martes, 28 de febrero de 2017

Las velas por mamá

 Madre, descansa bien. Que la tierra te sea leve
Cementerio Père Lachaise, París


Por Esperanza Cabello

Antes, cada vez que salíamos de viaje con nuestros padres y pasábamos por una iglesia, nuestra madre nos enseñó a poner una vela para el culto y para recordar a nuestros seres queridos.
Más tarde, cuando empezamos a viajar solos, ella nos pedía que encendiésemos una vela por nuestra abuela, por nuestro padre, por los seres queridos.
Y ahora, ocho meses después de su muerte, todo en este viaje nos la ha ido recordando.
Su viaje de novios, los viajes con los tíos, las Bodas de Plata, ir a ver a los amigos... 







Porque, con el afán viajero de nuestro padre, los dos recorrieron medio mundo siempre a la búsqueda de un nuevo pariente, de un nuevo recuerdo o de un nuevo amigo.
Y de todos los lugares recorridos traían nuevos recuerdos, nuevas historias, nuevas personas conocidas que con el tiempo se convertían en amigos.
A nuestra madre le gustaba particularmente cuando esos viajes tenían, además, su aporte espiritual. Cuando podía acudir a un santuario mariano, o cuando compartía momentos especiales con gente muy especial.





Así que  en este viaje nuestro, y sin habérnoslo propuesto, los recuerdos de los viajes de nuestra madre nos han estado acompañando constantemente. Por eso, al entrar en Notre Dame no hemos podido evitar que todos esos recuerdos llegaran a borbotones y nos hemos ido directamente a colocar las velas por su memoria, como tantas otras veces colocamos, de su parte, por otros familiares.




Y lo mismo hemos ido haciendo en todas las iglesias que hemos ido visitando: hemos colocado velas en memoria de nuestra madre, ahora que hace ya ocho meses que no está con nosotros.




Además, seguros de que ella habría estado de acuerdo, pedimos en la misa por todos los difuntos de la familia.
A medida que han ido pasando las semanas y los meses, los recuerdos se han ido mitigando, y los buenos momentos han ido imponiéndose a los menos buenos, debe ser así para poder continuar, y aunque si cambiamos el escenario o las rutinas es como si diéramos un poco marcha atrás, son cada vez más raras las ocasiones en las que no la recordamos con una gran sonrisa, seguros de que su tarea  en esta vida fue hacernos un poco más felices a todos los que la conocimos. 
Gracias, mamá.💜


2 comentarios:

Manolo Cabello dijo...

No he podido evitar emocionarme. Profundo y cercano. Gracias hermana.

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

Un beso, hermano :)