El Mensajero, Periódico independiente de Jerez
Edición del cinco de mayo de 1918
Por Esperanza Cabello
Nuestra admiración por don Francisco García Parra aumenta día a día. A medida que vamos descubriendo sus escritos, sus recortes de prensa, sus fotografías, sus notas, vamos confirmando que se trata del mejor cronista y difusor de nuestra cultura de la primera mitad del siglo XX.
La semana pasada publicamos (en este enlace) su crónica de la visita pastoral del obispo don Manuel González García (canonizado en 2016) a Ubrique en abril de 1918, y hoy amplía esta crónica uno de los periódicos que guardaba y archivaba con esmero. Se trata de un ejemplar de El Mensajero, un periódico independiente publicado en Jerez, del cinco de mayo de 1918.
Este ejemplar tiene una etiqueta "SR. Alcalde. Ubrique", es decir que García Parra lo recibió en la alcaldía y lo guardó celosamente junto a su crónica. En este enlace podemos saber algo más de esta publicación.
Además, gracias al alucinante archivo fotográfico de García Parra, y también al de la familia Cabello Izquierdo, hemos conseguido algunas fotografías de aquellos días y de algunos de los personajes que se citan en el artículo periodístico.
Lo firma "El corresponsal", al principio creíamos que era el propio García Parra quien lo había escrito, porque él era colaborador de varias publicaciones, pero después de leer varias veces el artículo hemos llegado a la conclusión de que ni es el mismo tipo de escritura ni utiliza las mismas expresiones ni la redacción, a pesar de ser parecida, dado que estamos a principios del siglo pasado, es la misma. Nos encantaría conocer la identidad de este corresponsal, para darle el espacio que merece en la historia de nuestro pueblo.
Notas de Ubrique
Santa visita pastoral. El obispo de Olimpo.
Hay ocasiones solemnes, hechos determinados, que sirven para
revelar la característica cualidad de un pueblo. Esto ha sucedido en Ubrique,
con motivo de la visita pastoral llevada a cabo en los días 26 y 27 del
presente mes por el excelentísimo o ilustrísimo, señor obispo de Olimpo,
administrador apostólico de Málaga, don Manuel González García.
San Manuel González visita Ubrique
En este enlace
Bien porque hacía más de 25 años que ningún sucesor de los
apóstoles llegaba a estos apartados lugares de la sierra, ya porque los
elocuentes ecos de una misión preparatoria, realizada por los reverendos padres
de la compañía de Jesús, don Tiburcio Arnaiz y don José Romero Bohórquez,
hubiesen caldeado los sentimientos religiosos de la villa, o tal vez porque el
alma colectiva de este rincón español es por naturaleza esencialmente
cristiana, lo que resulta cierto es que en la presente ocasión, este pueblo ha
sabido dar prueba plena de la cultura que honra y de la fe que edifica.
En el atrio del convento de San Francisco
don Antonio Carrasco, don Fermín Sánchez de Medina, un padre capuchino y el sacerdote don José Cabello Medina
Fotografía gentileza de Elena Lobatón
Y para que tal juicio no se califique de hiperbólico, vaya la
nota de hechos que son la más elocuente demostración de cuanto queda dicho.
Nuestro celoso párroco, don Antonio Carrasco Ruiz había
anunciado con la anticipación conveniente que la llegada del sabio y virtuoso
pastor tendría efecto el día 23. Así lo tuvo en cuenta nuestro digno alcalde,
don Francisco García Parra, quien, cumpliendo acuerdo del ilustre Ayuntamiento,
invitó al vecindario para que saliese a recibir a la primera autoridad
eclesiástica. Hízose la cita por atento B. L. M. (actualmente, un saluda) para el
elemento oficial, y con hojas impresas, profusamente repartidas, al comercio, a
la industria, a los obreros, al pueblo todo. Y el pueblo respondió con
entusiasmo al llamamiento.
Por la mañana se prepararon las niñas y niños que asisten a
las escuelas para recibir los beneficios de la gracia sacramental. Y todo el
día, hasta el momento de ir a recibir al prelado, estuvo el clero de la
parroquia en el tribunal de la penitencia. En tan piadosa tarea cooperaron los
reverendos padres capuchinos, que tienen aquí casa residencia y el por muchos
títulos digno padre Romero, de la compañía de Jesús, el cual es hijo de este
pueblo y siente por la patria chica, el cariño intenso de las almas grandes.
Con anticipación a la hora señalada fue concentrándose el
público en las inmediaciones del convento de San Francisco, como si dijéramos
la “estación del norte” de este pueblecito pintoresco, ya que su ilustrísima
venía de la cercana Villa de Benaocaz, empleada hacia aquel cuadrante.
Serían próximamente las 7:00 de la tarde cuando sonaron
cohetes, la música y las campanas confundieron sus notas y por el costeroso camino
vecinal, se presentó la comitiva.
La impresión que causó en los espectadores la arrogante
figura del ex arcipreste de Huelva, con los hábitos morados, el sombrero de
borlas, la cara bondadosa y sonriente, repartiendo bendiciones a uno y otro
confín, fue inmenso. Estalló un vibrante ¡Viva el señor obispo! Que
repercutieron los ecos de la montaña y que satisfizo, sin duda a los recién
llegados. Eran estos, además del diocesano, el señor don Francisco Martínez
Navas, secretario de cámara y gobierno; don Fernando Díaz de Gelo, capellán de
su excelencia; los virtuosos párrocos de Grazalema y Benaocaz, don Carlos
Jiménez y don Martín Morales Cañamaque, y los presbíteros, señores Romero
Martel y Romero Mateo.
Don Sebastián Coveñas Macías
Presbítero ubriqueño en 1936
En el atrio del convento echaron pie a tierra, y nuestro
párroco hizo las presentaciones de rúbrica.
Allí esperaban: el ya citado don Francisco García Parra,
alcalde, presidente de este ilustre Ayuntamiento, con la mayoría de la
corporación y su secretario, don Miguel Reguera, Bohórquez, don José Ayala
Bohórquez, juez municipal, con su secretario don Francisco Álvarez; don José
González Romero, oficial de la guardia civil, jefe de esta línea; don Manuel
Herreros, inspector de sanidad; don José Corrales, médico titular; don
Sebastián Coveñas Macías, presbítero; todo el clero y personal afecto a la
parroquia; la comunidad de padres capuchinos con el superior, reverendo padre
Arcángel de Mairena; las maestras nacionales Doña Ángeles Bohórquez y doña Ana Jurado,
con sus numerosas discípulas; los maestros, don Diego Infante, don Antonio
Sánchez y el prestigioso pedagogo, gloria y honra del magisterio, don Francisco
Fatou Lucas, con todo el elemento escolar masculino, y muchas otras
personalidades significadas, cuyos nombres harían interminable la lista.
Don Francisco Fatou y Lucas 1953
Después de besar el simbólico anillo, acompañaron a su
ilustrísima hasta el altar de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de
Ubrique, donde el prelado hizo breve oración, pasando luego a revestirse de
pontifical.
Inmediatamente se organizó la procesión. Constituían esta las
niñas y niños de las escuelas nacionales con banderas, las hermandades con ciriales,
la comunidad de religiosos capuchinos, el prelado bajo palio, las autoridades
civiles y militares y un numerosísimo grupo de hombres, sin más distintivos que
la fe en el alma, la hidalguía en el rostro y el sombrero en la mano.
De los balcones engalanados caía lluvia de flores. De este
modo se recorrió el trayecto que media desde el convento de San Francisco hasta
la iglesia parroquial. La emoción del que llegaba en nombre del señor era
intensísima. Así lo expresó visiblemente conmovido y dirigiéndose al pueblo
desde el presbiterio de la parroquia.
El día 26 principiaron las confirmaciones.
Unas 2000 personas recibieron la gracia santifícante que
conforta y robustece en la vida de la fe. De todas ellas han sido padrinos la
señorita María García Parra y su hermano don Francisco, alcalde de esta noble
población.
El día 27 hubo una comunión general para adultos,
administrada por el mismo señor obispo que, con paternal alegría, repartió el
pan espiritual a muchos centenares de hombres y mujeres, a quienes dirigió
después sentida y elocuente plática.
Tras la comunión general vino la visita de escuelas.
Y allí, en contacto con los niños, el señor obispo de Olimpo
dejó de ser obispo para convertirse en arcipreste de Huelva, es decir, en
maestro perito, pedagogo genial que sabe sensibilizar las ideas para hacerlas
comprensibles a los entendimientos a quienes habla. Gallarda prueba de este
talento especial, peculiar suyo, de esa sencillez admirable que hace surgir luz
en la inteligencia más oscura, fue la conferencia que tuvo con las
congregaciones, conferencia, sin tono magistral, sin ampulosidades oratorias;
conferencia cristiana, esto es, como la daría Cristo Nuestro Señor (salvo las
naturales diferencias entre lo divino y lo humano) a cuántos escucharon la
divina palabra del hombre dios.
¡Buen día para el señor Obispo, este 27!
Sobre el trabajo relatado siguieron: otra conferencia a la
recién creada Asociación de señoras y señoritas catequistas; visita de
enfermos, nuevas confirmaciones; visita a los obreros, asistencia a una salve memorable
en el templo donde se venera la imagen de Nuestra Señora de los Remedios. En
este templo dirigió la palabra a los fieles que llenaban por completo el
recinto, concedió 50 días de indulgencia a los que frecuentaban el culto y puso
el pueblo bajo la protección de aquella madre bendita.
Aún no había terminado la jornada. Quedaba despedirse del
pueblo en la representación de su Ayuntamiento. Y a la casa capitular se
trasladó el santo e incansable varón.
A las breves, pero muy sentidas palabras del señor alcalde,
contestó el ilustre mitrado, agradeciendo el homenaje de que era objeto, por
donde quiera que iba y ofreciéndose incondicionalmente a todos sus hijos
espirituales de la villa. Pronunció estas palabras que condensan sus
sentimientos: “Mi estancia aquí puede sintetizarse en un Viva que principió al
llegar y que terminará cuando me vaya”. No se engañó el dignísimo pastor. El
día 28, a las 9:00 de la mañana, partía en el automóvil del excelentísimo señor
Conde de los Andes, galante cedido y tras el vehículo quedaban aclamándole
millares de personas.
Poco antes de la partida el concejal don Francisco Reguera
recibió un despacho telegráfico para que felicitara al señor obispo el nombre
del excelentísimo señor marqués de Casa Mendaro, diputado a Cortes por el
distrito.
La casa alojamiento ha sido la de don Antonio Carrasco, que
durante estos días se ha visto frecuentadísima. La mesa, adornada con exquisito
gusto, estuvo siempre dispuesta para todos, desfilando por ella numerosos
individuos que disfrutaron el placer material de delicados manjares y el
espiritual de una conversación amena, sencilla, sin remilgos de etiquetas,
sostenida por el ilustre huésped, por el clero y autoridades locales.
La circunstancia de que la vivienda de don Antonio radica en
la plaza misma del Ayuntamiento ha dado mayor realce al cuadro, pues la
iluminación extraordinaria que ella ha tenido, en unión de la que lucía la casa
consistorial, el casino de la juventud maurista y la propia morada del señor
cura regente daban al lugar esplendores reservados para las grandes fiestas de
la villa.
Mauristas de Ubrique en 1916
En este enlace
Gentileza de Elena Lobatón
Alma colectiva, que así demuestra su amor por la verdad
eterna, es alma de un pueblo generoso, digno, hijo de España.
¡Viva Ubrique!
El corresponsal
29-4-918