Por Esperanza Cabello
Parece que el otoño meteorológico está llegando también a Ubrique. Por fin este calor terrible del pasado verano se ha disipado y empiezan a llegar las tardes más fresquitas y los días con algunos chaparrones. Días de lluvia aún no, desgraciadamente, y eso que nos han puesto hasta en alerta naranja, pero no hay manera, las nubes se fueron dejando atrás muy poquita agua en nuestro pueblo.
Eso sí, en lugares cercanos, como en La Zarza, llovió a cántaros, nos cuenta nuestra amiga Mari Carmen que fue un tormentazo de los gordos, con granizos y agua como si no hubiera un mañana.
Y nosotros tuvimos la alegría de que nuestros amigos Juan Barea y Juan Suárez (hay alumnos que cuarenta años más tarde siguen siendo amigos) nos invitaron a dar un paseo.
En principio, y conociendo la magnífica forma física que tienen y temiendo un paseíto por los riscos y repechando, pensamos que no era una buena idea, pero no, iba a ser en llanito.
Así que allá que nos fuimos los tres una tarde directos al parque de Los Alcornocales. No pueden ustedes hacerse una idea, sobre todo si no lo conocen, del lugar tan maravilloso que es todo ese entorno.
Hicimos un paseo en llano, efectivamente, unos cuantos kilómetros disfrutando de la tarde, de los árboles, de la naturaleza, de la charla, de las risas, de los recuerdos. Es un lugar en el que, mires donde mires, siempre encuentras una maravilla de la naturaleza, árboles centenarios, barbas de chaparro, matorrales y flores, aún después de este verano tan seco, animales grandes y pequeños. Desde vacas hasta escarabajos peloteros (hacía muchos años que no veíamos tantos trabajando). No tuvimos la suerte de cruzarnos con algún gamo o con algún venado, pero sí que pudimos disfrutar de la naturaleza en vivo, del atardecer en el parque, del anochecer en silencio y, finalmente, de un delicioso té de cúrcuma que Barea traía calentito, porque ya empezaba a hacer frío.
Días más tarde volvimos a hacer el recorrido con nuestros amigos Jose y Valle, seguros de que lo disfrutarían y, efectivamente, el estar rodeados de esa naturaleza bronca y bella a la vez es un lujo para los sentidos.
Así que, queridos amigos, no tenemos palabras para expresar el agradecimiento que sentimos. Hacía tanto que no recorríamos el camino de la Ventalleja ni el del Berrueco que no recordábamos la paz y la felicidad que te inundan cuando te introduces de lleno en este paraíso natural.
¡Por muchos paseos como estos y por el renacimiento, como dicen mis amigos! Mil gracias💜💜💜💜💜
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