domingo, 11 de enero de 2015

Rescate de una cabeza de toro de bronce, por Manuel Cabello Janeiro




Por Manuel Cabello Janeiro




NAVIDAD 1.970



            En Ubrique, como en toda España, aquel diciembre del 70, respiraba a Navidad. Calles exornadas, comercios luciendo sus mejores atavíos, vías engalanadas con mil y una bombillas, clásicos abetos, espigados y orgullosos, se contoneaban en las plazas y en los cruces de las calles; algunas calles y avenidas, más bien parecían recintos feriales.

            Todo, todo, precedía a la Navidad.



            La escuela, amén de los trabajos cotidianos, tenía, de vez en cuando, algunos trabajos manuales: la estrella, el cielo, los magos…, los niños locamente se afanaban en hacerlo mejor. En sus ratos libres se iba montando “el belén”. Cada cual aportaba lo que podía. Uno un burrito de cartón, los más audaces iban a las próximas rocas de la montaña y traían musgo, fresco y verde, aquellos otros, traían retamas de lentiscos y madroños, aquel, la clásica “casita” prefabricada en su casa, con la ayuda de su papá. Y así fueron llegando, la ovejita, el toro, y todo cuanto era necesario para un bonito “portal”.



 Profesores y alumnos de la Escuela de Artes y Oficios de excursión
Aprovechan para recoger la pana del portal



            Pero un día llegó un niño. Entonces era niño, tenía 11 años. Se llamaba Juan Díaz y era batidor del Grupo. Con ilusión traía una “cabecita de toro” en metal. Era para “el belén”. Pero el pobre venía cariacontecido, porque sus compañeros le habían dicho, que por no tener cuerpo, no serviría para el “portal”.

            Tímidamente, y en fila ya los niños para entrar en la escuela, Juan se acercó a don Manuel, Maestro-jefe del Grupo, y le dijo:



-          Don Manuel, aquí traigo un torito que le falta el cuerpo. ¿Puede servir esto para el “belén”?



¡Y claro que sirvió! Tuvo un lugar destacado en el “nacimiento”, y aquello fue motivo, para que don Manuel nos informara que se trataba de una pieza de indudable interés arqueológico.










            Por aquellos entonces, Ubrique sonaba ya con repiques de triunfos en Misión Rescate, por lo del Columbario. El Grupo, bien por una cosa, o bien por otra, no paraba. La arqueología española se interesaba de lleno, por todo lo que concernía (arqueológicamente hablando) a Ubrique y su comarca. Era por tanto, muy necesario encontrar la fuente del hallazgo “Cabeza de Toro”. Lo primero era saber, de donde lo había sacado Juanito. Él decía que de su casa. Primera visita a sus padres. Después se sucedieron algunas más. A través de ella pudimos deducir lo siguiente: esta familia, con numerosa prole, vino a Ubrique, buscando el calor de su industria, del campo, donde el padre era un modesto peón, Aunque hacía años, (calculábamos unos diez), recordaba que en la cepa de una encina, al ir a poner un botijo de agua, vio la pieza, junto a una de las monedas que forman en la actualidad la Colección Rescate ubriqueña.

            Que como vio que no era oro, la guardó en casa sin darle la menor importancia. Y que allí estaba cuando el hijo la llevó a la escuela.

            Todo esto era cuanto podíamos deducir sobre su procedencia.

            Pero su valor no se nos ocultaba ya que corrían paralelos los estudios en el Salto de la Mora, sobre su yacimiento y Columbario, con la preocupación que teníamos con la “Cabeza de Toro”.







"Cabeza de toro o cabeza de dragón"
Entregada al Museo Provincial de Cádiz




            El Ubrique arqueológico alcanza su cénit. La reconstrucción del Columbario, (ya casi, casi Monumento Nacional), las distintas campañas de excavaciones, la declaración de la parte alta del pueblo como “Conjunto de interés histórico, artístico y pintoresco” (esta inquietud llevada a cabo por el Grupo) y cuanto relacionado con la historia ubriqueña, nos lleva a trabajar intensamente en busca de datos que favorecen las memorias que en su día edite la Comisaría General de Excavaciones, y para ello, todo el material encontrado sobre superficie por el Grupo 208 pasará a fundamentar las publicaciones científicas que se hagan por los técnicos.

            Por indicación del arqueólogo de Sevilla, escribimos a Madrid, y enviamos fotos de la “Cabeza de Toro”. De allí, sabiamente nos contestan diciéndonos lo que debemos hacer. Para ello haremos un estudio, consultando todos nuestros archivos, y esbozar así unas “Memorias”, que por lo largas que han sido, tendrán facetas de todos los colores.








            Una carta, fechada el 4/8/1.970, personal de don Martín Almagro, a nuestro Maestro-jefe, felicitándolo por “su buena actuación en Misión Rescate y espero siga Vd. ampliando nuevos conocimientos arqueológicos”. Fue lo que nos dio ánimo para llevar a Madrid el conocimiento de la “Cabeza de Toro”.

            Y con este motivo, con fecha 28 de abril de 1.972, escribimos a don Martín Almagro explicándole todo cuanto había acontecido en aquellas navidades del 70. Entresacamos de aquella carta algunos párrafos que creemos son de interés.



            “… en las pasadas navidades, con motivo de montar un Belén en nuestra escuela, pedía a los chicos que colaboraran con figuritas de sus propias casas. Cual no sería mi sorpresa, cuando un niño de nuestro Grupo (de ese Grupo que compone mi equipo de Misión Rescate, localizó en mano de otro niño, un “bronce” y que “rescató” entregándoselo a su Maestro…”

            Y en otro apartado de la misma carta, después de ofrecerlo a la arqueología nacional, le continuamos diciendo: “… Como anticipo del mismo le enviamos dos fotos casi tamaño natural, de lo que parece ser un bronce con historia. Su información nos serviría, como continuidad en nuestros trabajos, en esa grata misión de Misión Rescate.

            Poco después, el día 12 de mayo de 1.972, se nos contestaba agradeciéndonos (con palabras textuales) “el habernos mandado las fotografías del interesante bronce que su Grupo ha descubierto”. Recomendándonos que dicha pieza ha de ser entregada en el Museo Arqueológico de Cádiz.

            A raíz de aquella misiva madrileña, escribimos al que era Delegado Provincial de Educación y Ciencias, don Pedro Valdecantos Garcías, de cuya carta entresacamos el siguiente párrafo: “… lo que si quiero decirle es que en breves días entregaré al Museo, una pieza, rescatada por los chicos, muy bonita. Una cabeza de toro en bronce. Para su entrega, quiero hacerlo por su mediación, ahí en Cádiz, como es natural…”

            Queremos aclarar que el señor Delegado del Ministerio de E. y C. en Cádiz, era, y es, a su vez, Director del Museo Arqueológico.



            Como en esas fechas, mayo, estaba próximo a finalizar el curso, y pensábamos en todo el Grupo, lo aplazamos para final de curso, y como se dijo en nuestro “Informe” al Programa, de mayo del 72, ocurrió un pequeño contratiempo. Transcribimos lo que entonces decíamos: “… Nuestro objetivo “Cabeza de Toro” está listo para sentencia. Como ustedes saben después de haber luchado largo tiempo por conseguir unas buenas fotos, pudimos obtenerlas, y enviarlas al profesor Almagro, en el Museo Arqueológico Nacional, con carta de la que en anterior comunicado, enviamos copia. Se nos contestó que dado el interés de la pieza debíamos entregarla al Museo de Cádiz. Hasta ahora, todo bien. Pero resulta que el Director del Museo, don Pedro Valdecantos, era a su vez Delegado de Educación y Ciencia, y le teníamos escrita carta en el sentido de que nos íbamos a desplazar a Cádiz, todo el Grupo, para hacerle entrega de la pieza, habiendo pensado la de finales de curso, para que hubiera un pequeño acto, incluso con información periodística. Y… de la noche a la mañana, nuestro querido don Pedro, dimite como Delegado, y aquí nos tienen ustedes en espera de saber quien será el próximo Delegado, y a su vez Director del Museo. Compás de espera en nuestro objetivo…”




 Celebrando el Trofeo de Oro de Misión Rescate




            En junio de 1.972, volvíamos a insistir sobre la entrega de la pieza. Veamos lo que en aquellos entonces decíamos:

            “… OBJETIVO “CABEZA DE TORO”. En anterior comunicado (mayo 72), decíamos que por indicación del Museo Arqueológico Nacional, esta “cabeza de toro”, debía de ser entregada en el Museo Arqueológico Provincial de Cádiz. Y que siguiendo dichas instrucciones iríamos todo el Grupo a Cádiz, para hacerle entrega a nuestro Delegado Provincial de E. y C. y que a su vez es Director del Museo, la pieza en cuestión.

            También informábamos de su dimisión, que aunque efectiva, aún está en su puesto de trabajo. Y por no demorar más las cosas, hace quince días, tres de los componentes del Grupo, y nuestro Maestro-jefe, fuimos a Cádiz, para hacer entrega de la pieza, como así lo hicimos, pero con la contrariedad de que nuestro Delegado estaba en los Cursos de Verano para Extranjeros en Cádiz, y no nos pudo recibir él personalmente, haciéndolo su secretario, don José Sanz Cabañas, con él compartimos unos momentos, muy agradables y quedó en enviarnos el oportuno recibí de entrega y certificación de la misma.

            En este compás de espera estamos, y tan pronto esté en nuestro poder, procederemos a enviar las MEMORIAS definitivas de este objetivo…”



            Después vendría un largo paréntesis. Al Grupo 208, las cosas le van bastante bien con otro objetivo. Durante el verano 72, se trabaja por presentar unas Memorias, que más tarde le darán un soberano triunfo: El trofeo de oro de la campaña. Ni que decir tiene que el Grupo haya olvidado “La Cabeza de Toro”. Se trabaja insistentemente en el Salto de la Mora. Paseos y más paseos, para conseguir datos, medidas, informaciones y claro está, dejamos para mejor ocasión, ya que el tiempo apremia, y se tenía que enviar al Programa cuanta información fuera favorable para el que había de ser Trofeo de Oro.



            Efectivamente. En octubre un telegrama nos anuncia la concesión del Trofeo de Oro. Campanas al vuelo. Felicitaciones. Parabienes. Ubrique respira alborozo.

            No hay que dejar atrás que durante los meses de julio y agosto del mismo año, del orden de los cuatrocientos vecinos colaboran en la construcción de la Glorieta Misión Rescate. Hay una relación íntima entre el Grupo y el vecindario. Todos colaboran al unísono. Hay una suscripción popular de 20.000 ladrillos. Hasta tal punto llegan a participar en las obras, que es precisamente los domingos, cuando el personal está en descanso de sus habituales tareas, cuando más se trabaja en la Glorieta. La gente está entusiasmada con Misión Rescate. Y luego viene el campanazo del triunfo. ¡Para qué más!










Después del viaje por el Levante español, los componentes del Grupo son recibidos por las primeras autoridades en la Plaza del Ayuntamiento. Miles de criaturas se apiñan para recibir a los ganadores. Vítores, aplausos… ¡y cuántas y cuántas cosas se nos vienen a la imaginación! El trofeo queda en una vitrina en la Sala del Ilmo. Ayuntamiento. Allí está en un sitio de honor. Después... vuelta a la normalidad.

 Pero en nuestras mentes quedaba por no terminado el objetivo “Cabeza de Toro”. Aún, después de casi tres años, no teníamos información necesaria del mismo, y lo que nos preocupaba más, era el camino que había seguido la pieza con los cambios de cargos en la Delegación del Ministerio. Efectivamente había sido nombrado uno nuevo, don Pedro Caselles Beltrán (del cual tenemos una afectuosa felicitación por el Trofeo de Oro) y no sabíamos a ciencia cierta donde estaba la pieza. Un buen día, y a finales de noviembre de 1.972, don Manuel, marchó a Cádiz para ver que era de ella. La contestación la tuvimos, cuando desde Cádiz pocos días después escribía el propio don Pedro Valdecantos, “… La cabeza de dragón (aquí se utilizaba ya por primera vez la palabra “dragón” y no toro) la entregué a doña Concha. Conviene que hables con ella…”



            Dos nuevos viajes se sucedieron a Cádiz en busca de la debida información, con resultados infructuosos, hasta que por fin nos decidimos a escribir a la Directora-Conservadora, doña Concepción Blanco Mingues, con fecha 10/3/73, en la que entre otras cosas le decíamos: “… van pasando los días, meses, y no consigo ponerme en contacto con usted, no ha sido por desidia, ni mala voluntad por mi parte. Cuantas veces he ido a Cádiz, he intentado saludarla en sus oficinas, pero siempre la no coincidencia con su horario me lo ha impedido…” Y más adelante continuamos: “… En reciente correspondencia con D. Pedro Valdecantos, me dijo que hablara con usted sobre una pieza entregada a ese Museo por el Grupo de Rescate que represento. Se trata de una cabeza de “dragón”, en bronce, que el mismo don Pedro le hizo entrega. Pues bien, nosotros, para nuestros trabajos, necesitamos una certificación del Museo en la que se acredite que dicha pieza ha sido entregada, su catalogación de inédita, y su posible valor arqueológico, bien por su estado de conservación, valoración y estudio, o por cualquier otra que así lo aconsejara…”

            Poco después teníamos contestación. Feliz contestación, sellada y firmada. Habían transcurrido  desde su hallazgo 2 años y 4 meses. Bien podíamos darnos por satisfechos. La certificación es bastante elocuente. Aunque en el reportaje que adjunto enviamos, enviamos fotocopia, aquí señalaremos los puntos más importantes para dejar constancia en nuestras memorias:

           

            Se nos certifica que: “… con fecha 15 de noviembre del pasado año, don Manuel Cabello Janeiro, Maestro Nacional y Jefe del Grupo de Rescate 208 del Colegio Nacional de Ubrique hizo entrega en este centro de una pieza de bronce que aún no ha sido publicada (aquí su carácter inédito).

            Se trata (continua) de un bronce pleno con patina verde oliva, pieza de aplicación, en magnífico estado de conservación, que por su forma muy bien pudo servir de asidero para un enganche o bien para cualquier otro recipiente.

            Es pieza muy interesante, tanto por su antigüedad y calidad, como por su procedencia de la comarca de Ubrique que en la actualidad está sometida, gracias al inteligente entusiasmo de sus promotores, a un proceso de intensa excavación y estudio…”



            Para que vamos a hablar más. Ya podemos sentirnos satisfechos y orgullosos, de que la pieza tenga un indudable valor arqueológico, amén de que sirva, según se desprende de la Certificación del Museo, para un mejor conocimiento de la comarca ubriqueña.



            Y así tenemos, que partiendo de una cosa tan infantil, como el montar un “belén” en la escuela, en donde un chico aporta lo que él creía una figura más, y por cierto con cierto recelo ya que le “faltaba el cuerpo”, de una cosa tan sencilla, gracias a nuestra humilde labor, hayamos conseguido, el interés de la Arqueología por ella, y en breve, después de aumentar la riqueza histórica de la zona, sea expuesta para satisfacción de todos en las vitrinas de nuestro Museo Arqueológico Provincial.



            Contentos de nuestro trabajo, damos por terminado este capítulo en





Ubrique, verano de 1.973.



Manuel Cabello Janeiro





Queremos agradecer a nuestro amigo Manuel Jesús Venegas el gran trabajo que ha realizado con la transcripción de los textos de esta Memoria.



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