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domingo, 12 de octubre de 2025

El palodú (o paloduz)

 

Fragmento de "Madrina de guerra", de José Antonio Lucero

 

Por Esperanza Cabello

Estábamos leyendo una preciosa novela del joven roteño José Antonio Lucero, "Madrina de guerra", una novela centrada en la Guerra Civil y en las historias de dos jóvenes que, sin conocerse, intercambian correspondencia.

"Madrina de guerra" es un término que en realidad existe, algunas jóvenes escribían a soldados en el frente sin conocerlos, solo para darles alguna esperanza o alguna ilusión.

Pues en esta novela, el joven recuerda su infancia y juventud en la Alcarria, y habla de los puestos del mercado y las chucherías que niños y mayores tomaban.

Y nos hemos quedado fijos en la palabra "paloduz", de toda la vida, en la sierra, y más en Ubrique, hemos llamado "palodú" a lo que después resultó ser "regaliz", y pensábamos, sin haber reflexionado, que era un invento propio de nuestra zona, aún  a pesar de que sabemos que el léxico ubriqueño es extremadamente correcto, que nuestro vocabulario está lleno de términos del castellano que han quedado en desuso en otras zonas, y que, si utilizamos una palabra, por algo será.

Así que nos hemos ido a buscar la palabra paloduz y hemos encontrado lo siguiente:

 

El paloduz es el rizoma (raíz subterránea) de la planta de regaliz, Glycyrrhiza glabra, que se utiliza tanto como golosina como en otras aplicaciones culinarias y medicinales. Es conocido por su sabor anisado y agridulce, y se consume mascado, chupado, en infusiones, postres, o para elaborar caramelos y jarabes.



Así que de nuevo tenemos una palabra muy ubriqueña, perfectamente correcta, que utilizábamos todos los niños y niñas hace muchos años, y que ha ido desapareciendo, dando paso al regaliz, está claro que nuestro palodú es una palabra en peligro de extinción.

 En este enlace tenemos una veintena más de palabras ubriqueñas autóctonas y singulares que no deberíamos dejar caer en el olvido.

domingo, 16 de marzo de 2025

¿Qué es una badila?

 

Pequeña colección de badilas con más de un siglo

 

Por Esperanza Cabello

 

Algunas veces no somos conscientes de que nos estamos convirtiendo en esa parte de la población a la que se considera "mayores". Nos da un poco de risa pensar que, cuando comenzamos este blog, hablábamos siempre de nuestros mayores y sus enseñanzas, y ahora, veinte años más tarde, seguimos hablando de nuestros mayores, pero nos damos cuenta de que, tristemente, muchos de ellos ya no están con nosotros, y somos nosotros mismos quienes formamos parte de la población que culmina la pirámide de la vida.

Por cierto, que eso nos hace felices, hemos tenido la suerte de vivir hasta ahora, ¡y muchos años que nos queden! 

Después de esta introducción, quizás innecesaria, tendremos que explicar qué es una badila, aunque ya se irán haciendo todos una idea al mirar la fotografía.

Una badila (del latín batillus), es una paleta de metal que se utilizaba para remover el carbón, el cisco o el picón en los braseros. 

 


 

Curiosamente, en ubriqueño utilizamos la palabra badila en femenino (en la RAE se encuentra badil), y para decir brasero utilizamos la palabra copa, también reconocida en la RAE (: f. Brasero que tiene la forma de copa, y se hace de latón, cobre, barro o plata, con dos asas para llevarlo de una parte a otra.)

A medida que avanzamos en la entrada nos damos cuenta de que hay todo un vocabulario  genuino alrededor de la manera de calentarse en estos pueblos de la sierra de Cádiz, donde éramos tan pobres que no había, por supuesto, ni calefacción ni estufas (en los pueblos, algunas casas más privilegiadas tenían chimenea), pero en casi todas había una mesa camilla con sus enaguas, su tarima y su alambrera (para protegerse de las quemaduras o para extender la ropita de los bebés y que se secara. La copa se encendía desde temprano con cisco o picón, una brasita y, cuando se podía, se cubría con los papeles de aluminio del chocolate para mantener el calor.

Y a medida que avanzaba el día, se iba añadiendo el picón con la badila, removiendo la copa cuando se quería un poco más de calorcito.

 

El cruce de Los Alamillos, camino de Ronda

Fotografía gentileza de Francisco Diánez

 

Me gustaría añadir un recuerdo, por aquello de que ya voy perteneciendo a la generación de los abuelos y que me encanta contar batallitas.

 A principios de los setenta, varias decenas de niños y jóvenes ubriqueños íbamos cada lunes muy temprano a Ronda (en Los Amarillos), porque era el lugar más cercano en el que había instituto, y volvíamos cada viernes por la tarde, después de pasar la semana en internados.

Un lunes de invierno nevaba copiosamente, serían las cinco o las seis de la mañana, y la Guardia Civil paró el autobús en Los Alamillos, un cruce cercano a Grazalema, diciéndonos que, por el momento, no se podía pasar. (Esto sucedió varias veces durante los años que estuvimos en Ronda). El chófer (que entonces no decíamos "conductor"), se paró junto a la carretera y decidió esperar a ver si mejoraba el tiempo.

Yo estaba malísima, como en cada viaje, porque las curvas, el autobús y yo no nos llevábamos bien, y Pepe, así se llamaba el chófer, me dijo que me bajara un rato, para reponerme. Por aquel entonces tenía trece años. Con aquellos zapatitos, los calcetines calados, la falda (entonces las niñas no usábamos pantalones) y sin vestimenta adecuada para la nieve, di unos cuantos pasos cerca del autobús, "arrecía" de frío.

 

 

Ubrique nevado en los sesenta 

la fábrica ABC en primer plano

 

En el cruce había, por supuesto, una venta, y una señora muy mayor salió de la venta y me llamó "Niña, ven aquí." Yo me acerqué a la venta y aquella viejecita, muy agradable, levantó la cortina del hueco de puerta que separaba la venta del hogar, y me dijo "Métete en la copa, que te pondrás mejor".

Me senté en la mesa, ella removió la copa y me dio un poquito de café de pucherete. Entonces empezó a contarme su vida, siempre en aquellos chozos de Los Alamillos, lo duro que había sido todo, las pérdidas de la guerra, la vida en el campo. ¡Y lo feliz que era en aquel momento! Su hijo llevaba la venta, ella tenía una casita y una copa para calentarse en invierno.

Aquella señora, cuyo nombre nunca supe y que me recordaba a mi bisabuela Antonia. Tan arrugadita, con aquellas manos finas y aquella sonrisa un poquito desdentada, me había ofrecido lo mejor que tenía, su casa, su copa y su café, y eso ha quedado grabado en mi memoria para siempre. Ahora tengo ocasión de volver a agradecer tanta bondad.

Ya no recuerdo qué pasó con la nevada, ni si seguimos hacia Ronda o tuvimos que volver para Ubrique, era 1973 y la vida no se parece mucho a la de entonces. Pero "Métete en la copa" es una frase que no muchos entenderán (siéntate en la mesa y caliéntate), y que para mi sigue teniendo el significado de las cosa sencillas de la vida que te dan felicidad.
 

 

Billete de Los Amarillos 1969

Ubrique en el recuerdo
 

miércoles, 12 de marzo de 2025

Con tanta agua, estamos "enguanchinnaos, hileando y pipandito".

 

El Rodezno, impresionante de agua

Fotografía de María Cabello

 

Por Esperanza Cabello

 

En estos días de tanta agua ("llueve como antiguamente", decimos los mayores), hemos tenido ocasión de recordar algunas palabras casi olvidadas que nunca se han ido del todo del acervo cultural de los ubriqueños y las ubriqueñas.

 

 

Lloviendo en la calle Palma

Fotografía de Leandro Cabello

 

La primera de ellas es "enguachinnao", así es como está todo después de llover, cuando se cuela el agua por todos los rincones y todo está empapadito y encharcado.

Hemos encontrado el verbo enguachinar en la RAE, y hemos encontrado varias opciones:


 




Al ver que "enguachinar" no tenía significado en la entrada, hemos ido tirando de sinónimos hasta llegar a "enaguazar", es la palabra cuyo significado más se parece a "enguachinnar", que es cuando todo está demasiado lleno de agua y charcos.

 


 

Con las otras dos palabras, "hileando y pipandito", hemos tenido menos suerte. En la RAE no hay ningún resultado válido.

Hay "helear", "holear", "hulear", pero nada de hilear. Está claro que hilear es "hacer hilos", hemos encontrado en el léxico mejicano, en términos de agricultura, cómo se hilean los rastrojos para hacer pacas, pero nada más.

Cuando llueve mucho y se te mojan los pies y los bajos de los pantalones chorrean agua como si fueran hilos, en Ubrique decimos "mira los pantalones, están hileando"; también está hileando la ropa que tendemos sin escurrir; y en estos días muchos hemos estado "hileandito".

 

 



¿Qué le pasará a Manuel si sigue jugando con el agua de la fuente?

 

¡Se pondrá pipandito!

💜💜💜💜

 (Era verano ¿eh?)

 

 

 

 


La última palabra ubriqueña que hemos oído durante estos chaparrones, es "pipandito".

- ¡Mira cómo te has puesto por salir sin paraguas, pipandito!

Pipandito significa "chorreando",  hemos encontrado esta palabra en "El habla de Cádiz", también en gerundio, como en Ubrique, pero en la RAE lo más cercano es pipar (fumar en pipa), que no tiene nada que ver.

Pero hemos comprobado que en Argentina existe el verbo "pipear", sinónimo de emborracharse. Y es que una "pipa", además de un objeto para fumar, es un tonel para transportar o guardar el vino.


 Así que es posible que por ahí ande la explicación de esta palabra tan especial (remojado por dentro o remojado por fuera). Pero tenemos que ampliar esta búsqueda.

Ahora recordamos que también en Ubrique decimos "esto es una "pipá" (pipada)" cuando es un trabajo muy grande. Tendremos que consultar con nuestro admirado don Bartolo, a ver qué piensa del tema.

 


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domingo, 9 de marzo de 2025

Chirlata y escafiladura, dos preciosas palabras en peligro de extinción

 

Escafiladuras: trozos planos de ladrillo que sirven para rellenar huecos y así ahorrar un poco de mezcla

 

Por Esperanza Cabello

 

Nos encantan las palabras antiguas y con solera, las palabras autóctonas y específicas, el vocabulario especial de los gremios y el léxico genuinamente ubriqueño.

Y no es más culto el que más títulos tiene, sino  quien sabe utilizar la palabra precisa en el momento adecuado, y quien recuerda el habla de sus mayores, la utiliza y la preserva.

Por muy filóloga que seamos, ayer nos quedamos boquiabiertos al oír una conversación entre dos hombres que estaban haciendo una pequeña obra para el suministro de luz.

¿Me buscas una chirlatilla para tapar esto?

¡Una chirlatilla! El hombre rebuscó en el montoncito de escombros y cogió una piedrecita pequeña, del tamaño justo para tapar un agujero que había entre la capa de cemento.

 


 En la imagen hay muchas chirlatas, solo es necesario que sea del tamaño necesario para completar el vano existente.

 

Así que nos fuimos a la RAE, buscando "chirlata", y, efectivamente, existe, pero como término marítimo, no como específico de obras.


 Así que nuestros albañiles, a lo largo de los años, han seguido utilizando una palabra específica y muy curiosa que se refiere exactamente a lo que necesitan. Un trozo de piedra o ladrillo del tamaño adecuado para rellenar un hueco.

 

Un poco más tarde, ya terminando el trabajo, estaban enluciendo, pero el hueco que debían enlucir era  bastante ancho, así que, como habían partido bastantes ladrillos para poder colocar la caja de la luz, uno de los hombres dijo: "Pondremos unas cuantas escafiladuras."

¿Escafiladuras? Otra vez a intentar averiguar qué podría ser eso. Y nos explicaron que escafiladuras eran cada uno de los trozos planos de ladrillo que se habían ido picando para hacer el trabajo.

 


 Escafiladuras

 

Y otra vez nos hemos ido a la RAE, buscando esa palabra tan inaudita y estando seguros, al mismo tiempo, que no se la estaban inventando.

 



 

Ahí estaba el verbo escafilar,  un verbo utilizado tanto en la escultura como en la construcción, pues esculpir podría ser un sinónimo. Escafilar es cincelar un muro o una construcción para que quede con la forma deseada.

Y la escafiladura, imaginamos que por etimología popular (de rallar, ralladura; de pelar, peladura...) son los restos de ladrillos que previamente se habían cincelado, y que se utilizan para rellenar un hueco en el que se pone mezcla.

 

Así que hoy hemos aprendido dos palabras preciosas; palabras que, por su singularidad su antigüedad y su precisión, nos han llamado mucho la atención. Y si nada lo impide dentro de unos años estarán, como tantas otras, en el cesto de las palabras olvidadas. 

¡Lástima!

Gracias, Eduardo, por tu tarea de traductor de palabras increíbles.💜

viernes, 28 de febrero de 2025

¡Enhorabuena, Ubrique en verde! Seguimos superando los límites

 

Portada del blog personal de Manolo Cabello. Ubrique en verde

 

 

Por Esperanza Cabello

 

¡TACHÁN!

Y, como por arte de magia, pero después de muchos años de trabajo, constancia, dedicación y buen humor, Ubrique en verde ha superado los diecisiete mil seguidores.

Así que  estamos de enhorabuena, nuestro hermano Manolo, con un tesón y un buen hacer que ya quisiéramos, ha conseguido llevar su blog personal a unas cifras increíbles. 

 


Primera publicación de "Ubrique en verde" julio de 2015

 

Llevamos muchos meses  observando cómo Ubrique en verde se lleva de calle a miles de personas, el ambiente de la página es familiar, cercano, lejos de erudiciones varias y a la vez lleno de secretos, de lugares escondidos, de animales felices, de flores, de árboles, de nubes, de sol...

Y sobre todo de agua. El agua de Ubrique, tan importante para nuestra vida y la de todos los pueblos de la bahía de Cádiz, está retratada en Ubrique en verde de todas las formas posibles.

Por supuesto que lo más importante es el componente humano de la página, Manolo responde a todos y cada uno de los comentarios con cordialidad y cariño. ¡Ay de aquellos que quieren sembrar polémicas! Nunca son bienvenidos.

En los últimos meses hemos seguido de cerca el avance de la página





 






Ahora, llegados a los diecisiete mil,  no nos queda ninguna duda de que Manolo ha superado con su número de seguidores el número de habitantes de Ubrique, y, aunque quizás alguien pueda pensar que se le terminan los retos, nada de eso.

Alguna vez, en tiempos de gran prosperidad, Ubrique tuvo cerca de dieciocho mil habitantes, conque ya estamos, ayudados de este agua cristalina que cae como un regalo del cielo, empezando la ruta hacia los dieciocho mil💚💚💚💚💚.

¡Cómo nos gustan los números redondos!

 

Nota: hermano, en el último párrafo te he dejado una conjunción de las antiguas, de esas que están en vías de desaparición, pero que mamá y abuela utilizaban muy a menudo, conque ya podemos  recuperarla y volver a usarla, a ver si la veo en tu página pronto💜💜💜

 


sábado, 7 de septiembre de 2024

Los prolegómenos del Día de la Virgen

 

Laura Cabello Benítez organizando la venta de recuerdos


Por Esperanza Cabello


En estos días todos estamos un poquito "endisantados", que dirían nuestras abuelas, y nunca con más razón ni en un día más acertado, pues si los disantos son los días de fiesta religiosa, y se supone que en ellos todo el mundo está más alterado de la cuenta, haciendo preparativos, terminando lo que la víspera no ha dado tiempo de hacer y de fiesta, en el sentido tradicional de la palabra.

Se puede consultar el término "endisantado" en este enlace.

Pero hay algunas personas para las que estos días previos a la gran fiesta religiosa de Ubrique se han convertido en una espectacular tarea que además ellos cumplen con seriedad y encoantados.

Ahora nos referimos al tenderete que cada año se monta en la puerta de la iglesia con recuerdos y objetos relacionados con Nuestra Señora de los Remedios, con puntualidad y diligencia cada mañana un grupo de personas monta y atiende este tenderete, que está abierto hasta la tarde.


 

A veces hay varios chicos, a veces hay mayores, a veces es el turno de un grupo de amigas...

Y este año hemos tenido la suerte de ver a nuestra sobrina Laura a diario, atendiendo el puesto, controlando las existencias, sonriendo a los clientes y muy dispuesta  con su tarea.

Nos gusta comprobar que las tradiciones se van extendiendo, van cambiando, van actualizándose, pero las raíces siguen ahí, haciéndose más grandes cada año, y mientras unos nos afanamos en preparar los mantones para los balcones, otros ensayan la música, otros plancha la ropa para mañana y todos seguimos atareados como "colmena cantadora", las nuevas generaciones llegan pisando fuerte y tomándose muy en serio su trabajo.

¡Felicidades, preciosa!💜





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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Las piedras jabalunas, por la RAE

 

Piedra de molino jabaluna (de la red)

 

 

Por Esperanza Cabello

Al estar transcribiendo la copia del manuscrito de  don Juan Vegazo, hemos encontrado algunas palabras antiguas que, curiosamente, aún se utilizan en la sierra (escardillón, armaina, atanor, jabaluna...). Y curiosamente, el significado de "piedra jabaluna" como losa de Tarifa, se nos escapaba. Para nosotros era, hasta el momento, la caliza brillante que se utiliza para hacer pequeñas piedras de molino, tal como encontramos en el Molino del Ceide. 

En la RAE actual nos dicen que se trata de losas de Tarifa, esas piedras duras y oscuras que se utilizaban para pavimentar casas y plazas.

También hemos sabido que hace referencia al jaspe 

Sin embargo, la curiosidad de hoy es ver cómo en el siglo XVIII había personas eruditas que enviaban los modismos de palabras o las palabras locales a la Real Academia para su aprobación o inclusión en el diccionario.

Lamentablemente, la descripción actual de jabaluna es: 

piedra jabaluna

1. f. And. piedra caliza de color oscuro, como el del jabalí, cuando está mojada.

 

Pero en  1737, un miembro de la academia, Fray Antonio Ventura del Prado, envió este informe tan completo explicando qué es en Andalucía la piedra jabaluna. Es magnífica la cantidad de detalles y acepciones que el académico indica:

 

PIEDRA JABALUNA

Viajando en 1737 por Andalucía el académico fray Antonio Ventura de Prado, oyó este nombre aplicado a una clase de piedras de la vasta familia de los mármoles, y deseando enterarse mejor, pidió a un maestro cantero le pusiese una nota explicativa de lo que eran. Obtenida, se la envió al Secretario de la Academia con una carta fechada en Jerez a 25 de noviembre del referido año 1737, en que le decía, entre otros particulares: “Y ahora que recibo por el correo de Córdoba la noticia de la piedra jabaluna, la remito con su pelo y lana, como la envía el lapidario.”

La nota dice así:

“Nombres de las canteras de piedras que se hallan en la Sierra Morena, reinado de Córdoba, con el apellido de jabalunas y otras que no son de ese nombre.

"Piedra azul y negra, que se llama jaspe, porque admite labor y pulimento, y se le da tal tersitud, que parece un espejo.

"Hay otro jaspe de color morado, sin veta alguna. Este se halla su cantera en los primeros altos de la Sierra, mirando a Córdoba, y su sitio se llama vulgarmente el Rodadero de los Lobos, de donde se sacaron muchas columnas y piedras para la gran Mezquita, hoy Catedral iglesia. De este género mismo hay otros dos géneros: al uno llaman jaspón, porque no es tan fino como el antecedente, pero muy fuerte, y admite pulimento y tiene variedad en sus colores: rosado vivo y bajo, y de color de miel tostada y algunas vetas de blanco fino y sucio. A estos dos géneros de piedras se les da el dicho apellido de jabalunas. Hay otra inferior que se dirá después de la siguiente.

"Hay otras de jaspe formado en vetas azules en campo blanco, y alguna es de sangre: a éste, regularmente, le llaman gateado. Este género de cantería es errante, porque se aparece o halla en peñones o peñas que no sigue su cantera para otras, apurándose cada uno, tal que suelen hallarse un peñón la mitad blanco todo él y la otra de todo azul, que es el gateado. Hay otro, al contrario, el campo azul y vetas blancas.

” Hay otra piedra jabaluna que se le nomina jereña, la que no admite labor y sirve para cercas y vallados en las haciendas del campo, y las paredes de las quintas se forman de ellas, dándoles los operarios el nombre de mampuesto o malpuesto, porque no admite labor, y sólo por sus tales cuales asientos se acomodan con las otras.

” Hay una cantera a dos leguas de la ciudad, su sitio llamado Altopaso, que es de jaspe blanco o mármol blanco. Hay otra junto a Hornachuelos, que es nueve leguas de la ciudad, blanco, con vetas rosadas. Hay otros que se llaman pizarras, que la una es negra y la otra de color pardo. Hay otra calidad de piedra que se llama sal y pez, y otra que se llama sal y canela, y es su distribución de ellas para columnas y piedras de molino, por su dureza. Hay otras dos calidades de piedras duras que se llaman almendrillas, la una del color de la algarroba y la otra blanca, y éstas sirven para moler trigo.”

(Sin firma.)