sábado, 2 de mayo de 2015

El Día de los Gamones. El origen de la fiesta.

"Un haz de gamones junto a la candela"
Fotografía de Leandro Cabello



Por Esperanza Cabello


Hoy es un día grande para Ubrique. Grande porque es una celebración familiar, tradicional y sencilla. Grande porque es una fiesta popular, en la que podemos participar todos. Grande porque es algo tan único, tan especial, que raramente se podría comprender si no se viviera.
Hoy es el Día de los Gamones. Cuando éramos chicos se llamaba el Día de la Cruz, y se celebraba siempre, inamobiblemente, el tres de mayo.
Ahora ni siquiera sabemos cómo se llama. A algún lumbrera despistado se le ocurrió la estúpida idea de registrar esta fiesta como "La crujía de los gamones" cuando ni esa expresión se había utilizado nunca, ni nadie conoce esta fiesta así ni la palabra "crujía" es algo que se diga. Bueno, eso dejando a un lado la tremenda incorrección ortográfica y el mal gusto de las connotaciones que implica la palabra "crujía".
Bueno, pues el (o la) de la estúpida idea registró la fiesta con ese nombre, y a los que han venido detrás solo se les ha ocurrido continuar con el mismo, sin plantearse que era una gran metedura de pata. Sobre todo porque para nombrar una fiesta habría que oír lo que se dice en la calle, y si se quiere eliminar la palabra "cruz" pues se cambia por la  palabra "gamones" o por la palabra "candela" y lo sencillo siempre será lo mejor.

Bueno, dejando a un lado disquisiciones lingüísticas, y recordando que hoy es el Día de los Gamones (o el Día de las Candelas, o el Día de la Cruz, como ustedes quieran), nos hemos acordado de nuestro padre. Era, al igual que nuestro hermano Leandro (miren su página de facebook), un forofo de las candelas, un enamorado de esta fiesta, un estudioso de sus orígenes y de su desarrollo...
Cuando éramos chicos y vivíamos en la Barriada Santa Rosalía nos hacía una candela justo delante de la puerta, en el lugar que ahora ocupan los edificios de Pablo VI, usando restos de obras y todo tipo de muebles viejos. Toda la chiquillería del barrio pasaba las semanas buscando y protegiendo la leña, y después íbamos a buscar gamones por la venta del Chorizo. Aquella noche, hubiera o no clases al día siguiente, era siempre impresionante. Los mayores seguían alrededor de la candela mucho rato, aunque se hubieran terminado los gamones.
  Después, cuando en 1969 nos fuimos a vivir a la calle Matadero, también nos dirigía para que hiciéramos una candela en la esquina de la puerta del Matadero, y explotábamos los gamones contra el muro del corral del matadero, que era de piedra. También se las apañaba para montar un columpio, y los mayores recordaban aquellas coplas de columpio que se cantaban antaño (en este enlace).
Nuestro hermano Leandro intentó hacer el año pasado una candela también familiar, como las de nuestra infancia, en el aparcameinto del San Pedro, pero ahora las cosas son diferentes, hay que esperar a que el mandatario de turno te dé permiso,  y por lo visto a la mandataria no le pareció bien la idea, por lo que no hubo permiso para candela familiar.

Como decíamos, nuestro padre era un enamorado de esta fiesta, y removió todos los archivos y documentos que pudo buscando sus orígenes, dada la singularidad del hecho: 
"La gente de un pueblo recoge el tres de mayo los tallos de una planta herbácea llamada Asfodelus albus (gamón en el lenguaje popular) y por la noche se reúnen en los barrios alrededor de candelas hechas con muebles viejos y restos de poda que se han ido previamente acumulando las semanas anteriores.
Hay canciones, columpios, comida... y gamones.
Al anochecer, y alrededor del fuego, todos van poniendo los gamones poco a poco a calentar en la candela de uno en uno, y cuando la savia de la planta empieza a hervir se golpea fuertemente contra una piedra, estallando la planta y haciendo, en algunos casos, un ruido considerable".
No encontramos, por ningún sitio, ninguna explicación del hecho, ningún atisbo de explicación del origen de esta tradición. Se entremezclan restos de otras costumbres, de otros pueblos, pero en conjunto, es algo único. Nuestro padre, que era cronista de radio, intentó un día explicar en la radio que entraba dentro de lo posible que fuesen los hombres de campo o los pastores los que hubiesen descubierto que los gamones estallan al golpearlos contra las piedras (eso era a mediados de los ochenta).
Y también explicó que los gamones hacían tanto ruido que cualquiera que los oyera explotar podría pensar que se tratara de un disparo, y más si se estallaba en la sierra. Y puso como ejemplo que si los franceses, por ejemplo, hubiesen oído el estallido de un gamón, se habrían confundido con total seguridad con el sonido de los disparos.

Y resulta que a partir de ese comentario algunos empezaron a pensar que los gamones y los franceses estaban relacionados, (esa versión era, por supuesto, más novedosa y novelera que la de los pastores y los hombres de campo). Y esos algunos comenzaron a contar su propia versión, explicando cómo los ubriqueños se fueron a la sierra y asustaron a los franceses con los gamones. y los que los oyeron repitieron esta versión hasta la saciedad, añadiendo detalles nuevos de su propia cosecha. Recordamos el pasmo de nuestro padre viendo cómo aquel ejemplo que él había puesto alguien lo había convertido en verdad absoluta.

Si aún estuviera vivo estaría aún más pasmado al ver que la historia ha tomado aún más forma, que el Ayuntamiento pone banderas nacionales para recibir al ejército invasor, que los franceses de El Bosque son invitados a la fiesta y que hemos reescrito la historia a nuestro antojo (véase un ejemplo en Ubrique en Verde).

De todas formas, lo único que importa hoy es que los niños y niñas de Ubrique disfruten hoy de su fiesta. Que los mayores podamos vistar con ellos las candelas y contarles cómo explotábamos los gamones cuando éramos chicos. Que los abuelos salgan a dar un paseíto y recuerden cuando se montaban las candelas en sus barrios, y cuando los chiquillos salían con su navajita en la mañana del tres de mayo a recoger sus gamones en la cañada de los Gamonales. Y, por supuesto, que los visitantes se diviertan y admiren nuestras calles engalanadas, nuestros barrios con flores y plantas nuestras candelas llenas de frenética actividad.


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3 comentarios:

Leandro. dijo...

En el concurso de adorno de barriadas ha ganado la plaza de Misión Rescate, ayer la visité con la familia, era como si al abrir los ojos hubiera regresado a mi niñez por la manera que estaba decorada la calle Velázquez. De nuevo se están esmerando los vecinos en adornar las calles y no creo que inventar muchas novedades si no recuperar nuestra tradición.

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

Gracias hermano, es un buen apunte.

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

Querido amigo Luis:
Los cuentos son buenos para que los niños crezcan, maduren y se hagan personas de bien. Benditos sean (los cuentos y las personas de bien).
Lo que más me gusta es que no puedes dejar de leer lo que escribo, así de grande es tu necesidad de aprender.
Que lo disfrutes.