martes, 29 de julio de 2014

Cómo se desmota la lana

 Lana de oveja lista para desmotar
Debajo, una manta de lana del batán de nuestra bisabuela



Por Esperanza Cabello


Cada verano llega el momento de desmotar colchones y almohadas... o al menos llegaba, hace cincuenta años. Actualmente dudamos que sigan existiendo muchos colchones de lana, poco a poco han ido dando paso a colchones modernos, más cómodos y que dan menos trabajo.
Pero nosotros conservamos y renovamos las almohadas de lana, desde siempre. Nos parecen más cómodas, más frescas y más adaptables
Los últimos colchones de lana que conocemos estaban en la casa de nuestra tía Teresita, en el "soberao", y siempre nos dejaba que cogiéramos un poco de lana para ir renovando nuestras almohadas.
Y cada verano, como hace cincuenta años, lavamos y desmotamos la lana.



 La lana desmotada y la lana abatanada

 Con el uso y el paso del tiempo, la lana, que en origen es esponjosa y suave, se abatana y se apelmaza, por eso hay que desmotarla.
Cada vez que abrimos las almohadas para lavarlas nos acordamos de nuestra bisabuela Antonia. En primer lugar porque desde los diez años trabajó en el batán de su padre (en este enlace podemos leer la historia), y además porque la recordamos en la azotea de nuestros abuelos, sentada en una sillita baja, junto a un montón de lana abatanada desmotándola.
Con una paciencia infinita nuestra bisabuela cogía uno a uno los mechones de lana y los separaba, quitándoles las pelusas, las semillitas, los trocitos de hojas, las hebritas de hilo y todos los trocitos minúsculos de cosas que no eran lana.

Cuando pasábamos corriendo y jugando nos llamaba: "Ven un ratito a ayudarme", y nos sentábamos un rato a intentar separar las fibras de lana. Apenas habíamos desmotado uno o dos montoncitos, nos aburríamos y seguíamos jugando, mientras ella continuaba, paciente, la labor.
Y eso que nuestra bisabuela no se caracterizaba precisamente por la paciencia, pero la recordamos dedicada a ella, y también, a su lado, su inseparable Rosario.

Ya hemos perdido casi todo el vocabulario relacionado con la lana y con su cuidado, apenas nos queda lo imprescindible: esquilar, desmotar, abatanar, enfurtir... También sabemos que un vellón (o tusón) de lana es toda la lana de una oveja cuando se esquila; un mechón es cada uno de los trocitos de lana, y las hebras son los mechones, ya hilados, que sirven para tejer o coser.



Desmotando la lana, hay que separar las fibras y quitar las partículas extrañas


Ahora es un lujo poder lavar y desmotar cada año la misma lana que guardamos celosamente. En verano los días son largos, la lana seca bien y colocamos nuestro montoncito de lana de las almohadas (muchísimo más pequeño que el de los colchones de nuestra bisabuela) sobre una de sus mantas, de las mantas fabricadas en el batán hace tantos años.
Con paciencia infinita vamos separando los mechones y las hebritas de lana, y entre las charlas de la sobremesa vamos viendo cómo el montón de lana abatanada se hace cada vez más pequeño, mientras que la lana esponjosa y suave va acomodándose en las fundas para servir de almohada un año más.
¡Quién sabe! Quizás algún día nuestros bisnietos se pregunten qué es la lana.

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