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martes, 15 de octubre de 2024

¿Cuando se fundó el convento de capuchinos de Ubrique? Breve historia del convento y de la imagen de la Patrona

 

El párroco de Ubrique, don Daniel Cárdenas, y los dos conferenciantes, Manuel Gavira y Esperanza Cabello


Por Esperanza Cabello

El pasado viernes, once de octubre, fuimos invitados por la Hermana Mayor de Nuestra Señora de los Remedios, María del Carmen López Domínguez, a dar una conferencia sobre la historia de nuestro convento, algunos monjes destacados y la imagen de Nuestra Patrona.

El acto se enmarcaba entre los organizados por la hermandad para conmemorar el LXX aniversario del nombramiento de la Virgen de los Remedios como alcaldesa perpetua de Ubrique. 

La ceremonia comenzó con una presentación de la hermana mayor, abrió el acto el párroco de Ubrique, don Daniel Cárdenas (párroco desde el 18 de agosto pasado), con una oración a la Virgen escrita por un monje capuchino en 1859. A continuación fue el turno de Esperanza Cabello, explicando brevemente la historia del convento y recuperando detalles muy curiosos de la misma, y continuó Manuel Gavira, hablando de la historia de la hermandad y de la devoción a la Virgen.

En entradas anteriores hemos hablado de estos actos y hemos publicado varios documentos. Ahora publicaremos el texto de la conferencia completo.


 


 

Buenas tardes a todos y bienvenidos a la celebración de los Actos y Cultos en honor de Nuestra Patrona con motivo del setenta aniversario de su nombramiento como Alcaldesa Perpetua de Ubrique.

En primer lugar, querría dedicar unos segundos de oración a la Virgen de los Remedios en recuerdo de todos los que nos precedieron; por todos los enfermos, especialmente nuestro hermano Manolo y por todos los que necesitan consuelo y apoyo.

 

“Para bajar de los cielos

Dios por Madre te escogió

Y tanta bondad te dio

Que eres de todos consuelo:

¡Oh María! Por tu destino

Eres el astro más bello.

Sé nuestro amparo y defensa

María de los Remedios”

Oración escrita por un religioso capuchino en 1859

 

 

Quisiera dar las gracias de corazón a la Hermandad por invitarme a hablar con ustedes de dos tesoros de nuestro pueblo, el convento de capuchinos y Nuestra Patrona, aunque sé que este es el lugar que correspondería a mi madre o a mi padre, por su conocimiento y devoción.

Y, por supuesto, dar la bienvenida a todos los hermanos, a los fieles y a los vecinos y a las autoridades que nos acompañan. A este tenor, me gustaría explicar que la relación del pueblo de Ubrique y su ayuntamiento con la comunidad capuchina y el santuario siempre ha sido, exceptuando momentos terribles, de máximo entendimiento, y me gustaría leer una carta de agradecimiento que fray Buenaventura de Galaroza, guardián del convento en 1808, escribió al alcalde y equipo de gobierno de la época por haber participado en unos actos solemnes…

LECTURA DE LA CARTA

Y esta magnífica relación se ha repetido durante siglos, desde que, a mediados del siglo XVII, el Duque de Arcos, que entonces era el señor de nuestra serranía, quiso construir un convento de capuchinos en nuestro pueblo. Comenzaron los proyectos a mediados del siglo, pero el duque falleció; afortunadamente el licenciado Alonso Borrego Carvajal, poseedor de una gran fortuna, decidió continuar esta gran empresa y construir el convento a su costa.

Comenzaron las obras en 1660. Todo el pueblo de Ubrique colaboró muy activamente durante diez años, aportando cada uno lo que podía, y por supuesto con el sustento del Patronato que don Alonso había creado con más de diecisiete mil ducados. Así que, en 1670 ya estuvieron finalizadas las obras. Fue el padre Bernardino de Granada el capuchino encargado de revisarlo todo. Con otros frailes estuvo alojado en la ermita de San Juan de Letrán.

El lugar donde se ubicó el convento no pudo ser más acertado. Cuenta la tradición que una niña llamada Leonor Romero vio a una Señora que dejaba una carta y una cuerda con nudos sobre una gran piedra precisamente aquí, en esta zona, entre los dos grandes manantiales, el Nacimiento y el Benalfí, con el río, la zona de huertas y bajo la protección de la sierra.

Se construyó por una parte el convento, con las celdas, el refectorio o comedor, la sala de reuniones, también llamada sala capitular, la biblioteca, por supuesto, y suponemos que cocinas y almacenes. También había espacios al aire libre, todos conocemos el claustro, y los mayores recordamos la zona de la pila, la alberca y la huerta. También estaba aquí, como bien nos ha recordado Juan Carlos López, el primitivo cementerio no solo de los monjes, sino de muchos ubriqueños.

 Y por la otra la iglesia, en la que estamos hoy, que desde aquel año de 1670 se ha convertido en el santuario de Nuestra Señora de los Remedios.

Y es que, recién construida la iglesia, tan como cuenta don Francisco García Parra, fue provista de varias reliquias e imágenes. Una de las primeras en llegar fue la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, vino desde Sevilla al terminar las obras y es una preciosa muestra del barroco Sevillano, se desconoce su autoría, pero sus rasgos apuntan a un taller de prestigio.

Carlos Pizano nos ha explicado que se trata de una imagen de candelero, de las “de vestir”, tallada en madera, con unos rasgos finos y una encarnación delicada que denotan la calidad de la talla del imaginero y la magnífica policromía del pintor.

El Niño también es del siglo XVII, llegó al mismo tiempo que la Virgen, pero es posible que fueran dos tallas distintas, pues los rasgos, tal como indica Carlos, son diferentes. El niño es una talla completa, no es de las de vestir, como Nuestra Señora.

Tenemos muchos datos de restauraciones antiguas, mi hermano Francisco me ha contado que existe un “libro de restauraciones” más actuales, que no hemos tenido ocasión, por la premura de tiempo, de consultar, pero hemos sabido que hace exactamente 200 años, en 1824, se restauró la imagen y se le pusieron los ojos de cristal, en origen eran pintados.

Aprovecho la ocasión para referirme al libro que me ha proporcionado casi todos los datos que hoy manejo, se trata de la “Historia Instrumental de la Fundación de Convento de Capuchinos de Ubrique”, escrita por el reverendo padre Nicolás de Córdoba en 1759 y continuada por los guardianes del convento hasta 1834.  Tengo que agradecer a Félix Mateos, nieto de la maestra Isabel Esquivel, y al archivo de capuchinos de Sevilla, que me lo hayan enviado.

 Y, como estamos de aniversario, me gustaría leerles qué pasaba en el convento en 1824.

LECTURA DEL AÑO 1824

 

Se entiende perfectamente que el convento de capuchinos era muy importante, no solo para la comunidad religiosa, sino para el pueblo en general, tal y como sucede actualmente.

Los primeros guardianes del convento de Ubrique fueron Bernardino de Granada, en 1660; Gregorio de Cañete, en 1661 y en 1663; y Sebastián de Sevilla en 1665.

De los frailes ubriqueños yo me quedaría con fray Buenaventura de Ubrique (1691-1753), que tanto bien hizo en la Sierra y que nos dejó las cruces y los calvarios como recuerdo permanente. Fue un hombre santo, modesto, humilde, que recorrió los pueblos de la sierra predicando y haciendo el bien. Parece que fray Buenaventura colocó las tres cruces de Ubrique después de que el 27 de febrero de 1724 hubiera un gran terremoto, llamado entonces “megasismo del estrecho norte-bético”.  

Aunque murió en Olvera, Fray Buenaventura fue finalmente enterrado en Ubrique, como cuenta el padre Sebastián, también  dejó una gran impronta en su sucesor, el ubriqueño fray Diego de Cádiz, beato reconocido mundialmente, autor de novenas y sermones. Hijo de una ubriqueña, el beato Diego nació en Cádiz, pero pasó sus primeros catorce años de vida en Ubrique y más tarde, como religioso, pasó seis años en este convento, en el que aún se conserva su celda. Varios ubriqueños han escrito sobre la vida del Beato, entre ellos mi padre, Manuel Cabello, en este libro que quedará aquí para la Hermandad.


 

ENTREGA DEL LIBRO

Fray Félix José de Ubrique, fue muy conocido en su época por los sermones fúnebres que publicó.

Le sigue por fecha de nacimiento (1886), fray Sebastián de Ubrique (Antonio Carrasco Cides), que publicó en 1945 la "Historia de la villa de Ubrique", primer compendio de historia de nuestro pueblo, además de escribir la vida del Beato en dos volúmenes y muy diversos escritos sobre nuestro pueblo (el texto de la Espasa era suyo) y también de índole religiosa.

No puedo olvidar a fray Leopoldo de Ubrique, un hombre realmente singular, Francisco Panal Ramírez (1893-1970), que fue a las misiones en la República Dominicana. Allí ejerció su ministerio y se convirtió en el obispo de la Vega, conocido como "Obispo Panal", un hombre capaz de plantar cara y humillar al dictador Trujillo. También Manuel Cabello escribió su biografía, que acompañará a la del beato en la biblioteca del convento.

 


 

ENTREGA DEL LIBRO

El convento y sus habitantes sufrieron, como todos los ubriqueños, el acoso de las tropas francesas en 1810, pero también los frailes resistieron firmemente, aunque hubo que lamentar el robo de los objetos de más valor. Cuenta la tradición que los franceses tiraron la imagen de Nuestra Señora a unos zarzales.

Entre 1836 y 1899 no hubo capuchinos en Ubrique, habían sido exclaustrados. No obstante, continuaron los cultos en el santuario y la vida monacal hasta que volvió a desalojarse entre 1931 y 1933.

El 13 de octubre de 1935 se inauguró el Colegio Seráfico, que volvió a hacer de nuestro convento un referente.

En abril de 1936, durante el Frente Popular, sucedió uno de los episodios más graves para esta comunidad. El día 18 de abril unos asaltantes entraron por la fuerza en el convento y en el santuario, rompiendo, quemando y destruyendo todo cuanto había.

Previamente, la imagen de nuestra señora había sido puesta a buen recaudo en la casa de los Bohórquez Vecina, camareros de la Virgen, donde estuvo bien oculta y a resguardo.

El resto de imágenes, cuadros, vestidos y ornamentos fueron pasto de las llamas, rotos o maltratados. Hubo personas que recogieron los enseres que pudieron para protegerlos, y gracias a ellos aún se conservan muchos de ellos. La imagen de San Francisco se conservó en parte, solo la cabeza y las manos, y su manto fue protegido por Ana Romero. 

 


 

EL CRUCIFICADO

Mi hermano Francisco, miembro de la Hermandad, donó al convento esta magnífica escultura de alabastro, destruida aquel 18 de abril y encontrada por un agricultor que estaba rozando en una zona cercana, que se lo llevó a nuestro padre. Parece que se trata del mismo crucificado que está en la primera imagen que se conoce de Nuestra Señora de los Remedios.

 


 

IMAGEN DE LA VIRGEN DE 1833

Nuestra familia tiene una especial historia con la biblioteca del convento. En la noche del 18 de abril de 1936 llovió, y la pila de libros destrozados y quemados de la biblioteca no terminó de quemarse. Un Ubriqueño recogió los papeles que no habían ardido y nuestra abuela Julia, que era muy religiosa, se los compró, con el pretexto de servir de relleno para los monederos. Esos papeles pararon decenas de años en el palomar de la casa familiar, protegidos.

Aquí tenemos un regalo muy especial para la Hermandad,

 

ENTREGA DEL EJEMPLAR DE LA SAGRADA BIBLIA DE 1740 DE DUHAMEL POR FRANCISCO CABELLO IZQUIERDO, EN NOMBRE DE LA FAMILIA A MARÍA DEL CARMEN LÓPEZ

 


 

 

Para terminar, es de recibo hablar de la devoción de nuestro pueblo por su Patrona. Consta que la fiesta y procesión se venía celebrando desde antes de 1681, es decir, que desde el primer momento fue venerada en el pueblo.

En el año 1855 fue sacada en procesión la imagen de la Virgen por los barrios más atacados de la peste, cesando ésta desde aquel día en que dejó de sembrar el luto y la aflicción en nuestras familias, desde entonces los ubriqueños hicieron el voto de salir en procesión cada domingo después de su natividad.

Las ofrendas y regalos se han sucedido sin cesar a través de los años, desde las magníficas    andas   que   tiene   para   la novena y procesiones, de metal plateado, de estilo corintio, adornadas con artísticos faroles del mismo metal, que fueron donadas el año 1864 por don José Romero Gil, hasta los candelabros con tulipas de cristal, que desde el año 1919 luce procesionalmente en los cuatro ángulos de las mismas andas, donados por la familia de don Bartolomé Bohórquez Rubiales y tantos otros donados por el pueblo. O las restauraciones de la imagen, como la que en 1934 hizo el escultor Navas Parejo.

 Hoy celebramos el aniversario del nombramiento de la Patrona de Ubrique como Alcaldesa Perpetua, que se llevaba a cabo en sesión plenaria de carácter extraordinario un 12 de octubre de 1954, siendo alcalde de Ubrique, Carmelo Gago Vélez. Este título honorífico suponía el reconocimiento por parte del Ayuntamiento y el municipio a la arraigada devoción que el pueblo de Ubrique profesa y ha profesado siempre a su patrona, la Virgen de los Remedios.

Para hablar de su devoción y la Hermandad, hoy nos acompaña don Manuel Gavira, uno de los mejores conocedores de todas sus historias y detalles.

 

martes, 26 de abril de 2022

La palmera del convento de Ubrique

 

El convento de Ubrique antes de su restauración


El Convento de Capuchinos de Ubrique



El artículo que podemos leer a continuación fue escrito por Manuel Cabello Janeiro a principios de los 70 para participar en los juegos florales de la sierra. Fue publicado en el diario ABC el 11 de septiembre de 1974 y por el Diario Sur de Málaga

"Del seráfico convento, barco varado en el solitario mar de sus huertas, aún quedan enhiestos dos mástiles de sutiles alturas: la espadaña trinitaria de su campanario y su centenaria palmera.
El convento de Capuchinos de Ubrique, sobre una liviana moheda, está vacío muchos años ha. Solo el santuario lo ocupa la Patrona, Santísima Virgen de los Remedios.
La mole conventual, tranquila, reposada y blanca, atesora sobre la piedra su recuerdo y se airea con los acompasados movimientos de una palmera. Su figura es como una huella indeleble y fiel de su pasado. Esa única y gigantesca palmera, de tronco recto y alto, con hojas laciniadas formando su penacho, se encuentra en el pequeño camino que conduce a una alameda; en ésta, entre fuentes y manantiales, pilones y albercas, la reminiscencia de un exhuberante pasado. Ella misma se doblega con rítmicos vaivenes tocados por el aire: A la izquierda y a la derecha, a todos lados, en reverenciales movimientos desde su altura hace un esfuerzo por escudriñar lo que por su alrededor pasa.
Mientras... Soledad y silencio.
Al pie de la palmera yo descanso y me quedo profundamente dormido...

"¿Qué buscas tú por aquí?" -me pregunta la palmera. Ya ves, yo siempre sola. A veces me distraigo mirando de un lado para otro, así cambio mi monótona postura. Hoy te he encontrado a tí.
Nací cuando trajeron a la Virgen de Sevilla ¿Lo sabías? Yo era muy chica, apenas era un palmito en el suelo. Junto a mí, en esa gran piedra junto al instituto, se apareció la Señora a Leonor, la hija del hortelano. ¡Qué susto pasó la pobre!
Varios años antes, en 1663, el Duque de Arcos, Don Rodrigo, había pedido construir un convento en Ubrique, porque dos veces los capuchinos le habían salvado la vida, y él sabía que los capuchinos les harían mucho bien al pueblo. Pero no fue la Casa Ducal quien construyó el convento. Lo hizo el pueblo entero, bajo el patronato de aquel genial Alonso Borrego, que en su día quiso ser cartujo, o carmelita, o capuchino, y terminó siendo "cura de misa y olla". Con él trabajó incansablemente el síndico capitán Morales.
Aún sin terminar vino una pequeña comunidad de capuchinos. Se instalaron en el San Juan. Como superior venía fray Bernardino de Granada.
Cuando la Virgen se le apareció a Leonor (tenía la niña ocho años), le entregó un cordón de sayal y una carta.
Ya te digo que todo el pueblo trabajó para construir el Convento. Con tanto ahínco y tesón que la monumental obra fue realizada en un tiempo récord de ocho años: entre 1660 y 1668. Y hubo hasta sus anecdóticos accidentes. Recuerdo que un grupo de ubriqueños se adentró en los montes propios de Cortes de la Frontera para cortar la madera necesaria para las obras y fueron hechos presos por la Guardia. Hubo que andar muy prestos para poderlos liberar.
Cuando trajeron esa bonita imagen de la Patrona, la que está en el Santuario, desde Sevilla, regalo de la comunidad Trinitaria, Leonor, que estaba muy cerquita de mí, gritaba y gritaba, a sus veintidós años, que era Ella, la mismísima, que de niña se le había aparecido.
¡Si vieras cuántas y cuántas cosas he visto desde mi altura...!
Recuerdo al hermano Diego de Cabra, que por olvidar una cartera en la fuente perdió la vida. A fray Pedro de Teba, el "eminentísimo ingeniero", creador del suministro de agua del convento y de la población. Y ¿qué decir de los venerables Felix José de Ubrique, predicador en la corte de Carlos II, e Ignacio Calvo, muerto en olor de Santidad?
¿Y de aquella noche tormentosa, en la que el padre Buenaventura subía a los picos de nuestra sierra pidiendo a Dios que calmara la tempestad? Allí dejó clavadas tres cruces, la del Tajo, la de la Viñuela y la del Benalfelix; y no contento con esto construyó El Calvario y su Vía Crucis.
¿Y José Caamaño, el beato Diego de Cádiz chiquito?
¿Te cansas de tantos nombres? Desde mi altura he visto todos los azotes habidos en Ubrique. El cólera de 1.800; la peste amarilla y los vómitos negros de 1.804; la sequía de 1.817, el cólera morbo de 1.855, centenario ya el voto de los cabildos.

He contemplado las numerosas vicisitudes políticas, cómo el 16 de mayo de 1.810 los franceses arrasaron el pueblo; los graves atropellos que sufrió la población entre 1.869 y 1.873, con el asesinato del alcalde Toro; los efectos funestos de la Mano Negra, ahora hace un siglo; los incendios de 1.936... ¿Para qué te voy a hablar más de tanta tragedia?
Porque pienso que tras todas las tormentas llegó la paz y la calma. Pues ahora, desde mi altura, sólo veo la quietud, la laboriosidad, la entrega total de un pueblo, mil veces renacido de sus propias cenizas, como el Fénix de leyenda.
Párate y observa tú mismo esa grandeza. Mira el Calvario, clavel blanco en la solapa de la Sierra, y pensarás en el Beato Diego de Cádiz de niño. Mira sus cruces iluminadas, llamas hacia el cielo, y recordarás al seráfico Buenaventura. Columbra la Cornicabra, y sentirás envidia de su altura, porque allí se está más cerca de Dios. Observa el San Antonio, con los rubores de antaño, y a sus pies intrincadas callejuelas, con sabor morisco, mostrando sus desnudeces con cándida hermosura. Sus nombres son nostálgicos recuerdos: Fuentezuela, Ladereta, Libertad, Caracol, Saúco, Guindaleta; o pícaras reminiscencias del pasado: la de los gatos, la del pescado, Culito, Tragamasa...

Y todo esto forjando un Ubrique moderno, que nace de sí mismo, haciendo bandera de su nombre. Bandera que portan sus hombres como estandarte en la batalla de la vida. Luchan y vencen, levantando nuevos mundos . El mundo de la industria, del poder y la riqueza. El mundo del prestigio, ganado paso a paso, gota a gota por la habilidad de sus manos artesanas. El mundo del amor, porque amor ponen en las piezas que construyen. El mundo de la fraternidad con los otros pueblos de la Sierra. El mundo, en fin, de su propia grandeza.

La tarde comenzaba a declinar. La palmera me dijo un suspirado adiós, nacido del mejor de sus contoneos. Después... Soledad y silencio.



Manuel Cabello Janeiro. Ubrique, agosto de 1974.



Enamorados de este monumento de Ubrique, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández abogaron siempre por su restauración, y lo propusieron en repetidas ocasiones como sede del futuro Museo de la Piel de Ubrique. Hoy día, tenemos la suerte de contar con la exposición "Manos y magia en la piel", auténtico germen de un verdadero museo.



Esperanza Cabello Izquierdo. Ubrique, marzo de 2009.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Las tres cruces de Ubrique, fray Buenaventura y el terremoto

Viacrucis original desde el San Antonio al Calvario de Ubrique
erigido por Fray Buenaventura de Ubrique al principio del siglo XVIII
Litografía de S. Scherzinger en 1876





Por Esperanza Cabello

La historia de las Tres Cruces de Ubrique (la cruz del Tajo, la de la Viñuela y la del Benalfí), se estaba perdiendo en la memoria de los mayores de Ubrique, pero en los últimos tiempos, afortunadamente, hablar en el colegio de las leyendas de un pueblo en el que hay muy pocas, ha hecho que grandes y pequeños rebusquen en los recovecos de los recuerdos o tiren de internet para saber más cosas de El Salto de la Mora, Las Tres Cruces, La cueva del Tío Pepito o El tío de la sangre.
Nosotros siempre habíamos oído que un fraile del convento de capuchinos, muy devoto de la santa Cruz, colocó con sus propias manos las tres cruces para proteger al pueblo en las tormentas.
No hace mucho tiempo estuvimos informándonos sobre este personaje ubriqueño, Fray Buenaventura de Ubrique (1691-1753) y pudimos leer su biografía escrita por fray Sebastián en su libro "Historia de la villa de Ubrique" (en este enlace), pero fray Sebastián no hablaba de las tormentas que, supuestamente, impulsaron a fray Buenaventura a colocar las tres cruces para proteger al pueblo.



En el mes de mayo nuestro amigo Fernando Oliva compartió una fotografía del calvario de Ubrique de García Parra, con su escrito correspondiente, y en el pudimos leer  (en este enlace) que:

Igualmente se cuenta que levantó las cruces "del Benalfí", "del Tajo" y "de la Viñuela", en acción de gracias por haber detenido un terremoto que amenazó sepultar al pueblo bajo la sierra que lo rodea.

¿Será verdad lo del terremoto? Es la primera referencia escrita que tenemos a propósito de este episodio. Francisco García Parra escribió esta nota en 1925, unos ciento cincuenta años después de que fray Buenaventura muriera, así que lo que sabía era, sin lugar a dudas, de oídas.
La tradición oral era muy poderosa, aunque no hemos podido constatar en ningún documento que hubiera habido realmente daños en el pueblo.
Hemos estado buscando referencias a grandes terremotos, y la principal es la del terremoto de 1755, que fue devastador, y cuyas consecuencias en Ubrique sí que fueron enviadas por escrito (en este enlace). Pero si nuestro fraile murió en 1753 está claro que debe de tratarse de otro terremoto.
 Por eso hemos debido buscar un poco antes en el tiempo, y hemos encontrado una publicación muy interesante de la estación sismológica de Cartuja, en Granada:





Se trata de un estudio de los terremotos en Andalucía desde que se tienen noticias de este fenómeno natural. Ubrique pertenecía a la capitanía general de Sevilla, así que hemos buscado los terremotos señalados en la época de fray Buenaventura, encontrando cuatro que hubieran podido ser los responsables de nuestras tres cruces: en 1714, 1715, 1724 y 1732.


 
En el mismo libro hemos podido leer que tanto los de 1714 y 1715 como el de 1732 no debieron de ser muy violentos, pues no se citan apenas.
Sin embargo, el 27 de febrero de 1724 hubo un gran terremoto: 

"Con esta fecha, y la denominación de megasismo del estrecho norte-bético (aludiendo a ápocas geológicas no muy lejanas...) hubo un terremoto, el que se hizo sentir más principalmente en la zona sísmica de Sevilla; hubo casas destruidas, sobre todo en la parroquia de Todos los Santos, detrás de San Juan de Dios".


¿Sería este el terremoto que impulsó a fray Buenaventura a colocar las cruces en agradecimiento por habernos librado de la destrucción?
¿La imaginación popular mezcló el terremoto de 1755 con las cruces de fray Buenaventura?

Quizás podamos resolver esta duda en los archivos de Capuchinos en Sevilla, mientras tanto, seguiremos moviéndonos en el terreno de las leyendas, lo verdaderamente importante es que no se olviden.


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lunes, 20 de mayo de 2019

El Calvario de Ubrique, por García Parra

El Calvario de Ubrique, por Francisco García Parra
Gentileza de Fernando Oliva




Por Esperanza Cabello

Nuestro amigo Fernando Oliva ha tenido una idea estupenda. Ha publicado en el grupo de Facebook "Ubrique en el recuerdo" la magnífica fotografía que hiciera don Francisco García Parra del Calvario en 1925, que ya publicamos en esta entrada, pero acompañada del texto que García Parra escribiera en el reverso.
Tenemos muchas fotografías de don Francisco García Parra, unas originales y otras copias que había conseguido nuestro padre. Hay que tener en cuenta que muchas de estas fotografías fueron las tomadas para el libro de la Historia de la villa de Ubrique de Fray Sebastián, por lo que  se trata de un trabajo muy cuidado y bien documentado.
Fernando nos ha ofrecido gentilmente esta  imagen, y esperamos que nos permita seguir publicando las que tiene. Porque nos gustaría hacer una serie con estas fotografías, seguro que aún hay muchas en casas de muchos ubriqueños.
Transcribimos a continuación el texto manuscrito de Francisco García Parra.
Muchas gracias.


"La capilla del Calvario de esta villa, construida en el siglo XVIII, como los demás Calvarios de todos los pueblos de la Serranía de Cádiz, por el V.P. Buenaventura de Ubrique, fundador también del Via Crucis a dicha capilla, en cuya estación XII había un Cristo de mármol que se conserva hoy en poder de don José Rodríguez Sánchez.-
Del Venerable Padre Buenaventura, apóstol de la Serranía, nos cuenta la tradición interesantes datos y hechos milagrosos de su vida. En la construcción del Calvario le ayudó todo el pueblo con su prestación personal y aportación de materiales y recursos, menos "aquella punta mala del Toledo", según su propia frase, cuyo nombre conserva todavía la terminación de la calle Toledo que sigue llamándose vulgarmente "La Punta Mala".
También conocemos tradicionalmente el hecho de su bilocación, habiéndosele  visto a la vez en sus actos de Comunidad en el Convento y en las atenciones de su obra en el Calvario.
Igualmente se cuenta que levantó las cruces "del Benalfí", "del Tajo" y "de la Viñuela", en acción de gracias por haber detenido un terremoto que amenazó sepultar al pueblo bajo la sierra que lo rodea.
El Beato Diego de Cádiz fue heredero del Padre Buenaventura en la devoción a la Pasión y en la creación de Calvarios y Cruces. Eran emocionantes los Vía Crucis dirigidos por el Padre Buenaventura, en los que hacía fervorosas exhortaciones al pueblo, cargado con una pesada cruz.
En el año 1801 fue ampliada esta capilla por don Pedro Romero con un atrio abierto.
Ubrique, año 1925."

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sábado, 13 de octubre de 2018

Los primeros guardianes del convento de Ubrique en 1660

Portada de la Reseña histórica de la provincia capuchina de Andalucía
Por Fray Ambrosio de Valencina
Biblioteca virtual de Málaga




Por Esperanza Cabello


En las últimas semanas hemos estado buscando información sobre fray Buenaventura de Ubrique y los primeros tiempos de nuestro convento de capuchinos, y afortunadamente son muchos los datos que hemos podido consultar en la Biblioteca virtual de Málaga, pues están digitalizados muchos de los libros de la diócesis (Ubrique pertenecía a Málaga antiguamente) y también muchos de los libros de los capuchinos.
Uno de los datos que nos ha llamado la atención es la relación de frailes y guardianes que se encargaron de la comunidad y de las instalación los primeros cinco años  después de su fundación.





Los guardianes del convento de Ubrique fueron los muy reverendos padres Bernardino de Granada, en 1660; Gregorio de Cañete, en 1661 y en 1663; y Sebastián de Sevilla en 1665.
Los frailes que fundaron el convento de Ubrique eran de otros pueblos (al tomar el hábito se ponían otro nombre de pila y el nombre de sus pueblos), pero muy pronto comenzaron a ir por el mundo los frailes de Ubrique (en esta entrada citábamos a algunos de ellos).

Diego, Agustín, Pedro, Ventura, Thadeo, Pedro, Lorenzo María, Leopoldo, Juan Evangelista, Vicente, Félix José, Félix, Juan, Lorenzo, Sebastián, Pedro... Fueron algunos de los religiosos de nuestro pueblo que  más repercusión tuvieron. 

De los frailes ubriqueños nosotros nos quedamos con fray Buenaventura de Ubrique, que tanto bien hizo en la Sierra y  que nos dejó las cruces y los calvarios como recuerdo permanente. Hombre que dejó una gran impronta en su sucesor, el ubriqueño fray Diego de Cádiz, beato reconocido mundialmente, autor de novenas y sermones.
Fray Félix José de Ubrique, que  también se dedicó al arte de la escritura y fue muy conocido en su época (coetáneo de los dos primeros, a principios del siglo XVIII) por los sermones fúnebres que publicó.
Le sigue por fecha de nacimiento (1886), fray Sebastián de Ubrique (Antonio Carrasco Cides), que publicó en 1945 la "Historia de la villa de Ubrique", primer compendio de historia de nuestro pueblo, además de escribir la vida del Beato en dos volúmenes y muy diversos escritos sobre nuestro pueblo (el texto de la Espasa era suyo, aunque escrito por don Francisco García Parra) y también de índole religiosa.
Termina nuestro quinteto extraordinario un hombre realmente singular,  Francisco Panal Ramírez (1893-1970), que tomó como nombre fray Leopoldo de Ubrique y se fue a las misiones en la República Dominicana. Allí ejerció su ministerio  y se convirtió en el obispo de la Vega, conocido como "Obispo Panal", un hombre capaz de plantar cara y humillar al dictador Trujillo.
El obispo Panal es un referente en el país, y era casi un desconocido en nuestro pueblo hasta que nuestro padre, Manuel Cabello Janeiro, se interesó por su figura y fue descubriendo poco a poco la impresionante biografía de este hombre con halo de santidad. Escribió sobre él un libro (que podemos leer desde este enlace) que nos descubrió a todos a un ubriqueño excepcional. Tanto que su hazaña sirvió de inspiración a Vargas Llosa, que en "La fiesta del chivo" habla sobre este ubriqueño excepcional.

Nuestro amigo José María Gavira explica en su blog la historia de este personaje:


"Casi cuarenta años después de su muerte, el obispo Panal sigue ocupando un lugar en la memoria y el corazón de muchos fieles dominicanos entre los que goza de fama de santo. Tanta, que no hace mucho el actual obispo de la diócesis de La Vega, Antonio Camilo González, hizo una discreta visita a Ubrique que tenía algo de devota peregrinación. Monseñor Camilo quería conocer en persona el lugar donde vio la luz una figura tan admirada en su país. Le sirvió de sin par cicerone nuestro recordado Manuel Cabello Janeiro, en cuya proverbial inquietud de historiador de todo lo nuestro quedó sembrada una semilla de interés que acabó transformándose en entusiasmo incondicional hacia tan ilustre paisano. Don Manuel viajó a la República Dominicana siguiendo el rastro del olor a santidad y narró sus experiencias en su obra Obispo Panal, un hombre comprometido"