domingo, 19 de abril de 2009

La subida al Pico de San Cristóbal: el Valle de los Íleos

En el Torreón, mayo de 1960

Manuel Cabello tenía un espíritu aventurero sobre todas las cosas, y le encantaba inventar actividades que englobaran a muchas personas. Las subidas al pico de San Cristóbal son una buena muestra de ello.
Todo empezó a principios de los sesenta, cuando un grupo de amigos subió al Pico de San Cristóbal, conocido entonces como el más alto de la provincia. De aquella excursión surgió la idea de subir allí una cruz, como la Cruz del Tajo. Un año más tarde hicieron una bonita cruz de madera, que colocaron, con grandes esfuerzos, en la cima. Incluso llegaron a convencer al párroco del momento, don Gabriel, para que bendijera la cruz y dijera misa en aquel lugar.
Estas excursiones se hacían el primero de mayo, uno de los pocos días al año en que no se trabajaba en las petaquerías. Poco a poco se fue instituyendo la subida al pico de San Cristóbal, y cada vez eran más los interesados en subir.





Foto de Luis Guijo



Manuel Cabello tenía un bastón en el que hacía una muesca cada vez que coronaban la cima, con él se ayudaba para subir y no resbalar con el hielo, porque en aquella época no había equipos de montaña. Al principio todo el camino se hacía andando, y cargaban ellos mismos con los alimentos y el agua. Un día que iban a hacer una paella se perdieron buscando el camino de La Huerta de Benamahoma; entonces preguntaron a un pastor dónde estaba La Huerta, y él les pregunto "¿La huerta de quién? Eso les dió una idea de lo desviados que estaban, tan desviados que habían llegado a Zahara de la Sierra.
La subida al Pico de San Cristóbal se convirtió en un hito para los ubriqueños el uno de mayo. Manuel Cabello organizaba el evento y llegaron a ir hasta cinco autobuses, porque todos los petaqueros y petaqueras aprovechaban para hacer la excursión este día de descanso.
En una ocasión, Manuel Cabello encargó a la imprenta unos folletos anunciando la subida, y la describía explicando que había que pasar por un valle en el que había antiguas neveras (huecos que se llenaban de agua para que se congelara y se hiciera hielo , o donde se conservaba lde forma natural el hielo , que después se llevaba a los mercados para conservar los alimentos durante el siglo pasado) y lo llamaba "el valle de los hielos". Hubo un error de imprenta en esos folletos, ponía "Valle de los Íleos" , y el nombre le pareció tan llamativo y tan sonoro que, a partir de ese momento, siempre fue el Valle de los Íleos.
La Subida al Pico de San Cristóbal se repitió durante muchos años, creemos que unos quince, al final participaba casi todo el pueblo y hasta se hacía la elección de Mis Pico San Cristóbal. Pero la zona fue declarada zona protegida primero , Reserva de la Biosfera después y Parque Natural más tarde, por lo que el desplazamiento de tantísimas personas no era aconsejable y no se pudo seguir celebrando. De todas formas en el recuerdo de todos los ubriqueños quedan aquellas excursiones por nuestras montañas.

Grazalema comparte con Ordesa-Viñamala el honor de ser la primera Reserva de la Biosfera declarada en España, a comienzos de 1977, reserva cuya extensión (50.000 hectáreas) coincide con la del Parque Natural Sierra de Grazalema que fue declarado en 1984.

Leandro Cabello Izquierdo, abril 2009

Natalia Fernández Piñero: una señora abuela

Natalia Fernández Piñero el día de la primera comunión de una de sus nietas, 1967


Por Esperanza Cabello

Nuestra abuela Natalia fue, durante toda su vida, una persona muy especial. Nacida a principios de siglo en el seno de una familia exquisita, se crió con toda la dulzura de su madre, Pepa, y de sus tías las Piñeritas, porque su padre, Eduardo, murió demasiado pronto.
Su esmerada educación y el cariño que recibió durante su infancia y juventud hicieron de ella una mujer sensible, educada, piadosa , sencilla y fundamentalmente buena persona.
Se casó muy joven con Leandro Izquierdo y los hijos llegaron pronto. Nacidos Francisco y Esperanza tuvieron que mudarse de nuevo con las Piñeritas, que acogieron a la familia con cariño hasta que se establecieron en la calle Real. Allí nacieron tres hijos más: Leandro, Antonio y Eduardo. Entonces llegó la guerra y la familia se separó. Fueron tiempos muy duros para Natalia pero ella supo hacer frente a todas las dificultades y llevar a su familia adelante. Después de la guerra dos hijos más: José Luis y María Remedios.
Natalia supo criar a sus hijos con decisión y dulzura a la vez, haciendo de ellos hombres y mujeres de provecho, pero su mayor alegría fueron sus nietos. Tantos nietos y nietas a los que dedicarse y a los que querer... En la fotografía la vemos feliz el día de la primera comunión de una de sus nietas.
Durante toda su vida fue un ejemplo para todos nosotros, un modelo a seguir como mujer, capaz de seguir adelante a pesar de las zancadillas de la vida, capaz de amoldarse a las exigencias del guión de la suya propia, capaz de entregarse a todos nosotros sin pedir nada a cambio.
Si hoy pudiera vernos, ver a sus nietos y a sus bisnietos, se sentiría feliz y nos sonreiría a todos.


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Julia Janeiro Rubiales: una señora abuela

Julia Janeiro y Francisco Cabello el día de la boda de María Remedios

 

Por Esperanza Cabello

 
Nuestra abuela Julia era sobre todo eso: una señora. La recordamos con admiración y cariño: inteligente, culta, piadosa, segura de sí misma, cariñosa, dicharachera, tranquila y fiel a sus creencias, atenta con todos y pendiente de todos.  Como buena "Janeira", era una artista, en su juventud se dedicó, con mucho acierto y pasión, a la pintura, experimentando con materiales y temas diversos. Conservamos algunos de sus cuadros, unos de temática religiosa, otros costumbristas, otros de flores. Uno de sus orgullos fue que sus manos habían sido pintadas por Julio Moisés. Fue modelo de manos para el artista, quizás porque ella misma pintaba, como su padre, Manuel Janeiro Córdoba, y sus hermanos Manuel y Rogelio, la primera saga de pintores ubriqueños.
En su vida tuvo muchos buenos momentos y también algunos muy amargos, pero el halo de dulzura con el que la recordamos no la abandonó nunca.
Se casó muy joven con Francisco Cabello y pronto llegaron los hijos. Tuvieron la desgracia de perder a Francisco, pero Julia, Joaquina, Manolo, Ana María, José María y María Remedios fueron la alegría de sus vidas. Trabajadora incansable, cristiana piadosa y madre dedicada, dejó su huella en todos nosotros, incluso en los que la conocimos muy poco.
Recordamos de ella su cuidada escritura, su expresión diferente, su decisión y su empeño, a pesar de la enfermedad que la persiguió los últimos años de su vida. Tenía una pena, que ninguna de sus descendientes se llamaba Julia cuando murió, pero su última nieta se llama Julia, y su primera bisnieta, nacida el día de la Patrona de Ubrique, se llama Julia también. Después de ellas han venido muchas Julia, y cada una de ellas ha sido un homenaje a esta "señora" tan cercana y tan querida.
Si pudiera vernos hoy estaría orgullosa y feliz de toda su familia, casi tan orgullosa y feliz como el día de la boda de su hija pequeña, de su María Remedios, con la que la vemos en esta fotografía en el patio de la casa familiar, donde estaba también la fábrica y de la que tan buenos recuerdos tenemos.


Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

sábado, 18 de abril de 2009

María Teresa Rivera Corrales: María Teresa la grande.

María Corrales con dos de sus hijos: María Teresa y Blas 1933

Blas Rivera y Marís Vázquez habían venido de Grazalema a Ubrique con sus diez hijos. Uno de ellos se llamaba Blas. Blas se había casado con María Corrales en 1928 y tuvieron tres hijos: Blas, Juan y María Teresa. La repentina muerte de María Corrales hizo que los tres pequeños quedaran sin los cuidados necesarios y, aunque los dos varones fueron acogidos por familiares, la niña fue enviada a Cádiz, a un centro religioso muy estricto, donde estaban retenidas otras jóvenes por diferentes razones. Era una especie de reformatorio, nada adecuado para la pequeña, pero como eran muy malos tiempos de posquerra, no se encontró otro lugar para ella. Estuvo más de veinte años sin salir para nada a la calle, no la enseñaron a escribir ni a leer, aunque sí aprendió a coser. Ella contaba horrores de aquellos años, horrores de penurias y privaciones; horrores de malas noches, malos días y mala vida.
Cuando tenía 25 años, uno de sus hermanos pensó en ella y fue a recogerla. La sacó del centro y la mandó a Ubrique, donde los familiares de su madre no quisieron acogerla. La enviaron con nuestra abuela Natalia, porque era conocido su buen corazón y nuestro abuelo Leandro era su primo.
María Teresa estuvo viviendo con la familia Izquierdo hasta que conoció a Juan Román, el amor de su vida, con el que estuvo casada hasta que murió en 2008. Siempre les gustó la vida tranquila y hogareña con sus animales, con sus gallinas, con sus "perrillos", con su costura.
Siempre llamó la atención de todos el primor de sus labores, sus bordados diminutos y sus mantelerías y cortinas con vainicas y dibujos. En todo lo que hizo en la vida puso pasión y empeño, quedó bien demostrado en la escuela de adultos, a la que acudió muchos años con afán de mejorar y aprender y en la que se convirtió en todo un símbolo del poderío de la voluntad.
María Teresa y Juan no pudieron tener hijos, pero a nosotros nos quisieron como si fueramos suyos, nos paseaban, nos ayudaban, nos escuchaban, nos trataban siempre con cariño. Y para nosotros María Teresa siempre fue nuestra familia.
Conservamos con infinito cariño y respeto el marcador de su madre, María Corrales, que nos dió para que lo añadiéramos a los tesoros familiares junto a esta foto a la que ella tenía especial cariño, por ser de los pocos recuerdos de su propia familia que había podido conservar.

Esperanza Cabello Izquierdo. Abril 2009

Natalia Fernández Piñero: Los tiempos modernos llegan a Ubrique.

Corría el año 1924, y el grupo Singer organizó en Ubrique cursos de costura a máquina para que las ubriqueñas pudieran aprender el manejo de las máquinas de coser y, consiguientemente, adquirir una. Natalia, cuarta fila a la izquierda, participó como otras muchas ubriqueñas en estos cursos, que se celebraron dentro de la ermita de San Pedro y al que acudieron muchas personas. En estos años de modernidad Ubrique se mostraba como un pueblo en pleno auge y las propuestas comerciales de maquinaria y suministros para marroquinería y costura tuvieron muy buena respuesta.
Aún conservamos ¡Cómo no! la misma máquina de coser que había sido de nuestra abuela toda su vida.

Ocurris: la mejor apuesta de Manuel Cabello

El Salto de la Mora. Foto: Julia Ruiz Cabello

Manuel Cabello Janeiro siempre había sido un apasionado de la arqueología. Cuando emprendió la tarea de Misión Rescate no sabía aún lo importantísima que sería su labor para preservar la historia de nuestro pueblo ni lo implicados que estaríamos todos los ubriqueños con sus descubrimientos.

Durante toda su vida había, como cualquier ubriqueño, recorrido la sierra una y mil veces. Sabía de la existencia de un cobijo para los cerdos y las cabras en el lugar denominado "Salto de la Mora", y había visto restos de otras construcciones. A finales de los sesenta, estudiando el libro de la historia de Ubrique, supo de la existencia de Juan Vegazo, y los esfuerzos que había hecho para sembrar una viña al tiempo que excavaba unas ruinas romanas.


La Cruz del Tajo. 1985

La creencia general era que allí ya no quedaba nada que mereciera la pena, y los restos visibles eran poco representativos. Pero Manuel Cabello se empeñó y se empeñó en que había que estudiarlo. Con muy pocos medios, pero con gran poder de convocatoria y convicción, consiguió implicar a Bellas Artes, a las autoridades locales, a la Diputación y a todo el que fue necesario para empezar varias campañas arqueológicas, dirigidas por el arqueólogo sevillano Salvador de Sancha, erudito y director del Museo Arqueológico de Sevilla, que desembocaron en el descubrimiento de los monumentos y la puesta en valor de todo el lugar. Sus trabajos dieron fruto, y más tarde han seguido las excavaciones y las tareas de limpieza, algunas dirigidas por su propia hija, Natalia.
Hoy día Ocurris, el Salto de la Mora (como ha sido conocido desde siempre) , forma parte del patrimonio arqueológico de la Sierra de Cádiz, se realizan visitas organizadas para que todos los escolares de la zona puedan conocerlo y está considerado como una de las joyas del Patrimonio Ubriqueño, y, cualquiera que esté interesado por la historia del lugar, puede consultar el libro de Manuel Cabello "Ubrique, encrucijada Histórica para caminos juveniles".

Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

Teresa Ortega Rivera: Teresita


Blas Rivera y María Vázquez habían llegado de Grazalema a Ubrique con sus diez hijos. Además de nuestra bisabuela Antonia, algunos de ellos han sido muy importantes para nuestra familia:
Una de ellas era María Rivera, que se había casado con José Ortega. José y María vivían en el campo, en la Ventalleja, por el camino de Puerto Galis. Su hijo mayor se llamó José, su segunda hija Teresa, y también hubo un bebé, que murió a muy temprana edad.
María Rivera Vázquez murió demasiado pronto, cuando José tenía nueve años, Teresita seis y el bebé tres meses. Su esposo, José, se vió incapaz de cuidar de los más pequeños y su tía, nuestra bisabuela Antonia, se encargó de los dos. El más pequeño murió, a pesar de los cuidados de su tía, que le buscó una nodriza. Teresa se amoldó rápidamente a la familia. Al principio Antonia la mandó a la escuela del asilo con las monjas, para que fuera aprendiendo, pero pronto pensó que era mejor que aprendiera una profesión, y la mandó a coser con María Angulo. Teresita hacía recados, ayudaba a quitar hilvanes, sobrehilaba e iba aprendiendo poco a poco, hasta convertirse en una costutera decidida y primorosa, capaz de hacer cualquier tarea de costura con una maestría envidiable.
Al vivir con su tía, Teresa no mantuvo los lazos con su padre y su hermano José, al que sólo volvió a ver en tres ocasiones durante su vida.
Vivió muchos años bajo la atención de nuestra bisabuela, después empezó a trabajar en la fábrica de artículos de piel de nuestro abuelo Leandro como costurera, y allí estuvo trabajando hasta que se casó con Francisco Pérez Rivera. Se daba la circunstancia de que Francisco y Teresita eran primos, así que hubo que pedir dispensa al Vaticano para que la boda se pudiera celebrar.
La nueva familia siguió viviendo en la calle San Pedro, con Antonia y Francisco, y Teresa cuidó de todos con una abnegación, una atención y un amor encomiables. Más tarde vinieron los hijos, el primero se malogró, pero las dos niñas, Antonia María y María Teresa, y más tarde los nietos, Elisa y Rafael, fueron la alegría de Teresa durante toda su vida.
Teresita fue siempre una de las personas más queridas de nuestra familia, siempre se ocupó de todos nosotros y nos quiso a todos como una gran madre.

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viernes, 17 de abril de 2009

Procesión en Ubrique, 1934

 
 
En la imagen podemos observar la procesión de una sencilla imagen de Cristo Crucificado en la Semana Santa de 1934, bajando por la actual calle Moreno de Mora y acercándose a Los Callejones. Durante un largo periodo las manifestaciones religiosas se suspendieron en Ubrique después de la Guerra Civil.
En 1951, siendo párroco de Ubrique don Francisco Lanzat Ríos, Manuel Cabello tuvo la idea de crear la hermandad del "Cristo del Perdón y de la Sierra", que fue debidamente autorizada. La imagen del Cristo del convento volvió a salir en procesión en la Semana Santa de 1951, pero el año siguiente la parroquia cambió de titular, y el nuevo párroco consideró que la imagen no contaba con un trono adecuado que garantizara su seguridad, por lo que no permitió que volviera a salir y la hermandad se disolvió. 
 
Es la misma imagen del Cristo que actualmente sale a hombros y es llevada hasta el Calvario.

Esperanza Izquierdo Fernández, abril 2009


En los toros

En la Plaza de Toros de Ubrique, en el palco presidencial, sobre 1916. Reconocemos a Pepita Yuste, amiga de la familia, la segunda por la izquierda.

En los toros de Ubrique

Foto tomada en la Plaza de Toros de Ubrique en 1918. Reconocemos a Natalia Fernández, sentada en el centro de la imagen, y a Elena Reguera, la primera de la izquierda en la fila superior

jueves, 16 de abril de 2009

El Día del Corpus

Foto: Manuel Cabello Janeiro y Francisco Cabello Izquierdo
Ubrique, Día del Corpus, 1959



Día del Corpus, 1920


Día del Corpus, 1954

Día del Corpus, 1953

Reconocemos a Doña Isabel Rodríguez, Doña Elena Reguera, Doña Natalia Fernández, Doña Ángeles Sánchez, Doña Esperanza Izquierdo, Doña Emilia González, Doña Loli Piña y Doña Elisa Bohórquez.



Día del Corpus, 1922

La pilita abajo

lunes, 13 de abril de 2009

El dos caballos. Nuestro primer coche familiar.


Con el dos caballos en la Feria de Sevilla. Abril 1964


Corría el año 1964, y Manuel Cabello estaba deseando "modernizarse" y comprarse un "bólido". Como no había demasiada bonanza económica, se decidieron por un precioso citroen dos caballos azul, con sus auténticos dos caballos en el capó y completamente descapotable. Era un coche de segunda mano y lo pagaron a letras de cinco mil pesetas al mes.
El citroen dió todo el juego que se le podía pedir a un coche: lo usamos como medio de transporte super-familiar, porque, en caso necesario, viajábamos en el los siete de la familia Cabello Izquierdo y hasta otros siete más de otra familia.


Con el dos caballos callejeando por Ubrique.


Nuestro coche también sirvió como carroza para la romería de San Isidro, completamente engalanado con hojas de palmera y farolillos, y fue el inicio de "transportes Manuel", nombre con el que, de broma, llamábamos a los traslados familiares. Hasta hizo de coche auxiliar para la cabalgata de los Reyes Magos.
El pobre dos caballos terminó sus días con nosotros en 1972, sin asientos y sin embrague. Usábamos una caja de cervezas para el asiento del conductor y una guita para embragar. Se quedó en el concesionario Seat cuando compramos nuestro segundo coche familiar, pero esa es otra historia...


sábado, 11 de abril de 2009

Los chicos del coro

Julia Janeiro Rubiales: Galería de fotos de abuela Julia


Familia Cabello Janeiro. Estudio fotográfico Arenas. 1938




Los primos de Buenos Aires, en la cerca




Día de campo, 11 de julio de 1922





Abuela Julia en su patio, 1925




Foto familiar de Julia Janeiro. 1922


Día del Corpus, 1922



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Día de campo. Familia de Julia Janeiro


Abuelo Paco, 1926



Día de campo, 10 de abril de 1922




Julia Janeiro con Lola y María Luque. 1918



Paseo familiar. Ubrique visto desde la Cruz del Tajo. 1922



Julia Janeiro con unas amigas. 1921



Joaquina Orellana Artacho: La abuela Joaquina.

Joaquina Orellana Artacho y sus cinco nietos.


Nuestra bisabuela Joaquina Orellana era natural de Cuevas Bajas (Málaga), y se había casado con Francisco Cabello, Maestro de Primera enseñanza de Sedella.
Los primeros tiempos de su matrimonio fueron difíciles, pero a finales del siglo XIX el gobierno español hizo un concierto con el gobierno argentino para paliar la escasez de maestros del país hermano. Jóvenes emprendedores y decididos, Joaquina y Francisco emprendieron un viaje de más de treinta días de navegación y se asentaron en Sunchales, en la provincia de Santa Fé.
Francisco fue el segundo director de la escuela (lo siguen recordando aún hoy) y Joaquina se dedicó al cuidado de su casa y sus hijos.
Al morir Francisco, Joaquina decidió volver a España, y se asentó con sus siete hijos en Ubrique, donde el hermano de su marido, José Medina, era párroco. Allí comenzó, en 1907, el primer taller de manufacturas de artículos e piel de Ubrique que más tarde dirigiría nuestro abuelo.
Joaquina siguió viviendo con sus hijos y más tarde, cuando Francisco y Julia se casaron, vivieron todos juntos, junto con la tía Ana, ganándose el cariño de todos sus nietos.


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viernes, 10 de abril de 2009

La familia Cabello en Ubrique

Abuela Julia y abuelo Paco. Foto Martín, Ronda 1925


En el segundo capítulo de su libro "Del tricornio o sombrero de tres picos a la montera" (1992), Manuel Cabello Janeiro cuenta cómo su madre, Julia, y su tía, Ana, pasaban muchas veladas contando a los cinco hermanos (Julia, Joaquina, Ana María, Manuel, José María y María Remedios) relatos e historias familiares. De estas historias las más aplaudidas eran las relativas a los orígenes de la familia.
La de Francisco Cabello Orellana era una historia única: había nacido en Argentina, hijo de un maestro de primera enseñanza, Francisco Cabello Medina, nacido en Sedella, y de Joaquina Orellana Artacho, nacida en Cuevas Bajas, ambas poblaciones de la provincia de Málaga, que habían emigrado al cono sur para hacer las Américas.
Habían hecho un viaje de más de treinta días de navegación, llevando todos los parabienes de los dos gobiernos por un acuerdo trás la petición del gobierno Argentino a España a finales del siglo XIX para que maestros de Instucción Pública marcharan a Argentina para desarrollar su labor allí.
Pasados unos años Francisco y Joaquina habían formado una larga familia, con una numerosa prole de la que sobrevivieron diez hijos. Pero una enfermedad terminó con la vida de nuestro bisabuelo, que murió en Sunchales, provincia de Santa Fé, a 500 kilómetros de Buenos Aires, donde está enterrado. Joaquina decidió rápidamente que volvería a España, y lo hizo con todos sus hijos (el mayor de apenas catorce años y el menor un bebé de meses). Pensó que no volvería a su lugar de origen, sino ir a Ubrique, pueblo que dependía de Málaga desde el punto de vista eclesiástico, cuya parroquia regentaba un sacerdote sedellano, hermano de Francisco, Don José Cabello Medina, que los recibió con los brazos abiertos.




José era un hombre caritativo (él fue quien intervino ante el Ayuntamiento para que se fundara un asilo de la caridad), y consiguió que su cuñada Joaquina y sus diez hijos quedarn alojados en la calle del Perdón de Ubrique, muy cerca de la Parroquia.
Poco a poco los hijos empezaron a trabajar en las petaquerías (fábricas de petacas) de Ubrique, unos estudiaron, dos fueron al seminario de Málaga (nuestro abuelo Francisco fue uno de ellos) , una hija, Guadalupe, se casó con un farmacéutico; las hijas Joaquina y Elena se quedaron en la casa para ocuparse de ella y todo funcionó bien hasta que el ama de llaves del sacerdote lo convenció de que era una locura mantener a aquella familia y nuestra tatarabuela Joaquina y sus hijos buscaron un nuevo hogar: una casa en alquiler en la que montaron un modesto taller artesanal de manufacturas de artículos de piel en 1907, fecha en la que todas las petaquerías de Ubrique empezaban a ser famosas en toda España.
Mamá Joaquina sembró el germen de los artículos de piel en la familia Cabello, más tarde nuestro abuelo, Francisco Cabello y nuestro padre, Manuel Cabello, continuaron con la tradición familiar hasta que a mediados de los sesenta cerraron la fábrica y Manuel se dedicó a la enseñanza.
Joaquina Orellana siguió viviendo con su familia hasta 1944, fecha en que nos abandonó para siempre.
Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009


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jueves, 9 de abril de 2009

Leandro Izquierdo Rivera: Los comienzos de la marroquinería en la familia Izquierdo

Leandro Izquierdo en la fábrica de Juan Villalobos Luque
Marca Hispania, cuyo agente era Emilio Santamaría Caballero

Ya conocemos la historia de nuestros tatarabuelos Blas Rivera y María Vázquez, que vinieron desde Grazalema con su muy numerosa familia para establecerse en Ubrique y hacer funcionar un batán. Nuestra bisabuela Antonia, su hija mayor, nacida en 1878, regentaba un refino, en el que vendía el paño por varas, y se casó con Francisco Izquierdo Moreno, arriero, cuyo padre (Leandro Izquierdo, casado en Ubrique con una viuda, con la que tuvo dos hijos, Francisco y María) había llegado desde Valladolid vendiendo especias. El único hijo de la pareja fue nuestro abuelo Leandro Izquierdo Rivera, que nació y se crió en el Portichuelo, en la calle Toledo.

Leandro empezó a trabajar desde muy pequeño en la fábrica, con doce años, en 1921, su madre lo quitó de la escuela y lo puso a trabajar en el taller de Juan Villalobos Luque, un empresario hijo de Antonio Villalobos, también marroquinero. Su agente fue Emilio Santamaría Caballero, recién llegado al pueblo, que traería nuevos aires a los talleres tradicionales y que comenzaría una nueva aventura empresarial
Leandro trabajaba de sol a sol y por las noches seguía estudiando con su maestro don Antonio. Esta educación espartana y recia hizo de él un hombre siempre dispuesto a avanzar y mejorar. Con 17 años, en 1926, ya estaba "a parcerías" con Luis Piñero (hermano de nuestra bisabuela Pepa) y Tomás Bueno Ortiz de Azcárate.

Con 20 años se casó con Natalia Fernández Piñero, y al principio vivieron en la casa de las Piñeritas, allí nacieron los dos primeros hijos: Francisco (1931) y Esperanza (1932). Entonces quiso montar el negocio por su cuenta y contó con la gran ayuda de su abuelo Blas. Blas había recibido unas veinte mil pesetas porque uno de sus hijos había muerto en la guerra de Cuba, y se las dió a su nieto Leandro para montar su primera Fábrica de Artículos de Piel, de Ubrique fue en la calle Real, y cuenta nuestra madre, Esperanza Izquierdo, que ya en el primer año tenía más de cuarenta empleados.
Leandro Izquierdo Rivera se encargaba personalemente de los pedidos, y desde el principio tenía muy buenos clientes. Tiendas de renombre en la Gran Vía madrileña, y comercios especializados en primeras marcas de señora y caballero.
Sus productos eran siempre de primera calidad y él se encargaba personalmente de supervisar la producción y de elegir las materias primas.
El negocio empezó rápidamente a despuntar, pero llegó la guerra, y Leandro estaba en Madrid. Tuvo la desgracia de estar allí en el peor momento, y fue denunciado y encarcelado durante varios años en la cárcel Modelo. La historia de estos tristes momentos la contaremos otro día.

Al terminar la guerra Leandro Izquierdo volvió a Ubrique, donde lo esperaban su mujer y sus cinco hijos mayores (después nacerían los dos pequeños), y tuvo que trabajar muy duro para volver a poner en marcha la fábrica. Pero era emprendedor y decidido, y fue capaz de montar la mejor empresa de Artículos de Piel de Ubrique del momento, trasladándose en 1942 a la calle San Pedro, número 22, dando empleo a muchos trabajadores y manteniendo una producción de muy alta calidad hasta bien entrada la década de los ochenta. La marca de Leandro Izquierdo Rivera, LIZ, siempre fue de las más prestigiosas de Ubrique.
Sus hijos, y más tarde algunos de sus nietos y sus bisnietos han mantenido la tradición familiar y continúan fabricando y comercializando Artículos de Piel de primera calidad en Ubrique.


Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009