jueves, 4 de marzo de 2021

Mayo, por José Moya Becerra. 1913. Gamones VII

 

Cabecera de "La bandera Federal", 13 de mayo de 1913

Hemeroteca Digital (en este enlace)


 

Por Esperanza Cabello

En esta octava entrega de la serie de gamones traemos la que seguramente sea la primera referencia escrita a nuestra fiesta de mayo, a las candelas, a los columpios, al baile, a las cruces...

La referencia es de mayo de 1913, y es la primera vez que vemos escrita una descripción de la fiesta.

Se trata de un artículo escrito por el librepensador ubriqueño José Moya Becerra, del que hemos hablado en alguna ocasión  (en este enlace). En el artículo, que se puede leer en su totalidad en la Hemeroteca digital de la Biblioteca nacional, narra su viaje hacia su pueblo desde Cádiz. Venía el político un poco desanimado de su estancia en Sevilla, ciudad desde la que había viajado a Cádiz. 

En Cádiz había subido al tren que lo dejó en Las Cabezas. Desde allí cogió el omnibus (coche de caballos con asientos para una decena de personas)  y en un viaje de más de cinco horas, a veces andando, a veces en el carruaje, llegó al viso de la Tarántula, lugar más conocido actualmente como "la variante", donde está la fuente de la Tarántula (en este enlace) y poco más tarde estaba en Las Cumbres, saludando a familiares y amigos y sintiendo esa alegría que los ubriqueños sentimos al volver al "hoyo".

Es la primera vez que alguien habla de las "candelas, columpios y canciones eróticas", refiriéndose a las coplas de columpio. 



 

 

… Recuerdo todo esto, y la mente me atormenta con su fragilidad, hasta el punto que, imposibilitado para sufrir sus exigencias, me obliga a despedirme de la hermosa y clásica ciudad que sé extiende majestuosa á orillas del Betis y lanzarme, precipitado, en el andén de la estación de Cádiz.

Pita y arranca la locomotora, resbalando por los rieles su pesada carga, y, con veloz y cínica carrera de monstruo que conoce su potencia, me deja en Las Cabezas, donde debo esperar con impaciencia parta el carruaje que ha de dejarme descansar tres horas en Villamartín. Hora y media antes de que lo enganchen me he posesionado de un medio asiento en el pescante, porque los diez no son muy cómodos que se diga, ni suficientes, para las veinte personas que quiere llevar nuestro calesero.

Es feria de Jerez, y a la Empresa «no le ha dado la gana» mandar el coche de la mañana para los viajeros que llegan a dicha hora, por lo que, si quieren estar á la noche en su casa o realizar los negocios que por acá les traen, irán empaquetados ateniendo preponte que con lo que «Dios» manda - «la Empresa ofrece no hay más que...»

 

Pero, en fin, ya no me acuerdo del fresco que pasé en el pescante, ni si me exigieron medio asiento por un pequeño baúl, ni si yo debí reclamar el medio que mis posaderas perdían.

Sólo me acuerdo que tuve que andar largos trechos — sin contar los que con sus bromas nos hizo correr el cochero— porque la carretera no permitía a los caballos tirar del ómnibus; pero, en fin, peor lo pasaron los del «Reina Regente».

A las nueve subíamos al viso «La Tarántula»[1] — y, por cierto, parecía que tal bicho nos había picado—, y pocos momentos después abrazaba á familia y amigos en una venta próxima a Ubrique.

Cuando asomé a la «cumbre» y al frente divisé el pueblo simpático, rodeado de huertas y circundado de pintorescos manantiales, que tantos días de amor y júbilo me recuerdan, no pude por menos que respirar fuerte y arrancar de mi memoria los despojos que la incertidumbre había ido sembrando en ella respecto a la lucha por mis ideales y existencia en la grande, hermosa Sevilla, pero corrompida ciudad, madre del «toreo».

Como alegre Pierrot hice mi entrada en las calles pintorescas del antiguo Ocurri, y, ¿cómo no estarlo, si le traía el primero de mayo con sus columpios, candelas y canciones eróticas?

«Las costumbres son leyes», y ante la cruz adornada de ramos y flores se enciende el fuego, al que rodean centenares de jóvenes que danzan acompasando las notas de acordeón y guitarras, no más que queriendo recordar las fiestas y creencias de los antepasados, cuyo fanatismo religioso hoy se extingue ante los adelantos del progreso; se evaporan o apagan, como nube de humo o débil luz sin combustible.

Vengo a luchar en pro de los míos, y con ellos a divertirme en sus típicas fiestas; a danzar con las jóvenes, y a gozar escuchando temblar en sus labios apetecibles el dulce cantar.

Que mayo, con sus flores y alegrías, hace un conjunto hermoso llamado amor, y digno será que yo disfrute de esto también.

JOSÉ MOYA BECERRA

Ubrique, Mayo 1913.



[1] Que ahora conocemos como “la variante”.

 

Como habrán ustedes podido comprobar, después de leer el escrito de don José Moya, no hay ninguna referencia a la crujida de gamones😌 Así que seguimos teniendo, como primera referencia escrita, el libro del padre Sebastián, de 1944.

Eso no quiere decir que no se crujieran gamones a principios de siglo, que sí se crujían, según contaban nuestros abuelos. Imaginamos que José Moya lo consideraría algo infantil, y no habla ni de la recogida de leña ni de los gamones, sino de la música y las danzas...

Seguiremos con la investigación.

 

 

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1 comentario:

El tabernero dijo...

Hola este es mi bisabuelo