sábado, 17 de febrero de 2018

Manuel Cabello Janeiro: petaquero

 Utensilios de petaquería de Manuel Cabello Janeiro     




Por Esperanza Cabello  
Fotografías de Luis Eduardo Rubio 



Hoy hemos estado haciendo una simpática sesión fotográfica de algunos de los objetos de la petaquería de nuestro padre. Sí, don Manuel Cabello, el maestro que tanto se desvivió por conservar y dar a conocer nuestro patrimonio; el cronista de radio que durante dos décadas dio las noticias de nuestra comarca a diario; el escritor que dedicó sus mejores horas a escribir sus libros sobre Ubrique y sus personajes célebres; el investigador que recorrió archivos de medio mundo para documentar sus trabajos; el padre de familia numerosa pluriempleado que vendía persianas al amanecer -antes de la escuela- y  libros por las tardes, también fue petaquero.






 La patacabra de Manuel Cabello    

Después de aquel intento fallido de ser estudiante de medicina en Cádiz Manuel Cabello comenzó a trabajar en la petaquería de su padre en la calle del Perdón, y aprendió con mucha destreza a fabricar los artículos de piel que nuestro abuelo comercializaba él mismo.
Con el tiempo, cuando nuestro abuelo dejó los artículos de piel, nuestro padre se quedó con el negocio, que necesitaba una buena modernización, y se trasladó a la calle San Sebastián con los antiguos empleados de su padre.



 La patacabra, muy desgastada por el uso, con una M tallada   


Pero aquel intento empresarial no fue nada satisfactorio. Una conocida bodega de Jerez le hizo un gran pedido que no pagó a nuestro padre, lo que lo llevó a la ruina, pues había hecho una gran inversión para fabricar esas piezas.
Afortunadamente hubo muchos amigos y familiares que lo apoyaron  (también hubo quien se aprovechó de esta circunstancia para enriquecerse) y nuestro padre tuvo la oportunidad de terminar en tiempo récord sus estudios de magisterio y hacer sus oposiciones.









Pero aquella mala experiencia hizo que no quedara ni rastro de la fábrica. Ni documentos, ni muestrarios, ni sellos, ni maquinaria. Nuestro padre solo conservaba en una cajita sus utensilios de petaquero. Durante nuestra infancia lo vimos utilizando su chaveta, su chavetín, su compás...
Y también su patacabra (entonces decíamos "petacabra") su liara, su esteca y su piedra de afilar.

 


Esos son los objetos que aún conservamos, además de una patacabra que perteneció a nuestro tío Juan y que también está muy desgastada  por el uso.
Son utensilios de  petaquería que cuentan con más de setenta años, utensilios humildes, fabricados con materiales del entorno: Madera, piedra de afilar de Ubrique y un trozo de cuerno para la liara. La chaveta y el chavetín los fabricaban con un trozo de fleje y un poco de tela basta de los batanes de Ubrique.






Hoy hemos querido hacer un pequeño homenaje a estos objetos tan cotidianos, tan simples y tan importantes. Nos habría gustado conservar algunos troqueles o alguna de aquellas pequeñas máquinas de poner broches, de bruñir o cualquier elemento de aquella petaquería, pero no nos ha sido posible.

 

La liara (un recipiente fabricado con un trozo de cuerno) la recordamos siempre llena de almidón. En tiempo se utilizaban para pegar colas hechas a partir de la carnaza de las tenerías, en Ubrique había varias fábricas de cola de carnaza. Con el tiempo los pegamentos se han ido industrializando y ahora son tóxicos, hay que tener cuidado con los disolventes.






Con patacabras como la de nuestro padre se fabricaron las primeras petacas. La de la fotografía es muy antigua, fue fabricada en la petaquería de José Vallejo, según consta en su sello, es una de las petacas más antiguas de que disponemos.



 


También se fabricaron los primeros precisos, esas especie de carteras que se cerraban con una tira de cuero que permitía conservar todo su contenido. Precisamente patacabra, petaca y preciso son los tres objetos fundamentales en el inicio de la fabricación de artículos de piel de Ubrique, actualmente Capital Europea del Artículo de Piel. 

 




Tanto la patacabra como la esteca eran fundamentales para ahormar las petacas. Las primeras siempre tenían las cachas  (cada una de las partes que la forman) repujadas, normalmente figuras geométricas decorativas, filigranas, el nombre o el sello del fabricante y, en ocasiones, el precio (en reales). La costura, esas puntadas milimétricas hechas a mano, era fundamental y fue, junto a la excelente calidad de los cueros (en este caso semi-basto) uno de los elementos que dieron renombre a las petacas de Ubrique.







Cuando nuestro padre utilizó su petacabra, en los cuarenta, ya no se trabajaba la piel basta (la del preciso) ni la semi-basta como la de la petaca, sino pieles finas, traídas de curtidurías alemanas o italianas. En Ubrique dejaron de curtirse las pieles tras la Guerra Civil.
Pero la maestría de los artesanos ubriqueños unida a la calidad de los materiales que se han utilizado siempre y el empleo de herramientas sencillas y magníficamente diseñadas hicieron que las petacas de Ubrique entonces y los artículos de piel ahora sean referente de clase e importancia.





Y aquí están estos utensilios sencillos y naturales, madera para las petacabras y la esteca, piedra para afilar y un trozo de cuerno para la liara;  testigos de una de las maravillas de la artesanía y la técnica que sigue obrando milagros creativos en nuestro pueblo.
Objetos dignos, por supuesto,  de un museo; precisamente fundar uno dedicado a la curtición y a la marroquinería era uno de los propósitos de nuestro padre, que incluso presentó su propio proyecto de fundación. 
Afortunadamente tras su muerte comenzó en el Convento de Capuchinos una exposición permanente de artículos de piel que se ha convertido  en el Museo de la Piel de Ubrique (en este enlace) en el que con mimo y cariño Maribel Lozano y Paco Solano atesoran todo tipo de herramientas de marroquinería.

Y hoy nosotros hemos dado tratamiento de "estrellas" a estos objetos tan representativos y simbólicos de nuestro pueblo, a este receurdo de Manuel Cabello, petaquero.💜💜


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