lunes, 6 de diciembre de 2021

El convento de Ubrique en 1942, por Augusto Vallmitjana

 

El convento de Ubrique

 fotografía de Augusto Vallmitjana en 1942

Archivos Estatales. Pares


Por Esperanza Cabello

 

Hemos visto en algunas ocasiones esta fotografía del convento de Ubrique, pero hasta el momento ignorábamos en qué fecha había sido tomada y quién había sido su autor.

Hoy hemos descubierto en los Archivos Estatales (PARES), en este enlace, una ficha muy curiosa de un "monasterio" de la provincia de "Córdoba" en una localidad llamada Ubrique. Lógicamente se trata de un error.


Se trata de una fotografía enviada por el fotógrafo Augusto Vallmitjana (1894-1951) en diciembre de 1942, de trata de una serie de fotografías encargadas por la Dirección General de Turismo al fotógrafo argentino con la finalidad de fomentar el turismo en nuestro país. 

Parece que de Ubrique solo envió esta fotografía, al menos no hemos podido encontrar ninguna otra en esta primera búsqueda.

 


Esta es la fotografía original, con el sello del fotógrafo, Augusto Vallmitjana y un título  manuscrito "Ubrique monasterio".

Quien hizo la ficha en el ministerio se confundió, y colocó Ubrique en la provincia de Córdoba, seguramente por eso no hemos podido localizar al autor de la fotografía hasta ahora, en una nueva búsqueda en los Archivos Estatales.



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domingo, 5 de diciembre de 2021

Misa funeral por José María Cabello en Ronda

 


 

 El próximo sábado, once de diciembre, a las ocho de la tarde, tendrá lugar en el Santuario de la Virgen de la Paz, en Ronda, la misa funeral por José María Cabello, nuestro tío Pepe.

En las últimas semanas no han parado de llegar muestras de condolencia a nuestras manos, tantas eran las personas que conocían y apreciaban a nuestro tío. Nos han llamado especialmente la atención las palabras de muchos de sus antiguos alumnos (hombres y mujeres que rozan las siete décadas), y quisiéramos recuperar el escrito de José María Navarrete Trigueros, en nombre de todos:

 

Qué enorme emoción me sobrecoge cuando he leído que nuestro querido "Padre Cabello"  ha fallecido. Qué gran hombre se nos va a la otra orilla de la vida, para llevar consigo el tesoro de sus carismas, que tanto nos impresionaron.
Qué alto estilo el suyo y que forma de amar ... A su familia, a sus alumnos, a sus compañeros, a todo el que tuvo la suerte de conocerle y de tratarle.
Somos privilegiados por haber sido alumnos y en muchos aspectos discípulos suyos, porque llevamos en nuestro corazón aspiraciones de valores en él reconocidos y admirados.
Nuestro más sentido pésame a su estupenda familia y nuestro agradecimiento por esa carta llena de amor, admiración y consideración a nuestro querido D. José María Cabello y nuestras gracias a Dios, por haberle inspirado en su camino y habernos dado la sensibilidad de reconocerle como hijo en El Hijo, nuestro Señor.
A Él le pedimos consuelo para toda su familia y también para nosotros y confiamos que él descanse ya en los amorosos brazos de nuestro Padre Dios.

 


lunes, 29 de noviembre de 2021

Bandoleros en la Sierra a finales del siglo XIX

 

 

Periódico "El Guadalete" 21 de noviembre de 1892

Biblioteca virtual de Andalucía


Por Esperanza Cabello


A finales del siglo XIX, según podemos leer en la primera página del periódico del Guadalete, en la Biblioteca Virtual de Andalucía, la seguridad en nuestra sierra era un problema grave, pues fuera del pequeño núcleo urbano había muchos pequeños núcleos de población en aldeas, fincas y campos, y eran precisamente estos los atacados por delincuentes, bandoleros en estado puro, que tenían a la población en jaque.

Transcribimos las quejas que uno de los lectores del periódico envía en forma de carta:

 

 

LA SEGURIDAD EN LA SIERRA

No puede estar más abandonada en casi todos los pueblos de la Sierra, no solo la personal sino la de la propiedad, constantemente amenazada por infinitos merodeadores que viven de la sorpresa y del robo.

Apenas pasa día sin que tengamos noticia, ya por conducto particular, ya por el oficial, de algún robo efectuado en aquellos abruptos caminos con la confianza que presta al malhechor la impunidad.

La repetición de estos actos, más frecuentes en el tiempo que entra que en el verano, tiene impedidos a los laboriosos vecinos de los mencionados pueblos, de consagrarse al trasporte de sus productos, y, sobre todo, de emprender los viajes necesarios para adquirir las primeras materias de sus industrias; en una palabra, el terror tiene hoy en suspenso la modesta vida mercantil de muchos pueblos de la Sierra.

Ya que se les priva de carreteras y caminos vecinales cómodos, déseles al menos buen número de fuerzas de la Guardia Civil, que garanticen la seguridad personal.

Como prueba elocuente de lo que venimos lamentando, a continuación copiamos los párrafos más importantes de una carta particular que ayer recibimos de Ubrique:

«Todavía no estamos en el invierno y ya se notan en esta región síntomas alarmantísimos de la seguridad personal que disfrutaremos en el que se espera.

» Después del robo hecho al farmacéutico D. Rafael Sánchez de Medina, en la noche del 11, se han verificado los siguientes:

«Aún clareaba el crepúsculo vespertino cuando se presentaron siete hombres en la casa cortijo del «Retamoso», a tres kilómetros de esta localidad, donde se encontraba el dueño D. Pedro Jaén Rodríguez, con su familia y criados.

«¡Todo el mundo al suelo!, dijeron los bandidos, y le robaron 1.500 pesetas en diferentes monedas, más dos onzas de oro, tres escopetas, mantas y ropas de valor.

«Se fueron tan tranquilos, dejándolos hasta sin pan.

«Encontráronse en pleno día y frente a la venta de «Albuera» a un pobre arriero y lo desbaldaron de 10 únicas pesetas que llevaba.

«Del molino de las «Dos paradas» han desaparecido también once gallinas; y en nuestra población el pánico es indescriptible, particularmente entre los que viven en el campo.

» Los que sufren semejantes perjuicios niegan los hechos cuando las autoridades los llaman para declarar, ante el temor, muy fundado, de escapar peor si los bandoleros cumplen sus pronósticos de quemar y asesinar si algo dicen; y como fusilaron ha poco tiempo Lorda y los suyos varias vacas, propias de un pobre labriego de Villaluenga, que dio parte de que andaban por su terreno, de ahí el silencio que las víctimas se han impuesto.

» Como por aquí no hay más que caminos de herradura y veredas para cabras, a las que forman marco sierras elevadísimas, con crecida vegetación, cada altura es un observatorio para los malhechores, que ven sin ser vistos; y mientras distinguen los vistosos uniformes de la Guardia Civil, encargada de perseguirlos, se ríen a mandíbula batiente de sus infructuosas pesquisas.

» Son siete los bandidos; visten bien, llevan tercerolas[1] y en sus bolsillos interiores pistolas y revólver.

» No les han visto caballos, y se presentan como contrabandistas, y otras veces fingiéndose empleados de la Tabacalera, divididos en dos grupos; pero luego se reúnen para dar un golpe como el del «Retamoso» para el que necesitaban más fuerza.

Aquí no hay otro medio que organizar una columna de Guardia Civil numerosa, con paisanos prácticos también armados; batir todas estas Sierras y tomar las salidas naturales del terreno, por donde pudieran escapar.

» La que compone este Puesto son un sargento y cinco guardias, que no pueden cumplir este servicio tan importante, aun cuando no les faltan ganas.

» En este sentido oficia el alcalde al Sr. Gobernador, pues si esto es ahora, cuando empiecen las lluvias y vengan las necesidades, que consigo trae la paralización de los trabajos agrícolas, el bandolerismo echará raices en esta región, costando más trabajo hacerlo desaparecer.»



[1] Tercerola: Arma de fuego usada por la caballería, que es un tercio más corta que la carabina. RAE

domingo, 28 de noviembre de 2021

Misiones en Ubrique en 1863

 


Por  Esperanza Cabello


Entre los libros que Google ha digitalizado se encuentra un compendio de revistas "El Cristianismo", un semanario religioso, científico y literario que se editaba en Madrid a mediados del siglo XIX.

Imaginamos que en aquella época nuestro pueblo sería un lugar tremendamente exótico y perdido entre "peñas agrestes", y que costaría mucho trabajo incluso situarlo en los mapas, por mucho que en la época y eran famosas nuestras petacas y tampoco sería lugar de paso obligado para nadie, por lo que cada vez que llegaban las misiones debía de ser todo un espectáculo. 

Por lo visto a mediados del siglo XIX ya se hacían misiones para impedir a los protestantes que fueran comiendo el terreno a los cristianos, y venían a evangelizarnos. 

También en 1954 hubo misiones en Ubrique (en este enlace) y debió de ser un acontecimiento también grandioso. Aunque en 1863 nuestro pueblo era verdaderamente pequeño.

 

 

Así era Ubrique en 1876



Y este es el relato de las Misiones en Ubrique el seis de mayo de 1863 que publica "El Cristianismo":

 






Nuestros lectores están viendo frecuentemente en nuestras columnas interesantes relatos de las misiones que se dan en los pueblos de España; pero habrán visto pocos que en menos palabras digan más que el siguiente, relativo a la misión dada en Ubrique, pueblo de la Serranía de Ronda, diócesis de Málaga, por los reverendos sacerdotes de la Compañía de Jesús, el padre Doyague y el padre Esclapés, residentes en Sevilla. Se trata precisamente de un territorio en que tanto trabaja la propaganda protestante, y por eso son doblemente satisfactorios estos resultados. Helos aquí tal cual se refieren desde el indicado punto:

Ubrique mayo 6, 1863..., Dios pague a estos caritativos é ilustrados sacerdotes el gran bien que nos han hecho,

«Desde el primer día de su misión, no siendo suficiente el templo para contener la muchedumbre que se agolpaba fue preciso sacar el púlpito a la puerta, que da a una gran plaza, y tanto esta como la iglesia estuvieron literalmente inundadas, no solo por el vecindario de esta población, sino por el de tres otras inmediatas, que han acudido en gran número a estos santos ejercicios.

«Los misioneros han predicado cuatro sermones diarios, y para que puedan Vds. formar idea del precioso fruto que han conseguido, bastará decirles que, a pesar de haber venido a auxiliarles en su santa tarea nada menos que doce sacerdotes de los pueblos vecinos, y de emplear ocho horas lodos los días en el confesonario, no fue posible atender a todos los penitentes que se presentaron durante los días de la misión.

La actitud de estos fieles pueblos al despedir a los misioneros ha sido verdaderamente edificante y tiernísima: un repique general de campanas anunció su salida de la casa en que estaban alojados, y aunque por las calles iban acompañados de todo el clero, del ayuntamiento y de multitud de personas, todavía su sorpresa debió ser tan grata como viva cuando, fuera ya de la villa y a la falda de la montaña, se encontraron con que la población en masa estaba esperándolos para despedirlos.

El espectáculo que entonces presencié, es indescriptible: las lágrimas de lodo aquel pueblo se mezclaron con las lágrimas y bendiciones de los misioneros, cuyas manos y ropas besaba aquella multitud. Trabajo costó a los padres desprenderse de ella, y a despecho de todas sus instancias para evitar molestias al vecindario, no pudieron impedir que más de cincuenta personas los siguiesen a caballo acompañándolos hasta más de una legua, sin contar a inocentes grupos de niños que los seguían a pie por entre riscos y malezas...»

Seguramente no hay palabras que basten a dar a Dios las debidas gracias por lo viva y profunda que se mantiene la fe entre nosotros, a pesar de tantos elementos como se conjuran contra ella.

 

 

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