jueves, 25 de septiembre de 2014

La inauguración del pantano de Guadalcacín, 1908

El imparcial, 16 de febrero de 1908

Por Esperanza Cabello

Nuestras excursiones a la Biblioteca Nacional de España son siempre muy fructíferas. Encontramos datos, imágenes, curiosidades, personajes...
Hoy hemos estado leyendo el reportaje de la inauguración del pantano de Guadalcacín por el Ministro de Fomento, don Rafael Gasset y Chinchilla.


                                                           Rafael Gasset y Chinchilla
                                            Ministro de fomento con el rey Alfonso XIII

Aunque el pantano de Guadalcacín está relativamente cerca, su relación con Ubrique es solo porque una parte de las aguas de nuestros ríos van a parar a este pantano, puesto que en realidad los que lo utilizan para regar son los agricultores de Arcos y Jerez. 
De todas formas, es muy curioso leer el relato de aquella jornada histórica, que debió de significar mucho en una Andalucía deprimida y pobre, en la que no había ni pan ni trabajo.




Viaje del Ministro de fomento El Imparcial, 1908
Las obras del Guadalcacín. Inauguración
Jerez, 15 (7,45 noche)


A las ocho de la mañana salió el ministro de Fomento y las comisiones que le acompañan para el lugar en donde habían de inaugurarse las obras del pantano del Guadalcacín.
La comitiva ocupaba seis automóviles y nueve carruajes.
En el sitio en donde se había de celebrar la inauguración de tan importantes obras esperaban al ministro más de ocho mil personas de los pueblos inmediatos.
Al llegar el automóvil que conducía al ministro, aquel gentío prorrumpió en vivas y aplausos que no cesaron hasta que el señor Gasset bajó del carruaje y se aproximó a los grupos, dirigiéndoles palabras de agradecimiento por aquella manifestación de afecto que le tributaban.
El pantano de Guadalcacín tendrá gran importancia.
El embalse alcanzará una extensión de 15 kilómetros y contendrá setenta y seis millones y medio de metros cúbicos de agua procedente del Guadalcacín, río que recoge las aguas en Grazalema y Ubrique y que se une al Guadalete en La Pedrosa, lugar inmediato al vivero de Obras Públicas.
Con el agua del pantano se regarán 10.000 hectáreas de terreno, de las cuales 1.300 corresponden al término de Arcos de la Frontera y 8.700 al de Jerez, beneficiando en su totalidad a los llanos de Caulina, tierras próximas a Jerez.
La altura de la presa tendrá 34 metros.
El estudio ha sido hecho por el distinguido ingeniero de caminos don Pedro González Quijano.
Las obras tendrán que estar terminadas en el plazo de tres años.
Cuando el ministro llegó a la tienda de campaña dispuesta para la inauguración de las obras, fue saludado con vivas y aplausos.
El Arcipreste, señor Nolle, revestido de pontificial, bendijo las obras. En aquel momento, aquella multitud que presenciaba el acto guardó un silencio sepulcral.
El ingeniero Sr. Quijano me dijo que para dar idea de la cantidad de agua que contendrá el pantano, basta decir que si se llenara de vino de Jerez se necesitarían todas las cosechas desde el Diluvio Universal.

Discurso del señor Gasset

El Señor Gasset habló al pueblo y dijo:
“Ningún momento de mi vida pública ha sido tan satisfactorio como este, porque la obra del pantano de Guadalcacín es obra de redención y porque con ello se salvarán los propietarios y tendrán trabajo y pan los obreros. (Grandes aplausos.)
Esos obreros son la fuerza nacional. Esos bancales son las trincheras modernas, tras de las cuales está la riqueza que debe ser la fuerza de la patria. (Gran ovación.)
En nombre de Su Majestad el Rey inauguro las obras del pantano de Guadalcacín. ¡Viva el Rey!
-¡Viva!- contestan los obreros.- ¡Viva Gasset! ¡Viva el protector de los obreros!- repiten muchas veces.
Después de pronunciar el ministro las anteriores palabras, se encendió la mecha de los barrenos y se dispararon los cohetes.
Vivas delirantes acogieron la explosión.
Estaban inauguradas las obras. Los alcaldes de Jerez y de Arcos ofrecieron copas de champagne al ministro, y éste, antes de beber, cedió una  a un obrero.
Aplaudióse este acto estruendosamente y se repitieron los vivas entusiastas al señor Gasset.

Una escena de miseria
Después de inaugurar las obras  ocurre una escena tristísima, reveladora de la miseria que reina en este país.
Por entre la muchedumbre, compuesta en su mayoría de obreros de Arcos de la Frontera, de Paterna y de Algar, se dirige el ministro a tomar su automóvil.
Millares de voces gritan ¡Pan y trabajo! ¡Pan y Trabajo!
Un obrero de rostro cadavérico se acerca al señor Gasset y dice:
No es para nosotros, señor. Es para nuestros hijos, que mueren de necesidad.
Millares de personas repiten: ¡Es verdad! ¡Es verdad!
Mujeres y hombres, llorando, despiden al ministro y le dicen que están confiados en que sus promesas sean sinceras.
Al partir el carruaje que conduce al señor Gasset la gente prorrumpe en vivas y aplaude frenéticamente.
Desde la Angostura de Arcos se dirige la comitiva al vivero de obras públicas, y cuando hicieron alto los carruajes eran las dos de la tarde.

Almuerzo
Allí se celebró el almuerzo que ofrecía al ministro el Ayuntamiento.
A los postres, el alcalde propuso que se dirigieran dos telegramas: uno al mayordomo mayor de Palacio, reiterando la adhesión a la corona y exponiendo la satisfacción que sentían las autoridades, los diputados a Cortes y los provinciales, los presidentes de las Cámaras de Comercio y Agrícola y todos los labradores y comensales en general por las nuevas orientaciones de la política española con el triunfo de la política hidráulica, que permite confiar en la regeneración de la agricultura, y el otro telegrama, firmado solamente por el alcalde de Jerez, al presidente del Consejo de Ministros,  participándole la importancia y el entusiasmo del acto realizado y las angustiosas escenas desarrolladas en aquel país por la crisis obrera.
El señor Gasset pronunció algunas palabras de agradecimiento, y la comitiva tomó nuevamente los carruajes, regresando a Jerez, después de hacer alto por breves momentos en el cortijo de Gédula, donde sus dueños, los señores de Peña, obsequiaron espléndidamente al ministro y a las comisiones.


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