domingo, 6 de septiembre de 2009

Manuel Cabello Janeiro y los Juegos Florales de la Sierra

Foto: Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo con participantes de los
V Juegos Florales de la Sierra

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LOS JUEGOS FLORALES DE LA SIERRA
Un grupo de maestros ubriqueños, entre los que se encontraban Manuel Janeiro y Manuel Cabello, desarrolló una gran actividad cultural a finales de los sesenta y principios de los setenta en Ubrique. Conscientes de que Ubrique era un pueblo industrioso, en el que los jóvenes abandonaban muy pronto las aulas para incorporarse al mundo del trabajo, unieron sus fuerzas para organizar y atraer al pueblo actos que sedujeran e instruyeran al público: desfiles, festivales, obras de teatro (¿Recuerdan la representación de “Papá Gutiérrez en el cine Cristina?) y, por supuesto, los Juegos Florales, que incluyeron a todos los pueblos de la Sierra y removieron el mundo literario en toda la zona. Todo el mundo participó en estos Juegos Florales.
En aquella época, los pueblos de la Sierra formaban un conjunto para todos nosotros, y pensábamos siempre en nuestros pueblos como si fueran una sóla cosa.

Transcribimos a continuación la noticia publicada en el Diario de Cádiz trás la celebración de los "I Juegos Florales de la Sierra".


Diario de Cádiz, Sábado, 20 de septiembre de 1969, página 8

EN LA FERIA Y FIESTAS DE UBRIQUE HAN TENIDO SINGULAR RELIEVE LOS I JUEGOS FLORALES DE LA SIERRA.
LA REINA, DE ARCOS, TUVO COMO DAMAS A JÓVENES REPRESANTES DE LAS POBLACIONES DE LA SERRANÍA
Ubrique, la industriosa población de nuestra provincia, acaba de celebrar con singular relieve su Feria y Fiestas de 1969. La entusiasta Comisión de Festejos del Ayuntamiento Ubriqueño preparó un programa con una serie de atracciones que mejoraba, en todos los aspectos, los de años anteriores. Exposiciones de carteles, pinturas y fotografías, espectáculos taurinos todos los días de la feria. Concursos diversos, tiradas al plato, bailes, encuentros de fútbol…
Todo contó con el complemento de un mayor número de instalaciones feriales, el funcionamiento de unas casetas con música continua, iluminación extraordinaria; en suma, un programa preparado con extraordinario entusiasmo y que ha resultado de gran brillantez constituyendo un singular éxito para los organizadores.
Hay que destacar, sin embargo, los I Juegos Florales de la Sierra, felicísima idea que ha reunido en el “Cádiz chiquito”, que llaman a Ubrique, a las representaciones de todos los pueblos de la serranía, Ronda incluida. Ha sido una gran iniciativa por lo que supone de unión y acercamiento entre todas esas poblaciones serranas como son Algodonales, Arcos, Benaocaz, El Bosque, Olvera, Prado del Rey, Ronda, Villaluenga y Zahara de la Sierra, que todas estuvieron presentes con la embajada de una bella muchacha formando corte con la gentil Carmen de las Cuevas, nacida en Arcos de la Frontera y residente en Bornos.
Ya ofrecimos la información de estas justas literarias, pero bueno es insistir en que la iniciativa de la Comisión de Fiestas del Ayuntamiento que preside don Manuel Janeiro Carrasco, ha alcanzado el más lisonjero de los resultados. Y que este primer paso, con el correr de los años, se convertirá en acontecimiento en el panorama literario español, porque en Ubrique, nos consta, están decididos a llevar adelante estos Juegos Florales dándoles la dimensión precisa para que alcancen las más altas cimas.

CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN
En otros aspectos Ubrique también crece; progresa continuamente y está de lleno en la realización de un ambicioso programa que permitirá el mejor desarrollo de su industria, famosa en el mundo entero. Se amplían las fábricas de marroquinería, se levantan edificios, se van a construir trescientas y pico de viviendas…
En Ubrique se trabaja con entusiasmo y con fe para alcanzar grandes metas. Y como se pone un gran interés es seguro que se lograrán todos los objetivos.



Diario de Cádiz
20 de septiembre de 1969


En estos primeros Juegos Florales obtuvo la Flor Natural Francisco Fernández y García Figueras. En los siguientes hubo gran participación y los poetas ubriqueños se animaron a presentar su obra.
Manuel Janeiro Carrasco estuvo un par de años más en la Alcaldía y, algunos más tarde, también desaparecieron los Juegos Florales.

Ubrique, Agosto de 2009, Esperanza Cabello Izquierdo


viernes, 4 de septiembre de 2009

La familia Cabello Janeiro

Un día de campo de la familia Cabello Janeiro
Ubrique, enero 1987


Si nuestros abuelos hubieran estado vivos habrían disfrutado de este día de campo como cuando éramos chicos.
En el año 87 ya no era tan habitual ver a toda la familia reunida. Desde que empezaron a casarse los primos y los nietos fueron naciendo costaba más reunir a los Cabello Janeiro. Pero en esta ocasión los hermanos se organizaron bien y pudimos estar casi todos, desde tita Julia Cabello, la hermana mayor, hasta Serafín Ruiz Cabello, el menor de los bisnietos de Julia y Paco en ese momento. Eran cinco hermanos y éramos veinticinco primos; ahora pasan de los cuarenta bisnietos, la última, por el momento, Rocío Cabello.
¡Que siga creciendo la familia!

jueves, 3 de septiembre de 2009

La Pilita Abajo, entre los tesoros de Manuel Cabello

La Pilita Abajo servía al mismo 
tiempo de fuente y de farola


En el archivo fotográfico de Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo podemos encontrar verdaderos tesoros, como esta fotografía de la Pilita Abajo a principios del siglo pasado. Quizás esta fotografía fuera tomada incluso en el mes de septiembre, porque a la izquierda podemos ver algo parecido a un tenderete de feria. (Si alguien sabe de qué se trata y puede ilustrarnos, se lo agradeceríamos).


Llenando los cántaros en la
Pilita Abajo de Ubrique

Sabemos que un poco más tarde, la pilita dejó de ser fuente y quedó sólo la farola hasta que, finalmente, a finales del 37, desapareció para facilitar el tránsito hasta la Plaza del Ayuntamiento, afortunadamente nuestros padres conservaron este testigo histórico y todos podemos hacernos una idea del Ubrique de hace ochenta años.


La Pilita Abajo de Ubrique


Tampoco tenemos muchos más datos de esta otra fotografía, guardada también como un tesoro. Quizás fuera de finales de los años 30 porque no vemos la fuente, pero es posible que sea por la escasa calidad de la fotografía. En cualquier caso, creemos que la farola tampoco está en el mismo lugar de la Plaza, sino un poco más abajo, seguramente sería para que no entorpeciera la subida de los carros.

Esperanza Cabello

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Manuel Cabello Janeiro: valedor del Patrimonio Histórico de la Sierra de Cádiz

Foto: Manuel Cabello y Francisco Collado
con los primeros "batidores" de Misión Rescate
Plaza del Ayuntamiento, 1968


En el año 2004, nuestra hermana Natalia, profesora de Geografía e Historia, escribió un artículo agrupando y elogiando la tarea que nuestro padre había realizado durante toda su vida para revalorizar el Patrimonio histórico de la Sierra de Cádiz. Transcribimos, con su permiso, a continuación dicho artículo, publicado en la Revista de la Asociación Papeles de Historia, en el número cinco.También podemos encontrar el artículo en Papeles de Historia.



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MANUEL CABELLO, VALEDOR DEL PATRIMONIO HISTÓRICO DE LA SIERRA DE CÁDIZ, POR NATALIA CABELLO IZQUIERDO, LICENCIADA EN HISTORIA
Estudio publicado en la Revista de la Asociación Papeles de historia número cinco, en 2006

Hace 35 años se llevaba a cabo en Ubrique la primera intervención arqueológica, concretamente en el yacimiento de Ocurri, o Salto de la Mora, como gusta decir a los ubriqueños. Era enero de 1971, y aquella primera actuación (limpieza y restauración del columbario) iba a constituir todo un hito en lo referente a la valoración del patrimonio arqueológico en el conjunto de la Sierra de Cádiz.
Con la perspectiva histórica suficiente, hoy resulta fácil concluir que aquella primera intervención arqueológica fue realmente el comienzo de la puesta en valor de nuestro patrimonio histórico, y, detrás de la misma, se encontraba la figura del historiador local y maestro Manuel Cabello Janeiro, que en aquella época supo apreciar la importancia histórica de un yacimiento poco conocido por entonces.
Esto hay que entenderlo dentro del contexto de una sociedad, la de la época, imbuida en pleno proceso de desarrollismo y en consecuencia, con unos valores casi diametralmente opuestos a la conservación de nuestra historia y de no pocos elementos culturales.
Hace 35 años que Ubrique comenzaba a prosperar económicamente y a experimentar un crecimiento de su población en un momento en que tantos pueblos estaban sufriendo un progresivo éxodo rural. No obstante, culturalmente y sobre todo en lo que a valoración de patrimonio histórico se refiere, el panorama local era casi un desierto. Y digo casi porque es en este contexto en el que Manuel Cabello comienza sus trabajos de puesta en valor del patrimonio histórico y etnográfico no sólo de Ubrique, sino también de los pueblos de alrededor.
Destacan en Manuel Cabello sus facetas de autodidacta y polifacético, en un mundo en el que sus actividades culturales no fueron siempre comprendidas debido particularmente a las circunstancias históricas que le tocó vivir. A comienzos del siglo XXI parece normal gestionar la conservación del patrimonio y podemos entenderlo como algo que pertenece al conjunto de la sociedad. Hace 35 años, sin embargo, no existía un marco de actuación política integral ni un desarrollo legal completo sobre el tema, pero sobre todo no existía una concienciación sobre la pertenencia a la sociedad de los propios elementeos culturales y patrimoniales (algo que, por otra parte, es consustancial a la democracia).
Por todo ello, el trabajo que Manuel Cabello llevó a cabo y que detallaremos en este artículo es del todo novedoso.
Pero sin duda su faceta más reseñable es de la pionero y precursor de la puesta en valor, conservación y divulgación del patrimonio histórico (arqueológico, archivístico, monumental y etnográfico) de Ubrique y de otros pueblos de la Sierra de Cádiz. En este sentido dejó una ingente labor.
Siempre intentó llamar la atención de los poderes públicos y apelar a la conciencia ciudadana de que el patrimonio histórico era algo perteneciente a todos, no sólo para respetarlo, sino para sentirlo como propio (1). En este sentido, se adelantó bastantes años.
Además del patrimonio arqueológico, mostró gran interés y dedicación sobre el patrimonio archivístico y etnográfico. Llamó la atención de los miembros de la Corporación Municipal de Benaocaz sobre el extraordinario valor del Archivo Histórico que, en los años setenta del siglo XX, se encontraba en mal estado de conservación (amontonados, desclasificados, con grave riesgo de deterioro sus legajos) pues en esas fechas aún no se había tomado del todo conciencia de su valor.
También llevaría a cabo a principios de los 80 un estudio de campo de las actividades artesanales tradicionales (almazaras, lagares, batanes...) en la ribera del río Gaidóvar (Grazalema). Llegó a ordenar y redactar la abundante documentación recogida, pero, desafortunadamente, nunca tuvo ocasión de publicarla.
Realizó numerosos estudios históricos sobre el patrimonio inmueble (Convento de Capuchinos, San Juan de Letrán, San Pedro, Antigua Plaza de Toros, etc.) y muebles (tallas en madera de imágenes religiosas). Incluso buscó sus propias raíces familiares remontándose hasta 1972; trabajo que le ocupó siete años. Para ello indagó hasta en trece archivos, la mayoría de ellos parroquiales, de diversos puntos de España (2).
No obstante, el asunto que más le motivó y al que dedicó la mayor parte de su vida fue la investigación histórica del mundo de la piel, tan importante para la población ubriqueña. Puso gran empeño a lo largo de muchos años para que en Ubrique se ubicara un Museo Municipal de la Piel. Sin embargo, pese a los esfuerzos invertidos, y debido principalmente al escaso interés demostrado por los poderes públicos, el Museo nunca se materializó.

Primeros pasos
La intervención arqueológica de Ocuri que comentábamos al principio había estado precedida por tres años de intensa gestión por parte de Manuel Cabello. Durante esos tres años (1968-1970) intentó llamar la atención de una comunidad de arqueólogos tal vez más preocupada por los grandes hallazgos y los grandes yacimientos que seguramente no esperarían encontrar en la Sierra de Cádiz.
No obstante, la insistencia de Manuel Cabello sobre la importancia de Ocurrisy su preocupación sobre el estado de abandono en que se encontraba, (su construcción más emblemática, el Columbario, se usaba como pocilga) consiguió atraer la atención de directores de museos como el de Artes y Costumbres Populares de Sevilla (como Salvador de Sancha, que fue finalmente el director de los trabajos arqueológicos) de Málaga, de Huelva..., incluso del profesor Martín Almagro, por entonces director general de Bellas Artes, que valoró positivamente la importancia del yacimiento. Todo ello ayudó, de alguna manera, a la puesta en valor y a la divulgación de Ocurris (3). Este singular yacimiento sería objeto de la primera excavación sistemática algunos años después (1977), aunque, desgraciadamente, sus memorias nunca fueron publicadas (4).
El “redescubrimiento” de Ocurris por parte de Manuel Cabello ha puesto en manos de las presentes generaciones la posibilidad (por estudios posteriores que se han realizado) de obtener un conocimineto más riguroso del mismo y disfrutar de un elemento patrimonial valorado socialmente. Todo ello a pesar del “oportunismo”, todo hay que decirlo, del que se han valido algunos organismos públicos en los últimos años para proyectar el yacimiento hacia una, hasta el presente, costosa y poco existosa orientación turística que, además, está poniendo en peligro la propia conservación de los restos constructivos del yacimiento.
La dedicación a Ocurris fue sin duda uno de sus trabajos sobre el patrimonio arqueológico más importantes, aunque no fu e el único.
Manuel Cabello llegó a catalogar más de cien yacimientos arqueológicos en la Sierra de Cádiz durante las décadas de los 70 y 80 del siglo XX después de una intensa labor de trabajo de campo. Aunque algunos pueden estar considerados en entredicho (por su dudosa ubicación o por su verdadera adscripción temporal y cultural) otros realmente sí que existen y corren hoy día el peligro de desaparecer. Entre ellos destacamos la localización de villas romanas como La Bovedilla de Pepe Pérez (que fue objeto de excavación arqueológica de urgencia en 1992 a raíz de las obras del nuevo trazado de la carretera proyectada entre Ubrique y El Bosque). La bovedilla de Luque, la villa de Los Bujeos (que conserva un enterramiento monumental único), la localización del poblado medieval de Archite...
Aunque recientemente una parte del núcleo urbano de Ubrique ha sido declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía, tradicionalmente y hasta la fecha no se ha tenido en cuenta la documentación y recuperación de sus restos arqueológicos. Cualquier obra nueva en el casco antiguo que haya requerido el rebaje del solar, nunca ha estado precedida de medidas cautelares para comprobar los niveles arqueológicos y nunca se ha tomado la iniciativa, por parte de la administración competente, de realizar una simple excavación de urgencia. En los años 70, Manuel Cabello pudo ser testigo de restos aparecidos en diferentes solares ubriqueños (Barriada El Rincón, Avenida de Carlos Cano...) y, en la medida en que sus posibilidades se lo permitieron, tomó la iniciativa de documentarlos. Merece destacarse, entre otras, la prospección que realizó en las obras de edificación de la guardería La Esperanza. De esta manera, quedaba documentada para la posteridad la ubicación de un asentamiento romano en el solar de la actual guardería, parcialmente destruido por las zapatas de cimentación del edificio (algunos de los restos rescatados se encuentran ubicados y custodiados en el colegio “Reina Sofía”) (5).
Manuel Cabello publicó sus trabajos arqueológicos en “Ubrique: encrucijada histórica” (1987) (6), dedicado a la juventud ubriqueña, llevando de esta manera a cabo una importante labor divulgadora del patrimonio arqueológico de la zona.
Estudios sobre la industria de la piel
Consciente plenamente de la importancia de nuestra propia historia y llevado por un gran interés, desde muy pronto Manuel Cabello se dedicó a la investigación sobre los orígenes de la industria de la piel y su desarrollo a lo largo de la historia. Para su suerte fue también testigo de una época histórica en la que pudo recoger de forma directa todo tipo de información respecto al mundo de la piel: orígenes y evolución de cómo se había ido desarrolando la industria en Ubrique, su estructura empresarial, los diferentes procesos y técnicas de fabricación, etc. Todo ello desde finales del siglo XIX y todo el siglo XX.
En varios capítulos de su obra “Ubrique, Piel al Descubierto” (donde Manuel Cabello narra un recorrido turístico y cultural por el propio pueblo) no olvida recoger retazos de esta extraordinaria historia (anécdotas, fabricantes (7), origen de las petaquerías, descripción de las mismas). Sin embargo, el grueso de su investigación no tuvo ocasión de publicarlo aunque fuese su intención (8).
Se conservan muchos de los documentos recogidos en el proceso de investigación, otros, sin embargo, rescatados por él msmo de la memoria histórica de los propios protagonistas, se han perdido quizás para siempre.
Paralelamente a esta investigación, Manuel Cabello fue muy pronto consciente de que estaba viviendo un momento en el que lo que quedaba de las antiguas fábricas de curtidos de pieles (tenerías) estaba a punto de desaparecer para siempre. Por ello puso todo su empeño en la conservación de ese patrimonio singular y único y en reivindicar un Museo que recogiera nuestra propia historia. En sus obras deja muchas veces clara esta intención.
Todo comenzó en los años 70, cuando Manuel Cabello puso su atención en el denominado Rodezno, un lugar que actualmente se encuentra ruinoso y casi olvidado pero con una potencialidad como recurso cultural y museístico incuestionable. Fue centro de la vida ciudadana ubriqueña, sobre todo en el siglo XIX, terminando por caer en el desuso y abandono en la primera mitad del siglo XX. Según el propio Manuel Cabello, existían en el Rodezno dos o tres molinos (usándose uno de ellos como primera Fábrica Municipal de Luz a partir de 1893), una panadería y cinco tenerías (9). De éstas sólo quedaba una, propiedad de Manuel Rojas. Éste ofreció algunos de los instrumentos y herramientas usados en el curtidode las pieles (10) y que actualmente se encuentran custodiados en el colegio “Reina Sofía”, esperando su hipotética ubicación en un posible Museo de la Piel (11).

De otra tenería, no lejos del Rodezno, propiedad entonces de Miguel Romero, Manuel Cabello tuvo la ocasión de conseguir utillaje y otros elementos para exponerlos en una sala del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, en la que permanecen actualmente (sala IV, en el sótano del mismo).
Por otro lado, Manuel Cabello fue haciéndose con numerosas piezas de artículos de piel elaborados en Ubrique hasta constituir una variada tipología de gran valor histórico. También llegó a redactar un proyecto de Museo y buscó los apoyos necesarios durantes dos décadas para su ejecución. Incluso a nivel político llegaron abarajarse varios nombres para su posible ubicación: el propio Rodezno, el Convento de Capuchinos una vez que estuviesen completadas las obras de restauración del mismo que comenzaron a finales de los 80. Nada de eso se llevó a efecto.
Y ese fue su último deseo, nunca cumplido: que Ubrique poseyera un espacio expositivo donde los ubriqueños pudiésemos conocer una parte sustancial e ineludible de nuestra propia historia y mostrársela a todos aquellos que supiesen valorar la importancia de conservar el patrimonio.
Porque la cuestión ahora es qué acervo cultural dejaremos a las generaciones presentes y venideras, ya que corremos el riesgo de olvidar para siempre esa parte de nuestra memoria; qué va a ocurrir con el patrimonio rescatado y la historia recuperada por Manuel Cabello. Quizás la perdamos para siempre... si no hacemos algo a tiempo.

Natalia Julia Cabello Izquierdo, Ubrique 2004





Notas
  1. ”Pero a pesar de este aparente triunfalismohablo también de denuncia. Denuncia porque casi todo está en el mismo abandono en el que lo encontramos. Los años y la desidia no han pasado en balde. Nuestro “Columbario” (...) fenece. Manos desaprensivas lo degradan (...) La etnología, curtidos y piel brilla por su ausencia, en un pueblo como Ubrique que se precia de ser “Cuna del artículo de piel”. CABELLO JANEIRO, Manuel: Ubrique, encrucijada histórica. Sevilla, 1987, pág. 10.
  2. CABELLO JANEIRO, Manuel: Del sombrero de tres picos a la montera (Breve historia de unos “Janeiros” en Andalucía 1992.
  1. CABELLO JANEIRO, Manuel: Ubrique, encrucijada histórica. Sevilla, 1987, pág. 9.
  2. Idem, capítulo IX
  3. Idem, pág. 76.
  4. Manuel Cabello dejó algunas publicaciones entre las que destacamos las ya citadas “Ubrique, encrucijada histórica” y “Ubrique, piel al descubierto” y además dos biografías de dos personajes ubriqueños: Diego José de Cádiz (Beato Fray Diego) y Francisco Panal Pérez (Obispo Panal). La biografía de éste constituiría su última obra escrita y para la elaboración de la misma, Manuel Cabello, ya con 65 años y siempre junto a su esposa, Esperanza Izquierdo, llegó a realizar dos viajes en 1997 a la localidad de Concepción de la Vega, en la República Dominicana, en la que el Obispo Panal había desarrollado su trabajo.
  5. CABELLO JANEIRO, Manuel: “Ubrique, piel al descubierto”. Sevilla, 1992, pág 170: “Conocemos facturas de artículos de piel vendidos a Cuba, en los años 1910 y siguientes, del marroquinero Antonio Domínguez García (n. 1875) que alcanzó el premio internacional a la calidad de sus productos en la Exposición Internacional de Filadelfia de 1926”.
  6. Idem: “(...) en un futuro, cuando nos comprometamos a hacer un título más serio y amplio del proceso evolutivo de la piel de Ubrique

Más caliza rosa de Ubrique

Altar de la Parroquia de Ubrique
Foto: Julia Ruiz Cabello
 
 
 
El pasado mes de junio publicamos una entrada en este blog sobre la "piedra rosa" de Ubrique, pero nos faltaba un elemento muy importante fabricado con este material: el altar de la Parroquia de Ubrique. Ante la imminencia de los trabajos de restauración de la cubierta la iglesia estaba cerrada y no podíamos fotografiarla. Gracias a la amabilidad del párroco, hemos podido conseguir unas imágenes del altar justo antes de que tiraran la cubierta. Podemos ver cómo la calidad de la piedra rosa (o la "caliza colorá", como nos ha dicho un amigo que se llama) hizo que se utilizara no sólo para fuentes, puentes y umbrales, sino para piezas arquitectónicas muy importantes, como el altar de la Parroquia. 
 
 
 
 
Altar de la Parroquia de Ubrique Foto: Julia Ruiz Cabello

domingo, 30 de agosto de 2009

Manuel Janeiro Córdoba: La perrita Adriana

Plaza de la Verdura, Ubrique
Escenario de la lectura pública de las noticias de la Guerra de Cuba
Fotografía recuperada por Esperanza Cabello

 

Nuestro padre conservó y atesoró multitud de documentos históricos relacionados con Ubrique y su comarca, no sólo de producción propia, sino de interés general, fundamentalmente los relacionados con la cultura en general. Entre ellos hemos encontrado el primer número de "El Halcón", el noticiero mensual de la Sociedad Deportiva de Caza y Pesca "El Halcón" de Ubrique. Este número es del uno de abril de 1980.
No conocemos los detalles, pero el editorial de este primer número le fue encargado a Manuel Cabello. Él no se dedicó a la caza, quizás en algún momento se interesó por los jilgueros, pero sí fue un enamorado de la naturaleza, le gustaban los largos paseos, buscar manzanilla o espárragos... Así que debió de resultarle difícil escribir para cazadores.
Acostumbrado a salir airoso de los retos, escribió en este caso sobre una perrita de cacería que había sido de nuestro bisabuelo. Transcribimos a continuación su artículo: 

Cabecera de "El Halcón"
1980 

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"Hablar yo de cacería, como me pide vuestro presidente, es un imposible categórico. Yo creo que no he disparado ni en la “mili”, en razón a que en aquel feliz tiempo, mi menester militar se ocupaba de los servicios sanitarios del Arma de Artillería, durante mi época de campamento en África; y durante el acuartelamiento en la Estación 320 de la Estación Meteorológica de Ceuta.
Pero accediendo a la amable invitación, acudo hoy a las páginas de este nuevo y dinámico Boletín informativo con una historia que no sé si llamar humana, sentimental o de animales, pero que rompe con todo lo que de incomprensión pueda tener el amor a los animales.
Ya he dicho que de cacería, nada de nada; no es mi hobby. Incomprensiblemente, ya que por mi apellido Janeiro debería serlo. Nuestra provincia gaditana y numerosos pueblos de la de Málaga se vanaglorian de tener o haber tenido extraordinarias escopetas entre los habitantes “janeiros”, apellido este originario de Galicia, donde, igualmente, existen magníficos cazadores, pero enfin, a mí no me tocó esa fortuna.
Mi abuelo y mi tío Manuel y Eduardo Janeiro Córdoba me han dado la mejor lección de amor a los animales. Inédita, no conocida, pero que encierra en sí misma una de las páginas más bonitas de este mundo que vosotros vivís. Si no, juzgad vosotros mismos:
Corrían los aparatosos años de finales del siglo pasado, 1898. La isla española de Cuba se estremecía en la contienda que por su liberación había encendido a los Estados Unidos de América, en lucha desigual, con las tropas españolas. Eran varios los ubriqueños que luchaban en los más destacados sitios de la guerra cubana. Lógicamente, las noticias no llegaban a la Península con la rapidez que todos deseaban, y mucho menos a Ubrique, cuya única salida eran los caminos verederos a Cortes de la Frontera y las calzadas para diligencias y carretas hacia Arcos y Villamartín, en cuyo caminar había que realizar jornadas completas: la prensa llegaba tarde, la correspondencia también y la radio, por supuesto, no existía.



Ilustración de la perrita Adriana
Noticiero "El Halcón"

 
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Había que buscar una solución para que al menos los periódicos, sobre todo “El Diario” (cuyo nombre no recuerdo bien) llegara con prontitud a Ubrique. A mis familiares se les ocurrió la solución: amaestrar a una perrita que no se destacaba por sus dotes de cazadora. No era de pura raza, sino de las que en el argot de caza se denominan “garabita”, mezcla de setter inglés y perro lobo. De regular alzada, muy peluda, perfil afilado y unos ojillos resplandecientes que hablaban de su vivacidad. Se llamaba “Adriana”.
Mi abuelo fue el encargado de adiestrarla; en ello tardó más de un mes, yendo a diario a Cortes, unas veces a pie y otras sobre las recuas del pescado, y haciendo volver sola a la perra, que traía en el collar, bien sujeto, un número de “El Diario” que, lógicamente debía llegar pronto a Ubrique, donde todos estaban deseosos de conocer, día a día, los datos de la tragedia cubana.
Así una y otra vez, engolosinada la perrita Adriana, llevaba a su salida de Ubrique el dinero en el collar y traía a su vuelta de Cortes el diario bien atado en el mismo. Traía la prensa un día sí y otro no, a la caída de la tarde. Así llegaba al Café de Janeiro, en la Plaza de la Verdura, despertándose la natural expectación, no exenta de ansiedad, por la lectura pública de las noticias ante un silencioso corro, que a veces sobrepasaba el centenar de criaturas.



Ilustración de Pedro Janeiro
leyendo las noticias de la guerra de Cuba
en la puerta del Café de Janeiro


 

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Estas lecturas públicas tenían un todo de ritual. Primero el lector, ante la concurrencia, entre la que normalmente se encontraban las autoridades locales, con voz fuerte y potente, sentado en una silla sobre una mesa en el centro de la plaza, leía todas las noticias interesantes relacionadas con Cuba: un día Cavite, otro Santiago, otro La Habana... Después, para quitar todo el amrgor y el hierro de la penosa información, un sobrino de mi abuelo, esteponero, Pedro Janeiro, se subía a la misma palestra y en tono burlón leía, parodiaba y explicaba la noticia, así el auditorio, a pesar de la tragedia, se despachaba el humor a su gusto y esa noche descansaba tranquilo.
Así siguieron las cosas mucho tiempo, y la perrita Adriana un día, jugando con unos críos, mordió a uno de ellos. Mi abuelo, indignado, se deshizo de ella dándosela a unos señores que en esos momentos estaban en el Café de Janeiro. Estos personajes eran contrabandistas y, conocedores del buen hacer de la perra, la reeducaron para sacar tabaco de Gibraltar, por el mismo procedimiento del collar. Los carabineros sospecharon de ella y la perra, a su vez, aprendió a eludirlos, agazapándose ante la guardia.
Pero un día, en una fuente próxima al Tesorillo, agotada por una persecución y el esfuerzo de cargar el enorme bulto de tabaco que llevaba, dejó de existir. Fue todo un ejemplo de perro al servico de su dueño hasta el final".


Manuel Cabello Janeiro, abril 1980

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sábado, 29 de agosto de 2009

La Plaza de Misión Rescate: un triunfo para Manuel Cabello

Foto: Leandro Cabello La Plaza de Misión Rescate

 

 

Este verano hemos tenido una muy agradable sorpresa al encontrar en “Los Callejones”, el blog de José María Gavira , una entrada reivindicando que se ponga el nombre de nuestro padre a una calle o plaza ubriqueñas, para honrar su memoria y reconocer la labor de puesta en valor de nuestro pueblo que realizó durante toda su vida.

Nosotros queremos, en nombre de toda nuestra familia, agradecer a José María Gavira el gesto que ha tenido con nosotros recordando y reivindicando algo que, en realidad, tuvo que haber pasado hace muchos años, cuando el recuerdo de Manuel Cabello estaba vivísimo en todos los ubriqueños.

Estamos convencidos de que Manuel Cabello ha sido uno de los personajes populares de este pueblo más entusiastas y que más ha hecho por que el nombre de Ubrique fuera conocido en todo el mundo por su cultura, por sus tradiciones y por su historia. Trabajó durante toda su vida por mantener y estudiar las costumbres, por hacer de todos los pueblos de la serranía un todo, por que se reconstruyera el convento, por que se recuperara el Salto de la Mora, por que no se perdiera el recuerdo de los antiguos oficios...

Por eso hoy nos emociona saber que su memoria está en los ubriqueños, más allá de su familia, y que siguen siendo muchos los que lo recuerdan con cariño, e incluso con admiración.

No es la primera vez que José María se ocupa de nuestro padre en sus entradas, para nuestro orgullo lo encontramos en el apartado cultural de su blog, en Ubrique y los libros, en la Comedia de Ubrique, en Arquitectura popular, y, aunque no lo menciona expresamente, en la entrada que más nos ha gustado desde que empezara el blog, aquella en que Ocurris sigue llamándose Ocurris y que nos ha dado razones para no utilizar más el nombre que algunos utilizaban desde hace unos años.

No sabemos si algún día las autoridades decidirán o no recordar a Manuel Cabello en una calle o en cualquier sitio de nuestro pueblo, y si ya está bien de cambiar nombres, que sea la Plaza de Misión Rescate o cualquier otra plaza, pero desde aquí nos sumamos, con el voto de toda la familia, a la propuesta de "Los Callejones". Muchas Gracias.

Esperanza Cabello Izquierdo, agosto 2009

Foto: Julia Janeiro Rubiales, Los Callejones, 1922

Fotografía recuperada por Esperanza Cabello

jueves, 27 de agosto de 2009

Ildefonso Gómez Gómez: Historia de las "Bodegas Quemás" de Ubrique


Foto: Ildefonso Gómez Gómez, Ubrique 1892


Antes de que la fabricación de artículos de piel ocupara casi totalmente a los ubriqueños, las faenas tradicionales agrícolas y ganaderas eran las que mantenían a la población al mismo tiempo que los batanes, los molinos y las tenerías.
Alrededor de Ubrique podíamos encontrar gran cantidad de pequeñas viñas que proporcionaban vino a toda la población. La más antigua que hemos podido encontrar es la de las “Bodegas Quemás”, en la Vega. Su fecha de creación no la conocemos, pero hemos tenido la gran suerte de oír, de boca de la nieta de uno de los protagonistas, Margarita Piñero, la historia de su adquisición.

Foto: Blas Piñero y Josefa Gómez, 1924
Fotografía estudio Joaquín Piña, Ubrique

Ildefonso Gómez Gómez, ubriqueño, hijo de Josefa Gómez Ortega, nacido alrededor de 1860, había emigrado a Cuba al enviudar muy tempranamente. Le acompañaba en el viaje su hijo José, mientras que en Ubrique quedaba, al cargo de una tía, su hija Josefa Gómez López. Pasados los años, Ildefonso volvió a Ubrique , en el transatlántico Magallanes, con una pequeña fortuna, un poco después de que su hija se hubiera casado con un benaocaceño, Blas Piñero Mateos.
Ildefonso quería comprar una huerta, pero Blas lo convenció de que era mejor una viña. Así que empezaron la búsqueda y finalmente decidieron comprar la viña mejor y con más solera de la zona: las “Bodegas Quemás”, finca que se convirtió desde entonces en el hogar familiar. Entre todos se ocuparon de hacer de la viña una de las más prósperas de la zona.
Intentaron averiguar cuándo y cómo se habían quemado las bodegas, pero los propietarios, que vivían allí desde hacía más de cien años, no sabían nada del incendio. El caso es que cuando hacían el encalijo cada años, siempres se veían las vigas del techo renegridas.



Foto: Margarita Piñero, 1933
Vendimia en las "Bodegas Quemás"



En las bodegas quemás se produjeron miles de arrobas de mosto, vino y vinagre. Blas Piñero se ocupó personalmente de adquirir los toneles necesarios, de roble, y el lagar cumplió su cometido año trás años. La vida de Blas y Josefa transcurrió siempre entre viñas y uvas. Tuvieron tres hijos, Ildefonso, Margarita y Carmen Piñero Gómez, y sus familias siguen ocupándose de la finca, en la que se siguió pisando hasta finales de los años sesenta. Las bisnietas de Ildefonso recuerdan aún cómo ayudaban a su abuelo Blas a pisar la uva con unas alpargatas de cuerda que él mismo les fabricaba . Margarita nos cuenta que el cauce del río Barrida había una fuente enfrente de las bodegas, y que utilizaban el agua de esa fuente para lavar los toneles cuando era necesario.

Foto: Josefa Gómez y Blas Piñero
Feria de Ubrique, años sesenta


Ya la viña ha casi desaparecido, curiosamente un incendio que comenzó en un campo vecino arrasó las vides y el lagar fue recuperado para el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, pero el nombre de las “Bodegas quemás” sigue siendo una referencia para todos los ubriqueños.


Viña de las "Bodegas Quemás" con los últimos
vendimiadores
. Ubrique, 1967

Manuel Cabello Janeiro: La recuperación del lagar de las "Bodegas Quemás"

Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla

-->Hemos sabido que nuestro padre había colaborado activamente en la recuperación y puesta en valor del lagar que durante cientos de años ocupara las “bodegas quemás”. Los actuales propietarios de la finca, nuestros amigos de la familia González Piñero, nos han contado la historia de la recuperación de esta pieza única, testigo de la cultura artesanal vitivinícola de la zona, que pasó a formar parte de los fondos del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, en el que sigue representando los últimos vestigios de una de las tradiciones más arraigadas, y ahora casi perdidas, de nuestra zona.
Hemos buscado en el libro “Ubrique, encrucijada histórica” el relato de Manuel Cabello sobre la recuperación de esta pieza histórica:


Las "Bodegas Quemás", 1933
En primer término, Ildefonso Gómez, a la derecha, su hija Josefa Gómez y su yerno, Blas Piñero, a la derecha los niños Ildefonso, Margarita y Carmen.



-->
“Casualmente vino a Ubrique el Director, y a la vez Creador, del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, don Salvador de Sancha, que visitó nuestra exposición de historia y curiosidades ubriqueñas, para la que tuvo las mejorea palabras de felicitación.
Y entre comentario y comentario, nos pidió que le ayudáramos a encontrar, entre las antiguas viñas de Ubrique, que en tiempos pasados se contaban por docenas, una prensa para la obtención de los mostos y que estuviera en buen estado y en desuso.
...Nos pusimos en contacto con el propietario de una antiquísima viña, la de las Bodegas Quemadas, y gracias a su intervención pudimos contar con un precioso lagar, datado a finales del siglo XVII o principios del XVIII. ¡Era una auténtica joya antológica! Su maderamen, compuesto por una enorme viga madre, cuatro vigas vírgenes y un husillo, se conservaba a la perfección. Sobre la parte alta de la viga madre se encontraba el nombre de su ejecutor. Tanto la pesa (descomunal piedra cilíndrica de cerca de una tonelada de peso) como la pitera y el zumidor, se encontraban en tan perfecto estado como la madera.
Aquella misma tarde quedaría tratada la operación del traslado para el Museo sevillano. Varios días después, el grupo colaboraría en su preparación y envío a Sevilla, donde, desde entonces, luce en una de las salas del Museo de Artes y Costumbres Populares junto a otro vestigio de nuestra historia ubriqueña, el de los curtidos. Don Salvador se había interesado por las piezas de nuestra exposición, y sólo le pusimos el reparo de que en Ubrique quedarían, exactamente idéntico material que el que marchara a Sevilla, y así se hizo.
Hoy día se encuentra junto al lagar, expuesto en el museo sevillano, todo el utillaje de una fábrica de curtidos primitiva.”

Fue una gran suerte que hubieran recuperado todo el material de varias tenerías, entre ellas la de don Miguel Romero, que estaba encantado de saber que en un museo sevillano se expondría un trocito de nuestro Ubrique y de su tenería. Así quedó en el Museo Escolar Reina Sofía todo el utillaje de uno de nuestros talleres ancestrales (actualmente en el Museo de la Piel) y en Sevilla quedó recogido, preservado y expuesto un taller de tenería ubriqueña, para disfrute y prestigio de todos nosotros.


Las "bodegas quemás" en la actualidad,
se conservan como hace cientos de años
Foto: Leandro Cabello


Lagar de piedra tradicional con viga de madera
similar al de las "Bodegas Quemás"

martes, 25 de agosto de 2009

La casa de la familia Izquierdo: ¡Un poco de madera!

 
La casa de los Izquierdo Foto: Manuel Cabello Janeiro, 1992
¡...más madera! 
 
 

La casa familiar en la que habitó  la familia Izquierdo desde 1944, era un palacete construido veinte años antes por la familia Lobatón en la Calle San Pedro, nº 22. En el escalón de la entrada, fabricado en piedra rosa de Ubrique, podemos ver las iniciales FL entrelazadas (Francisco Lobatón Gómez) y el año de construcción: 1922.

Durante veinte años fue habitada por una magnífica familia numerosa, la formada por don Francisco Lobatón y doña Francisca Herrera y sus diez hijos. La familia Lobatón se trasladó a Jerez después de la guerra y el hijo mayor, Francisco (pues el padre había muerto diez años antes), procedió a su venta.

Era una casa espectacular, con incontables habitaciones, escaleras, alacenas, recovecos, patios, azoteas, cocinas, cuartos de baño, salitas, salones, chimeneas. Por mucho que lo intentemos no podemos ponernos de acuerdo en cuántas dependencias tenía, más de treinta desde luego, repartidas en tres plantas en las que había espacio para la fábrica, los almacenes de pieles, la bodega y el hogar familiar. 

No hubo mejor casa en su momento y estuvo siempre habitada por multitud de personas de la familia y allegados. Nuestra madre cuenta que su padre la adquirió por veintiún mil duros, ofreciendo mil duros más que otra familia interesada (la de José Arenas). Fue una sorpresa para toda la familia, que estaba de vacaciones. Durante todo el verano su padre la estuvo amueblando, hizo que le construyeran los muebles tallados a medida en Ronda e hizo traer alfombras y lámparas de Madrid. Se trasladaron a la casa nueva el 20 de enero de 1944, el día de San Sebastián, justo cuando bautizaron a la más pequeña de la familia.

Un día nos contó nuestro abuelo Leandro que, para su construcción se había utilizado madera de pinsapos. Por lo visto el señor Lobatón habló con el dueño de la finca en la que está el Pinsapar de Grazalema y le pidió permiso para cortar la madera necesaria para las puertas y ventanas de una “casita” que se estaba haciendo en Ubrique. Con el permiso concedido, hizo falta madera para... ¡más de cien pares de hojas de puertas y ventanas!

Y como era una casa tan grande, con cuadras, cochera, almacenes e incluso un lugar para los animales, se había construído sobre toda una manzana, entre el río y la calle San Pedro, en la que anteriormente había más de diez casitas.

Desgraciadamente para nuestra casa familiar, nuestros abuelos se hicieron mayores, y ninguno de nosotros  podía quedarse con ella, así que hubo que venderla, pero ya nadie se ocupa de ella y están dejando que se caiga. ¡Una pena!

Ya que hoy en día parece excesiva una casa tan grande para una familia, sería buena idea que las autoridades la adquirieran como edificio de utilidad pública, por ejemplo. 

 

lunes, 10 de agosto de 2009

María Remedios y María Remedios: Las "Tita Reme" más modernas y audaces.

Foto: María Remedios Izquierdo y María Remedios Cabello
en la boda de Manuel y Esperanza, 10 de septiembre de 1957


Tenemos la suerte de contar en la familia con dos personas muy queridas y muy cercanas, las dos hermanas pequeñas de nuestros padres que, curiosamente, tienen el mismo nombre: María Remedios, claro que desde siempre han sido "Tita Reme".
Cuando Manuel y Esperanza decidieron unir sus vidas para siempre ellas eran unas chiquillas,el hecho de ser las benjaminas de ambas familias hizo de ellas dos niñas decididas y atrevidas, que avanzaban con la modernidad.

Este verano nuestra tía Reme Cabello nos ha contado una anécdota que referimos a continuación:
Eran los años cincuenta, y las dos pillinas decidieron por su cuenta "poner una alcancía" para comprar una bicicleta. Usaron todos los trucos posibles para conseguir dinero: pedían para ir al cine al cine y lo guardaban, decían que tenían que comprar algo y lo guardaban...
Así estaban las cosas, y mientras la alcancía se llenaba, cada vez que podían se escapaban las dos a la Fuente de San Francisco para ir aprendiendo a montar en bici.
Un día Tita Reme Cabello decidió bajar sola la cuesta, pero perdió el equilibrio y cayó de lleno en las tunas (chumberas) que bordeaban la carretera. Totalmente llena de espinas, se quitó las que pudo y se fue para casa aguantando el dolor y sin decir absolutamente nada a su madre.
A la mañana siguiente se levantó completamente hinchada y lo pasó tan mal en los días siguientes que allí terminó la aventura de la bici para siempre.






Foto: Leandro Cabello
Chumberas en la Fuente de San Francisco


martes, 28 de julio de 2009

Miguel Cabello Orellana: una historia singular de María Remedios Cabello

María Remedios y Antonio con sus siete preciosidades, 2009

Por Esperanza Cabello


Cuando la abuela Joaquina Orellana se vino desde Argentina con sus diez hijos, no podía imaginar las vueltas que daría la vida y cómo la más pequeña de sus nietas, María Remedios, a la que apenas conoció, encontraría al que habría de ser compañero de su vida, Antonio, gracias a una jugada del destino y a Miguel.
Miguel Cabello Orellana era uno de los hijos menores de Joaquina y Francisco. Era un muchacho muy trabajador y cariñoso, pero tímido y reservado, así que no tuvo novia de jovencito. Trabajó casi desde su llegada a Ubrique en varias petaquerías, y más tarde empezó a trabajar en la de su hermano Francisco, nuestro abuelo.
Había una señorita en Grazalema, Rosario, que regentaba una confitería muy famosa, "Las Morenas", en la que ella misma hacía los dulces. Rosario y Francisco concertaron su boda ya un poco mayores, y se casaron a finales de los cincuenta.
Recién casados vivían en Grazalema, y decidieron invitar a su sobrina María Remedios durante la feria. Estaba ella con otras amigas en una caseta cuando vio entrar a un muchacho que le encantó: "Este para mí" pensó para sus adentros. El muchacho era Antonio Sanz, un maestro jovencito de Jerez al que habían destinado en Grazalema. Y charlaron y se conocieron un poco durante aquella feria.
Al regreso en los Amarillos  hubo un accidente y el autobús volcó en la curva de Agua Nueva, antes de Benaocaz. María Remedios quedó atrapada y Antonio ayudó a liberarla. Al llegar a Ubrique lo acogieron casi como a un héroe en la casa familiar de la calle del Perdón, y poco a poco se fue consolidando la relación entre los dos jóvenes. A nuestra abuela Julia también le encantó el muchachito de Jerez.
Se casaron en 1964 y, a pesar de mudarse a Jerez porque Antonio estaba allí destinado, los lazos con Ubrique y con la familia se han mantenido fuertes y duraderos.
Tienen tres hijos fantásticos, que han sido la alegría y la ilusión de la pareja, que les han dado siete maravillosos nietos, su orgullo y su felicidad. Actualmente se reparten entre cada uno de los hijos y se dedican a lo que mejor saben hacer: la familia.


Nota del 22 de enero de 2015: Nuestro tío Pepe nos ha recordado que esa curva está en el kilómetro trece, y que era un día trece a las trece horas ¡Qué coincidencia!

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jueves, 9 de julio de 2009

Verano en la playita de Cádiz

Foto: Julia Janeiro y Natalia Fernández con sus nietos
Cádiz 1963




Las vacaciones siempre fueron un acontecimiento que aglutinaba a toda la familia paterna y materna. Nos reuníamos todos, los abuelos alquilaban un chalet para todos en Cádiz y pasaban los dos meses de verano sin sentir.
Ahora seguimos más o menos ese ritmo, y nos vamos reuniendo todos aún en Cádiz en el piso de los abuelos. Cada año hacemos fotos en la playa con los bañadores y los cubitos y cada año pequeños y mayores guardan recuerdos inolvidables.
También pasamos temporadas en el campo, en este paraíso natural entre el Parque de Grazalema y el Parque de Los Alcornocales, en el que afortunadamente no hay aún avances técnicos, ni internet ni teléfono ni nada. Así que... ¡Bendito verano! tendremos que dejar descansar estos recuerdos familiares y esperar a septiembre.

Foto: Natalia Fernández con sus nietas
Cádiz 1962