Este blog, "El blog de Ocurris", que comencé en 2007, es un homenaje a mis padres, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández, a su vida y a su trabajo. Quiero recuperar sus escritos, sus investigaciones y muchos de sus recuerdos. Al mismo tiempo es un amable homenaje a todos los miembros de nuestra familia y a nuestro pueblo, Ubrique, para que no se pierda la historia de los que nos precedieron y podamos recuperarla entre todos. Gracias. Esperanza Cabello Izquierdo.
viernes, 3 de octubre de 2008
Abuela Julia
lunes, 18 de agosto de 2008
Las pinturas de la Cueva de la Pileta, expuestas en Madrid
Por Esperanza Cabello
lunes, 28 de abril de 2008
La Hermandad del Cristo del Perdón y de la Sierra
En 1951, siendo párroco de Ubrique don Francisco Lanzat Ríos, Manuel Cabello tuvo la idea de crear la hermandad del "Cristo del Perdón y de la Sierra", que fue debidamente autorizada. La imagen del Cristo del convento volvió a salir en procesión en la Semana Santa de 1951, pero el año siguiente la parroquia cambió de titular, y el nuevo párroco consideró que la imagen no contaba con un trono adecuado que garantizara su seguridad, por lo que no permitió que volviera a salir y la hermandad se disolvió.
Es la misma imagen del Cristo que actualmente sale a hombros y es llevada hasta el Calvario.
Esperanza Izquierdo Fernández, abril 2008
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martes, 22 de abril de 2008
¿Jugamos en el Salto de la Mora?
Por Esperanza Cabello
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miércoles, 2 de abril de 2008
Una tanda de Janeiros y de Rubiales
Por Esperanza Cabello
Para esta galería fotográfica de hoy hemos tenido la suerte de contar con la ayuda de Julia y Javier Janeiro Pérez, Isabel Álvarez Janeiro, Remedios y Joaquina Cabello Janeiro, Esperanza Izquierdo, Pepa Rubiales y su hijo Cristóbal.
primera esposa de Manuel Janeiro Córdoba
casado con Julia Rubiales Coveñas
tras la muerte de Isabel
Eloy no formó su propia familia, trabajó constantemente pero siempre tuvo añoranza de su tierra, a la que no volvió. Se puso enfermo y quería volver, pero no tuvo ocasión, nos ha contado nuestra tía Joaquina que cuando estaba ya muy enfermo sólo llamaba a María.
Tarjeta enviada por Eloy a sus padresdesde Santander antes de salir para Cuba
6 de noviembre de 1919
Reverso de la tarjeta de EloyQueridos Padres:
Hoy, 6 llegamos a ésta (se refiere a Santander). Mañana, 7 salimos. Les escribo ésto porque no sé qué contarles. Su hijo, Eloy.
Dirigido al señor D. Manuel Janeiro (Café) Ubrique (Cádiz).
sábado, 29 de marzo de 2008
La fabricación de los sombreros de fieltro
"Durante la fase inicial de la fabricación de sombreros de fieltro se prepara un primer bastido; las pieles, generalmente de conejo, liebre y castor, se trabajan convenientemente en la máquina sopladora, que mezcla los pelos; éstos pasan a la máquina apelmazadora, donde, mediante chorros de agua caliente, se peinan y el fieltro, todavía no acabado, adquiere la típica forma de campana
Antes de recibir el tinte, el bastido de fieltro debe adquirir la consistencia necesaria; esto se logra mediante las operaciones de abatanado y alisado (a la izquierda) y el enfurtido ( en el centro).

Después de estas operaciones el bastido está en condiciones de recibir el teñido y acabado. En el depósito de tinte ( a la derecha) el fieltro permanece en ebullición en un baño del colorante adecuado durante cierto tiempo
El acabado de los sombreros de fieltro comprende de sesenta a setenta operaciones que van desde el modelado (a la izquierda) hasta la fula, el planchado (centro), el toscado (derecha) y el repaso final.

Operaciones accesorias, pero que siempre se realizan en una sección del taller de sombrerería, son los últimos toques y el aditamento de detalles ornamentales mediante los cuales el sombrero se adapta a la línea señalada por la moda.
Para la fabricación del fieltro, se emplea, generalmente, pelo de conejo doméstico o salvaje, de liebre y de castor, convenientemente seleccionado y mezclado en una máquina soplosa ( o sopladora). El pelo así mezclado, unido a veces con otras fibras, se pesa para formar unidades ( cada una de las cuales es la cantidad suficiente para elaborar el fieltro de un sombrero); después pasa a una máquina de apelmazar, que aspira el pelo y, a través de un juego de tambores y aspas dotados de un movimiento giratorio vertiginoso, lo proyecta sobre un cono metálico con perforaciones muy finas, provisto de un aspirador, capaz de mantener el pelo sólidamente unido al mismo cono. Distribuido de una manera uniforme sobre el cono giratorio, se lanza contra el pelo un chorro de agua caliente para peinarlo; la lámina así obtenida, llamada Bastido, se introduce posteriormente en las máquinas de abatanar y alisar, operaciones que dan al fieltro una primera consistencia. Después de esta operación, el bastido pasa a las máquinas de enfurtir que, en distintas fases, reducen el fieltro a un estado más compacto y resistente; en este momento se obtiene el verdadero fieltro, dispuesto ya para las operaciones siguientes de tinte y acabado. A esta etapa de la elaboración sigue, por lo general, el teñido del sombrero (en algunos tipos es posible realizarlo directamente sobre el pelo en la operación de enfurtir). , mediante su ebullición en un baño de colorante con mecanismos apropiados para que el color penetre profundamente en el fieltro. Los sombreros teñidos pasan sucesivamente al modelado, a la prensa, al planchado y al acabado final, para recibir después solamente los últimos toques y el adorno. La elaboración de un sombrero de fieltro precisa un total de sesenta operaciones".
Suponemos que a principios del siglo pasado la fabricación de los sombreros era absolutamente artesanal, así que esas sesenta operaciones se hacían a mano, con meticulosidad y garantía.
jueves, 27 de marzo de 2008
Manuel Cabello Janeiro: La palmera del Convento de Ubrique
"Del seráfico convento, barco varado en el solitario mar de sus huertas, aún quedan enhiestos dos mástiles de sutiles alturas: la espadaña trinitaria de su campanario y su centenaria palmera.
El convento de Capuchinos de Ubrique, sobre una liviana moheda, está vacío muchos años ha. Solo el santuario lo ocupa la Patrona, Santísima Virgen de los Remedios.
La mole conventual, tranquila, reposada y blanca, atesora sobre la piedra su recuerdo y se airea con los acompasados movimientos de una palmera. Su figura es como una huella indeleble y fiel de su pasado. Esa única y gigantesca palmera, de tronco recto y alto, con hojas laciniadas formando su penacho, se encuentra en el pequeño camino que conduce a una alameda; en ésta, entre fuentes y manantiales, pilones y albercas, la reminiscencia de un exuberante pasado. Ella misma se doblega con rítmicos vaivenes tocados por el aire: A la izquierda y a la derecha, a todos lados, en reverenciales movimientos desde su altura hace un esfuerzo por escudriñar lo que por su alrededor pasa.
Mientras... Soledad y silencio.
Al pie de la palmera yo descanso y me quedo profundamente dormido...
"¿Qué buscas tú por aquí?" -me pregunta la palmera. Ya ves, yo siempre sola. A veces me distraigo mirando de un lado para otro, así cambio mi monótona postura. Hoy te he encontrado a tí.
Nací cuando trajeron a la Virgen de Sevilla ¿Lo sabías? Yo era muy chica, apenas era un palmito en el suelo. Junto a mí, en esa gran piedra junto al instituto, se apareció la Señora a Leonor, la hija del hortelano. ¡Qué susto pasó la pobre!
Varios años antes, en 1663, el Duque de Arcos, Don Rodrigo, había pedido construir un convento en Ubrique, porque dos veces los capuchinos le habían salvado la vida, y él sabía que los capuchinos les harían mucho bien al pueblo. Pero no fue la Casa Ducal quien construyó el convento. Lo hizo el pueblo entero, bajo el patronato de aquel genial Alonso Borrego, que en su día quiso ser cartujo, o carmelita, o capuchino, y terminó siendo "cura de misa y olla". Con él trabajó incansablemente el síndico capitán Morales.
Aún sin terminar vino una pequeña comunidad de capuchinos. Se instalaron en el San Juan. Como superior venía fray Bernardino de Granada.
Cuando la Virgen se le apareció a Leonor (tenía la niña ocho años), le entregó un cordón de sayal y una carta.
Ya te digo que todo el pueblo trabajó para construir el Convento. Con tanto ahínco y tesón que la monumental obra fue realizada en un tiempo récord de ocho años: entre 1660 y 1668. Y hubo hasta sus anecdóticos accidentes. Recuerdo que un grupo de ubriqueños se adentró en los montes propios de Cortes de la Frontera para cortar la madera necesaria para las obras y fueron hechos presos por la Guardia. Hubo que andar muy prestos para poderlos liberar.
Cuando trajeron esa bonita imagen de la Patrona, la que está en el Santuario, desde Sevilla, regalo de la comunidad Trinitaria, Leonor, que estaba muy cerquita de mí, gritaba y gritaba, a sus veintidós años, que era Ella, la mismísima, que de niña se le había aparecido.
¡Si vieras cuántas y cuántas cosas he visto desde mi altura...!
Recuerdo al hermano Diego de Cabra, que por olvidar una cartera en la fuente perdió la vida. A fray Pedro de Teba, el "eminentísimo ingeniero", creador del suministro de agua del convento y de la población. Y ¿qué decir de los venerables Félix José de Ubrique, predicador en la corte de Carlos II, e Ignacio Calvo, muerto en olor de Santidad?
¿Y de aquella noche tormentosa, en la que el padre Buenaventura subía a los picos de nuestra sierra pidiendo a Dios que calmara la tempestad? Allí dejó clavadas tres cruces, la del Tajo, la de la Viñuela y la del Benalfelix; y no contento con esto construyó El Calvario y su Vía Crucis.
¿Y José Caamaño, el beato Diego de Cádiz chiquito?
¿Te cansas de tantos nombres? Desde mi altura he visto todos los azotes habidos en Ubrique. El cólera de 1.800; la peste amarilla y los vómitos negros de 1.804; la sequía de 1.817, el cólera morbo de 1.855, centenario ya el voto de los cabildos.
He contemplado las numerosas vicisitudes políticas, cómo el 16 de mayo de 1.810 los franceses arrasaron el pueblo; los graves atropellos que sufrió la población entre 1.869 y 1.873, con el asesinato del alcalde Toro; los efectos funestos de la Mano Negra, ahora hace un siglo; los incendios de 1.936... ¿Para qué te voy a hablar más de tanta tragedia?
Porque pienso que tras todas las tormentas llegó la paz y la calma. Pues ahora, desde mi altura, sólo veo la quietud, la laboriosidad, la entrega total de un pueblo, mil veces renacido de sus propias cenizas, como el Fénix de leyenda.
Párate y observa tú mismo esa grandeza. Mira el Calvario, clavel blanco en la solapa de la Sierra, y pensarás en el Beato Diego de Cádiz de niño. Mira sus cruces iluminadas, llamas hacia el cielo, y recordarás al seráfico Buenaventura. Columbra la Cornicabra, y sentirás envidia de su altura, porque allí se está más cerca de Dios. Observa el San Antonio, con los rubores de antaño, y a sus pies intrincadas callejuelas, con sabor morisco, mostrando sus desnudeces con cándida hermosura. Sus nombres son nostálgicos recuerdos: Fuentezuela, Ladereta, Libertad, Caracol, Saúco, Guindaleta; o pícaras reminiscencias del pasado: la de los gatos, la del pescado, Culito, Tragamasa...
Y todo esto forjando un Ubrique moderno, que nace de sí mismo, haciendo bandera de su nombre. Bandera que portan sus hombres como estandarte en la batalla de la vida. Luchan y vencen, levantando nuevos mundos . El mundo de la industria, del poder y la riqueza. El mundo del prestigio, ganado paso a paso, gota a gota por la habilidad de sus manos artesanas. El mundo del amor, porque amor ponen en las piezas que construyen. El mundo de la fraternidad con los otros pueblos de la Sierra. El mundo, en fin, de su propia grandeza.
La tarde comenzaba a declinar. La palmera me dijo un suspirado adiós, nacido del mejor de sus contoneos. Después... Soledad y silencio.
Manuel Cabello Janeiro. Ubrique, agosto de 1974.
Enamorados de este monumento de Ubrique, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández abogaron siempre por su restauración, y lo propusieron en repetidas ocasiones como sede del futuro Museo de la Piel de Ubrique. Hoy día, tenemos la suerte de contar con la exposición "Manos y magia en la piel", auténtico germen de un verdadero museo.
Esperanza Cabello Izquierdo. Ubrique, marzo de 2009.
jueves, 20 de marzo de 2008
Misión Rescate y Ubrique: el Grupo 208 de Manuel Cabello Janeiro
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V CAMPAÑA, 1971
OBJETIVO: ESTUDIO DE UNA FÁBRICA DE CURTIDOS O TENERÍA ANTIGUA
Este riego, esta vivencia, llamémoslo así, es la originada por esa tradición ignota de los curtidos.
El grupo 208 se Misión Rescate se honra en presentar "El estudio de una fábrica de curtidos o tenería antigua".
Es una verdadera pena que allá por el año 1810 a un grupo de franceses le diera por quemar nuestro archivo municipal. ¡Cuánto se perdió entonces!
Al iniciar nuestros estudios sobre los curtidos no por menos tuvimos que empezar por rebuscar en el Archivo Municipal datos fehacientes de esta industria. Pero cá, el primer libro que en él se guarda data del año 1814 y siguientes; en ninguno de ellos encontramos datos de esta industria. Muchas horas de consulta, de buscar y rebuscar, y nada.
Pero estábamos dispuestos a trabajar, y fuentes históricas son las leyendas y tradiciones, buscamos a los últimos descendientes de aquellos curtidores e investigamos los últimos momentos de los curtidos en Ubrique.
Un hecho casuístico, en la primavera de 1969, y ante él remontarnos a una época, concretamente romana, hacen que unamos a nuestra fantasía la veracidad, la leyenda y la hipótesis en pro de un trabajo que tiene características propias.
Mayo de 1969: Un grupo de batidores, entre ellos el 460, José Peña; el 466, Juan Zurita y el 468, Diego Chávez (los dos primeros componentes actuales del grupo), nos informaron de que había aparecido, en unos pozos de cimentación, una serie de muros y construcciones que habían llamado su atención.
Tan pronto como pudimos, sin que hubieran transcurrido ni 24 horas, nos presentamos en el lugar.
martes, 11 de marzo de 2008
Sombreros en Ubrique en los años 20
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Encarna Carrasco Blanco y Paco Arenas
Fabricación artesanal de sombreros
Por Esperanza Cabello
"En 1927 empecé a trabajar cosiendo sombreros con mis tíos. Los hermanos Arenas Rubiales fabricaban sombreros de todo tipo para los ubriqueños: hacían sombreros cordobeses, mascotas, castoras, de paja y hasta gorras.
La fabricación de los sombreros empezaba en la fula (ese era el nombre dado al taller, curiosamente fula es una de las operaciones necesarias para la fabricación del fieltro), estaba en la calle Prim, bajando a la derecha.
Allí unas mujeres iban quitando el pelo a las pieles de los conejos, después ellos (los hermanos Arenas) iban mojando el pelo y poniéndolo en máquinas hasta que se iba formando el sombrero. Había unos moldes para ver de qué número (talla) había que hacer cada sombrero y una gran cantidad de herramientas, pero yo no estaba allí, en la fula.
Yo cosía en la calle del Agua, en la casa de Pedro Arenas, que ahora es de Paquita Arenas, allí cosían tu tía Nieves Arenas, María "la Rondina" y Encarnación Carrasco Blanco, "la Tacona".
Allí cosíamos las cintas, la badana (la piel de dentro) y les poníamos un lacito blanco en el interior. También planchábamos cada sombrero, el planchado era fundamental.
A mí me pagaban tres chicas por cada sombrero que cosía. No sé cuánto valdría cada sombrero. Hacíamos sombreros para toda la zona.
Cuando trabajábamos era fantástico. Las mujeres eran muy graciosas y siempre estaban contando historias divertidas. Tu tía Nieves hacía natillas, huevos nevados y arroz con leche y nos lo traía.
Años más tarde, las costureras empezaron a hacer gorras de tela, y yo empecé como costurera en la fábrica de tu abuelo Francisco Cabello, allí estuve veinte años cosiendo petacas. También trabajé como costurera en la fábrica de Norberto Aparicio otros diez años.
A partir del año 56, tras la muerte de mi madre, me ocupé de la administración de lotería de la calle botica, que dejé cuando me jubilé".
lunes, 7 de enero de 2008
Romanos de la ermita de San Antonio
Fotografía recuperada por Manuel Cabello Janeiro
Para su libro "Ubrique, piel al descubierto"
miércoles, 25 de abril de 2007
Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández
Durante toda su vida, Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo han dedicado su tiempo, sus ilusiones y su cariño a su familia y a su pueblo. En este blog queremos hacerles un homenaje y preservar, al mismo tiempo, el trabajo de investigación que han realizado durante toda su vida. Lamentablemente Manuel Cabello no está con nosotros desde mayo del año 2000, pero contamos con la inestimable presencia de Esperanza Izquierdo y su buenísima memoria para recuperar el resultado de sus investigaciones. No pretendemos hacer un trabajo riguroso desde el punto de vista científico, sino recoger sus enseñanzas con cariño y respeto.
Esperanza Cabello, Ubrique, 17 de abril de 2007
Billares en Villaluenga
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lunes, 12 de marzo de 2007
La redacción de Julia para "Las Cumbres", su Instituto en Ubrique

Tenía mi abuela dos tías mayores que eran confiteras, eran dos hermanas solteras, y todo el mundo las conocía como “la Piñeritas”, por su apellido. Josefa e Isabel eran dos buenas personas, siempre amables, siempre dulces y siempre horneando los más exquisitos pasteles que uno pueda imaginar.
Cuenta mi abuela que hacían muy poco negocio, porque no podían soportar a un niño mirando los dulces, y se los daban. Como eran “los años del hambre” (después de la guerra civil) siempre había alguno que no tenía nada para comer. Tampoco dejaban que les sobrara un poco de masa, en vez de hacer un rosco de más, para sacar más dinero, se ajustaban a lo que habían pensado y hacían un poquito más grandes los roscos que ya estaban hechos.
Josefa e Isabel fueron buenas siempre, y siempre buenas confiteras. Por aquel entonces en todas las casas se hacían todas las comidas, se preparaba la carne de membrillo en otoño, se hacían los dulces de Navidad, se preparaban las canastillas de pan, se hacían las magdalenas, los borrachos y los gañotes para Semana Santa... Y además tartas, bizcochos, arroz con leche, flan, natillas, huevos nevados...
Pero los dulces y pasteles de “las Piñeritas” eran muy especiales, tan finos, tan bien amasados, con un azúcar tan suave y una miel tan escogida que siempre quedaban sueltos y deliciosos. Siempre con aquellos calderos de cobre y aquellos peroles que ya no conservamos.
Mi abuela explica que su madre, Natalia, heredó de “las Piñeritas” el don para hacer dulces, y que también heredó la receta de los gañotes. Los gañotes son dulces de Semana Santa. Creíamos que sólo se hacían en Ubrique, pero también se hacen en algunos pueblos de Extremadura, aunque la forma es diferente.
Se hacen con harina, “ajolí” (que así llamamos en el pueblo al ajonjolí), huevos, azúcar y aceite. Se amasan todos los ingredientes, después se forman finas tiras, como de plastilina, que se enrollan en una caña, y a freír.
Como ustedes comprenderán, la receta de “las Piñeritas”, la auténtica receta de los auténticos gañotes, sigue en la familia, pero si quieren probarlos, vengan a Ubrique en Semana Santa; vengan a La Plaza, al concurso de gañotes, o vengan a cualquiera de nuestras casas, serán bien recibidos, a la andaluza, y serán agasajados con nuestros exquisitos dulces caseros, un bien que ya es escaso.
jueves, 1 de marzo de 2007
Mi cuaderno de bitácora: la primera entrada
Por Esperanza Cabello
Esta fue, el uno de marzo de 2007, el primer intento de blog que hice aprovechando que comenzaba a estar internet a mi alcance tanto en casa como en el trabajo. Al mismo tiempo nacieron el blog profesional "Le coqui hebdomadaire" y este personal "Mi cuaderno de bitácora" que solo tuvo una pequeña entrada:



















