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domingo, 7 de enero de 2018

El éxito de la campaña de Canastos de Reyes

 Canasto de Noelia



Por Esperanza Cabello

Unos días antes de Reyes tuvimos la suerte de poder aprender a hacer un canasto de Reyes en Casa de Luis Crossa y María. Hacer canastos de Reyes es uan tradición ubriqueña ancestral que se ha conservado en muchas familias, aunque con los tiempos modernos en algunas casas se ha ido olvidando fabricarlos en familia durante los días previos a la fiesta de los Reyes Magos.
Con el "tutorial" de Luis y María hicimos una entrada que compartimos en nuestro grupo de facebook "Ubrique en el recuerdo", animando a todos los abuelos, padres y tíos a que recuperaran esta linda tradición de nuestro pueblo y, sobre todo, a que pasaran una estupenda tarde con los más pequeños de la casa fabricando canastos.
Para nosotros los más pequeños cercanos son nuestras sobrinas Andrea, Violeta y Natalia, así que a su casa nos fuimos con los papeles de seda , y ellas pusieron el resto. Su abuela, María Chacón, nos contó que ella misma hacía los canastos para su hermano cuando eran pequeños.
Y para muchas otras personas del grupo lo de los canastos no fue, de ninguna manera, un descubrimiento, hemos tenido la suerte de que en muchas familias se han animado no solo a hacerlos, sino a enviarnos las fotografías tanto de los canastos como del proceso de fabricación o de la mañana de Reyes.
Todas las fotografías están en el álbum correspondiente en "Ubrique en el recuerdo", pero además hemos querido mostrar las pequeñas obras de arte de este pueblo de artesanos, algunas de ellas exportadas a Zaragoza, Tenerife o Cádiz, y todas ellas llenas de amor y de ilusión.
¡Enhorabuena a todos los artistas!

 Canasto de Andrea




Canasto de Violeta
con su barco de papel y todo




Isabel Sánchez y su hija Carmen fabricando canastos
Con el papel rizado es muy laborioso, y son preciosos




Canasto de David Bulpe, fabricado por María Solano



Canasto de Isabel Vilches, de la Prensa Marisa




Canasto de Remedios Jaén Arenas
tía de Mariángeles López





Fabricación de canastos en casa de Mari Carmen López


Canastos de Mari Carmen López




Canasto de Amelia Casillas Lara




 Canasto de Ana Venegas




Un canasto más de Isabel Vilches (Prensa Marisa)




Canasto fabricado por Rafael García Mateos hace veinte años,
 que Isabel Baena conserva con cariño




Canasto de José Miguel García




Canasto de Merche GoVa




Canasto de María Moreno Núñez





Canasto de Mari Carmen Moreno Medinilla 




Canasto de María Benítez




Canasto de Pablo Rubio




Mañana de Reyes en casa de Andrea, Violeta y Natalia




Mañana de Reyes en casa de María Sánchez Coronil





Fabricando canastos en casa de Natalia Eugenia
(y aprovechando para decorar el bote de pegamento😉💜)


Hasta aquí la pequeña muestra de Canastos de Reyes ubriqueños 2018. Nos ha parecido estupenda al respuesta que ha habido en tantas casas, y agradecemos muchísimo a los amigos de "Ubrique en el Recuerdo" su colaboración con este pequeño reportaje.
Para nosotros ha sido la ocasión de pasar dos tardes de oro, la primera con Luis y María, haciendo la muestra, la segunda con nuestra prima Natalia y sus hijas Andrea, Violeta y Noelia, ejerciendo de "casi abuela" y disfrutando de sus lazos, sus mezclas de colores, sus sonrisas, sus manitas recortando tan estupendamente todos los flecos y del precioso barco de papel amarillo que Violeta colocó en su canasto haciendo gala de una gran originalidad.


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lunes, 6 de enero de 2014

Los canastos de Reyes de Ubrique ¡Bendita tradición!

Los canastos de Reyes en casa de los abuelos Memi y Luis
Para Pablo, Guillermo y Esperanza


Por Esperanza Cabello

Hay muchas tradiciones que poco a poco se van perdiendo, y otras que algunos nos empeñamos en mantener cueste lo que cueste, porque nos hablan de nuestra infancia, de nuestras vidas, de nuestros recuerdos más entrañables.
El Canasto de Reyes es una tradición ubriqueña que se mantiene a duras penas. Anoche recordábamos con nostalgia cómo nuestro padre elegía cuidadosamente una caja de zapatos para cada uno de nosotros, la forraba con papel fino blanco y la decoraba, pacientemente, con tiras de papel de seda de colores recortadas artísticamente y pegadas con almidón (o con agua y harina, si no había almidón).
Cuando fuimos siendo mayores colaborábamos activamente en el diseño de los canastos, todos arremolinados alrededor de nuestro padre que, siempre con prisas, los terminaba para que los Reyes supieran dónde dejarnos los regalitos.
Durante muchos años, mientras fuimos creciendo, los canastos se renovaron, hasta que dejaron de ser necesarios, porque ya éramos muy mayores.





El canasto de Pablo, el pequeño de la casa


Pero empezaron a llegar los nietos, y de nuevo abuelo Manolo empezó a preparar los canastos, y de nuevo todos los niños se arremolinaban a su alrededor para prepararlos y ponerlos con gran ilusión en la alfombra.
Mientras los veíamos con los nietos recordábamos aquellos reyes de nuestra infancia: Por la noche los Reyes ponían en los canastos las chucherías que abuela Esperanza había comprado: chocolatinas, monedas de chocolate, cigarritos de chocolate, chicles Bazooka Joe, bucaritos, chupetes de anises, "pirulines", "palodús", guitarritas, jamoncitos caramelos de piñones y mil deliciosas golosinas que eran lo mejor de todo.
Los niños sabíamos que encontraríamos esas maravillas en el canasto, había una confitería más arriba de la Iglesia, la de Eloísa, donde se hacían las guitarritas, los jamoncitos y los bucaritos, (unos de masa con merengue y otros de cabello de ángel con anises), que era una estupenda aliada de los Reyes Magos, porque en esta época siempre podíamos ver esos dulces tan buenísimos en el mostrador.





Nosotros mantenemos viva esa tradición, y cada año el canasto de Reyes vuelve a salir a la luz para los más pequeños (y los no tan pequeños) en la casa de los abuelos. Cada año los Reyes lo vuelven a cargar de chucherías, ahora más modernas: piruletas de limón, chupachups de chocolate (ni hablar de cigarritos ni de botellitas de chocolate), monedas de chocolate, pica-pica, pirulíes, bastones de caramelo.
Y a veces pensamos que, lamentablemente, esta tradición se perderá. Solo conocemos a nuestro hermano Leandro que prepare los canastos ¿Los estarán preparando los nuevos abuelos?
Ayer pensábamos con nostalgia, mientras decidíamos hacer esta entrada, que los nuestros serían quizás los últimos canastos ubriqueños que veríamos, pero hace un ratito nuestra amiga María Sánchez Coronil, que vive en Zaragoza, ha puesto en su muro la fotografía del canasto que ha preparado para su nieta Esther...
Y nos ha emocionado ver cómo también en otras familias se mantiene esta tradición tan nuestra, un poquito modernizada, porque nos ha explicado que con la cinta de pegar de dos caras es mucho más fácil de hacer que con el almidón.



Canasto de Reyes que María Sánchez Coronil ha preparado para su nieta Esther


Nos hemos llevado una gran alegría al ver el canasto de María tan precioso y tan lleno de ilusión y de amor. Nos entusiasma que no se pierda del todo esta tradición tan nuestra (en otros pueblos también preparan canastos de Reyes, pero el diseño de caja de zapatos y papel de seda de colores es solo de Ubrique) tan entrañable y tan llena de dulzura.


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miércoles, 3 de enero de 2018

Cómo hacer un auténtico Canasto de Reyes ubriqueño

María y Luis con su canasto de Reyes terminado
¡Muchas gracias!     



 Por Esperanza Cabello


Nos habíamos propuesto mostrar a todos cómo se hace un auténtico Canasto de Reyes para estos días tan señalados. La mayoría de ubriqueños y ubriqueñas ya un poco mayores recordamos, con gran cariño, cómo nuestros padres o nuestros abuelos nos preparaban exquisitamente un humilde canastito de papel que llenaban de caramelos o dulces y en el que a veces había algún juguete.
Para los niños y niñas nacidos en los años veinte o treinta, el canasto de Reyes era, en la mayoría de los casos, el único regalo, y eso en las casas en los que había posibilidad de hacer canastos.
Más tarde fueron sirviendo de acompañamiento a los juguetes, y se utilizaban para poner las chocolatinas, los pirulíes, los jamoncitos, los bucaritos, los mazapanes...

Y hemos tenido mucha suerte, porque visitando estos días atrás a nuestros amigos Luis Crossa y María Isabel Fernández nos estuvieron contando cómo sus padres les preparaban sus canastitos y cómo los dejaban por la noche de Reyes para encontrarlos rellenos al día siguiente. 
Así que como ese es uno de los ingredientes fundamentales, contar con unos abuelos "apañados" que sepan cómo se fabrica esta pequeña muestra de artesanía, les hemos pedido que nos hagan un canasto de muestra para seguir sus indicaciones paso a paso.



La Prensa Marisa, uno de los lugares señeros en estas fechas tradicionales


Lo primero que se necesita, además de unos abuelos que quieran hacer felices a los pequeños, es una caja de zapatos, bonitos papeles de colores y almidón.
Recordamos a nuestro padre yendo con sus nietos a la Prensa Marisa a visitar el Portal de Belén que montan cada año y a comprar, de camino, varios pliegos de papel de seda de colores alegres. Así que allí nos hemos dirigido y, por menos de un euro hemos conseguido todo el papel que queríamos.




Una caja de zapatos, papel de seda, papel de envolver para el interior y, a falta de almidón, 
un bote de cola blanca.


Cuando éramos pequeños bajábamos a la fábrica de nuestro abuelo a pedir un poquito de almidón para poder pegar los papeles a la caja.  Más tarde preparábamos nuestro propio engrudo con un poco de harina y agua, que para el caso funcionaba bien. Ahora hemos preparado un bote de cola blanca que sirve exactamente igual.
Con nuestros papeles y muchas ganas de ver cómo quedaría el canasto nos hemos dirigido a la casa de Luis y María, que, amables como siempre, nos han recibido dispuestos a participar en esta tarea.




Luis nos tenía preparada una caja de zapatos resistente. La parte de abajo sirve para hacer el cuerpo del canasto, y la tapadera, convenientemente recortada, servirá para el asa. 




María ha sido la encargada de seleccionar los colores de los papeles para hacer las tiras que recubrirán la caja y que irán superpuestas rodeando toda la superficie.




La primera tarea: cortar, de la tapa de la caja, una tira a todo lo largo de unos cinco centímetros que servirá para el asa.
Antes de colocar el asa, forramos el interior con un papel de envolver de colores alegres. 




Una vez forrado el interior, aseguramos, con unas grapas, el asa en el canasto.



Y empezamos a cortar tiras a todo lo largo del papel de unos seis centímetros de ancho, que doblamos por la mitad y cortamos como flecos, dejando un centímetro arriba para poder pegarlas a la caja.



Se comienzan a pegar las tiras por la fila de abajo, se pone un poco de cola sobre la caja y el papel de seda se pega sin problemas.
Nosotros hemos usado un palillo de dientes para extender la cola. Recordamos que nuestro padre  se dejaba crecer muchísimo una uña de la mano derecha para poder extender bien el pegamento, cuando era petaquero, pero a falta de eso, un palillo viene bien.



 Se van pegando las tiras de papel de seda sobre la caja, eligiendo colores que destaquen, e intentando que todos queden más o menos equilibrados.




Y en la fila de arriba se pone un poco más de papel adicional, para que los flecos queden más espesos y consistentes.



Para forrar el asa hay varias técnicas, a veces se forra con una tira de flecos en espiral, o bien con el papel de seda un poco arrugado. Luis ha sugerido que pusiéramos dos tiras de flecos superpuestas, utilizando los colores que aún no habíamos colocado.
Estas tiras del asa son un poco más estrechas (también con el papel doble) y los flecos más finitos.




Para terminar la decoración, Amelia Casillas, que acompaña a Luis y María desde hace muchos años y que, como nosotros, ha ejercido de "ayudante de canastos", ha sugerido que pusiéramos una tirita fina de color naranja entre las tiras verde y morada.
Como pueden ustedes ver, el canasto, con toda su sencillez, está quedando de campeonato. Solo falta recortar un poco los flecos color naranja de la segunda fila, que nos han salido un poquito largos.


María, Amelia y Luis con el canasto terminado


Y con este estupendo canasto y nuestros tres protagonistas de hoy terminamos la "clase práctica canastera". Imaginamos al ilusión de los niños al dejar sus canastos vacíos por la noche, esperando a ver qué contendrán por la mañana tras la venida de los Reyes.


Queremos agradecer a María y Luis la paciencia que han tenido con nosotros, explicándonos todos los pasos y ayudándonos con sus recuerdos. También a Amelia que nos ha dado un poquito de su arte para poder hacer esta manualidad. 


Como se puede imaginar, podrá haber tantos tipos de canastos como padres o abuelos. Lo que nosotros nos atrevemos a sugerir es que mañana mismo busquen ustedes una caja de zapatos que ya no se use, unos papeles de colores y  un poquito de almidón y se reúnan  los abuelos y nietos para preparar un Canasto de Reyes lleno de color, fantasía e ilusión. Aquí caben chucherías, alegrías, muñequitos, libros, lápices y todo lo que los niños puedan guardar.
No dejemos que esta tradición se pierda, no solo es entrañable, sino que nos acerca a la vida de los que nos precedieron.




Nota del 4 de enero: como viene siendo habitual, nos encanta añadir a la entrada el comentario de nuestro tío José María Cabello:

De los pocos Reyes que disfruté de niño, recuerdo el balcón de la petaquería que daba a la Plaza lleno de Canastos de Reyes. La gran colaboradora que los adornaba con su arte, era la prima Isabel Álvarez.Y el pleno del balcón era manifestación de la generosidad de abuela Julia.Que no contenta con los canastos de sus seis hijos, completaba el pleno alguno para sobrinos y otros para los petaqueros que trabajaban en la casa .Del contenido, además del bucarito y el jamoncito, recuerdo un pececito negro que sabía a brea, pero que los críos comprábamos después en una tienda frente a la Puerta del Perdón de la Iglesia, al lado de la siempre recordada tía Pepa Parra. Mis hermanas siguieron con la costumbre. Pero quien lo hace con mayor pericia y arte es María Remedios, la mas pequeña.Y hasta lo ha "exportado" a Don Benito para sus nietos extremeños y así no se rompe la cadena. De todas las formas aplaudo la estupenda idea de mi sobrina de resucitar esta simpática tradición ubriqueña favorecedora de la ilusión infantil.Y también me ha encantado la lección práctica de María y Luis.Que en manos de ellos se convierte en Lección Magistral.


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lunes, 4 de enero de 2021

¿Cómo hacer un Canasto de Reyes ubriqueño? Preparando el canasto de Reyes.

 


Por Esperanza Cabello


En Ubrique hay una antigua tradición para los días mágicos de los Reyes Magos. Los padres o abuelos preparan, con su maestría y originalidad ancestral, unos deliciosos canastos de Reyes para esta noche especial.

Siempre hemos oído la historia de los canastos que nuestra abuela Julia preparaba para los más pequeños, incluso para vecinos y amigos. En la casa de nuestra abuela Natalia también encontrábamos unos canastos muy bien organizados, uno para cada nieto. Nuestro padre los hacía para nosotros y, cuando empezaron a llegar los nietos, era enternecedor verlos a todos revoloteando alrededor del abuelo para terminar los canastos la tarde antes de la cabalgata y dejarlos todos colocados en la alfombra del salón, cada nieto con su canasto. Mamá siguió con la tradición y toda su vida siguió dejando los canastos de los nietos para la noche de Reyes.

Ahora nos toca a nosotros, en años anteriores hemos fabricado canastos (sin maestría alguna, desgraciadamente) para hijos de amigos, sobrinos y vecinos. Pero este año es especial, y hemos fabricado nuestro primer canasto para la nueva componente de la familia 💜💜.

Habíamos buscado una bonita caja de zapatos y hemos ido a buscar el papel de seda de colores, podemos encontrarlos en cualquier papelería. Este año hemos comprado de cuatro colores en El Alambique.


También hemos buscado un papel más recio para forrar la caja, el envoltorio de un regalo (gracias, amiga), del que también hemos aprovechado el lazo.




Después hemos plegado y cortado tiras dobles del papel de seda. Hemos recordado que nuestro padre utilizaba el cuchillo del jamón para  cortar las tiras.


A continuación hemos hecho flecos en las tiras de papel de seda.




Poquito a poco, con cola, hemos ido pegando las tiras de flecos a la caja que previamente habíamos forrado con papel de regalo. Se empieza por las tiras de abajo para que no se solapen.

Una vez colocadas todas las tiras recortamos una tira de cartón de la misma tapadera de la caja de zapatos, y la forramos con más cintas de papel.



Después pegamos la tira de cartón en la parte superior de la caja, a modo de asa, y comenzamos la decoración de la caja.


Como decíamos antes, la maestría no es lo nuestro. Un artista habría tenido suficiente paciencia para rizar todos los flecos, que era lo que hacían nuestros padres, pero nosotros hemos visto que el canasto de Reyes está estupendo así.

La noche de Reyes este canasto ocupará un lugar especial en el salón, cerca de los zapatos de los mayores. Seguro que los Reyes Magos traen también algo para este pequeño canasto💜💜💜.

martes, 5 de enero de 2021

Canastos de Reyes, por José María Cabello

 

                                             Canastos en casa de los abuelos Luis y Memi


Por José María Cabello Janeiro


Para mí, los canastos de Reyes son el el más vivo recuerdo de mi niñez. Nosotros teníamos a la mejor artista en su creación. Mi prima Isabelita Álvarez Janeiro, que era capaz de confeccionar veinte canastos iguales pero con adornos distintos.

Y como abuela Julia era también exagerada en generosidad llenaba el balcón que da a la plaza n o solo con los nuestros, sino con los de los petaqueros que formaban entonces la plantilla, instalada en el piso principal de nuestra casa familiar. 

Toda una policromía, con las numerosas plantas que adornaban el balcón y el permanente verdor de las enredaderas que caracoleaban por la fachada.

 Lo importante es que se trataba de un trabajo colectivo, que acentuaba la unión familiar tan propia de estas fiestas navideñas. Los más pequeños éramos los recaderos y acercábamos las tijeras, el almidón y todo lo utilizable, los mayores los papeles de color y ayudando a Isabelita y todos juntos ganado la ilusión conforme iba tomando forma el canasto de las sorpresas. 

Eran los duros años de la posguerra incivil en los que prevalecían la necesidad y la pobreza. Por lo que con tanto oropel era escaso su contenido. Unas muñecas de cartón, algún juguete de madera... y un montón de chucherías, pececitos negros como de brea, bucaritos y jamoncitos de la confitería, palodu...

 Pero saltabamos de alegría. Despues llegaban lo Reyes. Nada de carrozas ni de camellos. Asentados en humildes mulas llegaban a la Plaza repartiendo caramelos a voleo y arrancando a su paso la alegría expresada en interminables aplausos... Y hasta aquí puedo contar. 

El día 28 de septiembre de 1942 ingresé como interno, recién cumplidos los nueve años en Málaga. Cambie los tres dones de los Reyes Magos exclusiva y únicamente en incienso. El curso allí era completo. Ni vacaciones de Navidad ni de Semana Santa. Se me acabaron la fiesta, los regalos y mi canasto de los Reyes Magos.

 Hipotequé mi infancia y dejé de ser niño. Por eso escribí en estos apuntes mi Balada Triste de los Reyes Magos. Pero permaneció la ilusión, la superé con creces en mis hijos y en mis nietos. La fiesta sigue. Ni la pandemia nos arrebató la ilusión ni la esperanza. Somos pueblo de artistas. Por eso veo a la estrella de los Magos iluminar con más fuerza las calles de Ubrique para que, reviviendo con fuerza la tradición de siempre, luzcan nuestros canastos de Reyes !!

¡Felicidades a todos!

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