestro cariño para su gran familia, y un abrazo de corazón para todos los que tanto lo han querido y tanto lo han cuidado.

¡Hasta siempre, Mateo!


 

 

Muchas veces hemos mencionado a Mateo Zapata en este blog, (en este enlace), del que ha sido colaborador en varias ocasiones; no solo por la amistad que une a nuestra familia con la suya, sino por aquella amistad que Mateo Vázquez y Leandro Izquierdo, nuestro abuelo, cultivaron a mediados del siglo pasado. 

 

Tuvimos la oportunidad de escribir su biografía en 2012:

Mateo nació en Villaluenga del Rosario el seis de junio de 1927. Sus padres eran Sebastián Zapata Fernández y María Vázquez Marín. Su padre era albañil, encargado de la eléctrica de la sierra, y tenían nueve hijos. Era una época muy dura, llegaron los años de la guerra y de la posguerra y apenas tenían qué comer.
 
Mateo recuerda que con diez añillos iba a coger tagarninas para llevárselas a su madre. Las preparaban, las pelaban... y después se comían las tagarninas y las peladuras, de hambre que pasaban, como tantas y tantas familias de la sierra en aquellos años.


La familia Zapata Vázquez al completo
Villaluenga del Rosario , 1936


Su tía, Isabel Vázquez Marín, que trabajaba en Ubrique en la fonda de Cañaílla, le buscó una colocación en Ubrique. Llegó a nuestro pueblo a trabajar el dieciséis de marzo de 1941, con doce añillos, y ha trabajado, desde entonces, todos los días de su vida, sin parar ni uno, ni siquiera el día de su boda, que por la noche tuvo que trabajar también como transportista.



En la feria de Ubrique, con sus hermanos



Su primera colocación, en 1941, fue en el café de Pendón. Su jefe, Juan Domínguez Pendón, fue su primer patrono, lo colocó para hacer faenas, mandados, encargarse del agua, de la limpieza y empezar a servir. Mateo vivía, comía -poquillo entonces, que no había mucho- y dormía en el café.
En 1942, viendo que el chiquillo era "espabilao", Rodrigo Orellana lo contrató para el bar la Pila, justo a la izquierda de la pila de la Plaza. Mateo se encargaba del bar como un adulto, era capaz de servir las mesas, preparar los cafés y estar pendiente de todos los que entraban en el establecimiento. Nos cuenta que iba a tostar el café que traían las matuteras de Gibraltar a una tostadora que su patrón tenía en el patio de la casa de la calle Cañito. Preparaba una candela de leña y sobre las ascuas tostaba el café que después molía con un molinillo de dos asas.


 En la pila de la Plaza, años cincuenta



En 1947 se fue a trabajar al Casino de Ronda, donde estuvo solo un año, porque en 1948 lo llamaron a filas. Tuvo que ir a Zaragoza, pero nada más llegar lo volvieron, porque tenía los pies planos.
De vuelta a Ubrique empezó a trabajar en casa Barrera, el bar de la calle del Agua, allí trabajó desde 1948 hasta 1951.


Casa Barrera, con la cafetera exprés de la época



En 1951 Mateo cambió de profesión y comenzó como transportista en El Bosque con Matías Ramírez.
En 1953 volvió a Ubrique, y empezó a trabajar con la empresa de Transportes León hasta 1985.



 El camión de Transportes León con Mateo Zapata sobre  la carga
Ubrique, 1954-1955

Precisamente de su trabajo con esta empresa de transportes conocemos a Mateo. Estuvo trabajando muchísimos años como transportista para la fábrica de nuestro abuelo Leandro, pueden leer su historia pinchando en este enlace. Mateo sigue mostrándonos, con orgullo, el escritorio de nuestro abuelo, que él recuperó y conserva  en su trabajo, y una cartera de cocodrilo de las de la fábrica, de aquellas de cocodrilo "auténtico" que eran la joya de la marroquinería ubriqueña.


Desde que se jubiló como transportista Mateo ha estado trabajando en el taller de automóviles con su hijo Sebastián y con sus tres nietos, si dejar de trabajar ni un solo día de su vida.


 Mateo Zapata en la feria


Es increíble cómo una persona puede estar tan pendiente de su trabajo y también de su familia. Mateo se trajo a sus padres y a sus ocho hermanos a Ubrique en 1945, viendo que aquí podía echarles bien una mano.
No se imaginan dónde vivían: en la ermita de San Juan, en el piso superior. Ignorábamos quiénes habrían sido los últimos habitantes de esta ermita y ahora sabemos que la familia Zapata Vázquez fue la última que la habitó. Sebastián recuerda cómo su tío entregó hace relativamente poco tiempo la llave al ayuntamiento.

 

 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La gran nevada de 1954: Ubrique, Algodonales, Arcos...

 Ubrique en la gran nevada del 3 de febrero de 1954
Fotografía de Francisco García Parra


Por Esperanza Cabello

Algunas veces la casualidad hace que las situaciones se entremezclen de una forma curiosa, y eso con ha pasado con una serie de fotografías, de situaciones y de personas de las que ya hemos tratado anteriormente en este blog pero por separado, sin darnos cuenta de lo cercanas que estaban.
Esta primera fotografía de la entrada, la de Ubrique en la nevada del 2 y 3 de febrero de 1954, llegó a nuestras manos en octubre de 2009, y preparamos una entrada contandó cómo era Ubrique en la época y lo poco que nevaba normalmente (pinchar aquí para leerla).


Villamartín, la nevada de 1954
Fotografía gentileza de Elena Lobatón


Arcos en la gran nevada del 3 de  febrero de 1954
Gentileza de Faín Viejo
Fotografía restaurada por Manuel Figueroa


Al ver esta fotografía de Arcos, recordamos la de Ubrique y nos llevamos una sorpresa al ver que eran las dos del mismo día, nos pareció tan llamativo que incluso hicimos una entrada nueva en el blog Aznalmara (Imágenes de la Sierra de Cádiz).
Ayer, al publicar una fotografía de Algodonales también en Aznalmara, nos percatamos de que aún había más fotos de pueblos durante aquella nevada de 1954, en este caso de Algodonales.


 Algodonales durante la nevada del 3 de febrero de 1954
Gentileza de Antonio Valle


Nos dimos cuenta de que estas dos fotografías de Algodonales nevado en febrero de 1954 eran del mismo día que las de Ubrique y Arcos. Habían llegado a nuestras manos en agosto de 2012, gentileza de nuestro amigo Antonio Valle, y desde entonces estaban publicadas en Aznalmara.


Algodonales completamente nevado con la sierra al fondo
3 de febrero de 1954


Pero lo que definitivamente nos ha llamado la atención ha sido poder relacionar estas fotografías de pueblos nevados con una preciosa historia que nuestro amigo Mateo Zapata nos contó hace ya mucho tiempo, en mayo de 2009. Él era el encargado de traer los fardos de pieles de cocodrilo para la fábrica de nuestro abuelo Leandro Izquierdo. Recordaba una ocasión en la que no paraba de nevar desde que salieron de Sevilla (a principios del 54, contaba Mateo), nevaba tanto que al llegar al cruce de las Cabezas creyeron que no podrían seguir y al llegar cerca de Villamartín, allí donde ahora están los eucaliptos, tuvieron que parar porque era imposible pasar con toda la nieve que había.
Nos contó Mateo que todo el paisaje estaba completamente blanco cuando amaneció, y que toda la sierra estaba nevada.
Consiguieron reemprender el camino y llegar hasta Ubrique, siendo recibidos por todos con gran alegría, porque los esperaban desde hacía muchas horas, y con gran curiosidad, porque el camión venía lleno de nieve.

El camión de Mateo Zapata llenito de nieve
Febrero de 1954
Fotografía recuperada por Luis Eduardo Rubio

La casualidad ha hecho que estas fotografías, tomadas el mismo día en lugares diferentes y por personas diferentes, hayan estado en nuestros blogs tantos años y se hayan  juntado todas precisamente hoy en torno a la historia de nuestro amigo Mateo Zapata y del transporte de los fardos de pieles de cocodrilos para la petaquería de nuestro abuelo Leandro... ¡El mundo es un pañuelo!



Bornos nevado
Gentileza de la Farmacia de la Plaza
Pinchando en este enlace podemos ver más fotos

Nuestro amigo Manuel Figueroa, además de restaurar la fotografía de Arcos nevado, nos ha enviado un par de enlaces al diario ABC de los días tres y cinco de febrero de 1954. En los dos periódicos se habla de las consecuencias de la gran nevada y lo sorprendente que para muchas personas ha sido ver nevar en sus ciudades. En Málaga, por ejemplo, no nevaba desde 1882.



 Extracto del ABC del 3 de febrero de 1954
 Gentileza de Manuel Figueroa

Son muy curiosas las noticias, aparte de que el agua se congeló en las cañerías de numerosas ciudades, también se helaron los sifones de un repartidor y las gaseosas, dispuestas en sus cajas, reventaron al congelarse. 

Extracto del ABC del cinco de febrero de 1954
Gentileza de Manuel Figueroa

Desde luego debió de ser un acontecimiento, no solo en España, sino también en el norte de África, las ciudades consideradas más calurosas de la zona se vieron, inauditamente, cubiertas de nieve.

Queremos agradecer a nuestros amigos Manuel Figueroa y Antonio Valle que nos hayan proporcionado las fotografías de Arcos y Algodonales, sería muy curioso poder contar con fotografías del mismo día de otros pueblos de la sierra, seguro que existen...


Nota de las 21:00: Nuestro amigo José Manuel Oneto (del blog dRuta)  nos comenta que en  mayo dedicó una entrada a las grandes nevadas que había habido en nuestra provincia y, casualmente, incluye otras dos fotografías de las nevadas del 3 de febrero de 1954: en Sanlúcar de Barrameda y en Trebujena (pinchar aquí para leer la entrada). Gracias, José Manuel.



Nota del 3 de febrero de 2014: En Tiojimeno Digital hemos encontrado una nueva entrada sobre la nevada en Jimena. Este es el enlace: http://www.tiojimeno.es/2014/02/hoy-hace-60-anos-nieve-en-jimena.html#disqus_thread 

Y aquí está Jimena con la nieve:






Nota del 4 de febrero de 2015: Nuestro compañero Pedro Sánchez Gil, de Villamartín, nos envía una preciosa fotografía restaurada por él mismo de Villamartín en la gran nevada del 54.





Hemos hecho una nueva entrada (en este enlace) con la fotografía, de la que Pedro nos explica lo siguiente: 


Te envío una foto de Villamartín (nevada del 3-2-54) por si quieres incluirla en tu entrada de la Gran Nevada del 54. La foto pertenece a mi libro "Villamartín, Imágenes de un Siglo I". Colección de Jesús Mozo y restaurada por mí.
En el pie de foto puede leerse "Aspecto nórdico, de postal navideña, era el que ofrecía Villamartín a los atónitos ojos, sorprendidos al amanecer del día tres de febrero de 1954. La nieve lo cubre todo, espesa capa de inmaculada blancura hollada por escasas pisadas. Un solitario viandante, alucinado, sin discernir si es ensueño o realidad lo que ve, circula por el lugar que hoy es la Avenida.
 
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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los burritos en la Perla, 1954. La exposición de David Bulpe, VI



En la puerta de la Perla. 1954

Por Esperanza Cabello

La fotografía en blanco y negro pertenece al archivo de la familia Cabello Izquierdo y fue restaurada en 2009 por Luis Eduardo Rubio.

Esta fotografía es de la calle Moreno de Mora, conocida en aquel momento como calle Cádiz, en la confluencia con la calle Ingeniero Juan Romero Carrasco, antigua calle Tenería.

Corría el año de 1954, Leandro Izquierdo, fabricante de artículos de piel, había recurrido a Mateo Zapata para que le trajera de Sevilla los fardos de cocodrilo con los que confeccionar cinturones y carteras, estos fardos venían desde Francia y  Mateo recogía en un agente de aduanas en la Puerta de Carmona.

El camión, que era de Juan Benítez, había salido de Ubrique en la madrugada del tres  de febrero, y supuestamente debía estar de vuelta durante el día, pero no había regresado cuando lo esperaban. Mateo cuenta que salió de Sevilla mientras nevaba, y que estuvo nevando con fuerza durante todo el viaje de regreso. Al llegar al cruce de Las Cabezas la nevada había arreciado, pero al llegar a Villamartín ya se les hizo imposible continuar, así que tuvieron que pasar la noche allí y dormir en el camión en un pueblo completamente nevado.

Todos estaban muy preocupados en Ubrique porque el camión no llegaba, así que, cuando al mediodía del cuatro de febrero alguien avisó que el camión, con los toldos llenitos de nieve, ya estaba llegando, un montón de curiosos se arremolinaron alrededor. Mateo puso su camión en la puerta del bar La Perla y, ya tranquilo, comenzó a descargar los fardos.

Mateo Zapata está sobre el camión, dispuesto a descargar todo, y en primer término, justo detrás de los burritos, están Ana Venegas Rodríguez y su cuñada, Manuela Barea Atienza, con un gracioso pañuelo en la cabeza.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cómo hacer Caldo Santo, una antigua receta ubriqueña

Tarjeta publicitaria de Gal, 1932


 Por Esperanza Cabello

Memi nos ha traído una preciosa postal publicitaria de los años treinta. Es una postal de la perfumería Gal, en  Madrid,  de 1932.
Pero la curiosidad de esta postal está en su historia y en su reverso. Hace muchos años estaban desalojando la ermita de San Juan, que había estado habitada por dos familias durante mucho tiempo, la familia Zapata ocupaba el piso superior y la familia Vegazo el inferior.
En los años ochenta el ayuntamiento quiso recuperar el edificio, que ya estaba desocupado, y los antiguos moradores lo desalojaron.
Entre los papeles y cachivaches que iban para la incineradora estaba esta tarjeta, que ella recuperó como curiosidad, porque en la parte trasera había una receta de la que nunca había oído hablar: el Caldo Santo.




Receta de Caldo Santo, años 30


CALDO SANTO
Se pone agua como para una persona, se le pica perejil, ajo y cebolla. Se le pone una poquita de pimienta y limón, aceite y se deja que hierva. Después se le echa un huevo y cuando está cuajado se aparta la cacerola del fuego, se rebanea el pan en el plato y se le echa el caldo.

Hemos querido comprobar a qué sabía este caldo santo y hemos seguido los pasos de la receta. En algún momento debió de olvidarse la sal, porque necesitaba una pizca, pero estaba muy bueno, realmente algo muy sencillo, nos ha encantado recuperar esta receta tradicional.
También hemos preguntado a Mateo Zapata si conocía la receta, si en su casa se tomaba  ese caldo, pero no está seguro, ellos tomaban sopa con pan y huevo cuajado, pero no recuerda llamarlo caldo santo. Quizás la postal fuera de la familia Vegazo.
Gracias, Memi por ayudarnos a recuperar otro trocito de nuestra historia.


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lunes, 23 de abril de 2012

Mateo Zapata Vázquez, un payoyo ubriqueño.

Mateo Zapata Vázquez


Por Esperanza Cabello

Nuestra búsqueda de cafés y cafeteras nos ha acercado un poquito más a un hombre extraordinario, cuya historia es verdaderamente excepcional, que tiene una memoria formidable y que es, seguramente, uno de los ubriqueños (nacido en Villaluenga del Rosario) de más edad que aún conduce y que continúa con su vida profesional. Mateo sigue el día a día en el taller de su hijo Sebastián Zapata.

Mateo Zapata junto a la Pila de la Plaza


Mateo nació en Villaluenga del Rosario el seis de junio de 1927. Sus padres eran Sebastián Zapata Fernández y María Vázquez Marín. Su padre era albañil, encargado de la eléctrica de la sierra, y tenían nueve hijos. Era una época muy dura, llegaron los años de la guerra y de la posguerra y apenas tenían qué comer.
 
Mateo recuerda que con diez añillos iba a coger tagarninas para llevárselas a su madre. Las preparaban, las pelaban... y después se comían las tagarninas y las peladuras, de hambre que pasaban, como tantas y tantas familias de la sierra en aquellos años.


La familia Zapata Vázquez al completo
Villaluenga del Rosario , 1936


Su tía, Isabel Vázquez Marín, que trabajaba en Ubrique en la fonda de Cañaílla, le buscó una colocación en Ubrique. Llegó a nuestro pueblo a trabajar el dieciséis de marzo de 1941, con doce añillos, y ha trabajado, desde entonces, todos los días de su vida, sin parar ni uno, ni siquiera el día de su boda, que por la noche tuvo que trabajar también como trasportista.



En la feria de Ubrique, con sus hermanos



Su primera colocación, en 1941, fue en el café de Pendón. Su jefe, Juan Domínguez Pendón, fue su primer patrono, lo colocó para hacer faenas, mandados, encargarse del agua, de la limpieza y empezar a servir. Mateo vivía, comía -poquillo entonces, que no había mucho- y dormía en el café.
En 1942, viendo que el chiquillo era "espabilao", Rodrigo Orellana lo contrató para el bar la Pila, justo a la izquierda de la pila de la Plaza. Mateo se encargaba del bar como un adulto, era capaz de servir las mesas, preparar los cafés y estar pendiente de todos los que entraban en el establecimiento. Nos cuenta que iba a tostar el café que traían las matuteras de Gibraltar a una tostadora que su patrón tenía en el patio de la casa de la calle Cañito. Preparaba una candela de leña y sobre las ascuas tostaba el café que después molía con un molinillo de dos asas.


 En la pila de la Plaza, años cincuenta



En 1947 se fue a trabajar al Casino de Ronda, donde estuvo solo un año, porque en 1948 lo llamaron a filas. Tuvo que ir a Zaragoza, pero nada más llegar lo volvieron, porque tenía los pies planos.
De vuelta a Ubrique empezó a trabajar en casa Barrera, el bar de la calle del Agua, allí trabajó desde 1948 hasta 1951.


Casa Barrera, con la cafetera exprés de la época



En 1951 Mateo cambió de profesión y comenzó como transportista en El Bosque con Matías Ramírez.
En 1953 volvió a Ubrique, y empezó a trabajar con la empresa de Transportes León hasta 1985.



 El camión de Transportes León con Mateo Zapata sobre  la carga
Ubrique, 1954-1955

Precisamente de su trabajo con esta empresa de transportes conocemos a Mateo. stuvo trabajando muchísimos años como transportista para la fábrica de nuestro abuelo Leandro, pueden leer su historia pinchando en este enlace. Mateo sigue mostrándonos, con orgullo, el escritorio de nuestro abuelo, que él recuperó y conserva  en su trabajo, y una cartera de cocodrilo de las de la fábrica, de aquellas de cocodrilo "auténtico" que eran la joya de la marroquinería ubriqueña.


Desde que se jubiló como transportista Mateo ha estado trabajando en el taller de automóviles con su hijo Sebastián y con sus tres nietos, si dejar de trabajar ni un solo día de su vida.


 Mateo Zapata en la feria


Es increíble cómo una persona puede estar tan pendiente de su trabajo y también de su familia. Mateo se trajo a sus padres y a sus ocho hermanos a Ubrique en 1945, viendo que aquí podía echarles bien una mano.
No se imaginan dónde vivían: en la ermita de San Juan, en el piso superior. Ignorábamos quiénes habrían sido los últimos habitantes de esta ermita y ahora sabemos que la familia Zapata Vázquez fue la última que la habitó. Sebastián recuerda cómo su tío entregó hace relativamente poco tiempo la llave al ayuntamiento.
 Memi Bernal nos ha traido una postal con una receta de "Caldo Santo"procedente del San Juan, nos preguntamos la posibilidad de que sea incluso de la madre de Mateo.


La familia Zapata Vázquez en su domicilio ubriqueño
El interior de la ermita de San Juan

En  junio de 1952 Mateo se casó con María Ordóñez López, se fueron a vivir junto al Peñón de la Becerra, y allí nació su primera hija, María, más tarde nacerían Rafi, Sebastián y María José, pero ya en otras casas, porque la familia se mudó pronto a la zona más baja del pueblo, estuvieron viviendo junto a los Grupos Escolares, en una casa que aún se conserva tal como era entonces.



Ubrique en expansión a finales de los años cincuenta
Se ve el campo de fútbol de San sebastián, los Grupos Escolares
y las casas de la carretera Nueva



Mateo Zapata es un hombre cordial y atento, dedicado a los suyos y a su trabajo toda la vida. Posee una memoria prodigiosa y nos llama poderosamente la atención cómo recuerda hasta los más mínimos detalles de las situaciones y de las personas. Nos despedimos de él en el taller que su hijo Sebastián Zapata tiene en la cañada de los Gamonales, rodeado de su hijo y sus tres nietos, que han heredado de Mateo la pasión por la mecánica y el trabajo bien hecho.



El seat 1500 de Mateos Zapata
Actualmente en el taller, además de dedicarse a los coches nuevos,
restauran y recuperan vehículos históricos.


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sábado, 21 de abril de 2012

La primeras cafeteras exprés de Ubrique

Máquina de café exprés originaria del bar "La Perla"
Oyarzun y Cía, principios de los cuarenta
Fotografía: Luis Eduardo Rubio


Por Esperanza Cabello

Hemos tenido acceso a una parte de la historia de Ubrique al poder fotografiar esta magnífica cafetera exprés de caldera, que estuvo a principios de los años cuarenta en el bar "La Perla" (La Perla y la Chabola son los bares más antiguos de Ubrique) y que después pasó al bar -al ambigú- que estaba dentro del cine Capitol.
Esta cafetera e un trozo de nuestra historia, nos habla de los bares, de los cafés y de las tertulias hace muchos años. Aunque no nos damos cuenta el café, tomar café, es algo muy propio de nuestra sociedad.
 Nuestra tía Isabel Álvarez (nacida en 1919) nos ha contado que el bar más antiguo del pueblo era el café de Janeiro, durante un tiempo el único que había en el pueblo, que había sido creado por nuestra tatarabuela Ana Córdoba. después de Manuel Janeiro Eloy Janeiro siguió con el bar, más tarde Arsenio, que lo tuvo muchos años, e incluso nuestro a buelo Paco lo mantuvo un corto tiempo. Después ya hubo varios bares en la Plaza y además  la Perla y la Chabola, que al principio era un almacén para una tenería y se reconvirtió en bar.
Cuando ella era joven (años treinta) todos los bares estaban concentrados en la misma zona: estaba el bar de Vicente Tenorio, exactamente donde está el bar la Plaza ahora (y ese era el casino, no el que conocimos nosotros). También estaba el bar  la Pila, de Joaquin Orellana, y en la casa de las Piñero estaba el bar de Ramírez. Además existía el café de Manuel Domínguez Pendón, en la esquina de la Plaza con la plaza de Francisco Fatou. 
Además, por supuesto, estaba la Perla y su flamante cafetera exprés...





También hemos estado hablando con Mateo Zapata, quizás el camarero más antiguo que hay en Ubrique, que llegó a nuestro pueblo a trabajar el 16 de marzo de 1941, y nos ha contado la historia del café y las cafeteras en nuestro pueblo. Mateo ha corroborado y completado los datos de los bares de Ubrique en esa primera mitad del siglo pasado.
Al principio no había cafeteras, en los bares se hacía el café de pucherete, calentando el agua y echándole el café molido antes de que hirviera. Cuando se servían los cafés se llevaba la cafetera en una mano y la lechera en la otra, sirviendo los cafés en las mesas.
El café lo traían crudo las "matuteras" desde Gibraltar, en talegas. 
Su primer jefe, Juan Domínguez Pendón, el dueño del café de Pendón, junto al casino, compraba los granos de café y los tostaba.


 Máquina para tostar los granos de café





Mateo recuerda que en 1942 Rodrigo Orellana lo contrató para trabajar en el bar de la Pila (donde está el ayuntamiento), y que tostaban el café en el patio de la casa en la calle Cañito número 9, en una tostadora con una candela de leña.
Después molían el café en un molinillo a dos manos, y los terrones de azúcar los liaban en papel finos de dos en dos.
Se servía café durante todo el día, a diez céntimos los primeros años, después a quince céntimos, y las zurrapas las recogía para el asilo un hombre llamado Manuel "el Cojo", que vivía con las monjas.


Mateo Zapata junto a la cafetera del bar Barrera
Ubrique, 1948

En 1948 Mateo empezó a trabajar en el bar de Barrera, en la calle del Agua, y allí había una magnífica cafetera exprés que habían comprado varios años antes. Mateo cuenta que seguramente esta fue una de las primeras cafeteras que llegó a Ubrique. Funcionaba con electricidad, pero cuando se iba la luz, algo muy corriente en la época, se ponían carbones encendidos en la caldera de abajo.

La otra cafetera, la que se conserva todavía, la de la Perla, debe de ser de la misma época, nos habían dicho que fue la primera que hubo en Ubrique, pero Mateo cree que la primera fue la de Barrera. En cualquier caso esta es  una cafetera Oyarzun de caldera, magníficamente conservada y en perfectas condiciones de uso.



La casa Oyarzun empezó a traer cafeteras exprés de importación en los años veinte. Hemos encontrado un anuncio de 1926 en el que solicitan vendedores para sus increíbles cafeteras.


Anuncio del diario ABC, 1926



Ya en 1934 encontramos que la casa Oyarzun fabrica sus propias cafeteras (hasta el momento eran de importación) y que está asentada en Madrid, en el Paseo Imperial, 10.



Anuncio de Cafeteras Oyarzun,  ABC 1934


La nuestra, la ubriqueña, debió de llegar a nuestro pueblo unos años más tarde, seguramente después de la guerra, cuando los negocios empezaron a recomponerse, y seguramente fue la admiración de todos los parroquianos que se acercaban a la entrada del lugar en aquella época.



Bar La Perla, a la entrada de Ubrique, 1930?
Regentado por la familia López desde su apertura

 Bar La Perla, años cincuenta



 Bar la Perla, 1962
Fotografía Gustavo Herrera


En todos esos años la cafetera exprés de Oyarzun estuvo preparando cafés para los ubriqueños y los visitantes, suponemos que  en los años sesenta o principios de los setenta la llevaron al cine Capitol para su ambigú, pero sólo recordamos que vendían refrescos y chucherías, quizás no se utilizara ya.
A finales de  los ochenta, cuando el cine se cerró,  la cafetera iba a ser tirada junto al resto del menaje, pero fue salvada de su abandono y reparada para que volviera a funcionar debidamente.



Primera fotografía que conocemos de la cafetera  de La Perla
Fabricada, efectivamente, en el Paseo Imperial de Madrid

La casa Oyarzun ha seguido fabricando cafeteras y material de hostelería todos estos años, en los años cincuenta patentaron la tolva de café y actualmente continúan fabricando máquinas de vending, esas que nos permiten comprar un café en cualquier sitio público.




Nunca nos habíamos interesado demasiado por las máquinas de café, ahora hemos descubierto que supusieron toda una revolución en el mundo de la restauración y que se fueron dando muchos pasos para que pudiésemos tomar un café exprés con un amigo en un bar.

Queremos agradecer expresa y encarecidamente a Mateo Zapata y a Isabel Álvarez no solo todos los datos que nos han aportado para hablar del café y las cafeteras, sino el buen rato que nos han hecho pasar con sus anécdotas y sus recuerdos.


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