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miércoles, 17 de marzo de 2010

Rogelio Janeiro Rubiales

Humberto, Eloy y Rogelio Janeiro Rubiales
Miguel Reguera Rubiales
Pedro Rubiales García
Camagüey, Cuba. 1920




Postal enviada desde Cuba
por los hermanos Janeiro a la familia en 1919



Por Esperanza Cabello

Nuestro tío abuelo Rogelio era uno de los muchos hijos de Manuel Janeiro Córdoba y Julia Rubiales Coveñas.
Nació en 1895, y se crió, como todos sus hermanos, en la Plaza de la Verdura. Nuestra tía Isabel lo recuerda con cariño, y mantiene su recuerdo a pesar de que era uno de los más pequeños.
Rogelio fue creciendo entre la fábrica de fideos de la familia y el café, que era el sustento de todos, aunque también en aquella época arreció la crisis y los hermanos mayores, Eloy y Humberto, decidieron emigrar a Cuba.
También emigraron, en un primer momento, varios primos, cuyas familias siguen hoy día viviendo en Cuba (pinchar aquí).


Los primos en las oficinas de la plantación
Camagüey, 1920



Rogelio los acompañó cuando sólo tenía catorce años. A pesar de conocer ya a la que sería su novia y después su mujer, Juana María Carrasco, en 1910 se fue a trabajar a Cuba, en la ciudad de Camagüey, al este de la capital.




Tarjeta enviada por Eloy a sus padres
desde Santander en 1919
Justo antes de una travesía

Los tres hemanos trabajaban, ¿cómo no? en un ingenio de café (se llamaba así a las fábricas que procesaban el café que iban produciendo los cafetales). Rogelio trabajaba en las oficinas, aunque su hija, nuestra tía Mª de los Ángeles, supone que se encargaría de muchas otras cosas. Sabemos que, por tradición familiar, Rogelio era un artista. Pintaba, como varios de sus hermanos, y, según nuestro padre, era el mejor de todos.
Humberto, Eloy y Rogelio estuvieron trabajando en Cuba, junto a otros ubriqueños, hasta 1923.


En el ingenio de café, 1920


A partir de ese año, Rogelio se asentó definitivamente en Ubrique, su pueblo, al que había vuelto esporádicamente en aquellos trece años, en rápidas visitas a la familia y a su novia, Juana María, que trabajaba en la escuela de su tía, Ángeles Bohórquez, como auxiliar de maestra, trabajo que mantuvo hasta que se casó.


La familia en 1921, durante un viaje a Estepona
Rogelio y Ana a la derecha de la foto


Rogelio y Juana María se casaron en 1924, nuestra tía recuerda que todos estaban de luto aquel año. Con el dinero que había ido ganando en el ingenio de café, Rogelio adquirió una fábrica de artículos de piel, en la esquina de la calle Botica.




Además, hombre emprendedor, acostumbrado al movimiento en la plantación de café y a la modernidad, Rogelio decidió comprar dos automóviles, para empezar un negocio de transportes, uno de ellos lo conducía Bartolo Gómez, y el otro el propio Rogelio.



La vida les sonreía. Rogelio se había convertido en un empresario próspero y la vida de la familia transcurría tranquilamente en su casa de la calle Botica. Pronto los hijos empezaron a llegar. A pesar de haber perdido al primero, en 1926 nacía Manuel, el primogénito, nuestro tío el maestro Manuel Janeiro Carrasco, que fuera alcalde de Ubrique en 1968.
Un par de años más tarde nacía una preciosa niña, María de los Ángeles.
Rogelio se había convertido en un apreciado vecino, concejal del Ayuntamiento.



Rogelio Janeiro, 1924


Pero no duró mucho la felicidad de la familia. El día 20 de marzo de 1929, rogelio tuvo un accidente al ir a aparcar su coche. Acababn de hacer un viaje y había llegado a su destino, en la entonces plaza de Alfonso XIII (la Plaza), se había acercado a ver a su esposa y a sus niños, Manuel con dos años y Mª de los Ángeles con seis meses y decirles que el viaje había terminado bien.



Paseo del Prado, años 50
La fábrica de Curtidos de Manuel Carrasco
se encontraba al final del Paseo


Los coches los aparcaban en el actual paseo del Prado, donde Manuel Carrasco, su suegro, tenía una fábrica de curtidos y donde habían hecho un garaje. En el siguiente recorte de prensa pueden leer lo que sucedió:




A pesar de que lo trataron varios médicos, las heridas fueron muy graves, sobre todo la herida del pecho, que se le cangrenó, por lo que murió cinco días más tarde, con 33 años. Debió de ser muy sonado. Era el primer accidente de tráfico serio en Ubrique y había habido varios heridos.


Juana María nunca se recuperó de esta muerte. Se quedó totalmente destrozada. Toda la vida esperando a un marido que la muerte le arrebató demasiado pronto.
No quiso ocuparse de la fábrica, ni mucho menos del negocio de transportes. Se fue con sus dos niños a casa de sus abuelos con sus tías Ángeles y Sebastiana, en la calle del Agua, el que había sido siempre su hogar.



La vida de la familia Carrasco Janeiro transcurrió, a pesar de la ausencia del padre, casi normalmente. Todos se ocuparon de que a los pequeños no les faltara nada y se criaron en un ambiente culto y de libertad.
Años más tarde pusieron el teléfono en Ubrique. La CTNE (telefónica) empezó a instalar centros familiares, atendidos por familias. Juana María se presentó a unos exámenes que hacían los inspectores de Madrid y obtuvo la licencia para una centralita.
Su hija Mª de los Ángeles recuerda, con una memoria envidiable, los cien primeros números de Ubrique.
Nos los ha recitado todos, y hemos retenido, como curiosidad, los siguientes:

1- El Ayuntamiento
2-Familia Coronel
3-La Guardia Civil
16-El Casino
20-Bar Capitol
25 -Café de Rodrigo
27- Familia Izquierdo
38- Familia Cabello


(Si alguien los quiere saber, tenemos el listado completo)

Juana María (que había nacido en 1898) murió el 31 de enero de 1963, acompañada siempre por su familia, sus tías, sus hijos y ya sus nietos.
Los dos hijos de la pareja hicieron sus estudios de magisterio y hoy Rogelio y Juana tendrían doce nietos y muchísimos bisnietos, a los que desde aquí mandamos un gran saludo.

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miércoles, 2 de febrero de 2011

Manuel Janeiro Carrasco, una buena persona y un buen alcalde

Manuel Janeiro Carrasco




Por Esperanza Cabello

Desde que en 2008 decidimos empezar a escribir en un blog las historias de la familia, con un gran empeño en que no se perdiera ninguna y en hacer un pequeño homenaje a tantas personas tan queridas, teníamos claro que una de las personas más especiales y más significativas, no sólo para nosotros, sino para toda la familia y para todo el pueblo, era nuestro tío Manuel Janeiro Carrasco.
Por fin hoy, después de mucho posponer y esperando tener más datos, más fotografías y más historias, tenemos la ocasión de hablar un poquito de él, aunque aún no hayamos terminado.

Manuel Janeiro Carrasco fue el hijo mayor de Rogelio Janeiro y Juana María Carrasco.
Su padre, nacido en 1895, se fue a trabajar a Cuba con solo catorce años, pero ya conocía a la que sería su mujer, Juana Carrasco, que trabajaba en la escuela de doña Ángeles Bohórquez como auxiliar, por lo que volvió muy pronto a Ubrique para casarse.
Se casaron en 1924 y unos años después nacería el niño, al que pusieron por nombre Manuel, como a su abuelo paterno, Manuel Janeiro Córdoba. Manuel nació el 16 de enero de 1927.
Dos años más tarde nacería su hermana, María de los Ángeles, que también es maestra.

Lamentablemente Rogelio moriría en un terrible accidente de coche un año más tarde, y Juana María se fue con sus dos niños a vivir con los abuelos a la calle del Agua, con sus tías Sebastiana y Ángeles Bohórquez, las dos primeras maestras de Ubrique.
Suponemos que el hecho de que tanto su madre como sus tías se dedicaran a la enseñanza tuvo que ser fundamental para la elección de la profesión de los dos hermanos, pues tanto Manuel como María de los Ángeles fueron maestros. Ambos hicieron sus estudios a mediados de los cuarenta en la Escuela Normal de Cádiz.


Construcción del Grupo Escolar "Víctor de la Serna"


Hemos podido ver cómo Manuel Janeiro se ocupó, junto a don Rafael Jiménez, de la escuela Parroquial,también cómo trabajó en la Escuela de Artes y Oficios, hasta que, gracias a su espíritu renovador, fue nombrado Director de todos los Grupos Escolares "Agrupación Escolar Mixta" desde el Víctor de la Serna.

Todos los escolares ubriqueños desde los años cincuenta hasta los setenta hemos conocido a don Manuel Janeiro, un hombre con una personalidad increíble, fuerte, educado, culto y sensato.
Pero cuando fue más conocido por todos fue cuando, llevado por su espíritu de superación, decidió comprometerse también con la sociedad ubriqueña desde el Ayuntamiento.
Primero fue concejal de cultura con don Carmelo Gago (un magnífico alcalde de Ubrique, el primero que conocimos, y al que también hemos de dedicar unas cuantas páginas) y después de esa experiencia se animó a seguir él mismo en la alcaldía cuando don Carmelo se retiró.


 El alcalde Manuel Janeiro recibe la visita de los profesores
Francisco Collado y Manuel Cabello, 
que habían recibido un premio de Misión Rescate


Manuel Janeiro fue un buen alcalde, por encima del momento político y por encima de cualquier consideración. Los cuatro años que estuvo en la alcaldía se dedicó de lleno a su pueblo, a mejorar su urbanismo, su cultura, su turismo, las relaciones laborales...

Nosotros hemos encontrado un bando de la Alcaldía de 1968 que publicamos a continuación. Es muy interesante todo  lo que cuenta, porque así nos vamos haciendo una idea de cómo era Ubrique en ese año.
Cada una de las imágenes es ampliable, pinchando sobre ellas se pueden leer con cierta comodidad. También pueden leer el artículo completo pinchando aquí:


 Bando de 1968, I


 Bando de 1968, II


 Bando de 1968, III


Bando de 1968, IV
Bando de 1968, V


La experiencia de la alcaldía duró sólo cuatro años,  en este tiempo Ubrique empezó a convertirse en un pueblo moderno, y Manuel Janeiro se fue ocupando de los pequeños detalles para que nada faltara en este pueblo.
Manuel se había casado con Carmina Carvajal Ávila, y ambos habían tenido una preciosa familia numerosa, con cuatro hijas "como cuatro soles" (que diría su tía) María del Carmen, María de los Ángeles, Marina y Juana María. Toda la familia se trasladó a Sevilla en 1974, cuando las niñas tuvieron que seguir con sus estudios.
Una vez jubilado, vivían a caballo entre Ubrique y Sevilla, aunque Manuel estaba cada vez más apegado a su pueblo.
Murió en 2004, después de una vida llena de emociones, de experiencias y de buenas acciones. Nosotros tuvimos la suerte de visitarlo varias veces en su campo, y era un hombre excepcional.

Hoy estaría muy orgulloso de toda su familia, y de ver cómo han ido creciendo sus nietos y nietas. A ellos,  Carmen, Marta, Miriam, Natalia, Manuel, Belén, Alicia, Cristóbal, Carmen y Elena, les dedicamos este recuerdo.







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domingo, 8 de marzo de 2015

María de los Ángeles Janeiro, una ubriqueña excepcional

María de los Ángeles y Manuel
Ubrique, años treinta
Fotografía de Pedro Rubiales


Por Esperanza Cabello

Hoy es el Día de la Mujer, un día extraordinariamente importante para todos nosotros pues, a pesar de los esfuerzos de muchas personas, las mujeres siguen necesitando dejar de ser casi invisibles en muchos casos, necesitan recuperar su puesto, dejar de ser ciudadanas de segunda y recobrar toda su dignidad.

Hace mucho tiempo que queremos dedicar una entrada a esta mujer extraordinaria, a María de los Ángeles Janeiro Carrasco, ya hemos hablado de muchas personas de su familia, de sus tías, de sus padres, de su hermano, de su marido... Pero ella siempre dice, con la gran modestia que la caracteriza, que el protagonismo no debe ser para ella, que su vida es una vida normal y corriente, que no es un personaje.
Sin embargo todos los que la conocemos no estamos de acuerdo con esta afirmación, pues, sin lugar a dudas, María de los Ángeles es una ubriqueña muy especial, digna merecedora del modesto homenaje que sus familiares podemos ofrecerle.
No solo su linaje es de mujeres fuertes, valerosas y de mentalidad avanzada, ella misma es el modelo de mujer dispuesta, capaz, tenaz, enérgica y, por supuesto, con un corazón de oro.



María de los Ángeles con sus primas y amigas
En el jardín de Santamaría


María de los Ángeles Marina Janeiro Carrasco nació en Ubrique, un frío veintisiete de diciembre de 1928, sus padres fueron Rogelio Janeiro Rubiales y Juana María Carrasco Bohórquez, (pinchar aquí). Sus padrinos de bautismo fueron Isabel Janeiro y su marido Antonio Álvarez, los padres de nuestra tía Isabelita.
María de los Ángeles era la segunda hija de la pareja; Juana y Rogelio se habían casado en 1924 (en su boda aún estaban de luto por la muerte de Manuel Janeiro, y el traje de novia, pese a ser negro, resultaba espectacular. Lo había diseñado un modisto de Cádiz y tenía una larga y elegante banda negra haciendo de cola desde el cuello hasta el suelo). Su hermano Manuel había nacido en enero de 1926, así que con la llegada de la niña la pareja vio colmada su felicidad.




 Manuel y María de los Ángeles
Ubrique, principios de los treinta


La familia vivía en la calle Botica, justo en la otra esquina de la farmacia, en la casa de la tía Juana Bohórquez, donde habían puesto un negocio de marroquinería.
Rogelio había comprado además dos coches, que alquilaba para viajes a los pueblos de alrededor.
Un fatídico día, el 20 de marzo de 1929, Rogelio tuvo un accidente con uno de los automóviles, justo cuando iba a aparcarlo, y ese accidente resultó mortal.
María de los Ángeles cuenta que su madre era una mujer fuerte, acostumbrada al trabajo, muy capaz de llevar a cabo cualquier actividad laboral, y que habría sido perfectamente competente para  ocuparse del negocio familiar. 
Pero eran malos tiempos para las mujeres, una mujer sola "no podía" ocuparse de su negocio, había demasiados impedimentos sociales, y Juana María decidió volver  a vivir a su casa natal, donde vivían entonces sus tías Sebastiana y Ángeles Bohórquez, las dos primeras maestras de Ubrique.
Podemos imaginar la vida en aquella casa de mujeres fuertes y trabajadoras, las tres hermanas, Sebastiana, Juana (que también se mudó con su sobrina) y Ángeles, se volcaron con la joven Juana María y sus dos hijos. Juana María había sido maestra auxiliar de doña Ángeles Bohórquez, del mismo modo que Antonio Sánchez era el maestro auxiliar de don Francisco Fatou. Mujeres fuertes y discretas, acostumbradas al libre pensamiento y a una educación igualitaria, debieron de imprimir carácter a los dos niños.



Juana María Carrasco en la escuela de doña Ángeles Bohórquez
Ubrique, 1915?


La casa de los abuelos de María de los Ángeles no era una casa corriente. Su abuelo había sido Diputado en las Cortes, don Pedro Bohórquez Piñero; su tío Cristóbal Bohórquez  había sido asesinado en 1969 junto a Guillén en lucha de guerrillas, por sus ideas liberales.
Su abuela Juana Gómez y sus tías Francisca y Sebastiana fueron quienes encbezaban la carta dirigida a las Cortes pidiendo que se terminara la ley de quintas, haciendo gala de una valentía y una claridad de ideas inusual.
Así que imaginamos que la vida de María de los Ángeles en ese entorno debió de ser significativamente diferente de la de las demás niñas de la época, con esa apertura de mente y esas ideas avanzadas.
Ella cuenta que, a pesar de eso, durante la Guerra Civil y durante los años de la dictadura fueron tremendamente respetadas, nunca se metió nadie con su familia, seguramente por la discrección de la que aún hoy día ella sigue dando testimonio.

Con cinco añitos vivió su primer acontecimiento social; fue, junto a su hermano Manuel, la madrina de nuestro tío José María, ella aún recuerda cómo la abuela Joaquina sujetaba la cabeza del niño durante el bautizo, porque ella era tan pequeña que apenas  podía sujetar al bebé.

Cuando María de los Ángeles tenía seis años su madre comenzó a trabajar como encargada de la centralita del teléfono de Ubrique, hicieron la solicitud y el teléfono llegó, por primera vez, a la calle del Agua en 1934.
En esa época llegó a la casa familiar desde Benaocaz Isabel Piñero Orellana, venía dispuesta a ayudar a Juana María con el teléfono y se convirtió en parte integrante de la familia Romero Janeiro, siempre la hemos conocido en la casa, siempre discreta y atenta, muy religiosa, muy trabajadora. Isabel es una más de la familia, nos encanta ver el cariño con el que todos la tratan.
De esta época del teléfono nuestra tía tiene muy gratos recuerdos, debía de ser una niña muy lista y muy avispada, porque aún recuerda a qué casas correspondían los cien primeros números de teléfono de Ubrique. 
Juana María era una mujer excepcional, tan fuerte y tan valiente como su hija. Cuando comenzó la guerra envió a sus hijos pequeños y a sus tías a la casita que tenían en el Cerro Mulera (en este enlace), pero ella, consciente de su deber y sabiendo que no podía dejar a Ubrique sin teléfono en esta época tan peligrosa en la que la comunicación podía ser crucial, se quedó en la centralita, en la calle del Agua.
Tuvo que poner los colchones contra las ventanas (había fuego cruzado que venía de la sierra), que pararon más de una bala, pero ella no cedió y estuvo toda la guerra pendiente del teléfono.
Al terminar la guerra pudieron volver los niños y las tías a la casa, y a Juana María le fue concedida una medalla por el valor demostrado.
Nuestra tía fue a la escuela en los Grupos de la Ermita. Su maestra en el primer grado fue doña Paquita Contreras; en segundo grado doña María Fernández, y en tercer grado doña María Luisa Rodríguez Formoso. Sus recuerdos de aquella época escolar son muy entrañables, jugando con sus primas, siempre muy cercana a su hermano Manuel, y siempre alrededor de sus tías y la centralita de teléfonos.

Doña María Luisa Rodríguez le ayudó a preparar el examen de ingreso, que hizo en el instituto Murillo, de Sevilla. Tenía nueve años y estaba muy nerviosa. Sus ganas de hacer un buen trabajo, bien limpio y bien corregido, estuvieron a punto de costarle un disgusto, pero consiguió hacer un buen examen, y pudo comenzar el bachillerato.



Primero de bachillerato
Ronda, 1937



Con nueve añitos se fue a Las Esclavas de Ronda, allí hizo su primer curso, pero para el año siguiente se trasladó a las Teresianas de Sevilla, curiosamente donde estudian hoy sus nietas.
Durante la Guerra Civil las Escuelas Normales de Magisterio habían sido cerradas, pero al abrirse de nuevo una vez pasada la guerra, Juana María tenía claro cual sería el destino de sus hijos. Ella no podría costear dos grandes carreras, y sabía que daría las mismas oportunidades a los dos (nos encanta saber que no dejó a la niña relegada, por el hecho de ser niña), así que los dos hermanos se matricularon en el curso de Ingreso para la Escuela Normal de Cádiz.
Dado lo inestable del momento, cuando comenzaron sus estudios ni siquiera sabían cuántos años durarían. Estudiaba en Cádiz, justo enfrente del Parque Genovés siendo una de sus profesoras Josefina Pascual.


 Las escuelas del convento, 1947
Doña Consuelo Vega, la decana
María de los Ángeles y Rosario Corrales, a la izquierda

Finalmente la carrera de Magisterio duró cuatro años, y María de los Ángeles regresó a Ubrique con sus dieciocho añitos recién cumplidos y su flamante título de maestra.
Era 1946 y, aunque no se convocaron oposiciones hasta muchos años más tarde, ella comenzó rápidamente a trabajar en las escuelas del Convento de Ubrique, donde la maestra decana era doña Consuelo Vega. Fue la encargada en exclusiva durante muchísimos años del tercer grado, por lo que la mayoría de las ubriqueñas nacidas entre 1938 y 1950 debieron de ser sus alumnas.
Porque ella, trabajadora incansable, hizo un alto en su magisterio en 1956 para dedicarse a su otra pasión: su familia.


 María de los Ángeles y Bartolo, 1946


El día de San Bruno de 1946 (el seis de octubre), un mocito muy espigado y elegante "le pidió salir"(en la época se decía "se acercó a ella"), y ella estaba encantada con el que sería el único hombre de su vida, su marido y el padre de sus hijos: Bartolomé Romero García.



 Domingo de Ramos de 1950


Y empezaron diez largos años de noviazgo. Nuestra tía nos cuenta que era demasiado tiempo. Los novios entonces iban a la Plaza, Plaza arriba, Plaza abajo. A veces se atrevían a bajar a Los Callejones, y daban paseos Callejones arriba, Callejones abajo. 
Cuando iban con amigos o familiares daban largos paseos, o pasaban un día de campo. Bartolo era un hombre emprendedor y muy imaginativo, capaz de  dedicarse a los más variopintos trabajos. Ella, mientras, seguía en su escuela, dedicándose a la enseñanza de tantas generaciones de ubriqueñas y de muchos ubriqueños, empeñada en enseñarles que no había que hacer distingos entre niños y niñas, entre hombres y mujeres, como había aprendido en la casa de sus padres y como enseñaría en la propia.



Boda en el Convento de Ubrique
15 de octubre de 1956

En 1956 María de los Ángeles comenzaría la que ha sido la tarea más importante de su vida: su familia con Bartolo.
Se casaron en el convento de Ubrique un soleado 15 de octubre de ese año (un mes después de nuestros padres), sus padrinos fueron  Manuel Janeiro (su hermano) y Pilar Romero (hermana de bartolo) y se instalaron en una preciosa casa que habían construido junto a la pila de la Esperanza, al final de Los Callejones.
Los hijos llegaron pronto, y fueron muchos: Juan (1957), María del Carmen (1959), Rogelio (1961), Lourdes (1962), Fernando (1963), Jesús (1964), María de los Ángeles (1966) y Mercedes (1971).


 Mari Carmen, Rogelio, Lourdes, Fernando, Jesús y María de los Ángeles
en la puerta de la casa familiar



No pueden ustedes hacerse una idea de la alegría y la vida que bullía siempre en esa casa. No solo había ocho niños, sino todos los primos, los amigos, los vecinos... siempre había sitio para todos.
Nuestra tía, que había detenido su labor académica para dedicarse a su familia, siempre ha sido una mujer de bandera, activa, organizadora y participativa: Cosía, limpiaba, planchaba, guisaba... Ayer recordábamos sus deliciosos guisos, sus gañotes, su mermelada de tomate.
Como tenía tantos hijos, compró una tricotosa para tejerles los jerseis, siempre fue muy mañosa. Pero nos ha confesado que la tricotosa no le permitía tener un buen rato de charla, así que la vendió pronto y siguió haciendo los jerseis de lana con las agujas, así podía hablar con todos y estar pendiente de su casa.


 Curso 1968-1969. Aula de El Convento
María de los Ángeles con sus alumnos y alumnas

No obstante, al ser una mujer inquieta y capaz, María de los Ángeles retomó su actividad académica en 1969. De nuevo volvió al Convento, que había sido su primer centro, y de nuevo se dedicó a sus alumnos, a su docencia y a sembrar aires de libertad y modernidad en su centro.
Como era interina, estuvo destinada en todos los colegios de Ubrique. En 1978, cuando ya sus hijos eran bastante mayores y no necesitaban tanta atención, decidió volver a estudiar y sacar sus oposiciones. 
Para quienes no están familiarizados con oposiciones ni con familias numerosas les diremos que los dos asuntos, por si solos, son auténticas proezas, por lo que sacar unas oposiciones ocupándose de una familia muy numerosa es algo verdaderamente muy difícil.
Pero  ella es una mujer de gran voluntad y gran capacidad, así que se puso manos a la obra. Se grabó los temas en un radio-cassette, y mientras planchaba o limpiaba o cosía podía oírlos, repetirlos y memorizarlos. Todo eso sin dejar su escuela, por lo que sus jornadas eran verdaderas maratones.
Siempre tuvo a su lado a Isabel, que ha sido como una hermana para ella toda su vida, y que le ha ayudado en todos los momentos. Pero sobre María de los Ángeles recaía el verdadero peso de la familia.
Levantarse temprano, dejar planteada la comida  (que Isabel y Bartolo se iban también al trabajo), el desayuno de once personas, llegar a la escuela a las nueve, volver a casa a la una. La comida. De nuevo a la escuela de tres a cinco, y a veces permanencia, talleres, teatros. Y, al llegar a casa, once meriendas, lavados, planchas gigantescas, aquella escalera siempre limpia, aquella casa siempre ordenada...
¡Y sacó las oposiciones! Estudiaba con Elena, y tanto Agustín como Bartolo les echaban una mano siempre que podían, fueron muchos meses de trabajo, pero valió la pena.


 Feria de Ubrique: los primos Janeiro en el Jardín, años sesenta
Bartolo y María de los Ángeles; Joaquina y Pepe; Manolo y Carmen; Esperanza y Manolo; Manolo e Isabel; Ana María y Heliodoro; Isabel, Clara y unos clientes de la fábrica; Lola y Paco.


Hay algo que siempre nos ha gustado mucho: las familias de nuestra abuela Julia, de Rogelio, de Isabel y de Ángel (sus hermanos) siempre han estado muy unidas. Para nosotros nuestras primas Mari Carmen o Mari Loli eran más cercanas que otras primas hermanas, por ejemplo. Y siempre hemos vivido la conexión de nuestro padre con sus primos y primas. 
Los Janeiro son muy "familieros", y precisamente este grupo de primos ha pasado muchas experiencias juntos, los recordamos juntos en ferias, romerías, bodas, celebraciones y todo tipo de inventos. Nos gusta pensar que formamos parte de esta gran familia.


 Los primos en el Porvenir, años sesenta
Julia, Remedios, abuela Julia, Manolo, Ana María, María de los Ángeles y Bartolo



Y desde la perspectiva que teníamos todos estos años, hemos podido observar a María de los Ángeles y ver cómo se apañaba para compaginar magistralmente su trabajo, su casa y todas las actividades que acometía. Siempre ha sido impresionante.

Con las oposiciones ganadas María de los Ángeles siguió trabajando en Ubrique, su último colegio fue el Víctor de la Serna, donde trabajó con muchos de los que habían sido sus alumnos, ahora profesores. Siempre respetada y apreciada, todos la han considerado una buena mujer, una excelente maestra y un ejemplo de persona abierta y dispuesta siempre a tratar a todos sus alumnos por igual, sin hacer distinciones de ningún tipo entre ellos, atendiendo a sus necesidades y dedicándose a ellos en muchas ocasiones más allá del deber.
La que al principio fue maestra casi sin pensarlo, y comenzó sus estudios en tiempos de guerra, sin saber siquiera si podría terminarlos, se convirtió en una profesional de excelencia, modelo y ejemplo para las generaciones posteriores, querida por sus alumnos y admirada por todos los que hemos tenido algún contacto profesional con ella.
Estuvo trabajando hasta finales de los ochenta, después de haber sido maestra durante más de treinta años. Sus compañeros y su familia se reunieron en el restaurante de la piscina para hacerle un homenaje de agradecimiento después de tantos años dedicada a los niños y niñas ubriqueños.

Mientras tanto su familia seguía creciendo. Sus hijos se fueron casando y fueron siendo padres a su vez. Ahora son catorce nietos los que suman en esta familia tan numerosa, y siempre tan familieros.

Las familias Janeiro y Carvajal
María de los Ángeles a la derecha de la imagen


A finales de los noventa Bartolo, su compañero de toda la vida, enfermó. Esto fue un verdadero mazazo para todos, y para ella aún más. Sin embrago, lejos de caer en el desánimo, sacó fuerzas de flaqueza y se dedicó en cuerpo y alma a cuidarlo, a acompañarlo, a cambiar toda su casa para que su vida fuera lo mejor posible. A pesar de haber perdido algunas de sus facultades, ella se empeñó en comunicarse con él, y le tendió repetidamente papel y lápiz, hasta que Bartolo empezó a pintar con una destreza increíble.
Lo cuidaba con una ternura y una devoción que aún emociona.
Entonces echaba de menos lo que ha sido quizás, una de sus asignaturas pendientes: poder conducir un coche. Eran tantos que no había coche en el que cupieran.
Desgraciadamente Bartolo murió en 2009, y desde ese momento ella ha seguido al cargo de su casa, de los suyos y,  por supuesto, de su querida Isabel.
Ayer, mientras hablábamos con ella y le pedíamos que nos contara algunos detalles de su vida, nos respondía que la suya era una vida corriente y que no destacaba por nada.
Nosotros estamos seguros de que ha sido una de las maestras que más hondo ha calado en los ubriqueños y ubriqueñas (con el permiso de doña Ángeles Bohórquez y doña Consuelo Vega), no solo porque ha sido la maestra de tantas generaciones de ubriqueños y ubriqueñas, sino porque en sus aulas siempre ha habido cantos de libertad, de pensamientos abiertos, de igualdad y, sobre todo, de una gran  humanidad.

Para nosotros, además, es nuestra tía, casi el último bastión de aquellas Janeiro (junto con nuestras tías Isabel, Ana María y Remedios) que tanta huella han dejado en todos nosotros.
Por todo esto hoy, el Día de la Mujer, hemos querido hacer este pequeño homenaje a una mujer ubriqueña valiente, fuerte y capaz, siempre fiel a sus ideas y a los suyos.





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María de los Ángeles con su hija pequeña, Mercedes



lunes, 23 de junio de 2025

In memoriam. María de los Ángeles Janeiro Carrasco

 

 La misa será el miércoles, 25 de junio, a las 20:30 en la parroquia de Ubrique.

Esta madrugada, tras una larga vida llena de amor, responsabilidad, trabajo y dedicación a los demás, ha fallecido María de los Ángeles Janeiro Carrasco, una de las mejores, más conocidas y queridas maestras ubriqueñas, una mujer que ha dejado tras de sí una estela de vida intensa, comprometida, cariñosa y, por supuesto, maternal.

Nuestra tía María de los Ángeles ha muerto en su casa, rodeada de sus hijos, nietos y familia,  y, además, como las buenas maestras, y aunque llevara muchísimos años jubilada ha esperado a que las clases terminaran para descansar en paz.

Toda una vida de trabajo, cariño y disciplina, dedicada a los suyos como nadie; resuelta, dispuesta y cariñosa. Una mujer emprendedora, madre de familia muy numerosa que ha conseguido tener siempre cerca a la familia, siempre ha sido el núcleo de los suyos.

Y su vida se ha ido despacito, sin aspavientos ni dramas, nuestros primos han hecho por ella lo que creemos que es el mejor regalo para una madre: mantenerse como una piña a su alrededor y cuidarla hasta el último momento.

Hoy nos metemos en su piel, en la de nuestros primos Juan, Mari Carmen, Lourdes, Rogelio, Fernando, Jesús, Mari Ángeles y Mercedes, y en la de todas las personas que han estado a su alrededor, sobre todo Reme, y se nos parte el alma de pensar en su dolor, en su pena, en el vacío que deja María de los Ángeles.

Dos años después de su querida Isabelita Piñero (en este enlace), nuestra tía ha ido a reunirse con su queridísimo Bartolo (en este enlace) y con todas las personas a las que tanto quiso y a las que ha sobrevivido, porque ella ha sido una auténtica superviviente.

Todo nuestro cariño para nuestros primos y para todos los que la han querido tanto.

Descansa en paz, tita, serás nuestro ejemplo a seguir💜💜💜💜💜💜💜💜💜💜 .El entierro será mañana, martes, 24 de junio, en el cementerio municipal, a las 10:30 de la mañana.

 

 

Estas son las lindas palabras que Marta Romero le dedica: 

Querida Mercedes. Me acabo de enterar de la triste noticia del fallecimiento de tu madre. No sabes cuánto lo siento, y os mando un beso enorme y todo mi cariño. Me imagino el dolor que estaréis pasando ahora mismo, pero si algo puede aliviar eso, es el recuerdo que nos dejan a todos las personas como ella. Yo le tenía muchisimo cariño, inculcado no solamente por ella, sino a través de mi madre, que siempre me trasladó el suyo y su enorme admiración personal y profesional por ella. Para mi madre, vuestra madre fue una de sus mujeres de referencia, valiente y fuerte.  Y siempre le estuvo eternamente agradecida por su ayuda. Podéis estar orgullosos de ella. Y yo la recordaré siempre. Un beso enorme a toda la familia y todo mi cariño y sentimientos .😘🩵😘

Hace unos años escribimos su biografía en esta entrada, y la repetimos ahora. 

 

María de los Ángeles Janeiro, una ubriqueña excepcional

María de los Ángeles y Manuel
Ubrique, años treinta
Fotografía de Pedro Rubiales


Por Esperanza Cabello

Hoy es el Día de la Mujer, un día extraordinariamente importante para todos nosotros pues, a pesar de los esfuerzos de muchas personas, las mujeres siguen necesitando dejar de ser casi invisibles en muchos casos, necesitan recuperar su puesto, dejar de ser ciudadanas de segunda y recobrar toda su dignidad.

Hace mucho tiempo que queremos dedicar una entrada a esta mujer extraordinaria, a María de los Ángeles Janeiro Carrasco, ya hemos hablado de muchas personas de su familia, de sus tías, de sus padres, de su hermano, de su marido... Pero ella siempre dice, con la gran modestia que la caracteriza, que el protagonismo no debe ser para ella, que su vida es una vida normal y corriente, que no es un personaje.
Sin embargo todos los que la conocemos no estamos de acuerdo con esta afirmación, pues, sin lugar a dudas, María de los Ángeles es una ubriqueña muy especial, digna merecedora del modesto homenaje que sus familiares podemos ofrecerle.
No solo su linaje es de mujeres fuertes, valerosas y de mentalidad avanzada, ella misma es el modelo de mujer dispuesta, capaz, tenaz, enérgica y, por supuesto, con un corazón de oro.



María de los Ángeles con sus primas y amigas
En el jardín de Santamaría


María de los Ángeles Marina Janeiro Carrasco nació en Ubrique, un frío veintisiete de diciembre de 1928, sus padres fueron Rogelio Janeiro Rubiales y Juana María Carrasco Bohórquez, (pinchar aquí). Sus padrinos de bautismo fueron Isabel Janeiro y su marido Antonio Álvarez, los padres de nuestra tía Isabelita.
María de los Ángeles era la segunda hija de la pareja; Juana y Rogelio se habían casado en 1924 (en su boda aún estaban de luto por la muerte de Manuel Janeiro, y el traje de novia, pese a ser negro, resultaba espectacular. Lo había diseñado un modisto de Cádiz y tenía una larga y elegante banda negra haciendo de cola desde el cuello hasta el suelo). Su hermano Manuel había nacido en enero de 1926, así que con la llegada de la niña la pareja vio colmada su felicidad.




 Manuel y María de los Ángeles
Ubrique, principios de los treinta


La familia vivía en la calle Botica, justo en la otra esquina de la farmacia, en la casa de la tía Juana Bohórquez, donde habían puesto un negocio de marroquinería.
Rogelio había comprado además dos coches, que alquilaba para viajes a los pueblos de alrededor.
Un fatídico día, el 20 de marzo de 1929, Rogelio tuvo un accidente con uno de los automóviles, justo cuando iba a aparcarlo, y ese accidente resultó mortal.
María de los Ángeles cuenta que su madre era una mujer fuerte, acostumbrada al trabajo, muy capaz de llevar a cabo cualquier actividad laboral, y que habría sido perfectamente competente para  ocuparse del negocio familiar. 
Pero eran malos tiempos para las mujeres, una mujer sola "no podía" ocuparse de su negocio, había demasiados impedimentos sociales, y Juana María decidió volver  a vivir a su casa natal, donde vivían entonces sus tías Sebastiana y Ángeles Bohórquez, las dos primeras maestras de Ubrique.
Podemos imaginar la vida en aquella casa de mujeres fuertes y trabajadoras, las tres hermanas, Sebastiana, Juana (que también se mudó con su sobrina) y Ángeles, se volcaron con la joven Juana María y sus dos hijos. Juana María había sido maestra auxiliar de doña Ángeles Bohórquez, del mismo modo que Antonio Sánchez era el maestro auxiliar de don Francisco Fatou. Mujeres fuertes y discretas, acostumbradas al libre pensamiento y a una educación igualitaria, debieron de imprimir carácter a los dos niños.



Juana María Carrasco en la escuela de doña Ángeles Bohórquez
Ubrique, 1915?


La casa de los abuelos de María de los Ángeles no era una casa corriente. Su abuelo había sido Diputado en las Cortes, don Pedro Bohórquez Piñero; su tío Cristóbal Bohórquez  había sido asesinado en 1969 junto a Guillén en lucha de guerrillas, por sus ideas liberales.
Su abuela Juana Gómez y sus tías Francisca y Sebastiana fueron quienes encbezaban la carta dirigida a las Cortes pidiendo que se terminara la ley de quintas, haciendo gala de una valentía y una claridad de ideas inusual.
Así que imaginamos que la vida de María de los Ángeles en ese entorno debió de ser significativamente diferente de la de las demás niñas de la época, con esa apertura de mente y esas ideas avanzadas.
Ella cuenta que, a pesar de eso, durante la Guerra Civil y durante los años de la dictadura fueron tremendamente respetadas, nunca se metió nadie con su familia, seguramente por la discrección de la que aún hoy día ella sigue dando testimonio.

Con cinco añitos vivió su primer acontecimiento social; fue, junto a su hermano Manuel, la madrina de nuestro tío José María, ella aún recuerda cómo la abuela Joaquina sujetaba la cabeza del niño durante el bautizo, porque ella era tan pequeña que apenas  podía sujetar al bebé.

Cuando María de los Ángeles tenía seis años su madre comenzó a trabajar como encargada de la centralita del teléfono de Ubrique, hicieron la solicitud y el teléfono llegó, por primera vez, a la calle del Agua en 1934.
En esa época llegó a la casa familiar desde Benaocaz Isabel Piñero Orellana, venía dispuesta a ayudar a Juana María con el teléfono y se convirtió en parte integrante de la familia Romero Janeiro, siempre la hemos conocido en la casa, siempre discreta y atenta, muy religiosa, muy trabajadora. Isabel es una más de la familia, nos encanta ver el cariño con el que todos la tratan.
De esta época del teléfono nuestra tía tiene muy gratos recuerdos, debía de ser una niña muy lista y muy avispada, porque aún recuerda a qué casas correspondían los cien primeros números de teléfono de Ubrique. 
Juana María era una mujer excepcional, tan fuerte y tan valiente como su hija. Cuando comenzó la guerra envió a sus hijos pequeños y a sus tías a la casita que tenían en el Cerro Mulera (en este enlace), pero ella, consciente de su deber y sabiendo que no podía dejar a Ubrique sin teléfono en esta época tan peligrosa en la que la comunicación podía ser crucial, se quedó en la centralita, en la calle del Agua.
Tuvo que poner los colchones contra las ventanas (había fuego cruzado que venía de la sierra), que pararon más de una bala, pero ella no cedió y estuvo toda la guerra pendiente del teléfono.
Al terminar la guerra pudieron volver los niños y las tías a la casa, y a Juana María le fue concedida una medalla por el valor demostrado.
Nuestra tía fue a la escuela en los Grupos de la Ermita. Su maestra en el primer grado fue doña Paquita Contreras; en segundo grado doña María Fernández, y en tercer grado doña María Luisa Rodríguez Formoso. Sus recuerdos de aquella época escolar son muy entrañables, jugando con sus primas, siempre muy cercana a su hermano Manuel, y siempre alrededor de sus tías y la centralita de teléfonos.

Doña María Luisa Rodríguez le ayudó a preparar el examen de ingreso, que hizo en el instituto Murillo, de Sevilla. Tenía nueve años y estaba muy nerviosa. Sus ganas de hacer un buen trabajo, bien limpio y bien corregido, estuvieron a punto de costarle un disgusto, pero consiguió hacer un buen examen, y pudo comenzar el bachillerato.



Primero de bachillerato
Ronda, 1937



Con nueve añitos se fue a Las Esclavas de Ronda, allí hizo su primer curso, pero para el año siguiente se trasladó a las Teresianas de Sevilla, curiosamente donde estudian hoy sus nietas.
Durante la Guerra Civil las Escuelas Normales de Magisterio habían sido cerradas, pero al abrirse de nuevo una vez pasada la guerra, Juana María tenía claro cual sería el destino de sus hijos. Ella no podría costear dos grandes carreras, y sabía que daría las mismas oportunidades a los dos (nos encanta saber que no dejó a la niña relegada, por el hecho de ser niña), así que los dos hermanos se matricularon en el curso de Ingreso para la Escuela Normal de Cádiz.
Dado lo inestable del momento, cuando comenzaron sus estudios ni siquiera sabían cuántos años durarían. Estudiaba en Cádiz, justo enfrente del Parque Genovés siendo una de sus profesoras Josefina Pascual.


 Las escuelas del convento, 1947
Doña Consuelo Vega, la decana
María de los Ángeles y Rosario Corrales, a la izquierda

Finalmente la carrera de Magisterio duró cuatro años, y María de los Ángeles regresó a Ubrique con sus dieciocho añitos recién cumplidos y su flamante título de maestra.
Era 1946 y, aunque no se convocaron oposiciones hasta muchos años más tarde, ella comenzó rápidamente a trabajar en las escuelas del Convento de Ubrique, donde la maestra decana era doña Consuelo Vega. Fue la encargada en exclusiva durante muchísimos años del tercer grado, por lo que la mayoría de las ubriqueñas nacidas entre 1938 y 1950 debieron de ser sus alumnas.
Porque ella, trabajadora incansable, hizo un alto en su magisterio en 1956 para dedicarse a su otra pasión: su familia.


 María de los Ángeles y Bartolo, 1946


El día de San Bruno de 1946 (el seis de octubre), un mocito muy espigado y elegante "le pidió salir"(en la época se decía "se acercó a ella"), y ella estaba encantada con el que sería el único hombre de su vida, su marido y el padre de sus hijos: Bartolomé Romero García.



 Domingo de Ramos de 1950


Y empezaron diez largos años de noviazgo. Nuestra tía nos cuenta que era demasiado tiempo. Los novios entonces iban a la Plaza, Plaza arriba, Plaza abajo. A veces se atrevían a bajar a Los Callejones, y daban paseos Callejones arriba, Callejones abajo. 
Cuando iban con amigos o familiares daban largos paseos, o pasaban un día de campo. Bartolo era un hombre emprendedor y muy imaginativo, capaz de  dedicarse a los más variopintos trabajos. Ella, mientras, seguía en su escuela, dedicándose a la enseñanza de tantas generaciones de ubriqueñas y de muchos ubriqueños, empeñada en enseñarles que no había que hacer distingos entre niños y niñas, entre hombres y mujeres, como había aprendido en la casa de sus padres y como enseñaría en la propia.



Boda en el Convento de Ubrique
15 de octubre de 1956

En 1956 María de los Ángeles comenzaría la que ha sido la tarea más importante de su vida: su familia con Bartolo.
Se casaron en el convento de Ubrique un soleado 15 de octubre de ese año (un mes después de nuestros padres), sus padrinos fueron  Manuel Janeiro (su hermano) y Pilar Romero (hermana de bartolo) y se instalaron en una preciosa casa que habían construido junto a la pila de la Esperanza, al final de Los Callejones.
Los hijos llegaron pronto, y fueron muchos: Juan (1957), María del Carmen (1959), Rogelio (1961), Lourdes (1962), Fernando (1963), Jesús (1964), María de los Ángeles (1966) y Mercedes (1971).


 Mari Carmen, Rogelio, Lourdes, Fernando, Jesús y María de los Ángeles
en la puerta de la casa familiar



No pueden ustedes hacerse una idea de la alegría y la vida que bullía siempre en esa casa. No solo había ocho niños, sino todos los primos, los amigos, los vecinos... siempre había sitio para todos.
Nuestra tía, que había detenido su labor académica para dedicarse a su familia, siempre ha sido una mujer de bandera, activa, organizadora y participativa: Cosía, limpiaba, planchaba, guisaba... Ayer recordábamos sus deliciosos guisos, sus gañotes, su mermelada de tomate.
Como tenía tantos hijos, compró una tricotosa para tejerles los jerseis, siempre fue muy mañosa. Pero nos ha confesado que la tricotosa no le permitía tener un buen rato de charla, así que la vendió pronto y siguió haciendo los jerseis de lana con las agujas, así podía hablar con todos y estar pendiente de su casa.


 Curso 1968-1969. Aula de El Convento
María de los Ángeles con sus alumnos y alumnas

No obstante, al ser una mujer inquieta y capaz, María de los Ángeles retomó su actividad académica en 1969. De nuevo volvió al Convento, que había sido su primer centro, y de nuevo se dedicó a sus alumnos, a su docencia y a sembrar aires de libertad y modernidad en su centro.
Como era interina, estuvo destinada en todos los colegios de Ubrique. En 1978, cuando ya sus hijos eran bastante mayores y no necesitaban tanta atención, decidió volver a estudiar y sacar sus oposiciones. 
Para quienes no están familiarizados con oposiciones ni con familias numerosas les diremos que los dos asuntos, por si solos, son auténticas proezas, por lo que sacar unas oposiciones ocupándose de una familia muy numerosa es algo verdaderamente muy difícil.
Pero  ella es una mujer de gran voluntad y gran capacidad, así que se puso manos a la obra. Se grabó los temas en un radio-cassette, y mientras planchaba o limpiaba o cosía podía oírlos, repetirlos y memorizarlos. Todo eso sin dejar su escuela, por lo que sus jornadas eran verdaderas maratones.
Siempre tuvo a su lado a Isabel, que ha sido como una hermana para ella toda su vida, y que le ha ayudado en todos los momentos. Pero sobre María de los Ángeles recaía el verdadero peso de la familia.
Levantarse temprano, dejar planteada la comida  (que Isabel y Bartolo se iban también al trabajo), el desayuno de once personas, llegar a la escuela a las nueve, volver a casa a la una. La comida. De nuevo a la escuela de tres a cinco, y a veces permanencia, talleres, teatros. Y, al llegar a casa, once meriendas, lavados, planchas gigantescas, aquella escalera siempre limpia, aquella casa siempre ordenada...
¡Y sacó las oposiciones! Estudiaba con Elena, y tanto Agustín como Bartolo les echaban una mano siempre que podían, fueron muchos meses de trabajo, pero valió la pena.


 Feria de Ubrique: los primos Janeiro en el Jardín, años sesenta
Bartolo y María de los Ángeles; Joaquina y Pepe; Manolo y Carmen; Esperanza y Manolo; Manolo e Isabel; Ana María y Heliodoro; Isabel, Clara y unos clientes de la fábrica; Lola y Paco.


Hay algo que siempre nos ha gustado mucho: las familias de nuestra abuela Julia, de Rogelio, de Isabel y de Ángel (sus hermanos) siempre han estado muy unidas. Para nosotros nuestras primas Mari Carmen o Mari Loli eran más cercanas que otras primas hermanas, por ejemplo. Y siempre hemos vivido la conexión de nuestro padre con sus primos y primas. 
Los Janeiro son muy "familieros", y precisamente este grupo de primos ha pasado muchas experiencias juntos, los recordamos juntos en ferias, romerías, bodas, celebraciones y todo tipo de inventos. Nos gusta pensar que formamos parte de esta gran familia.


 Los primos en el Porvenir, años sesenta
Julia, Remedios, abuela Julia, Manolo, Ana María, María de los Ángeles y Bartolo



Y desde la perspectiva que teníamos todos estos años, hemos podido observar a María de los Ángeles y ver cómo se apañaba para compaginar magistralmente su trabajo, su casa y todas las actividades que acometía. Siempre ha sido impresionante.

Con las oposiciones ganadas María de los Ángeles siguió trabajando en Ubrique, su último colegio fue el Víctor de la Serna, donde trabajó con muchos de los que habían sido sus alumnos, ahora profesores. Siempre respetada y apreciada, todos la han considerado una buena mujer, una excelente maestra y un ejemplo de persona abierta y dispuesta siempre a tratar a todos sus alumnos por igual, sin hacer distinciones de ningún tipo entre ellos, atendiendo a sus necesidades y dedicándose a ellos en muchas ocasiones más allá del deber.
La que al principio fue maestra casi sin pensarlo, y comenzó sus estudios en tiempos de guerra, sin saber siquiera si podría terminarlos, se convirtió en una profesional de excelencia, modelo y ejemplo para las generaciones posteriores, querida por sus alumnos y admirada por todos los que hemos tenido algún contacto profesional con ella.
Estuvo trabajando hasta finales de los ochenta, después de haber sido maestra durante más de treinta años. Sus compañeros y su familia se reunieron en el restaurante de la piscina para hacerle un homenaje de agradecimiento después de tantos años dedicada a los niños y niñas ubriqueños.

Mientras tanto su familia seguía creciendo. Sus hijos se fueron casando y fueron siendo padres a su vez. Ahora son catorce nietos los que suman en esta familia tan numerosa, y siempre tan familieros.

Las familias Janeiro y Carvajal
María de los Ángeles a la derecha de la imagen


A finales de los noventa Bartolo, su compañero de toda la vida, enfermó. Esto fue un verdadero mazazo para todos, y para ella aún más. Sin embrago, lejos de caer en el desánimo, sacó fuerzas de flaqueza y se dedicó en cuerpo y alma a cuidarlo, a acompañarlo, a cambiar toda su casa para que su vida fuera lo mejor posible. A pesar de haber perdido algunas de sus facultades, ella se empeñó en comunicarse con él, y le tendió repetidamente papel y lápiz, hasta que Bartolo empezó a pintar con una destreza increíble.
Lo cuidaba con una ternura y una devoción que aún emociona.
Entonces echaba de menos lo que ha sido quizás, una de sus asignaturas pendientes: poder conducir un coche. Eran tantos que no había coche en el que cupieran.
Desgraciadamente Bartolo murió en 2009, y desde ese momento ella ha seguido al cargo de su casa, de los suyos y,  por supuesto, de su querida Isabel.
Ayer, mientras hablábamos con ella y le pedíamos que nos contara algunos detalles de su vida, nos respondía que la suya era una vida corriente y que no destacaba por nada.
Nosotros estamos seguros de que ha sido una de las maestras que más hondo ha calado en los ubriqueños y ubriqueñas (con el permiso de doña Ángeles Bohórquez y doña Consuelo Vega), no solo porque ha sido la maestra de tantas generaciones de ubriqueños y ubriqueñas, sino porque en sus aulas siempre ha habido cantos de libertad, de pensamientos abiertos, de igualdad y, sobre todo, de una gran  humanidad.

Para nosotros, además, es nuestra tía, casi el último bastión de aquellas Janeiro (junto con nuestras tías Isabel, Ana María y Remedios) que tanta huella han dejado en todos nosotros.
Por todo esto hoy, el Día de la Mujer, hemos querido hacer este pequeño homenaje a una mujer ubriqueña valiente, fuerte y capaz, siempre fiel a sus ideas y a los suyos.





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María de los Ángeles con su hija pequeña, Mercedes



M I A A dijo...

¿Se puede decir algo más? Creo que no, ha sido un ejemplo de mujer a seguir, como esposa, madre, maestra y persona... Un enorme beso para ella y muchas gracias, Esperanza, por tu artículo... Besos.