miércoles, 18 de marzo de 2026

La carta de Marta Calvillo a Esperanza Cabello: Para la profesora violeta

 

Marta Calvillo Melgar

Profesora de secundaria

 

Por Esperanza Cabello

 

Marta Calvillo es una de "mis niñas", siempre me he referido así a mis alumnos, desde que empecé a dar clases en 1981, y eso que entonces la mayoría tenían más edad que yo misma.

Una de las alumnas de El Bosque, porque en Las Cumbres (en la época el mejor instituto del mundo), nos reuníamos personas de todos los lugares de la Sierra, y era un lujo poder compartir y observar cómo iban reaccionando los niños según su lugar de procedencia, al llegar, y según sus afinidades, más tarde.

Marta, como niña, era muy curiosa, muy feliz, muy trabajadora, siempre con aquellos ojillos tan abiertos y aquella sonrisa de esas que a los profesores nos aseguran que no nos hemos equivocado de vocación.

Siempre me acordaré de aquel día, en su graduación, cuando apareció con un ramo de flores preciosas que era más grande que ella misma, se subió al estrado y pronunció su discurso, dedicándome un "cachito" de cariño especial y regalándome, en nombre propio y de sus compañeras (también me acuerdo mucho de ti, sobri💜) aquel precioso ramo tan lleno de ilusiones y agradecimiento. Tanto como siento yo hoy al leer su carta. 

Y ahora, en estos días  que para mí son tan difíciles, que ya están lejos aquellos años de docencia, me he encontrado el mejor regalo que una maestra podría desear. Una carta de Marta💜💜💜.

No puedo dejar de emocionarme al leer estas palabras tan preciosas, y aún más al ver que en los comentarios, un buen montón de mis niños y niñas, hasta las que me dicen "seño-amiga" han seguido su estela ¡y hay tantos relacionados con el francés! 

Mil gracias 

 

Este año, en el instituto donde tengo la suerte de trabajar, con motivo del Día de la Mujer (o, mejor dicho, del Mes de la Mujer) se ha querido rendir homenaje a las mujeres dedicadas al ámbito de la educación.
Para ello, se nos propuso tanto al profesorado como al alumnado destacar la labor de alguna profesora que hubiera dejado una huella especial en nuestras vidas.
Para mí no hubo ninguna duda. Inmediatamente pensé en la mejor profesora que he tenido y en la que más huella dejó en mí.
Por eso decidí escribirle este pequeño homenaje, para que mis alumnos también pudieran conocer de dónde vengo y de quién he aprendido para poder estar hoy aquí (entre otros muchos, claro). Esperanza Cabello Izquierdo.
 
 

 Para la profesora violeta que me dejó huella:
Hay profesores que enseñan una asignatura. Y hay otros que, sin saberlo, enseñan a vivir.
Cuando pienso en mis años en el instituto, no recuerdo solo verbos, ni pronunciaciones, ni exámenes. Recuerdo cómo entrabas en clase siempre con una sonrisa, con esa calma que te caracteriza y que lo llenaba todo, de esas que hacen que el mundo parezca un poco más amable.
Por supuesto, prohibido hablar de problemas, porque ella es luz y positividad al mismo tiempo. No olvidemos el violeta, el color que siempre llevas por bandera. Con el tiempo he aprendido que no sólo es un color, es una forma de ser, un símbolo de fortaleza silenciosa y de bondad.
Hace poco, me envió una redacción mía de francés de cuando era su alumna. No sé ni dónde la encontró, pero verla tantos años después me hizo sonreír y reflexionar... porque sí, había errores, era realmente imperfecta, pero en cada error, ella vio una posibilidad, y donde otros veían fallos, vio potencial.
Y bueno, eso quizás es lo que define al verdadero maestro: saber ver en cada alumno algo que aún ni él mismo es capaz de ver.
 
Gracias por hacer que me enamorara del francés, gracias por enseñarme que los idiomas pueden ser una puerta al mundo, gracias por sembrar sueños donde sólo había dudas y gracias porque gracias a ti tomé la decisión de dedicarme a la mejor profesión del mundo.
Hoy soy yo quien está al otro lado del aula. Y muchas veces me pregunto cómo puede ser que mis alumnos me aprecien tanto si no hago nada extraordinario, ni grandes metodologías... pero entonces me acuerdo de ti. Tú nunca necesitaste grandes inventos para que todos te quisiéramos, porque a veces lo extraordinario no está en los métodos sino en mirar, escuchar y acompañar.
Ojalá algún día consiga transmitir en solo un alumno, una pequeña parte de lo que me transmitiste a mí y recuerde mis clases con la misma gratitud con la que yo recuerdo las tuyas.
Y, por último, gracias por demostrarme que, a veces, basta una persona vestida de violeta, con una sonrisa sincera, y con la capacidad de creer en sus alumnos, para iluminar para siempre el camino de alguien.
Para Esperanza Cabello, con toda mi admiración y mi cariño. 💜

 


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