sábado, 19 de septiembre de 2026

No importa si estás calva, no pasa absolutamente nada


 Con mi hija Esperanza el ocho de septiembre

 

 

Por Esperanza Cabello

En femenino singular 

 

Hace unos días compartí esta fotografía en redes sociales, para agradecer a mi hija Esperanza que hubiera venido a acompañarme el día de Nuestra Patrona. En ese momento no pensaba que tendría ninguna repercusión, pero he ido viendo que muchas personas se han dado cuenta a raíz de esta publicación que había cambiado "un poquito" y que estaba casi completamente calva. 

Han sido muchos los amigos y familiares de fuera que se han puesto en contacto conmigo para preguntar cómo estoy, cómo va la enfermedad, cómo me las apaño...

El cáncer sigue siendo una enfermedad temible, al oír el diagnostico la mayoría de las personas se viene abajo, recuerda a algunos que se fueron a causa de un cáncer y piensa que el final está muy cerca.

En la mayoría de las ocasiones eso no va a ser así. A pesar de ser una enfermedad muy difícil tenemos cientos de personas a nuestro alrededor que llevan una vida normal y feliz después de haberla padecido, y también tenemos a nuestro alrededor a otras muchas que están viviendo esa etapa con más o menos dificultad y más o menos energía, pero están viviendo.

Yo llevo ya muchos años con cáncer, empecé justo a los dos meses de jubilarme, durante la pandemia, y, como estábamos encerrados, apenas se notó de puertas para afuera. Este año, en enero, volvieron a diagnosticarme  la misma enfermedad, y después de la cirugía, tocaba quimioterapia.

Para muchas personas, sobre todo para las mujeres, al suplicio de la incertidumbre, del miedo, del dolor físico, se añade un temor visceral a perder el pelo. Se calcula que entre el ochenta y el noventa por ciento de las mujeres optan por ocultar la pérdida del cabello después de la quimio, mientras que en los hombres esa cifra desciende a un veinte o treinta por ciento.

Para la mayoría de las mujeres, esta pérdida es una de las fases emocionalmente más dura del tratamiento, y ocultar la calvicie es primordial no solo para mantener la autoestima, sino para evitar ser identificadas como "pacientes de cáncer", mientras que casi todos los hombres (los más jóvenes en menor medida) optan por raparse y asumen la alopecia como una consecuencia  lógica del tratamiento que no requiere ser ocultada.

 




Cuando supe que iba a empezar la quimio, opté por cortarme el pelo todo lo posible, mi amiga Reme Rubiales me hizo un corte la mar de mono y durante las primeras semanas todo fue bien.

Mientras me cortaba el pelo, y sabiendo que iba a quedarme calva, le conté que ya había encargado varios turbantes precisamente para ocultar que estaría pelona, pero que, como conozco a tantas mujeres mayores y jóvenes que sufren de alopecia por distintas causas, iba a intentar superar la vergüenza de no tener pelo y, si me sentía capaz, iba a "lucir calva" durante todo el tiempo, para ser también un referente de mujer  que normaliza y lleva con naturalidad la calvicie y que, en estos momentos tan duros de torbellino de emociones, iba a quitarme de encima una de las preocupaciones emocionales que más afecta a las de mi género en este proceso.

Tengo que reconocer que, en mi caso, lo tenía mucho más fácil que otras, nunca he sido especialmente coqueta y el aspecto físico no ha sido ninguna de mis prioridades. También quiero dejar claro que cada una es dueña de hacer lo que quiera, y que todas estamos geniales como hayamos decidido afrontar este trance.

 


 

Cuando empezó a caérseme el pelo, mi hija Julia me regaló el primer sombrerito para protegerme del sol, y eso ha sido lo más importante, te pongas lo que te pongas, tienes que protegerte lo más posible, porque estás muy vulnerable y el sol puede hacerte mucho daño. Después Reme y María me han regalado otros sombreros, y me han sido de mucha utilidad durante todo el verano. Lucir el sombrero de "abu"💜 es todo un privilegio para mí. 

 


 Estar calva y no ocultarlo no te impide, en absoluto, disfrutar de un paseo con los nietos, a veces ellos están incluso más protegidos que tú misma.

La primera vez que me puse un turbante y me miré al espejo me topé con "una enferma". Sin pelo, a cara descubierta,  me veía rara, pero verme con turbante fue muy "turbador" (ese sería un juego de palabras de mi hermano Manolo💚) y rápidamente cedí los que había comprado a una asociación, para que otras mujeres pudieran usarlos. Estaba decidido, yo no los iba  a utilizar.

Mi amiga Mari Carmen me había mandado fotografías suyas con sus pañuelos muy monos alrededor de la cabeza, sus hijas, Mari y Ana Belén, se las habían apañado para buscarle los más lindos y la mejor manera de lucirlos, pero para mí tampoco era una opción, no iba a ser capaz de cubrirme tampoco con un pañuelo. 

Las circunstancias me lo pusieron muy fácil, como mejor me sentía era sin nada, a "calva descubierta", y así comenzaría mi andadura para intentar ayudar a romper el estigma social de la alopecia femenina, normalizando la situación y reduciendo, si fuera posible, el impacto psicológico, la ansiedad por perder el pelo que sufrimos las mujeres al recibir el diagnóstico de cáncer y quimioterapia. 

 


 Recuerdo que mi nieto Manuel me preguntó "Abuela, tienes el pelo muy corto, ¿Has ido a la peluquería de Vali y te has montado en el cochecito?"😂 Esa era la naturalidad de un niño de cuatro años, preguntarme si había ido a su peluquería a cortarme el pelo.
 
Esta es la peluquería de Vali, su cochecito y mis nietos cortándose el pelo💜.
 

La verdad es que el corte que me había hecho Reme estaba muy bien al principio,  pero cuando el pelo comenzó a caerse ya a mechones también empezó a dolerme, era alucinante, me dolía más el pelo que cualquier otra parte del cuerpo. Entonces Irene y Esperanza me raparon; como me dijo mi oncóloga y  me advirtieron mis enfermeras, "ni se te ocurra raparte al cero, que es mucho peor, después te duele más", pusieron el once en la maquinilla y a partir de entonces dejó de dolerme el pelo y dejé de tener problemas con los mechones que se caían.

 


 Pero incluso pelona del todo, mis nietas no han mostrado ninguna extrañeza, sigo siendo la abuela que cuenta cuentos, que juega al escondite, que prepara albóndigas con patatas fritas y que es feliz de verlas crecer cada día.

 


 
Ir a "cabeza descubierta" ha sido para mí todo un descubrimiento, al principio notaba las miradas de asombro, incluso de conmiseración, de los demás, me cedían el asiento en el autobús, o algunas personas se ofrecían a ayudarme con la bolsa de la compra. Recuerdo algunos paseos por el pueblo con mi prima Natalia, ella con su brazo en cabestrillo y yo con mi cabeza rapada, y muchos se paraban a preguntar qué había pasado de grave, 😂, las dos dañadas. Pero poco a poco me he ido acostumbrando, y mi entorno también, ya nadie me pregunta, ni se asusta, ni se extraña. Lo más que hacen los amigos, como Andrés este día que fuimos a hacer un video, es recordarme que coja el sombrero para que no me de el sol.

Y en el hospital de día sí que he visto que mi actitud ha tenido repercusión, o, al menos, eso quiero creer. Allí, durante las sesiones de quimio, te encuentras con decenas de personas, mayores y jóvenes, que están en la misma situación que tú y, al principio, no había ninguna otra mujer que no ocultara su calvicie. Había una chica muy joven, guapísima, Candela, siempre muy arreglada, muy bien maquillada, con sus pendientes, su ropa moderna y su turbante, coincidimos en varias sesiones, es una joven muy agradable y pudimos charlar de nuestra enfermedad, ella tenía más experiencia que yo en la quimio y me dio algunos buenos consejos para soportar los efectos adversos de las sesiones  o de la medicación para las defensas. Después de varias semanas, un día apareció sin turbante, sonriéndome y más guapa que nunca. Las otras mujeres, y las enfermeras, le dijeron que estaba estupenda y ella les respondió que estaba harta de tener que cubrirse, que había visto que no pasaba nada por ir sin pañuelo oncológico y que el verano no estaba hecho para pelucas ni turbantes.

Me encantó, ya éramos dos, y con el paso del tiempo hemos sido tres, cuatro, cinco... Ya algunas se han ido, ¡qué alegría! ya han terminado sus tratamientos y han empezado a retomar sus vidas de siempre. Pero cada vez que voy a una sesión miro en los sillones a ver si alguna otra compañera aparece sin gorro.

 


 Porque puedes perfectamente hacer turismo por Cádiz con Ester y Adrián tengas o no tengas pelo. No tener una melena no te impide hacer tu vida, disfrutar con las preciosas sorpresas de tu sobrina y estar bien. 

 


 

Puedes tomarte un helado con tu hermana y tu cuñada y sentirte feliz. Aunque en esta fotografía no aparecen, Paqui, Reme y Jose han sido los mejores y más deliciosos acompañantes para los helados de la tarde de todo el verano, mil gracias💜 .

 

 
Puedes dar un paseíto por la playa con tu tía Ana María y tu prima Julia aprovechando las horas fresquitas de la mañana.
 


 Puedes disfrutar de tu madrina junto a la Virgen de los Remedios y sentirte feliz con su emoción y sus ganas de disfrutar de su pueblo. Eres única, tita Reme💜

 



 Puedes ir al concurso de pintura rápida y que tu Manuel se quiera venir contigo para que le remojes las manitas en la fuente de la plaza mientras sus padres y abuelos disfrutan de este regalo de la vida y tus sobrinas Violeta y Noelia cantan para todos con sus preciosas voces💜.

 


 Puedes visitar la catedral con tus amigos Dolo y Paco luciendo bolsos Artiga (merci, les amies) y disfrutar de una comida en familia con los amigos de siempre, Paco con su paño en el hombro y Dolo preparando el bacalao que tanto le gustó a Esperanza.

 


 

 Puedes disfrutar de los  amigos de toda la vida que vienen desde Granada expresamente a verte y comprobar que la amistad es amistad por muchos años que hayan pasado, y que las personas encantadoras siempre serán las que mantengan ese vínculo. Jose, Valle, sois increíbles, gracias 💜.

 

 
Puedes recibir el mismo día a la mejor amiga de tu tía María Remedios, con la misma sonrisa de todos los años y con el mismo cariño de siempre. Isabel es una mujer que solo me trae buenos recuerdos y cantidades inmensas de cariño. 
 


 Y en ese mismo día y en el mismo escalón, recibir a la nieta menor de tu tía María Remedios, Noelia, una de esas personitas que siempre aportan cariño, alegría y felicidad. Eres un sol, sobri💜.

 

Ya se me estaba casi olvidando  la finalidad de esta entrada. He empezado a recordar buenos momentos y situaciones felices, con o sin pelo, y al final se me va a olvidar decir tres cosas que me parecen fundamentales.

La primera es que la pérdida de pelo es transitoria cuando haces quimioterapia, y que se te caiga el pelo es lo mejor que te puede pasar, eso significa que la medicación está haciendo el efecto deseado y que te estás curando. Mi amiga Mari Carmen dice que después te sale el pelo más fuerte y más lindo que nunca.

La segunda es recordar que la belleza es algo que no solo depende de tu melena. Tu sonrisa, tus ojos, tus facciones y tu feminidad siguen siendo los mismos. Tú sigues siendo la misma, perder el pelo no te define.

Y la tercera, para mí la más importante, es la comodidad. Prescindir de pañuelos, pelucas, turbantes y gorros, especialmente en este verano que estamos pasando con tanto calor, te permite estar mucho más cómoda, evitar irritaciones, picores e incomodidades. 


Además, siguiendo con el hilo anterior, no tener pelo no te impide llevar una vida feliz y normal. 

 


 Puedes estar en tu balcón con tu hermano Leandro esperando el paso de la Virgen y disfrutar del recuerdo de las matriarcas de la familia con sus mantones extendidos.

 


 Puedes emocionarte cuando Nuestra Señora pasa por tu balcón y se para un momentito, así admiras su belleza y piensas en cosas buenas para todos.

 


 Puedes recibir un reconocimiento de la hermandad de manos de tu hermano Francisco y agradecer, a una iglesia abarrotada, todas las muestras de afecto y cariño que recibes a diario. Por cierto, que caí como un pichaque, Mari Carmen, muchísimas gracias a la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios.

 


 Puedes posar con tu familia ante el altar y seguir agradeciendo todo lo que tantas personas hacen por ti.

Puedes estar muy contenta, incluso hacer cosas que nunca habías hecho.


 ¡Claro que sí! Puedes tirar un cohete en honor a Nuestra Señora de los Remedios con tu hermano Leandro y acompañada de buenos amigos, disfrutando como una niña al hacer una pequeña chiquillada y sabiendo que, en el fondo, estar calva tiene sus ventajas: los demás son siempre amables contigo, aunque, en este caso, los amigos del San Antonio siempre han sido los más amables y los más detallistas.

 


 

 Esta es la última imagen que comparto hoy, ya está bien de hablar de mí, aunque he puesto mucho empeño en dar una imagen más normalizada del cáncer, de la quimioterapia y de sus consecuencias, que se convierten, para muchas personas, sobre todo mujeres, en estigmas.

Yo he optado por vivir así esta etapa de mi vida, con naturalidad, con normalidad, incluso a veces con humor, me recuerdo a mi querido hermano Manolo. Hace un rato, hablando con Bárbara y con Ana, me han comentado que ayer tarde no estaba en casa y les he dicho, sin pensar: "Es que fui a la peluquería".

¡Cómo nos hemos reído al darnos cuenta! Las tres sabíamos que me refería a la Academia de peluquería y estética de mi amiga Reme, donde voy muchas tardes a charlar un rato y a hacerles compañía a ella y a Irene, pero sonó muy gracioso verme totalmente calva explicando que había estado por la tarde en la peluquería. 

Es como mi amigo don Manuel, que es ciego, y dice siempre, con su humor y su sonrisa "me alegro mucho de verte, ya nos veremos, hasta la vista..."💜 

Pues con la imagen protectora de Gloria, ayudándome a estar de pie para ver pasar a Nuestra Señora justo después de haber tenido la sesión de quimio, quiero recalcar, por si no he sido ya lo suficientemente intensa, que no tener pelo no te define, no cambia tu ser, tu esencia. No es algo que haya que ocultar por fuerza, solo lo ocultas si quieres, o si te sientes mal contigo misma.
 
No pasa absolutamente nada si estás calva, lo importante es tu vida, es tu familia, son tus vecinos, son tus amigos, los que te apoyan diariamente, los que  te preguntan si necesitas algo y se ofrecen infinitamente para estar contigo, para echar una mano, para acompañarte. Lo importante es que sigas las instrucciones de médicos y enfermeras, que son los que te van a curar (ahí yo soy una enchufada, tengo, como decía mi hermano, a la mejor enfermera del mundo en casa). 
Lo importante es que te des cuenta de lo afortunada que eres, porque esta enfermedad no ha recaído en otra persona de tu familia, sino en ti.
Lo importante es que cada mañana y cada noche agradezcas ese café que te has tomado con Mari, ese abrazo que te ha dado Luisa, esa llamada que te ha hecho Elena, esa invitación que te hace Háfida, ese delicioso helado que has estado tomando este verano, esas verduritas frescas que te regala David, esa fruta del Amarguillo que te trae Juande, ese pescado que te trae tu cuñada, esa aceitunas que te manda María, esos regalitos de tu hermana,  esos huevos frescos del campo de Andrés, ese mascarilla que te regala Ian, esos libros que te mandan Camila, María, Reme, Bárbara, Serafín; esas decenas de mensajes cariñosos y de ánimo que recibes a diario, ese gesto tierno de tus compañeros. 
Mil gracias a todos, os estaré eternamente agradecida 💜💜💜 

 

Nos han enseñado a ocultar la vulnerabilidad, pero yo elijo mostrarla casi con orgullo. Perder el cabello por la quimio asusta, pero cuando das el paso de mirarte sin él, te das cuenta de que sigues siendo tú. Ni más débil, ni menos mujer. Ahora quisiera ser el referente que a mí me hubiera gustado ver cuando empecé: una mujer sin pelo, pero llena de vida y sin nada que esconder.

 Si yo puedo, tú también puedes perderle el miedo. 💖 

 

 

No hay comentarios: