lunes, 26 de enero de 2015

Don Ignacio Calvo y Gálvez, Presbítero

Grabado al cobre de don Ignacio Calvo y Gálvez
Extraido del libro de Fray Sebastián "Historia de la Villa de Ubrique"


Por Esperanza Cabello

El Presbítero Ignacio Calvo y Gálvez, natural de Ubrique, (1748-1780) es uno de los ubriqueños cuya importancia fue reconocida a nivel nacional a principios del siglo XIX, justo después de su muerte. Hombre muy religioso, con una vida espiritual  muy marcada y una religiosidad que lo acompañó durante toda su vida, fue alabado y reconocido no solo durante su vida, sino también después de su muerte, no hay nada más que leer  su sermón fúnebre para hacerse una idea.
Fray Sebastián de Ubrique le dedica varias páginas en su "Historia de la villa de Ubrique", pero nosotros hoy hemos encontrado, en un libro de 1805 llamado "Colección de Santos Mártires, Confesores y Varones Venerables del Clero Secular en forma de diario" y escrito por don Fernando Ramírez de Luque, el cura beneficiado de la ciudad de Lucena, un relato de cómo era Ignacio Calvo.
Es muy curioso este diario, porque a cada uno de estos varones venerables le asigna un día, y al ubriqueño le asigna el dos de noviembre:



Colección de Santos Mártires...
Don Fernando Ramírez de Luque, 1805



En realidad este escrito no nos aclara mucho de la vida del Presbítero Ignacio Calvo, es un texo religioso que pretende transmitir sensaciones y religiosidad. Transcribimos a continuación el texto de don Fernando respetando la grafía y la ortografía de 1805. Nos ha resultado muy curioso escribir palabras en castellano con acentos circunflejos, como en francés.





2 de noviembre


 VENERABLE DON IGNACIO CALVO Y GÁLVEZ,


 Presbítero, hijo de la villa de Ubrique, reyno de Sevilla, que fue su cuna en 1748, donde lo puso Dios para exemplar de Sacerdotes, edificación del mundo, y confusión de las estragadas costumbres de estos tiempos. El alma buena que le cupo en suerte se manifestó desde su tierna edad, descubriendo un amor grande á la soledad y oración. Esta inclinación lo llevó á la Cartuja de Xeréz, donde fue novicio algunos días, con tal desempeño de los deberes de aquel instituto, que admirada la Comunidad le llamaban el Angel. Más Dios no lo tenia para el retiro del claustro, sino para el órden del Clero, en el que, como buen operario evangélico, trabajára para sí y para otros. En conseqüencia de este designio, una mortal enfermedad impidió su profesión, y lo restituyó a su casa. En ella no parecía lo que era: es decir, no parecía un joven noble, rico y delicado, sino lo que no era, esto es, un Anacoreta. Tal fue el plan de vida áustera y escondida en Christo que entabló; entrando con tan buena disposición en el estado Eclesiástico, que abrazó, llevado de una eficaz y clara inspiración, que lo llamó al Clericato, y fue el  fruto de sus oraciones dirigidas al acierto de la elección de estado. Lo acertó de modo, que nada hubo más ajustado á las leyes canónicas y sinodales, que su conducta.

Hecho cargo de que siendo Sacerdote no debía ser para sí solo, sino aún mas para cooperar en la salvación de sus próximos, se dedicó á tan apóstolico ministerio, ocupándose todo en el confesionario de su Parroquia, en asistir á los moribundos, fomentar la escuela de Christo, y dar el demás tiempo á la oración, y al estudio en  su casa. Habia prendido bien el fuego del amor divino en su corazón, el que rebosó al exterior muchas veces, ya cuando decía Misa, quedando todo transportado y absorto en Dios: ya en las conversaciones espirituales, en que hablando de Dios se encendia y brillaba su rostro, y enagenado de gozo daba saltos con la ligereza de una pluma á la fuerza de la llama que ardía en su pecho: ya en las cartas á las personas que dirigía, llenas de claúsulas y sentencias encendidas como asquas de tan sagrada hoguera: ya en fin habiendo llegado la inflamación de su corazón á necesitar (como el de otro San Felipe Neri), que el Señor le ampliase la esfera con una hinchazón en el pecho, que á veces le embargaba la respiración, sin permitir cosa alguna que pudiese orpimirlo; efectos maravillosos de su grande caridad.

La que tuvo con sus próximos, no le dexaba sosegar por aliviarles en cuerpo y alma, sin perdonar afán no trabajo en socorro de pobres enfermos y moribundos. Fue humildísimo en alto grado: sufrido hasta tener por máxîma, que en valde vivía en el mundo, quien no tenia que padecer: penitente con tal rigor, que no había cosa en que no mortificase su carne y sentidos, mortificando á un tiempo mismo al hombre interior y exterior: y últimamente extático por su frecuente y fervorosa oración, no siendo su vida otra cosa, que un continuado exercicio de las virtudes. De todo este cúmulo de méritos fueron recompensa la gracias de contemplación infusa, con que Dios lo dotó, comunicándole en ella altísimos conocimientos de su sér, atributos y perfecciones divinas: y de su continua presencia del Señor de un modo invisible, pero sensible, llano y amoroso en todos sus pasos, acción y movimientos. A estos singulares dones con que su Magestad enriqueció á su siervo, juntó los de profecía y curación de enfermedades, de que hay no pocas pruebas en su historia. Por fin, el teson de un método de vida tan mortificada y laboriosa: la práctica de una casi no interrumpida contemplación: y los ardores de su intensa caridad lo consumieron (como á un nuevo San Luis Gonzaga), y ocasionaron una molestísima tós, que le hacia arrojar porciones de sangre por la boca. Esta lo fue extenuando, hasta que bien dispuesto, alegre y tranquilo entregó su espíritu a su Criador, uniéndose para siempre con su amado, el 25 de octubre de 1780, teniendo cumplidos 32 y medio de edad. Manifestó Dios la gloria de su siervo, y honró sus méritos con varias apariciones y benéficos milagros concedidos á los que lo invocaron.= La escuela de Christo de Ubrique en su carta circular impresa en Sevilla el año de 81, remitida á las otras escuelas. Esta no puede leerse sin alabar y bendecir al Señor, que tan maravillosos es en sus santos, y mas en unos días de tan general corrupción y tanto olvido de Dios.



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2 comentarios:

Miguel Bohórquez González dijo...

Buenas noches Esperanza:
Hace algunos años adquirí en un librero de viejo ese grabado de Don Ignacio. Creo que es lo de menos, pero si quieres incorporarlo a la entrada te lo puedo hacer llegar.
Me parecen tan interesantes los temas que traes a tu blog como la forma en que los traes, tu sensibilidad, tu bien gusto y tu rigor, buscando el nombre de cada cosa...que todas lo tienen.
Gracias.

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

Hola, Miguel,
Muchísimas gracias pro tu comentario y por tus palabras.
Y me encanta tu ofrecimiento, me gustaría muchísimo poder incorporarlo a la entrada. Puedo recogerlo donde me digas, escanearlo y te lo devuelvo de momento.
Por cierto, ayer me contaban que tu padre y el mío, junto a otros ubriqueños, hicieron sus pinitos como poetas juveniles, y que seguramente tu padre, más organizado, hubiera conservado algunos de aquellos escritos, creo que hasta hacían una revista. ¿Tú sabes algo de todo eso?.
Gracias de nuevo, Miguel, espero tus noticias. Un saludo.