Juan Mateos Orellana recogiendo su premio con el primer teniente de alcalde, José Antonio Bautista
La semana pasada pudimos leer la noticia en Radio Ubrique (en este enlace) del resultado del séptimo concurso de relatos y cuentos que convoca el ayuntamiento de Ubrique. Mas tarde, en el canal de Youtube de Canal Sierra de Cádiz (en este enlace), tuvimos la ocasión de oír, de boca de los propios protagonistas, los cinco relatos ganadores.
Nuestra amiga Mariángeles López, que había formado parte del jurado, nos comentó que el nivel había sido muy bueno, y que los relatos merecían la pena.
Entonces pensamos que sería una buena idea hablar con los premiados y pedirles que nos dejaran publicar sus relatos en el blog. Hoy nos ha ayudado la profesora Quiteria García, que, puesta en contacto con Juan Mateos Orellana, ha obtenido el permiso para publicar su precioso relato.
Juan pertenece, en el concurso de cuentos, a la primera categoría, los más pequeños, y es alumnos del CEIP Benfelix.
¡Enhorabuena, Juan, por este relato tan bien escrito y tan bien contado! Es precioso.
LA HISTORIA DE MATEO
Por Juan Mateos Orellana, CEIP Benafelix
Ubrique, mi pueblo, está rodeado de montañas y hace años los ubriqueños tenían miedo a los derrumbes que pudieran destruir sus casas.
Por eso, los abuelos de mis abuelos pusieron tres cruces bien derechas alrededor del pueblo, para que nos protegieran de derrumbes y estar seguros.
Se cuenta que hace años a un niño llamado Mateo, que vivía por El Carril le encantaba subir por Ubrique Alto a jugar con las caleras y a buscar piedras.
Un día, empezó a llover muchísimo y Mateo pudo ver una de las cruces, la Cruz del Tajo, torcida, y entonces escuchó un trueno muy fuerte dentro de la sierra.
Mateo salió corriendo y gritando: “¡La cruz se mueve, la cruz se mueve!”. De momento todos los vecinos de Mateo subieron al Tajo con cuerdas y faroles, y cuando llegaron vieron cómo las piedras salían rodando hacia el pueblo.
En ese instante entendieron cuál era la solución. Ataron unas cuerdas a la cruz y entre todos colocaron la cruz bien derechita. En ese mismo instante, las piedras dejaron de rodar, sin provocar daños en el pueblo.
Desde ese día, la gente cuenta cómo Mateo, un niño ubriqueño de diez años, ayudó a salvar el pueblo y que las cruces siempre sigan bien derechas, salvaguardando a nuestro pueblo, UBRIQUE.
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Nota: todos los relatos ganadores están publicados en la página del ayuntamiento de Ubrique (en este enlace) y se pueden descargar en PDF.


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