viernes, 27 de marzo de 2020

Momentos para la esperanza, por José María Cabello

Atendiendo a un paciente de coronavirus en el hospital Clínico San Carlos de Madrid


Por José María Cabello

Y entre nubes amenazadoras, un rayo de sol. Acabo de recibir la alegre noticia de que mi hija Noemí Julia, medicina interna, especialidad en infecciosas en el Clínico San Carlos de Madrid, ha superado el tercer y definitivo test negativo del coronavirus. Prueba superada. El lunes vuelve al hospital después de su obligado aislamiento. Es de las primeras médicos que cayó y a los quince días vuelve a la trinchera. Su marido Paco Ortuño, intensivista, me afirma que de su equipo tiene diez bajas entre médicos y enfermeros.
En estos días Tele 5 hizo público un video, duro y consolador al mismo tiempo. Paco realizaba en directo la extracción, con su equipo, de un respirador paso previo a su alta médica. Dos valientes de los miles de ciudadanos de todas las profesiones que viven el riesgo generosamente para luchar en primera fila por los millones atrincherados en nuestro obligado encierro. Hemos alcanzado el punto álgido del ataque. Es nuestro momento. Ha llegado el momento de la retaguardia. ¡Todos en la casa! Reforcemos nuestra defensa.
Me emociono por las tardes en la respuesta colectiva de aplausos y música. Pero admiro sobre todo la calidad humana de mis paisanos. Unidos a la corriente solidaria que emerge del colectivo han aparcado su servicio a las grandes firmas para dedicar su destacada artesanía para confeccionar mascarillas y otros medios necesarios para quienes batallan en primera fila.
 ¡Ubrique, siempre solidario! Recuerdo en mi niñez cartucheras, carteras y correajes confeccionados en la petaquería de mi padre. Entonces eran obligadas en una economía de guerra. Ahora son precisos para combatir en una lucha invisible. Pero ya vamos camino de la victoria. Y entre las brozas que están de frente se adivinan atisbos de primavera.
Abres las ventanas, estoy en la capital del Sol y aspiras a la vez abierta mojada de lluvias recientes y el azahar de siempre. El monte de Gibralfaro es un melange de gris ocre y de verde pinar Se adivinan el rojo de algunas jacarandas que forman islote y hasta el lila de la floresta. El sol ensaya a entrar con toda fuerza para llevarse por delante a estos perniciosos virus que nos llegaron como un tsunami. Las altas médicas crecen, la entrega de nuestros sanitarios es absoluta y nuestro encierro es total.
¡Conseguiremos pronto la victoria! Los ubriqueños tenemos un serio compromiso con nuestra Patrona, expresado en el Voto. La Virgen de los Remedios sabe de epidemias. Conoce todas las calles del casco antiguo azotadas a la mitad del XIX por el cólera morbo. Nos ayudó. Como en su fiesta, proclamamos "a capella" el canto común: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos".
 ¡Seguro que nos oye!
 

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