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miércoles, 17 de junio de 2026

Aromas y sabores de mi niñez, por Amelia Casillas Lara

 


 

 La semana pasada pudimos leer la noticia en Radio Ubrique (en este enlace) del resultado del séptimo concurso de relatos y cuentos que convoca el ayuntamiento de Ubrique. Mas tarde, en el canal de Youtube de Canal Sierra de Cádiz (en este enlace), tuvimos la ocasión de oír, de boca de los propios protagonistas, los cinco relatos ganadores.

Nuestra amiga Mariángeles López, que había formado parte del jurado, nos comentó que el nivel había sido muy bueno, y que los relatos merecían la pena.

Entonces  pensamos que sería una buena idea hablar con los premiados y pedirles que nos dejaran publicar sus relatos en el blog. Hablamos con Amelia Casillas que, muy amable, nos dijo que no tenía inconveniente y nos mandó su texto, que ahora les invitamos a leer, pues es realmente entrañable, cercano, amable, y nos lleva a otros tiempos en los que la vida estaba llena se sabores.

Gracias, Amelia💜 

 

 


Aromas y sabores de mi niñez

Cuando evoco los sabores de antaño, me asaltan matices agrios, salados, dulces e incluso empalagosos; cada uno de ellos envuelto en un sudario de recuerdos. Son retazos de una infancia remota que el reloj de arena, implacable, se empeña en sepultar bajo el polvo del tiempo.

La niñez posee el don de transfigurar la realidad con un halo de fantasía, convirtiendo lo cotidiano en un cuento donde la memoria siempre escribe el mejor final. Esos recuerdos conservan la esencia pura de mis raíces: el alma de mi pueblo, un rincón de belleza serena situado en el corazón de la Sierra de Cádiz.

Hablo de Ubrique, ese enclave único donde las fiestas genuinas huelen a tradición y se saborean a través de una gastronomía que parece detenida en el tiempo. Todo este universo —mi mirada de niña, las leyendas del pueblo y la luz de una época que ya no vuelve— es lo que da vida a esta memoria.

Paloduz

A falta de Coca-Cola, el paloduz en remojo era su sustituto. Esa materia reblandecida y ese sabor del agua a un «yo qué sé» se convertían en un brebaje de color negro, pasando a ser nuestro refresco particular. Nos acompañaba en las tardes de verano, sentados en el escalón de casa con nuestras tacitas de plástico; era nuestra vajilla más bonita.

Como atuendo, nuestro bañador (en mi caso azul marino) que solo se remojaba en la pila de mis vecinas, Aurora y Salomé. Eran dos chicas adolescentes que, junto a su familia, habían emigrado a Barcelona y regresaban al pueblo todos los veranos. Mis tres hermanos pequeños, Carmen, Alejandro y Seba, eran mi pandilla. Ellos, junto a los vecinos y amigos, componían el elenco de la función de tarde.

Volviendo a nuestra pócima y a su fórmula, su preparación consistía en lo siguiente: previamente teníamos que ir guardando los paloduces diarios de cada uno para recolectar una cantidad respetable. De esta manera, una vez troceados y remojados, llenaban el frasco elegido. Al menos debía estar en torno a una semana macerando antes de la degustación. Nos reuníamos en aquellas tardes de calor para jugar a «las casitas» con nuestro peculiar refresco. Es verdad que pasaba el carrito del heladero, una alternativa mucho más atractiva, pero no había opción a cucurucho todas las tardes. Lo sabíamos. Solo mamá decidía el día en que la varita mágica actuaba y teníamos uno entre las manos.

Eso sí, el gran dilema era decidirse por uno de los sabores: fresa, nata, chocolate o vainilla. En tiempos de estrecheces, con cuatro mocosos demandando golosinas, aquello era toda una osadía para la pobre mamá.

 

Caramelos, manzanas y algodón de azúcar

Pared con pared con mi casa vivía mi vecina Leonor, la dulce guardiana encargada de alimentar mi alma golosa que, ya desde la tierna infancia, apuntaba maneras. Era su hogar el jardín de las delicias; y no precisamente el que pintara el Bosco (un lienzo del que yo, a mis tiernos años, ignoraba su existencia).

Leonor era un ser único, una ráfaga de luz en el barrio. Mujer de risa fácil, espíritu afable y un corazón bondadoso que siempre lograba arrancar carcajadas a grandes y pequeños con sus ocurrencias. La vida no la trató del todo bien; pasó por un calvario de vicisitudes y estrecheces, pero allí se plantaba ella, erguida, para desafiar a la tormenta. Su camarilla —como entonces se nombraba a la prole— debía salir adelante a toda costa. Fruto de su pasado bajo las carpas ambulantes, Leonor poseía una sabiduría mágica para la confitería. Cuando encendía los fogones, el barrio entero sucumbía al hechizo: las calles se inundaban de un aroma exquisito que envolvía el vecindario en una densa niebla de azúcar tostada.

Su herencia feriante convertía aquella humilde cocina en un palacio de alquimia: de allí brotaban piruletas de cristal, bastoncillos de dos colores, manzanas bañadas en rubí y nubes de algodón rosa... ¡Umm, cuántas dulces provocaciones para un alma que apenas contaba seis primaveras! Sabores eternos que, desafiando al olvido, quedaron cincelados para siempre en las paredes de mi memoria.

 

Miel y Meloja

Cuando el burrito cargado de cántaros asomaba por el barrio, se desataba una auténtica fiesta infantil. Manuel «el de la miel», como todos le conocían, lo guiaba con paso firme por aquellas calles empinadas y pedregosas.

—¡A la buena miel y meloja! —pregonaba con su peculiar cantinela, que anunciaba la entrada triunfal de semejantes manjares.

Había que andarse con tiento. El animal venía escoltado por una nube vibrante de abejas, celosas guardianas del néctar que les había sido arrebatado. Más de una picadura nos llevamos como medalla de guerra mientras aguardábamos nuestro turno. A mí siempre me fascinó la meloja. Aquellos trozos de cidra, sumergidos en una miel oscura y fluida, eran un verdadero manjar de dioses. Con nuestro jarrillo de lata en ristre, hacíamos cola esperando que Manuel lo colmara. Se nos hacía la boca agua imaginando el momento en que mamá untara aquella densa capa sobre la rebanada de pan a la hora de la merienda.

Aquella tarde, sin embargo, nos aguardaba una aventura imprevista. Como bien se sabe, en la mente de un niño cualquier percance se transforma en la gran epopeya del día. Juanita, la burrita de Manuel, estaba inquieta. El calor apretaba y al enjambre de abejas se le habían sumado los tábanos, (moscas cojoneras como solía llamarlas mi padre). De pronto, sin saber muy bien cómo, el animal empezó a ponerse nervioso y a lanzar coces al aire. Quizás el acoso de los insectos terminó por quebrar su paciencia y la pequeña burra se desbocó.

Manuel intentaba apaciguarla aferrando las cinchas y acariciando su lomo, pero fue en vano: las cántaras salieron despedidas por los aires. Aquella tarde nos quedamos con los jarrillos vacíos y sin el dulce bocado. La miel y la meloja quedaron amalgamadas contra el suelo empedrado durante días, sirviendo de banquete a un ejército de insectos que acudieron a devorar nuestro frustrado festín.

 

Batido de frutas y pastelitos diversos

En aquellos tiempos, la cocina de aprovechamiento estaba a la orden del día. Nada se tiraba, como siempre repetía mamá. Pepe el frutero ofrecía a sus clientes lotes de fruta muy madura que ya estaban a punto de ser desechada para los animales por su corta vida útil para el consumo humano. A cambio de un buen precio, aquello se convertía en una fuente invaluable de vitaminas. Nuestra madre, excelente administradora de finanzas y doctorada en nutrición sin título oficial, nos preparaba la ración diaria en forma de batido. Recuerdo que a Seba no le gustaba ese puré; era el más pequeño de los cuatro y prefería algo más dulce. Otro goloso sin remedio.

Pero papá siempre le guardaba un secreto en los bolsillos. Su trabajo lo llevaba de casa en casa y, palustre en mano, realizaba chapuzas de albañilería para ganar el jornal y sacar adelante a la familia.

Una de sus clientas era Remedios, una señora bondadosa y muy aficionada a la repostería. Sabiendo la prole que Pedro tenía en casa, siempre lo despedía con un surtido de dulces: pastelitos de almendra, de coco, gañotes y pestiños. Seba, a pesar de ser tan pequeño, conocía de sobra el plan B de papá y esperaba impaciente aquellos bolsillos repletos de gloria.

 

Castañas asadas

Llegaba el otoño y, con él, las castañas, las nueces y las bellotas. Nos convertíamos en ardillas roedoras, ávidas de los frutos de la estación. En el patio trasero de nuestra pequeña casa —aquella que nuestro padre había levantado con sus propias manos—, los juegos se interrumpían de golpe por un estruendo metálico.

¿Qué hacía papá destrozando una vieja olla de hojalata? Sin comprender nada, nos tapábamos los oídos mientras él, ajeno a nuestro asombro, golpeaba el fondo del metal con una puntilla y un martillo. Solo repetía:

—Preparaos para el postre de hoy. Es Tosantos y vamos a hacer un tostón; un cliente me ha pagado en especie.

Así se decía cuando el dinero no alcanzaba y el trabajo se cobraba en huevos, garbanzos, pollos o lo que el huerto criara. Aquella vez, el pago fueron castañas.

Cuando el fondo de la olla quedó convertido en un colador, echamos los frutos a los que mamá Teresa, ya había herido con un corte preciso. Las pusimos al fuego sobre el poyo de la cocina, usando aquel butano que era todo un privilegio en tiempos de escasez. Cuando por fin estuvieron listas, nuestras pequeñas manos desafiaban al fuego por la impaciencia de pelarlas.

Aquello era la verdadera fiesta. Un Tosantos cargado de sabores y de unos olores que, todavía hoy, me devuelven a esos momentos únicos.

 

Dulce de cidra

Entonces llegó el gran cambio: la mudanza a una nueva casa, también construida por papá que trastocó nuestro paraíso. Dejar atrás el barrio, los amigos y nuestro parque temático estacional no entraba en nuestros planes. Aquello fue una auténtica tragedia.

La casa nueva era más grande, hermosa y cómoda, pero allí no estaban nuestra pandilla, los aromas familiares ni las noches de verano jugando al fresco. Nos tocaba hacer amigos, estrenar colegio y aprender a corretear por calles más llanas; toda una odisea. Además, la prole no tardó en aumentar: Emma y Jimena llegaron para estrenarnos en el papel de hermanos mayores.

Pero volvamos a los sabores, esta vez en un escenario diferente.

Papá era un auténtico fanático del dulce de cidra —o "cabello de ángel", como también se le llamaba—, el origen indiscutible de nuestros genes y de la vena golosa que compartimos casi todos en la familia. Los pagos en especie seguían llegando, y aquella vez se materializaron en dos hermosas calabazas de cidra.

Al principio creíamos que eran sandías un tanto imperfectas por no ser del todo redondas, y nos reíamos con papá diciéndole que lo habían engañado.

En la tercera planta de la casa teníamos una azotea y un lavadero con una pequeña chimenea donde montábamos nuestra fábrica de confituras. El trabajo se repartía de forma matemática: los mayores troceábamos la cidra y las pequeñas quitaban las pepitas. La cocción en la chimenea quedaba reservada a los padres. Cidra, agua, azúcar y el constante "meneli, meneli", como repetía papá. Conseguir el punto exacto de cocción costaba un sinfín de salpicones y alguna que otra quemadura. Finalmente, el dulce pasaba a los botes, que guardábamos herméticamente cerrados y boca abajo.

Quedaba así listo para rellenar empanadillas, untar en el pan como mermelada o, simplemente, devorarlo a cucharadas a escondidas de mamá.

Aquellos manjares envolvían nuestra infancia en un abrazo de aromas y sabores. Eran tiempos difíciles, de estrecheces, pero la solidaridad mandaba: el pan de unos saciaba el hambre de otros. Fuimos niños y niñas felices porque la fantasía lo transformaba todo.

No alcanzábamos a comprender por qué los helados no eran diarios, por qué a papá le pagaban con un saco de garbanzos o por qué la feria duraba solo un día. Nada de eso importaba: Leonor siempre guardaba retales de caramelos para nosotros y Remedios nos alegraba el día con sus pastelitos. Crecimos sin carencias —una verdadera hazaña para la época— arropados por unos padres jóvenes que se dejaban la piel trabajando. Aquel hogar carecía de lujos, pero rebosaba alegría, amor y recuerdos imborrables.

 

 

¡Magnífico, Amelia, enhorabuena! 

 Nota: todos los relatos ganadores están publicados en la página del ayuntamiento de Ubrique (en este enlace) y se pueden descargar en PDF.

sábado, 28 de marzo de 2026

DESCUBRIENDO UBRIQUE con Fernando Crespo y Esperanza Cabello, 26. ¡Ya huele a Semana Santa!

 


DESCUBRIENDO UBRIQUE  con la COPE, 26

Ya huele a Semana Santa, 27 de marzo de 2026

En este enlace 

 

Por Esperanza Cabello

 

En estos días de finales de marzo el aire ubriqueño tiene un aroma especial. Al olor de azahar y otras miles de flores que comienzan a brotar en primavera se une el olor a incienso y cera que se desprende de las iglesias y también, por supuesto, el olor a los platos tradicionales de  la Semana Santa ubriqueña.

Tortas de bacalao, buñuelos, migas, borrachos, gañotes, magdalenas, torrijas... el aire en las calles, sobre todo en el centro histórico, huele que alimenta.

Pero es que, además, comienza la Semana Santa, un sinfín de actividades litúrgicas, tradicionales, artísticas y cofrades que durante todo el año están preparando cientos de personas, cada uno en su sector. La música de las bandas, las saetas, los ropajes, los ensayos con los pasos, las flores, el orden, el respeto en su más alta consideración, los rezos, las oraciones.

Hay todo un mundo en el interior de nuestra Semana Santa. un mundo que desconocíamos casi completamente y que unos cuantos amigos, muy expertos y muy amables, nos han ayudado a comprender. Gracias a todos.

Ese es el podcast de esta semana en la COPE, ya el número 26, en  el que hablamos de la Semana Santa ubriqueña, con sus luces y su devoción.

En este enlace de hoy podemos oír algunas curiosidades de esta semana especial, una de las más lucidas de Ubrique 

 Y en esta entrada accederemos a todos los programas emitidos hasta el momento.

 


 

 

lunes, 23 de marzo de 2026

La Semana Santa ubriqueña, por Juan Manuel Carrasco Martín

 

Programa de la Semana Santa ubriqueña 2026

 

 

Para preparar uno de los  podcast de "Descubriendo Ubrique", tuvimos que acudir a amigos que conocieran de primera mano la Semana Santa ubriqueña, unos y otros nos fueron dando apuntes aportando fotos o el programa, pero nuestro amigo Juan Manuel Carrasco hizo un relato tan completo, tan apasionado y tan fiel que no podemos dejarlo pasar. 

Son sus palabras, sus descripciones, sus sentimientos... los que nos hacen pensar en una persona con una gran formación, una gran devoción y un gran amor por lo que vive y siente.

Muchísimas gracias, Juan Manuel💜💜💜💜 

 


La Semana Santa ubriqueña, por Juan Manuel Carrasco Martín


En Semana Santa en cuanto a estaciones de penitencia hay 4 jornadas. Domingo de Ramos, miércoles santo, Jueves Santo y Viernes Santo.

 

El Viernes de Dolores es el pistoletazo de salida de la Semana Santa. Comenzará con la Santa Misa dedicada a la Santísima Virgen de los Dolores en la Parroquia de Nuestra Señora de la O. A su término la Hermandad del Nazareno llevará en traslado a la Imagen de la Virgen de los Dolores junto al Nazareno, y a María Santísima Estrella a la Ermita del Jesús, de cara a entronizarlos para su salida procesional. De que salga el Nazareno y la Estrella este día es un hecho excepcional pero no es así habitualmente.  También este día la Banda Municipal de Música Maestro Juan Chacón de Ubrique interpretará su Concierto de Marchas de Procesionales en el IES Nuestra Señora de los Remedios. Una cita para escuchar marchas de gran calado y de calidad. Interpretarán marchas como El Mayor Dolor de Albarrán, Esperanza que guía a Triana, La Gloria de un pueblo de Félix de Carboneras, entre otras muchas.

La víspera del Domingo de Ramos la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios, la Excelsa Patrona de Ubrique organiza el Solemne Vía Crucis penitencial al término de la Santa Misa, presidido por el bello crucificado que en el Convento se encuentra: El Santísimo Cristo del Perdón.

Este año, como novedad y para resaltar el vía crucis llevará un grupo de cámara por miembros de la Banda Municipal de Música Maestro Juan Chacón de Ubrique. Se interpretarán marchas de corte fúnebre y solemne. Digno de ver.

Y las meditaciones del rezo del vía Crucis son las atribuidas al Beato Fray Diego.

 

 

El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor en cuanto a actos se celebra comienza por la mañana temprano (a las 11:40) con la procesión de Palmas y olivos desde el San Antonio hasta la Parroquia. Después se celebra la solemnidad como es menester, la lectura de la Pasión y la Santa Misa. Por la tarde una fundación privada procesionará dos pasos este año, el Misterio de Nuestro Padre Jesús de la Paz en su entrada triunfal en Jerusalén y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos bajo palio. En esta procesión participa la legión de la caballería acompañando al Señor. Digno de ver por el protocolo que llevan y el desfile.

El primero de estos dos pasos es acompañado por la Agrupación Musical Santísimo Cristo del Calvario de Ubrique y detrás de la Virgen la Banda Municipal de Música Maestro Juan Chacón. Bandas de la localidad con gran calado musical, de hecho, la Banda Municipal es centenaria de Ubrique. Recorre parte del Jesús, plaza de la Estrella, avenida de España, Los Callejones, calle San Sebastián y culmina de regreso en el Jesús.

La procesión de la Borriquita empezó en 2012, pero organizándose por aquellos entonces por la querida Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios. Desde el año pasado lo organiza una fundación privada. La primera imagen de este misterio venía de los talleres de Bambalina Totana. Con gran acierto se cambió la Imagen por la del imaginero Jerezano Antonio López en 2017. Las imágenes secundarias son del mismo autor y llegarían en 2019.  

 

El lunes santo en Ubrique como celebración pública tenemos el vía crucis infantil con los niños participando en este piadoso rezo y llevando los diferentes misterios del vía Crucis con los "pasitos en miniatura".

El martes santo se celebra en la catedral de Jerez de la Frontera, a las 11:00, la Santa Misa Crismal, una celebración litúrgica, presidida por el obispo y concelebrada con su presbiterio en la catedral.

El martes santo, en Ubrique, el vía crucis con la devota imagen del Santísimo Cristo del Calvario y que recibe culto en la Ermita del Calvario. Lo organiza la Agrupación Parroquial de San Antonio de Padua.

 

A las 18:00 la iglesia de San Antonio se abrirá para la Adoración, y la Santa Misa tendrá lugar a las 19:30. Al término de ésta comenzará el vía crucis con el Cristo del Calvario, que irá acompañado por la Agrupación Musical Cristo del Calvario y que recorrerá en procesión la calle Torre, Concejo, Peligros y Carril hasta llegar a la ermita del Calvario.

Esta procesión-vía crucis recorre una gran parte del centro histórico de Ubrique, llegando incluso a subir por la montaña para acceder al calvario que fray Buenaventura erigiera en el siglo XVIII y se restaurara en 1939, en ambos casos gracias a la ayuda del pueblo de Ubrique en general.

El miércoles santo se desarrolla, como es costumbre ya en esta jornada, la estación de penitencia de la Fervorosa y Humilde Hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, María Santísima de la Esperanza y Beato Fray Diego José de Cádiz.

 Miguel Sánchez Ruiz, de Ronda, en los años 60 fue quien realizó la talla de Cristo cautivo. La Virgen no llegaría hasta el 2013, siendo su autoría el sevillano e imaginero Don Salvador Madroñal. De este mismo artista, en 2018, es la imagen de nuestro paisano y más famoso capuchino Beato Fray Diego José de Cádiz.

Durante todo el día los pasos están expuestos en su sede canónica, la parroquia de Nuestra Señora de la O. Por la tarde la hermandad celebra santa Misa y por la noche su estación de penitencia, pasando por el casco antiguo. Musicalmente acompaña al Cautivo la banda de cornetas y tambores Nuestro Padre Jesús Cautivo de Ubrique y con la Virgen de la Esperanza la Agrupación Musical Ubriqueña.

En cuanto a la imagen de la Dolorosa que veremos este año en su salida procesional es de José María Hurtado Rodríguez, natural de la Villa de Pilas, Sevilla. Es cierto que la Virgen fue un salto importante para su carrera artística en 2015 y que no fue realizada por encargo exprofeso, la fundación la adquirió posteriormente, siendo bendecida y presentada el domingo 24 de noviembre de 2019.

El Triduo Pascual es súper importante, es el núcleo central de la Semana Santa y del año litúrgico cristiano, que comprende los tres días en los que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo: Jueves Santo, Viernes Santo y la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo.

En la Parroquia se levantará el Monumento donde se reserve el señor al término el jueves Santo.

El monumento del Jueves Santo es en sí la custodia del Corpus Christi de Ubrique que procesiona en dicha solemnidad, en dicho templete se coloca bajo sus columnas la custodia para albergar en su interior al Señor tras la santa misa de la Cena del Señor. Dispuesto de cera y exornado con gusto el monumento será un altar.

Es muy solemne la adoración que se lleva a cabo por los adoradores y que hacen los turnos de vela. A partir de esa tarde y noche se vela la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor. Es un momento para el recogimiento y la reflexión del memorial. El Viernes Santo no se consagra, en señal de luto y es la muerte del Señor, por ello que ese día la comunión se realiza con lo reservado.

 Esa noche Jesús pasó en oración antes de ser traicionado, invitando a los fieles a orar con él.

También lo de estación de penitencia de las hermandades con sus procesiones viene de ahí. El ir a hacer estación delante del Señor que se reserva en el "Monumento". Un altar, un tabernáculo lleno de respeto y de santidad, un lugar digno.

El Jueves Santo es de los días más importantes dentro del calendario litúrgico.

Este Jueves Santo, en Ubrique, la Hermandad del Nazareno será la encargada de evangelizar por las calles con sus titulares, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Estrella. Dos insignes obras de la imaginería andaluza. Juan Antonio Illanes Rodríguez, es el escultor del Nazareno del 1940. Fue donada para reorganizar la Hermandad tras la pérdida de las imágenes anteriores en 1936. Fue terrible porque las imágenes anteriores y que se ven en las fotos antiguas eran de una categoría sublime. Con aquel Nazareno de pelo natural.

La Dolorosa es una obra destacada del escultor e imaginero sevillano Juan Abascal Fuentes. Si no me equivoco es de los años 60. Y sinceramente la hermandad debería apostar por recuperar sus manos originales ya que completan la obra de Abascal. Tenían una sutileza y una gracia maravillosa

El Nazareno procesiona sobre un paso tallado por los hermanos Caballero, La Virgen bajo palio negro. El acompañamiento musical de ese día corresponde a la Banda de Cornetas y tambores Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado de Ubrique y tras la Virgen, la Banda Municipal de Música Maestro Juan Chacón, la banda decana de Ubrique.

El Jueves Santo es la jornada que ha hecho que la Semana Santa siga viva desde hace mucho, mucho tiempo en nuestro pueblo.

Antiguamente la hermandad del Nazareno realizaba su estación de penitencia el Viernes Santo por la mañana, y está atestiguado en las fotos antiguas si nos fijamos. El Jueves Santo el recorrido es el tradicional

El Viernes Santo es una jornada de mucho recogimiento, es el día más importante: La hora Santa, Los oficios del Señor (aquí, como he dicho, no se consagra, se comulga en gracia con la reserva del Monumento), quedando vacío por la muerte del Señor y la Iglesia a oscuras. Este silencio se romperá con la alegría y el gozo de la Pascua que ha de venir.

El Viernes Santo a la hora nona expiró y murió el Señor. Los Oficios de la Pasión del Señor, que se celebran en la parroquia a las 16:30 consisten en tres partes: la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Sagrada Comunión. Es el único día del año en que no se celebra la Misa

Por la tarde, a partir de las 19:30, el Santísimo Cristo Yacente y Nuestro Señora de los Dolores harán su salida procesional. El Yacente desde el San Antonio, y la Virgen de los Dolores desde la Ermita del Jesús. Al llegar la comitiva del Santo Entierro a la calle san Sebastián a la confluencia con la Magdalena se unirá el cortejo de la Virgen de los Dolores.

La imagen del Santísimo Cristo Yacente, como la Virgen de los Dolores son titulares también de la Hermandad del Nazareno, fue adquirida en 1957 por don Antonio Vega Román y donada a la Hermandad en 1991. Sobre las Dolorosa que recibe culto anual en la Parroquia Nuestra Señora de la O, es una obra atribuida, que no constatada, del escultor Juan de Astorga, datada en el año 1812. Se cuenta que fue traída también junto a Nuestra Señora de la O, la titular de la parroquia con la advocación de Antigua antes de su llegada a Ubrique, de la localidad de Carmona por el cura ubriqueño Juan María Coronil en el año 1938.

Tras la urna, la banda de tambores y cornetas Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado pondrá su acompañamiento y tras la Virgen de los Dolores, a los pies de la cruz, la Agrupación Musical Ubriqueña con sus sones.

Pasamos al Sábado Santo con la Vigilia Pascual. La celebración por antonomasia con la que la Iglesia católica y los cristianos celebramos la Resurrección de Jesucristo y su triunfo sobre la muerte. Ocurre en la noche del Sábado Santo (víspera del Domingo de Resurrección).

El cirio pascual entrando a oscuras en la iglesia, recordando la Bajada de Cristo a los infiernos para liberar a los justos del antiguo testamento, el pregón pascual, la liturgia de la palabra y el bautismo de los nuevos cristianos es solemne y como es menester en este día

El Sábado Santo por fin se canta el aleluya, y la música resonará, ya que el viernes santo es en completo silencio

Y el Domingo de Resurrección es la Santa Misa celebrando lo más importante, porque los cristianos celebramos que Dios ha resucitado, es Dios vivo, que no muerto; vivo eternamente.

Este día procesionaba el resucitado del convento, pero en la actualidad no.

Este Domingo de Resurrección la Santa Misa tendrá lugar en la parroquia de Nuestra Señora de la O, a las 12:00.

Podemos añadir que Ubrique en esos días huele por sus calles aparte de incienso, a ese olor característico de la masa de gañotes, un dulce típico de semana santa y cuaresma con sello ubriqueño, a las torrijas, a las tortas de bacalao, a las migas por ser el Viernes Santo vigilia. Son recetas de las abuelas y de las madres de Ubrique que conocen la tradición en estos días, una tradición que se remonta a muchos años atrás