Invitación al vía crucis parroquial
Publicada en Radio Ubrique
Por Esperanza Cabello
Esta mañana solo queremos hablar de emociones y sentimientos. También de recuerdos, con uno muy especial para nuestro hermano Manolo. Y, por supuesto, de admiración y agradecimiento por tantas personas que hacen del mundo un lugar mejor.
No tenemos mucha conexión con la Iglesia (como institución), nos encantan las tradiciones, y desde siempre hemos tenido una sensibilidad especial con nuestra Patrona, la Virgen de los Remedios, por cercanía, por costumbre, por arraigo, porque nuestros mayores eran devotos... Y, por supuesto, siempre hemos observado la religión desde el respeto más absoluto. Pero no sabemos mucho de los actos litúrgicos, ni de otras hermandades o celebraciones.
Ayer sábado, 21 de marzo, nuestra cuñada nos comentó que habría un vía crucis cantado en la parroquia, y, aunque desde que murió nuestro hermano Manolo no habíamos vuelto a oír cantar a Canticorum ni a la Schola Cantorum, pensamos que sería una buena idea asistir.
La iglesia estaba a rebosar a las siete y media, momento en el que comenzó la misa, que además estaba dedicada a tres difuntos. Era muy curioso ver cómo todos los altares, capillas y tronos estaban ocupados por imágenes que normalmente están en la iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y que provisionalmente están en la parroquia, a causa del posible peligro que pudiera suponer realizar los cultos en el Jesús a causa de los problemas que han causado las borrascas de febrero.
Además la imagen de Jesús Nazareno presidía el altar mayor, y había una sencilla cruz de madera justo al bajar la escalinata.
Cuando terminó la misa, el párroco, don Daniel Cárdenas Prieto, que además es nuestro arcipreste, nos invitó a quedarnos para celebrar el vía crucis, adelantando que el profesor Daniel Borrego Morente al órgano, y Livia Moreno Fernández, al saxofón, junto con la Schola Cantorum y Canticorum harían el acompañamiento musical.
Desde nuestra ignorancia, y sabiendo que en todos los muros de la parroquia hay unos bonitos retablos con las catorce estaciones del vía crucis, pensábamos que un grupo de personas cogería la cruz de madera y que irían caminando por el templo parándose en cada una de las estaciones mientras los músicos y cantantes acompañaban.
Nada más lejos de la realidad. Comenzaron a apagarse las luces, quedando solo iluminadas algunas capillas e imágenes con luz indirecta, y la parroquia de pronto se convirtió en un lugar íntimo de meditación. Don Daniel volvió de la sacristía, sin acompañamiento, nos dio la bienvenida y nos invitó a recorrer el vía crucis. Tomó la palabra.
"Primera estación: Jesús es condenado a muerte". Y a continuación comenzó unas reflexiones actuales, directas, haciendo alusión al mundo que nos rodea y a nuestro propio mundo interior, todos los asistentes, en penumbra, oyendo con atención sus palabras, al terminar, un rezo común, y nos sentamos para oír la primera intervención de los músicos.
Personalmente sentía una emoción especial al oír los primeros sones de la música de Daniel y Livia, pues Manolo está constantemente en nuestro recuerdo, pero al oír la increíble voz de Elena Andrades como solista, en esa primera estación, o la de David Cotrino, en la segunda, era imposible contener el torbellino de emociones que se acumulaban en mi interior.
La ceremonia continuó durante sus catorce estaciones, y las palabras de nuestro párroco eran cada vez más certeras, más directas, más íntimas y más cercanas. Cada vez que volvía la música, echábamos de menos esa inconfundible voz de bajo que buscábamos, inconscientemente, entre las demás (es curioso que reconocíamos las voces de Reme, de Santi, de Curro, de María José, de David, de Mari Carmen, de Silvia y de tantos otros, al poner atención en ellos desde el silencio y la calma podíamos oír no solo el conjunto, sino también a cada uno de ellos).
Nunca habíamos estado en una ceremonia parecida, en ese momento de meditación y recogimiento; de introspección y sentimientos comunes. Nos pareció otro mundo, muy diferente del que estamos acostumbrados a ver desde fuera.
Quisimos dar las gracias a don Daniel y darle la enhorabuena por esas palabras tan acertadas, se trataba del vía crucis que el propio papa Francisco había redactado en 2024, escribiendo él mismo las reflexiones y meditaciones, y que había sido adaptado a nuestro entorno por el párroco y una persona de la coral muy experta en el uso de la palabra como fuente de inspiración interior.
Quedaba por felicitar a los músicos y cantantes, pero solo pudimos hablar con Reme, nuestra cuñada, porque el sentimiento de compartir ambas esa gran ausencia de Manolo no nos dejó hacer "mucha vida social", pero desde aquí quisiera felicitara todos y cada uno de ellos, una actuación extraordinaria, magnífica y muy, muy intensa.
Gracias.
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