viernes, 28 de enero de 2011

Pedro Zaldívar, un Héroe Local

El nombre de Pedro Zaldívar ya aparece en la página 309
del Manuscrito sobre Ubrique de Rafael Aragón Macías
"Misceláneas sobre la Villa de Ubrique"

Por Esperanza Cabello

En las últimas semanas hemos estado muy entretenidos algunos de los hermanos Cabello Izquierdo y  nuestra madre buscando fuentes y manantiales de la zona. 
Entre fuente y fuente hemos podido tratar de muchas otras cosas, y Manolo nos ha estado hablando de uno de sus compañeros, Manuel Zaldívar, que seguramente es descendiente de nuestro héroe local, Pedro Zaldívar.
Manuel está interesado en conocer su ascendencia, y nosotros quisiéramos aportar un granito de arena en ese conocimiento.
Hace tiempo que nos interesa este personaje, pero hemos encontrado pocos datos de él. En principio lo que quiso escribir el Padre Sebastián de Ubrique, y no hemos encontrado ninguna cita más.

Nuestro padre lo citó varias veces en sus escritos, por ejemplo en un artículo que publicó ABC en 1973

Nosotros tuvimos la suerte de encontrar en el manuscrito de Aragón Macías el nombre de dos de sus antepasados, pues Rafael Aragón cita a un Pedro Zaldívar y a un Francisco Zaldívar... "





"Entre los "Vecinos que asistieron al Cabildo abierto celebrado en Ubrique en el Domingo, 15 de noviembre de 1648, para acordar la transación con el Duque sobre los Montes y Tierras del caudal común de las 4 Villas" 

Pero cuando más datos hemos podido tener sobre nuestro héroe fue cuando José María Gavira, editor de Los Callejones, decidió ponerse a investigar en nuestra historia y escribió varios capítulos de la Guerra de la Independencia en Ubrique, que les recomendamos encarecidamente.

Hubiéramos querido tener más datos, haber encontrado algún testimonio mejor que el de la "Plaza del Pucherete" (en el San Juan, donde se hacían los franceses el café), pero lo que hemos encontrado nos ha gustado mucho:
Un relato novelado de la vida de Zaldívar escrito en 1969 por Juan Ignacio Varela Gilabert, amigo de nuestros padres, que no hemos podido encontrar en internet, pero que nuestro padre conservaba en su archivo y hemos decidido publicar en el blog para que quede constancia de este escrito y del interés que Pedro Zaldívar ha tenido en  nuestro pueblo.



Bayoneta de la guerra de la Independencia






ZALDIVAR: UN HÉROE GUERRILLERO DE UBRIQUE

Por la Cartuja jerezana, donde pacían las yeguas, sementales, potros y rastras descendientes del mítico unicornio ~ los caballos cartujanos tienen una excrecencia prominente en la región frontal, como un pequeño cuernecillo que los distingue de los de otras razas, así como el célebre "papilla" y la "berruga" entre las ancas pulida, como de cristal ~ anda Zaldívar, el '"'Ubriqueño”, cuidando, quizás, de estos animales de los cuales, afirmaba un famoso escritor: “Sólo la paciencia y la virtud de hombres como los frailes hacen posible la crianza de estas perfectísimas criaturas, dignas de reyes y emperadores”.

 Fue Zaldívar, según cuentan las crónicas, pastor y yegüero, en el desempeño de estos oficios le sorprende la llegada de las tropas napoleónicas.
Valiéndose de hombres de su mismo temple y de diversa condición, organiza su partida y sale al campo a defender lo que, en aquellos tiempos trágicos, estaba a punto de perecer a mano de los invasores: El honor de España.

Zaldívar conoce mejor que nadie el terreno que pisa. Fueron muchas jornadas -desde que era apenas un niño- andando por el monte, vigilando el ganado dejado a su custodia. Se sabe de memoria senderos y vericuetos; torrenteras y cortijadas. Distingue desde lejos la breña ocultadora de cuevas donde poder guarecerse; trochas por las que atajar caminos; árboles frondosos donde ocultarse, sin temor a ser sorprendido.
Muchos días aguantando las inclemencias del tiempo y muchas noches bajo un cielo de altas estrellas infinitas o soportando el formidable estruendo de la tormenta, constituyen su bagaje de experiencia de hombre curtido y montaraz.
No da tregua ni paz a los franceses, desde el primer momento. Emboscadas, copos, lucha cuerpo a cuerpo. En  campo abierto o entre los riscos de la Serranía.
La navaja contra el sable de acero damasquinado; la garrocha abatidora de toros en las dehesas, contra la coraza plateada y la lanza con gallardete; el trabuco naranjero contra esa otra arma más rápida y eficaz, como corresponde al ejército mejor equipado del mundo.

Mientras, el gabacho pone precio a su cabeza. Y él, confundido entre las gentes, en la plaza jerezana donde se proclama el bando que, vivo o muerto, lo requiere, escucha fría y socarronamente su propia sentencia, dando ejemplo con su temeraria actitud de desprecio al peligro.
 Por sus acciones meritorias, alcanza el grado de Coronel en las guerrillas. El mismo mando francés habla de él con respeto y temor.

Terminada la guerra de la independencia, Zaldívar permanece en un discretísimo segundo plano hasta que, nuevamente, reaparece como jefe de una partida realista, dispuesto a batirse en defensa de sus ideales.
Con sus compañeros de armas, tiene que estar continuamente vivaqueando, trasladándose de un sitio a otro, debido a la prevención con que es recibida su presencia. Su lugarteniente, "El Vizcaíno", logra alcanzar, igualmente, los honores del romancero.

Con su enorme valor y arrojo, impiden que los liberales puedan acudir a socorrer la sitiada plaza de Cádiz. Sin embargo, tiene un error fatal que habrá de pagar con la vida, abandonando una circunscripción que le era fidelísima, se interna en tierras jienenses quizás en un arrebato de gallardía. Allí, es atraído hasta la villa de Porcuna donde le hacen prisionero y tras un juicio sumarísimo, es pasado por las armas, no sin haber pretendido deshonrarle antes como si de un vulgar salteador de caminos se tratase. A él, que había sido un héroe. 



 Enganche de una bayoneta
 

Y si, debido a los azares de la guerra, en más de una ocasión se viera obligado a la «requisa», por la fuerza de vituallas o caballería,  jamás obró como un bandolero,
Cuando de manera tan trágica desaparece Zaldívar, se hace cargo de sus hombres «El Vizcaíno».
Son doscientos de a caballo y más del doble de a pié. Ellos, poco después, toman Ubrique, deponiendo a los constitucionalistas. Como desagravio se queman en la plaza pública las Actas Capitulares del periodo comprendido entre 1.820 y 1.823.

 ¡Cómo hubiera deseado Zaldívar entrar en su pueblo, al frente de sus hombres!
 Deseo que truncó de antemano y ante un pelotón una cerrada descarga de fusilería.

Este es, muy a la ligera, el esbozo de la personalidad de aquél hijo de Ubrique que mereciera ser cantado en copias y cuyo nombre se repetía, de labio en labio, como el de un personaje de fábula.
Y de quien dijera, en el homenaje que le tributara, la madre de Cecilia Bohl de Fáber:
 "Sus nobles sentimientos, honrarían la cuna de un Príncipe".

Juan Ignacio Varela Gilabert.


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1 comentario:

Jose Mª Gavira Vallejo dijo...

Muy buena información, Esperanza. Me servirá para complementar la que yo quiero escribir en "La Sierra del Mediodía" desde hace un año. ¡Uf! ¡A ver si encuentro tiempo!