jueves, 25 de octubre de 2012

La crecida del río de la Garganta Millán

El cauce del río de la Garganta Millán
Seco hasta esta mañana


Por Leandro Cabello
Fotos: Leandro Cabello


Pocas veces se tiene la ocasión de contemplar la naturaleza en todo su apogeo. Hoy hemos podido observar, en directo, cómo el cauce seco del río de la Garganta Millán se iba llenado poquito a poco hasta convertirse en una lengua de agua que ha llegado al pantano.
Desde siempre allí se han reunido el río Ubrique, el de la Garganta Millán y el Garciago, y han avanzado un poco más hasta unirse con el río El Bosque para formar el Majaceite (ahora esa unión es en el pantano).
El espectáculo de hoy  me ha recordado la "Avenida del arroyo del Búho" que plasmó mi hermano Manolo en su blog porque  hoy he sido un privilegiado, y he podido caminar junto a la crecida del río hasta llegar al pantano. Un auténtico espectáculo natural que realmente ha merecido la pena...



El mismo cauce, repentinamente lleno de agua


























miércoles, 24 de octubre de 2012

Don Diego Clemencín Viñas en Ocurris

La Gaceta de Madrid, 1834




Por Esperanza Cabello

A veces encontramos documentos muy curiosos que nos hacen recordar algunas de las historias que hemos ido aprendiendo todos estos años. Buscando una  información sobre Fernando VII e Isabel II nos hemos encontrado con un ejemplar de la Gaceta de Madrid de julio de 1834.
Tenemos la costumbre, siempre que echamos un vistazo a documentos antiguos, de buscar en ellos el nombre de nuestro pueblo o de personajes conocidos, y precisamente en este número de la Gaceta hemos encontrado una necrológica muy peculiar.


 Don Diego Clemencín Viñas 1765-1834

Se trata de la necrológica de don Diego Clemencín Viñas, un erudito murciano cuya historia estará siempre unida a la de nuestro pueblo. El pobre don Diego, un cervantista extraordinario, había muerto en Madrid a causa de una epidemia de cólera después de haber escrito más de cinco mil notas para una edición de "El Quijote" que nunca llegó a ver publicada.
Muchos años antes don Diego había ingresado en la Real Academia de la Historia (en 1800) y en 1802 había sido enviado a Ubrique para informar de las excavaciones de Vegazo y los hallazgos en el Salto de la Mora.



En su necrológica, además de muchos otros informes y méritos, se trata de "las exquisitas noticias que dió a la academia sobre la antigua población, llamada Ocurris, en las cercanías de Ubrique, reino de Córdoba, y dos copias de inscripciones que presentó".

Clemencín y la historia de nuestro pueblo estarán siempre unidos por estos hallazgos, que podemos consultar en el archivo de la Real Academia de la Historia:

 "A cinco leguas de Ronda y otras tantas de Arcos, un cuarto al norte de Ubrique, en la cumbre de una sierra llamada de Benafí o de Benafeliz se ven las ruinas de un pueblo considerable, entre las cuales se han hallado varias antigüedades romanas en estos últimos años. 
Hállanse frecuentemente tanto en la cima como en todos sus alrededores por largo espacio ladrillos, a veces enteros, de un grueso y  tamaño extraordinarios, tejas de rara hechura de tres cuartas de largo y dos de ancho, bordes de tinajas, losas labradas, algunas de dos varas y media de largo y  una de ancho, aljibes o cisternas, escombros y señales de edificios. 
Vénse igualmente los restos al parecer de un acueducto que se dirigen hacia la Villa de Benaocaz durante media legua. Como a 150 pasos de la cumbre, en la falda occidental existe un edificio bastante bien conservado, parte de cantería y parte de hormigón que el vulgo del país cree y llama mezquita, de que acompañan planta y elevación dibujadas geométricamente por D. Miguel de Olivares, arquitecto de Cádiz, individuo de la Real Academia de San Fernando. 

 Planos del Columbario


Al hacerse últimamente un plantío de viñas y frutales, se han hallado más de 400 monedas de las que tengo en mi poder 16, trece imperiales desde Augusto hasta Constantino Magno y tres españolas, de las cuales una es dudosa, otra de Carissa y otra de Carteya,  rarísima según el Padre Florez. 
Ocupa la misma cumbre un espacio como de 15 fanegas de tierra, ceñido de una cerca particular de paredes fuertes. Aquí es donde se hallan las antiguallas más notables, trozos con columnas, fragmentos de piedras con algunas letras, y sobre todo dos pedestales con dos inscripciones bien conservadas que son las siguientes:

I
IMP.CAESARI DI
VI ADRIANI E DIVI TRA
IANI PARE NEPOTI DIVI
NAERVAE PRONEPOTI
PIO HADRIANO ANTONI
NO AUG. PIO PONTIFICI MAX.
RR.POTEST V COS III PP
PUB.OCURITANOR.
CRETO DECURIONUM
D.D.





                                   Fotografías de las lápidas halladas en el Salto de la Mora
                                 Romero de Torres, 1908.  Catálogo Monumental de España


II
IMP. CAESARI
M. AURELIO COM
MODO ANTONINO
AUG.PIO FELGER
SARM. PON. MAX
TRIB.P. IIII IMP.X
COS. V PP. RES P.
OCURITANORUM
DECRETO DECURI
ONUM D.





Junto al pedestal de esta última inscripción se halló una estatua de hombre sin cabeza vestido con una piel de león, circunstancia que arguye ser de Cómodo y hace más que verosímil estuviese colocada sobre el pedestal contiguo. Aparentemente debió haber otra de Antonino sobre el pedestal de su inscripción, cuyo hallazgo no es acaso difícil. 
Otra estatua se ha encontrado de mujer asimismo sin cabeza, el cuerpo y pechos rodeados de serpientes, cuya cabeza como la de Cómodo está tal vez aguardando que una mano diligente las saque del polvo y ruinas.
Omito varias observaciones sobre la lección y ortografía de las inscripciones. Las personas que me han comunicado estas noticias, se inclinan a creer que el edificio de la falda occidental de la sierra fue un baño, que los aljibes con algunas murallas son obra de moros, que el paraje de la cumbre donde se hallaron las inscripciones era un templo; que la estatua de mujer es de Proserpina.
 Pero sobre todos estos puntos no se puede juzgar con acierto a tanta distancia. Lo que resulta con certidumbre es  la existencia de una población considerable llamada Ocurris, que subsistía ya en tiempo de Antonino y duró por lo menos hasta el de Constantino. Su situación fue en el monte Ilipula,  como llamóTolomeo a las sierras de Ronda: y con arreglo a la descripción que hizo Plinio de España, estuvo en la Céltica Bética, y pertenecía al convento jurídico de Sevilla.

Madrid 16 de julio de 1802
Firmado por Diego Clemencín








martes, 23 de octubre de 2012

El refino de Abuela Antonia: el costurero de antaño

Costurerito de niña de los años sesenta
Fotografía: Luis Eduardo Rubio




 Por Esperanza Cabello

Al hablar de la camisería de Fernando Corrales Cordón   ha venido a nuestra memoria un pequeño tesoro que guardamos desde hace cuarenta años, pero cuyo interior  debe de tener ya más de cien años.
Nuestra bisabuela Antonia Rivera tenía un refino en el Portichuelo. Era un pequeño negocio en el que vendía paños (sus padres tenían un batán), hilos, pasamanería, encajes, tiras bordadas, botones y mil y un detalles para las costureras. En aquella época (nos referimos al principio del siglo pasado) toda la ropa se confeccionaba a mano en las casas, por lo que se hacían imprescindibles todos los utensilios de costura para cada familia.





 El costurero contiene cajitas e hilos del refino



El refino del Portichuelo estuvo funcionando hasta finales de los años veinte, época en que nuestro abuelo Leandro consiguió montar su propia empresa y toda la familia se mudó a la calle Real.
Más tarde nuestros bisabuelos se mudaron a la calle San Pedro con su querida Teresa, y allí, en el soberado de la casa, donde tantos buenos ratos pasamos en nuestra niñez, se acumularon todos los hilos, botones y cintas sobrantes del negocio en cajitas y latas muy bien ordenados en los estantes.
Aquel era el paraíso de todos los niños de la familia, no solo porque a veces jugábamos entre la pequeña azotea y las escaleras de madera, sino porque nuestra tía Teresita, con su infinita paciencia y su infinita bondad, nos dejaba trastear entre aquellos tesoros y elegir pequeñas cosas que después nos permitía quedarnos.


Carretes de hilo
Su madera se convertía en unos mágicos tacones


 Pasamos muchas tardes, muchos días, mirando en aquellas cajas con Teresita, a veces aparecían cosas de nuestros tíos o de nuestra madre. A veces eran folletos de propaganda del cine. Otras eran fotografías familiares. Otras muchas eran cositas brillantes (botones, lentejuelas) que nos encantaban y Teresa nos regalaba para una caja de costura que abuela Julia nos había regalado.
Para aquellas manos infantiles cualquier cosa era un tesoro. De vez en cuando salía rodando un carrete de los de madera, ya vacío, que convertíamos en tacones cortándolos por la mitad. Unas vez cortados los pegábamos con "super" en las suelas de nuestros zapatos y jugábamos a ser mayores.


Carretes de hilo de colores


Una vez conseguimos tener tacones todas las primas, y nos fuimos corriendo a la petaquería para que nos ayudaran a hacernos los zapatos de tacón. después organizamos un desfile de modelos por los pasillos de la casa de abuela, dando vueltas alrededor de las cristaleras.
Otra vez conseguimos tener varios carretes, pero estaban sin estrenar, y no servían para hacer tacones, y sin estrenar llevan más de cuarenta años.


 Un original sobre de agujas
Muy elegante



Agujas de "La exposición Sevillana"
Cada sobre valía 1´50 (bastante caritas, la verdad)


Y hoy, al hablar de la camisería del "Catalán" y buscar unos gemelos para la entrada. Hemos recordado todos aquellos tesoros que acumulamos con aquella ilusión infantil y hemos querido rescatarlos por un minuto de sus cajitas y latas en las que están cuidadosamente guardados desde hace tanto tiempo. 
Así que por un día estos modestos instrumentos de costura se convierten en los protagonistas de nuestro blog, sabiendo que ya han adquirido, casi todos ellos, la categoría de centenarios:



Un puñado de botoncitos de azabache



Un puñado de botoncitos de cristal



Un puñado de botoncitos de nácar



Un puñado de botoncitos de madera



Un puñado de botoncitos de pasta




Borlones para pasamanería



Botones forrados de hilo y de tela







 Un botón de luto, para el ojal



 Este botón es mucho más moderno, de septiembre de 1971
Perteneció a nuestro padre




 Borlones de seda natural


Un pisacuellos simple



 Unos gemelos de metal



 Punzones y agujas de hueso
Antes era habitual ir al "moriero de los burros" a recoger huesos
para hacer utensilios y herramientas para la costura y la marroquinería



Dos huevos de madera para zurcir calcetines
Uno perteneció a "las Piñeritas", el otro a nuestra abuela Natalia




En aquel soberado quedan aún mil y un tesoros, que otras generaciones de niñas exploraron después que nosotras. A Teresita le encantaba que su nieta Elisa fuera una de las exploradoras y admiradoras del refino de nuestra bisabuela. Y seguro que estará feliz pensando que dentro de poco nacerá su bisnieta o su bisnieto, y en pocos años una nueva generación de "exploradores", la quinta, volverá a subir los escalones de madera para admirar los "tesoros" de la "retatarabuela" Antonia.



.