sábado, 9 de mayo de 2009

El verdadero tesoro de Ubrique: el agua

Foto: Leandro Cabello Izquierdo
La Fuente de la Tarántula. Mayo 2009


Las historias y leyendas en nuestro pueblo son casi infinitas. Cada una de las generaciones que por aquí han pasado ha tenido sus propias historias y los vestigios del pasado nos recuerdan, a veces veladamente, que las cosas no siempre son lo que parecen.
La historia de este manantial es muy confusa. Hemos recordado entre todos que había una fuente a la que nuestro padre nos llevaba de pequeños y que, según la tradición, ocultaba algo maravilloso: un tesoro. Es la Fuente de la Tarántula.
Enclavada en un lugar de fácil acceso, conserva la verdura y la belleza de todos esos lugares de nuestra sierra que aún no están demasiado a la vista. Durante años se dijo: "En la frente del moro está el tesoro" porque al parecer había una cara esculpida en el caño de la fuente.


Foto: Leandro Cabello Izquierdo. Mayo 2009
El agua: verdadero tesoro para todos nosotros


Parece ser que hubo un tiempo en el que muchos ubriqueños se dedicaron a buscar el pretendido tesoro, y que cavaron incluso enfrente de la fuente, por si acaso había confusiones con las palabras "en la frente" y "enfrente"; definitivamente el monte se quedó lleno de agujeros, pero ahí quedó la cosa. Nunca nadie encontró ningún tesoro.
Nosotros pasamos por allí muchas veces cuando éramos chicos, de excursión o buscando vestigios de los posibles pobladores de la zona, y tampoco encontramos nada destacable, aparte de la belleza del lugar.



Foto: Leandro CabelloIzquierdo. Mayo 2009
Magníficos pilones de la Fuente de la Tarántula


Pero nuestro hermano Francisco Cabello recuerda la explicación de nuestro padre: el verdadero tesoro es la fuente. En una zona seca, sin otros manantiales, este manantial constante todo el año es un verdadero tesoro. Así que lo dejamos tal cual, sin más búsquedas, e intentando conservarlo como lo encontramos: "En la ¿fuente? del moro está el tesoro"

Esperanza Cabello Izquierdo, mayo 2009

jueves, 7 de mayo de 2009

Historia de la traída de aguas a la Villa de Ubrique

Foto: Leandro Cabello. 2009
Fuente "de utilidad pública" desde hace 272 años


Transcribimos un artículo de investigación escrito por Manuel Cabello Janeiro en agosto de 1968 y publicado por el Ayuntamiento ese mismo año:

" Cuando, hace 300 años, en 1668, se finalizó la construcción del Convento de Capuchinos de Ubrique, faltaba dotarlo del agua necesaria para el gasto de la comunidad que en él había, así como para el riego de la huerta que lo circundaba.
Fue el Padre Nicolás de Córdoba quien, a mediados del siglo XVIII nos dejó escrito el relato sobre la propiedad que dicha comunidad capuchina tenía sobre el agua procedente del Benalfí. El referido autor, por las fechas antes indicadas, investigó sobre la base jurídica de dicha propiedad, sacando como consecuencia que era una servidumbre del convento desde su fundación.
El agua era llevada al convento, en esta primera época, por tajeas descubiertas y, para pasar el arroyo, llamado "Arroyo Seco", había un canal de madera sobre postes. Posteriormente un hermano capuchino, Fray Pedro de Tebas, al que popularmente llamaban "eminentísimo ingeniero", vino a Ubrique y restauró por completo toda la traída de aguas al convento, encauzándola a través de cañerías; también comenzó la obra de los Nueve Caños, terminándose ésta después de su muerte en el año de 1723, según consta en la lápida conmemorativa que allí existe, en bastante mal estado debido a las concreciones del agua y la humedad, esperando que este trabajo sirva de aviso para ponerla en un sitio más indicado y seco.



Fuente de los nueve caños.
Fotografía de mediados del siglo XIX recuperada por Manuel Cabello


Se comenzó entonces por fabricar un acueducto que salvara el desnivel del nacimiento (llamado Rodezno). Este acueducto era arcado y tenía una fuente con abrevadero que subsistió hasta que en 1937 se realizó la obra nacional de traída de agua a Ubrique.



Conducción de aguas al convento.
Fotografía de mediados del siglo XIX recuperada por Manuel Cabello



Posteriormente se llevó el agua a la Fuente de la Plaza, por un sistema mixto de tajeas y atanores.
La fuente se construyó al gusto de la época. En su parte ornamental está formada por piedra arenisca labrada (es muy posible que la fachada del Ayuntamiento actual, construido en la misma época esté fabricado con el mismo material ornamental, por ser un conjunto armónico, ahora bajo gruesa capa de cal). La pila es de una sola pieza de piedra caliza.


Fuente de la Plaza, 1968
Fotografía: Manuel Cabello


La total terminación de la obra fue en 1727, once años después de iniciada, acreditando este dato el texto lapigráfico existente en el frontispicio de la fuente que textualmente dice así:


A ESPENSAS DESTA Vª (villa)
SE HIZO ESTA OBRA SIENDO CORREGD. (corregidor)
EL S. DN. FERNANDO MARQUEZ BARREÑO
AÑO 1727
 
(véase en este enlace el error en el apellido del corregidor) 

Dos siglos más tarde el General Queipo de Llano en bando fechado el 14-12-36 autoriza dentro de la Obra Nacional emprendida de reconstrucción un moderno sistema de traída de agua a la villa. Tomándose aguas del Benalfí y del Nacimiento y almacenándose, por medio de una central elevadora en un depósito de gran capacidad unos 520.000 litros de agua, suficiente para el suministro de una gran ciudad.
Este nuevo servicio de aguas fue inaugurado solemnemente el 4 de octubre de 1937 por el mismo General Queipo de Llano.

Ubrique, agosto de 1968
Manuel Cabello Janeiro



Nota del 21 de febrero de 2013: Nuestro amigo José María Gavira ha descubierto que el corregidor de esta ciudad en 1727 no era Fernando Márquez Barreño, sino Mancheño. (Pinchando aquí pueden leer el artículo en Triplenlace).







lunes, 4 de mayo de 2009

El oso del Berrueco. Apuntes para una Historia. 1968.


En el programa de la feria de 1968 hemos podido leer varios artículos muy interesantes, entre ellos uno titulado "Apuntes para una historia", en el que Manuel Cabello Janeiro hace un primer esbozo de la situación histórica y geográfica de Ubrique, y nos cuenta al mismo tiempo sus primeros descubrimientos de restos prehistóricos y su primera experiencia escolar visitando los lugares históricos. Lo transcribimos a continuación:




Ubrique: Apuntes para una historia, por Manuel Cabello Janeiro.



Foto: Luis Eduardo Rubio
Vista de Ubrique desde la carretera que va al Peñón del Berrueco.


"La privilegiada situación de Ubrique nos hace pensar que en todo tiempo fue apetecido por los pueblos de la antigüedad.
Si analizamos esta situación bajo el aspecto ofensivo-defensivo de la época, no podemos encontrar lugar de mayor interés desde las costas gaditanas donde se producirían las infiltraciones hacia el interior que las moles rocosas que nos rodean, llamada Montaña Magna en tiempos romanos o Sistema Penibético en la actualidad. Tajos recortados, murallas naturales, lugares inaccesibles, abundancia de agua y de alimentos...
Y si analizamos esta situación desde un punto de vista geográfico, indudablemente alcanza un valor estratégico extraordinario. Como he dicho antes, todas las invasiones que sufrió España en la antigüedad y que penetraron por el sur, forzosamente hubieron de pasar por aquí. Después de atravesar las grandes llanuras gaditanas (campiñas de Jerez, llanos de Caulina y de la Mata) el primer obstáculo que encontraban a su paso era el río Guadalete (antiguo río Lethe, de etimología céltica) y una vez atravesado éste, que de por sí era una frontera natural, primero encontramos elevados montes que van desde la Sierra de las Cabras hasta Zahara de la Sierra, pasando por Arcos, Prado del Rey y Algodonales.

Este segundo murallón de montes, más o menos elevados, presentaba una segunda muralla natural para la defensa de estas invasiones, las cuales, si se asentaron en estos lugares, indudablemente debía de ser por poco tiempo, aunque posteriormente, y dentro ya de la Civilización Romana, aparecen dentro de la zona tres centros que alcanzan gran esplendor en la época. Me refiero al de Cabeza de Hortales (Ituppci), al de Bornos (Clarisa Aurelia) y por último al de Grazalema (La Lacídula romana). Pero una vez pasada esta cadena de montes aparecen las gigantescas montañas de Ubrique, verdadero paraíso para el hombre prehistórico. Y aunque vivió durante muchos miles de años en esta zona, como posteriormente demostraremos, fue durante el período Eneolítico cuando alcanzó su máxima vivencia. Así lo confirman innumerables hallazgos de esta época, donde se entremezclan el uso de los metales con la piedra finamente pulimentada.
Y una vez situados en el actual término municipal de Ubrique, investigaciones sobre el terreno nos demuestran que hubo un verdadero foco de cultura eneolítica en la zona comprendida entre el Peñón del Caldereto y el Salto del Pollo, en el lugar denominado "el Rincón".


Foto: Luis Eduardo Rubio
Peñón del Berrueco



Bajo el aspecto histórico de nuestro pueblo, hay un dato de indudable interés que no es por muchos conocido: en mayo de 1963 un grupo de amigos, entre ellos el actual alcalde de Ubrique, Manuel Janeiro, los hermanos Vilches Moreno, Rojas, Mateos y el autor de este trabajo realizamos una exploración a la cueva del Berrueco. A unos 200 metros de profundidad encontramos unos huesos totalmente fosilizados que en principio creímos que eran sólo humanos. Posteriores estudios nos demuestran que son humanos, pero entremezclados con los de un animal gigantesco, posiblemente un oso de las cavernas, y que desde luego puede asegurarse que tienen una antigüedad superior a los 60.000 años. Estos restos se encuentran en la Universidad de Sevilla para su total estudio.







Foto: Luis Eduardo Rubio
Entrada a la Cueva del Berrueco, actualemente cerrada para la protección de refugios de quirópteros cavernícolas (murciélagos).


Considero vitalísima esta apreciación histórica para el conocimiento de la comarca. Es el hecho histórico más antiguo de Ubrique, y sale por primera vez a la luz pública.
He de abandonar estos apuntes que me han sido necesarios para que el lector sepa que el hombre vivía, desde esa época remota, en un paraíso rodeado de todos los medios para cubrir sus necesidades, agua, caza, pesca, refugio...
¡Ese paraíso es Ubrique!

EL COLUMBARIO.
 Fue un maestro precisamente, Don Fernando Gavilán, quien, cuando aún no tendría yo 10 años, nos llevó de paseo al Salto de la Mora. Nuestra mentalidad infantil bullía, cómo no, a la búsqueda de tesoros. Y, efectivamente, a flor de tierra encontré el mío, una moneda, ilegible y desgastada, pero romana al fin y al cabo. ¡Con qué placer la guardo! Ha sido ella la que ha influido en mí para despertar mi afición arqueológica. Posteriormente mis excursiones al Salto de la Mora han sido muy numerosas, y siempre me llamaba la atención aquel edificio que está cerca de la entrada y que todos llaman "Mezquita".
Ya de mayor me dolía terriblemente que aquella maravilla arqueológica, como así la han definido los expertos en la materia, se encontrara en estado tan ruinoso, como el resto de las edificaciones de la misma época y que servía de porqueriza o redil. Todos los pueblos deben preocuparse por la obra de sus mayores, porque si no fuera así no tendríamos historia.




... Y un día escuché la famosa voz de Misión Rescate llamando a todos los maestros. Y de ella me hice eco. Durante varios meses del pasado año hice ver a los organismos rectores de esta Misión popularizada por RNE y TVE que en Ubrique se conservaban vestigios muy interesantes de su antiguo esplendor. Pero mi palabra debía ir acompañada por el dictamen de un técnico. Por eso el año anterior pasamos desapercibidos. Durante el pasado verano me puse en contacto con el Prospector Arqueológico de la Universidad de Sevilla, Don Salvador deSancha, el cual, trás una visita de inspección al templo funerario, quedó maravillado.
Después de varias entrevistas, el pasado mes de enero Ubrique se honra con la visita de don Juan de Mata Carriazo , eminente arqueólogo, Catedrático de la Universidad de Sevilla y Delegado Regional de excavaciones arqueológicas, quien visita el Salto de la Mora.
Sus expresiones, entusiastas y sinceras, aún las recordamos con satisfacción. Le hizo a nuestro alcalde un bosquejo de las obras que allí han de realizarse, sobre todo de estudio, pues por encima del aspecto exterior que posee, puede ser que guarde en su interior vestigios de una super cultura que podría ser símbolo de una grandeza única no sólo en esta comarca, sino en España entera.

Elevadas a Madrid todas estas impresiones que hemos ido recogiendo durante el pasado curso, TVE nos honró el día 5 de enero situándonos en el Libro de Oro de Misión Rescate y al final del curso la gran satisfacción del Trofeo de Plata.
Aparte de esto, el Ministerio de Información y Turismo, conocedor de esta Misión Cumplida, otorga a Ubrique un Premio Nacional de Promoción al Turismo."

Manuel Cabello Janeiro
Ubrique, septiembre de 1968

Subida al Pico de San Cristóbal. 1932

Don Francisco García Parra en la cima del San Cristóbal. 1932

Sabemos que Don Francisco García Parra era un gran amigo de la familia, y hemos recuperado este recuerdo familiar, por la similitud que tiene con los nuestros y por ser, sin saberlo, el precedente de tantas y tantas subidas al Pico. Don Francisco está a la derecha del sacerdote, con sombrero y corbata. En el reverso de esta interesante fotografía podemos leer, escrito por él mismo:

"Recuerdo de nuestra excursión a la "Sierra del Pinar" (Grazalema). Grupo de asistentes en la cumbre del "Pico de San Cristóbal"
Ubrique, junio 1932"

Galería de publicaciones de Manuel Cabello

Programa de la Feria de Ubrique de 1968

En este programa de la feria de 1968, siendo alcalde de Ubrique Don Manuel Janeiro Carrasco, encontramos los dos primeros escritos editados de Manuel Cabello Janeiro:
"Apuntes para una historia", sobre el redescubrimento del Salto de la Mora y la "Historia de la traída de aguas a la villa de Ubrique".

Después de estos escritos podemos encontrar publicaciones en la prensa nacional y provincial, artículos, como el de la Palmera del Convento, que iremos transcribiendo poco a poco.





1992

Esta historia de los "Janeiro" se estaba fraguando desde finales de los años ochenta, y fue publicada para la Primera Convención de la familia, en 1992.





Primera publicación.1987

Su primer "gran libro". Publicado en 1987 y dedicado a todos los colaboradores de Misión Rescate. Es su primera historia de Ubrique a través del trabajo con los alumnos y del estudio de los yacimientos y restos históricos
.





Publicación colectiva. 1985







El Beato Diego José ... y Ubrique. 1994

Es su primera obra dedicada a un ubriqueño, y primera aproximación al Obispo Panal. Publicado en 1994, fue el resultado de numerosos estudios en los archivos municipales y en los archivos de los Capuchinos.







Ubrique, piel al descubierto, 1992


Su "segundo gran libro" le supuso un tremendo esfuerzo de documentación, investigación y coordinación. Ubrique, piel al descubierto es, sin duda, el libro más conocido, aunque también el menos citado. En él podemos encontrar todo tipo de información sobre cultura, tradiciones, fiestas, gastronomía e historia de nuestro pueblo.
Publicado en 1992, es un libro escrito en español, inglés y francés, con los datos que, desde esa fecha, ha utilizado la oficina de turismo de Ubrique para hacer sus folletos publicitarios








Obispo Panal, un hombre comprometido, 1997

Su última publicación, en 1997, sobre la vida de un ubriqueño ilustre. Para su documentación se vio obligado a visitar en un par de ocasiones con Esperanza Izquierdo, su mujer, la capital de la República Dominicana, donde el Obispo Panal ejerció su ministerio.



Además de estas publicaciones, Manuel Cabello escribió varios artículos y borradores: sobre la historia de la piel en Ubrique, sobre los deportes nauticos, sobre arqueología científica, sobre diferentes aspectos de nuestra comarca... También escribió una crónica de radio diaria durante más de treinta años, auténtico documento histórico que intentamos recuperar y que supone un relato diario de nuestra historia.

Esperanza Cabello Izquierdo, mayo 2009.

Los "pequeños tesoros" de Manuel Cabello: la antigua fachada del San Antonio



Ubrique, vista de la Torre del San Antonio

Por Esperanza Cabello

Esta es una de las increíbles fotografías que consiguió Manuel Cabello para la documentación de su libro "Ubrique, encrucijada histórica". Sabíamos que algunas de ellas se las había proporcionado amablemente Doña Rosario Corrales, y que eran de la primera mitad del siglo XIX, pero hemos tenido acceso al texto escrito en el reverso de esta fotografía y nos ha parecido tan interesante que lo transcribimos a continuación:


"Casa número 47 de la antigua calle Real (hoy Queipo de Llano), esquina a la Plaza de la Constitución de esta villa, donde a principios del siglo XIX se hallaba instalado el taller de botinería de Don Serafín Vecina Poley, que dió origen a nuestra acreditada industria local de artículos de piel.
Esta fotografía está sacada en dicha época, como se puede comprobar por la indumentaria de las personas que se ven en ella, la antigua urbanización que se observa en la misma y la Torre de San Antonio, que aparece antes de su reforma hecha a mediados del XIX.
Actualmente la fachada de dicha casa se encuentra en el mismo estado."

Ubrique, año de 1955
F.G.P.

Se trata de un escrito de Francisco García Parra sobre la casa señalada con una cruz. Es exactamente la misma que conocimos como la ferretería de Maza, que se conserva actualmente con el mismo aspecto que en 1850. Manuel Cabello utilizó esta fotografía, junto a una más actual del San Antonio, para la portada de su primer libro. Es la única que se conserva con el antiguo aspecto de la Torre del San Antonio, actual símbolo de nuestra localidad.

Esperanza Cabello Izquierdo, mayo de 2009.

Los hermanos Cabello Janeiro: una gran familia

Hermanos Cabello Janeiro, 1934

Entre estas dos fotografías hay casi cincuenta años de historia. Se trata de la primera que se tomó al grupo de hermanos mayores, y la última que se tomó a todos los hermanos juntos. La familia Cabello Janeiro siempre fue una gran familia unida, a pesar de los reveses de la vida y a pesar de las pruebas por las que han debido pasar.

Los hermanos Cabello Janeiro, los hermanos Clotet Lara y Cabello Clotet, 1996

El primer hermano, Francisco, nació muy enfermo y vivió nueve años. Su enfermedad no fue impedimento para ser un niño querido y cuidado. Su madre Julia y su tía Ana se encargaron de mimarlo en todo momento.
Después vinieron Julita, Manolo, Joaquina, José María, Ana María y María Remedios. Todos ellos han mantenido el contacto y el cariño durante todas sus vidas. haciendo las niñas de enlace entre todos ellos. Ahora, lamentablemente, Manolo y Julia no están con nosotros, pero queremos guardar el recuerdo de esta foto familiar, con la alegría de la celebración de las bodas de plata del hermano pequeño y con la gran sonrisa con la que parecen saludarnos a todos.

viernes, 1 de mayo de 2009

Las tradiciones ubriqueñas: la Romería de San Isidro Labrador

El citroen dos caballos de carroza en la Romería de San Isidro de 1964


Por Esperanza Cabello


La Romería de San Isidro ha sido siempre una de las manifestaciones populares más arraigadas en Ubrique. En su libro "Del sombrero de tres picos a la montera", Manuel Cabello nos cuenta que fue su tío abuelo, Humberto Janeiro, quien organizó las primeras romerías. De él dice:
 
 
"Humberto fue un gran artista, como sus hermanos mayores. De gran longevidad, su vida está llena de recuerdos. Fue un inquieto andariego que recorrió las Américas; Oficial de Correos, artífice amplio y nato.
Llegado a la madurez ocupó oficio en la antigua Hermandad de Labradores y Ganaderos, con la que funda la Romería de San Isidro, y dentro de ella, sus inolvidables concursos de "las calles", que le dieron gran fama.
Hombre locuaz, dicharachero y alegre, de fácil palabra, a todos hizo bien y a nadie hizo daño."






Con la familia en la romería de San Isidro de 1962


Nuestra familia participó activamente en todas las primeras romerías. Con mulos, con caballos, con carretas auténticas y con el dos caballos convertido en carreta. El caso es que todos íbamos a la "cañá de los Gamonales" el 15 de mayo de cada año.



En la Romería de San Isidro de 1968.
Cañada de los Gamonales


Más tarde, cuando la empresa "Los Amarillos" puso en funcionamiento autobuses para transportar a los ubriqueños a la romería, también acudíamos, ya sin carreta, pero siempre con ganas de fiesta y de días de campo.


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Unas bodas de rumbo en Ubrique. Crónica de Francisco García Parra

Boda de Manuel Cabello Y Esperanza Izquierdo. 1956


 
Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo se casaron el diez de septiembre de 1956 en Ubrique, en una ceremonia única con una celebración espectacular en su momento. Fue una boda doble, porque al mismo tiempo se casaron nuestros tíos Francisco Izquierdo y Carmen Sánchez.
Era la primera boda de la familia en muchos años. Leandro tenía muchos compromisos por su trabajo y las tres familias eran muy conocidas y queridas en Ubrique. Creemos que esta boda merece una mención especial, pero, mejor que nosotros, que no pudimos estar allí, dejaremos a un amigo de la familia que lo haga.

Transcribimos a continuación el escrito de Don Francisco García Parra, amigo de nuestro abuelo Leandro, a propósito de esta boda:


"Bodas de rumbo en Ubrique"
10 de septiembre de 1956

Hoy se han celebrado en esta villa, con inusitada esplendidez, los enlaces matrimoniales de la señorita Esperanza Izquierdo Fernández con Don Manuel Cabello Janeiro y la señorita María del Carmen Sánchez Rubio con Don Francisco Izquierdo Fernández, hijos de los acreditados industriales de esta plaza Don Leandro Izquierdo Rivera, Don Francisco Cabello Orellana y Don Juan Sánchez Gago.
Nuestra modesta pluma, de suyo poco diestra, se resiste doblemente por la dificultad de encontrar adecuadas frases que expresen un fiel reflejo de los interesantes actos que hemos presenciado esta tarde.
En lujosos tarjetones previamente repartidos con profusión entre sus numerosas amistades de dentro y fuera de la localidad, acompañados de invitaciones personales para la merienda, fueron anunciadas ambas bodas para las dieciocho horas de hoy en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la O.
Antes de la citada hora, numerosísimo público esperaba ya impaciente en los alrededores del templo a las dos felices parejas, que llegaron con rigurosa puntualidad seguidas de una brillante comitiva en lujosos autos particulares.
La extraordinaria expectación subió de punto en aquel momento entre la muchedumbre que ya ocupaba por completo la Plaza de la Iglesia (hoy de Francisco Fatou y Lucas), que después llenó plenamente las naves del templo ofreciendo éste un sorprendente aspecto.
A los acordes de una marcha nupcial entró la comitiva en la Iglesia, todos de etiqueta o de uniforme y luciendo las novias preciosos modelos de seda blanca, celebrándose la solemne ceremonia en el presbiterio, frente al altar mayor, simbólicamente adornado con profusión de blancas flores.
Actuaron de padrinos Don Leandro Izquierdo Rivera y su señora, Doña Natalia Fernández Piñero, que quisieron apadrinar los matrimonios de sus dos hijos, y Doña Julia Janeiro de Cabello, que fue madrina en el de su hijo.
Bendijo las sagradas uniones el culto Sacerdote Reverendo Don José María Cabello Janeiro, Doctor en Derecho Canónico y Licenciado en Sagrada Teología, hermano de uno de los contrayentes.- Después de las bendiciones nupciales, dirigió a los esposos una elocuente plática sobre la nueva vida matrimonial que empezaban hoy, exhortándoles a formar hogares cristianos que Dios santificará otorgándoles especiales bendiciones a sus familiares.
En las actas matrimoniales firmaron como testigos, entre otros familiares y amigos, el Gobernador Civil de Sevilla, Don Alfonso Ortí; el Coronel del Ejército del Aire Señor Navarro; el alcalde de Ubrique, Señor Gago; el cura Párroco de Ubrique y el Juez Comarcal Señor Sigler.
Al finalizar la ceremonia, fue entonada una salve solemne y los himnos de las Juventudes masculinas y femeninas de Acción Católica, a las cuales pertenecían los contrayentes.
Los nuevos esposos emprenderán su viaje de nupcias a Sevilla, Córdoba y Madrid, París y Roma.





París, Torre Eiffel, septiembre de 1956
Recuerdo del viaje de bodas

Los numerosos invitados, entre los que se encontraban distinguidas personalidades de Madrid, Sevilla y Córdoba, se trasladaron seguidamente desde la Parroquia al lugar elegido con indudable acierto para obsequiarles, que fue el amplio "Campo de Deportes San Sebastián", situado a la entrada principal de la población, entre el hermoso parque natural de las frondosas huertas que la rodean.
En el centro del campo, acotado con hileras de macetas que enlazaban entre sí originales adornos de ramaje, se hallaban colocadas cerca de un ciento de mesas aisladas unas de otras, dispuestas con servicio completo para unas quinientas personas y divididas en dos sectores a los lados de amplia calle, dando paso a la mesa presidencial que cerraba el frente.
La entrada de los nuevos esposos fue recibida con un clamoroso aplauso de la numerosa concurrencia, ocupando la presidencia acompañados de los padrinos, familiares y autoridades.
Mientras fue servida la merienda, todos contemplaban entusiasmados el magnífico cuadro que se ofrecía a nuestra vista.
Frondosos frutales asomaban sus ramas por encima de las tapias que cercan el recinto, como queriendo admirar también aquel hermoso espectáculo.
Rodeando nuestro frente, la inmensa mole de la abrupta Sierra de Ubrique servía de fondo a aquella magnífica decoración y a sus pies, extendido en forma de anfiteatro, el casco de población de nuestra pintoresca villa con su alegre caserío de inmaculada blancura y sus típicas torres de la Parroquia y de San Antonio, empinadas sobre sus firmes pedestales de rocas para observar atentamente lo que pasaba a su alrededor.
Los balcones y azoteas del pueblo aparecieron abarrotados de curiosos, que desde allí presenciaban el extraordinario suceso, prestándole a la vez su animado concurso.
Entre la selecta concurrencia se hallaban también los productores de las fábricas de artículos de piel, donde son empresarios los padres de los contrayentes.
Este armonioso conjunto, animado con la viva policromía de preciosos vestidos, últimos modelos de la moda femenina y la graciosa elegancia de las jóvenes que tan airosamente los lucían, semejaba una alfombra de bello y caprichoso dibujo, decorando aquella extraña y suntuosa mansión al aire libre.
El suculento "lunch" o merienda que anunciaba la minuta y que fue servida a los invitados, tuvo categoría de magnífica comida, compuesta de jamón del país y de York, medias noches, ensaladilla rusa, pavo trufado y ternera en su jugo. Todo esto acompañado de un riquísimo cap, abundante cerveza, una botella de vino por persona, en cuya etiqueta se leía "Embotellado especial para los enlaces Izquierdo-Cabello y Sánchez Rubio-Izquierdo", también champaña, licores y coñacs de las mejores marcas.
Al final se sirvió la tarta nupcial y se repartieron entre las señoritas unas elegantes cajitas de dulces con atenta dedicatoria, ofreciéndose a los caballeros sendos cigarros puros de selecta calidad, con los apellidos de los contrayentes impresos en el anillo.
El esmerado servicio estuvo a cargo del acreditado barman sevillano Paco Rodríguez. Un numeroso grupo de camareros uniformados esperaba la señal de su jefe para salir a servir en todas las mesas a la vez cada uno de los platos, con cierta desenvoltura y corrección dignas de elogio.
Finalizada la comida, se retiraron del local los novios y su acompañamiento presidencial, terminando entonces la parte más seria del acto y empezando otra ya más alegre entre el elemento joven de uno y otro sexo, acompañados de muchas otras personas que también se sentían jóvenes de espíritu.
Todos fundidos en una misma alegría, amenizaron la fiesta cantando y bailando de lo lindo, divididos en grupos que se rehacían entre sí para animarse mutuamente.
Las montañas cercanas sumándose también a esta jubilosa algazara, repetían sin cesar el clamoroso eco de la misma.
Poco después, una brillante iluminación eléctrica anunció la llegada de la noche, que majestuosa y serena quiso asimismo contribuir al esplendor de la fiesta, ricamente ataviada con su magnífico manto de luceros...
Este agradable ambiente, de gran animación, duró hasta las primeras horas de la noche, terminando sin que hubiera que lamentar la más pequeña nota discordante.
En resumen: que este solemne acto no ha sido uno más en su clase, sino una hermosa fiesta peculiar y característica de Ubrique, digna de haber sido impresionada en película. Pero esta falta fue oportunamente suplida por el joven fotógrafo Gustavo Herrera, que con su magnífico arte supo captar todos los momentos interesantes, y también por la numerosa concurrencia que siempre conservará impreso el vivo recuerdo de todo cuanto presenció en este bello espectáculo, que será memorable en los anales de nuestra historia local.


Ubrique, 10 de septiembre de 1956
Un ubriquense


domingo, 26 de abril de 2009

La Cerca: el campo de la familia Cabello Janeiro

Francisco Cabello en La Cerca. Abril 1974
 
 
Por Esperanza Cabello
 
 
La Cerca fue siempre el campo familiar, el campo de todos. Pertenecía en origen a la familia de nuestra abuela Julia por la parte de los Rubiales. Cuando murieron los bisabuelos, la heredaron todos los hermanos, pero nuestro abuelo Paco fue comprando poco a poco las partes a los hermanos de nuestra abuela Julia, includa nuestra tía Ana, que vivía con ellos.  
 
La Cerca se convirtió muy pronto en un refugio para todos y en mucho más, porque durante la Guerra Civil se siguió cultivando la huerta y fue de gran ayuda para que la familia siguiera adelante (a ello también ayudaron las palomas que había en el palomar del la casa familiar). Era una huerta frondosa y bien cuidada que se mantuvo muchos años. Nosotros conocimos a Frasquito, siempre atento y siempre trabajando, con su burro, aprovechando el manantial y la alberca para regar las lechugas, recogiendo las nueces, las aceitunas y las almendras.  
 
Nuestro abuelo nos contaba que tuvo un gran susto después de la guerra. A él le gustaba acercarse todos los días, y aunque el campo estaba junto al pueblo (es la actual urbanización Mirasierra), en realidad se encontraba aislado. Una tarde estaba sentado tan tranquilo, leyendo un ratito como en la fotografía de la entrada, cuando oyó que venían varias personas por los olivares. Se trataba de los maquis, y él temió que pudieran secuestrarlo o algo peor, así que salió corriendo, saltó alambradas y muros y fue capaz de saltar la pared de casi tres metros de las casas de las Reguera, que dan al Catalán. Él contaba que el miedo le dio alas, y nunca se explicó cómo había podido correr tantísimo.  
 
Más tarde, a partir de los sesenta, la Cerca se convirtió en lugar de reunión familiar, Manuel Cabello agrandó la alberca, rehicieron la casa un poco y toda la familia se reunía allí. Recordamos a los primos, a los tíos, a la familia, a los amigos; las paellas, los revueltos, las aceitunas, las nueces; los baños, las tertulias... 
 
Recordamos a nuestro tío Antonio Izquierdo contando anécdotas hasta altas horas de la madrugada para decir al despedirse: "Soy hombre de pocas palabras". Recordamos a los parientes de abuela Julia que venían a vernos y siempre era una novedad. Recordamos a nuestro abuelo sentado entre esas dos palmeras que creíamos que se había traído la abuela Joaquina desde Argentina (en realidad se había traído una platanera que siempre estuvo en el patio de la casa), o a nuestra abuela Julia buscando hinojos, porque le gustaban muchísimo, o a todos buscando palmitos, tagarninas, espárragos y caracoles, o los gamones para el Día de la Cruz, aunque poquitos, porque no era tierra de gamones. 
 
 Cuando se iba acercando la feria nos reuníamos los primos para coger algarrobas y venderlas, así teníamos un poco de dinero para los cacharritos. Después había que recoger aceitunas, poníamos una manta y vareábamos el olivo, y entre toda la chiburralea cogíamos muchísimas.
 
Vista de La Cerca desde la actual Plaza de las Palmeras, 
en plena primavera de 1983
 
 
La Cerca siguió siendo lugar de reunión incluso después de la muerte de los abuelos, pero ya no era lo mismo, cada uno había seguido su camino y ya estábamos desperdigados. El pueblo siguió creciendo, hacía falta terreno para construir y se presentó la oportunidad de vender una parte de La Cerca. Con mucha pena la familia vendió un trozo, donde estaba el manantial, que se cegó, la casa y la alberca. Conservamos aún unos cuantos miles de metros, pero nunca nos volvimos a reunir allí. En la actualidad quedamos sólo siete de los primos en Ubrique y tenemos o hemos tenido campito, y, aunque ninguno es como La Cerca, en todos nos seguimos reuniendo, hemos plantado palmeras y nogales; los niños juegan y se bañan y recogemos las algarrobas, las aceitunas, los espárragos, las tagarninas , los hinojos y los gamones. 
 
  ¡Ojalá que nuestros hijos tengan los mismos maravillosos recuerdos que tenemos nosotros! 
 
 Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

viernes, 24 de abril de 2009

Los "Manolos" de la familia Janeiro.

Cuatro de "los Manolos" de la familia. 1958


Esta es una foto muy entrañable de cuatro de los "Manolos" de la familia Janeiro. Los cuatro primos muy contentos en la boda de Manuel González Pan, a finales de los cincuenta. Esta era una fotografía muy apreciada por Manuel Cabello, siempre tan familiero, y fue una de las primeras razones para organizar el encuentro de los "Janeiro", a principios de los noventa. En esta boda se juntaron los primos Manolo Álvarez Janeiro, Manuel Janeiro Carrasco, Manuel Cabello Janeiro y Manuel Janeiro Pérez, y se dijeron que aún quedaban más primos "Manolos" y que deberían juntarse todos un día.
En la I Convención de Janeiros celebrada en Ubrique, se reunieron más de cuatrocientos descendientes y allegados, y por fin consiguieron reunir a todos los Manolos de la familia, lo malo es que ninguno de nosotros se acordó de contarlos, así que dejamos la duda de cuántos Manolos hay para quien quiera hacer el recuento total. Por el momento, y con un saludo especial para Manolo Janeiro "El genuino",y un beso para nuestro hermano Manolo, la foto de estos cuatro primos es un homenaje a todos ellos.

Esperanza Cabello, Ubrique, abril 2009

La mili al otro lado del estrecho.

Haciendo la mili en Ceuta


A Manuel Cabello le tocó hacer la mili fuera de la Península. Las influencias de abuela Julia no fueron suficientes para hacerlo volver a Andalucía, así que se tuvo que quedar en Ceuta durante año y medio. Eran tiempos duros, el principio de los años cincuenta, y la vida en Ceuta era difícil.
Su novia, Esperanza, le escribía todos los días, y en cada carta le mandaba un billete de una peseta, y un poco de picadura de tabaco que compraba en cuarterones a las "matuteras", mujeres que venían andando desde Cortes de la Frontera cargaditas con productos de Gibraltar: medias de cristal, ropa interior de nylon, combinaciones de señora, café, mantequilla "flande", chocolate, colchas y un sinfín de novedades que iban sirviendo para el ajuar de las "mocitas".

Manuel estuvo toda la mili sin venir a Ubrique, no tuvo permiso ni siquiera para venir a la boda de su hermana Julia, aunque lo intentó, pero los permisos fueron inexistentes.

Un día en que iba a visitar a unas amigas de su madre, llamó por teléfono a su novia, y entusiasmado con la conversación no quiso colgar, así que se gastó todo el dinero en la conferencia. No le quedó ni una peseta para comer. Cuando llegó a la casa de las amigas de su madre no consintió que le pusieran de comer, pero la amiga cortó unas tapitas... y no quedó ni la muestra.
Pero, afortunadamente, todo termina, y un día de verano de 1951, Esperanza había subido de paseo con sus amigas a Benaocaz, después fueron a Villaluenga, y volvió muy contenta porque al día siguiente regresaría su novio, pero, al vover a su casa, su abuela le dijo: " Yo he visto a un muchacho subir por la cuesta arriba..." El muchacho no había querido retrasar su llegada yendo hasta Ronda, así que se había bajado del tren en Cortes y se había venido andando para llegar un poco antes de tiempo.

Manuel llegó muy moreno, y con 17 kilos menos!

El primer coche de abuelo Leandro en Ubrique


 
Leandro Izquierdo Rivera con su Buick. 1940

La guerra civil sorprendió a Leandro Izquierdo trabajando en Madrid. Denunciado por otros ubriqueños, fue encarcelado y pasó los tres años de la guerra en Caravanchel. Tuvo muy buenos amigos entre los presos y los carceleros, que incluso le salvaron la vida, y pudo volver a su casa una vez terminada la guerra.
Aquí en Ubrique la vida había continuado con muchas dificultades, Natalia vivía con sus cinco hijos, Teresita y sus suegros en la Calle Real, y el abuelo Francisco se había hecho cargo, a su manera, de la fábrica de artículos de piel que Leandro había montado.
Cuando Leandro volvió a su casa, en 1939, el negocio estaba en crisis, pero el abuelo Fancisco había seguido fabricando piezas durante toda la guerra. Como había mucho género que vender y los transportes dejaban mucho que desear, Leandro decidió comprar un coche, un buick, que le sirviera para viajar con las piezas fabricadas para poderlas vender. Durante varios años trabajó como viajante, vendiendo sus propias piezas, hasta que consiguió rehacer su economía y continuar su negocio, cada vez más floreciente.
El coche lo vendió cuando no le hizo falta viajar más, porque, al ser el único vehículo del pueblo, tenía compromisos constantes para llevar a la gente de viaje, tantos que a veces le hacía la competencia al servicio de autobuses ya instaurado.
En la foto vemos a Luis Piñero (hermano de nuestra bisabuela Pepa y socio de Leandro), Leandro Izquierdo y Francisco Cabello, que también era fabricante y que más tarde sería su consuegro, saludando al autobús Jerez-Ubrique en la Venta Martín, en una fotografía que calculamos que será de 1940 aproximadamente. ¡Atención al calzo de la rueda trasera del autobús!


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miércoles, 22 de abril de 2009

Ubrique, corazón de la Sierra de Cádiz, por Manuel Cabello Janeiro.

Vista de Ubrique. Foto de Leandro Cabello


Transcribimos a continuación el artículo "Ubrique, corazón de la Sierra de Cádiz", escrito por Manuel Cabello y publicado por el periódico ABC número 21.816 el 15 de agosto de 1973:


"La llanura gaditana, la enorme llanura gaditana, se cansó de ser campiña. Cambió los llanos marismeños, rotos por las fisuras de esteros, los de caulina y la mata por las onduladas mohedas y suaves crestas; después... las moles gigantescas de la serranía. Desde Arcos, su gardián y su guía, se otea en el horizonte la mole enhiesta y grisácea del San Cristóbal. Su ciclópea configuración se señala a veces por su fantasmagórica figura; otras, es faro de esperanza para el navegante del Atlántico que se aproxima a las costas españolas.
Y a su sombra diecinueve pueblos, nacidos de la sobriedad innata de la sierra e hijos del devenir de la historia. Su situación, en el NE de la provincia de Cádiz y sobre las últimas estribaciones de la Penibética, le dan una fisonomía muy particular, a la vez que es brazo de unión de tres provincias hermanas: Sevilla, Málaga y Cádiz.
Sus bastiones, murallas inaccesibles, sirvieron de frontera en épocas pretéritas, y en él pensaba como paraíso soñado el hombre primitivo:
Sus ríos, encabezados por el rey de los cauces gaditanos, el Guadalete ( río Lethr, de antiquísima etimología céltica) vivificados por los de Ubrique, Tavizna y el truchero más meridional de Europa, que lleva el nombre de un bonito pueblo, "boom" turístico de la sierra: El Bosque, sirvieron, por su inagotable pesca, de almacén, a la vez que formaban un poderoso nudo de comunicaciones naturales.
Sus bosques, abundantes por sus estructuras geológicas y su clima, supusieron para el hombre primitivo recolección y caza.
Sus numerosas cuevas y cavernas suministraron la habitación necesaria, y en ellas nos dejaron libros abiertos con páginas muy interesantes de sus vidas, como son la Pileta, el Berrueco, las Palomas, el Aznar... y tantas y tantas otras conocidas o semiconocidas como abundan por la serranía gaditana.
Modernas técnicas arqueológicas llevadas a cabo en el Salto de la Mora, del término municipal de Ubrique, nos descubren un mundo totalmente inédito y científicamente comprobado: el púnico, de existencia anterior al milenio antes de Cristo, hablándonos de una cultura muy avanzada. Y debajo de esta cultura, restos muy significativos de la existencia del hombre anterior a este mundo púnico.
No cabe duda de la bondad del paisaje, paradójicamente encuadrada en sus propios riscos, que le sirven de defensa; sus abundantes manantiales (calizos, sulfídricos, salinos, minerales, termales, ferruginosos...) dan lugar a poderosas vías de penetración y comunicación, y sus bosques hacen de la serranía el lugar ideal para una existencia feliz.
Ya en tiempos más históricos, los romanos se asientan con un vigor sin precedentes en la serranía. Son numerosos los yacimientos, y entre ellos hay que recordar al bravo Ocurris, a la feliz Lacídula grazalemeña, al activo Ituppcis o a la majestuosa Clarisa Aurelia. Cuántas y cuántas villas y viviendas abundan por doquier!
Pero creemos, y esto no es bien conocido por todos, que sus valles, pasos, desfiladeros y cañones tuvieron un papel trascendentalísimo en la historia, ya que, al igual que a Viriato, sirvieron para desde allí atacar a las huestes romanas, en guerra de guerrillas; y a muchos héroes anónimos les han servido como parapeto en defensa de su tierra cuando ésta ha sido hollada por el invasor enemigo.
Modernos ejemplos tenemos en los guerrilleros serranos, héroes nacionales, Ceballos, Zaldívar y Juan Ruiz, el Vizcaíno (moderno carbonero que, con su partida, tuvo en jaque a mariscales y generales franceses durante varios años, en la guerra de la Independencia.
Pero volvamos atrás. Los pueblos godos, sobre todo los alanos, se contentaron con destrozarlo todo a su paso hacia África. No obstante, y en eso nos dejamos llevar por la fantasía y la tradición, Don Rodrigo, su último mandatario, pernoctó la famosa noche anterior a la batalla del Guadalete en el Castillo de Aznalmara, en el enclave del Hondón, entre Benaocaz, Grazalema, Benamahoma y Ubrique.
La penetración árabe fue fácil. Trás la estrepitosa caída de Don Rodrigo, los hispano-romano-visigodos, según el decir de la historia, vieron con indiferencia esta invasión, y a la vez que pasaban algunos en francas galopadas hacia el norte español, otros íbanse quedando en estas montañas. Casi ocho siglos duraría este asentamiento árabe, pues aunque Fernando III el santo y Alfonso X el Sabio conquistaron en el siglo XII casi todo el valle del Guadalquivir, estas tierras fijaron fronteras con el reino moro de Granada, quedando como "tierra de nadie" durante dos años y medio, época esta que marca la de mayor desventura de la serranía, por ser terrenos de "razzias".
Sobre sus picachos se levantaron numerosas fortalezas, las más de las veces como torretas vigías, para avisar del peligro de invasión: Matrera, Cardela, Garciago, Bujeo, Mulera, Tavizna O Aznalmara, Benaocaz, Villaluenga, Zahara de la Sierra, Olvera, Arcos... forman un mosaico estratégico perfectamente definido. En la actualidad algunas de ellas se conservan en buen o relativamente buen estado. Entre ellas Aznalmara, Olvera, Arcos y alguna otra quizás en breve sean conocidas por el turismo.
De la existencia árabe quedan valiosos recuerdos. Sobre todo para Ubrique, desde donde ha arrancado la actual artesanía manufacturera de la piel, el recuerdo más valioso sea el de los curtidos del cuero. Para ello crearon una floreciente industria, aprovechando el tejido de la encina y el alcornoque, sus aguas, eminentemente cálcicas, el tanino, tan abundante, y la sal, que se extraía y se extrae de los yacimientos de Hortales.
Todos estos ingredientes, unidos a una técnica especial, daban tal consistencia a la piel, que podemos asegurar que los escudos de guerra estaban fabricados con pieles curtidas en Ubrique. Esta remota industria de los cueros ubriqueños con el pasar de los siglos se perfeccionaría, dando lugar a la internacionalmente conocida "piel de Ubrique", que al principio del siglo pasado se transformaría en rústicas petacas, bolsas de avío y precisos, primitivas carteras que por su sencillez y simple rematado nos dejan hoy, esas reliquias de nuestra artesanía, maravillados ante su contempalción.
Finaliza la Reconquista y es cuando de verdad comienza el proceso histórico de la serranía. Zahara, Olvera y Arcos quedan como cabeza de comarca, y con ellos encuadrados los distintos municipios. Por Real Cédula de Privilegio y Merced dada por los Reyes católicos en Jaén, el 11 de enero de 1490, devuelve a la Casa Ducal de Arcos, por servicios prestados, favores traducidos en tierra, y es así como el Señorío de la Siete Villas pasó a depender de los Ponce de León, viviéndose bajo un aspecto feudal casi dormitando hasta finales del siglo XVIII
Y al principio del siglo XIX la Sierra despierta de su letargo. El francés invasor ataca con saña la tierra hispana. Los serranos luchany defienden su terruño como no está en los escritos. Pero los "gabachos", feroces y vengativos, viendo que nada podían hacer con los guerrilleros, perfectos conocedores de su tierra,que les atacaban, queman y expolian una y otra vez las villas serranas, quedando como recuerdo de un mal pasado aquella popular letrilla que dice:

Villaluenga del Rosario
No quiso capitular
Y vinieron los franceses
Y quemaron el lugar

De estas cenizas de destrucción y odio se levantarían durante el pasado siglo, cual Fénix de leyenda, estos pueblos de los que al menos uno ha alcanzado su esplendor. Este pueblo, Ubrique, que tiene su arranque en su propio valor, , que nace a la sombra de una piel que le dio fama, que no tiene fronteras, y que al presente ha transformado aquella piel en pura artesanía marroquinera, envidia del mundo entero. Ubrique da vida con lazos de verdadera hermandad a toda la serranía gaditana, luciendo con orgullo el eslogan del que se ha hecho acreedor: "Pueblo blanco, turístico, cuna del artículo de piel". Y, ¿por qué no? Corazón de la Serranía Gaditana.

Manuel Cabello Janeiro, Ubrique, agosto de 1973.

Profesor de ciencias sociales desde 1966, Manuel Cabello se dedicó durante toda su vida como maestro a darnos a conocer a todos la historia de nuestro pueblo. Sentía tal adoración por su tierra que aprovechó cualquier oportunidad para hablar de ella, y publicó numerosos artículos en los periódicos de la época, siempre con el mismo tema: Ubrique, La Sierra de Cádiz y la historia de nuestros pueblos.
Y aunque Ubrique siempre fue el primero, Manuel Cabello fue un enamorado de todos los pueblos de la Sierra: de pequeños recorrimos una y otra vez las calles de Benaocaz, Villaluenga, Benamahoma, Grazalema, Zahara, Algodonales, El Gastor y tantos otros pueblos, en los que siempre había alguien que lo apreciaba y los llamaba: "Don Manuel, venga usted a ver...". Nos llevó a todas las fiestas populares; al Corpus, a los Moros y Cristianos, al toro de cuerda, a las romerías... y siempre era bien acogido, lo conocían y lo invitaban a conocer los secretos de sus pueblos. Hasta lo invitaron varias veces a ser pregonero de las fiestas.
Fue, sin lugar a dudas, uno de los precursores del fomento de turismo en los Pueblos Blancos de la Serranía Gaditana.

Esperanza Cabello. Ubrique, abril 2009

lunes, 20 de abril de 2009

La XVIII Subida al Pico de San Cristóbal

Con su buen amigo Luis, coronando el Pico de San Cristóbal a finales de los cincuenta


Transcribimos a continuación una de las crónicas de radio que Manuel Cabello transmitió; la corrrespondiente al domingo, 1 de mayo de 1977:


"Este primer domingo de mayo amanece un día totalmente despejado en la Sierra Gaditana. Magnífica visibilidad, magnífica temperatura y magnífico en todos los aspectos meteorológicos.
Hoy será un día de máximo atractivo para los visitantes que, como todos los domingos y festivos llenarán los más intrincados rincones de nuestra Sierra.
Nuestras carreteras, en general, con buen firme. Salvo la 3331, Sierra de Cádiz-Campo de Gibraltar, que presenta numerosos blandones y baches entre Grazalema y Villaluenga, originados por los pasados temporales; también entre Ubrique y El Mojó, de los kilómetros 28 al 37, por obras de ensanche, con numerosos obstáculos debidamente señalizados.

No hace más de una hora han salido de Ubrique los participantes en la "XVIII Subida al Pico de San Cristóbal", galeón gigante de la provincia de Cádiz, que ha sido organizada por la obra de Educación y Descanso. En esta excursión marchan numerosos jóvenes dispuestos a pasar en las Sierras Grazalemeñas un feliz día de asueto para hacer un recorrido turístico por 10 pueblos blancos de la Serranía.
En uno de ellos, Zahara de la Sierra, se elegirá a "Mis Pico San Cristóbal 1977", nombramiento que normalmente recae en la señorita de mayor atractivo y vitalidad de las que participan en la excursión.

Y nada más, desde la Sierra de Cádiz, una feliz jornada..."

Creemos que este fue uno de los últimos viajes al Pico de San Cristóbal, después de veinte años organizando la excursión hubo que suspenderla para preservar el espacio natural. No obstante, las excursiones de Manuel Cabello no se quedaron aquí...

Esperanza Cabello Izquierdo, abril de 2009