sábado, 19 de abril de 2014

Las coplas de columpio, por Miguel Ángel Peña Díaz

El columpio de la Plaza de la Verdura, esperando a la noche de las candelas
Fotografía: Manuel Cabello



Por Esperanza Cabello

Se acerca uno de los días más esperados del año por los ubriqueños. Un día tradicional, autóctono y muy especial: el tres de mayo, el "Día de la cruz", el "Día de las candelas", el "Día de los gamones" un día de primavera, de renovación, de coplas, de fuego, de fiesta, de crujir los gamones, de estar con los amigos.
Y nosotros hemos encontrado un pequeño tesoro al que tenemos que dar toda la publicidad posible:
Un fantástico trabajo de Miguel Ángel Peña Díaz, profesor de lengua en el IES Francisco Fatou hace unos años, que hizo un fantástico trabajo de campo con sus alumnas (algunas de ellas también fueron nuestras alumnas)  sobre las coplas de columpio y la tradición oral en Ubrique.
Pinchando en este enlace podemos leer el texto completo. Nosotros nos hemos permitido copiar la introducción de este magnífico trabajo, editado por

El Jardín de la Voz
Biblioteca de Literatura Oral y Cultura Popular
16
Serie “Literatura, Etnografía, Antropología”
Área de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada
de la Universidad de Alcalá
Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM
Centro de Estudios Cervantinos

 Laura y Leandro en el columpio de la Plaza de la Verdura

 
Mocito que está en la esquina

mirando
p’ hacia el columpio
y ha venido a columpiar
a una niña de su gusto
y le ha dicho en el oído
que se le han visto las piernas.
¿Que se me han visto las piernas?
A ti no te importa nada,
que la carne de las piernas
es igual que de la cara.

Del grave peligro de extinción, del momento de crisis que atraviesa la lírica de tradición moderna en particular y la literatura de la tradición oral en general, se habla en cada una
de las muestras de textos tradicionales de las distintas manifestaciones del acervo cultural 
del pueblo. Ya quisiéramos todos que la perpetua agonía del romancero y de toda la
 literatura tradicional por extensión de la que hablaba Paul Benichou se convirtiera solo en
 un tópico.
Pero lo cierto es que se nos van los informantes que en la actualidad sostienen la
 valiosa memoria colectiva que atesora la tradición, desaparecen las circunstancias sociales
 y culturales que la mantenían viva al cambiar nuestras formas de vida y, lo que de una 
manera espontánea y como parte de los ciclos de la vida del hombre renacía en el lugar y
 en el momento oportuno, se nos va y desaparece también.
Apenas hay protección para que este patrimonio no sufra el deterioro y el peligro inminente
 de extinción del que se habla. En el caso que nos ocupa, concretamente en Ubrique (Cádiz),
 a finales de abril de 2000 pude oír en la  puerta de un comercio del pueblo a través de un
 aparato de radio las voces de unas señoras que entonaban algo que sonaba a tradicional.  


 Una de las Candelas del tres de mayo


Comprobé que se trataba de la emisora local de Ubrique, y descubrí que, 
 efectivamente, esas señoras cantaban coplas tradicionales de columpio en tanto que
 participantes en un concurso en el que todas fueron premiadas por su colaboración. Me
 dirigí al edificio en el que se ubica dicha emisora para solicitar a las cantoras la
 realización de una encuesta en la que poder recolectar estas coplas.
Al día siguiente comenté, al modo del viajero romántico, lo que para mí fue un hallazgo a los
 alumnos del IES “Francisco Fatou” de Ubrique, haciendo hincapié en el valor del
 patrimonio cultural del pueblo, y les planteé a ellos la colaboración para la recolección 
de las coplas que quizás sus propios familiares atesoraran en sus memorias. Eran los días
 en torno al Día de la Cruz, “día de las candelas” o “día de los gamones”, esto es, al tres de 
mayo.
Situándonos en la perspectiva de nuestras informantes, en su mayoría señoras de entre 50 y
 80 años, en este día tres de mayo en Ubrique se instalaba antiguamente una Cruz en el 
Toledo y otra en el San Juan, y junto a éstas un columpio en el que las mocitas se 
columpiaban cantando y riéndose, mientras los mozos las rondaban. En este día los 
 zagales también amontonaban las leñas con las que por la noche hacían las candelas
 para calentar los extremos de las varas silvestres llamadas gamones y hacerlos crujir 
dando un golpe contra el suelo y gritando a la vez “a la salud de...”. 


 El columpio del San Juan, en los años setenta

Es un momento festivo, aún vivo en la actualidad, en el que, mediante la reproducción 
anual de rituales que funcionan como marcadores de etnicidad, se renueva y se  reafirma
 de manera simbólica la pertenencia al pueblo en el que se celebra la fiesta, la propia
 identidad. Así, el rito de la recogida de gamones y el amontonamiento de leñas para las
 candelas con las que se construirán de forma artesanal luces y ruidos festeros en la 
oscuridad y en el silencio de la noche; la instalación de la Cruz para celebrar su día 
oficialmente con un significado básicamente común al de su celebración en otros 
puntos de la geografía; la colocación del columpio, componente lúdico que motivará para 
su acompañamiento la recreación de las coplas, objeto de recuperación en este trabajo, y
 juego en el que podríamos rastrear la función de iniciación en los adolescentes que tiene 
lugar en situaciones de fiesta: aquí los jóvenes pueden encontrar la ocasión idónea para 
entablar relaciones con el sexo opuesto.
Son los significantes de una realidad simbólica, los elementos sensoriales del lenguaje
 festivo que el pueblo de Ubrique ha seleccionado para celebrar su fiesta: fuegos, crujidos 
de gamones, olores, canciones, cruces esculturales, flores, etc.; elementos que no son 
específicos de la fiesta de Ubrique excepto el ruido que de forma artesanal se produce
con el gamón, pero que, combinados concretamente así, hacen referencia a la estética 
específica de esta fiesta en el pueblo de Ubrique.



 Los gamones en la plaza de la Verdura


 El “día de los paseos”, “día de las ánimas” o “de los difuntos”, esto es, el dos de noviembre, 
se echaba el día en el campo. Se iba al Salto de la Mora, a las Cumbres, se subía por la 
Calzada hasta Santa Lucía, o a la Venta Martín. Era un día de campo en el que también se
 hacían columpios.
En estas circunstancias se cantaban las coplas líricas tradicionales que aquí hemos
 llamado “coplas de columpio” y que, la encuesta realizada durante los meses de abril,
 mayo y junio de2000 dio como resultado las que aquí transcribimos y reunimos, 
gracias siempre a la memoria colectiva de Ubrique que, con nombres y apellidos, paso a 
reproducir:
Pepa Román Cordón, María Román Cordón, Manuela Cides Cordón, María Benítez, Margarita
 Gutiérrez, Ana Pulido, Pepa Rincón, Pilar Domínguez, Ana Hinojo, Nieves Romero,
 Francisca Pulido, María Rodríguez, Josefa Castillo, Remedios Romero, Ana Pérez 
Bohórquez, Rosario Benítez Olmedo, Rosa González, Ana López López, Manuel Valle,
 Pablo Palmero Márquez (Chipili), Carmen Garcés León, María, Paca,  Mercedes, María
 y Paca, Rosario Flores Pérez, Rosa González, María Mancilla, Juana Pérez, Trinidad, 
Trinidad y Damiana, Ana, Anichi, Ana,Estrella Maza Martín, Ana Sánchez Rodríguez, Ana 
María, Gabriela Flores, María Sánchez Ríos, María Nieves Romero, Ezequiela Almeida 
Castaño, Irene Sánchez Ríos y Carmen Villalba.


 Los niños y niñas recogen gamones para crujirlos en las candelas el tres de mayo


 Gracias también al grupo de alumnas que con tanto entusiasmo siguieron las directrices que les marqué para realizar conmigo la labor de recolección de estas coplas y que, con nombres y apellidos, paso a reproducir:
 Carmen Cabezas Carrasco, María del Carmen Márquez Mateos, Lidia García Morilla, 
Carmen Esther García Pérez, Belén Jaén Rodríguez, M. José González Benítez, M. Carmen López Mariscal, Isabel M. Bohórquez Mancilla, Verónica Ruiz Ramos, Inmaculada Román Hidalgo, Ana M. López Atienza, Celia García Morales, Raquel García Dueñas, Victoria Macías García, Cristina Gil Sánchez, Jéssica González Campón, Belén González Fernández y Leticia Pérez Ortega.
 La mayor parte del corpus de coplas líricas recolectado en nuestro trabajo lo conforma la 
cuarteta octosilábica asonantada con rima en los versos pares, aunque los informantes en la mayoría de los casos las alargaran hasta computar cinco versos, repitiendo al final de la cuarteta el primer verso de la misma para convertirla en una quintilla. Podrá comprobarse en la lectura de los textos que otra parte mucho menor del mismo corpus está conformado por quintillas.
 Un ejemplo de cuarteta que queda “aquintillada” en el momento de su recreación podría ser la siguiente:

 El columpio es un rosal,
 la que se pasea una rosa,
 los paseadores, jazmines.
¡Vaya tres cosas preciosas!
El columpio es un rosal.

 Informante: María Sánchez Ríos, 56 años; recolectora: Leticia Pérez Ortega; Ubrique, 5-05-00.
 He aquí un ejemplo de lo que en este contexto llamamos quintilla pura para diferenciarla de la anterior:

 En la raya de tu pelo
 un canario se subía
 y se asomaba a tu frente
y en tu boquita bebía
pensando que era una fuente.

 Informante: María Rodríguez; recolectores: Carmen Cabezas Carrasco y Miguel A. Peña Díaz;
 Ubrique, abril de 2000.
 Cuando una misma copla es recreada por distintos informantes en las encuestas y
 apreciamos que por su carácter tradicional presenta algunas variantes en las distintas actualizaciones, son transcritas todas las versiones para dar cuenta del estado de la tradición en el momento en el que trabajamos.
 Consciente de que el repertorio de coplas de columpio no es solo éste, sino que tampoco éste es exclusivo del lugar en el que han sido recolectadas (Ubrique), la  lectura del  corpus sí que podría ser la chispa que prendiera las candelas que dieran luz en la laberíntica memoria colectiva, convirtiéndonos nosotros así en los verdaderos centinelas y  conservadores de nuestro patrimonio cultural.


Miguel Ángel Peña Díaz, 4 de enero de 2007



Solo nos queda agradecer de todo corazón a Miguel Ángel que haya realizado este estupendo trabajo sobre nuestro pueblo y nuestras tradiciones,  y, por supuesto, que lo haya puesto a disposición de todos en este enlace.

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