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sábado, 17 de octubre de 2026

Mañanitas de churros y familia

 

Ester y Adrián celebrando los churros caseros

 

Por Esperanza Cabello

Esta semana hemos tenido dos invitados muy especiales. Ester y Adrián ha venido a visitarnos para participar en la reunión familiar del domingo, y hemos querido recordar a nuestro padre y a nuestro hermano Manolo que, siempre que había una ocasión especial, preparaban churros para todos en el desayuno.

 


 Churros recién preparados

 

Los churros son superfáciles de hacer. En un cuenco ponemos una tacita de harina, la misma cantidad de agua, una cucharadita muy pequeña de sal y la misma cantidad de levadura.

Se mezcla todo bien y se mete la masa en la churrera. Quizás lo más difícil sea tener una churrera en casa. ponemos un perol con bastante aceite al fuego, hasta que esté bien caliente, entonces se va echando la masa intentando hacer espirales y cuando empieza tomar color, se vuelven los churros con dos palitos chinos.

 


 Lo mejor de todo no es que los churros sean fáciles de hacer, ni que estén buenísimos, lo mejor son los recuerdos que nos traen a todos estos "tejeringos" caseros, recordamos a abuelo Manolo tarareando en la cocina: "Churros, churretes, carapapete, se los comen..." y a los niños esperando impacientes que fueran saliendo las ruedas de churros; a abuela Esperanza echando una mano y disfrutando de sus nietos, que estaban felices. Y también a Manolo, que los preparaba cada vez que su querida hija y Adri venían a visitarlo. O a nosotros mismos, que los hemos hecho con todo el cariño para mil mañanas familiares, con los hijos o los nietos a la mesa.

Así que, buen provecho, y disfruten de la familia💜💜💜💜💜💜.

 

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miércoles, 14 de octubre de 2026

Cómo aliñar las aceitunas partidas a la manera ubriqueña

 

Ingredientes para aliñar las aceitunas partidas

 

Por Esperanza Cabello

 

Ya están las primeras aceitunas listas para ser aliñadas. Las hemos endulzado, tal y como explicábamos en esta entrada, durante un par de semanas, y ahora vamos a aliñarlas.

Para esta cantarita de aceitunas nos hacen falta pimientos, ajos, sal y agua de los Veinte Pilares (agua que no esté tratada artificialmente) porque con el agua del grifo se ponen blandas.

En la foto, más que nada por mostrarlo, hemos colocado el almirez de las Piñeritas (Isabel y Josefa Coveñas Piñero), las tías de nuestra abuela, que conservamos como una reliquia en la familia.

Y realmente el "majao" es importante, y sería lo ideal, pero nosotros lo hemos sustituido por "el batido", y metemos los ingredientes en la batidora.


 Así que esta debería ser la fotografía correcta

 

Lo primero que hacemos es volcar en la pila las aceitunas ya endulzadas y volver a lavarlas. A continuación, echamos cinco o seis "embozás" de aceitunas (la cantidad que cabe en las dos manos) y preparamos en la batidora un poco de aliño.

Por cada tanda de aceitunas echamos cuatro pimientos, una cabeza de ajos, un puñado grande de sal y agua sin tratar. Nosotros hemos tenido la suerte de contar con pimientos "del país", que huelen maravillosamente, que nos han regalado nuestros amigos Ángel y Alfonso Solano, de la frutería del Toledo, y unos ajos espectaculares que han traído también del terreno. Muchas gracias.

 


 

Se baten esos ingredientes y se echa el "caldo" sobre la primera tanda de aceitunas. A continuación, se vuelven a echar cuatro o cinco "embozás" de aceitunas en la cantarita y se vuelve a preparar el "caldo" con más pimientos, una cabeza de ajos, un puñado grande de sal y agua sin tratar.

Así hasta que terminemos con las aceitunas. Por último, se cubren bien las aceitunas con agua de los Veinte Pilares y nos esperamos un par de días a que hayan cogido el aliño.

En estos momentos, recordamos a nuestro padre que, impaciente por probar las aceitunas nuevas, se echaba un platito recién aliñadas y les ponía un poquito de sal para poder probarlas. Realmente las aceitunas están buenas de todas formas, hasta simplemente endulzadas.

También recordamos con cariño a nuestra querida Leonor, que había nacido en el campo y toda su vida había trabajado codo a codo con su marido, y que cada año había cogido aceitunas tanto "para el agasajo de la casa" como para aceite. Leonor decía que la mejor comida era un "hoyo de pan" (el copete de la telera). Nos estamos dando cuenta de que hoy utilizamos muchas palabras que están en peligro de desaparición y que seguramente no terminamos de explicarnos para los más jóvenes, o los que no sean andaluces. El "hoyo" (joyo decimos aquí) es la parte superior de un kilo de pan.


 

Fotografía gentileza de Panaderías Julia

 

Pues a ese pico del pan, Leonor le quitaba la miga y, en su interior echaba un cazo o dos de aceitunas partidas y se sentaba a comerse poquito a poco aceitunas y un poquito de pan. Nosotros lo probamos muchas veces, y les podemos asegurar que es una comida deliciosa.

 


 A los dos días, como hacemos siempre que preparamos alguna comida tradicional (gañotes, carne de membrillo, aceitunas...) hicimos el llamamiento a la familia y los amigos: "Quien quiera aceitunas partidas que se traiga un bote", y así tuvimos ocasión de reunirnos (¡Bendito sea!) todos los hermanos Cabello Izquierdo con nuestra querida cuñada Reme, todos con el recuerdo de Manolo muy presente.

Como somos muchos, esta cantarita de aceitunas partidas se terminó, había que repartir con sobrinos, amigos y familiares, pero para la semana que viene ya habremos aliñado la segunda, así que ya saben ustedes, si alguien quiere aceitunas, hay que traerse un bote.😂😂😂 

(O, como decía Manolo, si alguien quiere, en el chino hay de "tó")💚💚💚💚💚 

 

viernes, 9 de octubre de 2026

Receta para las aceitunas partidas a la manera tradicional Ubriqueña

 

Las aceitunas ya preparadas de nuestro amigo Andrés Angulo

En un precioso lebrillo de sus tatarabuelos

 

Por Esperanza Cabello

 

Casi todos los años volvemos a las mismas costumbres, a las mismas recetas, y es que no podemos ni queremos olvidar las tradiciones, además, ahora, cuando llega el otoño, lo mejor son estas recetas y costumbres de antaño que nos devuelven un poquito los sabores de casa.


  Nuestro amigo Andrés Angulo nos trajo unas estupendas aceitunas manzanilla para partir.

Este año las aceitunas están de capa caída. A pesar de lo mucho que llovió en los primeros meses, después no ha llovido nada, ha hecho mucho calor y aquí estamos, en octubre y sin que se haya empapado todavía la tierra. Así que la cosecha de aceitunas, al menos en su primera fase, está muy triste, las aceitunas chiquitillas y arrugadas, quizás ya, aunque lloviera, no se salvarían.


 Así que, rápidamente, nos dispusimos con los preparativos para empezar a endulzarlas. 

Siempre nos ha llamado la atención esa expresión, "endulzar las aceitunas", cuando éramos chicos no nos explicábamos bien cómo se iba a endulzar algo metiéndolo en salmuera (agua con sal) espesita, y es que una cosa es el contraste dulce/salado y otra diferente dulce/ácido. Efectivamente, el primer paso es quitar la acidez a la aceituna verde.


 Para eso tenemos que partir las aceitunas una por una. Antes, las partíamos en el campo, encima de una piedra, ahora, tal y como las partía nuestra madre en su cocina, protegemos la superficie con una gran bolsa de basura, buscamos el mazo de nuestra madre, una buena table, unos guantes, un delantal y comienza la faena.

Una a una le vamos dando con el mazo hasta partirlas, siempre con cuidado de no quedarte corto, para que no estén amargas, y sin darle con demasiada fuerza, para no destrozar la aceituna.

En nuestro caso es muy fácil, porque vamos echándolas sobre una pila del fregadero y así no hay que pararse a meterlas en la tinaja.


 

Esta era la tinajita de las aceitunas de nuestra madre, la verdad es que la conservamos con mucho cariño, al igual que otros enseres de su casa y de las casas de nuestras abuelas.

 


 Pero la verdad es que utilizamos un envase mucho más prosaico, una cántara de plástico.

 

Lo sentimos, tinajita, pero la cántara es más cómoda, más fácil de transportar y les da menos el aire a las aceitunas.


 

Una vez todas partidas, las lavamos bien con agua sin cloro. Irene y Esperanza nos trajeron un par de cántaras de agua de los Veinte Pilares, allí es donde va la mayoría de las personas a por el agua de las aceitunas, y así, al no estar tratada, no se reblandecen.

Ya partidas y lavadas, vamos metiendo en la cántara (o en la tinaja, si ustedes quieren) unas cuantas "embozás" (puñado grande cogido con las dos manos) de aceitunas y unos cuantos puñados de sal, de nuevo las aceitunas y la sal, hasta que estén todas en la cántara, lo último, un buen puñado de sal; es fundamental la cantidad de sal que echamos, debe de ser una salmuera espesita. 

Entonces las cubrimos con agua sin tratar, hasta un par de centímetros por encima de las aceitunas, y ponemos encima unas ramitas de laurel, para que no se oxiden demasiado.

Así las hemos metido en la alacena, al fresco. En dos o tres días les cambiaremos el agua y volveremos a hacer el mismo procedimiento. A la semana les volvemos a cambiar el agua y comprobamos si ya han perdido la acidez, y entonces estarán listas para ser aliñadas y consumidas.

Como para eso hay que esperar al menos una semana, les dejamos el enlace a una receta en la que explicamos todo el proceso.

Es este enlace. 

¡Buen provecho!

 

En este otro enlace pueden ver cómo continúa la historia de las aceitunas y como las hemos aliñado este año. 

viernes, 26 de septiembre de 2025

Partir aceitunas verdes a la manera tradicional

 

Aceitunas preparadas para comenzar el trabajo

En este enlace está la receta completa 

 

Por Esperanza Cabello

 

Se acerca una buena época para las recetas tradicionales, aliñar las aceitunas, asar boniatos, hacer jabón, preparar carne de membrillo, hacer mermeladas y mil cosas más.

Este año aún no ha llovido, y eso que estamos a finales de septiembre, y por eso las aceitunas de los olivares están todavía secas y no pueden recogerse, pero los olivos que están en las pequeñas parcelas y reciben un poquito de agua ya están dando lo mejor de ellos mismos.

Por eso comenzamos al temporada de aceitunas con estas preciosidades que nos ha traído nuestro amigo Juande, es toda una alegría recibir regalos de este tipo, y poder comenzar con las rutinas de otoño.

Muy contentos, hemos protegido nuestra cocina con unas bolsas de plástico (como hacía nuestra madre), hemos buscado el mazo de las aceitunas, que ya tiene, al menos, tres generaciones, y nos hemos dispuesto a ir partiéndolas.

 


Ya nos habían avisado de que, después de la muerte de un ser querido, los primeros tiempos son los peores: la primera vez que ves una peli sin él, el primer cumpleaños, el primer paseo por el campo sin él, las primeras reuniones familiares, las primeras fiestas...

Lo que nunca se nos hubiera ocurrido es que la primera vez que partiéramos aceitunas sin Manolo iba a ser tan difícil. En nuestra familia la tradición "aceitunera" viene de siempre, nuestros abuelos tenían un olivar que a su vez era de sus abuelos y más tarde ha sido de nuestros padres y ahora, de los de nuestra generación. Así que partir y aliñar aceitunas es una costumbre y una tradición. Cuando nuestra madre vivía ella era la encargada, o las tías, después, ya mayor, pedía a sus nietos Serafín o Julia una ayudita para partirlas allí en el campo.

Incluso compramos un artefacto partidor de aceitunas que se las prometía muy felices, pero que no nos servía.

El caso es que, una vez preparadas, la segunda tradición es repartirlas en la familia, a todos nos encantan, y las anunciábamos en el grupo de los hermanos: "Ya  están aliñadas las primeras de este año." Normalmente  Manolo era de los primeros en contestar y de los primeros en acudir a la llamada.

 


 

Y hoy, partiendo aceitunas, hemos dado más de mil doscientos mazazos en la tabla (a veces el toc de contar la comida nos puede), enfadados porque Manolo no podrá acudir a la llamada de este año, pero también, ya más tranquilos, felices porque las cosas simples, las costumbres familiares, la comidas tradicionales y los recuerdos son los que unen a las familias.

Afortunadamente aún hay muchos familiares con los que compartir las aceitunas, que empezaremos a repartir dentro de unas semanas, cuando se hayan endulzado lo suficiente, con agua de los Veinte Pilares que Eduardo nos ha recogido y unos buenos puñados de sal de la de Vicente.

Ya las hemos dejado dentro de su cántara (ahora de plástico, antes eran tinajas de barro), cubiertas de agua sin cloro, sal y hojas de laurel para que no se forme una capa de verdín. Repetiremos varias veces la operación, hasta que por fin estén listas para aliñarlas con su ajo, su pimiento verde y su sal.

En este enlace de 2012 tenemos la receta completa de las aceitunas partidas a la ubriqueña.

 

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jueves, 13 de marzo de 2025

¡Vamos a hacer gañotes de Ubrique! Va por ti, Bisa.

 

Una entremesera  de La Cartuja llena de un dulce ubriqueño exquisito y singular ¿Qué será?

 

Por Esperanza Cabello

 

Cada año, llegando finales de marzo, nos gusta seguir una dulce tradición ubriqueña y ponernos a hacer gañotes. Los gañotes son un dulce tradicional de cuaresma, típico de la sierra de Cádiz, que se hacían en todas las casas antes de la Semana Santa.

Muy simples de hacer y con ingredientes que todos tenemos en casa (quizás nos falte un poquito de ajolí), podríamos hacerlos en cualquier momento, pero siempre esperamos a las fechas tradicionales.

Aunque en estos días de tormentas y chaparrones y con toda la tarde por delante, nos hemos puesto a hacer unos poquito de gañotes, para ir "entrenando".

En primer lugar, y como siempre, hemos hecho una mini tareíta de roscos sin gluten, siguiendo la receta de los gañotes, pero cambiando la harina normal por harina de arroz y la forma de gañote por roscos.

Después hemos tenido que repasar la receta  tradicional (en este enlace) porque de un año para otro ya casi ni nos acordamos.

 


 

Primero, los ingredientes, sí que teníamos ajolí (ajonjolí para los foráneos), y para nuestra tarea solo hemos utilizado dos huevos (nos han salido unos cincuenta gañotes pequeñitos), eso sí, de las gallinas de Juande, en El Amarguillo, el mismo peso de azúcar (de lo de Vicente), el mismo peso de aceite (de San José), la ralladura de un limón (del árbol de nuestra comadre Carmela) y un puñadito de ajolí. Harina, de la buena del molino, la que sea necesaria (hemos gastado casi medio kilo).

 


 

Lo primero, freír un poquito el ajolí en el aceite; después se echan en una almofía los huevos, el azúcar, la ralladura de limón y se van removiendo mientras se añade el aceite. La harina se va añadiendo poco a poco, mientras de remueve con una cuchara. Cuando llega el momento en que la masa está sólida, se comienza a amasar a mano, mejor fuera de la almofía.

 


 RAE

En el léxico ubriqueño antiguo se sigue utilizando  la palabra almofía para referirse a una ensaladera o cuenco grande.

 

Hay que amasar bien, hasta que la masa no se pegue en los dedos. Mucho cuidado con echar demasiada harina, si hay demasiada no se enrollan bien los gañotes en las cañas..

Se nos habían olvidado las cañas, utensilio indispensable para hacer gañotes. Indispensable, o no tanto, nuestra madre a veces los enrollaba en su propio dedo, o en el palito de una escoba de su nieta Julia o en lo que tuviera a mano. 

 


 Ya están aquí las cañas y la masa, hecha con mucho amor, según parece💜💜💜

 

Pues nos ponemos a liar los gañotes. Cogemos un pellizquito de masa, hacemos una tira, la enrollamos en la caña y empezamos de nuevo.

 


 Se van preparando las tiras poco a poco

 

Después, cuando ya tenemos unas cuantas cañas preparadas, ponemos un perol con aceite a calentar. Nuestra madre y nuestras tías utilizaban para la fritura mitad de aceite de oliva virgen y mitad de girasol, para que no estuvieran demasiado fuertes, y además, antes de empezar a freír lso gañotes, freían unas cascaritas de limón, para dar otro sabor más suave.

 


 Los gañotes listos para freír

 

Nosotros siempre hacemos los gañotes chiquitos, para que no empalaguen, y así puedes comerte dos, o tres, o los que quieras. Y nunca freímos las cañas, los sacamos antes de meterlos en el perol. Eso sí, vamos mojando las cañas en el aceite al vaciarlas, para que no se pegue la masa.

 

Et voilà! Aquí están los primeros gañotes del año

 


 

La verdad es que nos han sabido a poco. Los gañotes, al menos en nuestra casa, se hacen para repartir con la familia y con los amigos, para recordar a los que no están y dar la bienvenida a los que llegan (hoy hemos conocido al pequeño de nuestro sobrino Paco, un bombón de bebé, qué alegría). 

Los gañotes se hacen para estar juntos, para compartir recuerdos, para alegrarnos con la confianza de que las cosas buenas permanecen, para aprovechar y visitar a la gente que quieres...

 

¡Pero nosotros nos tenemos que conformar con los roscos sin gluten!😂😂😂😂😂

¡Vaya tela con las alergias!

Para todos los demás: ¡Feliz Cuaresma!

 

 

💜💜💜💜💜💜💜💜💜💜💜💜💜💜

Un beso muy grande para la bisabuela Antoñita, siempre en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

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lunes, 28 de octubre de 2024

Cómo se hacen las aceitunas verdes partidas a la manera ubriqueña

 

Aceitunitas del Amarguillo

¡Gracias, Juande!


Por Esperanza Cabello


Ya hemos hablado muchísimas veces del aliño de las aceitunas partidas, esas que se preparan verdes y que están deliciosas.

Al tratarse de una receta tradicional, en cada casa se preparan de una manera, y cada uno tiene su particular protocolo para que resulten las mejores.

Nuestro amigo Juande nos ha traído un canastito de aceitunas del Amarguillo, muy buenas, algunas ya pintonas, pero al aliñarlas se vuelven verdes como las demás. Para prepararlas lo primero es partirlas y lavarlas.




Nosotros aprendimos de nuestra madre que hay que preparar el lugar de trabajo, cubrirlo todo con plástico, porque las aceitunas salpican al partirlas, y utilizar guantes y delantal. Una vez hecho esto, solo hay que tener una buena madera y un mazo para ir partiéndolas, con un golpe certero (o dos) y echándolas en un recipiente para lavarlas.


Una vez partidas se lavan bien, mejor con agua sin cloro, y se le quitan hojitas y piedras que hayan podido acompañar a las aceitunas. Se meten en una tinaja, o en cualquier recipiente con tapadera, con una buena cantidad de sal (mejor que sobre que no que falte), agua sin clorar que las cubra (nosotros este año la hemos recogido de Los Veinte Pilares) y una capa de hojas de laurel encima, que impide que se enmohezcan.

Al los tres o cuatro días hemos vuelto a realizar la misma operación, lavar, cubrir con agua sin cloro, salar y capa de laurel. Y una semana más tarde otra vez.

Finalmente, unos diez días después de haberlas partido, las hemos aliñado. Solo se necesitan pimientos, ajos y sal. Una capa de aceitunas (tres o cuatro embozadas -grandes puñados-), y molidos en la batidora de vaso tres pimientos y una cabeza de ajo no muy grande. Encima un vasito pequeño de sal.

De nuevo tanda de aceitunas, y pimientos y ajos molidos con sal, para terminar con una nueva tanda de aceitunas y pimientos y ajos molidos. Otro vasito de sal, se cubre todo con agua sin clorar y finalmente, de nuevo, la capa de hojas de laurel para evitar los hongos.


Y ya por fin hoy, un par de días más tarde del aliño, hemos podido lanzar la llamada familiar😀

"Ya están en la calle San Pedro las aceitunas de este año."

Por poco se terminan antes de empezar💜



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miércoles, 20 de marzo de 2024

¿Y si hiciéramos unos gañotitos?

 

Preparativos para los Gañotes de Ubrique


Por Esperanza Cabello

Hoy es un día especial, no solo porque empieza la primavera, que eso es especial para todos, sino porque es el cumpleaños de Violeta, la increíble nieta de nuestra tía Reme, y los cumpleaños familiares son, con mucho, nuestras fiesta favoritas.

Como teníamos por delante una mañana de médicos y de esperas, decidimos que nuestro plan era hacer una tarta de cumpleaños (aquí está la receta) para Violeta, y también para Natalia y Noelia, que los cumpleaños son muy cercanos.

 


 Pero, ya que se acercan las fechas, que mañana es el concurso de Gañotes de Ubrique, y que hacer tartas de cumpleaños nos recuerda a nuestras "tres madres", nos hemos acordado de tita Carmen diciendo: "¿Y si hiciéramos unos gañotitos?"


Cuando éramos chicos estos eran días de impaciencia y golosinas, madres y abuelas hacían huevos nevados, magdalenas, gañotes, borrachos, suspiros, empanadillas... mil cosas ricas que no se tomaban en otras épocas del año.

Como eran tareas complicadas, las tres madres de la calle Matadero se juntaban para hacer dos o tres docenas de huevos de gañotes.

¡Cientos de gañotes!

Eso implicaba mucho trabajo, mucho amasar, mucho liar, mucho freír, y muchos niños revoloteando por las cocinas. Al final esa noche también había muchas barrigas infantiles doloridas por haber comido masa cruda o gañotes calientes😂😂😂 

Nuestra tarea de gañotes, sin ayudantes, es mucho más humilde, cuatro huevos de las gallinas del Amarguillo que Juande nos regaló esta semana, un par de limones, del Amarguillo también, aceite, harina, azúcar y un botecito de "ajolí".

Lo bueno que tiene este dulce es que los ingredientes siempre están en casa, y puedes hacer unos poquitos en cualquier momento del año.

Así que, siguiendo las instrucciones de la receta tradicional de la familia (en este enlace), hemos preparado una poquita de masa y hemos esperado un poco para freírlos.





Después de amasada, la dejamos reposar un rato bien cubierta con un trapito de algodón.









Y ya no hay nada más que ponerse a hacer tiritas de masa, redondeándolas con las manos y enrollándolas sobre las cañas de gañotes (las nuestras tienen solera), aunque cualquier rollito sirve, a veces, nuestra madre los liaba sobre un palito.


 Nuestro secreto está en hacer gañotes pequeñitos y crujientes, cuando el aceite está caliente los sacamos de las cañas y los ponemos a freír, con cuidado de que no se quemen.


 Eso sí, nunca olvidamos freír antes una cáscara de limón para quitarle el sabor fuerte al aceite.

 

Y así, tirita a tirita, rollito a rollito,  en un par de horas hemos hecho más de sesenta gañotes.

 


Ahora solo nos queda terminar y llamar a la familia, porque lo mejor de hacer gañotes es compartirlos, y si no, que se lo digan a los amigos de facebook (en este enlace).

 

 





 

miércoles, 25 de octubre de 2023

Partiendo aceitunas verdes

 

 

Partiendo aceitunas verdes


Por Esperanza Cabello


Somos muy afortunados, este año nos han regalado aceitunas verdes para aliñar dos amigos, Juande y Andrés. Aceitunitas de la sierra que, a pesar de la sequía de este verano, este año son de excelente calidad.

En primer lugar les agradecemos este preciado regalo, y además queremos recordar cómo preparaba nuestra madre las mejores aceitunas del mundo.

 

 

Al principio las partía en el mismo campo, con un delantal, y así no había manera de poner la cocina perdida, porque las aceitunas salpican mucho.

Años más tarde las partía en la cocina de casa, poniendo una bolsa de plástico que protegía la cocina, y eso hemos hecho nosotros, partiéndolas una a una con el mismo mazo que tenía nuestra madre.

 

 

Después se lavan bien y se ponen a endulzar con agua no clorada. Normalmente el agua de Los Nueve Caños o de Los Veinte Pilares nos sirve, pero este año hemos utilizado agua mineral. Tres embozadas de aceitunas y un buen puñado de sal, tres embozadas de aceitunas y un buen puñado de sal.

 

 

Se llena la cántara de agua y se tapa bien. A los dos o tres días se vuelven a lavar y se vuelven a poner a endulzar con agua y sal. Esta operación se repite dos o tres veces.

Cuando ya están menos fuertes, volvemos a sacarlas de la cántara, las lavamos y en una tinajita vamos poniendo una tanda de aceitunas y la cubrimos con un preparado que hacemos en la batidora: medio litro de agua, dos pimientos, media cabeza de ajo y un puñado de sal (a este brebaje lo llamamos "el caldo de las aceitunas"). De nuevo una tanda de aceitunas y una tanda de caldo.

 

Así hasta que terminemos de llenar la tinajita. La cubrimos con hojas de laurel y en un par de días podemos llenar unos botes de cristal y repartirlas a la familia y los amigos.

Porque, lo mejor de estas recetas tradicionales, es compartirlas y llenarte de orgullo cuando alguien te dice "Están buenísimas, me recuerdan a las de mamá".💜💜💜💜💜