lunes, 6 de abril de 2009

Manuel Cabello Janeiro: El descubrimiento de la Mesta en Andalucía

EL DESCUBRIMIENTO DE LA MESTA EN ANDALUCÍA 
 
 
 
Manuel Cabello hizo sus estudios de magisterio ya mayor, con cinco hijos en el mundo y muchas ganas de hacer cosas nuevas. Su primer destino fue Igualeja, un pequeño pueblo de Málaga, y después estuvo en Benaocaz. Allí descubrió, a principios de los setenta, que el Archivo Municipal estaba muy abandonado. Era de los pocos archivos de la zona que había sobrevivido al paso del tiempo, a las guerras, a los incendios y a las inundacionones, pero, no obstante, estaba descatalogado y arrinconado. Obtuvo el permiso necesario, gracias a su interés y a ser maestro, para organizarlo y estudiarlo, y, trás meses de estudio y trabajo, consiguió hacer varios descubrimientos muy importantes. En el capítulo XX de su primer libro :"Ubrique, encrucijada histórica", podemos leer la interesante historia que transcribimos a continuación. Antes debemos aclarar que es el relato novelado de la investigación contado como si una pandilla de jóvenes (en realidad eran los componentes del grupo de Misión Rescate 208) lo contara en primera persona. 
 
CAPÍTULO XX
BENAOCAZ GANA UN PLEITO CONTRA LOS PRIVILEGIOS REALES DE LA MESTA A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos http://manuelcabellojaneiro.blogspot.com/

La pandilla, como ya hemos comentado, estuvo durante varios años rastreando, nunca mejor dicho, el Archivo Histórico de Benaocaz. Legajos y más legajos habíamos estudiado y ciertamente en nosotros se despertaba una inusitada curiosidad ya que el contenido histórico-cultural de estos librotes no sólo se refería a la sin par villa benaocaceña, sino a toda una comarca o región, la denominada Serranía Gaditana. Y, desde luego, cada vez que localizábamos algún nuevo dato de interés´la alegría nos inundaba y lógicamente hacíamos comentarios entre las personas que andaban a nuestro alrededor... Pero había una persona, nacida en Benaocaz y residente en la capital española, Profesor de Lenguas Clásicas en un instituto madrileño, a la cual dábamos el "parte" casi a diario, primero por ser benaocaceño y segundo porque, según él, estaba casi tan interesado como nosotros en el Archivo. Él mismo sería quien nos orientara en esta nueva singladura que comentamos para revalorizar uno de los textos encontrados, concretamente el que se refiere a "Privilegiados de Mesta". Sus palabras nos dieron idea de que se trataba de un valiosísimo libro olvidado, que no debía quedar en el montón, hipótesis que se potenciaría cuando llegáramos a las conclusiones finales tras las distintas aportaciones documentales, no sólo por su estructura, sino por su importante contenido que trata, nada más ni nada menos, que el tema del mestano en Andalucía Occidental, hecho casi desconocido en la actualidad. Libro valiosísimo por la época en que estaba escrito el texto "anno 1557". Y no solamente era desconocido el hecho en sí en Andalucía Occidental, sino que en España hay muy pocos especialistas en la materia. Y como si fuera una ironía del destino tiene que ser un francés el que se ocupe de estos temas. De todas maneras para la Pandilla era de agradecer que al menos esta persona, el Profesor Jean Paul Le Flem, escritor e historiador, se interesara por nuestros trabajos. El catedrático de Benaocaz, en descanso por aquellos días en la población serrana y tras nuestros apasionados relatos sobre el Libro de Mesta existente en el Archivo Histórico de su pueblo, fue el que hizo las gestiones para podernos acercar al historiador francés, que él conocía y del que poseía el libro "Un gran Señor de la Mesta, don Juan Ibáñez de Segovia, Marqués de Mondéjar y Acrópolis", publicado como miscelánea de la Casa Velázquez. Unas cuantas llamadas telefónicas y una carta de presentación nos bastaron para acudir a Sevilla, cuya Feria de Abril era visitada por el profesor francés. Previsoramentey gracias a las autoridades de Benaocaz, llevábamos con nosotros el valioso libro que nos había sido prestado a condición de que sería devuelto tal y com nos había sido entregado, y de que bajo ningún concepto lo dejaríamos en ningún lugar ni a nadie. La entrevista no pudo ser más halagadora. Al profesor le encantaba que nos hubiéramos interesado por este tema, tan interesante como desconocido, y a la vista de nuestras manifestaciones e informaciones, de las que él no tenía ninguna noticia hasta el momento, llegó a manifestarnos que "... sin lugar a dudas, este texto que ustedes portan es digno de ser publicado" Siguieron sus comentarios, en el mismo hall del hotel donde conversábamos, en el sentido de que "para hacer un estudio a fondo hay que fotocopiarlo". Así lo hicimos. Poco a poco fuimos remitiendo folio tras folio a Madrid para su traducción por el Señor Le Flem. Las contestaciones no se hicieron esperar, porque a través de diversas llamadas nos iba argumentando la realidad del contenido de tan preciado libro...

A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos

A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos entraban unas enormes ganas de traducirlos, algo para lo que ninguno de nosotros estaba preparado, a pesar de ser antiguos universitarios, y decidimos intentarlo.

Al principio nos costó muchísimo pero poco a poco el trabajo fue más cómodo: Llegamos a traducir los 183 folios que componen el texto con una cierta perfección y con muchísima paciencia.

En nuestro Cuaderno Diario de Excursiones anotábamos por aquellos días “… un extraordinario pendolista, o escribiente de la Real Cachillería, había legado para la posteridad este texto que ha causado sensación entre aquellas personas más o menos relacionadas con el tema, pues gracias a estas conversaciones llevadas a cabo con el Sr. Le-Flem, el libro ha despertado en todas partes el natural interés, sobre todo en el Sindicato Nacional de Ganadería, cuya bibliotecaria y archivera, Sta. De la Torre, nos pone en contacto con el Archivo Provincial de Cádiz, y de aquí, con el Histórico Nacional, a través de su subdirector, Sr. Martínez Bara. Todo un periplo que, a su vez, nos sirve para mantener la calidad de lo inédito del libro en cuestión…”

Con franqueza debemos decir que la transcripción del libro, poco a poco, se fue haciendo grata para nosotros, ya que se nos ocurrió confeccionar una especie de “vocabulario-abecedario” para descifrar los símbolos más confusos, con lo que hacíamos más fácil su lectura o traducción.

Unos días, unos, otros días, otros, algún miembro de la Pandilla iba escribiendo en el Libro Diario de Excursiones: “LIBRO DE MESTA. Real ejecutoria de la Real Canchillería de Granada, ganada por el Concejo de la Villa de Benaocaz, contra el Honrado de la Mesta, sobre que puedan adehesarse las tierras inmediatas de la Villa. Año de 1557…”

Puede figurarse el lector el impacto que nos produjo la lectura de estas primeras líneas que fue la mecha que prendió nuestro interés porque, por aquellos entonces difícilmente se podía ganar en litigio a unos Privilegios Reales, como eran los de la Mesta.

Pero a pesar de este “triunfo de los lugareños”, algunos de ellos tuvieron que pagar determinadas cantidades de maravedíes, por haber abusado de las propiedades de sus tierras, cobrando a ganado mesteño impuestos por pasar por las mismas.

Continuando con nuestro texto, decíamos a continuación: “… D. Felipe Segundo, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algalbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Canarias e Islas y Tierras Firmes, de la Mar Océana, duque de Austria, duque de Bayona y Benavante, conde de Roselló y de Denia, marqués de Onís, señor de Vizcaya y de Molina, Conde de Flandes y del Tirol, a los nuestros corregidores asistentes, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias qualesquieran, así como de la villa de Benaocaz, como de todas las otras ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, antes quienes esta carta ejecutoria o sus traslados signados de escribanos públicos formas y maneras, que a ella fuera presentada… sepan (sépades) que pleito pasó y se trató en nuestra Corte y Canchillería…”

Continuando con nuestros estudios de Mesta, localizamos un tema que nos llamó la atención y que igualmente reflejamos en nuestro particular Cuaderno Diario de Excursiones. Ésta era su transcripción: “…Ante el Alcalde Mayor de Ronda, será presentado un escrito de querella y demanda por Juan Sigler, procurador del Concejo de Mesta en contra de la Villa de Benaocaz, por… que el Concejo de la Villa de Benaocaz, vedaban y acotaban un ejido y pasto común que estaban en su término, cerca del lugar, lo tenían adehesado y no consentían que ganado alguno le entrase a pastar y si acaso entraba lo penaban, corrían y maltrataban si quedaban fuera, y les llevaban, y les habían llevado de cada cabeza de ganado menor, dos maravedíes de día y cuatro de noche; y por manadas, a cualquier género de ganado, tres reales de día y seis de noche, por lo que dicho procurador hacía presentación, con el juramento necesario, pidió al dicho juez que condenase al dicho concejo (de Benaocaz) a que de aquí en adelante los ganados entrasen en dicho ejido, los dejasen pastar libremente, conforme a sus privilegios, y no les llevase penas algunas, y por las que les habían llevado, hasta entonces, en restitución de treinta mil maravedíes en que la estima, más las penas en que habían incurrido.

Hay en el pleito un largo proceso en el que, aparte de destacar el indudable valor para el conocimiento histórico de la región, al inicio de la E. Moderna, por ser fuente documental de primer orden para los eruditos en el tema, hay que destacar también que, gracias al Libro de Mesta, podemos actualmente efectuar un padrón de habitantes o personajes del pueblo benaocaceño, recién conquistado por los Reyes Católicos, con tropas al mando del Duque de Arcos y Marqués de Cádiz, D. Rodrigo Ponce de León (Mayo de 1485) e inicio de la fundación del Señorío de las Siete Villas, de las que en anteriores párrafos hemos comentado algo.

Son casi 100 personajes de los que de una u otra manera van pasando a través de la lectura del Libro, porque casi todos ellos, propietarios de tierras y ejidos son los que se “han aprovechado” de los ganaderos que atravesaban sus tierras para cobrar sus propios impuestos”

De estos nombres podemos hacer una pequeña relación muy interesante, porque a los Antón Sánchez, Juan Miguel “el viejo”, Juan Gutiérrez, Juan Miguel “el mozo”, Mateos Sánchez, Lorenzo Sánchez, Juan García, Pedro Zarco, Fernán Blasques, Alonso de Orellana…, etc., etc., habría que agregar otros más, muchísimos más, interesantes por su gentilicio. Nos explicamos: Benaocaz, dejando aparte su reducida población del orden de los 600 vecinos, actualmente [1976], es muy parecido a Ubrique, y otros pueblos de la comarca. Sus mismas características, su misma idiosincrasia, manera de ser… etc., etc., pero (y esto cuesta trabajo creerlo), la fonética de uno y otros pueblos es tan diferente que les hace parecer de distintas zonas. ¿Qué razones existen, para que en uno u otros pueblos se hable de tan diferente manera?

Quizás en este trabajo sobre el mestano benaocaceño encontremos una posible solución a la pregunta, al menos así lo estimamos, porque unidos a esos nombres reseñados, encontramos otros procedentes de Castilla, personas que debieron traer consigo las características propias (léxico, fonía) del habla castellana. Así pues encontramos nombres como Miguel de Toro, Juan de Béjar, Antón García de Llerena, Miguel de Salamanca, etc., etc.

Otro dato a tener en cuenta, para potenciar la hipótesis aludida, es precisamente que la repoblación de la Serranía Gaditana por los Reyes Católicos se haría pocos años antes del pleito, y al ser Benaocaz villa fronteriza, eminentemente musulmana, su población aparecería en gran parte teniendo que ser sustituida por caballeros de otras latitudes, tal y como lo recogen Mancheño y Olivares, escritor arcense, y Aragón Macías, en sus Misceláneas, depositadas desde 1983, en la Secretaría del Ayuntamiento de Ubrique.

Aparte de estos temas, que afectan directamente a la lingüística y a la sociedad mesteña, tenemos que reseñar otro, no menos importante, que se refiere a las tierras próximas a la villa de Benaocaz, dándose un sinfin de nombres de propiedades rústicas, de las que podríamos hacer un catastro de la época, así como la curiosidad de sus medidas, unas veces, en almudes, otras en celemines, otras en fanegas o anegas… etc.

A los más avariciosos, el Alcalde Mayor de la ciudad de Ronda, que fue quién y dónde se llevaron a cabo los juicios, los condenó con multas que iban desde los 500 a 2.000 maravedíes, destacándose las que por “rebeldía”, se le impusieron a las dos viudas que entraron en el pleito, María Sánchez Crespo e Isabel González, señoras, que no acudieron a la ciudad de Ronda.

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Desde luego nuestros trabajos no quedaban olvidados. Nuestras continuadas visitas y llamadas telefónicas a organismos rectores ganaban la voluntad de ciertas personas a las que podían interesar, en primer lugar, el LIBRO de la Mesta, y en segundo todo lo concerniente al tema mesteño en Andalucía –Así tuvimos la oportunidad de recibir en Ubrique, de paso para Benaocaz al Sr. Rovira Martín, del antiguo cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y a su vez Director del Archivo Histórico Provincial de Cádiz. No hubo inconveniente alguno, en acompañarle a la bella población benaocaceña, para que hiciera un detenido examen de su Archivo Municipal “… de cuyos fondos –nos decía D. Manuel Rovina poco después- destacando en gran manera, se localizó un importantísimo y valioso documento en orden al estudio y conocimiento de la Mesta en Andalucía, por el grupo”.

“Dicho documento –nos ampliaba su escrito- corresponde a un texto inédito, de principios del siglo XVI, no catalogado, del que se destaca, aparte de su importancia para el conocimiento de la Mesta en Andalucía Occidental, hasta ahora poco estudiada, su indudable valor para el conocimiento de todo el encalve de la Serranía Gaditana como fuente documental de primer orden para los eruditos en el tema…”

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Días atrás habíamos puesto un poco de orden, entre aquellos que: “… en contravención de los reales privilegios…”, “… habían Rompido y labrado un pedazo de tierra en el prado y ejido de la dicha villa (Benaocaz)…” “asunto éste –según reza el texto- venía ocurriendo desde hace cincuenta años a más…” (Es decir en los primeros años del siglo XVI, lo que le da mayor calidad e interés).

Como hemos dicho, una puesto en orden, “en la ciudad de Talavera de la Reina se haría sentencia formal, por Pedro de Tudanca”, consiguiendo, pues nuestra villa hermana, que las tierras próximas a ella pudieran adehesarse, todo lo contrario que permitía el privilegio de la Mesta, que era algo así como que el ganado estuviera “encima” de la agricultura…

El libro se encuentra y conserva en relativo buen estado. Completo. Tiene 183 folios manuscritos, por ambas caras, letra procesal, calara y bien definida ¡Cosa curiosa!

La repetición de palabras y de hechos, intencionadamente, nos hace pensar que el pendolista o escribano público, cobrara por “centímetro de escritura”.

La parte de atrás, es decir, las últimas hojas del texto, en su parte superior se encuentran carcomidas, bien por las polillas, bien por los roedores, pero sin daño acusado a su contenido.

Tiene magníficas anotaciones marginales (sentencias, dineros, prados, ejidos…) que sirven de guía o índice para que el lector vaya directamente al tema que más le interese.

Su tamaño, es aproximadamente el de un folio actual, con unos tres centímetros de grueso. Sus tapas de piel de oveja apergaminada, y con cintas en sus extremos para que puedan ser siempre bien cerradas…

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Jean-Paul Le Flem, en carta que recibimos por estas fechas, nos aclaraba lo que tanto ansiábamos: Saber por dónde iba la trashumancia mesteña. Más o menos nos decía así: “… la historigrafía tradicional limitaba la extensión de la trashumancia mesteña a las dos Castillas con excrecencias hacia Aragón y las Sierras de León al Norte, hacia Murcia y el Andévalo al sur, es decir, que Andalucía quedaba totalmente excluida de la historia mesteña. Gracias al preciado texto localizado por la Pandilla, se replantea totalmente el problema de la influencia de la Mesta en tierras andaluzas, y especialmente el papel del alcalde de la Mesta en alguna importante ciudad andaluza, oficios creados por sus propios municipios, y aún, en los tiempo modernos sin estudiar…”

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Una vez más sería la sagacidad y el propio estímulo, lo que valdría para que esta impresionante joya de la bibliografía nacional quedara controlada y sujeta a organismos que la custodien en bien del patrimonio de todos.

Es increíble que, a pesar de toda la correspondencia y el contacto con Ubrique y con Manuel Cabello, el señor Le Flem publicó, años después, el estudio de los Archivos de Benaocaz y del Libro de la Mesta sin hacer mención alguna de su auténtico descubridor. No obstante, Manuel Cabello había conseguido su objetivo: dar a conocer estos valiosos legajos, ponerlos en valor y preservarlos. Actualmente están debidamente conservados y custodiados por el Ayuntamiento de Benaocaz. Serafín Ruiz Cabello

Manuel Cabello Janeiro y su pasión por la Arqueología.


En su libro "Ubrique, encrucujada histórica para caminos juveniles" (1987), Manuel Cabello explica cómo la pasión por recuperar y conocer nuestra historia formó parte de su vida.

"Comencé en la tarea cuando la fortuna me entregó dos páginas de nuestra historia, hace ya bastantes años...
Una, sobre el bello tapiz del Salto de la Mora, población "ocurritana", sonando aún por Europa los crueles estampidos de la Segunda Guerra Mundial, la gran olvidada, al encontrar una muy completa moneda romana del Emperador Vespaciano, con leyenda bien visisble, con muchos siglos de antigüedad, que aún conservo.
La otra, pocos años después, al hallar en el patio central del cementerio de Ubrique una pequeña hacha votiva, prehistórica, que quizás sirviera como permanente testimonio de una vida que se extinguió en otra época.
Así de sencilla fue la partida..."

Este libro, que fue el primero en publicar, es el relato novelado del trabajo que Manuel Cabello realizó (con la colaboración constante de su mujer, Esperanza Izquierdo) con todos los escolares de Ubrique que fueron componentes de grupos, comandos y patrullas de rescate (éramos batidores de Misión Rescate).
Corría el año 1965, cuando, a través de Radio Nacional de España y Televisión Española, y con una idea de Aníbal Arias, comenzó el programa Misión Rescate. Era una llamada a todos los maestros y maestras de España. Se les pedía que localizaran y estudiaran cualquier muestra que pudiera estar relacionada con el Arte, la Cultura o la Historia.
Más de 20 años duró la andadura de Manuel Cabello con Misión Rescate y los escolares de Ubrique. Niños y niñas de muchas generaciones aprendimos con él a conocer, amar y preservar nuestra cultura y nuestra historia. Consiguió embarcar con él a casi todos los ubriqueños, que se volcaron con el Grupo 205 y colaboraron a todos los niveles. Durante esos años consiguieron ganar más de un centenar de premios: Menciones de honor, Trofeos de plata y, en dos ocasiones, el Trofeo de oro.
De toda aquella aventura quedan recuerdos imborrables entre nosostros, no sólo físicos, como la Plaza de Misión Rescate o la excavación de las ruinas del Salto de la Mora, sino también la seguridad de que nuestro pasado es importante, el respeto a todo lo que nos precedió, y la lucha por conservar lo que tenemos.
En la presentación de su libro Manuel Cabello habla también de denuncia y de amargura, porque, a pesar de haber trabajado muchos años por la conservación y puesta en valor de nuestro patrimonio, encontraba aún dejadez y abandono.
Hoy se sentiría orgulloso de que, después de tantos años, el convento está restaurado, y alberga una magnífica exposición-museo de la piel. También estaría contento de ver El San Juan convertido en Centro de Interpretación de la Historia de Ubrique, estaría feliz de ver que en su colegio, el Reina Sofía, se cuida con mimo la exposición arqueológica con piezas traídas de todos los rincones de nuestra comarca. Y, finalmente, estaría tranquilo paseando por el Salto de la Mora, donde todo sigue como él hubiera querido, quizás un poco dejado, pero dispuesto para las visitas.


Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

Anécdotas familiares: la cueva del Berrueco


LA CUEVA DEL BERRUECO

La historia que contamos a continuación tuvo lugar en 1961. Manuel Cabello tenía un espíritu inquieto y curioso, siempre ávido de nuevos descubrimientos y nuevas aventuras. A pesar de estar casado y tener ya tres hijos, no paraba de organizar actividades, paseos y expediciones en Ubrique y sus alrededores. En esta ocasión decidió, con un grupo de amigos entre los que se encontraban Enrique Ayarra y Pepe Núñez, entre otros, inspeccionar la cueva del Berrueco, en el camino de Cortes de la Frontera, para descubrir si era muy profunda y si había vestigios de alguna civilización.
Comenzó la prospección y, al intentar atravesar la primera gatera, que es muy angosta, se le quedó atascada la cartera, que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón, en una pequeña grieta de la roca. Así que no podía avanzar ni retroceder. Momentos angustiosos...
Finalmente pudo retroceder, y allí terminó la carrera de espeleólogo de Manuel Cabello, que siguió interesado por los vestigios de otras civilizaciones, pero siempre al aire libre.


El batán. La familia Rivera Vázquez en Ubrique.

Julia Janeiro, Lola Luque, Margarita Cabezas y Sebastiana Jatón
En la fábrica de paños de Ubrique. 1909



Por Esperanza Cabello

Blas Rivera, nuestro tatarabuelo, era originario de Grazalema, al igual que su mujer, María Vázquez. En 1878 se trasladaron a Ubrique con su numerosa familia. Tenían diez hijos, de los que Antonia, nuestra bisabuela, era la mayor, también fue la más longeva de todos.
Blas y María construyeron un batán en Ubrique, en la zona en la que hoy día está el Polideportivo. El batán era la máquina que se utilizaba para transformar la lana recién esquilada de las ovejas en hebras para tejer, y con ellas fabricaban tela para la confección. Ubrique tenía varias fábricas de paños en la época. Con diez años, Antonia iba cada mañana a trabajar con su padre al batán y le ayudaba en lo que podía.
Blas y María vivieron el el Portichuelo, en el Toledo, en la casita en la que más tarde tendría nuestra bisabuela un refino, que así es como se llamaba entonces a las mercerías, y allí vendía el paño por varas.
Allí nació también nuestro abuelo Leandro, su único hijo, y allí vivieron hasta que se trasladaron a la calle Real, primero y a la calle San Pedro después de la guerra.

Nuestra bisabuela Antonia en 1957

Como hemos explicado, nuestra bisabuela fue la más longeva de toda su familia, murio en 1969 a la edad de 92 años, rodeada de su familia, su querida Teresa y sus niñas.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Pepa Piñero de la Rosa


NUESTRA BISABUELA PEPA

Calculamos que nuestra bisabuela Pepa, la madre de abuela Natalia, debió de nacer , en Ubrique, en 1886. Era hija de Luis Piñero y María de la Rosa y tenía varios hermanos. Desde pequeña sus primas, "las Piñeritas", que tenían una tienda, disfrutaban con su compañía, tanto es así que, a pesar de querer muchísimo a sus padres (llamaba a su padre "papalí") acabó viviendo con ellas, que eran solteras.
Pepa se enamoró de Eduardo Fernández Muñoz, un gallardo mozo muy seductor y que gustaba a todas las jóvenes, aunque su corazón fue para ella.
Pepa había prometido a la Esperanza Macarena que, si se casaban, le pondría a su primera hija Esperanza. Pero en aquella época imponer nombre a los recién nacidos era todo un ritual, y cada cuál tenía el que le tocaba, así que su primera hija tuvo que llamarse Natalia, como estaba mandado, porque la madre de Eduardo era Natalia Muñoz, una jovencita venida de Grazalema a mediados del siglo XIX .
Antes había tenido otros dos hijos, a uno lo perdió y el otro era nuestro tío Baldomero. Al enviudar (Eduardo murió cuando Natalia tenía tres años), Pepa volvió a irse con "las Piñeritas" (¿con quién mejor?) que los acogieron con los brazos abiertos.
Más tarde Baldomero se casó con Nieves Arenas y Natalia con Leandro Izquierdo, pero cuando nació la primera nieta de Pepa, una bonita niña que vino al mundo el 28 de abril de 1932, y a la que correspondía el nombre de la abuela materna, nuestra bisabuela tuvo la oportunidad de ver cumplida su promesa, y decidió que la niña se llamaría Esperanza, éste se ha convertido en uno de los nombres tradicionales de la familia y se mantiene cinco generaciones más tarde.



Esperanza Cabello Izquierdo
 
 
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domingo, 28 de diciembre de 2008

La vida en Ubrique en los años 20

Isabel Álvarez y su tío Ángel Janeiro


Hoy hemos tenido la suerte de oír un relato entrañable de la vida de una niña en Ubrique en los años 20. Nuestra tía Isabel Álvarez nos ha contado algunas historias de su vida cotidiana:

"Yo era la cuarta hija de una familia muy numerosa, y la segunda nieta de una familia más numerosa aún. Todos mis tíos y tías me buscaban, me compraban regalos y me llevaban de excursión o de paseo. Mi tío Eloy, por ejemplo, que emigró a Argentina, tenía un coche (sería el año 22) y se iba al teatro a Prado del Rey con sus amigos, entre ellos José Coronel, y me llevaban con ellos.
Con mi tío Ángel me llevaba muy bien, siempre me quiso mucho, y mi tía Julia me buscaba para estar conmigo.
A mí no me gustaba demasiado ir a la escuela, pero los paseos, las fotografías, los mandados y el trabajo no me importaban en absoluto.
No era una época mala, no pasábamos hambre ni nada, teníamos todo lo necesario. Mi madre me daba una gorda (diez céntimos de peseta) para ir a comprar lechugas. Si iba a la tienda, me daban una, si iba a las huertas que estaban al otro lado del río me daban cinco o seis lechugas.
También me mandaban a por azúcar y café "ancá la Facana", con un real de azúcar y café había para tres o cuatro días. La Facana, Amalia, era una confitera excepcional, era nuestra vecina, hacía todo tipo de dulces caseros, y era una buena persona.
Cuando pelaban los conejos, llevaba el pellejo a la Fula (taller de sombreros), y me daban una chica por cada uno. Con una gorda (dos chicas) iba a la confitería de Rafaela y Sebastián, al principio de la calle Botica, y compraba un bollo de leche y un pocillo de chocolate (la palabra pocillo se refiere a una onza. Un pocillo es una tacita pequeña de cerámica en la que se tomaba el chocolate, de ahí el nombre).
Otras veces iba a la confitería de María La Paz y Serafín, en la calle del Perdón, que después fue de Eloísa, y compraba con una gorda cualquier dulce de los más buenos.

(Nuestra madre, nacida en 1932, dice que cuando ella era pequeña los dulces valían tres chicas en lo de María La Paz, y que compraban bollos de Bilbao, bucaritos, caracolas y bollos de leche).

Cuando tenía nueve años, en 1927, empecé a trabajar cosiendo sombreros; trabajabamos de nueve a doce por la mañana y de una a cinco por la tarde. A las doce en punto se comía, según el día unas migas cocidas, sopas del cocido o lo que hubiera (huevos casi nunca). A las cinco se tomaba el puchero, de calabaza, de habichuelas o de lo que diera la estación.





La Iglesia del Jesús
Principios de siglo



jueves, 18 de diciembre de 2008

Leopoldo de Ubrique, el obispo Panal, “un anciano hecho del barro de los mártires”



Agradecemos a José María Gavira que nos haya permitido compartir su trabajo en nuestro blog, publicado originariamente en "5*U", más tarde en "Historias del Mediodía" y  actualmente en proceso de publicación en "Historias de Ubrique" (en este enlace).



POR JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO
Un día un amigo me recomendó La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa. Me contó de qué iba el libro y, la verdad, no me sedujo en aquel momento sumergirme en la vida de un repugnante dictador dominicano del siglo pasado (Trujillo). Pero me convencieron estas palabras: “si lo empiezas, no lo podrás dejar”. Y así fue. Vargas Llosa siempre lo consigue. Ya plenamente prendido en la trama, los acontecimientos narrados cobraron un interés adicional cuando, pasado el ecuador de la obra (capítulo XIV), saltó a mis ojos el nombre de Ubrique. Concretamente, se encuentra en el párrafo que copio:
El editorial de Radio Caribe, reproducido por La Nación, aseguraba que monseñor Panal, el obispo de La Vega, «antiguamente conocido por el nombre de Leopoldo de Ubrique», era fugitivo de España y fichado por la Interpol. Lo acusaba de llenar «de beatas la casa curial de La Vega antes de dedicarse a sus imaginaciones terroristas», y, ahora, «como teme una justa represalia popular se esconde detrás de beatas y mujeres patológicas con las que, por lo visto, tiene un desaforado comercio sexual».
El obispo Panal, de Ubrique - loscallejones5uEn cuanto a monseñor Francisco Panal Ramírez, no es ese el primer pasaje en que se hace referencia a este hijo de Ubrique nacido en 1893 y muerto en Santo Domingo en 1970, que fue el primer obispo de la nueva diócesis dominicana de La Vega, entre 1954 y 1965. Desde el capítulo II se van relatando algunos hechos de este singular personaje que, con el norteamericano Tomás Reilly, recibió la siguiente descalificación –una de tantas– por parte de la emisora trujillista La Voz Dominicana:
(…) no nacieron bajo nuestro sol ni sufrieron bajo nuestra luna (…) y se inmiscuyen en nuestra vida civil y política, pisando los terrenos de lo penal.
Y es que el obispo Panal, “el españolete”, el “hijo de puta” (como lo califica el personaje de Trujillo en la novela), le estaba haciendo la vida imposible al Chivo recriminándole cada vez que podía su tiranía y su libertinaje; primero discretamente, después abiertamente, en un proceso de agravamiento de la animadversión que desembocó en guerra declarada el domingo 25 de enero de 1960. Ese día, Panal y los otros cuatro obispos dominicanos leyeron en el púlpito una carta pastoral “que estremeció la República” y “enloqueció de furor a la Bestia”.
Los prelados denunciaban la tiranía, pedían oraciones por los presos políticos que abarrotaban las cárceles y los centros de tortura del país, se acordaban de los “«millones de seres humanos que continúan viviendo bajo la opresión y la tiranía», para los que no hay «nada seguro: ni el hogar, ni los bienes, ni la libertad, ni el honor»”; defendían “[el derecho] a formar una familia, el derecho al trabajo, al comercio, a la inmigración, a la buena fama y a no ser calumniado «bajo fútiles pretextos o denuncias anónimas (…) por bajos y rastreros motivos»”. La pastoral reafirmaba que “todo hombre tiene derecho a la libertad de conciencia, de prensa, de libre asociación…” y elevaba preces para que “«en estos momentos de congoja y de incertidumbres (…) hubiera «concordia y paz» y se establecieran en el país «los sagrados derechos de convivencia humana»”.
rafael trujillo republica dominicana - loscallejones5u
El Generalísimo tenía bien aprendida en la carne ajena de Juan Domingo Perón (Argentina), Marcos Pérez Jiménez (Venezuela), y Gustavo Rojas Pinilla (Colombia) el daño que podían hacer las aparentemente inocuas pastorales de la Iglesia. De hecho, Perón se lo advirtió al Chivo al partir de Ciudad Trujillo, rumbo a España: “Cuídese de los curas, Generalísimo. No fue la rosca oligárquica ni los militares quienes me tumbaron; fueron las sotanas. Pacte o acabe con ellas de una vez”. Pero el Padre de la Patria Nueva dominicana optó por iniciar una campaña de propaganda contra los obispos, sobre todo contra los dos extranjeros, Francisco Panal y Tomás Reilly. Estos, “desde ese negro 25 de enero de 1960 (…) no habían dejado un solo día de joder. Cartas, memoriales, misas, novenas, sermones”. El tirano barajó varios planes criminales para acabar con el problema:

Uno, usando como escudo a los paleros, matones armados de garrotes y chavetas de Balá, ex presidiario a su servicio, los caliés irrumpirían a la vez, como grupos recalcitrantes desprendidos de una gran manifestación de protesta contra los obispos terroristas, en el obispado de La Vega y en el Colegio Santo Domingo, y rematarían a los prelados antes de que las fuerzas del orden los rescataran. Esta fórmula era arriesgada; podía provocar la invasión. Tenía la ventaja de que la muerte de los dos obispos paralizaría al resto del clero por buen tiempo. En el otro plan, los guardias rescataban a Panal y Reilly antes de ser linchados por el populacho y el gobierno los expulsaba a España y Estados Unidos, argumentando que era la única manera de garantizar su seguridad.
Pero sopesó los pros y los contras y decidió “[seguir con] la guerra de nervios. Que no duerman ni coman tranquilos. A ver si ellos mismos deciden irse”. No sabía que se estaba enfrentando con una personalidad de carácter tan tenaz como el suyo propio. Trujillo lo intentó todo para callarlo. Incluso organizó “una sacrílega pantomima contra monseñor Panal, en la iglesia de La Vega, donde el obispo decía la misa de doce”:

En la nave atestada de parroquianos, cuando monseñor Panal leía el evangelio del día, irrumpió una pandilla de barraganas maquilladas y semidesnudas, y ante el estupor de los fieles, acercándose al púlpito insultaron y recriminaron al anciano obispo, acusándolo de haberles hecho hijos y ser un pervertido. Una de ellas, apoderándose del micrófono, aulló: «Reconoce a las criaturas que nos hiciste parir y no las mates de hambre». Cuando, algunos asistentes, reaccionando, intentaron sacar a las putas fuera de la iglesia y proteger al obispo que miraba aquello incrédulo, irrumpieron los caliés, una veintena de forajidos armados de garrotes y cadenas, que arremetieron sin misericordia contra los parroquianos. ¡Pobres obispos! Les pintarrajearon las casas con los insultos. A monseñor Reilly, en San Juan de la Maguana, le dinamitaron la camioneta con la que se desplazaba por la diócesis, y le bombardearon la casa con animales muertos, aguas servidas, ratas vivas, cada noche, hasta obligarlo a refugiarse en Ciudad Trujillo, en el Colegio Santo Domingo. El indestructible monseñor Panal seguía resistiendo en La Vega, las amenazas, las infamias, los insultos. Un anciano hecho del barro de los mártires.

costaverdedr.com
Todo esto removió la conciencia de Salvador Estrella Sadhalá, un católico ferviente, de comunión diaria, que se confesaba a un cura así:

Voy a matar a Trujillo, padre. Quiero saber si me condenaré (…). Ya no puede ser. Lo que están haciendo con los obispos, con las iglesias, esa asquerosa campaña en la televisión, en radios y periódicos. Hay que ponerle fin, cortando la cabeza de la hidra. ¿Me condenaré?




manuel cabello janeiro - loscallejones5u
Casi cuarenta años después de su muerte, el obispo Panal sigue ocupando un lugar en la memoria y el corazón de muchos fieles dominicanos entre los que goza de fama de santo. Tanta, que no hace mucho el actual obispo de la diócesis de La Vega, Antonio Camilo González, hizo una discreta visita a Ubrique que tenía algo de devota peregrinación. Monseñor Camilo quería conocer en persona el lugar donde vio la luz una figura tan admirada en su país. Le sirvió de sin par cicerone nuestro recordado Manuel Cabello Janeiro, en cuya proverbial inquietud de historiador de todo lo nuestro quedó sembrada una semilla de interés que acabó transformándose en entusiasmo incondicional hacia tan ilustre paisano. Don Manuel viajó a la República Dominicana siguiendo el rastro del olor a santidad y narró sus experiencias en su obra Obispo Panal, un hombre comprometido.
En este libro, que como el de Vargas Llosa no se deja cerrar hasta que se concluye, Cabello nos cuenta algunos detalles históricos y nuevas sabrosas anécdotas de la vida de aquel ubriqueño diamantino que nació el 20 de septiembre de 1893, hijo de Manuel y María, en la casa familiar de la calle de la Palma. Desde muy pequeño frecuentaba con sus hermanos mayores el convento de Capuchinos, donde, al parecer, quedaba hechizado ante la celda que había ocupado el beato Diego José de Cádiz. Tanto, que se despertó en él la vocación de “catequizar herejes”, y para disponerse a ello ingresó con doce años en la Escuela Seráfica de Antequera, en 1905, pasando en 1909 al colegio que la Orden tiene en Granada. En 1914, con el nombre de Fray Leopoldo María de Ubrique (un homenaje a Fray Leopoldo de Alpandeire), llegó a la República Dominicana para no retornar jamás a España. Allí llevaba 16 años cuando Rafael Leónidas Trujillo Molina, tras un golpe de Estado, llegó al poder, en el que se mantuvo hasta 1961 siempre bajo un velo de mendaz constitucionalidad. Durante 31 años tuvo tiempo sobrado para hacerse dueño de medio país, robarle a sus compatriotas unos 100 millones de dólares y convencerse a sí mismo de que era una especie de semidiós con patente incluso para nombrar a su hijo Ramfis coronel a los 7 años y general a los 10 (según narra Vargas Llosa). La cantidad y “calidad” de las tropelías del Generalísimo Trujillo difícilmente las podrá supera ningún dictador contemporáneo.

catedral de la vega republica dominicana loscallejones5u
 

Cuenta Manuel Cabello que un día Trujillo asistía a la misa que oficiaba Panal en su catedral. Se habían dispuesto dos reclinatorios en el altar, uno para el obispo y otro para el jefe del Estado; este iba a dirigir su propia “homilía”, que iba a ser retransmitida a toda la nación por su expreso deseo. El tiro le salió por la culata. Al parecer, cuando el prelado pidió que todos se hincaran de rodillas, el Generalísimo se resistió a acatar tamaña afrenta a su dignidad de morador del Olimpo. Pero tampoco Panal estuvo dispuesto a consentir tal insumisión, por lo que recalcó en voz alta e imperiosamente: “¡Todos, todos!”. Y el Generalísimo bajó la testuz y se puso de hinojos… El príncipe de la iglesia le soltó un sermón de padre y muy señor mío sobre las iniquidades que se estaban cometiendo en el país, preguntándole al dictador si no estaba enterado de ellas. Trujillo acabó levantándose y salió de la catedral como alma que lleva el diablo –nunca mejor dicho– con la idea fija de que aquel cura se las iba a pagar caras.


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miércoles, 17 de diciembre de 2008

El Acueducto Romano de Ocurris, Miguel de Olivares y Ceán Bermúdez

La fuente de Benaocaz manando a chorros
Foto: Leandro Cabello




Por Esperanza Cabello

Nos ha parecido fantástica la entrada sobre el acueducto romano de Leandro, y mejor aún su capacidad para recordar los detalles y empeñarse en encontrar los sitios.
Hemos preguntado a nuestra madre y nos ha contado que estuvieron en varias ocasiones visitando el acueducto, ellos solos o con don Salvador de Sancha, y también nos ha contado algo sobre "vasos comunicantes" y tuberías de plomo.
Nos hemos dicho que, con total seguridad, esa obra romana era de suficiente envergadura como para haber sido tratada en muchas más ocasiones, y hemos aprovechado para echar un vistazo en internet.
Ya sabíamos que Miguel de Olivares, el arquitecto ubriqueño que construyera la ermita de San Pedro, había trazado los planos de lo que él consideraba las termas romanas de Ocurris, el conocido como columbario, pero nos ha causado gran sorpresa el visitar la  Biblioteca Cervantes Virtual y encontrarnos con que en el "Informe de las antigüedades descubiertas en el término municipal de Ubrique" remitido a la Real Academia de la Historia en 1802, que incluye la planta de las "termas romanas" de Miguel de Olivares, Arquitecto, ya se habla de los restos encontrados en Ocurris, de un aljibe romano, del acueducto, de cuatrocientas monedas y varias obras de arte más.



Informe de las antigüedades descubiertas en Ubrique, 1802
(pinchar sobre la imagen para ampliar)

No queda ahí la cosa. En 1882 otro miembro de la Real Academia de la Historia, Juan Agustín Ceán Bermúdez, escribió el "Sumario de las antiguedades que hay en España, en especial las pertenecientes a las Bellas Artes




En esta interesante obra podemos leer sobre nuestro pueblo (al que, por cierto, sitúa en la provincia de Granada) lo siguiente:


Descripción de las antigüedades romanas de Ubrique 
por Juan Agustín Ceán-Bermúdez
(pinchar sobre la imagen para ampliar)




Ceán Bermúdez habla de Ubrique, de la cima del Benafi, de una cuidad romana llamada Ocurris, de la RESP. OCVRRITANORVM, y, por supuesto, de los vestigios de un acueducto.

Suponemos que entre estas citas y las actuales ha debido de haber muchas más, pero ya las iremos encontrando.

Muchos años más tarde nuestro padre habló del acueducto romano de la sierra de los Paredones en su libro "Ubrique, encrucijada histórica"
En 2008 Elena Sánchez López, de la Universidad de Granada, escribía "Introducción a los acueductos romanos en Andalucía", y en este artículo podemos leer sobre el acueducto de Ocurris, en la Sierra de Grazalema:


(pinchar sobre la imagen para ampliar)
 
Buscando acueductos en la Sierra  también hemos encontrado el estudio sobre "El  quanat de Villaluenga del Rosario", un formidable artículo del historiador ubriqueño Alejandro Pérez Ordóñez, lástima que no se refiere al acueducto de Ubrique, sino a otra conducción de agua "muy" diferente.

Más recientemente, en  El periódico de Ubrique, en su edición del 5 de febrero de 2010, hemos encontrado un artículo sobre la investigación de las construcciones hidráulicas en el Salto de la Mora, escrito por uno de los últimos arqueólogos que ha trabajado en el Salto de la Mora. En él habla de un acueducto, hoy día prácticamente desaparecido.


(pinchar sobre la imagen para ampliar)


Si en pocos minutos hemos conseguido encontrar tanta información sobre el acueducto romano de Ocurris, está claro que se trata de una construcción muy importante, aunque lamentablemente es un gran olvidado para todos los ubriqueños.


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martes, 16 de diciembre de 2008

¿Un acueducto romano en nuestra Sierra? Pues sí, el acueducto de la Sierra de Los Paredones

 
  se dirige hacia el Salto de la Mora

Texto y Fotos: Leandro Cabello

El acueducto de la sierra de los paredones.


Como hemos contado en este blog,  durante las excavaciones arqueológicas que se realizaron en la ciudad Ibero-Romana de Ocurris en Ubrique en los años 70, fueron muchas las veces que visitamos el Salto de la Mora con nuestro padre. Aunque siendo niños normalmente jugábamos por nuestra cuenta en cualquier cuevecilla o en cualquier árbol,  recuerdo que también nos llamaban la atención los descubrimientos  que se hacían en las excavaciones (lo que más, cuando aparecía un esqueleto).

De aquella época tenía el recuerdo de una visita que hicimos con mi padre a la Sierra de los Paredones que se encuentra junto a la del Salto de la Mora y que desde algunas perspectivas se puede decir que es “gemela” de esta. Allí nos enseñó lo que para mí era solo un montoncito de piedras pero  él nos dijo que era muy importante pues formaba parte del acueducto que abastecía de agua a la ciudad romana. En su primer libro lo situó como uno de los yacimientos romanos más importantes de la zona, pero no hubo ocasión para estudiar la construcción como se merecía.


 Acueducto Romano de Los Paredones
 
Años después, recordando esas visitas y aquellas construcciones busqué  varias veces el sitio pero no  volví a ver los restos.  Fue hace unos días cuando hablando con mi hermano Manolo me dijo que él se acordaba del sitio y no solo eso sino que lo ha visitado recientemente con su familia y algún amigo.
De modo que nos hemos puesto en camino y cuando lo he visto me he llevado una gran sorpresa porque lo que de niño me pareció un muro  de piedras  igual que los que había en el Salto de la Mora hoy creo perfectamente que tiene la importancia que le daba mi padre.


Los primeros restos que se ven son 
este muro con el que se salva una diaclasa.


Manolo Cabello siguiendo el acueducto.
A continuación este murete para nivelar el terreno.
Se puede ver un recorrido de unos 40 metros



Los romanos fueron buscando 
el lugar por el que pasar la conducción.


 Después de un pequeño recorrido 
se llega a la parte final de lo construido.



Piedra y argamasa.

La construcción sigue durante muchos metros


Podemos encontrar grandes muros 
y muchos restos de construcción para conducir el agua


Efectivamente el acueducto se dirigía al Salto de la Mora


Nos ha casusado una gran impresión y mucha alegría volver a encontrar, después de tantos años, esta conducción de agua. Nuestro padre hizo un plano de la cantidad de cisternas y algibes que había en el Salto de la Mora para abastecer a la población de agua, pero esos depósitos debían de llenarse, además de con el agua de la lluvia, de alguna otra manera. Suponemos que el agua del nacimiento del Castril, en Benaocaz, tuvo mucho que ver en todo esto, y recordamos algunas frases y algunas teorías de los expertos en aquel tiempo. Lástima que sus conclusiones nunca fueron publicadas, quizás en ellas estuviera la explicación de esta fantástica construcción romana.



El agua en Ocurris. Manuel Cabello Janeiro 1968?


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