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domingo, 19 de septiembre de 2021

Volverán las oscuras golondrinas

 

Vuelven las golondrinas a un patio ubriqueño

 


Por Esperanza Cabello

Desde hace unos días el patio interior de nuestra casa luce de una forma más dulce y tierna, acaban de llegar, al final del verano y de la mano de mi querida madrina, mi tía María Remedios, unas preciosas golondrinas que han jalonado los recuerdos de toda una vida.

Ahora se quedarán conmigo para siempre, este regalo me ha conmovido muchísimo, y es que estas golondrinas tienen mucha historia, ya conté, cuando Marta Canto me regaló las golondrinas de Manises (en este enlace) que recordaba perfectamente las golondrinas del patio de mi abuela Julia.

 

Con mis padrinos y mis padres, en el patio de mis abuelos



Yo tuve la suerte de ser la primera niña entre todas las nietas, cuando nací ya habían nacido, en la familia paterna, mis primos Paco, Prudencio, José Manuel, Manuel Ángel y mis hermanos Francisco y Manolo, así que el nieto número siete (entonces no se sabía si el bebé sería niño o niña hasta el momento de nacer) era muy esperado y todos querían que fuera una niña.

Nací un domingo de marzo, justo a la hora de la misa matinal, y como mi padre era tan expresivo, tan extremoso y tan impaciente, fue a la iglesia a contarle a mi abuela Julia que había nacido una niña, todos los asistentes a la misa se enteraron en el mismo momento y todos lo felicitaron.

Y mi abuela Julia, al igual que mi abuela Natalia y mis tías, estaban muy contentas con la niña, tanto que de vez en cuando me "rifaban" para llevarme a casa de unas o de otras. A veces tita Ana María me recogía y me llevaba a la tienda, me recuerdo a mí misma sentada en el mostrador y a ellas dándome todos los mimos, como siempre tan zalameras.

 Yo siempre fui muy de mis abuelas, a las dos las admiré y las quise con locura, con una viví toda mi infancia, pero a casa de abuela Julia iba a diario.

Me encantaba su patio con tantas macetas, con tantos adornos, con aquellas pilistras tan hermosas, con los platos adornando la pared y los cacharros de metal sobre maceteros de madera, con las columnas de hierro y las tinajas de barro, así es como yo entiendo los patios. Y en aquel patio siempre hubo tres golondrinas.

 

En el patio de los abuelos en 1964, las golondrinas al fondo


Después, trás la muerte de abuela Julia en 1971, nuestro abuelo vendió aquella casa, y nunca supe dónde fueron a parar todos los objetos que la decoraban, poco a poco fui descubriendo, en casa de las tías, algunos de ellos: las pilistras y los juguetes de madera en lo de tita Julia, los cuadros de los bisabuelos argentinos en lo de tita Joaquina, los adornos de hierro y algunos cuadros en la casa de mis padres y en la de tito Pepe.

Pero aquellas golondrinas que tanto llamaban mi atención, se perdieron de mi vista durante un tiempo, hasta que volví a verlas cuando mis padrinos tuvieron un piso en Cádiz.



2004, Esperanza e Isabelita en la terraza de mi madrina, y las golondrinas acompañándolas


Del mismo modo que siempre fui mucho de mis abuelas, también me he sentido siempre muy cerca de mis tías, ellas han sido siempre muy especiales para mí, y por supuesto de mi madrina, la recuerdo desde siempre muy cerquita, ella era la chica, la más querida y protegida en a casa, y yo heredé ese cariño que todos le han tenido siempre y que ella derrocha a raudales para todos los que estamos cerca.

Cuando Marta Canto me regaló las golondrinas de Manises yo estaba muy contenta, y le conté a mi madrina que después de tantos años por fin había conseguido tener yo también en mi casa unas golondrinas.

 


2019 las golondrinas de Marta Canto

 

Y al contarle la historia de las golondrinas mi madrina me dijo que las golondrinas de abuela Julia también serían para mí, y que así volverían a estar en un patio ubriqueño, lleno de pilistras y coleos, con maceteros de madera, tinajas de barro y cacharros de metal.

Lo mejor de una herencia, es que la recibas cuando quien te la lega está vivito y coleando, y por eso estoy tan contenta de haber heredado estas golondrinas de la mano de mi madrina, porque sé que ella disfruta dándomelas tanto como yo recibiéndolas y colocándolas, con la ayuda de Eduardo, en el patio.

Entre las dos hemos cerrado un círculo, un círculo de tradiciones, de cariño y de recuerdos. Seguro que cuando mi familia lea esta entrada y vea las fotografías los recuerdos felices brotarán en cascada.

Ojalá alguien recordara también de dónde vinieron estas golondrinas a casa de abuela Julia, eran tres, y una se quedó en el camino.

Desde ahora las golondrinas de tita Reme, que han vuelto al final del verano a mi patio, se quedarán en Ubrique muchos años, y darán la bienvenida año tras año a las otras golondrinas, a las que de verdad vuelan y son tan importantes para nuestro mundo, y por eso escribo esta historia de recuerdos en femenino singular, por amor a mi abuela y a mi madrina, dos mujeres extraordinariamente hermosas a las que siempre tengo en mi corazón.💜💜💜

 


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Nota del día 21 de septiembre: Comentario de mi querido tío Pepe💜💜💜 (José María Cabello)

Qué maravilloso artículo, Esperanza. Las dos fuisteis privilegiadas, madrina y sobrina. Yo te recuerdo como la muñeca rubia de ojos de nácar, juguereando en la casa de Málaga o con tu infantil curiosidad repasando los libros de mi microbiblooteca en Algeciras. Tambien allí volteaban golondrinas haciendo curvas imposibles hasta posar en el balcón de Villa Palma. Siempre de paso. Símbolo de mi peregrinaje personal, como su invierno africano. Feliz en los años sesenta, en el hermoso patio de la casa, de familia. E igualmente feliz en los años setenta que conseguí mi libertad. Bss.



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sábado, 12 de octubre de 2019

Volverán las oscuras golondrinas... ¡aunque cambien de color!





Por Esperanza Cabello

Cuando buscas una casa en el casco antiguo de un pueblo, tienes mucho cuidado de comprobar que, efectivamente, hayan anidado las golondrinas en los aleros de sus tejados o en los patios o en culquier rincón de la terraza, porque, desde siempre, tener golondrinas en la casa es un augurio de buenísima suerte, sinónimo de hogar feliz, de que la fortuna acompañará a todos los miembros de la familia. Además todos sabemos, a estas alturas, el bien que estas aves hacen a nuestro entorno y lo necesarias que son para que sigamos existiendo.

Si has tenido esa suerte y tienes nidos de golondrinas en tu fachada, ¡enhorabuena!, solo tienes que colocar, al llegar a la primavera, una cajita debajo del nido para  que nada se manche y hacerles la vida agradable.
Cuando éramos pequeños sabíamos que, además, en las casas y patios se colocaban golondrinas de cerámica no solo para adornar, sino para gozar de esa buena suerte infinita que estos animalitos propocionan a las personas. En el patio de abuela Julia había unas preciosas golondrinas negras que aún recordamos perfectamente.
Hoy día seguimos siendo beneficiarios de esos nidos de golondrinas en el patio, lo que hace que nos sintamos afortunados, pero, por si fuera poco, nuestra amiga Marta nos ha traído un regalo original y lleno de buenos deseos: una familia de golondrinas de Manises absolutamente insólita, de un color muy personal y con un cariño que nos ha emocionado.
Nuestras golondrinas de Manises color lila son, sin lugar a dudas, una muestra de originalidad y buen hacer.
Gracias, Marta, por traer un poquito más de felicidad a nuestro hogar.
¡Bienvenidas, golondrinas!


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domingo, 21 de marzo de 2010

Hola, golondrinas

Las golondrinas se pasean entre los campanarios de Ubrique 
 (El campañario de la parroquia sin andamios)

 

 

Por Leandro Cabello

 

¡Hola Golondrinas!
 Todos los años por estas fechas tenemos en Ubrique unos visitantes que nunca nos fallan. Se trata de las golondrinas. Desde el momento en que llegan, después de un ligero descanso tras la migración, se ponen manos o picos a la obra y rápidamente se esmeran en arreglar los nidos que dejaron el año pasado y que los gorriones se encargan de estropearles durante el tiempo que están vacios. Ellas se las apañan muy bien pero el otro día vi un detalle que habían tenido unos colegas electricistas para facilitarles la vida a estas visitantes primaverales. Aunque realmente estas golondrinas son ubriqueñas porque nacen aquí.
 
 
Los electricistas fueron cuidadosos con los nidos
 
 
Se ve que los electricistas respetaron los nidos adosados y el nido aislado será del hijo que no se ha querido separar mucho de los padres. Mientras escribo esto estoy recordando que cuando chicos nos contaban que una del las campanas de la iglesia de la O, que están terminando de restaurar, se llamaba " La Golondrina" me imagino que por lo de: GOLON-drina, total no sé, lo cierto es que el campanario es uno de los sitios preferidos para hacer sus nidos. El año pasado fotografié a una familia de golondrinas ubriqueñas que habían nacido en el callejón techado. Me llamó mucho la atención el nido, era entrañable ver a toda la familia. Lo más curioso es que aunque el nido está casi al alcance de la mano y en una calle por la que pasa mucha gente salieron adelante. 
 
 
 
Nido de golondrinas al completo en la calle "Techada" 
Foto: Leandro Cabello 2009 .

lunes, 27 de diciembre de 2021

Juan Domínguez Fabero. In memoriam

 

Juan Domínguez Fabero



Por Esperanza Cabello

 

No hay nada más triste, en estos tiempos inciertos de celebraciones navideñas y de incertidumbre por la pandemia, que lamentar la pérdida de un ser querido, más cuando se trata, sin lugar a dudas, de una persona querida y apreciada por todos, de un hombre familiar y cercano que ha dedicado su vida a su familia, su trabajo y sus amigos.

Juan Domínguez es el querido abuelo de nuestra amiga Remedios Rubiales, un hombre al que hemos sabido apreciar a través de sus ojos y de su admiración.

Juan había nacido en Ubrique, en enero de 1935, en el campo que su familia tenía en el Cerro Mulera. Desde muy pequeño supo lo que eran las duras tareas del campo, pues fue el segundo de cuatro hermanos, pero se dedicó a ellas con tesón y voluntad, dando lo mejor de sí mismo para que la familia prosperara, para ayudar a los suyos.

Juan era un ser especial por sus actos. Siempre mirando al prójimo y cuidando al que más lo necesitaba. Son muchas las anécdotas que contó de la posguerra, tiempos muy difíciles. Pero él era una hombre de palabra, honesto, humilde, sabio, recto, amigos de sus amigos. No tenía nada suyo. Ayudó a todo el que necesitaba de él, trabajó siempre en el campo encargándose de los trabajos más duros.

 

 

 

Juan Domínguez durante su servicio militar

 

Los hermanos Domínguez eran muy conocidos por su buen trabajo, y siempre que había una faena considerable recurrían a ellos por su rapidez y su eficacia.

Más tarde se dedicó con su esposa, que era una mujer emprendedora, a la hostelería, y Juan  fue conocido y apreciado por todos los ubriqueños que tuvimos la ocasión de compartir en su establecimiento cientos de tardes o fines de semana en la Venta del Chorizo, aunque nunca perdió su apego a la tierra, a los trabajos del campo y a la vida sana y sencilla.

Había conocido a la que fuera la mujer de su vida, Mariana Clavijo Jiménez, y habían contraído matrimonio en 1959. Mariana era una petaquera de las buenas, estaba contratada y dada de alta en una de las mejores fábricas de Ubrique de los años cincuenta, la de Piña, y como era habitual en la época, al casarse dejó la petaquería para dedicarse a los trabajos de la casa y el campo con su marido, aunque Juan, un hombre familiar y cariñoso, se encargaba siempre de los trabajos más duros para proteger a su querida esposa, ambos tuvieron una niña a la que llamaron Francisca, por ser el nombre de la abuela paterna.

 

 

Mariana Clavijo Jiménez, una mujer familiar y cariñosa, excelente cocinera.


 

Juan y Mariana formaban una pareja ejemplar y cariñosa,  se quisieron muchísimo. Siempre estuvieron juntos trabajando codo con codo. En el bar, en el campo... hasta la muerte de Mariana en 2009.

Recordamos a toda la familia en aquella época, de las tardes y los fines de semana en la Venta, íbamos allí desde muy pequeños, en familia, y entonces Juan y nuestro padre mantenían buenos ratos de charla, ambos eran muy buenos conversadores, sentían aprecio mutuo y recordamos algunos de los comentarios de admiración sobre él.

También nos llamaba la atención aquel nido de golondrinas que Mariana y Juan mantenían en el interior de la venta, siempre nos pareció magnífico que permitieran a las golondrinas hacer su nido dentro de su casa y que además estuvieran orgullosos de ese gesto tan humano y tan cercano a la naturaleza.

Seguro que todos los ubriqueños que tenemos una cierta edad recordamos a esta familia y su negocio, la Venta del Chorizo, que se mantuvo en funcionamiento desde 1966 hasta el 2004.

 


 

A partir de esta época hemos tenido la suerte de conocer a Juan a través de su hija Paqui y de la mirada de su nieta, Remedios,  y hemos visto en ella el amor grandioso que profesaba a su abuelo. Ambos han tenido esa relación especial, ese lazo que solo se consigue en muy pocas ocasiones. Juan le ha dedicado miles de momentos y no solo le ha enseñado a vivir cerca de la naturaleza y a respetar el entorno, sino que le ha transmitido fuertes valores que hacen de ella, como de él, una persona excepcional.

El tesón, la valentía, la fortaleza, el estar siempre dispuesto para los demás, la energía para afrontar las adversidades con la mejor cara y la mejor sonrisa; la templanza, la seguridad...

También Remedios y Paqui se han consagrado, desde la muerte de Mariana, al cuidado de su padre y abuelo, siempre hemos apreciado ese amor incondicional, esa dedicación, ese cuidado. Nos emocionaba verlo sentado, en los buenos días, a la puerta de la Academia, saludando a quienes pasaban y dedicando algún ratillo de charla con los conocidos.

Nos conmueven las palabras de Reme al hablar, rota de dolor, de su abuelo:

"Un ser mágico, porque gracias a él creo que existen los cuentos de hadas. Dio su vida por todo el que lo rodeó. Noches de lluvia, frío, calor, exigencias. Un hombre fuerte y a la vez muy noble y sensible. Parecía un persona del siglo XXI por su forma de ver la vida. Me enseñó a desenvolverse en el campo, en la vida en el mundo. Todo lo que sé se lo debo a él.
Es la persona que más quiero en este mundo  y por la que me deja un fuerte vacío, el no poder llegar a decirle mi día a día."

 

 

 

Tristemente, Juan ha fallecido el pasado día 21 de diciembre, el destino ha querido que fuera exactamente el día en el que se celebraban sus 62 años de casado. Seguro que Mariana lo estaba esperando y ambos siguen ahora pendientes de "sus niñas", para que no les falte nada, siempre estarán en sus corazones, porque ellos les dedicaron toda su vida y ahora Paqui y Reme guardarán sus mejores recuerdos.

Queremos mandar a toda su familia, a sus amigos y a quienes tanto lo apreciaban todo nuestro caríño y nuestras condolencias.

El próximo miércoles, 29 de diciembre, a las siete y media de la tarde, tendrá lugar en la Iglesia de Nuestra Señora de la O la misa funeral.



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martes, 3 de septiembre de 2013

El pintor Juan Rodríguez Cabas en Ubrique

 El San Antonio en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria




Por Esperanza Cabello 

Hoy hemos tenido una gran alegría: nuestra galería del pintor Juan Rodríguez Cabas ha tenido una magnífica aportación de cuadros, muchos de ellos de Ubrique.
El abogado gaditano Joaquín Calandria Amigueti ha tenido la gentileza de enviarnos diez nuevos cuadros de Rodríguez Cabas. Corresponden a su etapa ubriqueña, de finales de los años  cincuenta, e incluyen rincones tan especiales como la Guindaleta, la calle Concejo, el Peñón de la Becerra, las calles Jesús y Magdalena y, por supuesto, el San Antonio.


 Calle Guindaleta, años cincuenta
Por Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria



 Joaquín nos ha explicado que los cuadros pertenecieron a personas de su familia política, a sus suegros, don Juan Reguera Carrasco y de doña Concepción Sanchez Reguera  y también a la tía de su  esposa, doña Consuelo Sánchez Reguera y su marido don Francisco Bohórquez Salcedo.



 Calles Magdalena y Jesús en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria


 Don Juan Reguera y nuestro abuelo Leandro eran muy amigos, suponemos que ambos, contertulios del casino, harían amistad con Rodríguez Cabas durante su estancia en Ubrique, y, del mismo modo que nuestro abuelo adquirió un buen montón de cuadros don Juan y su cuñado don Francisco adquirirían otros tantos.



 El Peñón de la Becerra en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria


 En cualquier caso para nosotros es una gran satisfacción poder contemplar estos cuadros y, sobre todo, saber que existen. Es un privilegio poder saber cómo era nuestro pueblo a los ojos de este artista en los años cincuenta.
Nos maravillan los detalles, las notas pintorescas, el colorido, la perspectiva: ropa tendida, ropa puesta a "solear",  burros trabajando, mujeres barriendo sus puertas, macetas, flores, calles empedradas, paredes encaladas, nidos de golondrinas...


La calle Concejo en los años cincuenta
Cuadro de Juan Rodríguez Cabas
Gentileza de Joaquín Calandria


Quisiéramos agradecer encarecidamente a Joaquín Calandria que nos haya enviado esta maravilla de cuadros, nos ha permitido disfrutar contemplándolos  y podemos continuar con muestro particular homenaje al pintor impresionista Juan Rodríguez Cabas.

 Nota: Hemos añadido los otros cuadros al catálogo general que comenzamos en marzo de 2012


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lunes, 3 de junio de 2019

Frases y refranes ubriqueños y marroquineros






Por Esperanza Cabello

El archivo que dejó nuestro padre es inmenso, además de ser una persona constante y un poquito meticuloso, sentía pasión por el coleccionismo. Todo ello unido a que fue petaquero, empresario, maestro marroquinero, maestro nacional, escritor, corresponsal de radio y un genio inquieto, se ha traducido en montones de legajos aún sin terminar de revisar.
Y es que cada vez que abres unacaja encuentras cientos de detalles, de papelitos, de fotos, de anotaciones, de recuerdos...
Como hoy celebramos en Ubrique el "Día del Petaquero", hemos querido aportar su granito de arena al léxico antiguo, trayendo refrases, dichos y letrillas dedicados a Ubrique y a la marroquinería.
Imaginamos que sería la recopilación de un trabajo escolar (encontramos que uno de ellos fue aportado por 6ºB), al que él mismo daría forma a modo de librillo.






Frases y dichos ubriqueños y marroquineros

1.       Acabó como la comedia de Ubrique

2.       El cuchillito de Ubrique, que se salía solo de la vaina

3.       En Ubrique, mala mosca te pique

4.       Corre la moneda, corre el chavetín

5.       A lo justo, como el molde de Orito.

6.       Veinte correíllas, a peseta: veinte pesetas

7.       Acelera el chavetín, que el monedero se acaba (rincón de 6ºB)

8.       ¿De trabajar? ¡Por los codos!

9.       La patacabra le pega, el billetero lo siente (M. Ordóñez, 6ºB)

10.   Terminada la tarea, cobra el oficial

11.   Esteca, acelera. La máquina está a punto de coser

12.   Monedero cosido, pronto se pinta

13.   Estuche forrado, estuche terminado

14.   El petaquero tenía más rollo que un banquero

15.   Con la máquina de broches, nunca hay reproches

16.   Esta cartera tiene de todo, hasta cuarto de aseo

17.   El pobre murió con el dedo arrugado por el almidón

18.   A las siete de la mañana no, está muy frío el pegamento

19.   El fuelle está más tieso que la pata de Perico

20.   Para tal horma, tal petaca

21.   A buena piel, mejor billetero


La siguiente hojilla recoge unas preciosas letrillas de Carnaval escritas por Candelaria Chacón Quero, conocida como "Candelaria la zapatera", magnífica escritora de letras de carnaval que se hicieron tremendamente populares en Ubrique: "Si las niñas de Ubrique tuvieran alas".







Si las niñas de Ubrique tuvieran alas
¡Qué bonitas serían
Cuando volaran!
Se verían por esos aires
Jilgueros con zapatillas
Tórtolas con enaguas blancas
Y canarios con mantilla.
Golondrinas de zagalejo[1]
Avencejos con capota[2]
Avefrías con refajos[3]
Y marinitas con botas.
Lúganos de sombrerillos
Águilas con peinadores[4]
Palomitas con zarcillos
Y oropéndolas de colores.
Pipitas con delantales
Gallinetas con pañuelos
Alondras con sus collares
Y muchos cuervos con velo






[1] Zagalejo: Refajo que llevaban para diario las chicas de los pueblos y las aldeas.

[2] Capota: Tocado femenino ceñido a la cabeza y sujeto con cintas por debajo de la barbilla.

[3] Refajo: Falda interior de tela gruesa usada por las mujeres para abrigo


[4]Peinador:  Prenda o lienzo ajustada al cuello con que se protege el vestido de quien se peina o afeita

martes, 22 de febrero de 2011

Candelaria la zapatera

 Candelaria Chacón Quero y su hija



Por Esperanza Cabello

Hace algunas semanas se puso en contacto con nosotros  una historiadora de Sanlúcar que estaba preparando una especie de itinerario por Ubrique en los que los hitos fueran mujeres y hombres que hubieran luchado por las libertades y la igualdad por si podíamos facilitarle algunos datos. 
Nos pusimos rápidamente manos a la obra y encontramos, casi sin esperarlo, una historia fantástica, original y muy humana que protagonizaba una zapatera ubriqueña nacida en el siglo XIX. Esta zapatera era la abuela de nuestra compañera Candelaria Fernández, que ha sido quien realmente nos ha contado una parte de su historia.
Como nos ha entusiasmado esta historia y creemos que es una de las que de verdad no debe perderse para la memoria de todos  en Ubrique, recuperamos los datos de que disponemos hasta el momento para que la vayamos conociendo, aunque realmente todos la conocen y sólo hay buenas palabras para recordarla.



Candelaria Chacón y Sebastián Fernández





Se llamaba Candelaria Chacón Quero, nació en 1888 en Ubrique.
Su marido, Sebastián Fernández Cobos, era carbonero, se casaron un poco mayores para la época, y recogieron a una niña, pensando que no tendrían hijos. Más tarde tuvieron cinco hijos propios.

La característica fundamental de Candelaria era su generosidad, su amor por los libros y su amor por la lectura, además de que no hacía distingos entre nadie, ella enseñaba a leer (sin ser maestra) a todo el que lo necesitaba, sobre todo a los jóvenes que trabajaban en su taller que iban a hacer su servicio militar, para que pudieran escribir a sus familias.
Era zapatera, la única mujer que, al mismo tiempo que su hermana Manuela, se ha dedicado a ese oficio en el pueblo, y se la conoce como "Candelaria, la zapatera". Candelaría vivía en el San Juan, cerca del también zapatero José Esquivel, padre de la maestra Isabel Esquivel.
Preparaba las letras para las murgas de carnaval, haciendo crítica social, sus letras eran divertidas y chispeantes, aunque ella era una persona muy seria.
También escribía artículos para revistas y periódicos de su época. Cuando escribía utilizaba un seudónimo: "Concha del Aria Can" (una alteración de su propio nombre).

Candelaria era una mujer preocupada por los suyos, con las ideas muy claras y de esas a las que no doblegaba nada por la fuerza. Una prueba de ello la tenemos en la siguiente historia:

Cuando entraron las tropas sublevadas en 1936 en Ubrique empezaron al asalto. Entraron por la zona del convento y subieron la calle San Francisco arriba. Todos los vecinos recuerdan con terror cómo iban entrando en las casas arrasando con todo y llevándose lo que les apetecía. Después  ellos mismos fueron repartiendo una parte del botín a los niños que iban encontrando.

Al llegar al San Juan repartieron botellas de vino a los niños y ella tuvo el tremendo valor de asomarse al balcón a decirles "Granujas, que a los niños no hay que darles vino, sino libros".

Murió en agosto de 1981, con 93 años, siendo una mujer querida y respetada por todo el pueblo.


Muchas de las letrillas de carnaval que escribió Candelaria han quedado en la memoria colectiva de los ubriqueños:


Allá en el planeta Marte

Allá en el planeta Marte
Estábamos muy tranquilos
Y recibimos un parte
De telégrafos sin hilos
En el expresado parte
Marconi nos prometía
que en la tierras españolas
Con orgullo se vivía.
Pensando de mejorar
A estas tierras hemos bajado
Pero vemos con tristeza
Que nos hemos equivocado
Que el trabajo nos agota
Y solo tratan de explotarnos
Que nos agotan las fuerzas
Con los impuestos diarios
Para vivir en este suelo
-Esto no es palabra vana-
Hay que meterse a torero
O ponerse una sotana

Si las niñas de Ubrique tuvieran alas
¡Qué bonitas serían
Cuando volaran!
Se verían por esos aires
Jilgueros con zapatillas
Tórtolas con enaguas blancas
Y canarios con mantilla.
Golondrinas de zagalejo[1]
Avencejos con capota[2]
Avefrías con refajos[3]
Y marinitas con botas.
Lúganos de sombrerillos
Águilas con peinadores[4]
Palomitas con zarcillos
Y oropéndolas de colores.
Pipitas con delantales
Gallinetas con pañuelos
Alondras con sus collares
Y muchos cuervos con velo




[1] Zagalejo: Refajo que llevaban para diario las chicas de los pueblos y las aldeas.

[2] Capota:Tocado femenino ceñido a la cabeza y sujeto con cintas por debajo de la barbilla.

[3] Refajo: Falda interior de tela gruesa usada por las mujeres para abrigo.

[4]Peinador:  Lienzo o prenda ajustada al cuello con e que se protege el vestido de quien se peina o afeita.






En febrero de 2003 la chirigota “Las Marías” le dedicó  esta letra a Candelaria:


Yo no lo puedo olvidar
Que hace algunos años ya
De nosotros te marchaste.
Siempre te recordaré
Por tu barrio del San Juan
Con la tijera en la cintura
Esa que nunca dejaste.
Porque siempre te negaste
A ese plano secundario
De jocifas y sartenes
Reservao a las mujeres
Al que tú te rebelaste.
Fuiste un ejemplo
Poetisa de cantares
Escribiendo nuestra historia
En clave de carnavales.
Fina ironía
Arte, gracia y picaresca
Coplas con doble sentido
Llenaban todas tus letras.
Tú estarás
Siempre que llegue febrero
Presente en el carnaval
Y estas que aquí te cantamos
Nunca te defraudarán
Y lo que tú comenzaste
Con orgullo seguirán
Porque tú nos abriste el camino
Te vamos a dedicar
Estas coplas que cantamos
Y te queremos nombrar
En estos carnavales
Candelaria Chacón Quero
Tú que pusiste la antorcha
Zapatera prodigiosa
¡Musa de los Carnavales!


Febrero 2003. Las Marías.


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